Plenaria 2. (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Arte de los sigles XVIII y XIX
Año del apunte 2012
Páginas 8
Fecha de subida 25/10/2014
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2. GOYA Y LOS ORÍGENES DEL GUSTO MODERNO.
La producción de Goya es muy extensa y se contextualiza en distintas situaciones políticas.
Goya es un pintor que se educa en la tradición barroca española, formándose en Zaragoza, que tenía una importante producción en los años centrales del siglo XVIII. Es un rasgo estilístico que se mantiene en la obra de Goya aún las modificaciones, adopciones, conocimiento de otras pinturas, etc. Por tanto, no es un pintor que vuelve la mirada a la antigüedad, sino que mantiene la esencia barroca. Es un artista ilustrado porque, aunque no es erudito, tiene una relación intensa con amigos y políticos ilustrados. Ser el pintor de la corte del siglo XVIII supuso un contacto muy importante con la corriente ilustrada del momento: era crítico con los vicios de la sociedad, apostaba por un cambió, y se aproximaba a los ideales pre-revolucionarios, etc.
Su universo cultural y mental, por tanto, es el de la Ilustración.
Por último, Goyo es el primer artista que tiene una producción importante de carácter privado por eso se dice que es el primer gran artista moderno. Hizo una obra no derivada de solo un encargo institucional (aristocrático o religioso) sino que hay una importante producción de Goya que es con una única finalidad personal. La pintura para Goya por tanto era una proyección personal e íntima (introspección sobre sí mismo), una idea muy romántica y moderna, que vemos sobre todo desde que se queda sordo a finales de los noventa. Los mitos encumbran los personajes pero también los hacen más complejos, porque Goya interesó a muchos artistas posteriores y cada momento histórico ha aportado su lectura e interpretación de sus obras - encontramos una fortuna crítica de Goya que lo enriquece pero también lo hace más complejo. Por eso destacamos tres aspectos de Goya.
I. LA REVOLUCIÓN DE LAS APARIENCIAS Hablar del retrato en Goya como una revolución de la apariencia. El retrato de Goya es un testimonio visual de cómo cambia la apariencia de los hombres y las mujeres a finales del siglo XVIII. El retrato es uno de los géneros de la pintura española y Goya es el gran retratista de la Corte. Los años noventa (cuando se quedó sordo) y los primeros años del siglo XIX, es cuando produce sus mejores retratos como El duque de Alba (1795), María Tomasa de Palafox, La marquesa de Villafranca (1804), El marqués de San Adrián (1804). Vemos retratos muy humanizados, que no están retratados en función del título familiar del retratado. El retrato más moderno de Goya es aquel que introduce la individualidad, y las figuras están retratadas como individuos con gusto y sensibilidad.
El Duque de Alba, 1795 (Prado, Madrid): Vemos un personaje sensible por su posición sencilla, así como la vemos en sus ropas y en el lugar donde se sitúa. La sencillez se vuelve lo elegante, eliminando así los recargamientos de los retratos anteriores. La partitura musical de Heine, mostrando el gusto por la música, por la escultura, la pintura… siendo símbolos de sensibilidad artística y por tanto también de distinción social.
María Tomasa de Palafox (1804): Las actividades de la música, la pintura, etc. se muestran como símbolo de sensibilidad. La marquesa se retrata como pintora porque muestra de sensibilidad.
Pinta a su marido, por lo que también tiene una connotación amorosa. También esto es interesante como cambio porque se vincula el amor con el matrimonio, algo nuevo de la Ilustración.
El marqués de San Adrián (1804): también muestra este interés por la cultura, con un libro que sostiene en la mano. Vemos otra vez como, sin símbolos de poder, se muestra que forman parte de la elite del momento por su sensibilidad.
Sebastián Martínez (1792): Vemos una postura que no está posada, tiene en las manos un grabado, ropa a la última moda… Sobretodo destaca el interés por captar la humanización del personaje, sobre todo a través del rostro, haciéndolo cómplice del espectador.
La concepción del artista y el papel en la sociedad también es un elemento destaca. El artista aparece un modelo social. En contra de un autorretrato de Paret, vemos el retrato de Rafael Esteve (1815) donde no aparecen los elementos melancólicos, mapas, esculturas clásicas, etc.
sino que el personaje aparece de con una ropa negra común, presentado como un personaje austero. El retrato se centra en el rostro y sobretodo en la mirada, donde se observa este cambió de concepción del artista que ahora es quien tiene una mirada distinta del mundo. Esto lo vemos en la pintura Autorretrato (1815) donde el pintor se centra en la representación de su rostro, destacando su mirada. No hay referencias a su condición social sino que aparece el artista como aquel que tiene la capacidad mental de interpretar el mundo. Se evidencia un pensamiento a través del rostro, y se expresa como el artista es un ser singular y que el arte nace de la mente, no del conocimiento.
Otro cambió es como cambia el estilo y la moda del hombre y las mujeres. En época de Goya se produce un cambio en la forma de interpretar los papeles sexuales, y Goya sabe retratarlo.
En la obra Floridablanca con Goya y otro personaje (1783) Floridablanca aparece vestido de rojo que se asociaba al poder social, vemos la banda, la peluca, la camisa… elementos de la indumentaria que muestran el poder. Goya aparece dentro del cuadro autorretratado como forma de prestigiarse, ya que se encuentra cerca de la aristocracia y la corte. Se producen unos cambios en la representación de la figura masculina: la estilización del cuerpo, la no ostentación del ropaje, el cabello despeinado como símbolo de libertad. La virilidad tiene un valor ético, como conciencia pública, no teniendo que ver con la sexualidad. La virilidad se expresa, sin embargo, a través de diversas actitudes o gestos y de una vestimenta austera frente al seguimiento de las modas. Por tanto, la virilidad y la vestimenta austera adquiere unos valores morales positivos. Por tanto, el color rojo que vemos en Floridablanca se critica y no se considera adecuado a los nuevos valores morales y éticos del momento.
Destaca el atractivo del cuerpo que es algo que muchos retratos y cuadros ponen de relieve.
En los primeros retratos de Goya vemos personajes con mucho poder pero sin atractivo físico, sino que son bastante feos, como es por ejemplo el Conde de Altamira (1786), donde el atractivo físico tenía irrelevancia. Habrá un cambio en diversos aspectos: la ropa será más austera pero también más ceñida, los personajes son estilizados, con poses chulescas, con una seducción personal en su comportamiento que remite al poder que tienen.
En el caso de las mujeres, el elemento sexual y la seducción aparecen explícitamente como una forma de poder. Son ejemplos Condesa de Chinchón (1800) y Marquesa de Lazán (18001804) que reflejan el cambio de moda donde encontramos vestidos muchos más sueltos, con la cintura más alta, que permite el desarrollo de los senos como elemento especial de atractivo, de liberación del cuerpo bajo los vestidos, se insinúan las piernas largas y sensuales.
Hay un juego del cuerpo como elemento atractivo del cuerpo.
El erotismo del siglo XVIII se basa en el retrato femenino como vemos en Marquesa de Santa Cruz (1805). Era usual retratarse o bien bajo la figura de una diosa o en una actitud erótica, en retratos privados. Destaca el pecho subrayado por el rizo que cae entre ambos pechos. El cuerpo se adivina a través del vestido.
Las majas, Maja desnuda, 1797-1800 y Maja vestida, 18001805 (Prado, Madrid) forman parte de la tradición occidental de la visión del cuerpo humano femenino desnudo para el placer del hombre. Estaban dispuestas de tal forma que la Maja vestida ocultaba a la Maja desnuda.
Hay otro cambio estético que va en relación a la identidad de clase y la identidad nacional. La monarquía española, como monarquía absoluta, se había conformado sin un territorio unitario con un monarca absoluto que administraba el reino con los virreyes. La idea de nación y identidad de un pueblo nace con la modernidad. En el siglo XVIII nace la necesidad de establecer una relación entre el gobernante y el pueblo, identificando el gobernante con el pueblo. Los reyes iban y venían, no eran nacionales y muchas veces eran extranjeros, porque era un derecho de sangre. En el siglo XVIII empieza la necesidad de que la corona utilice elementos populares como elementos nacionales (aunque no podamos hablar todavía de nación). La corona se viste de majo y maja y lo convierten en un símbolo de la patria, vinculada a un territorio concreto. En la obra Pobre en la fuente (1786) vemos una identidad de clase, aparecen pobres universales, sin connotación nacional.
En cambió en la obra La duquesa de Alba, 1797, (Prado, Madrid) aparece la duquesa vestida de maja porque quiere mostrarse como un personaje próximo al pueblo.
II. EL COMPROMISO POLÍTICO El mítico político de Goya es el de un defensor liberal, enfrentado al antiguo régimen. Goya era un ilustrado y como tal era un moralista critico a los vicios de su época, pero no era un liberal político, no formaba parte de un grupo político. Critica a través de las caricaturas a la figura de la reina María Luisa, mujer de Carlos IV, como podemos ver en el Capricho nº55: Hasta la muerte donde se critica el uso de la seducción para la adquisición de poder, a la coquetería, a la resistencia al paso del tiempo… Vemos críticas a la monarquía, pero con una vertiente muy machista porque se critican a la figura de la mujer y no la del varón, como también pasaba con María Antonieta en Francia. La obra de Goya no la podemos ver como una crítica política directa porque es muy general, a unos vicios generales no solo de la monarquía.
Vemos una caracterización de los nuevos valores políticos que hasta entonces se había visto con el retrato del rey con el que se rodeaba unas virtudes propias de su poder como la prudencia, la fortaleza o la justicia. Cuando la Revolución Francesa dio el paso de prescindir de la figura simbólica del rey, y se buscaba la caracterización de nuevos valores abstractos como la libertad, la justicia, la fraternidad… valores que ahora se asociaban a toda la sociedad. Se usó a las figuras femeninas, jóvenes, bellas, etc. como símbolo de estos nuevos valores. Son un ejemplo Los Desastres de Goya donde vemos unos ideales que son de la sociedad y se reencarnan en la figura femenina. La verdad, por ejemplo, es una idea ilustrada en relación al racionalismo propio de la ilustración, como vemos en Los Desastres nº79, 80, 82. En la imagen femenina recoge el deseo para conquistar un nuevo futuro, que se puede relacionar con ideas políticas pero para nada concretas. Vemos la libertad como la iluminación, así como las justicia, y se representan con la luz en obras como Divina libertad (1812-20) o Sol de justicia (1812-1820), que son dibujos privados por tanto nos muestran unas ideas concretas pero no una tendencia política concreta. La mujer aparece como el símbolo de la madre patria, como la España liberal frágil por los regímenes monárquicos con los que tuvo que vivir durante el siglo XIX. La doncella encarna el ideal de un colectivo, de un pueblo.
Murió la verdad (1810-1815): La Constitución de Cádiz o la personificación de la Verdad es presentada por Goya como una mujer que ha fallecido, siendo enterrada por clérigos graves pero satisfechos. Sólo la Justicia, en la zona derecha portando la balanza, llora desconsoladamente. La alegoría es evidente; el absolutismo ha vencido al constitucionalismo y la Verdad de Goya - y de muchos más - ha muerto.
En el retrato Fernando VII (1814) Goya coloca al monarca junto a una figura de España como nación, y aparece la figura del a mujer. Los elementos de poder aparecen al lado del rey y este aparece como un militar como por ejemplo en Fernando VII en un campamento (1814), aunque no estuvo nunca en la guerra. El rey aparece como una figura inmutable que se recoge de Napoleón, cambiando la representación del monarca.
Destaca también el papel representaciones del pueblo en la obra de Goya. En la Guerra contra el Francés (1808-1814), es un episodio transcendental en la configuración del sentimiento nacional. Una parte de la obra más destacada de Goya refleja la crueldad, tragedia y espanto de la guerra en sí misma, como la máxima expresión de la barbarie y del fracaso absoluto de la razón. Las dos grandes obras que representan esta guerra son El Dos de Mayo de 1808 y Los fusilamientos del tres de Mayo de 1808 elaboradas las dos el 1814. Son cuadros de propaganda política, representando el levantamiento popular contra las tropas napoleónicas. Destaca que los protagonistas de estos cuadros no son personajes conocidos o importantes, no son héroes nacionales sino que Goya representa el conjunto del pueblo, que por ejemplo en Los fusilamientos del tres de Mayo de 1808 no son representados de forma heroica sino patética, ante un enemigo opresor anónimo. Son imágenes universales que no ilustran el nacionalismo español, sino como imágenes de resistencia popular ante el enemigo.
En El Dos de Mayo de 1808 vemos representado el pueblo de Madrid y las tropas francesas de forma muy expresiva y dramática (composición abigarrada y muy próxima al espectador, agitación intensa, grandes contrastes lumínicos, pincelada rápida sin casi dibujo). Goya nos muestra la violencia de unos y otros sin ahorrarse detalles. En este sentido, destaca el grupo central donde un madrileño sigue apuñalando a un soldado francés, y otro le clava un cuchillo en uno de los lados de su caballo.
En la obra Los fusilamientos del tres de mayo de 1808, representa las consecuencias de los hechos narrados en la obra anterior, las ejecuciones de represalia del ejército francés. Entre los dos establecen un juego de contraposiciones: el día y la noche, la violencia del pueblo madrileño y la del ejército francés, la furia y el miedo.
Por el resto, los protagonistas continúan siendo anónimos: los fusilados, tipos humanos con actitudes diversas ante la muerte, y el ejército francés, simple maquinaria de matar sin rostro.
El conjunto con un dramatismo acentuado, reforzado por el mantel oscuro de la noche y la luna intensa de fanal dirigida a la cabeza de la figura que desafínate que tiene la misma postura que un Cristo crucificado. Pero el tema variable de la pintura transciende la anécdota para denunciar la destrucción fría y metódica del ser humano, con un tratamiento propio del Romanticismo (situación límite y personajes anónimos) que se avanza en el tiempo al Expresionismo (deformaciones intencionadas para remarcar el dolor y la desesperación).
III. EL LADO INEXPLICABLE DE LA CONDICIÓN HUMANA La luz y la razón revelan la parte oscura del mundo de las tinieblas. Por eso, lo que llamaremos Romanticismo está ligado a la Ilustración, porque la luz y el orden llevan a reflexionar sobre la oscuridad y el desorden. El mundo occidental había representado hasta entonces una violencia moralizante, por ejemplo en las crucifixiones de Cristo sabemos que después se reencarnará.
Cuando la violencia no va ligada a una explicación o acto moralizador, nos perturba. Goya explorará ese aspecto oscuro del ser humano, de la violencia desordenada y gratuita.
Destacan en Goya los episodios de violentos por ejemplo los Desastres de la guerra nº 9, 13 y 11, donde vemos esta violencia sin sentido como por ejemplo una violación por parte de un militar en Desastre nº 11. Ni por esas, donde aparece la madre de la doncella que quiere defesar a su hija. Goya exploró mucho esa violencia, muchas veces relacionadas con la violencia sexual. Aparece el tema del salvaje, por las noticias que llegaban a occidente, y que justificaba la colonización para civilizar a los no europeos, considerados salvajes, bestiales, etc.
Goya se plantea en obras como Salvajes descuartizando a sus víctimas o Salvajes mostrando restos humanos este debate entre la civilización y el salvaje. La violencia contra los muertos se presenta en el Desastre 37 y 39, que es la máxima expresión de la violencia para los occidentales.
Desastre de la guerra nº 39. Grande hazaña con muertos (1810-1815). Goya hizo su segunda serie de grabados entre los años 1810 y 1815. Está formada por ochenta y dos estampas que representan, la mayoría, escenas cuotidianas de la guerra, algunas de extrema dureza: prisioneros mutilados, pueblos derruidos, hombres muertos, violaciones, etc. Constituyen una reflexión desesperada sobre el absurdo, la crueldad y la sinrazón de la guerra en sí. Tanto por la temática como la composición, muchas se relacionan con el cuadro Los fusilamientos del tres de mayo de 1808. El desastre número 39 muestra tres cuerpos con un tratamiento clásico perfecto, pero mutilados y sangrantes, remarcando así la forma de los efectos salvajes de la guerra sobre la belleza y la dignidad humanas. Los bigotes de los muertos hacen pensar que se trataban de soldados franceses, pero esta información no tiene importancia, ya que Goya denunciaba en la misma forma la violencia de ambos bandos de la Guerra de la Independencia (1808-1814).
Saturno devorando a sus hijos (c. 1820). Es la obra más famosa de los últimos años de vida del artista. Goya pinta temas siniestros donde explora temas de la violencia y el canibalismo. En esta obra observamos la representación de un tema de mitología clásica, Saturno comiéndose a sus hijos. Nunca antes se había representado este tema de forma tan brutal y expresionista.
De la decoración con catorce pinturas de las dos salas de su casa ‘’Quinta del sordo’’ también destaca la obra Duelo a garrotazos (1820-23). Se conocen como «pinturas negras», tanto por los tonos oscuros como por el carácter pesimista y siniestra de la condición humana. Goya pinto estas obras para sí mismo, y con plena libertad absoluta, cosa que explica el carácter enigmático y, a veces, incomprensible de estas obras, por lo que se pueden relacionar con los Desbarates.
También trato el tema de los locos o la vejez, como un elemento muy irracional, que observamos en obras como el Corral de locos (1793-94). En esta obra vemos una luz que proviene de arriba, simbolizando siempre la razón en Goya. Los locos están luchando para conseguir algo que no van a conseguir, una lucha inútil.
Esta misma temàtica la observamos en el Capricho 43. El sueño de la razón produce monstruos (1797). Goya fue uno de los grandes grabadores del arte europeo, al lado de figuras como Rembrandt, Ribera o Picasso. Los Caprichos es su primera serie de grabados y consta de ochenta estampas, publicadas el año 1799. Son sátiras de la sociedad y de la condición humana, en las que Goya se muestra irónico y combatiente con la corrupción de los costumbres, la superstición, la inmoralidad del clero y la ignorancia del pueblo. Pero su intención, como la de los críticos ilustrados, era denunciar las malas prácticas y las creencias para ponerle fin. El Capricho 43 representa como las criaturas de la noche (murciélagos y búhos) envuelven un hombre que duerme sobre una mesa de trabajo i que tiene un lince vigilando a sus pies. Como pasa normalmente con la obra de Goya, tiene esta un carácter enigmático y ambiguo, que alude posibles represalias políticas o de la Inquisición, la cual cosa da pie a múltiples interpretaciones.
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