Capítulo 13 Ciencia de la Política (Josep Colomer) (2013)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención - 1º curso
Asignatura Agentes e Instituciones Públicas
Año del apunte 2013
Páginas 2
Fecha de subida 13/07/2017
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Ciencia de la Política La política se distingue de los asuntos privados porque trata de los bienes colectivos (públicos), el objetivo de la política es la provisión de bienes públicos (el bien común lleva a vivir en comunidad) para el bienestar de la comunidad.
Capítulo 13: Votación de presidentes La política necesita liderazgo y representación, gente que actúe en interés de otros y sea responsable ante ellos, para escoger representantes un elemento clave son las reglas con que se escogen, pues estas harán que las preferencias de los votantes encajen con el resultado o no, esto implica competencia entre los candidatos. Las instituciones representativas suelen incluir un cargo unipersonal que puede ser escogido por unanimidad, o por el principio de la mayoría, más efectiva pero con más problemas de satisfacción y sesgos.
Unanimidad: es sencilla si el grupo está muy unido y en consenso (se escoge entonces al líder por aquiescencia) como se hacía en la Antigüedad, el derecho romano dice lo siguiente ‘aquello que concierne de manera similar a todos, debe ser aprobado por todos’; pero no lo es si la comunidad es grande y heterogénea, y la toma de decisión puede paralizarse y provocar conflictos y escisiones. Una decisión tomada por unanimidad tiene la ventaja de que corresponde al criterio de eficiencia social llamada pareto-superior (Vilfredo Pareto era un economista italiano) si aumenta la satisfacción de algunos participantes sin disminuir la de ninguno.
Pero cuando hay una sola dimensión, izq-der, es imposible, porque cualquier votante puede vetar un cambio del status-quo que se aleje de su preferencia. Por tanto, la unanimidad suele requerir costosas negociaciones sobre temas y dimensiones, cuando la unanimidad falla, la alternativa es la escisión de la comunidad (divorcio, cisma o secesión) o el cambio de regla a otra menor, la mayoría, un cambio muy innovador, puesto que se decide algo que no todos comparten. Sin embargo, difícil de aplicar, si solo hay dos opciones suele satisfacer con los resultados, pero si hay más pueden darse problemas. Tipos: absoluta (50+1 = simple, cualificada=3/5, 2/3), relativa (pluralidad, grupo mayor sin mayoría absoluta).
El principio de mayoría es el único sistema capaz de producir un resultado, que proporciona anonimato e igualdad entre votantes, neutro (sin dar ventaja al status-quo u otro grupo) y un respuesta positiva a los cambios en las preferencias de los votantes. Si hay dos candidatos, ganará el que esté más cerca de la preferencia del votante mediano, pero cuando hay más de dos la regla puede ser incapaz de dar un ganador porque ninguno obtenga más de la mitad de los votos. Para solucionar esto se suele utilizar una segunda vuelta, para garantizar un ganador al reducir los candidatos, ya que a la segunda se forman coaliciones. Pero así se puede eliminar al candidato del votante mediano (tiene la mitad de votos a cada lado) por número de votos y llevar a escoger a uno no preferido.
Pluralidad: la regla de la mayoría relativa no requiere un número o proporción, sino que gana quien queda primero, es muy efectiva porque siempre produce un ganador (no hay límites o techos de cristal), pero puede comportar fuertes sesgos en la elección de éste ganador. Crea fuertes incentivos para que los candidatos se coordinen en solo dos candidaturas para asegurar un apoyo mayoritario, pero esto conlleva mucha negociación y competencia. A veces la coordinación falla y una candidatura menor divide el apoyo a un candidato importante y da indirectamente la victoria al rival principal, es muy dependiente de las ‘alternativas irrelevantes’. Así, esta regla puede terminar dando la victoria a un candidato que tenga minoría, 1 o al más rechazado pero al que se le han repartido los votos. Fomenta tácticas como ‘une y vencerás’ tanto como ‘divide y vencerás’.
La teoría del votante medio dice que lo socialmente preferible es que el sistema de elección garantice la victoria al candidato preferido por una mayoría de los votantes, pero ningún procedimiento basado en el principio de la mayoría puede garantizar que el ganador cuente con el apoyo mayoritario de las primeras preferencias de los votantes, pero los resultados varían dependiendo de las reglas utilizadas, ninguna garantiza que la preferencia del votante mediano gane, porque todo depende de las candidaturas irrelevantes que la gente vota. La regla de pluralidad fomenta la coordinación y formación de pocas y amplias candidaturas para obtener mayoría, pero esta coordinación se basa en expectativas más que en apoyo real; la segunda vuelta, en cambio, hace que candidatos menores se presenten buscando ganar votos para que los grandes tengan que negociar para pasar a la segunda vuelta. Aún así, con la segunda vuelta es más probable que gane el candidato del votante mediano que con la regla de la pluralidad. Así, la segunda vuelta evita la victoria del ‘peor’ candidato.
Si lo que se escoge es un cargo unipersonal, con la regla de la mayoría el ganador se lo lleva todo y el resto nada, cuenten con el apoyo popular con el que cuenten. En entornos dominados por uno o dos partidos que esperan alternarse en el poder pueden escoger la regla de pluralidad, pero si aparecen nuevos partidos los votos pueden escindirse y hacer que las elecciones sean más arriesgadas, y los gobernantes escogen la regla de la segunda vuelta que permita la competencia multipartidista.
La ley de la mayoría es una convención, no es lo natural, es la tiranía de la mayoría social.
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