Revolución Mejicana (2014)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Historia - 4º curso
Asignatura America Contemporanea
Año del apunte 2014
Páginas 15
Fecha de subida 09/10/2014
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Papel de Estados Unidos en la Revolución Mexicana Índice Introducción.....................................................................................................................2 Contexto..........................................................................................................................4 Papel de Estados Unidos en la Revolución Mexicana....................................................6 Conclusiones.................................................................................................................13 Bibliografía.....................................................................................................................14 1 Introducción En este trabajo se pretende analizar las relaciones entre los Estados Unidos y México, durante los años de la Revolución Mexicana.
La Revolución Mexicana es una problemática que no solo ha levantado interés entre los investigadores, sino que ha sobrepasado la historiografía y se ha popularizado sobre todo en la sociedad mexicana a través de las novelas, el cine y la música popular. El paso del campo de la investigación al popular, ha provocado la mitificación y falsificación de algunos hechos.
En esta línea, me ha parecido interesante analizar un film que trate sobre el tema, y que mejor que el famoso ¡Viva Zapata! de Elia Kazan: Ficha técnico-artística: Título original: Viva Zapata! Producción: Darryl F. Zanuck, para 20th Century Fox (USA, 1952).
Director: Elia Kazan.
Guión: John Steinbeck.
Principales intérpretes: Marlon Brando (Emiliano Zapata), Jean Peters (Josefa Espejo), Anthony Quinn (Eufemio Zapata), Joseph Wiseman (Fernando Aguirre), Alan Reed (Pancho Villa).
Duración: 113 minutos.
Contexto de la época: Esta película biográfica de uno de los líderes de la Revolución mexicana de 1910, Emiliano Zapata, no se acaba de entender bien si no se enmarca en la época en que fue realizada y se conoce la personal postura de su autor. Por tanto, el singular ¡Viva Zapata! de Elia Kazan no sólo es una obra maestra del mundo del cine, sino que presenta elementos sociopolíticos importantes de un período concreto de Estados Unidos: <<La caza de brujas. del maccarthismo>>.
Autor: Elia Kazan, nacido en Kayseri, el 7 de septiembre de 1909 murió en Nueva York, el 28 de septiembre de 2003, fue un director de cine y escritor estadounidense de origen griego.
Consiguió una cierta notoriedad tras su testimonio ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas en la época del mccarthismo y la caza de brujas. Testificó contra sus antiguos compañeros del Partido Comunista, delación con la que consiguió mantener su estatus, pero que no olvidaron algunos actores y demás colegas de su profesión. Al recibir su Óscar honorífico, varios de ellos se negaron a aplaudirle y a ponerse en pie, para dejar así patente su rechazo.
2 Sinopsis argumental: México, D. F., 1909. Palacio presidencial: Emiliano Zapata, un campesino analfabeto, es uno de los elegidos para quejarse ante Porfirio Díaz de las injusticias cometidas en las tierras donde viven. Ante su enérgica protesta, el presidente señala su nombre con un lápiz. Pasado un tiempo, Zapata asume el poder. Sin embargo, cuando recibe a un grupo de campesinos que se quejan de los excesos que está cometiendo su hermano, el ahora general Zapata, reclamará enérgicamente el nombre de quien encabeza la protesta. En ese momento, al señalarle, se da cuenta de que eso hizo Porfirio Díaz con él una década antes, y comprende que va a cometer las mismas injusticias contra las que ha combatido. De ahí que abandone inmediatamente el palacio del Gobierno y regrese a su casa, para seguir con los suyos. El 19 de abril de 1919 es abatido a tiros, en una conspiración para asesinarlo en la que estaría implicado el nuevo presidente Carranza.
Valoración Crítica: En esta película encontramos elementos entremezclados de una guerra civil y la lucha de clases. Aparte de intentar una reconstrucción histórica se puede entre ver una crítica del director, pues, en 1952, Elia Kazan pretende sacarse la espina del macartismo. Con este film que explica el fracaso de toda revolución, al volver a cometer los mismos errores contra los que había luchado.
El argumento podemos decir que es bastante sencillo y esquemático, reduce algunas cuestiones importantes, como la revolución del campesinado y la reforma agraria. 1 Desde el punto de vista cinematográfico la película fue tratada con extraordinaria calidad estética, con escenas muy cuidadas y espectaculares. Como es característico de Kazan vemos un cuidado extremo de cualquier detalle en el film.
Pero realmente, Elia Kazan parece hablar más de sí mismo en el film y del contexto norteamericano que retratar con rigor lo que significó Emiliano Zapata en la Revolución Mexicana. Lo que ha sido interesante es que esta película volviese a cobrar actualidad otra vez, como parábola y premonición de la revolución zapatista de Chiapas, cuarenta años después de su creación.
Aunque este film no trate específicamente el tema del intervencionismo de Estados Unidos en la Revolución Mexicana, ¡Viva Zapata!, ha sido catalogada por muchos investigadores, como la obra más significativa de la Revolución Mexicana, entre los diversos films dedicados a este proceso. Incluso, más importante que algunas producciones autóctonas como El compadre Mendoza (1934) y ¡Vamos con Pancho Villa! (1935), de Fernando de Fuentes2.
1 (Cfr. Dossier de Carlos Balagué sobre Elia Kazan, en Dirigido por…, nº 36, 1976, p.8) 100 documentales para explicar historia. J. M. Caparrós Lera, Magí Crusells y Ricard Mamblona. Madrid: Alianza, cop. 2010 2 3 Contexto: México es un país situado en la parte meridional de América del Norte. Limita al norte con los Estados Unidos de América, al sureste con Belice y Guatemala, al oeste con el océano Pacífico y al este con el golfo de México y el mar Caribe. Es el décimo cuarto país más extenso del mundo, con una superficie cercana a los 2 millones de km². La mayoría de los habitantes tienen como lengua materna el castellano, al que el estado reconoce como lengua nacional junto a 67 lenguas indígenas propias de la nación.
La Revolución mexicana fue un conflicto armado, se inició el 20 de noviembre de 1910. Históricamente, suele ser nombrado como el acontecimiento político y social más importante del siglo XX en México.
Los antecedentes del conflicto se remontan a la situación de México bajo el Porfiriato.
Desde 1876 el general Porfirio Díaz ejerció el poder en el país de manera dictatorial.
La situación se prolongó por 34 años, durante los cuales México experimentó un notable crecimiento económico y estabilidad política. Estos logros se realizaron con altos costos sociales, que pagaron las clases menos favorecidas de la sociedad y la oposición política al régimen de Díaz. Durante la primera década del siglo XX, estallaron varias crisis en diversas esferas de la vida nacional que reflejaban el creciente descontento de algunos sectores con Porfirio.
Cuando Díaz aseguró en una entrevista que se retiraría al finalizar su mandato sin buscar la reelección, la situación política comenzó ha agitarse. La oposición al gobierno cobró relevancia ante la postura manifestada por Díaz. En ese contexto, Francisco I. Madero realizó diversas giras en el país con intención de formar un partido político que eligiera a sus candidatos en una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Díaz lanzó una nueva candidatura a la presidencia y Madero fue arrestado en San Luis Potosí por sedición. Durante su estancia en la cárcel se llevaron a cabo las elecciones que dieron el triunfo a Díaz.
Madero logró escapar de la prisión estatal y huyó a los Estados Unidos. Desde San Antonio proclamó el Plan de San Luis, que llamaba a tomar las armas contra el gobierno de Díaz el 20 de noviembre de 1910. El conflicto armado tuvo lugar en primera instancia al norte del país y posteriormente se expandió a otras partes del territorio mexicano. Una vez que los sublevados ocuparon Ciudad Juárez (Chihuahua), Porfirio Díaz presentó su renuncia y se exilió en Francia.
En 1911 se realizaron nuevas elecciones donde fue elegido Madero. Desde el comienzo de su mandato tuvo diferencias con otros líderes revolucionarios, que provocaron el levantamiento de Emiliano Zapata y Pascual Orozco contra el gobierno maderista. En 1913 un movimiento contrarrevolucionario, encabezado por Félix Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta, dio un golpe de Estado. El levantamiento militar, conocido como Decena Trágica, terminó con el asesinato de Madero, su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez. Huerta asumió la presidencia, lo que ocasionó la reacción de varios jefes revolucionarios como Venustiano Carranza y Francisco Villa. Tras poco más de un año de lucha, y después de la ocupación estadounidense de Veracruz, Huerta renunció a la presidencia y huyó del país.
4 A partir de ese suceso se profundizaron las diferencias entre las facciones que habían luchado contra Huerta, lo que desencadenó nuevos conflictos. Carranza, jefe de la Revolución de acuerdo con el Plan de Guadalupe, convocó a todas las fuerzas a la Convención de Aguascalientes para nombrar un líder único. En esa reunión Eulalio Gutiérrez fue designado presidente del país, pero las hostilidades reiniciaron cuando Carranza desconoció el acuerdo. Después de derrotar a la Convención, los constitucionalistas pudieron iniciar trabajos para la redacción de una nueva constitución y llevar a Carranza a la presidencia en 1917. La lucha entre facciones estaba lejos de concluir. En el reacomodo de las fuerzas fueron asesinados los principales jefes revolucionarios: Zapata en 1919, Carranza en 1920, Villa en 1923, y Obregón en 1928.
Actualmente, no existe un consenso sobre cuándo terminó el proceso revolucionario.
Algunas fuentes lo sitúan en el año de 1917, con la proclamación de la Constitución mexicana, algunas otras en 1920 con la presidencia de Adolfo de la Huerta o 1924 con la de Plutarco Elías Calles. Incluso hay algunas que aseguran que el proceso se extendió hasta los años 1940.
Además de esta controversia para delimitar cronológicamente este proceso, existen otros cuestionamientos historiográficos. Historiadores contemporáneos como Adolfo Gilly, 3 Friedrich Katz, Alan Knight, 4 Macario Schettino o Jean Meyer, 5 han cuestionado los estudios hechos sobre esta etapa, debido a que gran parte de los mismos fueron hechos bajo la óptica fundacional del Partido Revolucionario Institucional, la institucionalización de caudillos y mitos, el hecho de que sus demandas principales no fueran satisfechas e incluso cuestionando si debe denominarse como una revolución. A. Gilly fue el primero en lanzar la crítica en 1974 al publicar La Revolución Interrumpida, en donde planteó que la revolución popular de Villa y Zapata fue terminada por los grupos liberales de Carranza y Obregón.
Después de la introducción y contextualización de mi trabajo enunciaré mi hipótesis que intentaré justificar o contradecir en las próximas páginas: ¿Qué importancia tuvo Estados Unidos en la Revolución Mexicana? Los Estados Unidos tuvieron una importante participación en el proceso de la Revolución Mexicana, aunque menor de lo que pretendieron.
3 Se opera en otros casos el fenómeno opuesto: el arte del cantastorie es asimilado por la versión oficial de la historia, y entonces la crítica popular del poder existente se invierte en un discurso del poder "populista". La Revolución mexicana da uno de los ejemplos más cumplidos de esa trasmutación", en Gilly, Adolfo. "La historia como crítica o discurso del poder".
4 "La Revolución dejó de constituir un organismo funcional hace décadas (en los cuarenta, quizás), pero sus ideas y símbolos todavía circulan como materia genética disponible en el cuerpo político mexicano, donde podrían contribuir a la formación de nuevos organismos, adaptados a los muchos y difíciles retos del ambiente actual", en Knight, Alan. "El gen vivo de un cuerpo muerto".
5 "Hablé de la revolución maderista porque no hay una sino muchas revoluciones mexicanas, en el espacio y en el tiempo. La Revolución mexicana es una invención (legítima, normal, natural) a posteriori de los políticos, ideólogos, historiadores. Y nos encontramos atrapados entre la necesidad de conservar algo de memoria", en Meyer, Jean. "Un siglo de dudas".
5 Papel de Estados Unidos en la Revolución Mexicana La intervención norteamericana en el proceso revolucionario mexicano, se inició desde los primeros momentos del levantamiento y su intento de hacer llegar a la presidencia a hombres que le resultaran útiles para la defensa de los intereses norteamericanos en aquel país, no desapareció hasta el final. El primer paso en este sentido fue la presión política. Nada más iniciarse la sublevación antirreeleccionista, en noviembre de 1910, el presidente norteamericano advirtió ya al gobierno de Porfirio Díaz que no toleraría ningún combate en la zona fronteriza con los Estados Unidos. Desde entonces, las relaciones entre ambos países pasarían por distintas fases; pero siempre resultarían extremadamente tensas.
Aunque para muchos investigadores está claro desde el principio que los rebeldes contaron con el apoyo de los Estados Unidos6. Los Estados Unidos siempre negaron, oficialmente, tanto su colaboración con los insurgentes como sus supuestas intenciones de expansión territorial; pero no descartaban una intervención en el conflicto con el fin de proteger la vida de sus ciudadanos residentes allí 7.
Las tensiones entre ambos países disminuyeron, en principio, tras los acuerdos de Ciudad Juárez de mayo de 1911. Pero como al poco tiempo la lucha rebrotó, esa tranquilidad duró poco. Y ni siquiera cuando, en el mes de noviembre de ese año, Francisco Madero fue elegido presidente la situación mejoró. Las primeras medidas del presidente norteamericano para hacer frente a la inestabilidad de su vecino fueron: el bloqueo del tráfico de armas con destino a los sublevados contra Madero, y la advertencia a este último de que en el caso de que no cesaran los ataques "a los súbditos yanquis" él se ocuparía de pararlos.
Entre tanto, en octubre de ese año los partidarios del antiguo presidente, aprovechando los problemas por los que los revolucionarios hacían pasar al gobierno, consiguieron alzar contra él a las tropas de Veracruz y nombraron presidente a un sobrino de Porfirio Díaz, Félix Díaz. Y aunque este levantamiento fue controlado, su principal promotor logró escapar y llevar a cabo un segundo intento, en febrero de 1913, que tendría graves consecuencias no sólo para el propio presidente mexicano, sino también para las relaciones bilaterales entre México y los Estados Unidos.
Pero, más que del levantamiento en sí, lo interesante son los incidentes que se originaron en relación a aquel país. Cuando las tropas gubernamentales trataban de desalojar de Veracruz a las de Félix Díaz, el Consulado norteamericano se vio seriamente afectado, y todo el personal tuvo que abandonarlo y refugiarse en la residencia del Cónsul. También, son interesantes las consecuencias de los infructuosos intentos de mediación entre Díaz y Madero por parte del representante norteamericano —junto con los de España, Inglaterra y Alemania—, se indicaron protestas por los continuos ataques que sufrían los extranjeros en México, y se tomaron medidas al parecer, por los Estados Unidos, al respecto.
6 No podemos olvidar, en este sentido, que cuando Madero consiguió la libertad provisional, en octubre de 1910, encontró refugio en los EEUU; y que, desde allí, llegaban armas para los rebeldes.
7 El gobierno norteamericano llegó a hablar del envio de una escuadra a Acapulco para protegerlos.
6 Y, aunque según el gobierno norteamericano, esas medidas no estaban encaminadas a una ocupación militar, sino a la protección de "los súbditos yanquis contra la revolución", desde México y desde el exterior, las cosas se veían de forma muy diferente. Incluso se llegó afirmar que el presidente Taft estaba decidido a enviar tropas y que Washington lo tenía todo dispuesto para invadir el país 8.
Según algunos investigadores, en Nueva York se consideraba inminente la guerra y aunque, según sus informes, "Taft espera todavía a tomar una resolución, está preparado para cualquier eventualidad". La intervención parecía tan inminente, que Madero en contra de la actitud que según el embajador norteamericano en México había tenido antes, telegrafió a su colega norteamericano aceptando las responsabilidades que pudieran alcanzar a su administración por los daños padecidos por los extranjeros, y rogándole "que no ordene desembarcar las tropas, en atención a las gravísimas consecuencias que esto acarrearía".
No sería Madero, sin embargo, el que tendría que afrontar esa intervención. Con él, el diálogo era posible para los norteamericanos; pero su muerte y la de su vicepresidente a manos del general Huerta, considerada por los dirigentes de las distintas potencias como un crimen político, desvaneció cualquier posibilidad de entendimiento con este último. Y aunque el presidente norteamericano declaró que no intervendría en México si se volvía a la normalidad y se respetaban los intereses norteamericanos en el país, por todas partes corrían rumores que desmentían esas afirmaciones.
Hubo un intento por parte del embajador norteamericano en México por cambiar esta situación. En un informe enviado al nuevo presidente norteamericano, Wilson, se mostraba favorable a un giro radical en la política de su país al respecto; convencido de que Huerta terminaría por imponer su autoridad en todo el territorio mexicano, aconsejaba proceder a su reconocimiento oficial sin excesiva demora. Pero la opinión del ejecutivo estadounidense, no sólo era diferente, sino que "en círculos oficiales norteamericanos" se hizo saber a la prensa "que el embajador no representa en ningún modo, la opinión de la administración actual". Según aquélla, el nuevo gobierno norteamericano no sólo pidió al de México el cese inmediato de las hostilidades, como había hecho el de Taft, sino la dimisión del general Huerta como presidente, la formación de un gobierno provisional y una nueva convocatoria de elecciones de la que quedara excluido aquél9.
Y aunque Huerta rechazó tales pretensiones, pareció que cedía, en parte, al anunciar que convocaría elecciones y que se comprometía a aceptar sus resultados. Pero cuando apenas faltaban un par de semanas para su celebración, ordenó la detención de varios diputados y disolvió el Parlamento, lo que no hizo sino reafirmar a los norteamericanos en su postura. De hecho, el tiempo dio la razón a los que pensaban, como Wilson, que Huerta pretendía manipular las elecciones. Estas se celebraron, tal y como estaban fijadas, el 26 de octubre. Pero, según declaró el presidente mexicano a los pocos días, "arrojaron un resultado tan exiguo para los distintos candidatos" que había que repetirlas. La reacción norteamericana fue pedir la inmediata dimisión de Huerta, y advertirle que traería "graves consecuencias el que designe sucesor entre sus parientes o amigos".
8 9 "El Noticiero Sevillano" y "El Liberal" de 14 de febrero de 1913.
Se sugería, incluso, un presidente provisional, Federico Gamboa, "El Liberal", 22 de agosto de 1913.
7 El Senado norteamericano propuso, a su vez, levantar el embargo de armas a los rebeldes. Y aunque, en principio, el gobierno no aceptó esa propuesta —al menos de manera oficial—, Wilson declaró que si Huerta no dimitía estaba dispuesto a bloquear México, e incluso, a llegar a "la invasión de territorio mexicano", y que veía pocas esperanzas "de paz en América mientras el general Huerta no abandone el poder que usurpó".
Como un paso más hacia la confrontación, a mediados de Diciembre tuvo lugar un enfrentamiento armado entre soldados de ambos países en El Paso, que originó una propuesta en el Senado norteamericanos de bloquear la frontera por esa zona. No obstante, los fuertes rumores que circulaban por la capital mexicana sobre la inminente caída de Huerta, hizo que los Estados Unidos se mantuvieran, en principio, a la espera de los acontecimientos.
Entre tanto, las tentativas diplomáticas de los carrancistas, que, por otra parte, continuaban también ganando terreno en el campo militar, daban sus frutos. En Febrero de 1914 Wilson decidió levantar la prohibición de vender armas a los rebeldes mexicanos, después de haber llegado a un acuerdo con Carranza sobre la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de elecciones realmente libres.
Paralelamente, continuó con los preparativos bélicos mientras sus declaraciones a la prensa, pocos días antes de la ocupación de Veracruz, eran cada vez más ambiguas.
Según él "quería la paz"; pero si Huerta no daba "las reparaciones necesarias" por los ataques que sufrían cada día los ciudadanos extranjeros en México, su "gobierno tendría que tomar medidas enérgicas, ocupando Tampico y Veracruz". Por otra parte, afirmaba que su intención no era la guerra, sino el bloqueo "pacífico" de los puertos mexicanos para forzar a Huerta a abandonar el poder y que no pretendía, en ningún momento, "atacar esa nación, pues somos sus amigos sinceros... El conflicto es con un hombre que se atribuye el título de presidente", y no con México.
Pero no convenció a nadie con sus palabras; de hecho, el 21 de abril de 1914, un destacamento estadounidense desembarcaba en Veracruz y ocupó el consulado norteamericano y la oficina de correos y telégrafos, mientras, para prevenir cualquier respuesta mexicana, otra escuadra norteamericana partía hacia aquel puerto.
Es difícil saber la reacción de los mexicanos ante ese desembarco, ya que las noticias aparecidas al respecto en los periódicos eran muy confusas. La de Huerta, por el contrario, quedó muy clara: expulsó al embajador estadounidense, ordenó reforzar los destacamentos que defendían la ciudad y anunció en un "patriótico discurso" recogido por la prensa, que pondría en pie de guerra otros 20.000 hombres, que lucharía "hasta la muerte por la independencia de México", y que declararía una amnistía para que pudieran volver al país "todos los que quieran defender a la patria".
Argentina, Chile y Brasil, se ofrecieron entonces como mediadoras entre ambos países, y se iniciaron las conversaciones en Niágara, ante el escepticismo general. La mayor parte de los observadores, y de la prensa, consideraban que la única esperanza de llegar a un acuerdo dependía de la presión que los diplomáticos extranjeros pudieran ejercer sobre el general Huerta. Y el tiempo les dio la razón; a los pocos días vio la luz una primera propuesta redactada por los mediadores, en la que, a cambio de que los norteamericanos abandonaran el país, Huerta se comprometería a negociar con los rebeldes. Esa propuesta fue rechazada por los Estados Unidos, que exigieron, como medida previa al diálogo, la retirada inmediata de Huerta, que por su parte, la consideró inadmisible.
8 En su contrapropuesta Huerta se manifestaba dispuesto a aceptar la paz con los Estados Unidos, siempre que éstos evacuaran Veracruz y se comprometieran a respetar "la integridad del territorio mexicano", que se les concediera un empréstito suficiente para el buen funcionamiento de la Hacienda mexicana, y "libertad electoral para proceder al nombramiento de presidente". Rechazada, a su vez, esta proposición por los Estados Unidos, en los últimos días de mayo se elaboraba y presentaba a ambos países una nueva oferta. En ella, aceptándose los criterios estadounidenses, se exigía la dimisión de Huerta y su sustitución por una comisión de cinco miembros, que se ocupara "de los asuntos de estado... hasta la constitución de un gobierno provisional".
Pero, a los pocos días, los periódicos informaban que esa nueva propuesta había fracasado también. La intención de los Estados Unidos era que los constitucionalistas formaran parte de esa comisión, y que el gobierno provisional fuera encabezado por Carranza. La negativa rotunda de Huerta provocó la intensificación del apoyo norteamericano a los carrancistas y, poco después, los periódicos se hacían eco de la dimisión de aquél, por una parte, por los avances de éstos y, por otra, por la imposibilidad de abastecerse de armamento a causa del bloqueo norteamericano.
Esta dimisión, sin embargo, no bastó ni para que la lucha finalizara ni para que los norteamericanos se retiraran de México, aunque sí contribuyo a disminuir las tensiones entre los dos países. Sólo tras el corto período presidencial de Carvajal, Carranza fue nombrado presidente provisional, los norteamericanos comenzaron a ceder; aceptaron esta designación reconociéndolo como presidente, y se manifestaron dispuestos a evacuar Veracruz, aunque esa evacuación aún se retrasaría un par de meses. Por fin, el 23 de noviembre de 1914 salieron de allí los últimos soldados norteamericanos, mientras las autoridades respectivas afirmaban, por primera vez en mucho tiempo, que "las relaciones entre los dos países vuelven a ser cordiales".
No obstante la situación todavía no estaba clara; los jefes revolucionarios discutían entre sí, mientras sus respectivos seguidores hacían que la paz fuera imposible. La Convención de Aguas Calientes, que pretendió la conciliación, tuvo un resultado totalmente contrario al esperado, de manera que, según la prensa llegaron a existir hasta cuatro gobiernos al mismo tiempo.
El presidente Wilson consideraba que la situación era tan grave como antes y que, de seguir así, las relaciones entre México y los Estados Unidos no tardarían en romperse de nuevo. Y tras varias advertencias al gobierno mexicano para que pusiera fin a la lucha, un enfrentamiento en la frontera entre tropas mexicanas y norteamericanas, llevaró de nuevo a Wilson a actuar. A los pocos días Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Bolivia y Uruguay, habían sido invitadas por Wilson a una conferencia, en la que se les pidió colaboración para intervenir militarmente en México. No obstante los países participantes no se comprometieron tanto; la conferencia terminó con el acuerdo de enviar un mensaje a los jefes mexicanos, llamándoles al restablecimiento de la paz y a la aceptación del gobierno provisional.
9 Esta medida no resultaba suficiente para Wilson que, al margen de sus supuestos aliados, manifestó hallarse dispuesto a intervenir otra vez en México si el gobierno no ponía fin a la lucha, y de nuevo concentró tropas en la frontera. Pero como la situación política parecía mejorar, en octubre de 1915, los países participantes en aquella conferencia, incluidos los Estados Unidos, "acordaron, unánimemente, reconocer el gobierno de Carranza como gobierno de facto de México", siempre que se respetara la "vida y hacienda" de los extranjeros residentes en el país 10.
No obstante, esa condición no era tan fácil de cumplir; aunque Villa había sido derrotado, pasó a la guerrilla y continuó poniendo en jaque a las tropas constitucionalistas e incluso, realizando incursiones en territorio norteamericano.
Respondiendo a la provocación que esas incursiones representaban, en el mes de marzo de 1916, Wilson ordenó que una división del ejército entrara en México para capturar a Villa. Y aunque, en un principio, la misión norteamericana tenía como fin sólo la captura de aquél para entregarlo después a Carranza, la protesta de éste no se hizo esperar.
De hecho, la situación en la frontera no estaba muy clara; y, durante varios meses, las relaciones entre ambos países volvieron a enrarecerse hasta tal punto, que en el mes de junio las conversaciones sostenidas para tratar la cuestión de la presencia de tropas estadounidenses en México fueron interrumpidas bruscamente. En la frontera menudeaban los combates y, pese a las declaraciones tranquilizadoras del presidente Wilson, parecía tener claro que la guerra sería inevitable. Sin embargo, en el mes de Julio el presidente norteamericano suspendía toda decisión sobre una intervención armada en el país vecino, y ordenaba a sus tropas que pasaran al norte de la frontera.
Sólo entonces cesaron los incidentes fronterizos y se pasó definitivamente al campo de la diplomacia.
Las conversaciones no resultaron sin embargo fáciles y se prolongaron terriblemente.
Las partidas villistas continuaban con sus correrías por el norte del país, y los norteamericanos no estaban dispuestos a tolerar ese estado de cosas junto a sus territorios. Para acabar con ello, pretendieron, forzar a Carranza a firmar un protocolo por el que se comprometía a llamar a las tropas norteamericanas, en un plazo de 40 días desde la firma, para que lo ayudaran a pacificar la zona de Chihuahua. Pero como es lógico, Carranza se negó a firmar semejante protocolo.
Sin embargo, el año 1917 se inició con mejores perspectivas para las relaciones bilaterales. La ofensiva carrancista obligó a los villistas a refugiarse en las montañas y las tensiones se fueron suavizando de manera que, por fin en el mes de febrero, el gobierno de los Estados Unidos declaró que había reconocido a Carranza como jefe del estado mexicano y que las relaciones diplomáticas entre ambos países, rotas de hecho desde 1913, se reanudaban aunque no acabaran con ello los problemas.
1917 marcó la cristalización de la Revolución Mexicana: la promulgación de una nueva Constitución que fortaleció el nacionalismo mexicano y provocó, entre otras cosas, que algunos de sus artículos fuesen considerados por algunos círculos de capitalistas extranjeros como el fin de su preponderancia económica en México.
10 Exigían, también, que se concediera una amnistía política. Sobre estas condiciones ver "El Liberal" de 11 de octubre de 1915.
10 Los capitales estadounidenses y europeos se encontraban esparcidos en prácticamente todas las ramas de la economía mexicana, pero en el caso de los norteamericanos, las inversiones en las industrias extractivas -petróleo y minería- eran las predominantes; de allí el esfuerzo estadounidense por defender la situación que había prevalecido en México durante el Porfiriato.
Pasamos a los años veinte, precisamente los años en que México estaba luchando por recuperar el control sobre los recursos de la nación coincidieron con la etapa expansiva del capitalismo industrial estadounidense, es decir, con la apropiación de mercados en dónde invertir, en dónde vender sus bienes y de dónde extraer las materias primas necesarias en el proceso productivo.
Varios eran los problemas que aquejaban las relaciones mexicanoamericanas en 1921. Sin embargo, el más urgente para México -y que se fue dramatizando al transcurrir los meses- fue el de lograr el reconocimiento oficial de Washington; este hecho representaba una necesidad urgente para legitimar al régimen obregonista ante el mundo entero, dándole un consenso de mayor firmeza tanto política como económica. Pero la estabilidad política -hablando en términos generales- estaba presente en la escena mexicana en 1921, así que el reconocimiento estadounidense resultó no tanto una necesidad nacional sino un requisito para satisfacer el orgullo personal del general sonorense.
Los motivos por los que los Estados Unidos se negaban a reconocer al general Obregón eran bastante claros: la Casa Blanca no podía otorgar su aprobación a regímenes que amenazaran con dañar a los intereses económicos de los norteamericanos en México. La amenaza concreta era la interpretación y práctica del artículo 27 constitucional, por cuyos preceptos se decretaba que ‘tanto la superficie como el subsuelo -y todo lo que en él existe- dentro de los límites del territorio mexicano pertenecían a la nación’. Esto contravenía los intereses mineros de fines del siglo XIX y principios de éste, por medio de los cuales Porfirio Díaz había otorgado la propiedad del subsuelo al dueño de la superficie, acciones que en mucho nos explican el desenfrenado crecimiento de la inversión extranjera en México durante dicha época.
Durante todo el año de 1921, así como en 1922, el Departamento de Estado condicionó el reconocimiento de Obregón a la firma previa de un tratado de amistad y comercio, el cual sentaría las bases legales e internacionales para evitar que el artículo 27 se pudiera aplicar en forma confiscatoria y retroactiva, como alegaban las compañías petroleras.
Poco después, dos buques de guerra estadounidenses, el Cleveland y el Sacramento se acercaron peligrosamente a las costas del Golfo, en virtud de que el cónsul norteamericano en Tampico así lo había solicitado, por el carácter tan precario que estaba tomando la situación y con el fin de defender a los norteamericanos en aquella área petrolera.
El arribo de las embarcaciones ciertamente coincidió con el anuncio del aumento a los impuestos a la exportación del petróleo y aunque tres días después los barcos regresaron a los Estados Unidos sin causar mayores problemas, sí dejaron en la mente de los mexicanos la idea bien impresa, de que el gobierno norteamericano seguiría defendiendo a sus conciudadanos en México.
11 Otro aspecto de 1921 que es importante destacar es el relativo a los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos. A pesar de no haber causado fricciones peligrosas entre ambos gobiernos, como el asunto petrolero o las reclamaciones, sí desató una ola de debates en los Estados Unidos sobre la conveniencia o no de contratar a trabajadores mexicanos, y el trato por ellos recibido obtuvo enorme atención por el público mexicano.
En estos momentos llegamos a la crisis de 1929, una crisis mundial que suprimió el mercado exterior e hizo disminuir la tensión por la lucha contra las inversiones extranjeras, a partir del momento en que ya no se vendía mas. La crisis permitió reestructurar la producción a partir del mercado nacional. Este proceso perdurará unos años y provocó algunos cambios socioeconómicos en la sociedad mexicana. Estados Unidos como epicentro de esta crisis, se vio obligado a aplazar sus intereses en México para paliar sus problemas internos.
12 Conclusiones Finalmente de este proceso se pueden extraer diversas ideas esenciales: La primera y más importante, podemos certificar que Estados Unidos tuvo un papel importante dando apoyo, oficial o a escondidas a los rebeldes para acabar con el Porfiriado. Después siguió influyendo e interviniendo en los sucesores en el poder mexicano hasta pactar políticas menos opuestas a los intereses estadounidenses, en territorio mexicano.
Con la intervención estadounidense en la Revolución Mexicana, dejaba claro la política imperialista tan característica de Estados Unidos y que la Guerra de Cuba no fue anecdótica.
A lo largo de este proceso, podemos marcar el final de la primera década del siglo XX como un momento de ruptura, en las dinámicas entre México y Estados Unidos. Entre estos dos vecinos siempre existieron diferencias abismales, pero en México, la Revolución de 1910 y la guerra civil provocaron la ruptura de la paz porfiriana. Los Estados Unidos, fueron partícipes directos en la Primera Guerra Mundial y el resultado de esta guerra demostró ser económicamente muy beneficioso para los estadounidenses.
Como he comentado antes, es importante destacar las fuertes diferencias de los dos países. Por un lado, México, un país pobre, desangrado tras una década de revolución, y por el otro, los Estados Unidos, perfilándose ya como una gran potencia en todos sentidos; separados, por tres mil kilómetros de frontera, pero sobre todo, con una ideología, una cultura, un desarrollo histórico, una economía entre ambos, que sin temor a equivocarse podría decir que ambas naciones son una de las vecindades más diferentes de este planeta.
Para acabar puedo afirmar que mi hipótesis inicial es bastante acertada, al menos la primera parte: Los Estados Unidos tuvieron una importante participación en el proceso de la Revolución Mexicana, aunque menor de lo que pretendieron.
Ciertamente consiguieron derrocar el Porfiriado e imponer en el poder un régimen más cercano a sus intereses, parece ser que sus pretensiones no fueron tan limitadas como pensaba en un inicio. Pero, después de analizar este proceso hay que destacar un detalle que no observé en mi hipótesis: La influencia desigual que ha tenido Estados Unidos en la Revolución Mexicana dependiendo la etapa y el presidente.
Me gustaría destacar que me ha costado conseguir información sobre este tema, a partir de finales de la primera década del siglo XX. Supongo que es debido a que Estados Unidos en estos momentos entró en la I Guerra Mundial y puso sus intereses económicos en Europa y después vino el Crack del 29, y dedicó sus recursos a reflotar la economía interna.
13 Bibliografía Meyer, Jean. La Revolución Mejicana 1910-1940. Dopesa, 1973.
Pellicer de Brody, Olga y L. Mancilla, Esteban. Historia de la Revolución Mexicana. El Entendimiento con los Estados Unidos y la gestación del desarrollo estabilizador.
México, DF: Colegio de México, 1980.
Ulloa, Berta. La Revolución intervenida: Relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos 1910-1914. México: El Colegio de México, 1971.
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