Plenaria 8 (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Arte de los sigles XVIII y XIX
Año del apunte 2012
Páginas 9
Fecha de subida 25/10/2014
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8. GÉRICAULT Y DELACROIX Si hacemos un análisis de Ingres y Delacroix podemos ver que tiene unas mismas preocupaciones pictóricas, donde el color predomina. La pintura de Delacroix nos lleva hacia la pintura moderna y la de Ingres es un movimiento residual que se queda en los discursos del siglo XIX. En los años 30 fue donde se gestó la dinámica de novedades. No podemos hablar de vanguardia hasta el siglo XX, hasta el fauvismo y el cubismo. Lo que sí que es cerito es que desde Delacroix se genera una consciencia de pintar de tipo moderno. Esta manera de pintar radica en la liberación de la pintura y los contenidos narrativos que tenían unas exigencias sobre ella. La pintura narrativa se basa con la descripción de contenidos previos a los que el pintor les de una forma. La figura de la composición tiene su base académica y tiene un argumento que se puede explicar con palabras. Eso es algo que la academia sigue defendiendo y la pintura de Delacroix defiende la pintura como portadora de emociones abstractas. Para Delacroix y también para Géricault la pintura se libera de la narración, acercándose a la pintura moderna, que es el camino de la liberación de la autonomía de los elementos plásticos. No se busca describir lo representado de forma narrativa.
T. GÉRICAULT Aunque Delacroix es la gran figura de esta manera de entender el arte, el precedente es el pintor T. Géricault (1791-1824) que tuvo una producción corta pero fue muy influyente. Este pintor es el primer que rompe los moldes del academicismo. El conocimiento de los maestros a través de las colecciones del Louvre será esenciales para entender este cambio. El sistema hasta entonces era un maestro el que det3erminaba si algo estaba bien o mal dibujado.
Géricault empieza a pintar a través de la mirada personal de los grandes maestros de la antigüedad. En el siglo XIX vemos que los museos se convirtieron en centros de aprendizaje personal. De alguna manera el origen de la pintura moderna esta en esa interpretación personal de los artistas del pasado, porque esa mirada de un artista en la obra de otro artista no está mediatizada por la de otro artista, el maestro academicista. La observación es directa, se observa el cuadro como un problema de representación personal. El que da el paso definitivo es Manet, porque tanto Géricault como Delacroix se sienten herederos de esos maestros que ahora observan de forma personal, como Rubens o Ticiano. El Romanticismo y en el Realismo se gesta ese camino que tendrá su momento definitivo en Manet.
Coracero herido dejando el campo de batalla (1814), es una obra juvenil de Géricault, la primera que presento en el salón. Representa a un soldado del ejército imperial napoleónico, derrotado. Esto es la primera novedad, porque lo habitual era representar héroes victoriosos, pero en este caso se representa la derrota del ser humano, como hizo Goya, contemporáneo de Géricault. No identificamos con el personaje porque nos sentimos identificados, se utiliza la derrota como tema de persuasión y la pintura se desliga de los grandes relatos del poder, para pasar al plano personal y a que lo atractivo se encuentra en el sentimental y no en lo racional. Eso proviene de los discípulos de David, de Gros, de Los apestados de Jaffa, de La batalla de Eylau. A través de la forma se expresan los sentimientos, que son inestables, es decidir a través del lenguaje plástico. Con la inestabilidad de la figura y del caballo vemos una relación entre el lenguaje formal utilizado y la inestabilidad de los sentimientos y los hechos narrados, utilizando así un nuevo recurso plástico. El cuadro tiene un tamaño mediano-grande. En el mundo académico su tamaño estaba relacionado con la importancia del género, como por ejemplo los cuadros históricos eran de grandes tamaños.
Por tanto, el tamaño de este cuadro también sorprendió porque era demasiado grande por el tema representado, rompiendo lo que se esperaba de esta narración porque no hay ninguna gran escena narrada ni es un retrato, porque la figura es anónima.
Carrera de caballos (1817). Géricault viajó a Roma (aun no haber ganado el premio y la beca) y conoció la Capilla Sixtina donde la que vivió una emoción subjetiva o espiritual artística de la pintura, anterior a la comprensión narrativa de los elementos que conforman esta obra.
Esto es importante para entender el Romanticismo porque revela que lo atractivo no está en la reproducción fiel de los hechos sino en las subjetividades emotivas que sugieren las obras al espectador cuando las contemplan. Géricault se interesó por la terribilidad de Miquel Ángel, de la que ya se había escrito mucho. En esa época también se conserva cuadros inspirados en un espectáculo público de la Roma (y en otras ciudades, no solo italianas), que es la carrera de caballos. Esa carrera de caballos es un espectáculo real, visto por Géricault que lo inspiró en una serie de cuadros. El cuadro que estamos comentando el artista pone de relieve la importancia del presente en sus obras, coas que aparece en otros autores románticos. Es un cuadro donde se ve la visión de la carrera real y la interpretación épica de esta carrera, como si fuese un gran argumento de la pintura, así lo interpreta el artista, como si fuera un gran friso clásico, aunque carece de este sentido. Lo interpreta como si fuera un friso clásico porque admira el espectáculo y lo recrea en un ambiente clásico, por lo que vemos una mezcla de elementos reales y presentes y de clásicos antiguos. Nos habla de las fuerzas de la naturaleza, de los animales y los humanos, sin ningún elemento moral o político.
La balsa de la Medusa (1818-19).
Es la obra más importante de Géricault, y que muestra un momento importante de la evolución artística del autor. Se presentó en el salón en 1819, por lo que costumbre se inserta de los en esa pintores franceses de darse a conocer con un gran cuadro para llamar la atención, y que ocurre hasta Manet. Desde el Romanticismo los artistas quieren presentar un gran cuadro donde se les reconozca su habilidad artística, por lo que le dedicaban mucho tiempo. El pretexto narrativo, lo que representa, es un naufragio que era conocido y familiar para el público del salón. Era un naufragio del barco medusa cerca de las costas de África, por la incompetencia del capitán que provoco que la tripulación muriera.
Solo unos pocos sobrevivieron y al llegar a Francia contaron los hechos. Fue un hecho que tenía fondo político porque el capitán era imperialista, a favor de los borbones, por lo que su incompetencia tenía implicaciones políticas. El público se reconocía con los náufragos, por la situación política del momento. El momento elegido de representación es también destacable porque muestra cuando uno de los náufragos ven un barco en la lejanía, mostrando una posible salvación, y la tensión de la esperanza. Se busca el momento previo del desenlace, sin saber que ocurrirá, no se explicita en el cuadro (donde ni tan solo vemos el barco que los puede salvar). Los elementos formales que se pueden destacar es la composición. La composición es un elemento que está en relación con la expresividad del argumento, que en este caso es sentimental, por ese motivo la composición es abierta e inestable, basada en una diagonal (muy propio de Rubens, para sugerir dinamismo, propio del Barroco). Este recurso barroco los utiliza Géricault que muestra figuras movimiento de las cuales se van enlazando en la diagonal hasta la figura que está moviendo la camisa para llamar la atención al posible barco. Esta diagonal da una sensación de inestabilidad, haciendo alusión a lo sentimental y emocional. También se muestra en la propia inestabilidad del espacio en el que se sitúan los náufragos, la balsa está en el mar donde hay olas, viento y un espacio infinito - recurso similar de Friederich, que también pinta espacios que no están limitados al que muestra el cuadro.
Destaca también las distintas reacciones de los personajes (en el mundo academicista los gestos eran la gran fuente de expresión de las emociones) respecto a una misma situación.
Frente al carácter monolítico de la razón, que se presenta como algo universal (lo lógico es igual para todos), los sentimental es particular a cada uno, y esta idea se expresa en este cuadro. En el primer plano vemos un personaje resignado, por su posición curvada, que se apoya la cabeza en su mano, sin ilusión en salvarse. Incluso en las obras figuras las reacciones a la posible salvación no son iguales. La figura culminante es la que agita el pañuelo. De esta forma vemos una fragmentación de las emociones de los personajes, los discursos, los modelos estéticos y la propia obra de arte es un camino que lleva a la modernidad.
En la época la lectura que se hizo de esta obra fue política, por lo que se observó como una resistencia de los que son capaces de resistir a las adversidades y al mundo hostil que rodea al ser humano. Como unos pocos tienen la voluntad de resistir en ese contexto. Hubo críticas en la época que hicieron la lectura de la resistencia del pueblo al poder político, que tiene la esperanza de sobrevivir. A partir de allí la balsa se observa como una metáfora de la propia condición humana. Los detractores vieron aspectos negativos como la muerte en el primer término o en el tamaño de la obra, así como la defensa de que la belleza en un arte complaciente y agradable a la vista.
Las carreras de Epsom (1821), es pintada en Inglaterra, donde pinto varios cuadros de géneros como es el caso. Se ha hablado de una posible influencia de Constable, por la forma de pintar las nubes y por el tono de los verdes. La razón por la cual este cuadro tiene un papel importante es porque muestra lo que el ojo humano no ve, el movimiento. Géricault estaba fascinado por la fuerza de los caballos, pero no era capaz de ver el movimiento del animal. Lo representado es como el artista se imagina que deben ser estos movimientos, por lo que parece que es una obra un poco surrealista porque parece que los caballos están flotando.
Más interesante es una serie de pinturas que realiza también en Inglaterra a comienzos de los años 20 por indicación de un médico psiquiatra, Georget. El interés por las enfermedades mentales se intensificó en el siglo XVIII y XIX, por ser una época obsesionada por la razón, y por supuesto, por su contraria, la locura. La idea de muchos médicos de esos siglos era que era posible detectar la enfermedad mental a través de la apariencia del enfermo. Por ese motivo el medico pidió a Géricault una especie de mapa de rostros para identificar los rasgos anatómicos del rostro para detectar cada una de las enfermedades mentales. Son retratos del alma, no tanto físicos, sino la descubriendo de lo anímico a través de los físico, sin hablando de su situación social, política o de poder. Además, estos retratos hacen surgir una empatía en el espectador al que se le despierta el medio a lo irracional y al caer él en la enfermedad. Géricault realizó diez cuadros del 1822 entre los que podemos destacar el Maniático militar, Raptor de niños, Cleptómano, Obsesa, Ludópata. Los rasgos son más o menos los mismos: una mirada perdida que parece que su mundo interior va más allá de nuestro mundo exterior y el rictus de la boca.
LA PINTURA DE EUGÈNE DELACROIX (1898-1863) Eugène Delacroix quiere sentirse un pintor clásico en el sentido de universal y de eterno. Sus modelos son de Miquel Ángel y de Rubens, de los fondos y las telas de la pintura veneciana, y los fondos y luces doradas de Ticiano. Por otra parte Delacroix es un hombre que tiene una gran formación literaria, y muchas veces sus temas son literarios, de los grandes clásicos de la literatura inglesa como Shakespeare y universal europea como Dante. Para el la literatura es una fuente de emociones e intenta traducir en términos clásicos esas fuentes literarias.
Delacroix busca la sugerencia espiritual de la narración, no a la descripción perfectamente realista, sino con un carácter anímico. Esta dimensión anímica se expresa en la pintura a través del color, la línea o la composición y no tanto en la reproducción exacta de la narración. Eso es lo que hace de Delacoix un pintor moderno.
La barca de Dante (1822) es la primera obra importante de Delacroix, que es un tema muy repetido en la época del romanticismo, en base a la obra Divina comedia de Dante.
Los críticos contemporáneos vieron esta obra en relación a la obra de Ingres La barca de la Medusa. Vemos elementos como la presencia del mal y la visión inestable de la barca en la superficie de las aguas como una escena inquietante. El paso de Dante por los infiernos se observa como una turbulencia e inestabilidad que contribuye la posición de los cuerpos y el sentido dinámico de las figuras y turbulento del espacio donde se sitúan. El color tiene una autonomía del dibujo, al contrario del proceso academicista. La forma de las manchas del color escapa del propio dibujo (aun presente, hasta el impresionismo), que tiene un carácter dramático, que tienen vida propia como portadores de sensaciones.
De todas maneras la primera obra verdaderamente importante de Delacroix es La matanza de Quios (1823-24) que es un episodio de la guerra de Grecia por la independencia del Imperio Turco, que se da en el siglo XIX. La causa de la independencia griega fue interpretada en occidente como una especie de la causa de la libertad y las democracias europeas. Los intelectuales hicieron una lectura épica de esa independencia. El Romanticismo hizo una lectura melodramática del fenómeno de independencia, que implicaba la demoniciación del enemigo que eran los turcos, los desalmados y la barbarie. En cambio los griegos eran los oprimidos y representaban la lucha por la libertad ante un enemigo más fuerte y opresor. El cuadro de Delacroix hay que insertarlo en una especie de idealización de la independencia griega, alejándose de una pintura histórica narrada, sino de lo que significaron los hechos como símbolo de lucha por la libertad. La presentación de las víctimas en primer término es algo que proviene de los 3 de mayo de Goya que muestra la derrota, pero estaba muy ligado al poder, en cambio el cuadro de Delacroix representa la libertad en un sentido abstracto. Esta obra no tiene un sentido unitario de las obras académicas sino como la sucesión de figuras que tiene un fondo patético. La madre muerta, a la que se aferra su hijo para mamar de sus pechos, la vieja desvalida, la pareja herida… junto con la imagen del opresor turco. Utiliza el recurso de la empatía, del victimismo, de la compasión para identificar al espectador con la causa. Pero la forma de pintar todo eso destaca, porque está envuelto de una luz dorada. La sensualidad del cuerpo (que no es intelectualizada como la de Ingres) muestra una especie de exhibición del cuerpo, así como de los tejidos, mostrado un sentido táctil incluso de la propia presencia del paisaje, sobre todo por la luz dorada. Se busca que las sensaciones del espectador al c ontemplar la pintura surjan a flor de piel, más allá de la única sensación visual que es la propia de la pintura. A pesar de que la imagen es una especie de canto a la libertad, no hay el sentido moralista que tiene la pintura precedente, sino que es una posibilidad de mostrar una vivencia. Hay una voluntad de introducirnos en una especie de vivencia que se está mostrando en la obra. Grecia en las ruinas de Missolonghi (1826) vuelve a insertarse en la mismo tema de la independencia de Grecia.
La obra clave de Delacoix es posiblemente La muerte de Sardanápalo (1827), que resume toda esa confluencia de elementos sensoriales, mentales y pictóricos. Este cuadro representa el suicidio ritual de un personaje legendario de la antigua Siria que antes de entregarse al enemigo destruye todos sus bienes, esclavas, joyas… destruyendo todo aquello que se ama antes de que caiga en manos del enemigo. El acercamiento de Delacroix al tema es un acercamiento poético, a través de una leyenda. Es el sentido romántico de la imposibilidad, las ansias de infinito y de totalidad, un lujo que al no poder conseguir, se destruye. Cuando vemos el cuadro vemos una agitación de figuras y una acumulación de objetos, siendo una sugerencia de todo el caos que supone la destrucción. La impresión primera es de desconcierto.
Denomina el color dorado y el rojo, como dos colores que se utilizan dentro del marco persuasivo, empleados de forma combinada para intensificarse mutuamente. Lo que vemos es el monarca sirio y las esclavas desnudas con bellos cuerpos que están siendo sacrificadas o ya están muertas por los servidores del monarca. Hay un elemento erótico en el gesto del suspiro de la muerte que se aproxima al orgasmo (el dolor extremo que se puede confundir con el placer). Es una pintura que muestra un carácter abstracto, porque no nos informa, sino que muestra una determinada emoción extrema. Delacroix estuvo comprometido políticamente con los revolucionarios de 1830, los que acabaron con la monarquía borbónica y que colocaron en el poder a Luis Felipe, el rey burgués, que estuvo en el poder del 1830 al 1848.
La libertad guiando al pueblo (1830), como gran obra de Delacroix muestra su compromiso con los revolucionarios de 1830. El cuadro está inspirado en las barricadas de París de julio, a través del cual se manifestaba el movimiento revolucionario, donde los rebeldes luchaban contra el orden establecido.
Como los revolucionarios del año 30 vencieron, el cuadro muestra ese resultado victorioso. En el imaginario burgués del siglo XIX y todavía en el nuestro, hay una fascinación por las imágenes revolucionaras que nos hablan de futuro, de cambio, etc. Tienen una fortuna visual fascinante, más allá de que esa imagen encarne unas ideas que no sean compartidas por toda la sociedad.
La libertad guiando al pueblo fue excesiva para los burgueses de los años 30 por la presencia de los cadáveres. La imagen no es realista pero la presencia de cadáveres, un recurso ya utilizado, muestra una de las consecuencias de la revolución de la destrucción y la muerte.
Esto hizo que al principio esta imagen fuera conflictiva. Las dos figuras de la izquierda muestran la unidad de la patria, siendo uno un obrero de clase baja y la otra de un burgués armado. La revolución de los años 30 era una lucha por la patria, sin división de clases, luchando por una causa común. Otra figura importantísima es la figura del niño con dos pistolas a la derecha, que es una personificación de los hijos de la patria. Esta figura aparece como un símbolo de futuro, de una libertad por conquistar que recae en manos de las nuevas generaciones. En ese supuesto realismo encontramos la figura alegórica de la libertad que se encuentra levantando la bandera francesa. Esta figura tenía su origen en la primera república.
Es una figura femenina, atractiva, con los pechos descubiertos… que es atractiva de seguir. Se muestra la división de lo femenino con los ideales y de lo masculino como los que luchan por esos ideales femeninos.
Delacroix hace un viaje a Marruecos en 1832, porque el siglo XIX era el gran siglo de expansión europea y del imperialismo sostenido por la idea moral de que los europeos eran superiores al resto de pueblos del mundo que son inferiores. El viaje a oriente, como lugar inferior pero con algunos aspectos atractivos, curiosos o exóticos forma parte del imaginario europeo del siglo XIX, así como de las bellezas femeninas y masculinas, y sobre todo de los Argeles. Delacroix pasa por el sud de España que también formaba parte de ese imaginario europeo, como muestra del Al-Ándalus.
Mujeres de Argel (1834) muestra un mundo reservado a las mujeres, y de la sensualidad, tanto en los rasgos exóticos distintos a los occidentales (aunque las mujeres surgen del imaginario del artista). Los trajes y la forma de estar sentadas también era muy exótico, que era totalmente diferente a como se sentaban las mujeres francesas. Hay toda una corriente orientalista en la pintura francesa del momento.
Destaca de la época de Luis Felipe el proceso de nacionalización del pasado francés, cuando se forja todo el nacionalismo francés y se reformula todos los iconos del antiguo régimen, que se convierten en glorias de lo nacional. La nacionalización de los mitos históricos y artísticos como símbolo de un pueblo y no de los reyes opresores del antiguo régimen. Para conseguir eso se redecoran los lugares, así como hizo Luis Felipe en el Louvre en dos de sus galerías. Una de estas galerías mostraba como las cruzadas cristianas liberaron los lugares sagrados, así como los modernos franceses podían extender su cultura en otros continentes y pueblos. En la Entrada de los cruzados en Constantinopla (1840) vemos la atmosfera histórica pero también introduce un relato exótico y fantástico, huyendo del realismo de la pintura histórica.
La pintura religiosa siguió practicándose en Europa como parte de una decoración y culto a las iglesias que se iban construyendo. Los románticos se interesaron por lo religioso como una manifestación de lo inexplicable de la naturaleza humana, dar una explicación o respuesta a todos los enigmas de nuestra razón de ser y que la ciencia no puede explicar. Todo lo inexplicable interesaba al Romanticismo y por eso se interesan por estos temas religiosos. La interpretación de estos temas religiosos no son devocionales sino que se interesan por la vertiente misteriosa e inquietante de estos temas. Lo vemos en la Crucifixión (1846) de Delacroix que muestra la muerte del hijo de Dios en su vertiente que escaba de la razón humana, representando lo siniestro, lo misterioso, etc. Muestra una emoción intensa que se escaba al exterior del cuerpo, un recurso muy usado por los expresionistas.
También se interesa por el enfrentamiento entre animales, como luchas de fuerzas de la naturaleza. No será el único artista que se interesara por la exploración de estas fuerzas naturales que se ven en los animales. La forma de dar las pinceladas parecen que obedecen a ese impulso que hay en toda naturaleza, un impulso por la resistencia, supervivencia y la vida.
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