Lección 2 (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad de Burgos
Grado Derecho - 2º curso
Asignatura Filosofía
Año del apunte 2012
Páginas 10
Fecha de subida 20/06/2017
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FILOSOFÍA DEL DERECHO LECCIÓN 2 1. Derecho y normas morales: diversidad de planteamientos Nos encontramos ante un tema de una cierta dificultad donde se enfrentan las más opuestas posturas: jocosamente se conoce este tema como el cabo de las tormentas", por ser allí donde suelen naufragar no pocas teorías. Es, además ,casi imposible, por lo mucho ya escrito, ser original. Vamos a hacer un planteamiento de lo que creemos son las principales teorías que cabe adoptar en torno al problema de las relaciones entre moral y Derecho.
a) Total confusión entre moral y Derecho El mundo de la moral y el mundo del Derecho son entendidos como dos círculos que se superponen y confunden: MMD Moral Derecho Habría una confusión total de esta normas. Cuanto manda la moral es exigido por el Derecho y viceversa. No hay posibilidad alguna de diferenciar las normas morales de las jurídicas. El prototipo de esta relación se da en los pueblos primitivos donde existe un grupo de normas de carácter consuetudinario que rigen la totalidad de la vida del individuo: no es posible deslindar lo público de lo privado, no hay vida individual fuera de la polis o de la ciudad, no hay distinción entre el individuo y la sociedad, ni entre la sociedad y el Estado.
La justicia se administra en nombre de los dioses, los jueces son sacerdotes, las leyes son normas sagradas. Pero esta relación de total confusión se mantiene todavía en las teocracias actuales, 1 como sucede en algunos países islámicos. El Islam no es sólo una religión sino también una comunidad política. No es posible separar aquí el poder político y el religioso y los imanes inspiran directamente la legislación positiva. El propio Corán es a la vez texto religioso y moral, inspirado por Alá y fuente de normas jurídicas. Así, por ejemplo, nos dice A. Montoro Ballesteros, que el deber religioso de dar limosna es la base del sistema impositivo en estos países. El incumplimiento de la norma jurídica implica así cometer un pecado y la infracción de un deber religioso o moral implica una sanción coactiva.
b) Absorción del Derecho por la moral Esta teoría se puede representar como dos círculos concéntricos, donde el círculo más pequeño del Derecho queda incluído dentro del círculo más amplio de la moral.
Moral Derecho Se niega así toda independencia al Derecho. El derecho es sólo una parte de la moral, el ámbito de una de sus virtudes: la justicia.
Se separa de la teoría anterior en que se reconoce un espacio estríctamente moral, pero coincide con ella en negar toda autonomía al Derecho. Históricamente se han plasmado estas ideas en la Ginebra de Calvino, en la Florencia de Savonarola y en no pocos países europeos durante la Edad Media. Se reconocía un campo de competencias estríctamente religioso y moral, y regulado por la Iglesia, pero el ámbito jurídico-político quedaba anulado o disuelto en el ámbito moral.
c) Absorción de la moral por el Derecho Esta teoría es la contraria de la anterior, pero como vamos a ver hay una identidad importante entre ambas. su representación gráfica se puede hacer también con dos círculos concéntricos, sólo que aquí el más pequeño es el de la moral, y es ésta la que queda englobada dentro del círculo más amplio del Derecho.
D D M Ello quiere decir que se reconoce una autonomía al ámbito político, al que se le desliga de implicaciones morales, y es en cambio la moral la que queda supeditada a los intereses más amplios de la política. Este es el modelo griego de "La República" platónica, por ejemplo, donde la ética que busca el bien individual queda englobada dentro de la política que busca el bien de la polis.
2 En tiempos recientes el pensamiento hegeliano sostiene una posición similar, puesto que la moralidad subjetiva queda plegada a la verdadera eticidad, que es la creada por el Estado.
La plasmación de estas ideas se ha llevado a cabo en el Estado totalitario. El Estado totalitario no sólo es el creador del Derecho sino también de la moral. La voluntad de este Estado carece de límites, sus normas son también para las conciencias. el Estado totalitario no sólo controla la vida pública, sino también la privada.
Con la posición anterior comparte la creencia de estar en la posesión de la única verdad. Quiere así que esa verdad aparezca en todas las manifestaciones de la cultura: en el cine, en el arte, en la literatura, en la moda, en la moral, en la ciencia y en la filosofía, y para lograrlo dispone del todopoderoso aparato estatal del control de los medios de publicidad y propaganda, del partido único, de la educación estatal y del monopolio ilimitado de la fuerza. La moral queda relegada al papel de comparsa de la ideología del Estado: su misión es reforzar internamente los mandatos del Estado.
d) La separación entre moral y Derecho la postura o doctrina de la separación entre moral y Derecho queda gráficamente representada como dos círculos externos, uno que representa el Derecho y otro la moral: entre moral y Derecho no hay nada en común, serían dos campos distintos, aislados, sin zonas comunes.
Derecho Moral La obra de C. Thomasius titulada "Sobre si la herejía es un delito penal" de 1697, es un eslabón importante en este proceso de deslinde entre moral y Derecho. Para Thomasius la religión y la moral sólo pueden ser materia de convencimiento, y para convencer hay que emplear los argumentos y no el aparato judicial. Según Thomasius, hay muchos vicios, incluso de la voluntad, que están exentos de toda pena humana, en especial, está exenta de toda pena la mera intención o planificación interna del delito; nadie padece pena por pensar, el pensamiento no delinque.
La competencia de los gobernantes no se refiere más que a la seguridad externa, orden público, y el orden público no se altera por las diferencias de opinión en materia religiosa o moral, ni por la propaganda de esas doctrinas.
Su objetivo es claramente el de constituir una esfera de subjetividad sustraída a la coacción. Se asocia a Thomasius con la atribución al Derecho de las acciones externas y a la moral de las acciones internas: el Derecho sólo se ocuparía de las acciones exteriorizadas, la moral de los actos internos, de los pensamientos y creencias, pero no es ésta la única diferencia llevada a cabo por Thomasius, e incluso Rodríguez Paniagua le resta importancia. Y que a veces se le ha reprochado a Thomasius el querer separar ingenuamente moral y Derecho según se trate de actos internos o externos, como si desconociera la proyección de la voluntad en los actos externos o el reflejo en éstos de los sentimientos y afectos del hombre.
De ahí que en la obra de Thomasius y a la hora de acotar el campo de la moral y separarlo del jurídico se puedan encontrar otras razones: a) Atendiendo a los fines dice, por ejemplo, que la moral se orienta al bien de la paz interior, es 3 decir, de las pasiones, dominando el egoísmo y en especial el ansia de diversiones, la avaricia y la ambición. El Derecho, en cambio, se orienta al mantenimiento de la paz exterior o a su restablecimiento si ha sido perturbada.
b) El Derecho presupondría, al menos, dos individuos, dos sujetos humanos. La moral, en contraste, podría darse en referencia a un solo sujeto, ya que puede implicar deberes y obligaciones para con uno mismo.
c) Otra diferencia es que el Derecho respondería a un criterio negativo: "no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti", mientras que la moral responde a una regla positiva: "haz con respecto a ti lo que quieras que los demás hagan con respecto a sí mismos". Parece claro que esta diferencia no es baladí, dado que tanto el Derecho como la moral incluyen deberes positivos y negativos.
d) Pero la característica clave que separa la moral del Derecho es la coacción. El Derecho es coercible y la moral no.
La teoría de la separación será la que se imponga en el siglo XIX con el positivismo: como dice Kelsen: una cosa es el Derecho que es, esto es, el coactivo, y otra el que nos gustaría que fuera, el moral, el ideal. La doctrina de la separación entre moral y Derecho, deja al Derecho sin razones para establecerse, ni siquiera mínimamente, de forma obligatoria. Se ha de admitir, además, la posibilidad de conflictos entre lo que manda uno u otro sistema, por ejemplo, como decía J. Fichte, las leyes consienten al acreedor ser despiadado con el deudor, las leyes permiten el desahucio de una familia en pleno invierno.
e) Distinción entre moral y Derecho Importa no confundir esta teoría con la anterior: una cosa es separar, aislar y otra distinguir, diferenciar; continuando con el ejemplo de los círculos este planteamiento se traduce en dos círculos secantes: Moral Derecho Habría una zona estríctamente moral, una zona estríctamente jurídica y una zona de confluencia mixta de ambas regulaciones. esta es la postura que se mantiene en el mundo moderno de forma mayoritaria, y dando más o menos profundidad a esa zona común de moral y Derecho. Como un autor representativo de la teoría de la distinción nos podemos remitir al español Francisco Suárez quien distingue entre moral y Derecho: a) Atendiendo al fin. El fin del Derecho es el bien común, el fin del Derecho no es la salvación de las almas, sino sólo lograr la paz externa, mantener las coexistencia y la cooperación social: en cambio, el fin de la moral es el perfeccionamiento personal, por eso tiene en cuenta la honestidad intrínseca de los actos humanos, pero no son fines contradictorios, ni incompatibles, ya que es posible organizar la vida social de tal modo que se permita el perfeccionamiento del individuo.
b) Por la extensión; para Suárez el Derecho positivo no puede regular directamente los comportamientos que hacen referencia al perfeccionamiento personal, no puede prohibir aquellos vicios, por detestables que sean, que no tengan inmediata y directa repercusión sobre el bien común.
Por ejemplo, no puede obligarnos a ser constantes y generosos. La moral sería una esfera de actividad libre de las intromisiones coercitivas del Derecho.
c) Por el carácter; el Derecho es coercible, puede imponer por la fuerza sus mandatos. La moral es incompatible con la fuerza. Imponer por la fuerza el cumplimiento de un deber moral es un 4 atentado contra la dignidad moral del hombre. El acto pierde todo su valor moral al ser obligado por la fuerza, pero el Derecho puede crear las condiciones que permitan la realización de la moral, por ejemplo prohibir el escándalo público, la corrupción de menores, etc.
d) por el contenido. El Derecho positivo no puede entrar en el ámbito de lo puramente interno, no puede legislar sobre el pensamiento, sobre las creencias, sobre los afectos.
La regulación de las conductas que se agotan en la intimidad de las personas es exclusiva de la moral. La doctrina de la distinción hace uso como hemos visto de parecidos criterios que la doctrina de la separación.
En ambas se alude a la diversidad de fines, a la posibilidad o no de coerción, a las acciones puramente internas, etc. Y, sin embargo entienden de modo tan distinto estos criterios que llegan a conclusiones muy diferentes. Para la doctrina de la distinción no es posible, por ejemplo, una contradicción entre lo mandado por la moral y lo establecido por el Derecho: es cierto que el Derecho permite muchas acciones que la moral prohíbe: por ejemplo, el Derecho permite juegos inmorales, el adulterio, la prostitución, etc. Pero sólo habría contradicción si el Derecho mandase hacer algo que estuviera prohibido por la moral o si prohibiese algo mandado por la moral: por ejemplo, si una ley mandara suicidarse o dar falso testimonio, o mandara a los médicos practicar abortos obligatoriamente: esto sería separación, no distinción, sin posibilidad de acogerse a la objeción de conciencia. Pero el Derecho no manda eso, sino que lo que hace es permitir, tolerar determinados comportamientos que pese a ser inmorales no atentan directamente contra el bien común.
El Derecho establece así un a zona amplia de posibilidades, una de las cuales es la moral. Por ejemplo, el Derecho permite el desalojo del inquilino que no paga en un día frío de invierno, pero no nos impide tener un comportamiento más humanitario.
f) Criterios de distinción entre normas morales y jurídicas De entre la cinco teorías expuestas respecto a las relaciones entre moral y Derecho, sólo la de la distinción nos parece defendible en la actualidad: la doctrina de la total confusión choca contra la marcha de la historia que parece avanzar a marchas forzadas hacia una mayor diversificación de las normas.
La doctrina de la absorción del Derecho por la moral supone un recorte inadmisible de la libertad política, puesto que la moral no puede imponer una forma determinada de gobierno.
La absorción de la moral por el Derecho desemboca en formas totalitarias de gobierno con la consiguiente negación de todo disentimiento, de toda pluralidad de ideas cuando no la represión de toda oposición.
La teoría de la separación, movida ciertamente por el ideal de la tolerancia y de al separación del poder del ámbito de la persona no se ha realizado nunca históricamente, probablemente porque parte de un error de base como es el no reconocer que estamos ante un único sujeto, el ser humano, sobre el cual pesan los deberes morales y jurídicos.
El hombre, aunque sólo sea para no caer en la división de su vida, necesita una ordenación de sus deberes, cosa que con la teoría de la separación es imposible garantizar. Como reconocíamos anteriormente los criterios que se emplean para la distinción entre moral y Derecho son susceptibles de distintas interpretaciones. Nos vamos a fijar en los que consideramos son los tres principales criterios de distinción entre normas morales y normas jurídicas.
-Criterio del contenido -Criterio de la coacción -Criterio de la finalidad 5 -Criterio del contenido Este criterio pretende diferenciar las normas en función de aquello que mandan, de las diversas acciones que preceptúan: así, por ejemplo, se podrían incluir una serie de cuestiones como lo personal, lo familiar, lo sexual, que correspondería a la regulación por normas morales, y otros campos como lo estatal, lo contractual, lo sucesorio, que estarían reglados por normas jurídicas.
Pero este criterio es ciertamente impreciso: hay múltiples normas con un mismo contenido, así la prescripción de no matar está comprendida tanto por la moral como por el Derecho. Por otra parte son palpables los cambios de contenido que sufren las normas jurídicas, por ejemplo la despenalización del adulterio o del aborto en ciertos supuestos.
Este criterio del contenido fue dotado de una mayor precisión durante la Ilustración al señalar como contenido del Derecho las acciones externas y como contenido de la moral las acciones internas, pero se ha objetado que también la moral se ocupa de los actos externos, ya que condena el asesinato o el robo. Es moralmente más grave matar a una persona que desear su muerte. Y para el Derecho tampoco son indiferentes los actos internos, ya que toma en consideración el dolo o la culpa para establecer una u otra pena.
Aunque el criterio del contenido nos impida una nítida distinción entre moral y Derecho, no se pueden minusvalorar las precisiones que sobre el problema nos permite realizar: 1ª.- Es incuestionable la existencia de un ámbito, el de las acciones puramente internas, regulado monopolísticamente por las normas morales; es el campo de los actos elícitos que llamaba la Escolástica, aquellos que se agotan dentro del sujeto como amar, desear, odiar, pensar. El pensamiento no delinque. Se trata de una zona de la conciencia vetada al Derecho, si quiere atenerse a lo que son sus fines propios.
2ª.- Hay otra zona que sólo puede ser objeto de normas jurídicas, es la de las acciones "del hombre", mientras que la moral se ocupa sólo de las acciones humanas, esto es, de las realizadas con conciencia y voluntad. El Derecho valora a veces actos "del hombre", actos no humanos, como los realizados en estado de delirio o ebriedad, por eso, mientras que la responsabilidad moral se agota si no hay dolo ni culpa, si el sujeto no sabía o no quería lo que hizo, el Derecho incluye la responsabilidad objetiva y la responsabilidad extracontractual. Por ejemplo, el Derecho castiga a la empresa que origina unos daños aunque adoptara todas las medidas previsibles. El Derecho establece el internamiento en un establecimiento determinado del enfermo contagioso o mental aunque estos carezcan de responsabilidad moral por su estado.
3ª.- Queda así una amplia zona, según este criterio del contenido, común a la moral y al Derecho y es la de los actos humanos externos, estos no son nunca puramente externos, puesto que cualquier acción externa si es realmente humana y no sólo "del hombre, presupone un sujeto que la ha pensado y que la ha querido realizar.
Para la correcta interpretación de estos actos exteriorizados es preciso tener en cuenta determinados factores internos: así el Derecho penal sanciona los delitos o faltas con distinta pena, según haya mediado o no el dolo, la premeditación, la alevosía, la mala fe, el "animus", pero en todo caso el Derecho sólo investiga esos factores internos en función de lo que se haya exteriorizado: por ejemplo la premeditación se deducirá de si se habían realizado preparativos, de si disparó por la espalda, etc. Una investigación directa de esos factores, bien sea a través del psicoanálisis o de la máquina o el suero de la verdad, etc., apartaría al Derecho de su finalidad propia: mantener el orden social. Este criterio es demasiado impreciso, deja una zona mixta muy amplia que es posible diferenciar mejor.
-Criterio de la coacción 6 Las normas morales y las normas jurídicas se pueden diferenciar también en función del tipo de sanciones que impone. La diferencia no reside tanto en la gravedad de las sanciones como en la forma de imponerse, ya que aunque es cierto que en general las sanciones del Derecho son fuertes: multas, privación de libertad) y las sanciones típicas de la moral son el remordimiento o la desaprobación de la conciencia, también es cierto que hay sanciones jurídicas menos graves, como la nulidad de lo efectuado contra Derecho y sanciones morales de gran gravedad para el sujeto: por ejemplo la pena de excomunión para un católico practicante o la expulsión de un club para un traidor al mismo. Por ello, lo definitivo es la posibilidad que tienen las normas jurídicas de hacer uso de la fuerza pública, lo que está vedado a las normas morales: el Derecho es, pues, coercible y la moral no.
Una vez más reaparece aquí la polémica entre positivistas y iusnaturalistas a la hora de valorar las posibilidades de coacción del Derecho. Para el positivismo el Derecho es la determinación de aquellos casos en que se puede emplear la fuerza pública. Para el iusnaturalismo, en cambio, el objeto del Derecho no es la fuerza, sino la justicia, por eso puede haber un Derecho, como el natural, no coactivo.
Para el iusnaturalismo, el aceptar como criterio definitivo de distinción entre normas morales y jurídicas el de la coacción, podría aparejar consecuencias tales como: tener que considerar como Derecho toda norma que se imponga por la coacción y entender que carecen de derechos aquellos que no logran defender por la fuerza los mismos. El esclavo no tendría derecho a la libertad si no se lo reconoce el Derecho vigente. No habría derecho a la resistencia frente al tirano amparado en las normas creadas por él.
-Criterio de la finalidad Por último, la distinción entre normas morales y jurídicas se puede hacer atendiendo a su distinta finalidad. Este es el criterio considerado como definitivo por el iusnaturalismo: Se parte de una consideración del hombre como ser sociable por naturaleza. su natural tendencia a perfeccionarse le llevaría a vivir en sociedad como el único habitat en el que puede lograr su pleno desarrollo. Así, mientras que las normas morales regulan aquellas acciones dirigidas a la realización del hombre como persona, las normas jurídicas tendrían como finalidad la ordenación de la vida social; éstas tratarían de crear una convivencia pacífica, de hacer posible la cooperación social.
No son fines contrapuestos, puesto que de lo que se trata es de distinguir y no de separar entre moral y Derecho, por ello aunque la norma jurídica lo que pretende es hacer posible la vida en sociedad, la ordenación que se establece sirve para proporcionar al hombre aquellos medios que necesita para que éste pueda desarrollar todas sus facultades.
Entre los medios que le proporciona el Derecho destaca el bien común, esto es, la creación de un clima de estabilidad, de paz, de libertad, de justicia. Para el iusnaturalismo, la clave de cualquier acción humana se halla en su finalidad, así, del mismo modo que la medicina deja de ser medicina cuando lo que busca es la muerte de los enfermos en lugar de su curación, el Derecho deja de ser Derecho si se aparta de la justicia.
2. Los valores: crítica del subjetivismo axiológico Como el Derecho es un medio para conseguir unos valores (justicia, libertad, igualdad, paz, seguridad,etc.), es conveniente conocer algo de la teoría de los valores. Por otra parte, es un tema de permanente actualidad.
7 Entre los seres ideales hay una clase especial de ellos, que son los valores (también existen los seres físicos o corpóreos y los seres psíquicos como los pensamientos, deseos, afectos, intuiciones, emociones, sentimientos).
Según algunas escuelas filosóficas (Husserl, Scheler y Hartmann) los valores son objetos ideales con validez propia, como pueden serlo seres ideales de otra clase como, por ejemplo, los principios matemáticos o las verdades lógicas.
Los valores los podemos descubrir en las cosas o en las conductas que estimemos como valiosas, pero no son parte de esas cosas o conductas, sino que son una cualidad que ellas presentan en tanto en cuanto ellas coinciden con las esencias ideales de valor.
El problema está en que mientras a las matemáticas y a la lógica las cosas se someten necesariamente, los valores, las ideas éticas, jurídicas, estéticas, los puntos de vista utilitarios, constituyen cualidades ideales a las que las cosas o conductas no se someten necesariamente. La validez ideal de los valores no siempre se da realmente en las personas, en las conductas o en las cosas.
Cuando se empezó a pensar de una forma sistemática en el mundo de los valores en general (antes sólo se había estudiado algún valor particular) se tendió a una concepción subjetiva de los mismos como procesos psíquicos, como impresiones, tendencias o deseos subjetivos, pero después los autores antedichos rechazaron esta interpretación subjetivista y fundaron la teoría objetivista.
Defendieron que no puede definirse el valor como aquello que agrada, y como desvalor o antivalor lo que desagrada, pues existen cosas valiosas que desagradan como difíciles conductas morales (estudiar, trabajar, ser un héroe, sufrir por otros).
Según estos autores los valores son esencias ideales con validez objetiva y necesaria. Los valores se dan como objetos de una intuición esencial, que se imponen necesariamente al reconocimiento, con igual evidencia que las leyes lógicas y las conexiones matemáticas, su validez que es independiente de la experiencia, no se puede fundar en hechos contingentes (no necesarios), y constituyen además criterios con los cuales juzgamos la experiencia.
Pero ocurre que a pesar de la fuerza de los argumentos empleados por estos autores contra el subjetivismo, muchas gentes siguen pensando que de valores no hay nada escrito y que el sentimiento subjetivo individual decide en las apreciaciones sobre el valor. Pero no es cierto esto, por ejemplo: ¿podría ser justo un código penal radicalmente contrario al actualmente vigente? En una concepción subjetivista de los valores algunos responderían que sí, (se podría discrepar u opinar en algún artículo, pero no totalmente en todos).
El problema de los valores es de conocimiento de los mismos no de sentimiento, ni más ni menos que el conocimiento de cualquier otro objeto real o ideal.
Que los valores sean ideas objetivas, no quiere decir que todos los hombres tengan de ellos un conocimiento perfecto, también son evidentes muchos conocimientos matemáticos y sin embargo no todos los conocen. Los defensores de la teoría subjetivista suelen poner el ejemplo de los valores estéticos y la gran variedad de opiniones sobre ellos. Pero hay otros valores como los morales (una traición es antivalor) y los jurídicos, en los que se ve más claramente la objetividad (un trato injusto) De todas formas, lo que se discute a veces no son los primeros principios morales o jurídicos, sino algunas de sus conclusiones o consecuencias, por ejemplo, parece que permanecerá viva la discusión sobre los sistemas políticos relativos a la economía por bastante tiempo.
Lo mismo sucede con los fines fundados directamente sobre un valor y que no suelen ser discutidos, sino más bien los medios conducentes a lograrlos. Pero esta objetividad de los valores no hay que entenderla como algo abstracto, sino que además de ser un ideal a conseguir son cualidades de las cosas, de las conductas y de las personas. Como ideal o como cualidad solo se dan en la existencia humana, pero no como sustancias o esencias separadas de la misma.
Los valores tienen la tendencia a ser realizados, a encarnarse en la realidad de la vida humana y a imperar sobre el mundo a través de la acción del hombre. La esencia de los valores es independiente de su realización, es decir, un valor vale no porque se haya realizado, sino a pesar de 8 su no realización. Por ejemplo la justicia sigue siendo justicia a pesar de las injusticias.
La realidad puede presentar la negación de un valor, esto es, un desvalor o antivalor, y al contrario, la validez de un valor no lleva unida la necesidad efectiva de su realización, por eso se dice que las categorías ser y valor son independientes. Pero aunque los valores son independientes de su cumplimiento, esta independencia no significa indiferencia, por eso en los valores está la pretensión de ser cumplidos.
Si los valores no se cumplen en la realidad, por ejemplo, en la vida jurídica, ésta parece como no justificada, como algo que ciertamente es pero que debiera no ser. Lo no justificado es lo injusto, lo irracional y lo absurdo.
Según muchos autores, en los valores inferiores de la escala, por ejemplo de agrado o desagrado, predomina lo subjetivo. Pero este predominio se perderá si saltamos a lo más alto de la escala axiológica, a los valores éticos, (por ejemplo: un asesinato, un robo, una traición). En medio de estos extremos están los demás valores: útiles, vitales, estéticos, culturales, etc. En la tesis objetiva el valor se impone a la valoración y en la tesis subjetiva la valoración o apreciación subjetivista se impone al valor objetivo de las cosas o conductas.
3. La justicia y los demás valores jurídicos Podemos preguntarnos si existe un único valor jurídico -la justicia- o si por el contrario es posible hablar de una multiplicidad de valores en el Derecho tal como lo propone Carlos Cossio.
Este autor habla de siete valores jurídicos: orden, seguridad, poder, paz, cooperación, solidaridad y justicia.
Otros, como Henkel, proponen tres: justicia, seguridad y bien común, y a éstos García Máynez agrega la libertad, la igualdad y la paz social. En opinión de muchos autores debe negarse la existencia de varios valores jurídicos. Si la justicia es la formalidad propia del Derecho (causa formal), aquello que hace que algo sea Derecho y no otra cosa, resulta evidente que no puede hablarse de otros valores que sean propiamente jurídicos, pues o son distintos de la justicia -forma propia de lo jurídico- y por lo tanto son propiamente jurídicos o, por el contrario, se reducen a la justicia, con lo cual desaparecen la distinción y la multiplicidad de los valores en el ámbito del Derecho. Pero lo antedicho no supone que sean totalmente arbitrarias las cuestiones que se plantean a los autores mencionados y a los que intentan dar respuesta proponiendo una diversidad de valores jurídicos.
Es evidente que existen situaciones en las que parece darse un conflicto de valores, en las que, aquello que desde un punto de vista aparece como justo, debe ceder ante otro principio prevalente.
Dos ejemplos son los más comúnmente citados por los tratadistas del Derecho: el de la prescripción adquisitiva y el de la cosa juzgada. En ambos ejemplos, sostienen algunos autores, las exigencias de la justicia deben ceder ante los reclamos de la seguridad.
Lo justo es que el propietario continúe en la propiedad de sus bienes, pero la seguridad en el orden de las propiedades hace que sea necesario que esta situación justa ceda en beneficio de aquél que efectivamente posee la cosa durante cierto tiempo.
También es justo que descubierto fehacientemente el autor de un crimen sea juzgado por él.
pero la seguridad de los derechos de las personas exige que si ya ha sido absuelto por este hecho, no pueda ser nuevamente sometido por él a proceso. En rigor la solución dada al problema planteado en los casos precedentes cae en el error de desconocer la clásica división de la justicia: 1ª.- Justicia general o legal, que tiene por objeto inmediato el bien común político.
2ª.- justicia distributiva, cuyo cometido es la distribución de los bienes y cargas comunes entre los ciudadanos.
3ª.- Justicia conmutativa, destinada a mantener el equilibrio en las prestaciones entre particulares.
9 Teniendo presente esta división de la justicia, lo que sucede en los ejemplos aducidos, no es que la justicia deba ceder ante la primacía de la seguridad, sino que las exigencias de la justicia particular -conmutativa o distributiva- están subordinadas a las de la justicia general o legal.
Esta primacía de la justicia general, que subordina los actos de las restantes formas de justicia al bien común, es la única capaz de justificar y dar razón de instituciones tales como la prescripción adquisitiva o la cosa juzgada. En el primer caso existe evidentemente una obligación de justicia conmutativa por la que el simple poseedor debe restituir la cosa al propietario, pero el bien común exige que exista cierta certeza sobre quién es el propietario de los bienes, y además que se beneficie quien trabaja y usufructúa un bien y no quien lo abandona descuidadamente por un largo período de tiempo.
En el segundo caso existe un deber de justicia distributiva que es la propia del juez de castigar a quien ha vulnerado los bienes de otro, pero el bien común exige certeza en las situaciones jurídicas de las personas, sobre todo en las relativas a la libertad personal de los ciudadanos, por ello, por una exigencia superior del bien común se impide que se juzgue dos veces a la misma persona por un mismo hecho.
Por tanto, no se trata de que exista conflicto o preeminencia entre distintos valores, sino entre las distintas formas de la justicia, donde debe predominar la que se ordena directamente al bien común político.
No existe, pues, una multiplicidad de valores jurídicos; sólo la justicia puede ser forma o valor del Derecho. Lo que no se encuentra informado, cualificado por la justicia, no puede denominarse jurídico, sino impropiamente. Si el Derecho exige seguridad, es porque resulta justa, si impone un orden éste debe ser el instrumento de la justicia. Si garantiza la libertad es porque resulta justa. Si otorga a alguien un poder, es para conseguir una situación justa, por tanto, sólo lo justo es jurídico, e inversamente, nada que no sea justo puede ser calificado de jurídico y entrar en el mundo del Derecho.
De aquí que sea opinión generalizada entre el hombre de nuestro tiempo que la justicia sobresalga en la escala moderna de los valores, dado que ni la libertad o el desarrollo ni el orden o la legalidad, ni la paz obtienen en la actualidad el favor o el carisma de lo justo.
En este sentido tales valores o principios le están subordinados, puesto que si no se encuentran informados por la justicia acaban por desnaturalizarse: libertad sin justicia degenera en privilegio; desarrollo sin justicia equivale a explotación; orden, legalidad y paz sin justicia es igual a desorden, hipocresía e imposición; pero la primacía de la justicia no niega los demás valores, sino que los mantiene en sus límites y en su esencia tanto en el orden conceptual como operativo.
La clave de este tema no es que compitan otros valores con la justicia sino las distintas formas de entender la justicia.
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