Lengua Española Apuntes (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Rey Juan Carlos (URJC)
Grado Periodismo Semipresencial - 1º curso
Asignatura Lengua Española
Año del apunte 2012
Páginas 42
Fecha de subida 16/03/2016
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Lengua Española Tema 1. La competencia gramatical (Parte I) 1. Competencia lingüística y competencia gramatical 1.1.El lenguaje como capacidad y actividad Las dos características que mejor definen al ser humano son su capacidad de comunicación y la tendencia a la transformación del medio que le rodea ya sea naturaleza o personas. Los actos humanos suelen ser actos de comunicación y de ellos han surgido una serie de códigos del que destaca el lenguaje.
El concepto de comunicación como actividad es uno de los conceptos fundamentales de las ciencias actuales.
1.2. La comunicación El estructuralismo y la gramática generativa se han dedicado a estudiar la estructura del código y las nuevas teorías estudian el proceso global de la comunicación humana mediante el lenguaje, el proceso en su integridad, sin limitarse a uno de sus factores.
La comunicación se considera como un proceso de transmisión de informaciones de un emisor a un receptor a través de un medio. Tanto en transmisión como recepción, se utiliza un código específico que será codificado por el emisor y decodificado por el receptor.
1.3. La competencia lingüística y sus subcompetencias La competencia lingüística abarca la gramática tanto escrita como oral de la lengua y dentro de ella se encuentra la morfología, la sintaxis, la semántica, la fonología, la ortología y la ortografía. Éstas están presentes en las subcompetencias: gramatical, léxico-semántica, fonológica y ortológica y la ortográfica.
La competencia lingüística es la capacidad de una persona para producir enunciados gramaticales en una lengua y éstos respetan las reglas de la gramática. Este conocimiento permite codificar, comprender, y emitir mensajes.
En los años 70, D.Hymes crea el concepto de competencia comunicativa como una capacidad del hablante en cuanto a normas de gramática como formación de oraciones se refiere y tiene en cuenta las reglas que determinan el uso de la lengua en la producción de enunciados adecuados al contexto discursivo.
1.2. La competencia gramatical La competencia gramatical se refiere al conocimiento de los aspectos morfológicos y sintácticos de la lengua.
2. Cuestiones morfológicas 2.1.El número plural 2.1.1. La formación del plural En español, la oposición entre el singular y el plural se manifiesta de la siguiente manera: el singular no tiene desinencia o terminación propia y el plural se marca mediante las terminaciones en –s o –es.
a. Sustantivos acabados en vocal Los que acaban en vocal átona forman plural añadiendo –s (casa/casas) y los acabados en vocales tónicas (-á, -é, -ó) lo forman añadiendo –s (sofá/sofás, café/cafés, buró/burós). Los acabados en í que forman el plural añadiendo –es (jabalí/jabalíes). Los acabados en –ú forman el plural añadiendo –es o –s (menú/menús).
b. Sustantivos acabados en consonantes Los sustantivos que acaban en un consonante distinta de –s o de –x forman el plural añadiendo –es (pastel/pasteles).
Los sustantivos con acentuación aguda que acaban en las consonantes –s y –x forman el plural con –es (compás/compases). Si tienen acentuación llana o esdrújula, no cambian (tesis/tesis) por tanto, no tienen plural.
Los sustantivo que acaban en –y forman el plural con –es, pero convierten la –y en consonante (convoy/convoyes) a excepción en palabras como jersey, paipay y rentoy (jerséis, paipáis y rentóis).
2.2.El género en español El género se estudia por su vinculación al sexo, al criterio sexualista puesto que suponía el punto centra de apoyo en la definición del género. Por eso se distinguió entre género gramatical y natural. El género gramatical se convierte en una categoría convencional y arbitraria.
El género es básicamente gramatical y existe dos: masculino y femenino. Del antiguo género neutro latina sólo se percibe en artículos y pronombres en singular (lo, ello, esto, eso, aquello). Las categorías gramaticales que tienen género en español son el sustantivo, el adjetivo, el artículo y el pronombre.
El género se considera como un morfema flexivo que existe obligatoriamente en todos los sustantivos y que es inherente en algunos de ellos. Las terminaciones en –o, -e, -cero/ –a corresponden a masculino/femenino de forma casi general. Por ejemplo, libro al masculino y mano al femenino y aunque ambos terminan en –o sólo se distinguen porque uno de los rasgos es precisamente el de ser masculino y femenino y concuerdan con sus artículos (los libros/las manos).
2.2.1. Clases de sustantivos según el género a. Sustantivos variables Manifiestan una oposición morfemática entre –o, -e, cero/-a, que a su vez, son los más numerosos. (chico/chica, monje/monja).
b. Sustantivos heterónimos Manifiestan una oposición léxica referida al género. El género no se centra en o/a, sino que es inherente son voces con raíces diferentes, sin marcas formales externas.
(yerno/nuera, hombre/mujer).
c. Sustantivos comunes Se marca el género mediante los adjuntos, la oposición viene marcada por el comportamiento sintáctico (la concordancia) a través de determinantes y adjetivos (el/la patriota, el/la intelectual…) Son sustantivos comunes respecto al género los terminados en –ista, en –a y en –e (con excepciones puesto que tienen una forma dada para el femenino como en jefe/a) y otros comunes en cuanto al género como testigo, soprano, bachiller, conserje o mártir.
Debido a la incorporación de la mujer a puestos de trabajo que antes sólo ocupaban los hombres se produce una atracción de los sustantivos hacia los variables (el médico/la médico).
Algunas voces tipo escribiente, estudiante, negociante, pariente, ayudante, paciente son comunes en cuanto a género y no tienen femeninos. Otros como general, coronel o sargento tienen pero con diferentes significados. Y el uso de la palabra “modisto” cuando la correcta es “modista” lo que violenta la morfología del sufijo –ista se debe de una concesión al uso.
d. Sustantivos ambiguos Son sustantivos no animados que se dejan acompañar por determinantes y adjetivos masculinos y femeninos sin diferencias gramaticales ni semánticas (el mar/la mar).
e. Sustantivos epicenos No se marca el género ni por oposición morfemática, ni léxica, ni a través de los adjuntos. Son referidos a animales sin connotación sexual (perdiz, víbora, cuervo) u otros de personas (monarca, víctima). Los diccionarios suelen marcar la diferencia con abreviaturas (m, f, com., amb.) por no ser un rasgo gramatical sino semántico.
f. Sustantivos con género inherente (objetos asexuados) La oposición masculino/femenino en los seres asexuados no se corresponde con una distinción de sexo, como en los variables. Su función es gramatical para informar si concuerda con adjuntos masculinos o femeninos. Los gramáticos estructuralistas analizan el segmento final como una marca de género así en cas-a (femenino) o libr-o (masculino) lo que pasa es que son muchos los masculinos acabados en –a y femeninos en –o por tanto la información de género no puede estar en estos morfemas ni en esta vocal final 2.2.2. Cuestiones normativas sobre el género a. Algunos femeninos con problemas En ellos se incluyen: apoteosis, índole, vislumbre, mugre, apócope, comezón o hambre.
Atenunante y eximente también lo son.
b. Algunos masculinos con problemas En ellos se incluye: apocalipsis, pus, aceite, arroz, vinagre, alambre, avestruz, calor, color, puente. Calor, puente y calor vienen como ambiguos pero son masculinos para que no suenen oralmente incorrectos.
c. Otras particularidades Adquieren significados distintos según se empleen en masculino o en femenino palabras como cólera, frente, editorial, pelota, trompeta, corte, radio, coma, cometa, orden, guardia, crisma, cura, pendiente, pez, parte o capital.
2.3.Uso de determinantes ante sustantivos masculinos que empiezan por –a tónica “La” toma obligatoriamente la forma “el” cuando se antepone a sustantivos femeninos que comienzan por –a tónica como águila, aula, hacha sólo en singular, en plural se mantienen las formas femeninas “las”. Y también cambia a “la” cuando hay un elemento entre ellos (la mejor agua).
También se utiliza ante hache, nombres de mujer, y siglas como APA. Y también concuerdan con los artículos masculinos (un, ningún y algún) por ejemplo: un alma, ningún alma y algún alma pero no con demostrativos como este, ese y aquel (esta agua, esa hacha son las formas correctas) aunque se utiliza mal con adjetivos como todo, poco, mucho, otro (se dice poca agua y no poco agua).
Parte II 2.4. El pronombre personal átono de 3ªpersona: Le(s), la (s) y lo (s). Leísmo, laísmo y loísmo Llamamos así al uso incorrecto de los pronombres átonos: le, la y lo. Las partes de la oración no concuerdan en género y número con el nombre al que sustituyen sino que se aplican según su función sintáctica (complemento directo o indirecto). En el caso de le(s) se utiliza para cualquier género, en cambio la(s) se utiliza sólo para el complemento directo femenino y lo(s) para el masculino.
Leísmo Para indicar el complemento directo se usa le(s) ya sea masculino o femenino. También si sustituye a un masculino de persona. Este uso de les por los cuando el referente es plural.
Leísmo es este uso incorrecto de le(s) como complemento directo en los casos que sustituye como pronombre a un femenino o a un masculino de animal o cosa en la función de complemento directo. Por ejemplo: “Arranqué el coche y (le) llevé al taller” o “Llamé a mi amiga y “le” llevé a casa”.
Pero sí se puede utilizar “le” como complemento directo masculino de persona en singular.
“Fui a casa de mi padre y le abracé”. También es correcto le(s) como complemento indirecto “Le arreglé todo (a él o ella). Al igual que como complemento indirecto femenino “Le dije a mi madre que me acompañara” (Y no La dije).
Tampoco se puede utilizar “le” si nos referimos a un animal o cosa “Cogí el libro y le llevé a fotocopiar (habría que decir “lo llevé”).
Laísmo Se dice laísmo cuando se usa incorrectamente la(s) por le(s). Suele ocurrir en el norte de Castilla y Madrid. La(s) como pronombre representativo de un complemento indirecto femenino “La entregué un regalo” (aunque sea para ella es incorrecto ya que regalar algo es indirecto y aquí tiene connotaciones directas) por lo que siempre hay que utilizar para indirectos le(s) (“Le entregué un regalo”).
Sólo es correcto si ese pronombre representa a un complemento directo femenino “La entregué a la policía” (“la” ejerce función de complemento directo: Ella fue entregada a la policía por mí.) Loísmo Es utilizar mal lo en lugar de le como pronombre representativo del complemento indirecto masculino. “Lo llevé un disco” (a él) cuando es mejor decir “Le llevé un disco”. Sólo es correcto si el “lo” representa a un complemento directo masculino ¿A mi amigo Luis? “lo vi ayer en la calle”.
2.4.La preposición “de” 2.4.1. Con preposición: dequeísmo 2.4.2. Sin preposición: queísmo El dequeísmo es el uso indebido de la preposición de delante de la conjunción que cuando la preposición no viene exigida por ninguna palabra del enunciado y queísmo incorreción contraria a la anterior.
3. Cuestiones sintácticas 3.1.Usos del adjetivo con variación de significado: la alta tensión/la tensión alta Posición del adjetivo Algunos adjetivos presentan significados distintos según aparezcan delante o detrás del sustantivo. Como es en el caso de: pobre, simple, cierta, gran, nuevo, extraordinaria, tonto o valiente.
3.2.El uso de cuyo/a/os/as El adjetivo cuyo/a/os/as tiene valor de relativo porque necesita un antecedente y posesivo porque el nombre al que acompaña pertenece al antecedente. Cuyo no concuerda con el antecedente, sino con el objeto, persona o idea poseídos.
“El presidente regañó a la ministra cuyo auto chocó con el suyo cuando ambos acudían a reunirse en el Palacio del Gobierno”.
Cuyo concuerda con auto y no con el antecedente ministra, y se formaría en plural si ese sustantivo expresara también en plural (cuyos hijos). Cuyo es un adjetivo porque siempre acompaña a un sustantivo y concuerda con él, y pronombre porque tiene dos funciones: acompaña al sustantivo con el que concuerda y compatibiliza esa función con la relación de pertenencia a otro sujeto, al que representa. “El hombre cuyo dinero robaron” en este caso cuyo se liga a dinero, pero también está diciendo que ese dinero es del hombre.
Si tuviéramos que sustituir cuyo, necesitaríamos un relativo y un adjetivo “El hombre a quien robaron su dinero” quién es el pronombre y su es un adjetivo. El quesuismo es utilizar el que y el su de forma incorrecta cuando en realidad se quiere decir “cuyo” como “Es un libro que no sabes su final” en vez de decir correctamente “Es un libro cuyo final no sabes”.
3.3.Incorreciones de concordancias 3.3.1. Cuestiones de concordancia del sujeto Cuando la función de sujeto está desempeñada por un grupo nominal cuyo núcleo es un sustantivo en singular con significado colectivo y va acompañado de un complemento cuyo con la preposición “de”, el verbo puede ir en singular y en plural. “El resto de los muchachos se quedó en casa”. Esto se aplica a otros sustantivos como: mitad, docena, millar, parte, clase, tipo...Ese tipo de clase de personas no me gusta(n). Si el sustantivo colectivo no tiene complemento es mejor que siga en singular “esa pareja se separó hace unos meses (mejor que…se separaron).
La concordancia en plural de este caso se llama concordancia ad sensum. El sustantivo pudo haberse gramaticalizado que es perder su contenido significativo originario y pasa a ser un elemento gramatical adquiriendo un valor cuantificador. Es entonces cuando la secuencia que precede al sustantivo siguiente es una locución determinativa y el verdadero núcleo sintáctico es el sustantivo introducido por “de”. Ejemplo: Infinidad de problemas me agobian (no se dice….”me agobia”.) 3.3.2. Aparentes discordancias de sujeto Se tratan de discordancias entre sujeto y verbo “Los españoles sois muy simpáticos (el sujeto en 3ªpersona y el verbo en 2ªpersona en plural) esta concordancia es así porque se establece con la referencia (no con españoles sino con vosotros).
Una oración con sujeto singular con valor colectivo, por el verbo ser y un atributo plural, el verbo aparece en plural. “Todo son problemas”, “Mi infancia son recuerdos”, “Eso son tonterías”.
3.3.3. El sujeto compuesto: la concordancia Cuando el sujeto está compuesto de dos o más componentes en singular y coordinados con “y” o con nexos sinónimos como tanto…como, el verbo va en plural. “Están mal puestas tanto la mesa como la silla” (y no “Está”) pero si son oraciones, pronombres neutros o construcciones de infinitivo, se utiliza el singular “Me gusta que cante y que baile”. Si son una unidad semántica fuerte, puede también ir en singular “Se prohíbe la entrada y salida de caminos”.
Si el sujeto está compuesto de sustantivos o grupos nomínales en singular coordinados con ni, lo normal es que si precede al verbo, éste aparezca en plural, pero si lo sigue, puede aparecer tanto en singular como en plural. “Ni Juan ni tu hermano quisieron venir”…no se dice “quiso venir”. Pero: “No quiso (quisieron) venir ni Juan ni tu hermano”.
3.4.Incorrecciones en la concordancia impersonal de se Las oraciones impersonales son aquellas que carecen de sujeto léxico explícito o implícito (no recuperable) es decir su sujeto es cero.
3.4.1. Oraciones impersonales con verbos unipersonales Son las impersonales cuyo núcleo del predicado es un verbo unipersonal referido a fenómenos meteorológicos como llover, tronar o nevar. “El día amaneció nublado”. Si se utiliza como metáfora “Llueven las críticas” dejan de ser impersonales.
3.4.2. Oraciones impersonales con haber y hacer Son oraciones del tipo “Había muchos alumnos” (sujeto cero) o “Está haciendo calor” (sujeto cero). Su uso es siempre en 3ªpersona del singular, por lo que usarlo fuera de esta persona es incorrecto “Han habido problemas” (se dice ha habido, no se utiliza el plural).
Se suele concordar el complemento directo con el verbo.
Son incorrectas las oraciones con el verbo hacer en las que concuerda con el complemento directo con su verbo. “Hacen unos días preciosos (se dice Hace unos días preciosos).
3.5.Modalidad oracional 3.5.1. La construcción comparativa con que Entre las oraciones de que comparativo, las menos usadas son aquellas en las que la partícula que se sitúa entre dos verbos conjugados. “El negocio va mejor que queremos”.
3.5.2. El que relativo adverbial Los adverbios y locución no se pueden reproducir por el relativo que sino por otros adverbios de la misma especie. Son incorrectas “De este modo fue que se consumó la traición” (debe decirse “De este modo se consumó la traición”).
3.5.3. El que como falso concesivo en vez de aunque No es correcto emplear que como repetición de aunque. Hay que repetir la conjunción adversativa aunque u otra como aun. “Aunque tu intención sea sana y aunque/aun cuando tu conciencia de nada acuse”.
3.5.4. El que de correlación A tanto más le corresponde el correlativo cuanto que, y ambas se emplean para robustecer la argumentación. “El asunto es tanto más difícil de arreglarse, cuanto que son muchos los elementos contrarios a nuestros deseos”.
3.5.5. El que galicado Con frecuencia se oyen y se escriben expresiones como las siguientes “A Francia fue que marchaba, a vosotros es que hablo, contigo era que platicaba” que basta sustituir la forma que por un adverbio, por una conjunción o por un relativo precedido de o sin ella. Las frases anteriores quedarían así: “A Francia fue adonde marchaba, a vosotros es a quienes hablo, contigo era con quien platicaba”.
Tema 1 1.2. Léxico 1. Competencia léxico-semántica 1.1.La competencia léxica Es el conocimiento del vocabulario de una lengua y la capacidad (o dominio) para utilizarlo correcto y apropiadamente en función de cada contexto comunicativo.
Lo que implica conocer la palabra es conocer su gramática, su pronunciación y su ortografía, su morfología, su colocabilidad, sus restricciones sintácticas, su frecuencia en la lengua oral y escrita, en qué contextos se puede utilizar, sus relaciones semánticas y sintácticas en otras palabras, así como reconocer la palabra en su forma oral y escrita, recuperar la palabra cuando se la necesita, su significado connota y el sentido pragmático (intención y finalidad comunicativas).
El contexto lingüístico tiene un papel fundamental en la interpretación de las palabras.
Según esta idea, las palabras so al misma tiempo flexible y precisas.
1.2 La competencia semántica Comprende la conciencia y el control de la organización del significado con el que cuenta el hablante. La competencia semántica se divide en semántica léxica (se encarga de todo lo relacionado con el significado de las palabras, como la connotación o la sinonimia), la semántica gramatical que trata del significado de las elementos, las categorías, las estructuras y los procesos gramaticales, por ejemplo, de los tiempos verbales o la concordancia…y la semántica pragmática que se ocupa de las relaciones lógicas como la implicación.
En cuanto a la semántica léxica hay que decir que es la semántica de la palabra. Se ocupa del análisis componencial, el tipo de categorización que hacemos de la realidad a través de las palabras, y las relaciones semánticas que se dan en el vocabulario.
El análisis componencial, o comprender lo que una palabra significa, por un lado, identificar el conjunto de rasgos semánticos o semas que la componen. Por ejemplo “padre” consta de varios rasgos semánticos “masculino”, “antepasado”, “en primer grado”… En relación con la categorización, la idea fundamental es que las categorías de palabras no están constituidas por miembros equidistantes con relación con la categoría que la subsume sino que pueden incluir algunos ejemplares más idóneos que otros. El ejemplar más prototípico de la categoría “pájaro” es “canario” al que siguen otros como “gorrión” o “paloma”.
La línea de redes semánticas (relaciones semánticas) se propone concebir al léxico como una gigantesca red de información multidimensional en la que cada ítem está unido a otros por diferentes caminos. Las asociaciones son de distinto tipo: sinonimia/antonimia, hiponimia/hiperonimia, metonimia, etc.
A estas tres líneas de trabajo de la competencia semántica podemos añadir una cuarta la de la relación de las palabras con el contexto general en la que aparecen.
2. El léxico periodístico 2.1.La manipulación por la palabra La palabra lo es todo: principio, medio y fin. Y, en la medida en que por él se construye la realidad en que vivimos, el lenguaje expresa valores y transmite desigualdades que caracterizan una sociedad, sino también los simbolizan. Por ello, hay palabras cuyo empleo no es neutral, implica juicios de valor (por ejemplo, el uso de los términos castellano o español para referirse a nuestra lengua).
El buen profesional ha de saber qué es lo que corresponde objetivamente al hecho noticiable y ha de ser responsable de lo que añade como valoración propia a través de la palabra, como medio. Puede llevar a resaltar lo negativo como si fuera positivo o da lugar a titulares ambiguos. La fuerza de las palabras hecha costumbre, permite ocultar la doble realidad de una situación que expresamos con palabras contradictorias, pero que identificamos como univocas.
Los conquistadores que iban a América enviaban cartas y muchas veces empleaban palabras indígenas que aquí nadie conocía para colocarse mediante este lenguaje, en una situación de superioridad frente a quien leía las cartas, utilizaban el lenguaje como un instrumento de poder.
Cuando nombramos una persona, resaltamos una existencia y afirmamos su singularidad.
Solo existe lo que tiene nombre y desde que algo tiene nombre, comienza la perversión nominal. El uso del lenguaje como medio de colonización ideológica es un fenómeno pluridimensional en las sociedades actuales que se manifiesta a través de eufemismos o atenuadores de significado de las palabras, por perífrasis que nombran las cosas indirectamente para maquillar la realidad, y por barbarismo “políticamente correctas” con los que pervierte el significado de algunas palabras o expresiones. (Por ejemplo decir “interrupción del embarazo” en vez de aborto).
2.1. Características del léxico periodístico Lo que de alguna forma caracteriza el léxico periodístico es la abundancia de extranjerismos, la presencia de tecnicismos y el empleo de semicultismos que oscurecen el mensaje, dificultan la comunicación y colocan el lenguaje periodístico en el camino de convertirse en una especie de sublengua particular insertan en el español común.
2.2.1. Extranjerismos Algunos de los semánticos” del Es preciso estar traducciones de moda.
que se han introducido en informaciones generales son los “préstamos mismo tipo de administración para gobierno o “enseñante” para docente.
atento a estas intromisiones que se producen muchas veces por las malas las agencias de prensa para no aceptarlas sin la menor precaución y por Muchas de ellas vienen de la publicidad o de secciones del periódico especializadas (como el deporte, la economía…) 2.2.2. Tecnicismos La presencia de voces técnicas de difícil descodificación está justificada cuando el contenido lo exige y el receptor lo permite. El periodista tiene dos deberes difíciles de concordar respecto al uso de este tipo de voces: no puede banalizar determinados contenidos científicos o técnicos y tampoco puede abandonar una cierta labor de divulgación que permita al lector comprender el texto.
2.2.3. Semicultismos Los semicultismos tienen como fondo el deseo de actuar de forma más elegante y culta alejándose de lo que se supone sea el hablar llano que cualquier hablante pueda entender.
Los problemas pueden pesar a ser problemática o el aceptar en asumir.
En casi todos estos casos se produce una desviación de la norma que origina cambio de significado en las voces afectadas y tendencia del uso exclusivo de esas palabras con olvido de las que podrían aparecer, por ejemplo, emblemático parece haber enterrado a representativo.
Tema 1.3. Fonética y Fonología 3.1. La competencia fonológica: La competencia fonológica supone el conocimiento y la destreza en la percepción y la producción de: las unidades de sonido (fonemas) de la lengua y su realización en contextos concretos (alófonos), los rasgos fonéticos que distinguen fonemas como su sonoridad, nasalidad…, la composición fonética de las palabras, la fonética de las oraciones (prosodia) como el acento y el ritmo de las oraciones y la entonación y la reducción fonética en fenómenos tales como la asimilación, la elisión… 3.1.1. La fonética y la fonología La Fonética y la fonología estudian los elementos fónicos del lenguaje, pertenecientes al plano de la expresión aunque la Fonética se centra en el análisis de los sonidos y la Fonología en el estudio de los fonemas.
La Fonética Es la parte de la Lingüística que estudia la producción y percepción de los sonidos del lenguaje en toda la extensión de sus propiedades físicas. La fonética trabaja con otras ciencias como la Anatomía, la Fisiología o la Acústica y reúne dos actividades distintas: la fonación y audición que son objeto de la Fonética: la fonética articulatoria y la fonética acústica.
Su objetivo es la descripción de los sonidos. Un sonido es una realidad física, la percibe el oído puede reproducirse, grabar, los sonidos se representan entre corchetes [ ].
La Fonología Es la parte de la Lingüística que estudia los elementos fónicos del lenguaje desde el punto de vista de su función en el sistema de la comunicación social. La Fonología se encarga del estudio de los fonemas. Un fonema es una imagen mental de un sonido, no es una realidad física, es la más pequeña de las unidades de que se encarga la Gramática. Los fonemas se representan entre barras / /. El fonema no tiene significado en sí mismo, pero al identificarlo nuestra mente distinguen sonidos distintos entre las palabras que lo contienen.
3.1.2. El aparato fonador La articulación sonora/sorda: el aire, al salir de los pulmones y subir, por la laringe, encuentra en primer lugar las cuerdas vocales. Si se produce vibración, la articulación es sonora como ocurre con las cinco vocales y las consonantes como [b], [d] y [g]. Si no vibran, son sordas como [p], [t] y [k].
La articulación nasal/oral: El aire se encuentra con un segundo obstáculo que es el velo del paladar (campanilla). Si permanece caído, el aire sale también por las fosas nasales: es una articulación llamada nasal (más bien oronasal porque el aire sale por la boca y la nariz).
Cuando el velo del paladar se adhiere a la pared posterior, cierra el conducto nasal y el aire sale únicamente por la boca: es una articulación oral (y no nasal) como en la [p].
El punto de articulación: es el lugar de la boca donde se juntan o aproximan los órganos articulatorios para emitir el sonido. En las vocales puede ser anterior, central o posterior, en las consonantes puede ser bilabial (porque se juntan los dos labios [p], [b], [m]), labiodental (la lengua toca la cara interna de los dientes superiores como la f), linguodental (donde la lengua se sitúa entre los dientes superiores e inferiores como la c), linguoalveolar (el ápice de la lengua se aproxima a los alveolos como la s, la n, la l, la r (sonido rr) y la r simple), linguopalatal (el ápice de la lengua se alza hacia el paladar como en ch, y, ñ, y ll), y linguovelar (la parte posterior de la lengua toca el velo del paladar como en k, g, y j).
El modo de articulación: es la posición que adoptan los órganos articulatorios en cuanto a su mayor o menor grado de abertura o cierre. Dentro de las vocales las hay abiertas (a), media (e, o) y cerradas (i, u). Y en la consonantes están las oclusivas (hay un cierre completo y momentáneo del paso del aire y, luego, una pequeña explosión) como con p, t, k.
Las fricativas cuando solo hay un estrechamiento del paso del aire, que sale produciendo roce o fricación pero los órganos articulatorios no llegan a juntarse del todo, como con la f, c, s, y. Las africadas es una variante de la oclusiva hay cierre pero no va seguido de una explosión, sino de un roce o fricción como en ch o la y de cónyuge.
En la nasal, el aire encuentra momentáneamente cerrado el paso del aire en los labios [m], en los alveolos [n] o en el paladar [ñ] pero pasa a la cavidad nasal, donde resuena. También están la lateral (donde la lengua cierra por un lado el paso del aire, que se escapa por el otro lado (l) o cierra el paso por el centro y deja que el aire salga por los dos lados de la boca (ll). Por último también hay consonantes vibrantes (la lengua vibra con los alveolos, cerrando y abriendo rápidamente el paso del aire [r] vibrante simple y [r] en la vibrante múltiple. La vibración es más prolongada.
3.1.3. El Alfabeto Fonético Internacional La Fonética fisiológica explica, como hemos visto, la serie de articulaciones del español, para representarlas nos valemos de los signos diacríticos que constituyen el alfabeto fónico.
3.2. La competencia ortológica La competencia ortológica consiste en pronunciar correctamente, partiendo de la forma escrita. Esto supone el conocimiento de las convenciones ortográficas, la capacidad de consultar un diccionario y el conocimiento de las convenciones utilizadas en los diccionarios para la representación de la pronunciación, el conocimiento de la repercusión que la formas escritas sobre todo los signos de puntuación tienen en la expresión y en la entonación, además de la capacidad de resolver, la ambigüedad (palabras homónimas, ambigüedades sintácticas, etc.) en función del contexto.
3.2.1. Fenómenos ortológicos: errores frecuentes de pronunciación La Ortología es a la lengua oral lo que la Ortografía es a la lengua escrita. Dos fenómenos ortológicos son los errores de pronunciación de algunas consonantes, por ejemplo, las dos sílabas de la palabra pastor y los casos en los que se producen supresiones, adiciones, cambios o sustituciones de fonemas y sílabas, que originan errores en la pronunciación de determinadas palabras.
3.2.1.1. Errores de pronunciación de consonante en sílaba trabada 1. Fonema /p/ + consonante P como c o f como ocurre en diztongo en vez de diptongo Desaparición Diotría por dioptría 2. Fonema /k/ + consonante K como c como ocurre en direzto en vez de directo Desaparición Dotor por doctor 3. Fonema /t/ + consonante T como c como ocurre en azmósfera por atmósfera 4. Fonema /d/ en sílaba trabada D como c como ocurre en Madriz en vez de Madrid o azquirir en vez de adquirir D como t (Cataluña) como ocurre en Madrit en vez de Madrid Desaparición en posición final de palabra Soledá por Soledad 5. Fonema /g/ + consonante G como c como ocurre en mazdalena por magdalena Desaparición Madalena por magdalena 3.2.1.2. Supresiones, adiciones y cambios o sustituciones de fonemas o sílabas La aféresis es la supresión de fonemas o sílabas al principio de una palabra (esparramar en vez de desparramar) La síncopa es la supresión de fonemas o sílabas dentro de una palabra (alante en vez de adelante). En cuanto el apócope es la supresión de fonemas o silabas al final de una palabra (carie en vez de caries, o pa en de para y to en vez de todo.) 3.2.1.2.2. Adición de fonemas o sílabas La prótesis es la adición de fonemas o sílabas al principio de una palabra (amoto en vez de moto, arrascar en vez de rascar, empalidecer en vez de palidecer). La epéntesis es la adición de fonemas o sílabas dentro de una palabra (aeropuerto en vez de aeropuerto, trasladar en vez de trasladar y paragoge que es la adición de fonemas o sílabas al final de una palabra (dijistes en vez de dijiste, ves en vez de ve, y traspiés en singular en vez de traspié).
3.2.1.2.3. Cambios o sustituciones de fonemas o sílabas La metátesis consiste en el cambio de lugar de algún fonema o sílaba en una palabra (cocreta en vez de croqueta). Algunos fenómenos de disimilación y asimilación son la sustitución de un fonema por otro o desaparición, por encontrarse en la misma palabra otro fonema igual o parecido (poblema en vez de problema o fenefa en vez de cenefa). En cuanto a las etimologías populares decir que consisten en el contagio de una palabra por otra de gran parecido fonético y entre las que el hablante cree ver una conexión semántica que no es tal en realidad (atiforrarse en vez de atiborrarse por la conexión con forrarse, o desternillarse en vez de desternillarse por la conexión con tornillo).
Los sonidos de la lengua (Clasificación de los sonidos) 1. ¿Qué distingue las vocales de las consonantes? Las vocales se producen sin obstrucción o estrechamiento del pasaje del aire de los pulmones a la cavidad bucal. En el caso de las consonantes hay obstrucción parcial o total del aire que viene de los pulmones.
2. Clasificación y descripción de las consonantes Las consonantes se clasifican según su modo de articulación (obstruyentes con obstrucción total o parcial o resonantes, acompañadas de la vibración de las cuerdas vocales y falta de perturbación del aire del sistema), punto de articulación (sorda/sonora) y la actividad de las cuerdas vocales (sonoridad).
2.1.¿Cuáles son los puntos de articulación? La articulación de las consonantes depende de la coordinación de articuladores activos y articuladores pasivos. Los activos (los que se mueven) son los labios, lengua, velo de paladar. Los pasivos (los que no se mueven) son los dientes, los alvéolos, y el paladar (duro). El punto de articulación es el término descriptivo que indica cuáles son los órganos que están en contacto o que se aproximan.
2.1.1. Fonemas consonánticos: Punto de Articulación Una consonante según su punto de articulación, puede ser bilabial, labio-dental, interdental, ápico-dental, ápico-alveolar, predorso-alveolar, predorso-palatoalveolar, dorso-palatal y dorso-velar.
Bilabial cuando se produce un contacto entre el labio inferior y el labio superior, donde los dos articuladores son activos (p,b,m). Labio-dental cuando se produce un contacto entre el labio inferior y los dientes superiores, los articuladores son activo y pasivo (f). El interdental es el ápice de la lengua hace contacto entre los dientes superiores e inferiores, este fonema ocurre solo en el castellano (c o zeta).
Ápico-dental cuando hay contacto entre el ápice de la lengua y los dientes superiores (t, d), ápico-alveolar cuando hay contacto entre el ápice de la lengua y los alvéolos (n, l, rr, r y s en el norte de España).
Predorso-alveolar, cuando se produce el contacto entre el predorso de la lengua y los alvéolos (s), predorso-palatoalveolar cuando hay contacto entre el predorso de la lengua y la región postalveolar (ch).
Dorso-palatal cuando hay contacto entre el dorso de la lengua y el paladar duro (ñ, ll), dorso-velar cuando hay contacto entre el dorso de la lengua y el velo o paladar blanco (k, g, x).
2.2.Modo de articulación El modo de articulación corresponde al grado de oclusión o estrechamiento que ocurre durante la producción de un sonido. Las consonantes suelen dividirse entre obstruyentes y resonantes según el grado de oclusión y la presencia o ausencia de vibración espontánea de las cuerdas vocales.
2.2.1. Las obstruyentes Se producen con algún grado de obstrucción o estrechamiento, las sordas son más comunes que las sonoras. Las oclusivas (o explosivas) consta de dos fases, una oclusión completa seguida de una explosión producida por la salida del aire. Las fricativas se caracterizan por un rozamiento producido por la restricción del paso del aire. Las africadas empiezan por una oclusión completa que se relaja produciendo algún grado de fricción.
2.2.1.1.Las oclusivas Se subdividen por su punto de articulación. El español tiene tres pares (una consonante sorda/una consonante sonora) con punto de articulación bilabial (p/b), dental (t/d) y velar (k/g).
2.2.1.2.Las fricativas Se caracterizan por su “ruido” en términos acústicos, son relativamente menos frecuentes universalmente que las oclusivas. (Labiodental (f), interdental (c o zeta), alveolar (s) y velar (x).
2.2.1.3.Las africadas El inventario de consonantes africadas es limitado, no sólo en el caso del español sino universalmente. La africada comienza con una oclusión completa que se disuelve en una articulación fricativa. Es una sola articulación con dos fases (ch).
2.2.2. Las resonantes Las resonantes en su articulación se caracterizan por la presencia de vibración simultánea de las cuerdas vocales y la falta de alteración del aire en el sistema vocal. Se subdividen en: no líquidas (aproximantes, nasales) y líquidas (laterales, vibrantes).
2.2.2.1.Aproximantes Hay sólo dos fonemas aproximantes, las semivocales o semi-consontante (j, w) conocidas como “yod” y “wau”. Las variantes de b, d, y g en posición débil (intervocálica) suelen articularse como aproximantes (b,d y g). Bilabial (b), interdental (d), palatal (j), bilabiovelar (w) y velar (g).
2.2.2.2.Las nasales El español posee tres fonemas nasales (m, n, ñ). Las nasales se caracterizan por una oclusión del sistema vocal con una resonancia en la fosa nasal producida cuando el velo del paladar baja y permite que el aire entre (bilabial (m), alveolar (n) y palatal (ñ)).
2.2.3. Las líquidas Las líquidas (todas sonoras), con características de consonantes y vocales, se subdividen en laterales: el aire se escapa por los lados de la lengua, y vibrantes, el ápice de la lengua toca una vibrante simple o varias veces vibrantes múltiples los alvéolos. Lateral dental (l), lateral palatal (l), vibrante simple alveolar (r), y vibrante múltiple (rr).
3. Función de las cuerdas vocales Los pliegues vocales (o cuerdas vocales) son pares de ligamentos musculares que se encuentran a ambos lados de la laringe. Pueden juntarse y separarse al pasar el aire de los pulmones.
Cuando las cuerdas vocales están juntas el roce del aire produce una vibración. Los sonidos que se acompañan por esta vibración de los pliegues vocales son sonoros, cuando no hay vibración los sonidos producidos son sordos.
4. ¿Cómo se describen las vocales? Las vocales se describen según la posición del cuerpo de la lengua en el eje horizontal (anterior-central-posterior) y en el eje vertical (vocal alta-media-baja), además se describe el redondeamiento de los labios. Las vocales del español, la a es central baja y no redondeadas, la e es anterior media y no redondeadas, la o e posterior media y redondeada, la i es anterior alta y no redondeada y la u es posterior alta y redondeada.
Tema 4: Ortografía 4.1. La competencia ortográfica Supone el conocimiento y la destreza en la percepción y producción de los símbolos de los que se componen los textos escritos. Los sistemas de escritura se basan en el principio alfabético, aunque otras lenguas siguen el principio ideográfico (como el chino) o el consonántico (árabe).
La competencia ortográfica implica conocer y usar correctamente: las formas de las letras en sus modalidades negrita o cursiva, tanto mayúscula como minúsculas, la correcta ortografía de las palabras, el acento gráfico (la tilde), los signos de puntuación, las convenciones tipográficas y las variedades de los tipos de letras, las abreviaturas y las siglas, y los signos no alfabetizables de uso común (como el @, €, etc.) Según la RAE, la Ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua. Junto con las letras se usan en la escritura otros signos que sirven para indicar la pronunciación de las palabras y la entonación de los enunciados, así como para facilitar la comprensión de los textos escritos (acentos y signos de puntuación).
Nos centraremos en dos aspectos de la Ortografía: la acentuación y la puntuación en relación con los acentos, nos centraremos en las reglas generales de acentuación (agudas, llamas, graves, esdrújulas o sobresdrújulas), el caso de los diptongos y hiatos, los monosílabos, en especial, la tilde diacrítica. De los signos de puntuación hemos seleccionado la coma, donde se localizan más problemas y dudas por parte de los que escribimos.
4.1.1. Acentuación El acento prosódico es la mayor intensidad con la que se pronuncia una sílaba dentro de una palabra aislada o un monosílabo dentro de su contexto fónico, también se le llama acento de intensidad. Se suele producir, además, una elevación del tono de voz o una mayor duración en la emisión de esa palabra.
La sílaba donde recae, se llama sílaba tónica, la sílaba o sílabas pronunciadas con menor intensidad son las sílabas átonas. El acento prosódico puede tener valor distintivo según la sílaba sobre la que recae (hábito, habito, habitó).
Para señalarla, se emplea en ciertos casos, el acento gráfico, llamado también tilde (`), signo colocado sobre la vocal de la sílaba tónica de la palabra según reglas bien establecidas.
(Parte de Ortografía de la lengua española) 3.4.1. Reglas generales 3.4.4.1. La acentuación gráfica de las palabras monosílabas Las palabras de una sola sílaba no se acentúan nunca salvo en los casos de tilde diacrítica: mes, bien, sol, ve, ya, son, fe, fue, vio, dio, guion. Debe escribirse sin tilde todas aquellas palabras que resulten ser monosílabas por aplicación de las convenciones que determinan qué secuencias de vocales se consideran siempre diptongos o triptongos a efectos ortográficos. Así, se escribirán siempre sin tilde palabras como guion, truhan, ion, fie, liais, etc.
3.4.1.2. La acentuación gráfica de las palabras polisílabas 3.4.1.2.1. Acentuación gráfica de las palabras agudas Las palabras agudas llevan tilde cuando terminan en n o s no precedidos de otra consonante, o en a, e, i, o, u, razón, compás, acá, comité, magrebí, revisó, iglú. No llevan tilde si terminan en una consonante que no sea n o s o ch: amistad, reloj. Si terminan con dos consonantes: confort, minigolf. O si terminan en y: guirigay, virrey.
3.4.1.2.2. Acentuación gráfica de las palabras llanas Las palabras llanas se escriben con tilde en los siguientes casos, cuando terminan en una consonante diferente de n o s o ch: Ángel, referéndum, tóner. Si terminan con dos consonantes: bíceps, récords. O si terminan en y: yóquey, yérsey.
3.4.1.2.3. Acentuación gráfica de las palabras esdrújulas y sobresdrújulas Las palabras esdrújulas y sobresdrújulas se escriben siempre con tilde: análisis, cóselo, hábitat.
3.4.2. La acentuación gráfica de las palabras con secuencias vocálicas Las secuencias vocálicas que contienen las palabras pueden articularse dentro de la misma sílaba, como diptongos (cien.cia, vais) o triptongos (a.nes.te.siéis, miau) o en sílabas distintas, como hiatos (repetía, aseo). Para las secuencias de dos vocales cerradas distintas (ui, iu) que precisen llevar tilde según las reglas de acentuación, el sistema ortográfico ha establecido también una pauta convencional que impone la colocación de este signo sobre la segunda de las vocales.
3.4.2.1. Palabras con diptongo 3.4.2.1.1. Diptongos ortográficos Los diptongos son secuencias de dos vocales que forman parte de una misma sílabas. Los diptongos siempre serán cuando una vocal abierta (a, e, o) va seguida o precedida de vocal cerrada átona como i, u: estabáis, hacia. O dos vocales cerradas distintas (i, u): ciudad, diurno.
Estas palabras pasan a considerarse monosílabas a efectos de acentuación gráfica y se escriben sin tilde. Se trata de formas verbales como crie, crio, criais, crieis o crias, cria así como guion, ion o truhan.
3.4.2.1.2. Acentuación gráfica de las palabras con diptongo Las palabras que contienen diptongos ortográficos se acentúan gráficamente según las reglas de acentuación. Las palabras que son monosílabas no llevan tilde, a su vez tampoco tienen tilde las agudas no terminadas en n, s, con dos consonantes o en y, y las agudas que llevan tilde terminan en n, s, o vocal. Las llanas no llevan tilde si terminan en n, s, o vocal, en cambio llevan tilde si terminan en consonante distinta de n, s, doble consonante o en y.
Las esdrújulas con diptongo siempre se acentúan.
3.4.2.1.3. Colocación de la tilde en los diptongos Cuando la sílaba tónica de una palabra contiene un diptongo y debe tildase por aplicación de las reglas de acentuación, la tilde se coloca en los diptongos formados por una vocal abierta o precedida de una vocal cerrada, la tilde se escribe sobre la vocal abierta (mediático, diéresis). O en los diptongos formados por dos vocales cerradas distintas, la tilde se coloca sobre la segunda vocal (veintiún, jesuítico, acuífero).
3.4.2.2.1. Triptongos ortográficos Los triptongos son secuencias de tres vocales que forman parte de una sílaba. Son siempre triptongos a efectos ortográficos las secuencias formadas por una vocal abierta a, e, o seguida y precedida de una vocal cerrada átona i, u: guau, buey, confiáis.
3.4.2.2.2. Acentuación gráfica de las palabras con triptongo Las palabras con triptongo siguen las reglas generales de acentuación gráfica de las palabras monosílabas y polisílabas. Palabras como fiais, lieis, miau o buey no llevan tilde por se monosílabas, otras por sí la llevan por ser agudas terminadas en –n, -s, o en-. Ni tampoco las llanas porque terminan en vocal o en –s.
3.4.2.2.3. Colocación de la tilde en los triptongos Cuando debe tildarse, la tilde se coloca siempre sobre la vocal abierta: apreciáis, cambiéis.
3.4.2.3. Palabras con hiato 3.4.2.3.1. Hiatos ortográficos Cuando dos vocales seguidas de una palabra pertenecen a sílabas distintas, constituyen un hiato. Se consideran siempre hiatos cuando una vocal cerrada tónica va seguida o precedida de una vocal abierta: María, púa. Dos vocales abiertas distintas como caer, aorta. O dos vocales iguales: azahar, dehesa.
3.4.2.3.2. Acentuación gráfica de las palabras con hiato Se acentúan según si las palabras que contienen un hiato formado por una vocal cerrada tónica seguida o precedida por una vocal abierta llevan siempre tilde en la vocal cerrada con independencia de las reglas generales, por eso acentúan palabras como serías, sabíais a pesar de ser llanas terminadas en –n, -s, o vocal. Raíz, reír, oír, láud llevan asimismo tilde aun siendo agudas terminadas en consonante distinta de n o s.
Las palabras que incluyen cualquier otro tipo de hiato se someten a las reglas generales de acentuación. Así Jaén, traerás, acordeón llevan tilde por ser voces agudas terminadas en n, s, o vocal. Caer, baobad no la llevan por terminar en consonantes distintas de n o s, y Sáenz, bóer se acentúan gráficamente por ser palabras llanas terminadas en consonante distinta de n, s, o en dos consonantes mientras que paella, vean son igualmente llanas, y se escriben sin tilde por terminar en n, s o vocal por su parte las esdrújulas como aéreo siempre llevan tilde.
3.4.3. La tilde diacrítica Existen monosílabos que no se distingue la forma tónica de la átona mediante la tilde diacrítica como don, o la o nombres de la letra a, de, e, o, te y u. Existen pares de palabras polisílabas como entre, para, y sobre lo luego, santo/a, o puesto.
La tilde diacrítica tiene carácter excepcional no solo porque se prescribe acentos gráficos en palabras que, según las reglas generales, no deberían tildarse sino porque no se aplica de forma sistemática a todas aquellas voces susceptibles de llevarla. El objetivo de la tilde diacrítica es conseguir distinguirlas en la escritura de las correspondientes átonas mediante el uso de la tilde, con el fin de facilitar su identificación rápida, evitando posible ambigüedades.
La tilde diacrítica en español no se emplea para distinguir pares de palabras de igual forma y distinto significado que siempre son tónicas como di, fue, fui, sal o vino. Todas estas palabras, de acuerdo con las reglas generales de acentuación, se escriben siempre sin tilde, sea cual sea su significado.
En el caso de este, ese y aquel, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en los casos de posible ambigüedad.
También se elimina la recomendación hasta ahora vigente de tildar la conjunción disyuntiva o cuando aparece entre dos números. La tilde en la palabra aún no tiene tilde diacrítica. Las palabras que a partir de ahora configuran la nómina de las que llevan tilde diacrítica en español son únicamente los monosílabos tónicos como qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde.
3.4.3.1. Tilde diacrítica en palabras monosílabas La regla de acentuación gráfica de las palabras monosílabas prescribe que estas se escriban sin tilde. Constituyen una excepción el grupo de palabras monosílabas tónicas de uso frecuente que se oponen a otras formalmente idénticas, pero de pronunciación átona. Para diferenciar gráficamente estos pares de monosílabos se prescribe la utilización de la tilde diacrítica en los que son tónicos.
La tilde diacrítica en monosílabos se encuentra en: tú, él, mí, sí, té, dé, sé, y más. Es incorrecto escribir el pronombre personal ti con tilde por analogía con los pronombres mí y sí.
3.4.3.2. Tilde diacrítica en qué, cuál, quién, cómo, cuán, cuánto, cuándo, dónde y adónde Las palabras tónicas qué, cuál, quién, cómo, cuán, cuánto, cuándo, dónde y adónde, se escriben con tilde diacrítica para diferenciarlas de sus homónimas átonas.
3.4.3.2.1. Escritura con tilde 3.4.3.2.1.1. Con valor interrogativo o exclamativo Las palabras qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde son siempre tónicas y se escriben con tilde cuando pertenecen a la clase de los interrogativos y exclamativos.
3.4.3.2.1.1.1. Encabezando estructuras interrogativas y exclamativas Las estructuras interrogativas o exclamativas pueden ser de dos tipos, estructuras interrogativas o exclamativas directa (con verbo explícito o sin él) que se emiten con la entonación característicamente interrogativa o exclamativa y se escriben normalmente entre signos de interrogación o exclamación. A menudo se prescinde de estos signos si se tratan de preguntas retóricas o constituyen el título de una obra. (¡Qué calor!) También están las estructuras interrogativas o exclamativas indirectas (con verbo explícito o sin él) que constituyen oraciones subordinadas sustantivas, esto es, que ejercen funciones propias del sustantivo dentro de otra oración. No se pronuncian con la entonación ni se escriben tampoco entre signos de interrogación o exclamación, por tanto deben de escribirse siempre con tilde. (Preguntó qué tenía que hacer para ir al centro) 3.4.3.2.1.1.2. Sustantivados mediante un determinante Los interrogativos especialmente qué, cómo, cuándo, cuánto y dónde pueden sustantivarse anteponiéndoles un determinante, normalmente el artículo el. En estos casos, son asimismo tónicos y conservan la tilde diacrítica que les es característico. Además admiten el uso del plural (Que me expliquen bien el cómo y el cuándo, el lugar y el tiempo en que todo esto sucede, Nadando en el río del cuándo y los tres dóndes de mi dimensión actual y eterna).
3.4.3.2.1.1.3. En determinadas locuciones o expresiones Muchos interrogativos y exclamativos forman parte de locuciones, expresiones o fórmulas oracionales, en las que también se escriben con tilde, como corresponde a su naturaleza tónica. Por ejemplo expresiones con qué, cuál, quién, cuánto o dónde.
3.4.3.2.1.2. En ciertas correlaciones distributivas, con valor de indefinidos Las palabras quién, cuál y cuándo son tónicas y se escriben con tilde cuando se emplean en ciertas correlaciones distributivas en las que poseen valor de indefinidos. Las correlaciones quién(es)… y cuál(es) son sinónimas y significan unos y otros si bien el uso de cuál(es) es hoy más raro que el de quién(es). Sin embargo, cual y quien son átonos y se escriben sin tildes en las locuciones pronominales indefinidas cual más, cual menos y quien más y quien menso y se escriben igualmente sin tildes en las locuciones pronominales asimismo indefinidas cada cual y cada quien.
En cuanto a la correlación de cuándo…cuándo significa unas y otras veces.
3.4.3.2.2. Escritura sin tilde 3.4.3.2.2.1. Cuando funcionan como relativos Las palabras que, cual, quien, como, cuan, cuanto, cuando, donde y adonde son normalmente átonas y se escriben sin tilde cuando introducen oraciones subordinadas de relativo con antecedente o sin él. Los relativos sí pueden acentuarse prosódicamente y se admite su escritura con tilde.
Se escriben siempre sin tilde cuando introducen oraciones subordinadas de relativo con antecedente expreso y cuando no está expreso. Además cuando se coordinan varios relativos sin antecedente expreso, todos, salvo el último se pronuncian tónicas pero sin tilde.
3.4.3.2.2.2. Cuando funcionan como conjunciones Algunas palabras de esta serie son también conjunciones. En ese caso, son átonas y se escriben si tilde. Las conjunciones son palabras átonas con muy pocas excepciones. Las palabra que se escribe sin tilde cuando es conjunción completiva, comparativa, en estructuras contrastivas, como conjunción consecutiva, con valor causal, introducciones oraciones independientes o cuando forma parte de la perífrasis o forma parte de numerosas locuciones conjuntivas.
La palabra como tampoco lleva tilde cuando funciona como conjunción comparativa, completiva, forma parte de la locución conjuntiva copulativa, tiene valor ponderativo, causal o introduce oraciones independientes que expresan negación o réplicas enfáticas.
La palabra cuando tampoco cuando introduce oraciones subordinadas de diferente tipo, ya sea con valor causal, condicional, concesivo. Cuanto no lleva tilde si es conjunción comparativa o forma parte de la conjunción copulativa discontinua tanto…cuanto.
3.4.3.2.2.3. Con otros valores Además las palabras como, cuando, donde y adonde también son átonas y se escriben sin tilde cuando como funciona como preposición, adverbio de valor aproximativo o atenuativo, con valor ejemplificativo, introduciendo uno o varios elementos citados.
Cuando funciona como preposición introduciendo expresiones nominales que denotan periodos de tiempo o acontecimientos y donde o adonde cuando funciona a modo de preposición.
3.4.3.2.2.4. En determinadas locuciones o expresiones 3.4.3.2.2.4.1. Con pronunciación átona Se mantienen sin tilde y con pronunciación átona algunas expresiones con que, como, cual y quien, cuando y cuanto.
3.4.3.2.2.4.2. Con pronunciación tónica Hay, no obstante, ciertas construcciones y locuciones en las que estas palabras, aun pronunciándose tónicas se escriben siempre sin tilde. Son algunas expresiones con que, quien, cuando y cuanto.
3.4.3.2.3. Escritura con tilde o sin tilde La escritura con o sin tilde en algunos casos, depende del sentido que se pretenda expresar.
En casi todas las ocasiones, el uso de una pronunciación átona o tónica así como escribirla con tilde o sin tilde es válido.
3.4.3.3. La tilde diacrítica en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos La palabra solo, tanto cuando es adverbio (Solo trabaja de lunes a viernes) como cuando es adjetivo (Está solo en casa todo el día), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa) son voces que no deben llevar tilde según las reglas generales de puntuación.
Sin embargo, puesto que ese empleo tradicional de la tilde diacrítica no opone en estos casos formas tónicas a otras átonas formalmente idénticas. A partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de doble interpretación.
3.4.3.4. Supresión de la tilde en la conjunción disyuntiva o Hasta ahora se venía recomendando poner tilde a la conjunción disyuntiva o cuando se escribía entre dos cifras, con el fin de evitar toda posible confusión con el guarismo correspondiente al número cero (se escribía 3 ó 4 para distinguir con claridad esta expresión disyuntiva del número 304). Este uso diacrítico de la tilde no tiene justificación prosódica alguna, puesto que, como conjunción, la o es siempre átona, de forma que solo se sostenía por razones puramente gráficas. La conjunción o se escribirá siempre sin tilde.
3.4.4. La tilde en aún/aun El adverbio aún/aun puede pronunciarse en español como una palabra tónica con hiato (No la he visto aún) o como una palabra átona con diptongo (Aun cuando sea verdad, no te creerán). Como reflejan los ejemplos, la forma bisílaba tónica debe escribirse con tilde, mientras que la forma monosílaba átona se escribe sin ella.
El adverbio aún es normalmente tónico y debe escribirse con tilde cuando puede sustituirse por todavía, con los valores siguientes: valor temporal, denotando la continuidad o persistencia de una situación, con valor ponderativo o intensivo. El adverbio aun es normalmente átono y debe escribirse sin tilde en los siguientes casos: cuando con valor inclusivo-ponderativo, se utiliza con el mismo sentido que hasta, incluso, también (o siquiera, cuando va precedida de ni en construcciones de sentido negativo), o cuando tiene valor concesivo en oraciones que admiten paráfrasis con aunque o a pesar de, tanto en la locución conjuntiva aun cuando como seguido de un gerundio, un participio, un adverbio es un grupo preposicional.
Así, hay formas complejas que constituyen una única palabra gráfica, como los compuestos univerbales (ciempiés), los adverbios terminados en –mente (cortésmente) o las formas verbales con pronombres enclíticos (díselo), expresiones complejas formadas por varias palabras unidas con guion (París-Berlín) y expresiones complejas formadas por varias palabras gráficamente independiente (sofá cama).
3.4.5.1. Formas complejas escritas en una sola palabra 3.4.5.1.1. Palabras compuestas En las palabras compuestas formadas por la fusión de dos o más voces simples, todos los elementos tónicos, salvo el último, pierden su acento (pasapuré).
3.4.5.1.2. Adverbios terminados en –mente Los adverbios de este tipo se forman por la adición a un adjetivo del elemento compositivo –mente (íntegramente).
3.4.5.1.3. Formas verbales con pronombres enclíticos Cuando los pronombres átonos (me, te, se, lo/s, la/s, le/s, nos, os) van pospuestos al verbo, se escriben unidos a este formando una sola palabra gráfica. El acento prosódico de la palabra resultante coincide con el de la forma verbal, único elemento tónico presente en estas formas complejas (DI+me, leER). Los pronombres personales me, te, se, lo/s, la/s, nos os son átonas.
3.4.5.2. Expresiones complejas formadas por varias palabras unidas con guion El guion se utiliza en español, entre otras cosas, para unir entre sí varias palabras, dando lugar a expresiones complejas de diversa naturaleza: teórico-práctico, franco-alemán conservan su acento prosódico mientras que, en otros, tiende a conservarse únicamente el acento prosódico de la palabra que figura en último lugar. Todas las palabras que integran este tipo de expresiones mantienen la acentuación gráfica que les corresponde como voces autónomas, con independencia de que conserven o no en dicha situación su acentuación prosódica (físico-químico). Lo mismo ocurre cuando una palabra tónica se une con guion a cualquier otro elemento gráfico: Seúl-88.
3.4.5.3. Expresiones complejas formadas por varias palabras independientes Existen expresiones complejas formadas por la simple yuxtaposición de varias palabras gráficamente independientes que, constituyen unidades léxicas bien porque designan un concepto unitario, como piel roja o bien, en el caso de los nombres propios porque identifican como un único referente, como Nueva York. Conservan en ellas su acento prosódico pero otras muchas veces la expresión pluriverbal pasa a constituir también una unidad desde el punto de vista acentual, de forma que solo se conserva el acento prosódico del último elemento.
Suele ocurrir con frecuencia en los nombres propios como Miguel Ángel, en algunos nombres complejos como vigésimo noveno y también en locuciones de diverso tipo, como puerco espín.
Todas las palabras tónicas que integran este tipo de expresiones complejas, con independencia de que mantengan o no en ellas su acento prosódico, conservan siempre la acentuación grafica que les corresponde como José María. En caso de constituir también una unidad gráfica, convirtiéndose en compuestos univerbales, las reglas de acentuación se deben aplicar sobre la palabra compuesta resultante, al margen de cómo se escribiera cada componente por separado: Josemaría, vigesimocuarto, viacrucis, arcoíris.
4.1.2 Puntuación La puntuación de los textos escritos, con las que se pretenden reproducir la entonación de la lengua oral, depende en gran parte la correcta expresión compresión de los mensajes escritos. La puntuación organiza el discurso y sus diferentes elementos y permite evitar la ambigüedad en textos que, sin su empleo, podrían tener interpretaciones diferentes.
4.1.2.1. El uso de la coma Coma es el signo de puntación (,) que indica normalmente la existencia de una pausa breve dentro de un enunciado. Se escribe pegada a la palabra o el signo que la precede y está separada por un espacio de una palabra o el signo que la preceda. No siempre responde a la necesidad de realizan una pausa en la lectura y existen comas de presencia obligatoria en un escrito para que éste pueda ser correctamente leído o interpretado.
Los usos generales de la coma, pueden ser para separar elementos de una enumeración siempre que entre ellos no aparezca y/e/ni/o/u (“Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta y dos pares de zapatos”) para sustituir un verbo omitido que se ha utilizado antes o porque se sobrentiende (“Su hijo mayor es rubio, el pequeño, moreno”), para separar adjetivos, enunciados u oraciones de relativo explicativos (Los soldados, cansados, volvieron a casa) para intercalar cualquier tipo de inciso (El buen gobernante, según sostenía un célebre político, debe estar siempre preparado para abandonar el poder) Para separar los vocativos del resto del enunciado (Javier, no quiero que salgas tan tarde), para separar una oración o construcción circunstancias cuando aparece al principio de un enunciado o cuando se invierte el orden regular de las partes de un enunciado (Si vas a llegar tarde, no dejes de avisarme), para separar adverbios o construcciones adverbiales que afecten no sólo al predicado, sino a todo el resto del enunciado (naturalmente, los invitados deben de vestir de etiqueta), para separar conectores que introducen explicaciones o ejemplos del tipo osea, es decir, esto es, por ejemplo, sin embargo, por lo tanto.
También se escribe coma detrás de determinados enlaces como “ahora bien, no obstante, en primer lugar, por un/otro lado, por último, en tal caso”, delante de las conjunciones “pero, más, aunque, sino (que), delante de las conjunciones (conque, así que, de manera que, y para separar oraciones subordinadas encabezadas por un “que” causual o final como en “ven aquí, que te vea bien”.
Suele anteponerse delante de excepto, salvo, o menos (los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso) y pueden suprimirse en aquellos casos en el que el enunciado que encabeza la frase indica lugar o tiempo y especialmente, si es breve, como en “aquellos meses, la solución no era fácil”.
No debe usarse nunca para separar un sujeto (aunque éste sea largo) de un verbo, o tras el encabezamiento de las cartas (deben usarse los dos puntos).
Otros usos cuando se suele utilizar como en las fechas, para separar la palabra que indica el lugar (Santiago, 8 de Enero de 1999), entre la parte entera y decimal de un número (también puede usarse el punto) y siempre abajo como en 7,99. En una bibliografía, para separar el/los apellidos de los autores (Bello, Andrés: Gramática…) y la palabra etcétera (o su abreviatura etc.) se separa con coma del resto del enunciado.
Tema 2.1. Variación diatópica Introducción Las lenguas o idiomas no existen como entidades rígidas sino que se hallan diversificadas internamente en múltiples variedades. Una lengua presenta, en primer lugar, diferencias situadas en el eje temporal. Las lenguas presentan, pues, a lo largo de su evolución diferencias que llamamos diacrónicas.
A su lado, existen otras diferencias que se dan en paralelo. Las más visibles son las diferencias geográficas o diatópicas.
Las indudables diferencias no llegar a impedir que sus hablantes respectivos se entiendan mutuamente sin excesivas dificultades. Los hablantes perciben que son diferencias situadas en el interior de un mismo dominio lingüístico, de un sistema que resulta común en un porcentaje bastante alto. Naturalmente, eso es lo que permite la intercompresión.
Los lingüistas han hablado regularmente de dialectos para referirse a las variedades diatópicas, sintópicas o geográficas existentes en el interior de una lengua distintas de las que hemos venido llamando “variedad estándar”. Las lenguas están compuestas por dialectos. La lengua española está constituida por un cierto número de dialectos, que son la manifestación peculiar de la lengua en distintas zonas.
Por tanto, la modalidad que adopta el idioma en una cierta área de dominio territorial se denomina dialecto. A veces se utiliza el término “habla” con sinónimo de dialecto, pero también con el significado de “conjunto de variedades geográficas” haciendo referencia de un modo particular a aquellas variedades en que es menor la diferenciación con respecto a la lengua por ser su extensión más limitada y presentar menos cohesión que el dialecto”.
Podemos distinguir dos grandes variedades: las hablas septentrionales (fundamentalmente castellanas), las hablas meridionales, entre las que se encuentra el andaluz, el extremeño, el murciano, el manchego y, como modalidades ultramarinas, el canario y el español de América.
Algunas de estas modalidades se consideran de transición dado que presentan rasgos de hablas diferentes. Éste es un caso del extremeño (con rasgos leoneses y meridionales), el murciano (cono elementos aragoneses y meridionales) y el riojano (con elementos castellanos, aragoneses y navarros). Había que contra, con otras modalidades como el castellano de las zonas bilingües, peninsulares o de carácter comarcal o local, de extensión muy limitada.
1.1. Origen y evolución del español 1.1.1. La romanización de la península La romanización es el proceso histórico, mediante el cual los pueblos peninsulares se incorporan al mundo cultural romano. Desde el año 218 a.C. los romanos empiezan la ocupación de la Penínusla, imponiendo su lengua por todo el territorio. Desde ese año hasta la caída del Imperio (siglo III d.C.-el Imperio bizantino sigue hasta 1453), los romanos conquistan un extenso territorio. Se trata de un gran proceso de integración: las legiones romanas incorporaron a su lengua y a su cultura casi todo el dominio de tierras conquistadas.
Llamamos romania a toda esa superficie romanizada cuyos límites son por el norte, los cursos del río Rin y Danubio y por el sur, una línea norteafricana, paralela a la costa, que va desde el Golfo de Túnez hasta el Atlántico.
La romanización de la Península empieza el 218 a.C. cuando los roanos desembarcan en Ampurias con el pretexto de cortar la comunicación a Aníbal -estaban en plena Segunda Guerra Púnica con Cartago- de sus bases de aprovisionamiento: el motivo inicial fue militar pero, después, los objetivos económicos decidirán la conquista total de la Península.
Hacia el siglo III, la romanización de Hispania, es casi total, sus hombres hablan exclusivamente latín y el Gobierno de Roma se ejerce sobre los ciudadanos romanos, no sólo por la concesión universal de los derechos de Caracalla, sino por auténtica fusión de indígenas y gentes de Italia.
1.1.2. Los dos tipos de latín: vulgar y culto En la Romania existían dos tipos de latín: el literario o clásico y el vulgar o popular. Esta frontera se crea en el momento en que la literatura fija una norma lingüística escrita: hay diferencias de tipo sociocultural y sociolingüístico. El latín clásico se mantuvo sin cambios por ser escrito, mientras que el latín vulgar que era hablado se fue diferenciando cada vez más, tanto geográfica como socialmente.
La civilización occidental ha heredado el latín de dos maneras distintas: como lengua hablada, madre de los idiomas románicos y como vehículo universal y permanente de culturas. Dando origen a tres tipos de palabras: voces populares, semicultismos y cultismos.
Las voces populares son palabras que han pasado sin interrupción en el habla, libres casi totalmente del recuerdo de su forma original siguiendo la evolución fonética esperable en cada caso (hijo). Los semicultismos son también voces de la lengua hablada, que han sufrido evolución fonética pero no han podido emitir algunas reminiscencias cultas (siglos).
Y los cultismos se atienen casi con absoluta fidelidad a la forma latina escrita (evangelio).
Una palabra latina puede originar dos voces romances: una culta y una popular (signo/seña, concilio/concejo, fémina/hembra y litigar/lidiar).
1.1.4. Las lenguas románicas Con la influencia de las lenguas indígenas y la desmembración del Imperio Romano, tuvo lugar un proceso de desintegración y así comenzó la fragmentación lingüística dando origen a la división de la Romania. El norte de a Romania se deslatinizó y el norte de África sufrió una gran influencia árabe, surgieron así las lenguas románicas o romanas.
Balcarrománico: rumano y dálmata (extinguido a finales del siglo XIX), Italorrománico: italiano y sardo (en Cerdeña, con fuerte influencia del catalán y el castellano), Retorrómanico (en Suiza, elevado, en 1938, por plebiscito popular a la categoría del idioma oficial de Suiza, junto con el francés, el italiano y el alemán), Galorrománico, el francés – en el Norte-, el provenzal –en el Sur-, el francoprovenzal y el gascón (tiene un dialecto, el aranés, que se habla en el valle de Arán, Lérida). Iberrománico, el castellano (procedente de un pequeño rincón de Burgos), el catalán y sus dialectos, el gallego-portugués (fue una sola lengua hasta el siglo XVI y produjo una gran riqueza lírica en la Edad Media). Con la independencia de Portugal, el gallego y el portugués separan su evolución común.
1.1.5. Expansión de la lengua española La lengua española que hoy hablamos deriva directamente del latín. Es una lengua hablada por más de 400 millones de hablantes, consecuencia de diferentes formas de expansión.
¿Cuáles son esas formas de expansión? Una de ellas es la expansión del español por la Península, de Norte a Sur, a partir del hecho histórico de la Reconquista, también porque el español es llevado a América por descubridores, conquistadores y colonizadores, otra causa es la expansión colonial del Español en Guinea Ecuatorial y Filipinas, también el fenómeno histórico judeo-español (el sefardí se habla hoy en día en algunas colonias judías de Asia, África, los Balcanes y sobre todo, Israel) ya que Safard era el nombre hebreo de España y por último por el fenómeno de la inmigración de EE.UU., el caso del “spanglish”.
1.3. El español de América Usamos esta expresión para referirnos al uso que hacen del castellano los hablantes de la mayoría de países americanos, debido al proceso de hispanización que se inicia en 1492 con la conquista de América.
La propagación del español en América responde básicamente, a dos tendencias: la presión uniformadora ejercida por los órganos del poder estatal, y la política lingüística de la Iglesia, seguida por la evangelización de los indios.
El castellano que llega es una lengua dialectalizada al no poseer un sistema fijo mediatizado por los colonizadores que iba a las tierras conquistadoras (andaluces, extremeños, gallegos).
Problemas de sustratos étnicos, y la imposición de una lengua diferente, constituyen los factores esenciales para el estudio de la realidad lingüística de América.
1.3.1. Lengua precolombinas Hay 173 lenguas de las que destacan seis grupos. El primero es del náhuatl, lengua de la cultura azteca de otras lenguas como el maya o el quiché (800.000 habitantes). El segundo es el taíno en la República Dominicana y Puerto Rico (desaparecida). El tercero es el caribe, lengua de las islas del sur del Caribe, norte de Venezuela y las actuales Guayanas (desaparecida). En el cuarto grupo está el quechua en Perú, sur de Colombia, Ecuador y las zonas de los incas andinos (con gran vigencia, 4 millones de hablantes siendo lengua cooficial en Perú), en el quinto grupo se sitúa el mapuche (o araucano) de la zona del sur de Chile y zonas limítrofes argentinas (con 200.000-300.000 habitantes). Y por último, en el sexto grupo está el guaraní de la zona de la Plata, Paraguay y con gran pervivencia (2 millones y con carácter cooficial).
1.3.2. Rasgos lingüísticos del español de América 1.3.2.1. Rasgos fonéticos Es clara la impresión de “andalucismo” que produce el español hablado en América, que comparte con el andaluz los rasgos siguientes, el seseo (pronunciado de c y z como s), el yeísmo (neutralización de los sonidos correspondiente a ll e y), aspiración o pérdida de la “s” final de sílaba o palabra (mohca por mosca), confusión mutua de r y l (pielna por pierna, sordao por soldado) y aspiración de la h inicial procedente de la f inicial latina (h’ilo por hilo). Estos hechos son producto de que los andaluces que pasaron a América en los primeros momentos de conquista eran más de la mitad y portugueses inmigrantes y aún fue mayor la proporción de andaluzas (el 67%). Los fenómenos estaban ya en avanzado estado de desarrollo a fines del siglo XV en el sur de la Península y Canarias.
La influencia decisiva del andaluz sobre el español de América, hay que buscarla en los primeros años de la conquista (lo que se llama “el período antillano”). En efecto, Colón descubrió todas las Antillas y en la isla de “La Española”, se instalaron los primeros órganos de gobierno donde se asentaron los primeros colonos y se fundó la primera sociedad criolla. Las expediciones conquistadoras y colonizadoras que partían de las Antillas difundían por el nuevo continente los mencionados rasgos del español, en proporciones y distribuciones muy variables.
Fonéticamente, las vocales del español en América ofrecen menor variación respecto a su timbre que las del castellano peninsular: abertura de la /e/ en el diptongo /ei/ (raina, sais), /ai/ pasa a /ei/ (meiz, siguro) paso de la /o/ protónica a /u/ y viceversa (cuete, gurrión), transformación de hiatos en diptongos (tiatro, rial), y ausencia de diptongos (quiebras, apreta).
1.3.2.2. Rasgos morfosintácticos: el voseo Presenta el español de América tendencias y variantes morfológicas irregularmente repartidas. Como son los casos de la extensión del plural en casos como ¿qué horas son?, adverbialización del adjetivo más frecuente que en España (ella viste lindo), frecuente anteposición del posesivo (mi hijo por “hijo mío”), empleo de yo con preposición (a yo, de yo), preferencia por canté frente a he cantado y de cantara por había cantado (hoy estuve por “he estado” con él), tendencia a diferenciar el género en adjetivos y nombres que no distinguen masculino y femenino (huéspeda, tenienta), superlativo con mucho, muy y lo más + adjetivo o adverbio (es mucho muy linda), uso peculiar de las preposiciones (llegar en la mañana, ingresar en la escuela, caer en la cama “enfermarse”).
También se hace utilización del posesivo detrás del adverbio (delante suyo, encima nuestro), uso de perífrasis en lugar de las formas simples correspondientes (estoy pudiendo “puedo”, te hemos de contar “te contaremos”, vamos a ver “veremos”). Uso de verbos inusuales de forma reflexiva (me saludé con Juan, se volcaron unos autos, me soñaba que hacía un viaje), concordancia falsa de haber y hacer impersonales con su complemento directo (había(n), varias personas, hace(n) días que no lo veo), dequeísmo frecuente (le dijo que viniera a la hora), empleo de locuciones verbales como diz que (dice que) o como ser (por ejemplo), se prefiere la construcción impersonal a la pasiva refleja (se alquila casa y no “se alquilan casas”), frecuente uso de locuciones adverbiales (a cada nada, a la disparada, a la mejor, no más, ahí no más, recién, también no).
Empleo peculiar de las conjunciones (cada que “cuando, cogen que “salí pronto”, pues “ilativa que adopta forma como pos, po, pus, pué”), los pronombres enclíticos toman siempre la /n/ del plural de la tercera persona (váyanse(n), cáyense(n), mírenlo(n).
Pero el rasgo más relevante en el voseo, consistente en utilizar vos en lugar de tú y de ti entre iguales y para tratar como personas jerárquicamente inferior. Y así, se dice vos tenés en vez de tú tienes, a vos, en vez de a ti, con vos en vez de conti(go). El pronombre vos es compatible con te (el voseo no posee la forma complementaria os), vos te debés de callar (por tú te debes callar). Las formas verbales tenés, debés, alternan con tenís, debís, que se usaron también en España y fueron desterradas por las triunfantes debéis, tenéis.
Para la segunda persona del plural se emplea en casi toda América, ustedes en vez de vosotros, pero bien concertado con el verbo (ustedes están) y no como el andaluz (ustedes estáis).
El voseo es general en Argentina, Uruguay, Paraguay, América Central y una parte de Méjico (estado de Chiapas). En el reto de Méjico (en la mayor parte de Perú y Bolivia, y en todas las Antillas) domina el tuteo como en España. El voseo y el tuteo alternan en las demás zonas de América.
El voseo se originó en un estado de cambio que vivió el español en España en 1500. El tú era empleado para el trato familiar y con inferiores. Para el trato respetuoso se empleaba vos, pronto sustituido por “vuestra merced” y vos fue quedando sin uso en España donde se fijó el sistema tú-vosotros/usted-ustedes. Al difundirme usted por América, fue tú el pronombre que quedó relegado en ciertas regiones y nos descendió a ocupar su puesto para el trato de confianza entre iguales y para inferiores. De esta manera, en las zonas de voseo antes señaladas, se constituyó el sistema vos (familiaridad) / ustedes usted (respeto) ustedes.
Tipos de voseo El pronominal-verbal, en pronombre y en las desinencias verbales: vos cantás, tenés, partís.
Sólo pronominal, con pronombre vos y desinencias de tuteo: vos cantas, tienes, partes. Sólo verbal: voseo en las desinencias verbales, con pronombres tú: tú cantás, tenés, partís. Al no existir el pronombre nosotros, sustituido sin excepción por ustedes, en el español de América han desaparecido las desinencias verbales con valor de segunda persona del plural –áis, -éis, -ís. Estas terminaciones, originalmente relativas al plural nosotros, han pasado a ser, en regiones voseantes, desinencias de segunda persona del singular como en: nos estáis “tu estás”, vos sois “tú eres”.
Tema 2.2. Variación diastrática Introducción Una lengua histórica, como en el español, está constituida por un conjunto de variedades que se entrecruzan. Todas las variedades del español son realizaciones o manifestación del español, son español pero ninguna de ellas es el español.
Las variedades diastráticas son las modalidades que adopta una lengua en una determinada capa social de la comunidad lingüística. La variante estándar es empleada por los medios de comunicación, la enseñanza, en los organismos de administración estatal, es una variedad común para hablantes que utilizan distintas variedades diatópicas o diastráticas, se convierte en una especie de modelo para los integrantes de la comunidad lingüística. Pero todas la demás variedades son también realizaciones de la lengua histórica en cuestión, y por tanto, poseen los mismos derechos que en la variedad estándar desde un punto de vista estrictamente lingüístico.
La variedad estándar es la más representativa de la lengua histórica y es la candidata idónea para las descripciones generales.
1. Los niveles de la lengua Esta diversificación se refiere a las diferencias en su uso, que provienen de los distintos estratos sociales, económicos y culturales a los que pertenecen los hablantes. Los niveles de la lengua se caracterizan por la preferencia o uso de determinadas pronunciaciones, construcciones gramaticales y palabras, aunque existe una gran cantidad de elementos comunes. Además, pueden aparecer signos de un determinado nivel en hablantes del otro.
El nivel de competencia lingüística de los hablantes (su destreza a la hora de emplear su lengua) es independiente de su inteligencia, no refleja las aptitudes de los hablantes sino de su diferente grado de instrucción (podemos distinguir los siguientes conjunto lingüísticos: personas con sólida formación, de mediana cultura, muy poco instruidas y sin ninguna formación o incultas). El dominio de las variedades diafásicas y la capacidad de cambiar de uno a otro son los rasgos que distinguen a los hablantes cultos.
Se habla de códigos elaborados o cultos y de códigos restringidos o pobres. El primero se manifiesta en un habla cuidada, culta, presenta una variada gama de recursos léxicos y gramaticales, y matices significativos diversos. En general se asocia a la expresión utilizada en la lengua escrita. El segundo se manifiesta en un habla espontánea, fundamentalmente conversacional. Sus rasgos son: expresión despersonalizada y común al grupo social al que pertenece el hablante, relevancia de la situación concreta en el acto comunicativo, predominio de lo expresivo y apelativo sobre lo representativo, léxico pobre y rutinario, sintaxis desordenada, incompleta, repetitiva y a veces incorrecta, aparición de dialectismos y vulgarismos tanto léxicos como gramaticales, escaso uso de las preposiciones subordinadas, selección rígida de adjetivos y adverbios, etc. Según el nivel sociocultural y según la situación comunicativa, se pueden observar varios niveles en el uso de la lengua.
Según el grado de instrucción, podemos distinguir los siguientes conjuntos lingüísticos: personas con sólida formación, personas de mediana cultura, personas muy poco instruidas, personas sin ninguna formación o incultas.
1.1. El nivel culto Es el propio de las personas instruidas y de gran nivel cultural y supone el uso más cuidado del lenguaje. Fonológicamente se distingue por una dicción clara, vocalización precisa y entonación moderada. Suelen usar procedimientos de enfatización, sin admitir relajaciones, como la de la –d intervocálica o la –d final.
En cuanto a la morfosintaxis, se caracteriza por el periodo amplio, con sintaxis correcta y precisa. El orden es lógico y el discurso mantiene coherencia a través de los elementos de correlación. Se emplean prácticamente todos los tiempos verbales de forma muy precisa.
En el aspecto léxico-semántico, presentan una gran riqueza y abundancia del vocabulario: sinónimos, antónimos, adjetivación variada, uso de términos específicos para cada tema en cuestión, en ocasiones, uso de términos abstractos.
Este nivel de lengua funciona como modelo de corrección, como ideal de lengua para todos los estratos inferiores. Es el nivel más estable y uniforme en el uso lingüístico, es el mejor dotado para expresar en profundidad los diversos matices del mundo referencial que nos rodea y los conceptos abstractos con mayor profundidad y precisión. La lengua culta permite dar cohesión y unidad al idioma. Suele aparecer en la exposición científica y técnica, en el lenguaje humanístico y en el literario.
1.2. Nivel popular Se sitúa en un nivel medio de competencia lingüística y se usa en la vida cotidiana. Es común a la gran mayoría de hablantes que pertenecen a un nivel sociocultural medio. Se caracteriza por la subjetividad del hablante, la economía de medios lingüísticos y la apelación al oyente-función fática del lenguaje-. Fonológicamente, tiene unos diversos rasgos, como la entonación expresiva –subjetividad del hablante- (¡cómo que no!), dicción rápida, no perfecta, propicia del desgaste de morfemas (Madri), aparición de la función fática para eliminar interferencias (¿Me oyes?).
En cuanto a la morfosintaxis y al léxico destacan el uso de nexos innecesarios polisíndeton- (y entonces va y dice que…) desaparición de nexos necesarios –asíndetonque convierten las oraciones en yuxtapuestas (Llegó, no dijo nada, se metió en su cuarto…), uso de los pronombres éticos para introducir psicológicamente al hablante (Mis chicos no me estudian nada), aparición de incisos excesivamente amplios, que a veces rompen el hilo lógico de la frase o incluso el tema inicial del diálogo. Uso de la segunda o tercera persona gramatical por la primera (A mis padres, cuando les quieres decir algo, ni te escuchan).
También suele aparecer deícticos que reflejan la situación (Ahí lo tienes), se utilizan oraciones inacabadas, incompletas, desde un punto de vista gramatical –oraciones suspendidas- (si yo te contara…) Tendencia a economizar medios expresivos –elipsisporque es la rapidez por comunicar algo lo que, aparentemente, mueve al hablante (oraciones sincopadas) (Y desde éste hasta Natalia, nueve años).
Hay frecuencia de anacolutos (el sujeto es cuando concuerda con el verbo), empleo de expresiones de apoyo para comenzar el diálogo con nexos (pues), vocativos de tratamiento (Caballero), vocativos de cordialidad o captación de su simpatía (oye, encanto, hijo), vocativos de rechazo o insulto (Idiota, déjame en paz), interjecciones propias y otras palabras u onomatopeyas (¡caray con el niño!).
Se usan expresiones pleonásticas que refuerzan la expresividad por ser reiteraciones innecesarias (Lo sé, vaya si lo sé), aparición de muletillas, palabras comodín, palabras de moda (oye, tío, esto es un mal rollo) así como expresiones de relleno que vienen a cubrir los vacíos informativos por falta de respuesta adecuada, de la palabra precisa o de reacción acorde con las circunstancias. Suelen ser interrogaciones retóricas, apoyos autoinformativos, muletillas personales o colectivas (Digo yo…¡cómo diría yo!) Se usan preguntas inútiles por evidentes (Ah, pero ¿estás aquí?), apelación al oyente o al consenso general (Dices tú ¿y qué me dices de?), fórmulas para proseguir una conversación (Por cierto), fórmulas para finalizar una intervención (y punto), enumeraciones inacabadas, a las que se añaden fórmulas hechas (que si tal…que si cual), abundancia de locuciones que intensifican la expresión, que a comparan (Me dijo tales cosas, que para qué te voy a contar) y se utilizan recursos expresivos para ponderar, intensificar o exagerar ya sea con diminutos y aumentativos con valor afectivo (¡Vaya semanita!), o con fórmulas de afirmación, negación, indiferencia (¿Cómo no?, ¡Faltaría más!) o con fórmulas de cortesía (Tanto gusto, muy amable).
1.2. El lenguaje proverbial Otra característica de lenguaje popular es el uso de proverbios o frases ligados a la filosofía popular. Este lenguaje abarca también las sentencias, frases hechas y toda expresión concisa de la sabiduría popular. Los proverbios o refranes son consejos, dichos populares, espontáneos y anónimos en los que un pueblo expresa su conocimiento de la vida. Estas expresiones surgen en un momento dado, concreto y prenden en el espíritu popular por reflejar una verdad común, indiscutible, pasando a formar parte del acervo de una comunidad. Se transmiten oralmente y pueden cambiar a medida que lo hacen las costumbres.
Un proverbio o un refrán pueden tener carácter universal si la verdad que transmite es general. Otros reflejan la idiosincrasia de un pueblo determinado, sus creencias, costumbres, vivencias religiosas, folclore.
Se caracteriza por ser un lenguaje figurado, es decir, la lectura de los componentes sintácticos y semánticos que expresan una realidad objetiva denotivamente genere otra donde existe un valor connotativo o de traslación en los aspectos de la vida real: expresión denotativa (Quién ríe último, ríe mejor) o sentido figurado (Es aconsejable esperar hasta que finalice un suceso o litigio para conocer quién sale beneficiado).
Un refrán presenta una estructura bimembre (En boca cerrada no entran moscas) aunque hay algunos con estructura unimembre y otros estructurados con sintagmas nominales: Zapatero, a tus zapatos. También es frecuente la oración compleja en sus diferentes clases: Ni olla sin tocino, ni alegría sin vino (disyuntiva), mal por mal, más vale ir a la taberna que ir al hospital (comparativa) ande yo caliente, ríase la gente (yuxtapuesta).
El refranero suele utilizar un lenguaje lexicalizado y anquilosado. (En los nidos de antaño, no hay pájaro hogaño (arcaísmo), suele tener una rima (cuando marzo mayea, mayo marcea) ofrece una abundancia de correlaciones y paralelismos entre las dos partes (quien vino no tiene, agua bebe), aparición de hipérbaton (quien canta, sus males espanta), abundancia de elipsis que condensan el saber en una frase corta (de tal palo, tal astilla).
Frases nominales, por elipsis al verlo (mal de muchos, consuelo de tontos). La forma verbal más frecuente es el presente intemporal (con pan y vino se anda el camino).
En cuanto a la temática, este tipo de lenguaje suele referirse a temas de interés humano (familia, salud, amigos), a la crítica de debilidades humanas (envidia, desconfianza, egoísmo) y a los avisos (No es oro todo lo que reluce). Se emplea tanto el lenguaje popular como en el vulgar para suplir la expresión personal de una verdad consabida.
1.3. Nivel vulgar Se considera que un hablante tiene este nivel de lengua cuando no es capaz de cambiar de registro ni adecuar su mensaje a otros niveles. El hablante descuida la lengua por falta de instrucción, lo cual suele coincidir con la clase social baja o cierta parte de la población rural.
El rasgo principal es la alteración de las normas de la lengua, utilizando una serie de particularidades lingüísticas que se conocen como “vulgarismos”. Entendemos por vulgarismo, el desconocimiento o transgresión de la norma gramatical y lingüística. Incluso puede ocurrir que el vulgarismo sea intencionado.
Fonológicamente, se caracteriza por falta de vocalización clara y entonación extremada, con elevación del tono medio de la voz, así como un vocalismo incorrecto con apertura o cerrazón de vocales (medecina, mochacho), desaparición de diptongos o formación de falsos diptongos (vente por veinte, pos por pues), alteración vocálica por confusión de prefijos (dispertar, inyesar) o por vacilación en el timbre de la vocal átona (sigún, tiléfono), vocales pertenecientes a palabras distintas se pronuncian como diptongo (ti aseguro), a veces diptongan la vocal (juegar) y en otras ocasiones, los diptongos monodiptogan (frego, Usebio) o acócope vocal de me, te, se, le, que, vengo d’alli, s’arrepiente.
Consonantismo incorrecto: pérdida y cambio de consonantes (na por nada, ca por casa) cambio de la b en g y viceversa (güeno, abuja), desarrollo de una g ante el diptongo ue (güevo, güeso) aparición de consonantes (asín), confusión de d por t/z (perez, Madrit), relajación de los fonemas /d/ /g/ /r/ (esperdiciar, aúja, pa (para), piazo (pedazo), desaparición de la d intervocálica (calzao) y ultracorrección (bacalado) así como alteración de r y l (arquiler).
También se pueden dar desplazamientos acentuales (máestro, telégrama). En cuanto a la morfosintaxis destacan las alteraciones de género (cuála, la reuma, el hacha), el empleo de formas verbales incorrectas: pretérito indefinido (andé por anduve) imperativo (sentaros por sentaos), verbo haber impersonal en forma personal (habían sillas por había sillas), confusión en el empleo de deber y de deber de en perífrasis (deber + infinitivo = obligación) (debes esforzarte más), deber de + infinitivo = probabilidad (deben de ser las ocho), empleo del infinitivo en lugar del imperativo (venir mañana temprano, por venid…).
Se da también leísmo, laísmo y loísmo (la miré las piernas, le vi en el metro) así como la alteración en el orden de los pronombres personales: me, te, se fenómeno que recibe el nombre solecismo (te se fue, se me vio).
Transposición o duplicación de la “n” del plural de los pronombres enclíticos (cállensen).
El dequeísmo es el empleo incorrecto de la preposición “de” detrás de los verbos con complemento directo, por confusión con otros verbos que sí necesitan la preposición “de” por tratarse de un suplemento. (Siempre trató de que fuerais de vacaciones (correcto), Me comentó que vendríais (incorrecto).
El uso de “de que” con valor temporal en vez de “cuando” o “tan pronto como” (De que venga Juan hará, De que ande el niño). Mala formación de comparativos (es más mayor que) o uso de los comparativos perifrásticos (más pequeño por menor, más bien por mejor).
Se da falsa división de palabras (se fue en la amoto, la arradio), o discordancia (se da como seguro la dimisión (segura). Desde un punto de vista léxico-semántico, como el empleo de arcaísmos (haiga, semos, dimpués, enantes, truje, cuantimás) o la formación de términos hipocorísitcos o apocopados (La Pelos, Tico…) así como el empleo del artículo delante del nombre propio y de los sobrenombres (La Mari, el Mochuela). También hay particularidades léxicas que se dan en los medios rurales para la labranza, ganadería, industria, rústica, y para la naturaleza (mercar (comprar), remormor (el retumbar de los truenos). Suele darse confusión en el significado de partículas (igual, lo mismo por lo mejor. Voy a casa, igual aun está allí).
2. Los lenguajes específicos Los lenguajes específicos son las variedades de la lengua común o estándar que identifican a un grupo sociocultural, es decir, determinados medios sociales y culturales o temáticos generan de forma natural variedades lingüísticas propias que, dado su valor o importancia sociológica, pasan a ser etiquetadas como lenguajes específicos.
De ellos destacan el burocrático-administrativo, económico-financiero, político, el jurídico, periodístico, publicitario, deportivo, del cine, y televisión, técnicos-científicos, y jergas de oficios y profesiones como las jergas militares, de estudiantes, de ambiente pasota y juvenil, etc.
Las características afectan al léxico y al morfosintáctico. Se distinguen tres tipos de lenguajes específicos. En primer lugar, son las jergas o argots: son lenguas de grupos sociales marginales con finalidad críptica. La lengua en estos grupos es un medio que garantiza su cohesión interna. Destacan el lenguaje del hampa, el carcelario, el de las tribus urbanas, etc.
En segundo lugar, los lenguajes sectoriales empleados por los miembros de diferentes actividades profesionales: lenguaje jurídico, deportivo, periodístico, político, etc. Y en tercer lugar, los lenguajes técnicos-científicos: el lenguaje de la Medicina, la Biología o la Física.
El carácter “especial” de estos lenguajes se fundamenta en el particular relieve de dos factores extralingüísticos que, por lo demás, entran en juego en cualquier hecho de lengua.
Hay un componente sociológico: la lengua es un hecho social y funciona dentro de los grupos sociales, cada grupo social crea y conforma su propia lengua y un componente temático: la lengua transmite unos contenidos determinados, sobre unos temas concretos.
Las lenguas especiales forman un subsistema donde el componente sociológico y el componente temático alternan su influencia. En los lenguajes técnicos-científicos, se da más importancia al componente temático, en los argots o jergas destaca el componente sociológico y en los lenguajes sectoriales muchos componentes tienen una influencia importante.
Tema 2.3. Variación diafásica Introducción Las lenguas muestran diferencias relacionadas con el tipo de comunicación deseada por el hablante en cada situación comunicativa concreta en que se encuentra: nadie habla del mismo modo cuando trata un tema profesional en el trabajo y cuando charla sobre temas habituales y cotidianos con los amigos o la familia. Este tipo de diferencias reciben el nombre de variedades diafásicas, entre la cual es suficiente establecer los puntos extremos de estas variedades: la variedad formal y a variedad informal o coloquial.
1. Los registros del habla Al hablar de variedades diafásicas, el término que se emplea es el de registros –o estilos(formal e informal –o coloquial-) de la misma forma que cuando nos referíamos a las variedades diastráticas, hablemos de niveles (culto, popular y vulgar). La diferencia básica entre las diastráticas y diafásicas es que éstas son variedades del habla concreta de cada hablante, mientras que aquellas constituyen variedades de la lengua de un grupo de hablantes que poseen un mismo tipo de formación cultural y que pertenecen normalmente, a un mismo nivel sociocultural –sociolectos-.
Los registros suponen, por tanto, una adecuación del habla al contexto comunicativo, en función de cuatro factores: campo (hace referencia al tema del que se habla), tenor funcional (depende de la intención, del propósito comunicativo del acto del habla: estético, explicativo, descriptivo, persuasivo…), tono impersonal (es la relación ente los interlocutores, hay que considerar aquí el grado de formalidad de cada acto comunicativo) y el modo (hace alusión al canal empleado en la comunicación tanto oral como escrito).
Cualquier hablante hace un uso personal de la lengua. El hablante elige el uso lingüístico que convenga a cada momento –es el registro o estilo que utilice-.Todos los hablantes tienen acceso a más de un registro o estilo lingüístico, la variación diafásica va desde posturas más coloquiales a más formales. Estos registros o estilos que son variedades según el uso, no existen al margen de un sociolecto –variedades diafásicas- particular. Cada sociolecto tiene su variación diafásica.
Dentro de los sociolectos existen subvariedades lingüísticas: los estilos que son las únicas variedades en verdad realizables. En cada actuación lingüística el hablante pone a funcionar un registro o estilo específico de su sociolecto.
El dominio de un mayor o menor número de registros depende de la competencia comunicativa, es decir, del conocimiento de las posibilidades de uso de la lengua en distintas situaciones de forma que no saber adaptarse a ellas revela una competencia comunicativa defectuosa. Se distingue un registro formal de uno coloquial o informal dependiendo del mayor o menor grado de formalidad que se manifiesta en la preocupación del emisor por la forma de su mensaje. El mayor o menor grado de planificación, relacionado con el hecho de que el discurso sea o no resultado de un plano previo, permite hablar de registros planificados y no planificados.
Entre un registro forma y planificado y un registro informal y no planificado pueden describirse muchos registros intermedios que dependen, de diversos factores relacionados con la situación comunicativa: el tipo de relación ente los participantes, la intención comunicativa, el tema, el código elegido –oral o escrito- también pueden mencionarse otros registros intermedios como el coloquial escrito y el formal oral: coloquial oral –coloquial escrito- formal oral y formal escrito.
1.1. Registro formal Básicamente, sus notas definitorias coinciden con las del nivel culto. Algunas situaciones comunicativas características de este registro son conferencias, entrevistas de trabajo, discursos… 1.2. Registro informal –o coloquialEn el registro coloquial, los cuatro factores que lo describen se ven así: campo (cotidianeidad: los temas son las corrientes de la vida cotidiana, no son temas especializados), modo (oralidad y espontaneidad (es decir, no planificación), tenor (acto interactivo: lo importante es la comunicación por la comunicación) y el tono (informal: existe un control mínimo por parte de los hablantes).
La principal manifestación está en los actos comunicativos escritos alejados de lo normativo, y determinado por la situación comunicativa en que se emplea y no necesariamente por el desconocimiento de la norma. Todos los hablantes emplean la lengua en un registro coloquial, en el que puede darse de vez en cuando vulgarismos originados por transgresiones de la norma. La norma es más flexible en el uso coloquial que en el formal, ciertos hechos lingüísticos son aceptables en el primer caso y considerados vulgares en el segundo (es lo que sucede con la pérdida de la –d- intervocálica en los participios en – ado).
Alguno de los rasgos más destacados del registro coloquial son: el código poco elaborado (escasa estructuración de los contenidos y frecuentes cambios de tema. Se rompe la construcción sintáctica bien por la rapidez bien por la interferencia de asociaciones de ideas “Sí, María, esa que le dijimos que no viniera”, “Pero no quiero hacerlo por eso, por cierto ¿qué le pasó a tu madre ayer? También se caracteriza por una pronunciación relajada (participios en –ao) o la gestualización ya que es importante la comunicación no verbal. El orden subjetivo es la expresión sintáctica es otro de los rasgos (“Manías, eso es lo que tienes, manías) oraciones suspendidas, repetición de enlaces, vacilaciones, preferencia por las estructuras simples, sin conectores.
Y también es característico las expresiones deícticas (pronombres y adverbios de lugar: “El libro ese es muy aburrido”): debido a la dependencia de la situación comunicativa.
Se dan los pleonasmos y redundancias (“Lo vi con mis propios ojos”, “lo escribo de puño letra”). Se produce impersonalización: por molestia o para generalizar (“uno piensa que…, “se dice que”).
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