Ensayo final (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Periodismo - 4º curso
Asignatura Comunicación y Estudios de Género
Año del apunte 2017
Páginas 3
Fecha de subida 13/06/2017
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Las “invisibles” en los Juegos Olímpicos de Río 2016 Este ensayo aborda el tema de la cobertura mediática machista de los Juegos Olímpicos de Río como ejemplo de desigualdad de género en el ámbito deportivo. El motivo de mi elección es la contradicción que supone que esta discriminación se dé en estos campos, ya que el deporte y el periodismo deberían desarrollarse en ámbitos democráticos y promover principios como la igualdad. Sin embargo, en algunas publicaciones y emisiones que hicieron los medios de las Olimpiadas, se observan estereotipos que sitúan a la mujer en una posición de inferioridad respecto al hombre y dificultan la igualdad efectiva entre ambos géneros.
El tratamiento de la información de los pasados Juegos de Río fue machista y se dejó llevar por el morbo, el sensacionalismo y la filosofía de atraer el máximo número de clics posibles. La publicación de una fotografía de Mireia Belmonte durante la competición en Marca con contenidos sexuales y ofensivos, la lista de “buenorras” que publicó El Mundo o el atribuir los éxitos de Carolina Martín, Katinka Hosszú y Katie Ledecky a sus entrenadores, tal y como hicieron comentaristas de la BBC, serían ejemplos de esto. Llegar a ser deportista de élite y competir en las Olimpiadas supone grandes sacrificios personales, constancia y una vida que gira en torno a su profesión (entrenos, hábitos, alimentación…). A pesar de ello, cuando las mujeres son las protagonistas de las noticias, parece que todo esto pasa desapercibido e, incluso, en ocasiones, ellas pasan desapercibidas y se atribuyen los méritos a figuras masculinas del entorno de las deportistas. ¿Una mujer no puede ser campeona por sí misma? Evidentemente sí. Las únicas responsables de sus victorias son ellas mismas. El problema radica en que el género femenino está infravalorado en la sociedad tanto por los deportistas hombres como por los medios de comunicación y gran parte del público que consume estas informaciones.
Este no es el único obstáculo con el que tienen que lidiar las mujeres deportistas.
Muchas veces, su presencia en los medios es mínima o nula. En general, los logros deportivos de las mujeres alcanzan una repercusión mucho menor que los de los hombres. La periodista Chantal Reyes realizó una investigación sobre la presencia de las deportistas en la prensa. De las 5.846 piezas analizadas, la mujer tan solo tenía presencia en 386, es decir, el 6,61% de las informaciones publicadas.1 El hecho de que las apariciones de las mujeres deportistas sean tan reducidas genera desigualdad 1 “La prensa deportiva está pensada por y para hombres". (2016). En Campusa. Noticias de la Universidad del Pais Vasco. Disponible en http://www.ehu.eus/es/preview-campusa//asset_publisher/1O7v/content/n_20160826-mujer-y-prensa-deportiva 1 tanto en los medios como en el ámbito deportivo. Se infravaloran e invisibilizan los méritos de las deportistas frente al éxito de los varones. La prensa debería fomentar una presencia más equilibrada entre mujeres y hombres, dar el mismo tratamiento informativo a deportistas o equipos femeninos y masculinos e impulsar la participación de las mujeres en deportes estereotipadamente masculinos y a la inversa. Sin embargo, tal y como ocurrió en los Juegos de Río, esto no ocurre y la discriminación de género continúa vigente.
Una de las mayores dificultades de las deportistas es separar su propia existencia y representación social de la vida privada (físico, edad, situación familiar….) de su papel como profesionales del deporte. Mientras a ellos se les convierte en protagonistas por su trayectoria y éxitos profesionales, ellas ocupan noticias por su ropa, su físico, su edad o su vida personal. Según “Aesthetics, athletics and the olympics”, un estudio de la Universidad de Cambridge, los medios de comunicación mostraron un trato preferente para los deportistas varones en los Juegos Olímpicos. Estos recibieron el triple de espacio o tiempo en la prensa y programas deportivos. Además, tras analizar 160 millones de palabras en medios, blogs y redes sociales, los investigadores llegaron a la conclusión de que las mujeres recibían calificativos denigrantes y machistas. Al mencionar a las deportistas, se incluye su estado civil, edad o características de su aspecto. Esto ocurre en la publicación de Marca Buzz sobre la saltadora de pértiga Allison Stokke, en la que únicamente se halaga el físico de la joven sin mencionar nada de su trayectoria profesional. Debería ser intolerable que los esfuerzos y la lucha diaria de estas mujeres por hacerse un hueco en el deporte a nivel profesional se reduzcan a este tipo de artículos, que no muestran ni un mínimo de reconocimiento hacia su trabajo.
Según el mismo estudio, las palabras más empleadas para referirse a ellas fueron “edad”, “embarazo”, “mayor”, “soltera” y “casada”. En cambio, el léxico más utilizado para hablar de los deportistas hombres fue “rápido”, “fantástico”, “real” y “grande”. Las publicaciones sobre las competiciones se refieren a los varones como “dominar”, “batallar” o “ganar”, mientras que para las mujeres utilizaron “competir”, “luchar” y “participar”.2 De este modo, se enaltece a los hombres y se minimiza o subestima a las mujeres y a su trabajo. Así que, de nuevo, esta investigación evidencia que el sexismo sigue protagonizando las competiciones deportivas.
2 “Aesthetics, athletics and the Olympics”. (2016). En Cambridge. Disponible en http://www.cambridge.org/about-us/news/aest/ 2 La cobertura mediática de las pasadas Olimpiadas se llevó a cabo bajo el paraguas del sexismo. En algunos casos, estuvo marcada por resaltar la apariencia física, para bien o para mal, de las deportistas y, en otros, se impuso la figura de un hombre a los logros de las atletas. El comportamiento y el lenguaje de los medios dejó mucho que desear y la perspectiva de género que se tomó fue machista y discriminatoria en toda regla. El periodismo debe fomentar valores como la igualdad y la libertad. Sin embargo, llevado a la práctica, está plagado de discriminación, como muestra el caso de los Juegos Olímpicos.
Los medios de comunicación son actores democratizadores y, por ello, deberían romper los lazos con cualquier desigualdad, en lugar de promoverlas. Es incuestionable la influencia del discurso de los medios en la conformación de la opinión pública. Así que, para que el público respete a las mujeres deportistas, estos deberán escribir y emitir sobre ellas desde el respeto hacia ellas y hacia su trabajo.
Por tanto, todavía están lejos de esa tolerancia y esa igualdad que tanto predican.
Deberán visibilizar el deporte femenino y a sus profesionales a través de sus logros y su profesión, dejando de lado aquellos aspectos irrelevantes para la trayectoria deportiva de las mujeres (situación sentimental, aspecto físico, indumentaria…), y frenar esas diferencias bajo unas coberturas igualitarias y realizando piezas que contengan el mismo léxico para referirse a los éxitos de los deportistas, tanto varones como mujeres. Lo que es inadmisible es que las trayectorias de las deportistas profesionales pasen sin pena ni gloria y a la sombra de sus compañeros varones.
En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, tendrán la oportunidad de corregir estos errores y dar una cobertura igualitaria y no discriminatoria, que valore los méritos de las mujeres atletas al igual que el de los hombres. Esperemos que no la desaprovechen.
Iria Salcedo Rodríguez – 1361728 Comunicación y Estudios de Género – Grupo 3 3 ...

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