10. La carne y el vicio de la lujuria (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Historia Medieval
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 25/10/2014
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Primer trimestre

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X. LA CARNE Y EL VICIO DE LA LUJURIA 1) Es mejor casarse que quemarse Enganchemos el tema del vivir cristiano que implica toda una serie de valores y decisiones: la opción centra de la pobreza de Francisco de Asís, un rechazo a los bienes de este mundo; y la opción de la castidad, también como ejemplo de renuncia, de la carne. La renuncia es un concepto central en el vivir cristiano. En esa Edad Media hay una distinción fundamental entre los que renuncian como los religiosos, a las tentaciones de los bienes y de la carne, y los que no. Los religiosos se conciben como los y las que se mantienen vírgenes e intactos, es decir puros. Es el mundo de aquellos que se alejan del mundo, renunciando a todo aquello relacionado con el sexo. Frente a esta categoría de cristianos hay todos aquellos que no renuncian a l carne, que se casan y procrean, definidos por la falta de virginidad. Esta distinción es básica y fundamental para entender nuestro cristianismo y se encuentra desde los orígenes del cristianismo, el cristianismo primitivo: en los apóstoles de san Pablo de Tarso que define que es bueno casarse y tener hijos si no eres capaz de renunciar a la carne. Aun así, aquel que renuncia a la carne y por tanto no se casa ni procrea, se encuentra por encima y es algo mejor, es decir, se da superioridad a la virginidad. Por tanto, un hombre como Pablo a la sexualidad un lugar muy concreto, el matrimonio cristiano. Expresa el término de sexualidad como hedone (sexualidad cristina), una sexualidad de los casados con finalidades procreativas. Los casados pueden reivindicar el hedone a su pareja como un derecho y el otro esta obligado a cumplir. El hedone es una sexualidad buena, en contra de la sexualidad negativa, la porneia, porque no ‘’posee su cuerpo con santidad y honor’’. Es decir, se considera hacer un mal uso de nuestro cuerpo. Hay cuatro casos de porneia, de sexualidad que se rechaza: la porhai y la hetaira (prostituta y cortesana), y el malakos y el arsenokoitis (relación sexual entre hombres). El malakos es el hombre que asume el rol pasivo, y el arsenokoitis el rol dominante, es el penetrador, en el acto sexual. Esta sexualidad no se incluye en lo que llamamos el vivir cristiano.
2) El deseo desordenado Ya desde san Pablo, el cristiano tiene una idea bastante pesimista de la sexualidad. Es algo que esta por debajo, es inferior, mientras que la virginidad y aquellos que se mantienen intactos son considerados superiores. Hay una discriminación en el sentido de que se vincula a algo inferior, a algo que no es lo mejor. Esta visión pesimista se refuerza con la contribución de san Agustín de Hipona. San Agustín vinculara la sexualidad a la tara la concupiscencia con el que Dios nos castigo por el pecado original. Si no hubiéramos hecho el pecado original, el sexo sería como mover un dedo, sin ningún tipo de placer.
La obra carnal por tanto, representa la desobediencia de nuestro cuerpo, porque en la obra carnal la mente pierde el control del cuerpo, y este no obedece. El deseo desordenado es un castigo que Dios les impuso a Adan y Eva, pero según san Agustín podemos hacer un buen uso de la pena. El mal no se puede eliminar pero podemos hacer un buen uso haciendo la obra carnal con la finalidad única de procrear. El buen cristiano debe casarse y tener hijos, y todo otro contexto en el que se lleve a cabo la obra carnal esta totalmente penalizada y se considera un vicio, la lujuria. El franciscano catalán, Francesc Eiximenis, define la lujuria como cualquier desorden canal y delite deshonesto de la carne. La lujuria es un vicio capital, y un pecado mortal.
3) La obra carnal El sexo es un componente biológico y la sexualidad es nuestra manera de usar el sexo, por tanto es una construcción y un hecho totalmente cultural. Pero debemos diferenciar esta concepción nuestra con la que tenían los cristianos de la Edad Media de la sexualidad. Para ellos, la sexualidad debe darse siempre entre hombre y mujer. Ésta última era considerada un ser débil, frio y pasivo, mientras que el hombre era fuerte, cálido y activo. Por el mero hecho de ser así, la mujer era considerada inferior al hombre, que se situaba por encima. La relación sexual pone en conexión los dos géneros que son diferentes por naturaleza propia, y cada uno de los géneros tiene un rol asignado muy distinto al otro. Estos roles también se dan en la relación sexual, es decir, en el acto sexual el hombre y la mujer desarrollan actividades distintas. Es el hombre que le hace algo a la mujer: el hombre activo penetra y la mujer pasiva es penetrada. La expresión ‘‘hacer el amor’’ refleja, todavía hoy en día, esta concepción de que la sexualidad es hacer algo a alguien, no una colaboración.
Los dos roles no se pueden cuestionar y cada uno debe adoptar su rol totalmente, donde el punto de partida es la concepción medieval de los géneros masculino y femenino.
Esta concepción es común a toda la sociedad medieval y todo lo que va en contra de esta sexualidad, es negativa.
4) Las especies de la lujuria La pregunta esencial que se formulara constantemente en la moral clerical es ¿cómo mantener relaciones sexuales sin pecar? Hay que enseñar la doctrina cristiana en este aspecto y debe estar muy bien definido, porque puede conllevar un pecado mortal.
Debemos definir lo que está permitido, la sexualidad prohibida y la tolerada. Se realizó un gran esfuerzo en dejarlo definido. La regla general de la obra carnal permitida es que se realice dentro del matrimonio y que se haga con la finalidad de tener pequeños cristianos, una sexualidad en el matrimonio y procreativa. Aún así, la sexualidad permitida tiene muchas restricciones: no se puede hacer en lugares sagrados, hay toda una serie de tiempos donde no puede tener lugar la obra carnal (los tiempos de la Iglesia como la Pascua, los domingos, etc. y los tiempos de la mujer como el embarazo, el postparto y la menstruación). También hay restricciones en los placeres innecesarios, la obra carnal debería ser la erección, la penetración y la eyaculación, aquello necesario para tener hijos. Deben evitarse lo que llaman ‘deseos desmesurados’, ‘fantasías depravadas, ‘caricias’, etc.
La sexualidad prohibida se define a partir de la permitida, como la sexualidad no marital y no procreativa (ellos lo llaman ‘toda eyaculación que no se da en el recipiente adecuado’). Dentro de la norma general se introduce toda una serie de variantes de sexualidad prohibida llamadas ‘las especies de la lujuria’ por Tomás de Aquino (en la Suma de teología, Tratado de la templanza, tratado de la lujuria). Divide la lujuria entre los pecados contra la natura y los crímenes sexuales. Dentro de los crímenes sexuales introduce la fornicación (sexo entre solteros), el adulterio, el estupro (la violación), el rapto, y el incesto. Tomás de Aquino explica y define cada uno de estos crímenes sexuales, que todos tienen en común que la procreación es posible (el recipiente adecuado esta a nuestra disposición) y que diferencia los crímenes sexuales del pecado contra la natura. Estos se oponen al orden natural del acto sexual apropiado a la especia humana, es decir, la procreación no es posible. Tomás de Aquino los divide en 4: - si se procura la polución sin coito carnal, por puro placer, lo cual constituye el pecado de inmundicia, al que se suele llamarse molicie (la masturbación) - si se realiza el coito con una cosa de distinta especie, lo cual se llama bestialidad (zoofilia) - con el sexo no debido, sea varón con varón o mujer con mujer… y se llama vicio sodomítico (homosexualidad) - cuando no se observa el modo natural de realizar el coito, sea porque se hace con un instrumento no debido o porque se emplean estas formas bestiales y monstruosas antinaturales (recurrir a un instrumento o hacer uso de posturas que no fuera la postura del misionero).
El saber común coincidía en que la única forma de procrear era la postura del misionero, donde el hombre se sitúa encima de la mujer, y se consideraban que todas las otras posturas eran negativas y estaban prohibidas porque no respondían a la finalidad de la procreación. Tomás de Aquino es un saber compartido por todos aquellos que promueven la moral clerical. Por último cabe destacar otro tipo de sexualidad, la prostitución que estaba tolerada y considerada como un mal menor.
5) Vivir con el mal Es muy importante instruir pedagógicamente como vivir con la tentación de la lujuria.
Elaboran tácticas practicas y las enseñan en los sermones. Allí se explican las cantidades de cosas que inclinan el corazón a la lujuria, siempre en lengua vernácula.
Por ejemplo, Frances Eiximenis en su Lo llibre de les dones (s. XV) explica las cosas que inclinan a la lujuria, como la mal vigilancia del corazón o la mala vigilancia de los cinco sentidos corporales (vista, oída, tacto, olfato, gusto) que consideran como ventanitas por donde entra la lujuria (el deshonesto oír, el deshonesto mirar, etc.). Para administrar la lujuria hay que saber de las cosas que inclinan el corazón a ella como evitar cualquier situación donde puedes tener la opción de pecar, porque somos débiles ante las tentaciones. Rezar mucho a Dios, así ocupamos la mente. Los cuidados (pintarse, peinarse, etc.) deben evitarse porque los que se cuidan son mucho más propensos. La ociosidad también tiende a la lujuria; la carne ociosa es carne lujuriosa (es demasiado cuidada). Los ociosos, vistos desde la moral clerical, llevan al pecado.
Hay por tanto, dos concepciones del ocio: la del amor cortés, donde es una virtud, y la moral clerical, que conlleva al pecado.
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