13. Los retos de la economía del lucro (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Historia Medieval
Año del apunte 2014
Páginas 5
Fecha de subida 25/10/2014
Descargas 7
Subido por

Descripción

primer trimestre

Vista previa del texto

XIII. LOS RETOS DE LA ECONOMIA DEL LUCRO 1) El amor al dinero Relación con la urbanización y el sistema económico nuevo que conlleva. En las ciudades encontramos ‘el hombre de la bolsa’, un hombre de negocios (mercader, comerciante, banqueros…). Dedica su vida a buscar la riqueza a través de una economía de comprar y vender, con la finalidad del lucro. Es una economía de hacer beneficio, y se puede observar como el origen de nuestro capitalismo.
Es una riqueza particular, una nueva idea de la riqueza. La forma material es el dinero, es decir, las monedas, que ahora configuran la riqueza. No consiste como en el religioso tener muchos pobres o como el caballero muchos súbitos y amigos. Es una riqueza impersonal, es un objeto, tener muchas monedas. El dinero además es contable, dentro de un nuevo mundo de la cuantificación. Esta riqueza también tiene una forma nueva de uso. El hombre de negocios adquiere su riqueza a través de la pacifica actividad del comercio. Se gana dinero y parte de ese dinero se vuelve a invertir, es un ciclo constante para conseguir ese lucro. Nace así, una nueva concepción de riqueza.
El hombre de la bolsa busca siempre la riqueza como último fin. Sin el lucro no hay este capitalismo que utiliza el comprar y vender como camino para el fin final de la riqueza. Así, vemos que el hombre de negocios tiene un amor profundo por el dinero.
Le impulsa obsesivamente a ganar cada vez más. A ese amor por el dinero también le corresponde una moral particular. Es una moral adaptada al negocio. Las virtudes y vicios del hombre de la bolsa siempre van relacionados con el comercio. La búsqueda del lucro como una virtud. También el hombre de la bolsa debe ser interesado, egoísta, porque lo importante es el beneficio propio, y ser desconfiado y competitivo con el compañero, el otro hombre de la bolsa, su competidor, del que siempre debe desconfiar.
La discreción es otra virtud. Una serie de virtudes del buen hombre de la bolsa, siempre adaptada a la nueva economía.
2) Raramente o nunca puede complacer a Dios Un hombre así, no encajará en ese mundo tradicional. Se produce un choque de economías porque el hombre de la bolsa propone una economía del ‘tener dinero’ que choca frontalmente con las economías del ‘dar’ (del don). El don se relaciona con el valor de la liberialidad, la economía de caballeros y monjes de dar siempre. Choca porque el hombre de la bolsa interpreta el acto de dar como un despilfarro. El mundo es una cadena de dar, y empieza con Dios porque todo lo que tenemos es don de Dios. El mundo era concebido como un dar constante, lo que debemos hacer es dar a todos todo lo que tenemos. La economía del hombre de la bolsa no encaja es el mundo tradicional.
Así, podemos hablar de un choque de culturas. Un choque que a su vez tiene dos aspectos: el deprecio y la condena. El mundo tradicional reacciona con desprecio frente a los burgueses y condenan todo el mundo del ‘hombre de la bolsa’: condena la ciudad, el dinero, el comercio, y a los hombres de los negocios. Así, se reacciona ante la ciudad con hostilidad y se enseña que el fundador de la primera ciudad es Cain, por tanto la ciudad es elemento creado por los enemigos de Dios. Se concibe como un elemento artificial, algo no creado por Dios, sino por los seres humanos.
La ciudad vista como un lugar vicioso, donde vive ‘gente rara’ de aspecto y comportamiento. La ciudad es vista como un lugar depravado y así se comportan sus habitantes, de forma sospechosa. Hay una condena de la ciudad y del dinero. El dinero concebido como algo monstruoso y repugnante: en los capiteles románicos vemos monstruos vomitando y defecando dinero. Asimilan, por ejemplo, el dinero a la serpiente, con todo lo simbólico que conlleva. Se condena ‘el amor al dinero’ propio del hombre de la bolsa y que se asimile a los vicios de la codicia y la avaricia.
Curiosamente, a partir del siglo XI, la avaricia remplaza en primer lugar a la soberbia.
La avaricia se convierte en el principal pecado mortal, hecho que refleja el impacto de esta economía del dinero. El avaro se define como aquel individuo que interrumpe la cadena del ‘don’ porque retiene los bienes para uno propio. Todo lo que guía al hombre de la bolsa queda calificado como un vicio capital y mortal. Es condenado por vivir en ciudades, por amar al dinero, por su ocio, etc., es decir, es condenado por ser lo que es.
- Papa León: es difícil no pecar cuando se hace profesión de comprar y vender.
- Decreto de Graciano: un mercader raramente o nunca puede complacer a Dios.
(Siglo XII: derecho canónico, código de leyes de la Iglesia. Este es el primero de los códigos medievales, redactado en Bolonia) 3) Del mundo es grand rebulbedor De lo que se esta cuestionando (dos frases anteriores como ejemplo) es sí el ‘hombre de la bolsa’ puede conseguir la salvación. Hay un gran pesimismo para aquel que ama el dinero. Hay una formidable crisis espiritual, porque ‘el hombre de la bolsa’ no deja de ser un hombre que quiere vivir cristianamente y salvarse, pero no se le permite. Así, hay una crisis profunda de la sociedad por la incapacidad de la sociedad tradicional a afrontar la urbanización y sus implicaciones, no son capaces de asimilarlo.
Y la respuesta a esa incapacidad es la propuesta de abandono de las ciudades y dirigirse al desierto (metafóricamente), para ser un buen cristiano. Esta propuesta explica movimientos como los de los monjes de la orden del cister (se difunde el ideal del huir del mundo al desierto, lejos de la ciudad). No se afronta el reto que suponen las nuevas ciudades y el mundo que conllevan. La solución de huida que propone la sociedad tradicional, no es una repuesta que solucione nada. La crisis espiritual por tanto responde a la importancia ante el reto real que supone la urbanización. La crisis espiritual por tanto responde a la impotencia ante el reto real que supone la urbanización. La sociedad tradicional vive unos cambios que le afectan directamente con la aparición de un particular y poderoso caballero, el dinero. (Ejemplo del Poema ‘Ejemplo de propiedad que el dinero tiene’, Juan Ruíz, arcipreste de Hita, circa 1350).
El caballero dinero tiene unos rasgos muy particulares:  Es un caballero que tiene muchísimo poder, no hablamos sólo de bienes y riquezas sino poderes que van mucho más allá. La idea de que el dinero es una cosa que manda, pero manda más que otros poderes: el dinero todo lo mueve. Hay un interés codificado que se sitúa por encima del interés personal, que degrada las relaciones personales.
 El dinero es algo que todo lo revuelve, es capaz de invertirlo todo. Por ejemplo, es capaz de invertir las jerarquías. Además, desordena nuestro mundo, es capaz de convertir la mentira en verdad y viceversa. Tiene también la capacidad de corromper, con el dinero puede comprar el Paraíso y la salvación.
Todo esto, hace del dinero un problema muy gordo del que no saben dar respuesta, e intentan enfrentarse pero realmente, todavía hoy en día, están presentes. En la Edad Media, encontramos intentos de dar respuesta al problema que supone.
4) También los ricos se salvan Tenemos un mundo medieval latino en plena crisis espiritual que para superarla es necesario un cambio de actitud y de respuestas para asimilar los cambios producidos por la urbanización. En este cambio la actitud tiene un papel definitivo las órdenes religiosas mendicantes, que viven de forma radical la pobreza (paradojamente).
Estas ordenes mendicantes proporcionan los maestros y los predicadores que anunciaran este cambio de actitud. Estas ordenes son las que buscan el ámbito de la ciudad y sus problemas (vocación urbana). Son ellos que impulsan un cambio de actitud. Tienen tres objetivos: que se puede vivir en la ciudad, dedicándose a los negocios, ganar dinero y poder ser cristiano, al mismo tiempo, salvarme. Logran sus objetivos revalorizando la ciudad, dándole un valor cristiano. Creando una nueva piedad de la ciudad y justificando la actividad de estos hombres de la bolsa, actividades urbanas del negocio.
La revalorización de la ciudad superando la concepción negativa se hace a partir de la cristianización de la ciudad, asociándola a la virtud cristiana. Crean una piedad urbana específicamente, una forma de ser cristiano propia de la ciudad. Hay tres aspectos fundamentales: En primer lugar, se crea una caridad únicamente urbana, con los pobres y con los hermanos que se ven financiados gracias a las ciudades. Esto supone una expansión de las ordenes mendicantes y la construcción de conventos dominicanos y franciscanos para que se instalen al lado de las ciudades, vinculados al as cofradías. La forma de vivir cristiano es a partir de la caridad con los mendicantes y, sobretodo, con los pobres. Es decir, usaran su riqueza para vivir cristianamente. También nace una devoción específicamente urbana con la invención de fiestas urbanas como manifestación de la piedad cristiana, el corpus crisi (circa 1300). El tercer aspecto, es la justificación de los negocios por los hermanos mendicantes instalados en las universidades. En ellas encontramos doctores, motivo por el cual se pueden enfrentar a la larga labor de reflexión sobre aspectos esenciales de la economía del comprar y el vender, basada en el interés, el precio, el dinero, etc. Con estas reflexiones sobre las distintas cuestiones que plantea la nueva economía se intenta lograr una justificación del sistema económico del beneficio propio e individual. Los argumentos básicos de esta justificación es, por ejemplo en Tomás de Aquino, el bien común y los pobres que se recurre para crear una buena concepción de los beneficios común, convirtiendo el ‘hombre de la bolsa’ en cristiano. Los beneficios son positivos si no se olvidan a los pobres, es decir, si se da parte del beneficio a los pobres, y se tiene en cuenta el bien común. El lucro se considera remuneración del trabajo que no debe tener como fin último el beneficio, sino un lucro para compartir. De esta forma, se acaba cristianizando la actividad de los negocios y el mismo beneficio que esta comporta.
Por estas tres vías lo que se logra es una aceptación de las ciudades y una integración del hombre del negocio en la sociedad tradicional. En este caso se domestica el ‘amor al dinero’, que ya no es un amor al dinero por el dinero, sino para los pobres y el bien común. El fin no puede ser nunca la misma riqueza. Aún así, esta integración en la sociedad cristiana nunca fue completa, porque las justificaciones no son absolutas.
Además, la riqueza siempre ha sido sospechosa y moralmente ambigua. Es muy propio del mundo cristiano, todavía hoy, pensar mal de aquel que es rico y sospechar de la salvación de estos – destacar el pasaje en que Dios hecha a patadas al os mercaderes de su templo, de su casa.
...