Comentario Poema Siglo de Oro (2013)

Ejercicio Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 1º curso
Asignatura Literatura Española
Año del apunte 2013
Páginas 9
Fecha de subida 22/05/2014
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Descripción

Trabajo de seminario de Literatura española: comentario de texto de un poema del siglo de oro. Profesora titular: María Morrás, Profesora de seminario: Begoña Capllonch.

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Maldito seas, Amor, perpetuamente Soneto XXXI de Francisco de Figueroa Mari Tere Keishé Wiboo Begoña Capllonch Bujosa Año 2013 Facultad de Humanidades Índice Soneto XXXI……………………………………………………………..2 Comentario sobre el soneto XXXI de Francisco de Figueroa………..….3 Anexos…………………………………………………………………..7 Bibliografía…………………………………………….…………………8 -1- XXXI1 Maldito seas, Amor, perpetuamente, tu nombre, tu saeta, venda y fuego: tu nombre, que con tal desasosiego me fuerza a andar perdido entre la gente; tu flecha, que me hizo así obediente de aquella falsa, de quien ya reniego; tu venda, con que me hiciste ciego y así juzgué por ángel la serpiente; y el fuego sea maldito, cuya llama no toca al cuerdo, que es muy gran locura, y al necio sólo su crueldad consiente.
Y así el cuitado espíritu que ama dirá, tu rostro viendo o tu figura: «Maldito seas, Amor, perpetuamente.» 1 “Maldito seas, Amor, perpetuamente” [Soneto XXXI], de Francisco de Figueroa, en Obras (1625), en Figueroa, Francisco de, Poesía, ed. de Mercedes López Suárez, Madrid, Cátedra, 1989, p. 142.
-2- Comentario sobre el soneto XXXI de Francisco de Figueroa Para entender el soneto XXXI de Francisco de Figueroa primero debemos adentrarnos en el corpus poético de su obra que, a pesar de tener cierta influencia petrarquista, no sigue el modelo del Canzionere, sobre todo, dada la falta de intención editora por parte del autor. No obstante, la obra poética de Figueroa se puede organizar en diferentes grupos temáticos relacionados entre sí por el hilo conductor que conforma el ciclo amoroso que vive la voz poética, que comienza con la alabanza de la amada y va avanzando gradualmente por diferentes etapas: correspondencia amorosa, rechazo, ausencia de la amada, traición, firmeza amorosa, y finalmente el desengaño que conlleva a la decisión de abandonar el yugo amoroso.2 Dado que el soneto del que tratamos3 pertenece al núcleo temático del desdén o rechazo amoroso, observamos que el poeta lanza una imprecación contra Amor que va en crescendo a medida que avanza el soneto. En este sentido podemos dividir la composición en tres partes. En la primera de ellas, formada por los dos primeros versos, el yo poético lanza una maldición directamente a Amor, enumerando a continuación algunas de las naturalezas que le son propias a las que también denigra: “tu nombre, tu saeta, venda y fuego” (v.2). Como vemos, dicha enumeración se organiza jerárquicamente desde el accidente más ajeno al yo lirico al más interno, es decir, desde “tu nombre”, perteneciente únicamente a esa segunda persona a la que se dirige el poema, hasta “fuego”, provocado por esa segunda persona, pero padecido por la voz poética. Cabe resaltar que estas naturalezas contienen un fuerte significado simbólico: “tu nombre” hace referencia la esencia máxima del amor puesto que el nombre presupone la individualización de la identidad, sobre todo cuando, tal y como vemos reflejado en el poema y fruto de la tradición petrarquista, se usa como nombre propio “Amor” (v.1)4; la saeta se trata de una imagen confeccionada a partir de la figura clásica de Cupido y a pesar de que ya en la Edad Media se usaba de manera alegórica, es con Petrarca con quien la imagen alcanza su sentido más perfilado, concebida como una flecha propagadora de la pasión que traspasa el corazón del enamorado y deja en él una herida 2 F. Figueroa, 1998, pp.62-92.
Soneto endecasílabo, cuya rima es consonante y sigue la estructura: ABBA ABBA CDE CDE.
4 “Amor piengava, et io con lui talvolta”, F. Petratca, 1989, p. 190.
3 -3- estrecha, profunda e incurable 5; la venda es un accidente indicativo de la ceguera entendida como el ofuscamiento del enamorado que, turbado por sus sentimientos, no es capaz de concebir la realidad de manera razonable; y el fuego, la representación metafórica por antonomasia de la pasión amorosa.
En la segunda parte de la composición, Figueroa se dispone a dar cuentas del motivo por el que se blasfema de tal manera deteniéndose, con ese fin, en cada una de las naturalezas que había condenado anteriormente e introduciendo en cada aclaración un encabalgamiento para resaltar algún detalle importante. Así, en los versos 3 y 4 dice: “tu nombre, que con tal desasosiego / me fuerza a andar perdido entre la gente” aludiendo a la ansiedad que le provoca el recuerdo incesante de la amada con todo lo que ello conlleva, y en consecuencia de esta, anda deambulando por allá a donde va, extraviado en sus pensamientos amorosos y sin prestar atención a lo que sucede en derredor. Siguen los versos 5 y 6: “tu flecha, que me hizo así obediente / de aquella falsa, de quien ya reniego” culpando a esa saeta por penetrar en su corazón y hechizarle de tal manera que durante el período más fervoroso de su enamoramiento tan solo se cuidaba de satisfacer la voluntad de la doncella amada, pero ahora que le ha rechazado, se ha dado cuenta de que todo su amor se fundamentaba sobre una farsa, y es por ello que reniega de la mujer a la que amó. En los versos 7 y 8 continua: “tu venda, con que me hiciste ciego / y así juzgué por ángel la serpiente” haciendo referencia a la venda, tal y como ya se ha mencionado anteriormente, como símbolo de la ofuscación que impide distinguir la realidad. El autor sigue la figura metafórica con un juego de palabras muy sutil en el que el yo poético admite haber equiparado erróneamente a la amada con un ángel, criatura divina de gran pureza tomada por los stilnovistas para definir la perfección espiritual de la doncella 6, cuando en realidad se la debe comparar con la serpiente, que más allá de referirse a un animal tortuoso que posee una mordedura venenosa, debe entenderse de la misma manera que la serpiente que aparece en el pecado original, es decir, como el diablo que se esconde bajo esa apariencia. De modo que el poeta introduce ingeniosamente una antítesis entre lo divino y lo diabólico en el verso 8. Seguidamente, la última parte de esta enumeración, formada por el primer terceto, injuria: “y el fuego 5 6 “et l'arco, et le saette ond'i’ fui punto, / et le piaghe che 'nfin al cor mi vanno”, F. Petrarca, 1989, p.288.
“Tenne d’angel sembianza”, Guido Guinizelli, Al cor gentil rempaira sempre amore, v.58.
-4- sea maldito, cuya llama / no toca al cuerdo, que es muy gran locura, / y al necio sólo su crueldad consiente” acusando a la llama de la pasión de exaltar el ánimo del enamorado abusivamente y de privarlo del uso de la razón. Lamentándose, por otra parte, de que el ardor amoroso solo afecte a los ignorantes e insensatos, entre los que se incluye el yo poético, y no a los hombres prudentes, que tienen la capacidad alejarse de este infortunio.
Con esto, el poeta permite leer entre líneas cierto arrepentimiento por no haber razonado previamente. En cuanto a recursos literarios, dentro de este fragmento (v.10) el poeta introduce un hipérbaton posponiendo el complemento del nombre al sintagma verbal.
Finalmente, en la última parte formada por el segundo terceto, se expresa la consecuencia que se espera que cause esta maldición: “Y así el cuitado espíritu que ama / dirá, tu rostro viendo o tu figura: / «Maldito seas, Amor, perpetuamente»” terminando la composición con el mismo verso con el que comenzó pero con connotación de futuro para enfatizar la perpetuidad de la maldición que se ha desarrollado a lo largo del poema. Con estos tres versos entendemos que Figueroa ha ido más allá de un simple agravio contra amor y lo que muestra al lector es una declaración de intenciones por parte del yo poético que, afligido por sus quehaceres amorosos, pretende convencerse a sí mismo de lo pernicioso que es el amor, y así cuando vuelva a ver a la amada o vuelva a sentir la llama de la pasión, vuelva a calumniar en su contra recordando todo el daño que le ha causado. Por lo tanto, la intención final de este poema es maldecir el Amor para reafirmar cierto rencor hacia él para que, cuando aparezca de nuevo, en la posteridad, reviva la animadversión y se le condene de nuevo.
Cabe destacar que, para concebir el poema, Figueroa reutiliza la misma rima, construcción sintáctica y disposición de los accidentes que en el soneto VI, perteneciente a la etapa de correspondencia amorosa, pero invirtiendo su sentido mediante terminología contraria, por ejemplo: bendito (s.VI) – maldito; o con prefijos de negación, p. ej: sosiego (s.VI) – desasosiego. Si enmarcamos este hecho dentro de la obra completa del autor, el soneto XXXI adquiere un matiz mucho más dramático puesto que el lector, que ha conocido a priori la dicha que ha supuesto para la voz poética el Amor junto con todos los elementos que le son propios, ahora es capaz de empatizar con ella dado que ha sido -5- testigo de como esos mismos elementos se han tornado en su contra y han cambiado el gozo y el deleite que le proporcionaban por un fuerte sufrimiento.
-6- Anexos VI 7 Bendito seas, Amor, perpetuamente, tu nombre, tu saeta, venda y fuego; tu nombre, por quien vivo en tal sosiego amado y conocido de la gente; tu flecha, que me hizo así obediente de aquella, por quien todo el mundo niego; tu venda, con que me hiciste ciego, porque mirase más perfectamente, y el fuego sea bendito, cuya llama no toca al cuerpo, que es sutil y pura, y el alma sola de su gloria siente.
Y así el dichoso espíritu que ama dirá, tu rostro viendo y tu figura: «Bendito seas, Amor, perpetuamente.» 7 “Bendito seas, Amor, perpetuamente” [Soneto VI], de Francisco de Figueroa, en Obras (1625), en Figueroa, Francisco de, Poesía, ed. de Mercedes López Suárez, Madrid, Cátedra, 1989, p. 123.
-7- Bibliografía Figueroa, Francisco de, Poesía, Mercedes López Suárez (ed.), Cátedra, Madrid, 1989.
Petrarca, Francesco, Cancionero I, Jacobo Cortines (ed.), Javier Franco y Neus Gali (trad.), Cátedra, Madrid, 1989.
Guinizelli, Guido, Rime, en <http://www.letteraturaitaliana.net> (20/05/2013).
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