4. La espada rota en el mito percevaliano (III) (2016)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 4º curso
Asignatura Literatura Comparada
Año del apunte 2016
Páginas 6
Fecha de subida 05/04/2016
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Primera part de la classe de dimarts 1/03

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4. LA ESPADA ROTA EN EL MITO PERCEVALIANO (III) Indudablemente, Wolfram es un lector de Chrétien de Troyes, y el Parzival lo podemos entender desde el punto de vista de la reflexión. Wolfram se encontró con momentos en el cuento del Grial que no entendía. Toda la escritura medieval se entiende fundamentalmente como una exégesis, como un comentario. Por eso, autores del s.
XIII entienden la escritura medieval como reescritura: todo es un comentario de un comentario. Esta idea surge de concebir la Biblia como el gran texto, el gran libro que debe ser comentado. La idea del comentario yuxtapone la idea de la aclaración, de visión del texto como algo cerrado. Un poeta habla de su poesía como un cofre que debe ser abierto. Hay una noción muy clara de que todo texto esconde un significado. Esta es la idea presente en toda la escritura medieval y se fue transmitiendo desde la Biblia a otros textos, también dignos de ser comentados.
El de Chrétien de Troyes es un texto que necesita ser abierto, y en esa apertura es donde nace el comentario, la glosa, y con ella naturalmente aparece la amplificación. Son conceptos que están todos ellos relacionados, comentar implica glosar, y esto ampliar. El cuento del Grial se caracteriza porque sobretodo está incompleto. Chrétien lo deja como una obra abierta, y esta necesidad de continuar la obra es uno de los rasgos característicos que constituyen la poética del Grial. No se trata de terminar lo de Chrétien interrumpe, sino también de construir un principio, la historia de antes.
Ese es el principio cíclico de la obra medieval, que implica empezar y terminar, y en ese sentido las obras de Chrétien son una excepción, ya que aparece siempre in media res, sin contarnos lo que podríamos entender como el origen.
Cuando Lancelot va a atravesar el puente de la espada, ve que hay dos leones que tienen un aspecto fantasmagórico. Es una alusión a las infancias del héroe. El Lancelot en prosa empieza por la dama del lago, por las enfances. En el epílogo dice que Chrétien no explicó bien la historia del Grial por los vacíos, porque no hay principio ni final pero, además, Chretién ha dejado vacíos, que es lo que a él le gusta, lugares de indeterminación. En eso reside la ambigüedad de Chrétien, un rasgo característico de su estilo narrativo. Nunca llega a determinar lo que son las cosas. Esto choca con las ideas de otros autores medievales, como Wolfram, que tendrá que inventarse otra fuente, como Kyot el provenzal, siempre buscado sin ser nunca encontrado. Wolfram lleva a cabo el tópico de la literatura medieval que consiste en citar un inexistente. El escritor siempre se encuentra profundamente presionado por la idea de la reescritura. Es la explicación más comúnmente aceptada entendiendo a Kyot como una invención. Cervantes hará una broma sobre un autor inexistente, Cide 1 Hamete. Wolfram nos habla de Kyot como el autor a quien debemos atribuir todos los cambios y pasajes que no están en Chrétien y pertenecen a la reescritura del autor. Los autores se nombran, pero al mismo tiempo existe la idea de que “toda la obra no depende de mí”, es como un exceso de responsabilidad. Wolfram, además construye toda una bonita historia sobre el encuentro del original perdido, de Flegetanis, el auténtico autor que habría traducido Kyot. Flegetanis habría leído el libro en las estrellas: adquiere un carácter completamente cósmico. La autoría se va retrasando, se va alejando de la que conocemos.
F. Ohly. Se fijó en que Wolfram estaba citando un salmo: “no conoció letra”. Idea de los salmos según el cual el espíritu vivifica y la letra mata. En realidad Wolfram reclama una obra inspirada por el espíritu, una obra revelada que no tiene que ver con la palabra escrita. Hildegard von Bingen dice que ella es una mujer iletrada, que no sabe, está este carácter de ignota para decir que su sabiduría no nace de lo escrito, sino de la revelación de Dios. En realidad, estamos antes dos testimonios, el de Wolfram y el de von Bingen, que era cultísima y leía muy bien. No se trata de una lectura literal, sino que nos impelen a una lectura que ponga en relación las citas. Intertextualidad: los trovadores se citan unos a otros, recuperando figuras, motivos y temas. La literatura trovadoresca aparece como un gigantesco debate.
Wolfram, lector de Chrétien, con la necesidad de hacer una reescritura que ve como necesaria, ya que las cosas han quedado muy ambiguas, lleva a cabo toda una labor exegética. Wolfram empieza con el padre del héroe Gahmuret. La mete como una alusión, como relato de la madre, como un relato retrospectivo. Wolfram aparece justamente por la historia del padre. Conoce a Belakane, una pagana, y la deja embarazada de un hijo, Feirefiz, retorna y se casa con Herzeloyde (“dolor del corazón”).
Gahmuret muere, pero de esta segunda nace Parsifal. Tenemos a dos hermanastros hijos del mismo padre.
Wolfram va siguiendo punto por punto la historia de Chrétien, eso sí, ampliándola. Por tanto, tenemos toda la primera parte dedicada a Parsifal, que podemos entender como el prólogo. Seguimos con lo mismo, el encuentro con los cinco caballeros, y Parsifal encuentra a Cundwiramur, con la quien se casa pero deja para continuar su aventura. Llegamos al combate con el orgulloso de la lanza, las gotas de sangre, el encuentro con la prima, la llegada a la corte del rey Arturo, la aparición de la mensajera, la doncella fea (Kundry), y el abandono de Parsifal para hablar de las aventuras de Gauvain, y el retorno a Parsifal con la escena del ermitaño. Aquí acaba la parte de Chrétien, y Wolfram lo continúa hasta el final.
2 En el libro decimoquinto es donde asistimos a un combate entre Parsifal y Feirefiz, un combate de dos hermanastros que no se conocen porque las armaduras tapan su rostro (la armadura constituye una máscara, sobre todo en la literatura artúrica del s.
XIII, el yelmo en forma de tonel). Este es un motivo típico. Son combates donde nunca se sabe quién va a perder, ya que los dos son muy iguales: recuerda al combate gemelar, o al menos a iguales en valor y en manejo de armas. Es aquí donde encontramos la reelaboración del tema de la espada rota, donde no podemos pensar otra cosa sino que realmente es aquella espada de la que nos hablaba Chrétien, de la espada que recibe Perceval en el castillo del Grial y que un buen día se romperá y solamente la podrá soldar el herrero. Este resoldar la espada o bien por parte del herrero o bien del héroe, de eso se ocupaban todas las continuaciones.
Es bonito como migra el motivo de la espada hasta el capítulo decimoquinto. Es un relato de la continuación. En la pág. 346, “ahí se encontrarían en singular duelo…”. A Wolfram le interesa mucho siempre como pueden convivir los contrarios, es una pasión de Wolfram y de Chrétien de Troyes en el combate entre Yvain y Gauvain ya lleva a cabo una digresión de como conviven en la misma casa el amor y el odio. En realidad, Wolfram recoge la misma idea: “tan mansos como los corderos y tan fieros como los leones”, ambos conviven en el interior de los caballeros. Se interesa no por el individuo, sino por la interioridad de este, llega casi a novel psicológica.
En la Queste, reescritura griálica, con toda claridad se pone de manifiesto que el amor (a la mujer) y el Grial son cosas completamente inconciliables. Todos los caballeros que marchan a la Queste deben ser castos, el héroe es Galaad, hijo de Lancelot, que jamás podrá ver el Grial justamente por el pecado de lujuria con la reina. En cambio, la gran novedad de la obra de W consiste en entender el amor a la mujer como algo totalmente conciliable con el Grial. De hecho, Parsifal pregunta al ermitaño “no sé qué hacer, si ir a buscar a mi esposa o buscar el Grial”. Plantea dos questes como una cuestión dilemática, y es el ermitaño que le dice que, en realidad, es la misma cuestión. Eso quedará como algo nuevo hasta Dante, que elabora la búsqueda de la mujer como un camino hacia Dios.
“Sus corazones estaban alegres pero se acercaba la tristeza”, hay oxímoron, relaciones de contrarios.
Oposición paganismo-cristianismo. Cruzadas en la que respira toda la poética del Grial. Pagano, en los cantares de gesta, es siempre lo musulmán. Aun así, dentro de la cultura medieval el paganismo 3 lo reúne todo, mezcla islamismo con la cultura clásica. Mentalidad maniquea que identifica el mal con el mundo sarraceno y el bien con el mundo cristiano.
“Que la suerte decida, pero sin llegar a la muerte”. Combate desde el topos del amor cortés, cómo el valor caballeresco tiene que aumentar por la mirada de la amada, aunque no esté presente. Estamos hablando de dos caballeros que están en situación de amor con damas. Estamos dentro del fragor caballeresco, de la batalla.
“¡Ahora sí que sonaban las espadas!”. El modo caballeresco del combate es usar el caballo como un proyectil viviente. El objetivo es desarzonar al adversario, hacer que caiga del caballo. No lo consiguen, pero continuan el combate a pie, con el que sacaran las espadas en vez de lanzas. Aparece el horror al fratricidio, a matar a alguien de la misma sangre, algo muy peculiar dentro de la literatura artúrica. “Los dos hermanos son uno, como el hombre y la mujer”. Carbúnculo, piedra que desprende una gran luz. Armiño encima de la quimera, el tótem, del yelmo. Las quimeras constituyen una nueva señal heráldica, se les reconoce por esto porque llevan la cara tapada.
Precisión en la descripción del combate. Estamos ante ese amor de lejos, que realmente será el amor cortés: está ausente, pero totalmente presente en la mentalidad del caballero. Pág. 349: el golpe produce la rotura de la espada, que había arrebatado al Caballero Rojo.
Al final, los dos hermanos se conocen. El pagano hace referencia a las divinidades latinas, pero no es sorprendente en la literatura medieval. En una imagen de miniatura, vemos los caballeros luchando con yelmos que les cubren los rostros completamente. Tenemos otra miniatura en la que los caballeros se han quitado el yelmo y se reconocen, con nombres en los rollos típicos, lo cual corresponde al momento de auto-reconocimiento.
Lo importante es cómo Parsifal se va a caracterizar por haber roto la espada, aunque lo más interesante es que hemos visto como una historia terrible el hecho que se rompiera la espada, es un suceso trágico. En cambio, aquí no: Wolfram le da completamente la vuelta y dice que tuvo la gran suerte de que se rompió la espada, ya que si no habría matado a su hermano. La espada rota preserva del fratricidio, es vista como un gran bien.
El Sísifo alegre, Camus. Al infeliz que tiene que subir la roca cada día, le da la vuelta. Esta es la flexibilidad extraordinaria que tiene el mito y el trabajo en el mito que invierte el significado.
Pasamos de la espada rota como el fracaso a la espada rota como lo mejor que podría haber ocurrido.
4 Postura de Wolfram con respecto a la cruzada y la relación de la búsqueda del Grial con la del Santo Sepulcro, a la que van los caballeros occidentales a Tierra Santa en aquella época medieval.
Jerusalén está ya en manos de los árabes: la enemistad contra el mundo árabe-musulmán ya es importante en aquél entonces. La del Parsifal es la época de la IV cruzada para recuperar el Santo Sepulcro. Aun así, el mundo sarraceno en Wolfram está visto como una benignidad, incluso se busca una reconciliación.
Pág. 364, llega la doncella fea, Kundry, y empieza su parlamento. Sobre la piedra aparecen milagrosamente inscripciones en las que sale el nombre de Parsifal como rey del Grial. Se entera Parsifal de que ya tiene dos hijos. Kundry cita los siete planetas en árabe. Wolfram es muy plurilingüe y se ha hablado que su Parsifal es una polifonía en el hecho que se unen muchas lenguas: francés antiguo, galicismos, latinismos, etc., hasta tal punto que Wolfram hace una novela casi incomprensible. Wolfram cita bien los siete planetas en árabe excepto uno. Es una modernidad hacer hablar a Kundry en árabe. Indudablemente, el Parsifal es una obra completamente abierta a la otredad que para el mundo occidental significan los orientales y los musulmanes. Se busca el reconocimiento del otro, para lo que nunca sirvieron las cruzadas. Se dice que el mundo medieval se mantuvo ajeno y distanciado a la otredad y la alteridad.
Nueva interpretación del Grial: de alguna manera, en la novela de Chrétien está algo presente.
Perceval se encuentra en una aventura donde no se trata de combatir, sino de saber de qué se trata el Grial: es una nueva aventura caballeresca. Es una crítica clara de la caballería. Cuando la madre cuenta toda la historia en Wolfram, aparece una caballería de una violencia extraordinaria, y Chrétien no se ahorra en disimular lo malo de la caballería, sino que es un mundo espeluznante, de cadáveres devorados por las aves de rapiña. Resulta totalmente contrastante con la imagen de unos versos antes, cuando Perceval descubre la caballería porque el bosque se lo deja en descubierto, y piensa que son ángeles. Este mundo se destruye cuando su madre le explica la historia. Chrétien construye en este doble rostro de experiencia y la realidad que hay detrás. Perceval dice que no descansará hasta que sepa del grial. Cuando lo recupera, no se acuerda ni de Dios, lleva cinco años errante (Chrétien). Ha combatido fuertemente, pero no le ha servido de nada. Encontramos un hombre fundamentalmente perdido, y se encuentra con un ermitaño. Todo esto está dicho, pero no claramente. El único que se explica con toda claridad es Wolfram.
5 Wolfram cambia la pregunta: no es de conocimiento, es de amor. “¿Qué te ocurre?”. Esta pregunta puede surgir porque antes Perceval ha amado una mujer, ha conocido el amor a la mujer. Es así como llega, y su confusión es haberlos separado, y de ahí que el ermitaño le diga que es el mismo camino.
Chrétien habla de la claridad, y es el prólogo que no se sabe dónde situar. La conjointure no ha logrado combinar, conjugar, construir un texto en dónde se hayan hecho conciliables el grial y el amor, pero eso sí que coincide en Wolfram, un gran lector e intérprete que lleva a sus últimas consecuencias lo que Chrétien solamente sugirió según sus propias características.
Lo que nos interesa, en cuanto al tema de la espada rota, es como se convierte en un tema no de sonroso, sino en lo contrario, y esto no deja de ser paradójico: el triunfo consiste en haber roto la espada, y no es necesario volver a soldarla, porque no es este el camino que nos lleva al grial.
Wolfram nos muestra cómo es posible invertir los significados, y el hecho que esta inversión no acaba con el mitema, sino todo lo contrario. Es interesante como los nuevos significados se construyen en relación con los antiguos: destaca la novedad en relación con los antiguos significados.
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