Estudio sobre los enemigos de el Cid en el Cantar del Mio Cid (2010)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Alcalá (UAH)
Grado Estudios Hispánicos - 1º curso
Asignatura Literatura Medieval Hispánica
Año del apunte 2010
Páginas 3
Fecha de subida 08/01/2015
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Breve trabajo sobre los enemigos de el Cid en el Cantar del Mio Cid

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Alumno: Javier Marco Martínez Los Enemigos del Cid.
En primer lugar, es importante señalar, la clara intención política del Cantar: la obra es una crítica a los cortesanos, a sus costumbres y a su código ético. El leal servicio del Cid hacia el rey Alfonso VI, hace que el monarca le tome en gran estima, provocando las envidias en la corte, la cual por medio de una campaña de insidias, origina el destierro del Cid. Por ello, a lo largo de todo el poema existe una enemistad entre el Cid y la vieja nobleza castellana. La nobleza castellana está representada en el texto por Garcí Ordoñez, los Infantes de Carrión y, en menor medida, por el Conde de Barcelona.
Todos ellos representan la antítesis del Cid: son codiciosos, intrigantes, presuntuosos,etc. También se consideran enemigos del Cid, aunque mucho más dignos, a los árabes.
A continuación se describirá mas detalladamente a cada uno de los enemigos anteriormente citados: - Garci Ordóñez (o García Ordóñez): Aparece como el principal de los enemigos del Cid, siempre receloso de su incremento de poder. No soporta el aprecio que tiene Alfonso VI por él y siempre busca su mal. Es uno de los provocadores del destierro y, por tanto, de su deshonra ante el Rey. Se presenta en el Cantar Segundo, verso 1345: Maguer plogo al rey, mucho pesó a Garcí Ordóñez: “ ! Semeja que en tierra de moros non á bivo omne, quando assí faze a su guisa el Çid Campeador! Dixo el rey comde : “Dexad essa razón, que en todas mijor me sirve que vós.” Se dijera que en tierra de moros no hay hombre vivo, Según hace a su guisa el Campeador.
Díjole el Rey: Deja esa razón, que me sirve mejor que vos en todos caso En esta, su primera intervención, se pone de claro manifiesto dos de sus muchos defectos: la envidia hacia el Cid, la cual crece trás la reprobación del rey hacia su comentario, y su inmoderación al hacer un comentario tan inoportuno.
En la realidad histórica García Ordoñez ( - 1108), fue conocido como Crespo de Grañón, Boquituerto o Crispín, conde de Nájera. Fue esposo de Urraca Garcés, hermana de Sancho Garcés IV "el de Peñalén". Alrededor de 1079 tuvo un enfrentamiento con el Cid cuando ambos se hallaban en los reinos de Sevilla y Granada cobrando parias, enfrentamiento que se saldó con la derrota de Ordóñez y su prisión por el Cid. Se ha considerado que tal disputa fue el detonante de la conspiración que acarreó el destierro del Cid. Su enemistad fue duradera, pues en 1092 el Cid arrasó el señorío de Nájera para castigar a García Ordóñez.
- Los Infantes de Carrión: Fernán González y Diego González. Más nobles que ricos, tienen gran influencia en la corte y no simpatizan con el Cid: de hecho, son parientes de García Ordóñez. Ya en su primera intervención se nos presentan como ambiciosos, desaprensivos, clasistas e intrigantes: “Mucho creçen las nuevas de mio Çid el Campeador, Mucho crecen las hazañas de Mio Cid bien casariemos con sus fijas pora huebos de pro. Deberíamos casarnos con sus hijas por provecho Non la osariemos acometer nós esta razón No nos atrevemos a proponer está razón mio Çid es de Bivar e nós de comdes de Carrión.” el Cid es de Vivar y nosotros condes de Carrión.
Empiezan a codiciar las riquezas del Cid al ver los magníficos presentes que el desterrado envía a Castilla. Justo en el episodio en el que el rey Alfonso perdona a la familia del héroe, los infantes de Carrión se plantean matrimoniar con sus hijas (Sol y Elvira). Paralelamente, y justo después de otra de las manifestaciones de agrado de Alfonso VI ante los dones del Cid previos al perdón regio, los de Carrión siguen tramando su matrimonio de conveniencia y llegan a proponerlo al rey. Desde un principio, el Cid desconfía de los de Carrión y los ve como unos maridos inadecuados para sus hijas. En las dos ocasiones en que el Cid reflexiona sobre el asunto(vv. 1937-1942 y 2082-2089), comienza mostrando su disconformidad con la idea para luego ir deslizando su posición hasta aceptarla, por constarle que es del agrado del rey. Aún así el Cid recalca que no es él mismo, sino el rey Alfonso, quien entrega a sus hijas en matrimonio y pide un representante que entregue las manos de sus hijas a los infantes, para no vincularse en el proceso. Los infantes de Carrión muestran pronto su cobardía, primero ante un león que se escapa y del que huyen despavoridos, después en la lucha contra los árabes. Sintiéndose humillados, los infantes deciden vengarse. Para ello emprenden un viaje hacia Carrión con sus esposas y, al llegar al robledo de Corpes, les azotan y les abandonan dejándolas desfallecidas. El Cid ha sido deshonrado y pide justicia al rey. El juicio culmina con el “riepto” o duelo en el que los representantes de la causa del Cid vencen a los infantes.
Éstos quedan deshonrados y se anulan sus bodas.
- Conde de Barcelona: Berenguer Ramón II “El Fratricida”. No pertenece a la nobleza castellana que intriga contra el Cid, pero es de la misma índole presuntuosa, todo lo contrario a la mesura y comedimiento que caracterizan al Cid. Desde esta antítesis se prefigura el enfrentamiento al que ambos se ven abocados. Llegan a los oídos del conde que el Cid anda saqueando sus tierras y decide entrar en batalla contra él. El Cid intenta convencerlo de que no ha tomado nada suyo, pero el Conde es tajante en su decisión de librar batalla. El Cid sale victorioso y toma preso al conde, éste, viéndose prisionero, decide dejar morirse de hambre. El Cid convence al conde de que pruebe bocado diciéndole que si lo hace, le dará la libertad. El conde acepta, come y es puesto en libertad.
En la realidad histórica, aparte de Conde de Barcelona, lo era de Gerona y Ausona (1076-1096).
Gobernó junto a su hermano gemelo Ramón Berenguer II “Cap d'Estopes”, a quien posiblemente mando asesinar en 1082 (de ahí el seudónimo de “El Fratricida”). Las constantes lides que mantuvo contra el Cid y los musulmanes dieron como resultado la derrota y captura de Berenguer en Almenar (1082) y, la narrada en el Cantar(1090), respectivamente. En 1096 abdicó y marchó a la primera cruzada, en la que murió.
- Los Árabes: Desde la óptica de una persona poco familiarizada con el Cid, su figura encarna la de héroe de Reconquista, infatigable guerrero contra las tropas musulmanas. Visión claramente alejada de la realidad. Las acciones guerreras del Cid contra los árabes tienen dos objetivos: conseguir botín para mantener a su hueste y hechos gloriosos de armas para restaurar su honra. No existe ningún motivo personal ni religioso. Los musulmanes capturados son tratados con dignidad.
Del botín capturado a los árabes el Cid elige presentes que son mandados a su señor natural el rey Alfonso VI, mostrándole así su lealtad. El Cid se enfrenta directamente contra los árabes en numerosas ocasiones: en la toma de Castejón, la toma de Alcocer(y su defensa), la toma de Valencia y su defensa ante el rey Yusuf de Marruecos. En la defensa de Valencia contra el rey Bucar de Marruecos, el Cid consigue su célebre espada Tizona, la cual era propiedad de dicho rey. Babieca, caballo del Cid, también lo gana en lucha contra los árabes, aunque no se dice cuando. Algunos de los personajes árabes que aparecen en el Cantar nunca existieron, estos son Tamin, rey de Valencia y Fariz y Galvez. La victoria más importante ante los árabes es la toma de Valencia, aunque en la obra no se hace una narración detallada de ella. Ésto se debe a que el Cid ya había tomado con éxito otras ciudades en poder musulmán. La conquista en tierras musulmanas en la que pone más énfasis el autor es la toma de Alcocer, primera victoria importante. El Cid toma esa plaza por medio de un ardid, finge retirar el sitio a la ciudad, los árabes salen tras él en busca de su botín y caen en una emboscada.
En la realidad histórica, el Cid sirvió en más de una ocasión a señores árabes, cabe destacar los servicios prestados a la taifa de Toledo durante su primer destierro. Junto con sus vasallos o «mesnada» se estableció desde 1081 hasta 1085 como guerrero al amparo del rey de Zaragoza, AlMuqtadir, que ese mismo año enfermó gravemente y fue sucedido por Al- Mutamán. Este encomendó al Cid en 1802 una ofensiva contra su hermano el gobernador de Lérida, Mundir, el cual, aliado con el conde Berenguer Ramón II de Barcelona y el rey de Aragón Sancho Ramírez, no acató el poder de Zaragoza a la muerte del padre de ambos Al- Muqtadir, desatándose las hostilidades fratricidas entre los dos reyes hudíes del Valle del Ebro.
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