Tema 5 2/3 (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 2º curso
Asignatura Teories Criminológiques II
Año del apunte 2016
Páginas 6
Fecha de subida 27/03/2016
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La interacción entre la biología y el ambiente Raine revisó la evidencia empírica existente acerca de la interacción entre los factores biológicos y sociales en su influencia para que las personas cometan delitos, y en general para el comportamiento violento. Con tal fin analiza la investigación en diferentes áreas, que veremos próximamente.
A modo de guía heurística propone un modelo biosocial de la violencia, donde se señalan las influencias centrales de los procesos genéticos y ambientales en la generación de los factores de riesgo biológicos y sociales que predisponen a la conducta antisocial (Cuadro 7.3, pág. 341).
La genética y el ambiente generan tanto los factores de riesgo como los de protección. Desde el principio, la relación entre la genética y el ambiente se estrecha, e interaccionan en múltiples niveles.
La genética El punto ahora más importante tiene que ver con el procedimiento en el que la influencia genética interactúa con el ambiente en la predisposición a la conducta antisocial. Los cambios ambientales producirán la activación y la desactivación de la influencia genética a lo largo de la vida del individuo.
Interacción Gen por Ambiente Un ejemplo revelador es el estudio de Cloninger et al. en el que 862 niños adoptados fueron divididos en cuatro grupos, dependiendo de la posible presencia o ausencia de: 1) predisposición genética (padres biológicos delincuentes); 2) condicionante ambiental (modo de criar de padres adoptivos).
Raine señala que el que la tasa del 40% de delincuencia, cuando ambos elementos de riesgo están presentes, supere con mucho a una del 18.8%, derivada de una combinación de solo la influencia ambiental o solo la genética, pone de relieve que existe una clara interacción entre genética y ambiente.
Cloninger y Gottestman analizaron los datos de la investigación para los hombres y las mujeres por separado.
Hallaron que la tasa delictiva de las mujeres era muy inferior a la de los hombres, pero que se mantenía el mismo patrón de interacción que en los varones.
Correlación gen x ambiente y los efectos moderadores de las variables demográficas Un concepto diferente pero relacionado es el de correlación gen x ambiente, tal y como se manifiesta en el trabajo de Get et al. quienes hallaron que los hijos de padres delincuentes y/o drogadictos, que habían sido adoptados, tenían una mayor probabilidad de mostrar conducta antisocial en la infancia que aquellos adoptados, hijos biológicos de padres que no eran delincuentes o consumidores de drogas. Se halló una asociación entre la conducta antisocial en los padres biológicos y las conductas de crianza de los padres adoptivos.
Lo que se denomina como correlación gen x ambiente “evocativa” sugiere que la asociación entre la crianza negativa en los padres adoptivos y la conducta antisocial en el niño está mediada por procesos genéticos: el padre adoptivo reacciona de manera incompetente frente a un hijo difícil de socializar; por ello se dice que el gen “evoca” la respuesta del ambiente.
Christiansen en su análisis de gemelos encontró que la influencia genética sobre la delincuencia era mayor en los niños que procedían de un medio socioeconómico más elevado, y en aquellos que habían nacido en un ámbito rural.
Psicofisiología Hay una transmisión genética de la predisposición a la delincuencia, pero ¿cuál es el mecanismo o senda de esa transmisión? El efecto moderador de los hogares benignos: la perspectiva del “empuje social” La cuestión de investigación que debatimos es si los delincuentes con buenos y malos ambientes difieren en su funcionamiento psicofisiológico. Diversos estudios han mostrado que el efecto de los factores psicofisiológicos sobre el delito es mayor en los ambientes más benignos (menos socialmente deficitarios).
En relación con el condicionamiento clásico electrodérmico, la conductibilidad eléctrica reducida de la piel caracteriza a los adolescentes de clase alta, pero no de clases desfavorecidas, así como también se observa con fuerza en delincuentes “privilegiados” que cometen crímenes de excitación y aventura.
¿Por qué ocurre esto? La hipótesis del “empujón social” señala que en los chicos en los que no hay factores de riesgo sociales que les empujen hacia el delito, la expresión de la violencia se canalizará por la biología. Cuando alguien ha crecido en un ambiente adverso las “causas” sociales serían más prominentes.
Interacciones entre los factores de riesgo psicofisiológicos y sociales ¿Es mayor la delincuencia en aquellas personas que manifiestan tanto los factores de riesgo biológicos como los ambientales? ¿Los factores psicofisiológicos interactúan con los ambientales para favorecer la aparición de la conducta delictiva? Farrington halló que los chicos con una tasa cardiaca baja tenían una mayor probabilidad de llegar a ser delincuentes adultos violentos si, además, provenían de una familia numerosa y si se llevaban mal con ella. Los chicos con una baja tasa cardiaca tenían una mayor probabilidad de ser valorados como alumnos agresivos por sus profesores si se daba alguna de estas condiciones: 1) que su madre se hubiera quedado embarazada en la adolescencia; 2) si provenían de una familia con pobres recursos socio-económicos; 3) o si habían sido separados de uno de los padres antes de los diez años de edad.
Factores de protección Ahora sabemos que una activación elevada del sistema nervioso autónomo puede constituir un importante factor de protección.
Brennan et al. encontraron que los chicos que tenían padre delincuente pero que no llegaron a ser delincuentes de adultos, mostraban una respuesta electrodérmica y cardiaca mayor que sus compañeros de generación que sí llegaron a ser delincuentes y que igualmente tenían padres con antecedentes delictivos.
¿Por qué una actividad reducida del sistema nervioso autónomo actuaría como un factor de riesgo para la delincuencia? 1.
Raine nos señala que hay al menos dos teorías principales para explicar este hecho: La teoría de la ausencia de miedo sugiere que una baja actividad autonómica es un marcador biológico de que el sujeto no siente con intensidad el miedo, lo que facilitaría la violencia y la conducta antisocial, porque esa conducta requiere un cierto grado de arrojo (no experimentar miedo) para ser puesta en práctica.
Esta teoría recibe un apoyo solido en el hecho de que esta baja activación del sistema autónomo también proporciona los fundamentos del temperamento desinhibido o “sin miedo” en los niños.
2.
La teoría de la búsqueda de estimulación mantiene que la baja activación representa un estado fisiológico displacentero, y que los sujetos antisociales buscan la estimulación con objeto de incrementar su nivel de activación y devolverlo a un nivel óptimo. Los delincuentes intentarían con sus delios estimular su sistema nervioso. En realidad esta teoría es complementaria de la anterior.
Esta perspectiva se ha concretado en la teoría de disfunción prefrontal y de la atención en la que Raine y Venables propusieron una hipótesis del déficit de atención en la que se sostiene que los delincuentes se caracterizan por un déficit fundamental en la capacidad para asignar recursos atencionales apropiados a los estímulos ambientales.
Fowles amplió los déficit a dos: uno con respecto a la atención prestada a los estímulos neutrales, y otro con respecto a la anticipación de estímulos aversivos o dolorosos.
En resumen, la teoría de la disfunción prefrontal dice que un daño o lesión en la región prefrontal produce una serie de alteraciones psicofisiológicas que predisponen al sujeto a diversos rasgos y características que hacen más probable la violencia y la delincuencia.
Factores de obstetricia Anomalías fetales leves ¿Cuál es la razón de la relación entre las leves anomalías físicas y la conducta antisocial? Se piensa que estas animalias están asociadas con problemas en la gestación, son un marcador de un desarrollo neural anormal en el feto, hacia el final del tercer mes de embarazo. Los estudios señalan que este factor es un elemento predisponente a la conducta violenta, pero no a la delincuencia contra la propiedad. Mednik y Kandel evaluaron las pequeñas anomalías físicas existentes en niños, y observaron que nueve años más tarde la presencia de días anomalías estaba asociada con la tasa de delincuentes violentos que cometían esos niños. Sin embargo esa relación solo se daba si los niños habían crecido en un ambiente familiar inestable.
Exposición a la nicotina Raine interpreta que la acción de la nicotina sobre la delincuencia futura se explicaría por la alteración que provoca su consumo en el desarrollo del sistema de neurotransmisores de la noradrenalina, lo que a su vez perturbaría la actividad del sistema nervioso parasimpático, algo plenamente consistente con lo señalado con anterioridad, en el sentido de que hay en los delincuentes una clara evidencia de activación nerviosa reducida.
Complicaciones en el parto Diversos estudios han mostrado que los niños que sufren de complicaciones en el parto tienen una mayor probabilidad de desarrollar conductas antisociales, trastorno disocial y cometer delitos violentos en edad adulta, cuando otros elementos de riesgo ambiental están también presentes. En otros estudios llevados a cabo en diferentes países se han observado diversos factores ambientales en interacción con los problemas en el parto: un ambiente familiar con graves carencias y habilidades de crianza deficientes de los padres.
Neuroimagen (escáner del cerebro) La Tomografía de Emisión de Positrones (TEP) Un estudio que ha empleado la TEP ha analizado la interacción entre la disfunción prefrontal y la violencia. Se observó que los asesinos que procedían de buena familia tenían una reducción del 14.2% en el funcionamiento del córtex prefrontal; esta distinción está asociada a una menor capacidad de sentir miedo y al desarrollo de las características emocionales y de personalidad que caracterizan a los psicópatas.
Imagen por Resonancia Magnética Funcional (RMF) Se ha estudiado muy poco por qué algunos sujetos que han sido maltratados se convierten en delincuentes violentos y otros no.
Raine et al. realizaron un estudio para contestar a esa pregunta, contando con cuatro grupos de sujetos: 1) sujetos control no violentos y no maltratados; 2) individuos que habían sufrido malos tratos pero que no eran violentos; 3) sujetos violentos que no habían sufrido malos tratos; 4) individuos tanto maltratados como violentos. Los resultados mostraron que los sujetos violentos que habían sufrido malos tratos infantiles mostraban un funcionamiento reducido en el hemisferio derecho. Los sujetos maltratados que no eran violentos mostraron una activación relativamente baja en el lóbulo temporal izquierdo, pero una activación elevada en el lóbulo derecho.
Estos hallazgos indican que un factor de riesgo biológico cuando se combina con un factor de riesgo ambiental, predispone a cometer actos criminales violentos. También sugieren estos datos que un hemisferio cerebral derecho con un buen funcionamiento protege contra la violencia en adultos que de niños sufrieron malos tratos.
Neuropsicología y neurología Los déficits neuropsicológicos y neurológicos, especialmente los asociados con tareas ejecutivas, constituyen un factor de riesgo bien consolidado para desarrollar actos violentos y delictivos en niños, jóvenes y adultos.
Estudios longitudinales Moffit señaló que los con un funcionamiento neuropsicológico deficiente y que provenían de familias con graves carencias tenían cuatro veces más probabilidad de ser violentos que sus compañeros de edad que solo presentaban los déficit neurológicos. Raine et al. encontraron que los niños que presentaban esos dos riesgos, acumulaban, cuando eran adultos, el 70.2% de los delitos violentos cometidos por el conjunto de la muestra total.
Efectos protectores de un hogar estable Hay algunos trabajos que señalan que un hogar estable puede filtrar la influencia antisocial de los factores biológicos de riesgo. Streissguth et al. hallaron que un hogar adecuado protegía a los niños que habían nacido con el síndrome de alcohol fetal.
Demandas sociales que superan la capacidad de los jóvenes Algunos neuropsicólogos han señalado que los adolescentes podrían tener dificultades para hacer frente a aquellas demandas sociales que exigen capacidades ejecutivas por encima de las disponibles en su córtex prefrontal, todavía inmaduro, lo que podría dar lugar a la disfunción de éste y a la carencia de control inhibitorio sobre la conducta antisocial y violenta que es un prevalente en esa edad.
Según Raine, esta perspectiva teórica llevaría a diferentes hipótesis: 1. Además de esperar que los que tienen una disfunción frontal están más predispuestos a cometer delitos, tal conducta antisocial será mayor en los que vivieran en un ambiente menos protector.
2. Sería esperable que aquellos sujetos que se resisten a delinquir tuvieran un buen ambiente protector, o bien una elevada inteligencia que minimizara el impacto de los déficit de las funciones ejecutivas del córtex prefrontal.
3. Sería plausible que aquellos chicos que empiezan pronto a delinquir, pero que más tarde desisten de ese comportamiento, tuvieran al principio un funcionamiento pobre de las funciones ejecutivas, que iría corrigiéndose con el tiempo.
Hormonas, neurotransmisores y toxinas Hormonas Hoy disponemos de trabajos que observan la conducta agresiva incrementada como consecuencia de altos niveles de testosterona en adulto. Se sabe que una testosterona elevada correlaciona con la experiencia subjetiva de dominio y éxito.
Los resultados de Hermans et al. señalaron que la testosterona activaba las áreas de la amígdala, el hipotálamo y la corteza orbitofrontal, regiones implicadas en las conductas agresivas y el control del impulso (aspectos clave en el comportamiento antisocial). Los altos niveles de testosterona en adultos activan la conducta agresiva.
Moya et al. establecen la siguiente conclusión acerca de la relación entre agresión y las hormonas: “La relación entre hormonas y agresión es recíproca y bidireccional, dado que un determinado nivel hormonal puede repercutir en la conducta agresiva y, a la inversa, el incremento de la agresión puede provocar cambios en los niveles hormonales. En este sentido, las hormonas pueden ser consideradas causas, efectos o mediadoras de la agresión.
Neurotransmisores y toxinas Moffit et al. hallaron que aquellos que a una alta tasa de serotonina sumaban un ambiente familiar adverso tenían tres veces más probabilidad de cometer un delito violento antes de cumplir los 21 años, en comparación a los sujetos que solo tenían un elevado nivel de serotonina o solo un ambiente familiar adverso.
Wirkunnrn et al. relacionaron la función serotoninérgica con trastornos relacionados con el control de los impulsos. La serotonina (5-HT) es un neurotransmisor implicado en el comportamiento antisocial. Los niveles bajos de serotonina se asocian a niveles más elevados de impulsividad y agresividad.
Los bajos niveles de serotonina en adultos activan la conducta violenta.
Otros neurotransmisores se han relacionado de forma u otra con aspectos del comportamiento antisocial o agresivo: dopamina, noradrenalina, GABA, óxido nítrico o monoaminooxidad (MAO).
Masters et al. hallaron que aquellas comarcas en las que se daba la interacción de tres factores distintos (alta densidad de población, exposición al plomo y manganeso – toxinas – y alto consumo de alcohol), la delincuencia violenta registrada era mayor.
Sociobiología, psicología evolucionista y agresión “Sociobiología” fue un término acuñado por Edward O. Wilson en el que compendiaba un conjunto amplísimo de investigaciones que analizaban la relación existente entre biología y conducta social, con especial atención al comportamiento agresivo. Wilson afirma que desde una perspectiva biológica, el comportamiento agresivo es adaptativo: “Cuesta creer que cualquier característica tan extendida y fácilmente invocada por una especie como el comportamiento agresivo lo es en el hombre, pueda ser neutra o negativa en cuanto a sus efectos sobre la supervivencia del individuo y sobre la reproducción.
Lorenz fue quien introdujo esta idea de que la agresión es un comportamiento natural y adaptativo de las especies animales.
Desde que apareciera el texto de Wilson, la sociobiología impactó profundamente en la psicología, dando lugar a la llamada “psicología de la evolución” o evolucionista, según la cual la teoría de la evolución puede aplicarse a todos los ámbitos de la psicología. Los psicólogos evolucionistas establecen que el cerebro humano se compone de un gran número de mecanismos que procesan la información en una serie de dominios específicos.
¿Cómo explicaría la violencia y el crimen la psicología evolucionista? ¿En qué sentido la evolución ha preservado esos actos que causan tanto sufrimiento a la humanidad? Para contestar a esta pregunta primero tenemos que comprender como funcionan esos mecanismos en la psicología del individuo. Tales mecanismos registran tipos de específicos de información o inputs, posteriormente la procesan y generan un tipo igualmente específico de productos u outputs, entre los que se hallan la conducta manifiesto, pero también la actividad fisiológica, o la información que resulta útil para otros mecanismos psicológicos. Tales mecanismos evolucionados pueden generar una conducta desadaptada en nuestra sociedad, ya que en ésta dominan los inputs novedosos.
Diversos comportamientos que, como la violencia, resultan desadaptados en la sociedad actual, probablemente continúan produciéndose debido a que en la historia evolutiva del ser humano sí que fueron adaptativas, es decir, confirieron ventaja a quienes los exhibían a la hora de transmitir sus propios genes. No obstante, no se trata de conductas inevitables, determinadas genéticamente a producirse en la vida de las personas; son patrimonio del ser humano, pero éste dispone de su capacidad de control para llevarlas o no al acto.
De acuerdo con la investigación sociobiológica el comportamiento agresivo no es una regla universal de conducta ni en los humanos ni en el resto de las especies animales. Se trataría más bien de una característica universal y heredada que prepara a los individuos para afrontar determinadas situaciones y que, en los humanos, requiere de un detonante externo para precipitarse en forma de comportamiento delictivo.
Agresión La agresividad es una cualidad innata al ser humano, un instinto que asegura la supervivencia de la especie.
Violencia es el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o de ejecución efectiva, contra uno mismo, contra otra persona o un grupo de comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastorno del desarrollo o privaciones.
Agresividad y violencia no son términos equivalentes y vienen a definir dos conceptos que hacen referencia a realidades diferentes.
En la investigación de la delincuencia violenta contamos con diversas aproximaciones: biológicas (hormonas, neurotransmisores…), psicológicas (valores y actitudes antisociales, instintos, aprendizaje social…), microsociales (experiencias infantiles de violencia, falta de cuidados y apego…), macrosociales (influencias subculturales…) y multifactoriales.
Megargee sugirió que los delincuentes violentos podían dividirse en dos categorías: los sobrecontrolados, que tienen controles rígidos sobre la agresión, y los subcontrolados, que tienen más probabilidad de ser identificados como personalidades psicopática.
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