Tema 1. Sociedad, Política y Poder (2013)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Periodismo - 1º curso
Asignatura Estructura Política
Año del apunte 2013
Páginas 10
Fecha de subida 19/10/2014
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1.
SOCIEDAD, POLÍTICA, PODER La política, un término familiar y controvertido ¿Qué es la política? Política es un término dotado de sentidos diferentes según el ámbito y el momento en que se emplea.
Basta la consulta a diccionarios o a manuales de ciencia política, para darse cuenta de ello.
También abundan las referencias a la política en tono despectivo: suele asociarse a confusión, división, engaño, favoritismo, manipulación y corrupción. La política, pues, no está libre de sospecha. Al contrario: Carga de entrada con una nota negativa.
Sin embargo, la política también es capaz de movilizar en un momento dado a grandes sectores de la ciudadanía, incluyendo a aquellos que la critican. Despierta emociones positivas y negativas, produce movimientos de solidaridad y cooperación humana, y se asocia con frecuencia a conceptos como libertad, justicia, igualdad, paz, Seguridad y bienestar. Entonces la política se trata de un concepto de manejo incomodo: es de uso habitual, pero controvertido.
La política como gestión del conflicto social Nuestra opción es considerar la política como una práctica o actividad colectiva que los miembros de una comunidad llevan a cabo. La finalidad de esta actividad es solucionar conflictos entre grupos, y su resultado es la adopción de decisiones que obligan, por la fuerza, (si es preciso) a los miembros de la comunidad.
*El punto de partida de nuestro concepto de política es la existencia de conflictos sociales y los intentos para sofocarlos o regularlos.
Los seres humanos sufren desacuerdos y tensiones que tienen un alcance colectivo porque implican a grupos humanos numerosos, identificados por posiciones comunes.
¿Qué explica esta presencia constante de desacuerdos sociales? ¿Por qué razón la armonía social aparece como una situación excepcional, cuando es una necesidad humana? El origen de los conflictos se sitúa en la existencia de diferencias sociales, que se convierten a menudo en desigualdades. La distribución de recursos coloca a individuos y grupos en situaciones asimétricas. Tales desequilibrios entre individuos y grupos generan una diversidad de reacciones. Quienes tienen una situación más ventajosa intentan asegurarla y quienes se sienten más perjudicados aspiran a hacer realidad sus expectativas de mejora. Junto a unos y otros, también los hay que se empeñan en modificar o mantener las condiciones existentes, movidos por principios y valores y no por lo que se juegan a nivel personal en el asunto. En este marco de incertidumbre, la política aparece como una respuesta colectiva al desacuerdo, y con el objetivo de regular la tensión social. La política se distingue de otras vias de regulación del conflicto social en que ésta intenta resolver las diferencias, mediante una decisión que obligará a todos los miembros de la comunidad. Esta decisión se ajusta a un conjunto de reglas o pautas, aceptadas de antemano por el conjunto de la sociedad.
Por lo tanto el cumplimiento obligado de las decisiones políticas presupone que la capacidad de obligar incluye el uso de la fuerza. Esta posibilidad de usar la fuerza física, o la amenaza de recurrir a ella, es característica de la política frente a otras formas de control social.
Nos hemos referido a la “regulación” o “gestión” del conflicto: hemos evitado aludir a la “solución” del conflicto. El término solución significaría una salida satisfactoria para todos los implicados, muy difícil de conseguir. La política no consigue siempre solucionar estos conflictos, aunque así lo prometan y lo proclamen algunos de sus protagonistas.
Cuando se gestiona una determinada disputa, lo que se intenta es preservar una relativa cohesión social.
Incluso la política autoritaria de las dictaduras intenta mantener un agregado social, aunque sea desde el dominio despótico de unos cuantos sobre los demás.
En cierto modo, la política, busca reducir el riesgo de desintegración social, que se produce cuando ante la existencia de conflictos sociales cada grupo decide “tomarse la justicia por su mano”, acudiendo por sistema, a la venganza privada.
La política podría contemplarse como un seguro colectivo de las comunidades contra la amenaza de un derrumbe del edificio social. La garantía de que la cohesión de este edificio persistirá, porque las tensiones provocadas por desigualdades y desequilibrios internos serán reguladas de un modo suficientemente aceptable para el mayor número de los miembros del colectivo.
*En sociedades divididas por creencias, intereses y recursos, la política es ante todo constructora de sociedad.
Es muy posible que esta sociedad que la política contribuye a conservar no se ajuste al modelo ideal que algunos –o muchos- desearían. Lo que hay que preguntarse, entonces, es qué caminos ofrece la política y si existen otras maneras de gestionar los conflictos para modificar los equilibrios o desequilibrios sociales.
En la raíz del conflicto social ¿De dónde arrancan los conflictos que la política se ve obligada a gestionar? La diferencia convertida en desigualdad está en el origen de la política. Por esta cuestión puede ser considerada como la gestión de las desigualdades sociales.
¿Cuál es el origen de estas desigualdades? No todos los miembros de una sociedad tienen las mismas posibilidades para acceder a los recursos básicos que facilitan el desarrollo máximo de sus capacidades personales.
Esta diferencia de situación se expresa de múltiples modos:        Disfrute de habilidades y talentos: inteligencia, capacidades físicas, sensibilidad artística. etc.; En los roles desempeñados en las funciones reproductiva y familiar, según el género, edad, parentesco. Etc.; En la posición ocupada por la división social del trabajo productivo, en la que los sujetos pueden desempeñar oficios catalogados como “manuales” o como “intelectuales” y en las que asumen papeles de dirección o posiciones subalternas.
En la capacidad de intervenir en las decisiones que se toman en los procesos culturales, económicos o de la comunicación.
En el acceso a los recursos o a las rentas generados por la actividad económica (clases sociales) o al estatus o privilegios derivados del reconocimiento social (aristocracias de sangre, estamentos, castas,…) En la adscripción a identidades simbólicas de carácter étnico, nacional o religioso, con todas las connotaciones culturales que comportan; En la ubicación en el territorio (centro-periferia, ámbito rural-ámbito urbano), que da lugar a un acceso diferenciado a recursos de todo tipo.
Tales diferencias de situación marcan unas fracturas entre grupos, cada uno de los cuales comparte unas determinadas condiciones: sociales, de género, culturales, económicas, etc.
De las relaciones asimétricas entre estos grupos nacen constantemente tensiones que puedan requerir un tratamiento político. Hay diferencias entre trabajadores y empresarios, entre generaciones de diferente edad, diferentes grupos religiosos, etc. No importa sólo que las diferencias tengan un fundamento objetivo o cuantificable, por ejemplo: la diferencia entre patrimonios o rentas. También importa la percepción social de la diferencia. Es decir, que la sociedad atribuya valor o prestigio a determinadas situaciones, mientras otras sean vistas como negativas o de menor valor, como por ejemplo, el prestigio que conlleva en una sociedad como la India la pertenencia a una u otra casta.
-El prestigio o desprestigio que la sociedad imputa a cada situación origina discrepancias y enfrentamientos, porque quienes ocupan posiciones de prestigio quieren mantenerlas mientras que quienes ocupan posiciones no valoradas no suelen conformarse con ellas.
¿Hay alguna diferencia que pueda considerarse como central, de la que dependen todas las demás? Algunas teorías sociales han optado a veces por seleccionar como primordial una de dichas diferencias: La división en clases sociales, la diferencia de géneros, o la distinción de elite-masa sería, según diferentes interpretaciones, la fractura clave, a partir de la cual se generarían todas las demás. Es posible que las diferencias o fracturas de gran importancia en un momento dado se vean sustituidas por otras, siguiendo la evolución de las condiciones sociales y culturales.
Las fronteras variables de la política Hemos señalado como punto de arranque provisional que la política es un modo de regular conflictos que hace uso, cuando conviene, de la obligación y de la coacción. Pero el ámbito de la política tiene contornos variables, la presencia de la política no es constante en la regulación de conflictos producidos por diferencias humanas.
Las condiciones de los asalariados, la alteración del paisaje o la explotación de recursos naturales ha sido durante años un tema ajeno a la regulación política, en cambio la infidelidad matrimonial o la homosexualidad fueron y son todavía en algunos países sancionados con penas de prisión, porque se estimaba que alteraban el orden social y merecían, por tanto, la intervención represiva de la autoridad política. Cambios en las tecnologías de la comunicación o de la reproducción humana, plantean nuevas diferencias y nuevas tensiones sobre lo que debe o no ser regulado políticamente.
Las partes en conflicto defenderán la “politización” o “despolitización” de sus discrepancias según consideren que esta intervención política va a favorecer o a perjudicar sus pretensiones. Quienes se creen perjudicados denunciarán la politización, la reclamarán en cambio cuando les convenga. Por ejemplo: Mientras los empresarios resistían la intervención estatal en la fijación de salarios o de horarios laborales como una perturbación del orden económico, exigían la “politización” de la sindicalización o de la huelga, convirtiéndolas en delitos perseguibles por el estado.
Las fronteras de la política se van alternando a lo largo de la historia de los pueblos, esta alteración dependerá tanto de cambios técnicos y culturales, como de la capacidad de los actores para someter sus disputas a esta gestión de carácter vinculante.
Las etapas de la politización En un plano ideal, serían cuatro las etapas que pueden llevar a la politización de una diferencia social:     Identificación de una distribución desigual de valores y recursos Toma de conciencia por parte de los colectivos implicados y expresión de sus demandas, exigencias y propuestas para corregir la situación.
Movilización de apoyos a las demandas y propuestas, acumulando todo tipo de recursos (conocimiento experto, difusión de información, dinero, organización, armas…) y buscando el mayor número de aliados entre otros grupos y actores.
Traslado del conflicto al escenario público, reclamando la adopción de decisiones vinculantes para toda la comunidad.
-¿Sociedades sin política? Los prehistoriadores nos hablan de sociedades “sin política”, cuando describen comunidades de tamaño reducido, en las que los bienes necesarios para subsistir son compartidos. Dado lo elemental y lo simple de su organización y necesidades, pueden permitirse el lujo de prescindir de estructuras políticas permanentes. El rol de liderazgo que aparece en algunos grupos, como por ejemplo “el jefe de una tribu”, no equivale a una posición de superioridad sobre los demás, su función se asemeja más al de un portavoz.
A lo largo de los siglos las comunidades se han hecho cada vez más complejas. La aparición de nuevos conocimientos, técnicas, especialización, etc; trajeron consigo la diferenciación interna dentro de las comunidades, y con esta diferenciación aumentó el riesgo de conflictos y la necesidad de asegurarse contra ellos mediante el recurso de la política.
-¿Es previsible una sociedad sin política? Según algunos autores, tal vez en un futuro pueda darse una comunidad donde se hayan eliminado diferencias, consideradas como la raíz de las tensiones. Si estas diferencias desaparecieran los conflictos se irían atenuando, el riesgo social disminuiría y la política se iría haciendo cada vez menos necesaria, hasta su completa “evaporación”. Otros autores en cambio sostienen que no es previsible una sociedad sin diferencias. Por lo tanto persistirán las tensiones que hacen necesario el recurso de la política.
¿Qué es poder político? Política y poder: Dos perspectivas Cuando se habla de política se hace inevitable la referencia a la idea de poder. Hemos descrito la política como gestión del conflicto social por medio de decisiones vinculantes. Hay pues, un componente de obligación o de imposición en la acción política, que nos lleva por lo tanto a la idea de poder.
  Cuando se interpreta el poder como un recurso se tiende a percibirlo como una cosa que se tiene o se posee (imposición) Desde este punto de vista, el poder es un recurso controlado por individuos, grupos, clases o élites. O depositado en manos de las instituciones.
Cuando se piensa en el poder como efecto de una relación, el poder no se posee: De esta manera el poder ya no aparece como un instrumento que se aplica sobre los otros para conseguir determinados efectos. Cuando se adopta este punto de vista la pregunta no es tanto quien tiene el poder, sino que posiciones facilitan el dominio de unos actores y el acatamiento de otros.
Si el poder político equivale a esta aptitud para incidir en la regulación del conflicto podemos atribuir poder político al gobierno que toma decisiones. Pero también a un medio de comunicación que es capaz de provocar la dimisión de un ministro, al denunciar un escándalo de corrupción. O a un grupo ecologista que obliga a cambiar el trazado de una carretera para evitar la destrucción del medio natural.
Fuerza, influencia y autoridad ¿Cómo se manifiesta la capacidad de intervención? El poder político está hecho de tres componentes: fuerza, influencia y autoridad Ejerce Fuerza  Influencia Autoridad Recurre a la Amenaza Persuasión Reputación    Quiere producir actitudes de Quiere obtener Temor  Acción o inacción de otros actores Convicción  Acción o inacción de otros actores Confianza  Acción o inacción de otros actores FUERZA Hablamos de fuerza o de coacción cuando hay capacidad para negar o limitar a otros el acceso a determinados bienes u oportunidades: la vida, la integridad física, la libertad, el patrimonio, el trabajo.
Así ocurre con las instituciones públicas cuando encarcelan, multan o embargan a algún ciudadano. Lo hacen los grupos terroristas cuando secuestran, matan o torturan con un objetivo político. Pero también lo hacen otros actores sociales cuando cortan una carretera, ocupan un local, paralizan un servicio público, etc; Hay también otra forma de utilizar la fuerza de manera más sutil como por ejemplo: cuando se controlan informaciones, difundiéndolas, manipulándolas en función de determinados intereses. Así puede hacerlo tanto un gobierno como un grupo de comunicación que “administra” la emisión de noticias en beneficio de unos sectores.
Otra forma de coacción es ejercida por algunos actores cuando se sirven de su capacidad financiera para condicionar la libertad de acción de otros: por ejemplo, cuando el FMI supedita la concesión de créditos a un gobierno, a condición de que este adopte una determinada política social y económica.
INFLUENCIA Hablamos de influencia cuando el poder político se basa en la capacidad para persuadir a otros de que conviene adoptar o abandonar determinadas posturas. Esta aptitud para la persuasión depende del manejo y difusión de datos y argumentos, con los que se persigue modificar o reforzar las opiniones y las actitudes de los demás. Con la influencia se intenta convencer y, con ello, movilizar el apoyo del mayor número de ciudadanos. Los instrumentos utilizados para ejercer la influencia son: propaganda y organización.
AUTORIDAD El poder político también se manifiesta como autoridad, cuando las indicaciones de un sujeto individual o un colectivo son atendidas por los demás, porque cuenta/n con un crédito o una solvencia que se le reconocen de antemano. Esta acumulación de confianza que exhibe quien goza de autoridad puede provenir de factores diversos.
¿Cómo se manifiesta el poder político? Podemos observar el ejercicio de poder político en multitud de actos de carácter individual y colectivo.
Cabe distinguir tres niveles de intervención política, que van de lo más visible a lo menos perceptible.
   En un primer nivel, el poder se manifiesta abiertamente cuando los diferentes actores se esfuerzan por incidir sobre el desenlace final del conflicto. Todos los actores (administraciones competentes, asociaciones ecologistas, grupos de vecinos, medios de comunicación, etc.) intervendrán en el proceso, aplicando la autoridad, la influencia o la capacidad de coacción de que dispongan.
En un segundo nivel, el poder político adopta formas menos visibles. Así ocurre cuando se dan actuaciones destinadas a evitar que un determinado conflicto se “politice”: es decir, que sea incluido entre las cuestiones sometidas a una decisión vinculante para toda la comunidad. Aquí el poder no busca una decisión, sino una no-decisión.
Finalmente algunos autores identifican un tercer nivel desde el que se condiciona de manera todavía más encubierta la actividad política. Así sucede cuando un actor consigue que una situación de desigualdad no sea vista como problemática. En el primer nivel, el poder se ejerce impulsando una decisión colectiva sobre un problema social. En el segundo nivel el poder se aplica para evitar que el problema sea sometido a decisión política. En el tercer nivel se procura que pase socialmente desapercibida la existencia misma del problema. Se ejerce, pues, poder político cuando se consigue presentar como situaciones socialmente aceptables determinadas relaciones de desigualdad: entre hombres y mujeres, entre clases… Primer Nivel Todos los actores participan –con sus respectivos recursos, exigencias en un conflicto político sobre la cuestión X, percibida como problemática.
y propuestas- Segundo Nivel. Uno o varios actores son capaces de impedir que la cuestión X se convierta en conflicto político, porque controlan la agenda institucional e impiden con ello que la cuestión sea objeto de regulación vinculante.
Tercer Nivel Uno o varios actores son capaces de influir sobre la conciencia de otrosMediante la conservación de mitos e ideologías- consiguiendo que la cuestión X no sea percibida como problemática.
La otra cara del poder, la legitimidad Legitimidad: capacidad para conseguir que los límites que impone el poder sean aceptados. Se justifica el poder por el sistema de valores y creencias que está instaurado en la sociedad. A medida que el sistema de valores cambia, las leyes entran en conflicto con el mismo y da lugar a la deslegitimación de estas leyes.
Quien ejerce el poder impone ciertos límites a la voluntad de otros actores. Cualquier actor que interviene en un conflicto aspira a que su intervención no tenga que descansar exclusivamente en su capacidad de forzar la voluntad de los demás: aspira a que éstos admitan sus propuestas sin necesidad de acudir a la coacción. Para ello, pretende justificar su intervención: presentarla como justa y merecedora de la aceptación voluntaria de todos los actores. Cuando se recurre a un cierto grado de coacción se presenta como necesaria.
Se entiende mejor esta necesidad de legitimidad si recordamos la noción de política. La actividad política se esfuerza por mantener un cierto grado de cohesión social y disminuir los riesgos de que la comunidad perezca, como víctima de las diferencias que encierra. Tales riesgos disminuyen en la medida en que las decisiones que se adoptan son decisiones ajustadas a los sistemas de creencias y valores que imperan en una determinada sociedad. Decisiones basadas exclusivamente en la fuerza bruta no son un fundamento sólido para la continuidad de una comunidad: el poder ha de recurrir forzosamente a la magia, la religión, la ciencia o la ideología para justificar sus intervenciones y asegurarse el asentimiento más amplio posible de los gobernados. De ahí el esfuerzo de quienes ejercen poder por recurrir también de un modo o de otro al mundo de los símbolos y de los valores. Promoviendo los que mejor pueden servir a sus pretensiones e intereses, legitiman sus intervenciones. Por este motivo, el poder político aspira a tener dos caras. Con la primera exhibe la coacción y la amenaza. Con la segunda -la cara de la legitimidad- aporta argumentos e intenta convencer de que su presencia es conveniente y adecuada.
De dónde nace la legitimidad ¿De dónde extrae el poder los resortes que hacen aceptables sus propuestas y sus decisiones? Se admite que sus decisiones serán percibidas como legítimas en tanto en cuanto se ajusten a los valores y a las creencias que dominan en una sociedad. Si concuerda con lo que aquella sociedad considera conveniente o digno de aprecio, una decisión o una propuesta adquieren mayor legitimidad y cuentan con más probabilidades de ser aceptadas. En cambio, cuanto más lejos están de las ideas y valores dominantes, sólo la aplicación de una mayor dosis de coacción podrá hacerlas efectivas.
Así las políticas que establecen una segregación entre grupos étnicos han contado con legitimidad suficiente en épocas y sociedades en que la ideología dominante ha admitido que hay superioridad de una raza o un grupo étnico sobre otro. En cambio, han tenido mayores dificultades de aplicación a medida que se debilitan tales ideas de superioridad racial: ello ha obligado a recurrir a más coacción y más violencia, porque aumentaban los sujetos y grupos que rechazaban la justificación ideológica de las políticas segregacionistas.
La noción de legitimidad vincula el poder con el mundo de las ideas y de los valores. Es en este mundo donde se encuentran las raíces de la legitimidad de un sistema político determinado y de cada una de las demandas y propuestas que propugnan los diferentes actores. Esta relación no será siempre la misma y variará según épocas y sociedades.
Max Weber elaboró una tipología que intentaba sintetizar en un esquema ideal las tres fuentes de legitimidad del poder político:     La tradición: Lo que justifica las propuestas del poder es su adaptación de los usos y costumbres del pasado. El precedente se convierte en el argumento decisivo para obtener la aceptación de una decisión o de una propuesta. La interpretación de esta legitimidad pertenece a las castas dominantes, los ancianos o los nobles.
La racionalidad: El fundamento de una orden o de una demanda es la adecuación entre los fines que pretende y los medios que propone: “Hay que adoptar tal decisión, porque es la que conduce razonablemente al objetivo elegido”. Esta congruencia entre los fines y los medios suele establecerse en una regla estable. Cando esta regla toma la forma de una norma escrita -ley o constitución- dicha norma se convierte en el fundamento exclusivo del poder. El que puede exhibir una razón legal de su poder es quien cuenta con la legitimidad: por ejemplo, quien ha sido designado gobernante con arreglo a normas electorales admitidas o quien ha sido reclutado como funcionario según los procedimientos legales vigentes.
El carisma: También puede conferir legitimidad a una propuesta o a una decisión una cualidad extraordinaria o excepcional de quien la formula o la adopta. El carisma que acompaña a un personaje puede producir tal admiración y confianza que sus decisiones y mandatos son acatados sin necesidad de recurrir a un precedente tradicional o un razonamiento legal. Se atribuye esta legitimidad carismática a los líderes con dotes de seducción capaces de impulsar una convincente visión de lo que ha de ser el futuro colectivo.
Rendimiento: El poder puede fundar su legitimidad en el resultado de sus propias actuaciones.
Si este resultado es percibido como satisfactorio y se ajusta a las expectativas generales, su legitimidad queda reforzada y los mensajes y órdenes que emite son bien recibidos. En cambio, su ineficiencia o su bajo rendimiento le hacen perder credibilidad.
La realidad nos revela que el poder intenta siempre obtener su legitimidad de todas las fuentes posibles.
En los sistemas políticos actuales, tradición, legalidad, carisma y rendimiento son invocados para reforzar las correspondientes capacidades políticas. Incluso sistemas tradicionales de carácter autoritario no dejan de tener en cuenta el rendimiento de sus decisiones en materia de desarrollo económico y bienestar social. Las democracias occidentales -basadas en la legalidad racional- han contado con liderazgos carismáticos que les han permitido superar períodos de crisis.
Legitimidad, legalidad y constitución El término de legitimidad evoca la conformidad de un mandato o de una institución con la ley. En la actualidad, son las leyes y las constituciones las que contienen estas normas. La constitución es justamente una norma suprema, de la que derivan todas las demás. La legitimidad del poder en los sistemas liberales se apoya en la existencia de una constitución, en la que una comunidad política establece las reglas fundamentales de su convivencia.
El concepto de legitimidad es más amplio que el de legalidad. La legalidad comporta la adecuación de una decisión o de una propuesta a la ley vigente. En cambio, la legitimidad nos señala el ajuste de esta misma decisión a un sistema de valores sociales, que van más allá de la propia ley escrita, incluida la constitución.
Cuando la ley se refleja adecuadamente el predominio del sistema dominante de valores sociales tiende a darse una coincidencia entre legalidad y legitimidad. Pero si la ley no se acomoda a la evolución de estos valores sociales, una decisión o una propuesta legal pueden ser percibidas como no legítimas. En tal caso, se producen conflictos entre lo que la ley exige y la convicción social sobre lo que es aceptable.
Los movimientos de desobediencia civil a determinadas obligaciones legales son la expresión de este conflicto. Por ejemplo, cuando Gandhi pone en marcha su estrategia de resistencia no violenta contra la dominación británica en la India. O cuando Martin Luther King impulsa la lucha contra las leyes de segregación racial de los Estados Unidos.
Las propuestas de reforma legal o constitucional que afectan a cuestiones como las citadas responden a la necesidad de acomodar las normas vigentes a los cambios que se producen en las ideas y los valores sociales mayoritarios. La máxima coincidencia posible entre lo legítimo y lo legal es garantía de que el poder político sea estable y aceptable por la comunidad.
3. Las tres dimensiones de la política La política: estructura, proceso y resultado La política puede ser percibida como estructura, proceso o como resultado:    Polity (estructura): Es la parte fija, estática de la política. Cuando observamos la política como estructura fijamos nuestra atención en el modo estable en que una comunidad determinada organiza sus actuaciones políticas. En esta estructura se revela la arquitectura fija por la que transitan los comportamientos políticos. Por ejemplo, nos ilustra sobre los factores que explican la aparición de los parlamentos, qué funciones tienen asignadas y cómo las ejercen. O sobre todos los métodos existentes para designar a los titulares de poder: la herencia, la fuerza, la elección, etc. tienen aquí su lugar los análisis del estado y de otras formas pre-estatales de organización política, el examen de las instituciones estatales o el estudio de las organizaciones políticas internacionales.
Politics: Cuando examinamos la política como proceso observamos ante todo una secuencia de conductas individuales y colectivas que se encadenan dinámicamente. Por ejemplo procesos de negociación y presiones externas, manifestaciones… nos interesan desde este ángulo los factores que influyen en una negociación entre partidos para formar coalición de gobierno. O por qué determinados grupos se organizan en partidos y asociaciones y otros, en cambio, prefieren la acción individual. Si la estructura nos ofrece la cara estable de la política, el proceso nos presenta su cara dinámica: la política de acción.
Policy: Finalmente, cuando contemplamos la política como resultado, el punto de atención principal lo constituyen las respuestas que la combinación del proceso y estructura da a cada conflicto. Estas respuestas son el producto final de la política, destinado a regular las tensiones existentes en diferentes ámbitos de la vida colectiva. Aquí interesan mucho menos el proceso de las actuaciones previas o el conjunto de reglas o instituciones: lo que resalta ahora es qué medida incide la política sobre las relaciones sociales y sus momentos conflictivos. En esta dimensión se pone en relieve lo que la política es capaz de aportar a la necesaria cohesión de una comunidad.
El sistema político La estructura de la política es concebida como un sistema. Un sistema sería cualquier organización compleja que recoge y transmite información, genera actividades y controla resultados. Tiene su autonomía, pero está vinculada a un entorno del que recibe informaciones y sobre el cual actúa.
La palabra cibernética y gobierno tienen la misma raíz etimológica. Ambas proceden del griego kubernetes, traducible por timón, el instrumento desde el que se gobierna o dirige una embarcación.
El sistema político recibe de su entorno social distintos mensajes, en forma de noticias, demandas, reivindicaciones o apoyos de los diferentes actores. Procesa esta información y la contrasta con los valores y las ideologías dominantes en aquella sociedad. Emite una orden de intervención en forma de política pública, que contenga disposiciones legales, mandatos del gobierno, acciones administrativas, campañas de propaganda, etc. Con ello pretende incidir sobre la realidad, corrigiendo la situación registrado. O, en otros casos, reforzándola con nuevos recursos.
El impacto de la esta política pública sobre el entorno dará lugar a nuevas informaciones que alimentarán otra vez la acción del sistema y desencadenarán intervenciones posteriores. (Esquema de arriba ) Los elementos del sistema: entorno, imputs, outputs y retroalimentación Para comprender el funcionamiento global del modelo sistémico debemos tener en cuenta cuatro elementos:    Entorno: conjunto de interacciones -sociales, económicas, culturales- que se da en la sociedad.
Estas interacciones reflejan situaciones de desigualdad y, a menudo, de tensión entre diferentes actores. La distribución desigual de recursos y posiciones entre individuos, grupos y comunidades motiva el desacuerdo entre ellos y reclama la intervención política. Este entorno es el que presiona sobre la política, sea en el ámbito local, en el estatal o en el planetario.
Imputs: la conexión entre entorno y el núcleo del sistema político se hace mediante la expresión de demandas y apoyos, los imputs, entradas o insumos. Acceden al sistema desde el exterior.
Proceden de actores colectivos e individuales. Pueden adoptar la forma de demandas o reivindicaciones. También pueden adoptar la forma de apoyos o reproches dirigidos a los diversos componentes del sistema político.
Outputs: el conjunto de imputs que el entorno social genera es procesado por el sistema, hasta producir una reacción a las demandas y apoyos planteados. Esta reacción puede consistir en decisiones circunstanciales o en políticas sectoriales más estructuradas y de mayor alcance. En algunos casos es útil distinguir la respuesta del sistema del efecto que esta respuesta produce realmente sobre la realidad. Cuando se pone en marcha una acción política, no siempre se alcanzan los objetivos deseados: a veces se consiguen de manera parcial y en otras se produce el fracaso. O incluso se consiguen efectos contrarios a los esperados.
¿Cómo se procesan las demandas recibidas? ¿Cómo se elevara la reacción del sistema a la exigencia externa? El modelo sistémico ofrece una respuesta propia a esta pregunta. Deja abierto un espacio -una caja negra- que cada analista ha de completar, echando mano de alguna de las propuestas que ha formulado la teoría política.
 Retroalimentación o feedback: Es el resultado del impacto que la reacción del sistema tiene sobre el entorno. Si una acción política determinada tiene como efecto un cambio en las rutas del narcotráfico o en los hábitos del consumo, la nueva situación generará con toda probabilidad nuevas demandas y apoyos que reclamará otra vez reacciones políticas para hacer frente a las exigencias de esta nueva situación. De este modo, el proceso se pone otra vez en marcha, en un movimiento ininterrumpido de ajuste permanente.
¿Por qué es útil la noción del sistema político? David Easton La noción de sistema político como modelo tiene ventajas importantes, que explican su éxito desde que David Easton lo introdujo en el análisis de la política. Entre sus ventajas pueden señalarse:     Pone de manifiesto la relación permanente entre el entorno y la política porque ni el primero ni la segunda pueden explicarse por separado.
Deja claro que la política ha de ser entendida como un efecto de las tensiones y conflictos que afecta a diferentes colectivos sociales.
Describe una secuencia ideal -aportación de inputs, outputs, retroalimentación- que permite poner un cierto orden en la pluralidad y diversidad de intervenciones políticas.
Señala la interdependencia de los diversos elementos que integran la estructura política, entre   sus funciones y sus instituciones.
Subraya el aspecto dinámico de la estructura política, obligada a reformarse para ejercer adecuadamente su papel de conservadora de la cohesión social.
Es aplicable a todo tipo de estructuras políticas facilitando las comparaciones entre ellas.
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