Locke y la propiedad privada (2014)

Ejercicio Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 4º curso
Asignatura Ètica i filosofia política
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 21/10/2014
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John Locke y la justificación de la propiedad privada en base al trabajo Ética y filosofía política Laia Pujol Serra Antes de empezar, quisiera remarcar que este ensayo no pretende cuestionar los presupuestos que John Locke da por sentados –consciente o inconscientemente– en su teoría civil, por lo que me limitaré a nombrarlos cuando aparezcan en la argumentación del discurso del autor sobre el derecho natural a la propiedad privada, sin llegar a desarrollar al completo el motivo por el cual considero que se trata de presupuestos.
Al comienzo del quinto capítulo del Segundo tratado sobre el gobierno civil, Locke empieza argumentando que tanto si consideramos la razón natural, la cual nos dice que, una vez que nacen, los hombres tienen derecho a su autoconservación y, en consecuencia, a comer, a ver y a beneficiarse de todas aquellas cosas que la naturaleza procura para su subsistencia, como si nos atenemos a la revelación, la cual nos da cuenta de los dones mundanales que Dios otorgó a Adán, a Noé y a sus hijos, es sobremanera evidente que Dios, como dice el Rey David (Salmos CXV, 16), «ha dado la tierra a los hijos de los hombres», es decir, que se la ha dado a toda la humanidad para que ésta participe en común de ella (p.
55).
En este fragmento el autor justifica la propiedad privada mediante dos fuentes diferentes: la primera, el raciocinio del hombre que, “lógicamente”1, nos dice que todo ser humano tiene derecho a la posibilidad de acceder a los medios necesarios para poder sobrevivir, los cuales nos son proporcionados directamente por la naturaleza, i la segunda, la fuente bíblica sobre la voluntad de Dios de darnos la tierra a nosotros, los hombres2.
Sin embargo, esta segunda fuente nos habla de la tierra como propiedad colectiva, no privada. El paso de la una a la otra, para Locke, se trata de un proceso temporal en que la humanidad deja hacia atrás el estado de naturaleza para adentrarse en los inicios de la 1 En verdad no se trata ni de lógica ni de razón, sino de ética y moral, cuyos fundamentos últimos sólo pueden justificarse a través de los sentimientos –en este caso afectivos– hacia los demás y hacia uno mismo, apelando indirectamente a la idea de “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti” (una idea que se puede encontrar implícitamente en casi todas las religiones, solamente cambiando las restricciones y límites que agrupa la definición de “los demás”).
2 En esta segunda idea está presente la concepción utilitaria sobre que “Dios no hace nada en vano”, es decir, que, para Locke, hay un motivo en cada acto de Dios sin dejar lugar al azar.
1 civilización y, por lo tanto, de las leyes y la política. Para entenderlo, pues, tendremos que definir qué entiende el autor por “estado de naturaleza”.
Nos referimos al “estado de naturaleza” como ese momento determinado en el pasado de la humanidad en que la tierra es una propiedad comuna3. Sin embargo, hay una propiedad que no es comuna, sino personal e individual: ésta es el trabajo. Un hombre, al utilizar el trabajo ya sea para “autoconservarse” o para hacer uso de la tierra que Dios le dio4 –o ambas a la vez–, convierte aquello que ha sido trabajado en un bien privada, precisamente por haber añadido una parte de sí mismo. Tal y como argumenta el autor, aunque la tierra y todas las criaturas inferiores pertenecen en común a todos los hombres, cada hombre tiene, sin embargo, una propiedad que pertenece a su propia persona; y a esa propiedad nadie tiene derecho, excepto él mismo. El trabajo de su cuerpo y su labor producida por sus manos, podemos decir que son suyos. Cualquier cosa que él saca del estado en que la naturaleza la produjo y la dejó, y la modifica con su labor y añade a ella algo que es de sí mismo, es, por consiguiente, propiedad suya.
Pues al sacarla del estado común en el que la naturaleza la había puesto, agrega a ella algo con su trabajo, y ello hace que no tengan ya derecho a ella los demás hombres.
La aplicación del trabajo –teniendo en cuenta el trabajo como una propiedad intrínseca del hombre– sobre un bien es, pues, el factor que determina que este bien pase de propiedad comuna a propiedad privada. En este punto hay que tener en cuenta que el concepto de “propiedad” tiene diferentes significados en el enunciado: en primer lugar, cuando Locke se refiere al trabajo como propiedad del hombre utiliza el término para hablar de una cualidad propia de una cosa que la distingue de las demás, es decir, una particularidad; este no es el caso, no obstante, del uso de propiedad cuando se refiere a un bien, a una posesión, o al derecho de disponer de algo de forma exclusiva. Es, en resumen, el trabajo como elemento característico e intrínseco del hombre y su uso para conseguir un objeto con el fin de subsistir y, a la vez, cumplir la finalidad divina de las 3 En el estado de naturaleza “Dios entregó en común al género humano; y ello, sin necesidad de que haya un acuerdo expreso entre los miembros de la comunidad” (p. 56). Dicho de otra forma, la tierra es colectiva porque Dios así lo quiso, no porque los hombres hicieran un acuerdo entre ellos y determinaran que el trabajo convertiría la propiedad comuna en privada. Como veremos a continuación, este paso se justifica a través del trabajo porque éste es parte del hombre –como dice Locke, “propiedad” del hombre– , y es por añadir una parte suya a lo que es de todos que lo convierte en suyo. El problema surgiría, no obstante, al cuestionarse el por qué el hombre tiene que hacer algo suyo y no puede continuar siendo común. Este tema también lo trataremos a continuación.
4 Es uso es imperativo: “Dios, cuando dio el mundo comunitariamente a todo el género humano, también le dio al hombre el mandato de trabajar; y la penuria de su condición requería esto de él. Dios, y su propia razón, ordenaron al hombre que éste sometiera la tierra, esto es, que la mejorara para beneficio de su vida, agregándole algo que fuese suyo, es decir, su trabajo” (p. 60).
2 tierras destinadas al hombre, lo que legitima que ese objeto se convierta en un bien privado. En este punto podríamos objetar a Locke que, en verdad, el hombre podría hacer uso de la propiedad comuna sin tener que convertirla en privada. Sin embargo, para Locke, alimentarse y satisfacer las necesidades básicas mediante el uso de un bien natural ya significa “hacer algo suyo”, es decir, convertirlo en privado. Por lo tanto, para no morir, para sobrevivir, el hombre tiene que convertir las cosas en privadas, y es claro que si el hecho de recogerlos [los frutos] no los hizo suyos, ninguna otra cosa podría haberlo hecho. Ese trabajo estableció la distinción entre lo que devino propiedad suya, y lo que permaneció siendo propiedad común (p. 57).
En consecuencia, concibiendo el “hacerlo suyo” como convertirlo en privado es lógico que Locke busque un principio que legitime el derecho del hombre para la propiedad privada y que la encuentre en la aplicación del trabajo.
Aun así, el derecho a subsistir del que habló al principio se aplica a todos los hombres, por lo que el autor establece inicialmente tres límites o restricciones para que la adquisición de bienes no sea ilimitada y el derecho pueda seguir siendo universal: en primer lugar, que siempre se deje suficiente cantidad y de igual calidad para los demás5; en segundo lugar, que se pueda hacer uso de este bien antes de que se eche a perder (es decir, si se echa a perder es que no era necesario para mantenerse)6, y tercero, como un límite que se puede extrapolar a partir de los dos primeros, que la apropiación justa tiene que estar limitada a lo que un hombre puede hacer con su propio trabajo.
Sin embargo, la invención del dinero determina un cambio en estos límites: por el “deseo de tener más de lo necesario” se introdujo la posibilidad de cambiar los productos de la naturaleza –que se pueden corromper con el tiempo y por lo tanto echarse a perder– por dinero –en forma de metal, es decir, no corruptible– según el valor de los bienes iniciales7. La capacidad de acumulación que ofrece la introducción de la moneda aumenta, incluso, los beneficios generales, 5 “Porque este trabajo, al ser indudablemente propiedad del trabajador, da como resultado el que ningún hombre, excepto él, tenga derecho a lo que ha sido añadido a la cosa en cuestión, al menos cuando queden todavía suficientes bienes comunes para los demás” (p 57).
6 “Todo lo que uno pueda usar para ventaja de su vida antes de que se eche a perder, será lo que le esté permitido apropiarse mediante su trabajo. Mas todo aquello que excede lo utilizable, será de otros” (p.
59).
7 El valor de un producto se determina por el trabajo que se ha aplicado en él y, en consecuencia, por la utilidad que tiene: “Las materias primas son las que constituyen el alimento y la cobertura que la 3 pues los frutos en beneficio de la vida humana que son producidos por un acre de tierra cultivada, resultan ser –sin exageración– diez veces más que los productos por un acre de tierra igualmente fértil que no aprovechado y continúa siendo terreno comunal (p.
64)8.
Locke utiliza esa recreación originaria y temporal del desarrollo del derecho propiedad del hombre en un pasado remoto –incluso bíblico, por lo que hoy en día se cuestionaría de inmediato su historicidad y por lo tanto su factibilidad como argumento– para justificarlo en el presente. Además, “mediante leyes dictadas dentro de las comunidades mismas, regularon las propiedades de los individuos de su sociedad, y así mediante actos y convenios, establecieron la propiedad que ya se había iniciado con el trabajo y la laboriosidad” (p. 71); dicho de otro modo, la legislación presente sobre la propiedad sólo es una representación oficial de lo que ya se había establecido por el derecho natural de poseer un bien sobre el cual se había aplicado la propiedad del trabajo sin quebrantar los límites ya dichos. Así, pues, la ley queda también justificada.
naturaleza misma nos da, sin intervención humana alguna; pero los productos elaborados para el consumo son preparados mediante el trabajo y el esfuerzo” (p. 68).
8 Justificación para los propietarios de tierras que contratan campesinos para que las trabajen.
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