Capítulo 9: teoría del etiquetamiento (labeling) (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención + Derecho - 1º curso
Asignatura Teories Criminològiques
Año del apunte 2017
Páginas 11
Fecha de subida 09/06/2017
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Capítulo IX: Teoría del Etiquetamiento 1.
- - - - - - - Introducción La teoría del etiquetamiento (labeling approach) surge en EUA en los 60. Representantes: Lemert, Erikson, Kitsuse, Becker y Schur Su popularidad se explica gracias a la insatisfacción con las teorías anteriores, a las cuales se les criticaban su fascinación con los métodos cuantitativos, su preocupación por el orden social y sus vínculos con los objetivos gubernamentales de prevención del delito. Clima político de los 60 à fuerte lucha estudiantil en contra de la intervención norteamericana en Vietnam y en contra de la segregación racial vigente hasta aquel momento y empieza a surgir el movimiento feminista recamando la igualdad de oportunidades, el cese de la discriminación y el reconocimiento del derecho al aborto. Se propugna un nuevo estilo de vida, no consumista, más liberal en las relaciones personales, más hedonista, aspectos todos ellos que entran en conflicto con la sociedad establecida, cuyos grupos de poder reaccionan en ocasiones criminalizando estas luchas. Nuevo tipo de criminalidad. La criminología tropieza con dificultades, ya que el nuevo delincuente no se parece en nada al de la criminología tradicional. En esta situación, una teoría que afirme que lo que es desviado para uno no lo es para otros, que se criminalizan comportamientos que lesionan determinados intereses, que lo mejor que puede hacer el sistema penal es no intervenir tanto, iba a gozar de una popularidad inmediata. La teoría del etiquetamiento tuvo un gran impacto para la evolución de la criminología y representó un cambio de orientación. Hasta aquel momento, la criminología había estudiado las causas del comportamiento delictivo. Los teóricos del etiquetamiento defienden la importancia del proceso de definición por el cual la sociedad interpreta un comportamiento como desviado, lo define y reacciona frente a él. Supone que no hay comportamientos intrínsecamente desviados, sino que se atribuye por la reacción social También se centran en las consecuencias del proceso de definición para la persona que resulta etiquetada como desviada. La ida de la cual se parte es que la imagen que una persona tiene de sí misma se forma en función de su interacción con los demás y que los comportamientos que esta persona realiza están íntimamente vinculados a la imagen que de sí misma tenga. Estudian cuáles son los efectos que tiene para la persona que se la etiquete de desviado, es decir, si la etiqueta comporta que asuma una nueva identidad y si ésta facilita la continuación de actos desviados. Los teóricos del etiquetamiento centran sus estudios en conductas desviadas y en la reacción social negativa que se produce. El traslado de estas ideas al estudio de delitos conlleva que la criminología dirija su atención al proceso de creación y aplicación de una norma penal para contestar preguntas como: ¿qué comportamientos son considerados delitos y por qué? ¿Qué consecuencias tienen las penas? Ello comporta empezar a estudiar al delincuente y el funcionamiento del sistema penal, lo cual constituye una gran aportación a la perspectiva de la reacción social. 2. Principales ideas teóricas Patternoster-Iovanni: las principales ideas de esta escuela provienen de dos grandes tradiciones. - El poder económico y político determinan qué se etiqueta y a quién se etiqueta (teorías del conflicto) La experiencia de ser etiquetado es instrumental para la creación de un carácter y de un estilo vida más desviado (interaccionismo simbólico) Los estudios desarrollados a partir de la perspectiva de la reacción social han tenido repercusión fundamentalmente en tres áreas: • El proceso de definición del delito y del delincuente Partimos de Becker: los científicos sociales han aceptado siempre la categoría estática de desviación y han acostumbrado a estudiar por qué la gente realiza estos comportamientos y a atribuir las causas de ello a características individuales de la persona. Si se somete a discusión la propia categoría de comportamiento desviado, observaremos que existen diferentes definiciones acerca de lo que constituye un comportamiento desviado. La definición de un comportamiento desviado es el resultado de una lucha de intereses. Cuando los grupos poderosos crean las normas y las aplican a quienes as infringen están creando el comportamiento desviado. ¿Quién crea las normas y por qué motivos? La aportación de esta teoría consiste en cuestionar que la creación de leyes penales obedezca sólo al interés de perseguir las actividades socialmente dañinas, sino que existen leyes que obedecen a campañas de “empresarios morales”. Con ello expresa que determinados grupos sociales consiguen movilizar al Estado y al Derecho penal para que éste plasme en las leyes su concepción moral y social del mundo. Esto implica abrir una nueva área de estudio: analizar el poder de los grupos sociales no sólo para etiquetar una actividad como negativa, sino para movilizar el Derecho a favor de criminalizar un determinado comportamiento. Favorece los estudios que analizan el proceso de criminalización, es decir, el análisis de cómo determinadas conductas forman parte del código penal por influencia de grupos sociales y cómo éstos movilizan al Estado en favor de sus intereses corporativos, políticos o económicos. El comportamiento delictivo surge porque es necesario que la ley penal se aplique. La aplicación implica que un comportamiento es reconocido como delito y, por tanto, este proceso de interpretación y definición de un comportamiento como delito debe convertirse en objeto de estudio ya que de por sí no es evidente. EL proceso de aplicación de la ley penal implica que existen personas que reconocen este comportamiento como delictivo y lo denuncian. No obstante, la población reconoce comportamientos como delitos y otros los interpreta y define como “accidentes”, a pesar de que también podrían ser constitutivos de delitos (hay actitudes que por culpa de la falta de publicidad y simplicidad de los hechos no son identificados como delitos, es decir, la persona no se siente víctima. Por ejemplo, delitos de cuello blanco). El proceso de aplicación implica que la policía reconoce determinados actos como delitos y los registra. Se trata de investigar qué caracteres debe presentar un determinado suceso o persona para que sea un delito y actúen las fuerzas policiales. En definitiva, el delito no surge sólo cuando se realiza un comportamiento que infringe la norma penal, sino cuando la infracción de este comportamiento es interpretada, definida y registrada como delito. ¿Qué personas son etiquetadas como delincuentes? La categoría de delincuente no coincide con la de infractor de una norma penal. Becker: hay personas que no han infringido las normas, pero son definidas como desviados (estereotipos= y hay otras que han roto las normas y no son identificadas como desviados (no detectadas por el sistema). Esta idea se refuerza si pensamos en las investigaciones que correlacionan factores individuales y sociales y delincuencia, basándose en personas que están cumpliendo una condena (normalmente encarcelados). Hay otras personas que habrán realizado la misma conducta y están libres, por tanto, no son objeto de estudio y no se pude decir que las características de los primeros se apliquen a los segundos. Además de realizar un comportamiento que infringe la norma penal, el “delincuente” es alguien que ha sido detectado, identificado y etiquetado como tal. Ello es lo que se pretende reflejar con la expresión “segundo código”: un delincuente es alguien que además de infringir una norma penal (primer código) infringe asimismo otros factores extra-legales (segundo código). Así, hay personas que tienen más posibilidades de ser etiquetadas, ya sea porque el delito que han realizado suscita una gran reprobación social o porque se les impone una pena de prisión en vez de una multa. Si esto se concibe como el proceso de definición, se entiende finalmente por qué el delincuente es una creación del sistema penal, esto es, la consecuencia de aplicar esta etiqueta a personas, que se diferencian de otras no necesariamente por haber infringido una norma penal, sino por haber sido procesadas por el sistema penal y haber salido de éste con la etiqueta de delincuente. Lo que distingue una infracción de un delito no reside en el comportamiento, sino en es en el segundo caso el comportamiento ha estado descubierto, interpretado definido y etiquetado como delito. Lo mismo sucede con el delincuente: la categoría de infractor designa a la persona que ha infringido una norma, en tanto que etiquetamos como delincuente a quien habiendo vulnerado una norma penal ha sido objeto de identificación y condena por el sistema. Becker opina que después de que una persona haya sido definida como desviada se adentra en el mundo de los desviados y se producen consecuencias como la neutralización del vínculo con el orden normativo de la sociedad, repudiar a las personas convencionales, aprender a comportarse de forma desviada para evitar a la policía. En definitiva, forjar una identidad desviada. • La etiqueta y la asunción de una identidad de delincuente En la medida en que los demás nos identifiquen y traten como un delincuente nosotros mismos tenderemos a asumir esta nueva identidad que predominará sobre las anteriores y las acabará absorbiendo. Adicionalmente se asume que tener una u otra identidad es importante porque ésta influye en el comportamiento. De acuerdo a la teoría en la formación de la identidad interviene de modo decisivo la reacción social porque es un proceso social. Una experiencia traumática como ser arrestado y condenado es la culminación de la construcción de la imagen de delincuente. El proceso penal es como una ceremonia de degradación social, en el que la persona es identificada como criminal y se da a conocer a todos. Esta nueva identidad sirve para el futuro y para reinterpretar sus actos pasados. Lemert: la adquisición de la nueva identidad no es automática, sino que adopta esta forma: - Desviación primaria Sanciones sociales Posterior desviación primaria Mayores sancione y rechazo Más desviación primaria, con hostilidad y resentimiento hacia el que impone sanciones Crisis en el límite de tolerancia de la comunidad que se expresa en una acción formal que estigmatiza al desviado Fortalecimiento de la conducta desviada como respuesta a la estigmatización y sanciones Aceptación del estatus de desviado y esfuerzos para ajustarse a este nuevo rol Una vez producida la asunción de identidad como consecuencia de la reacción social, la hipótesis es que la etiqueta facilita la realización de futuros actos delictivos o carrera delictiva. La etiqueta asumida por un contacto con el sistema penal propicia la realización de actos delictivos y funciona como profecía que se auto cumple. Este proceso es denominado desviación secundaria (Lemert) y se describe del siguiente modo: cuando una persona realiza un delito es probable que por este hecho aislado no se defina a sí misma como delincuente. Él no es “un delincuente” sino que su acto se lo explica, por ejemplo porque otro le había agredido antes o porque perdió el control (técnicas de neutralización à desproveen su comportamiento de carácter delictivo y justifican ex post la comisión del hecho). Por qué la persona realiza el primer acto desviado puede deberse a numerosos factores (psicológicos, educacionales, etc.). Sin embargo, cuando estos actos se repiten, cuando la reacción de la sociedad se vuelve más severa y permanente, cuando interviene el proceso penal, es posible que se produzca una reordenación de la personalidad de la persona. Una de las posibilidades es que la persona adopte el nuevo rol de delincuente. Asumir este rol tiene ciertos costes pero también presenta algunas ventajas. Los costes son una diferenciación, degradación de estatus y aislamiento de la sociedad convencional, pero las ventajas son que te suministra un grupo de referencia en el cual te puedes integrar, el de los delincuentes, que te protege del mundo hostil circundante. “Cuando la persona empieza a utilizar su comportamiento desviado como un medio de defensa, ataque o adaptación a los problemas abiertos y encubiertos que le ha creado la reacción social a su comportamiento la desviación es SECUNDARIA” (Lemert) Este momento es trascendente porque su actuación futura ya no responde a las causas originarias que hicieron que se comportara de forma desviada, sino que es una respuesta a la reacción social de su desviación primaria. à El control social crea desviación Hipótesis de investigación empírica: las personas a quienes se aplica la etiqueta de delincuente tienen más posibilidades de persistir en la delincuencia, producto de haber sido etiquetadas y de las consecuencias que ello comporta para la autoimagen e imagen social, que aquellas que han delinquido pero que precisamente por no haber sido detectadas no han sido etiquetadas. Akers sostiene que esta hipótesis no ha sido confirmada, puesto que el hecho de que hayan sido arrestadas y condenadas tiene poca incidencia independiente en su futuro comportamiento delictivo, es decir, que también depende de otras características. Apoya el impacto negativo de la etiqueta, pero afirma que las investigaciones no demuestran que la persistencia delictiva se deba solamente a la etiqueta. Paternoster-Iovanni: cuestionan las investigaciones porque éstas intentan descubrir el impacto de la etiqueta analizando las penas aplicadas, pero la etiqueta se aplica de manera informal; porque estudian cuál es el impacto de la etiqueta en prisión de unas penas respecto a otras, cuando esto no es lo más relevante, ya que la diferencia fundamental para comprobar el efecto de la etiqueta es si la persona ha sido procesada y condenada o no. Estos autores opinan que el proceso complejo producto del etiquetamiento puede comportar tres consecuencias: alteración de la identidad personal, exclusión de oportunidades convencionales y un incremento de la posibilidad de una mayor desviación. La teoría del etiquetamiento no queda desmentida por el hecho de que no se produzca la tercera consecuencia (en su opinión). à Pfohl: la teoría del etiquetamiento no pretende afirmar que la etiqueta es la causa de la persistencia delictiva, sino que pretende mostrar el proceso que se desencadena en la persona una vez ésta ha sido etiquetada. La hipótesis de la teoría del etiquetamiento de que la etiqueta de delincuente es un factor que facilita la comisión de ulteriores actos delictivos es totalmente plausible, aunque las investigaciones no hayan sido capaz de demostrarla. Tiene sentido pensar que el etiquetamiento de una persona como “delincuente” hace que ésta tenga menos oportunidades y, por tanto, se tenga que adaptar a la nueva identidad, que degrada su estatus, busca subculturas delictivas y cambia la percepción social respecto de la persona, que puede conducir a una estabilización y amplificación de su rol delictivo. • Las estadísticas del delito Kitsuse-Cicourel; parten de la crítica que apunta la dificultad de deducir la realidad de los datos estadísticos, pues las estadísticas no recogen todos los hechos u no son un espejo de la realidad y, además, pueden agrupar comportamientos distintos en una misma categoría y comportamientos similares en diferentes. Estos autores afirman que no se trata de errores “técnicos”, sino que deben diferenciarse dos unidades de análisis: el comportamiento delictivo y los hechos registrados. La utilización de las estadísticas para explicar las características del comportamiento es inadecuada, pues lo que explica una cosa no necesariamente explica la otra. En su opinión: las estadísticas nos proporcionan más información del personal y decisiones que procesan los datos que del comportamiento en sí. Los “procesos institucionales” o “actividad organizativa” que define, interpreta y decide qué comportamiento es desviado son desarrollados por múltiples personas. Tienen un tamaño de poder de definición y actuación para construir cifras porque las definiciones en la ley son vahas y permiten un amplio margen de discrecionalidad. Los criterios en base los cuales se incluye un comportamiento como delito son legales, pero están condicionados por factores ideológicos, condiciones organizativas, intereses corporativos y presiones políticas. Ambos autores indican que incluso los delitos recogidos en las estadísticas han sido sometidos a un proceso previo de definición: “las estadísticas del delito son una construcción social”. Se deriva una desconfianza a las estadísticas oficiales, que comportó una necesidad de complementarles con otros métodos, como encuestas de victimización y estudios de auto denuncia. Además, proporcionó una nueva área de estudio que pretendía analizar cómo se identifican determinados comportamientos como delitos por parte de las personas encargadas de aplicar las leyes penales y procesar los datos (Cavender). Para contabilizar un hecho tiene que haber una definición reconocida, pero también deberá estudiarse el funcionamiento de las fuerzas policiales para entender cuándo y cómo registran estos hechos, pues puede depender de la persona que lo comete, de la víctima, de la concepción de la policía o de su estructura organizativa. Siempre se debe interrogar si, si decimos “han aumentado las denuncias por violencia doméstica”, han aumentado los hechos o su percepción per el sistema penal. La constatación de estas dos unidades de análisis es el legado de esta perspectiva. 3. Consecuencias de la política criminal La crítica que se realiza por los partidarios del labeling al sistema penal remarca que éste favorece la formación de identidad de delincuente, pues el proceso penal somete a la persona a un proceso de visibilidad, diferenciación y estigmatización del cual muy probablemente la persona salga asumiendo una nueva identidad de delincuente. Asumida esta identidad, es más probable que se relacione con delincuentes y persista en su carrera delictiva. Esto es lo que supone ser etiquetado como delincuente, una etiqueta que tiene tanta fuerza que borra cualquier otro rol anterior. Esta crítica se popularizó (“el sistema penal crea delincuentes”), de la cual se deriva una política criminal caracterizada por la exigencia “des”: descriminalización, desinstitucionalización y descarcelación son las consignas más populares de la escuela (Cohen). La propuesta descriminalizadora tuvo un gran impacto en EUA donde existe una tendencia a criminalizar delitos sin víctimas. Respecto de estos comportamientos los teóricos del etiquetamiento se caracterizaron por exigir la retirada del Derecho penal y abogar por una política basada en la tolerancia de diversos estilos de vida (“Derecho penal mínimo”). La necesidad de evitar que la persona se adentre en su rol de desviado lleva a preconizar medidas para evitar el paso por el sistema penal y evitar la etiqueta de delito a comportamientos propios de adolescentes. à movimiento de la diversión: quieren que los problemas tratados como delitos fueran definidos y tratados de forma diferente. Lemert: no excluye cualquier tipo de intervención, así se preconizaba servicios sociales juveniles o instituciones comunitarias, pero es cierto que la consigno popular devino como menos intervención mejor. No significa que todo vale, pero la política criminal prohíbe muchos comportamientos que van más allá de lo necesario para mantener el orden social. à mensaje ambivalente: pretenden evitar el paso de los jóvenes por tribunales e insisten en derivarlos a los sistemas de asistencia social, pero existía un peligro de la intervención de otras instituciones en cuanto a etiquetar o configurar medidas intrusivas sin límite y por eso se reclamaban las garantías de un proceso penal. El movimiento de la diversión tiene como objetivo fundamental evitar la intervención de un proceso penal, en especial respecto a las personas más jóvenes, por ello insiste en favorecer alternativas fuera del sistema procesal formal. Antecedente medidas de mediación y reparación (Lanier-Henry) que quieren que el joven acepte mediar y reparar a la víctima sin pasar por el juicio y, por tanto, evitando un proceso penal. Crítica a la cárcel: Goffman à escritos contra las instituciones totales. El paso por las instituciones psiquiátricas etiqueta y, además, enseña comportamientos propios de locos a la persona para que se pueda adaptar. Aplicado a esto, la pena de prisión etiqueta como preso y la persona aprende normas, valores y conductas que le dificultan la reinserción. Esto implicó el origen de las “alternativas a la cárcel” y los castigos comunitarios en medio abierto, que evitan el estigma. Lanier-Henry à el uso del lenguaje políticamente correcto que evite las etiquetas por la estigmatización se deben a la teoría del labeling Pfohl à el labeling constata que las personas estigmatizadas tienden a crear subculturas, por tanto, la creación de asociaciones de personas desviadas para batallar por la respetabilidad social es también consecuencia de esta teoría. La evaluación del movimiento de la “no intervención” es ambivalente. Pretende evitar la intervención penal para evitar el etiquetamiento, pero también parece una crítica indistinta a la intervención social estatal. Por eso, en los 80 se advierte que la no intervención puede llevar a un “olvido benigno” (Cohen) à se temía que las críticas dirigidas a las instituciones sirvieran como coartada para que el Estado desinstitucionalizase a grupos de personas y las dejase en la calle sin atención social. Esto es una distorsión de la no intervención, ya que una cosa es prescindir del Derecho penal para solucionar un problema y otra es ignorar el problema que hay bajo la etiqueta. Por lo que se refiere al movimiento de alternativas de cárcel también existen resultados ambiguos. Las penas alternativas se crearon, pero tendieron a ser aplicadas a personas que anteriormente hubieran sido absueltas o condenadas a la pena alternativa tradicional existente de libertad vigilada (probation) sin ninguna otra exigencia. Para este grupo de personas, la creación de las alternativas a la cárcel implicó un mayor control penal (el grado de intromisión de algunas penas alternativas popularizó la tesis de Foucault de que el castigo es un instrumento para disciplinar a las personas con un determinado estilo de vida) ya que la existencia de muchos programas alternativos permite a los jueces imponer una mayor amalgama de exigencias, de control, de asistencia a programas, que deben ser cumplidas y que, en caso de no serlo, pueden dar lugar a imponer una condena de prisión. Para el resto, los considerados auténticos delincuentes, la pena de prisión continuó siendo la pena dominante. à “Extensión de la red penal” 4. Valoración crítica El papel de la etiqueta (reacción social negativa formal/informal) en la creación del comportamiento desviado). - - - La etiqueta no crea el comportamiento, sino que se impone a quien vulnera una norma (Akers) à dos tipos de consideraciones: puede dirigirse a la afirmación equívoca de que la etiqueta “crea” la desviación primaria, cuando los teóricos del etiquetamiento insisten en que su teoría NO puede explicar el acto inicial delictivo y se limitan a analizar la importancia de la etiqueta para la desviación secundaria (Becker: el etiquetamiento pretende explicar el efecto el hecho de etiquetar a alguien como delincuente en la persona y en la sociedad). Por otro lado, cuando se critica que la etiqueta crea la desviación se hace referencia a la siguiente posibilidad: para los teóricos de la reacción social que la gente te trate como un delincuente es crucial para un futuro comportamiento, Pero, ¿de qué depende que la gente te trate como un delincuente? Parece que los autores afirmen que la imposición de una etiqueta es aleatoria, que el etiquetamiento se produce cuando la persona no infringe ninguna norma y que la etiqueta depende esencialmente del control social (actitudes que son calificadas como delincuencia juvenil cuando no debería serlo à Lemert reforzado por un estudio de Scheff). No puede excluirse que en ocasiones excepcionales se etiquete como delincuente a aquel que no ha infringido una norma, pero lo más probable es que la persona que realice un delito sea etiquetada. Pero, ¿es suficiente con delinquir para ser etiquetado? ¿Qué es lo más relevante para ser etiquetado? Cavender: el factor más importante para etiquetar a alguien es que haya infringido una norma penal. Pfohl señala que la posición de desventaja social también tiene efectos en la posibilidad de etiquetamiento. Esto implicaría que el factor más relevante para ser etiquetado es su posición en la estructura social. La etiqueta no siempre comporta una amplificación del proceso de desviación, sino que puede conseguir que la persona cese en la realización de actos delictivos (Akers) à carácter determinista que se le pretende atribuir a la etiqueta y Lemert siempre rechazó. En su opinión, el proceso de etiquetamiento es un proceso abierto a cambios y opciones por parte de la persona en función de las reacciones de otros. Existe desviación primaria por múltiples factores, es decir, que la etiqueta no crea la desviación; si la respuesta que se produce a la desviación primaria consiste en el estigma, castigo y degradación crea un problema de adaptación a la nueva realidad; una de las formas en que la persona puede adaptarse es adoptando una nueva identidad, pero esta nos siempre se crea, sino que es la respuesta más extrema. A veces la gente gracias a la intervención retrocede e inicia una vida normal. La etiqueta no es condición suficiente o necesaria para que se produzca la adopción de una identidad desviada (Mankoff) à Mankoff opina que existen personas que han adaptado la identidad de delincuente antes de que se produzca una reacción social o penal, por tanto, la etiqueta no sería necesario. Además, la gente que ha sido procesada en ocasiones deja de delinquir al ser confrontada con la posibilidad de ser etiquetada y si reinciden no puede asegurarse que sea por el etiquetamiento en vez de las causas de la desviación primaria (Mankoff observa dos ambigüedades en la teoría del etiquetamiento: esta teoría no desarrolló qué tipo de sanciones o cuán severas deben ser para etiquetar a alguien como delincuente y, además, los teóricos no fueron sensibles a que las diferencias de posición social, recursos y poder influyen en la posibilidad de ser etiquetadas). Lemert afirma que la constatación de que uno es desviado puede ser un acto solitario (auto reconocer que uno es un borracho, por ejemplo) del mismo modo que conoce que esta nueva identidad no siempre se adopta, sino que se aprende y se adopta como reacción a los problemas que plantea la reacción social a la desviación primaria y cuando se prevé que la adopción de una nueva identidad comportará más consecuencias positivas que la defensa de la anterior. La existencia de persones a las cuales la etiqueta no produce efecto alguno no desmiente la teoría del etiquetamiento Afirma que: a) el proceso de etiquetamiento comporta una dificultad de integración en el mundo convencional, degradación de estatus y unión a subculturas delictivas que facilitan la persistencia en la actividad delictiva (no pretende explicar la desviación primaria) y b) cuando se etiqueta, la realización de nuevos actos no obedece tato a las causas primarias sino a la adopción de la nueva identidad (desviación secundaria). La perspectiva del etiquetamiento niega la realidad del delito o conlleva un relativismo moral (Becker), es decir, que no hay actos propiamente desviados y el delito es una construcción social (Hulsman niega que el delito tenga cualidades ontológicas distintas de otros comportamientos lesivos). Algunas conductas no dañinas pueden ser interpretadas como delitos y que otras lesivas pueden no ser reconocidas como tal. La perspectiva del etiquetamiento se inscribe dentro de la tradición sociológica de la construcción social, en este sentido, los teóricos no niegan la realidad del problema, sino que se preocupan de estudiar cómo construye el problema la reacción social. Estudio muy popular (Spector-Kitsuse) afirma que para que exista un problema social se necesita un grupo de presión que realice campañas propagandísticas para llamar la atención y conseguir tomar medidas al respecto. Por tanto, el grado de lesividad de una situación sería una condición necesaria pero no suficiente para la existencia de un problema social. Ambos autores observan la ambivalencia de la perspectiva del etiquetamiento, en el sentido de que a veces la reacción social parece justificada como reacción a un acto desviados y otras la reacción social crea el carácter desviado del acto. La crítica de que esta perspectiva niega la realidad del delito es una distorsión de la teoría. Señalar que se debe estudiar por qué se criminalizan determinados comportamientos lesivos y no otros, o que el delito no surge hasta que este comportamiento se interpreta y define como delictivo no es negar la realidad social (Schur à la reacción a los actos etiquetados como desviados determinará su significado social y consecuencias). Los teóricos del etiquetamiento no niegan la realidad de los comportamientos, sino que afirman la necesidad de estudiar por qué algunos comportamientos lesivos son criminalizados y otros no. Apuntan la necesidad de estudiar cómo una vez creada la norma penal ésta cobra vida por la aplicación, es decir cómo las personas interpretan los comportamientos y los reconocen. Enfatizan la necesidad de estudiar las consecuencias que este trato ocasiona para la opinión pública acerca de la gravedad del comportamiento y para la persona que recibe la sanción. La teoría del etiquetamiento legó una aportación trascendente: la criminología deja de ser un análisis del comportamiento delictivo y dirige su tención a la reacción social (Cavender), lo que permite incorporar a la crimi la perspectiva histórica destinada a estudiar el cuándo y por qué determinados comportamientos son delitos (Pfohl) y estudiar el funcionamiento del sistema penal para entender cómo se aplican las normas y cómo se definen determinadas situaciones como delictivas. Propuestas de política criminal: permite avanzar en las demandas de descriminalización y desencarcelación como respuestas alternativas a los problemas sociales. Partiendo de que el Derecho Penal es la respuesta más severa a los problemas sociales, no hay duda de que la perspectiva del etiquetamiento contribuyó a sensibilizar acerca de los efectos negativos de las penas de prisión y favoreció las penas alternativas. La radicalización que se produjo de esta perspectiva contribuyó a la formación de la criminología crítica, que hizo su presentación con una crítica a todas las teorías anteriores. Desde el punto de vista de la criminología crítica, aunque el etiquetamiento era una teoría progresista, no iba lo suficientemente lejos. Se les reprochó: - No preocuparse por los factores estructurales que iniciaban la delincuencia Presentar al delincuente como alguien creado o producto de la reacción social en vez de admitir que la delincuencia puede ser una opción de oposición política No señalar claramente al responsable de toda la empresa de etiquetamiento (poder de los grupos económicos) Esta crítica contribuyó a la perdida de favor de esta teoría y dio paso a la última escuela de pensamiento criminológico. 5. Planteamientos actuales: Las penas públicas reintegradoras No desarrollo posterior de la teoría, pero Braithwaite se expone como una continuación de esta perspectiva, ya que se interroga por los efectos de la etiqueta en el posterior comportamiento delictivo. Tesis: en los países con poco delito el control de éste tiene un carácter público y moral. Ello es debido a que la etiqueta de delincuente, la visibilidad de la pena, la exposición por lo que has hecho, produce un efecto preventivo pues la gente teme los efectos de estas penas públicas. Este autor es consciente de que la etiqueta representa un estigma que impide la reinserción. Advierte que las penas no deben ser excluyentes sino reintegradoras. Si la publicidad de la pena supone un estigma, entonces este hará que se asuma una identidad delictiva que propagará los comportamientos desviados, que arrojará a individuo al mundo de las subculturas que proporcionarán actitudes y justificaciones para el delito. En consecuencia, este autor concluye señalando la necesidad de que las penas públicas que buscan que el delincuente se confronte al daño realizado sean reintegradoras (posteriormente Braithwaite-Mugford desarrollaron bajo qué condiciones las penas pueden favorecer la reintegración más que la exclusión). Debido a que es un criminólogo experto en delitos de cuello blanco expone de qué forma las penas públicas pueden utilizarse y ser efectivas respecto de los delitos realizados por empresas, sin excluir su aplicación a otros ámbitos, de entre los cuales destaca la delincuencia juvenil. Se discute si las penas públicas son más preventivas, lo cual deberá ser contestado por las correspondientes investigaciones. Lo único que se sabe es que en Nueva Zelanda se han sustituido los tribunales de menores por comisiones de discusión donde participan mediadores, representantes de la comunidad y personas del mundo del menor. La cercanía de este tipo de penas públicas con las penas degradantes. Las primeras pretenden que el infractor y la comunidad participen, para que al tiempo que uno se arrepiente, la otra se muestre dispuesta a reintegrarlo. Las penas degradantes no prevén discusión alguna, solo quieren someter al infractor a una pena visible para que éste se avergüence y con ello disuadirlo o incapacitarlo para detener futuros delitos. Las penas públicas pretenden dirigirse al infractor como a un agente moral, capaz de entender las razones porque ha delinquido y los motivos por los que no debe repetirlo. Las penas degradantes lo tratan exclusivamente como a un objeto pasivo sobre el cual recae la pena. Las penas públicas corren riesgo de convertirse en degradantes, a no ser que se delimiten cuidadosamente. Finalmente, resta por discutir si Braithwaite es una continuación de esta teoría o muestra lo que actualmente denominamos teorías integradoras, puesto que utiliza teorías de control, de la asociación diferencial, de las subculturas y del etiquetamiento. Como continuador de la perspectiva o como creador de una nueva propuesta, su obra es relevante como defensor de lo que se conoce como justicia restauradora y ha sido uno de los desarrollos teóricos que mayor publicidad ha recibido en EUA y Europa en los 90. ...