Resumen Lectura Obligatoria 6 Políticas de Seguridad y Prevención (2016)

Apunte Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 3º curso
Asignatura Políticas de Seguridad y Prevención
Año del apunte 2016
Páginas 11
Fecha de subida 10/04/2016
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Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 Políticas de seguridad ciudadana en el contexto urbano y prevención comunitaria 1. Introducción: Teorías ecológicas y delincuencia urbana Wirth planteaba la ciudad como lugar en el que relaciones sociales fragmentadas, anónimas y superficiales originaban sentimientos de inseguridad y situaciones de conflicto social en los que mecanismos de control social forma adquirían una relevancia más acentuada.
En la actualidad el nexo entre seguridad y la condición urbana se plantea también en el contexto de los debates en relación con el reconocimiento de los derechos humanos de los sectores sociales más desfavorecidos. La delincuencia y la inseguridad ciudadana amenazan la estabilidad y el clima social de las ciudades, el desarrollo económico sostenible, y la calidad de vida. Desde esta posición se mantiene como la delincuencia además afecta a los sectores más desfavorecidos en las ciudades y contribuye a la estigmatización de barridas pobres generando así barreras adicionales para la movilidad social.
Existe un núcleo de teorías criminológicas que no se interesan tanto por explicar la comisión de actos delictivos por individuos, sino que se centran en tratar de explicar porque determinadas comunidades o lugares dentro de los espacios urbanos exhiben una mayor tasa de delitos y que proponen de que forma el desarrollo urbano puede contribuir a la delincuencia. El punto de partida es que los delincuentes no son sujetos que sufren alguna forma de patología que los hace diferentes del resto de los humanos, sino simplemente sujetos que participan en comportamientos delictivos como respuesta a las condiciones sociales en las que viven en el contexto urbano.
En los años 30 la Escuela de Chicago trata de explicar el desarrollo de núcleos delictivos en las nuevas urbes americanas experimentando una rápida expansión industrial, así como fuertes movimientos migratorios, como consecuencia de la “desorganización social” que se generaba en estos contextos.
Estos modelos ecológicos de la delincuencia tratan de entender de qué forma estos cambios urbanos y condiciones sociales generan la geografía social del delito.
 Los partidarios de la nueva escuela de la desorganización social aluden a la falta de capital social, la dificultad para definir y alcanzar objetivos comunitarios comunes.
 Los partidarios de teorías anómicas o de la presión estructural, pueden destacar la ausencia de oportunidades legítimas para el desarrollo de identidades positivas y prosociales para jóvenes en comunidades marginales.
 Las teorías de la oportunidad destacan la distribución no aleatoria en espacio y tiempo de las oportunidades delictivas, así como la necesidad de ir más allá de explicaciones ecológicas tradicionales que asocian lo malo (pobreza) con lo malo (delito).
La prevención comunitaria del delito puede definirse en un sentido amplio como “aquellas acciones orientadas a cambiar las condiciones sociales que se cree que conducen al delito en comunidades residenciales”.
1 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 La clasificación de Hope distingue tres momentos históricos claves, lo que él denomina la ciudad en la fase de expansión (desde los años 40 a los 60), la ciudad asustada (los 70 y 80) y la ciudad desordenada (desde los 90 a la actualidad).
2. La prevención comunitaria en el estado de bienestar: implicación de los residentes y movilización de recursos Cuando se habla de los primeros modelos de prevención comunitaria se hace referencia a una serie de políticas que se desarrollaron en Estados Unidos y en el Reino Unido durante los 40 y hasta los 70 y que estaban orientados a fortalecer la capacidad organizativa de los barrios y a poner a disposición de comunidades con problemas una serie de recursos sociales que sirvieran para paliar los mismos. Esta es la etapa de la edad dorada del Estado de Bienestar y los programas de prevención comunitaria responden a una política social que aspira a mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales más desfavorecidos, incluso si ello implica ambiciosas inversiones sociales.
1. El proyecto de las Áreas de Chicago Los primeros programas de prevención comunitaria estaban fuertemente influenciados por las teorías de la escuela de Chicago y por modelos teóricos basados en la teoría de la anomia y la falta de oportunidades legítimas. Shaw y McKay (1942) documentaron como los barrios con un mayor nivel de movilidad residencial, diversidad de grupos étnicos, pobreza general y deterioro físico presentan un mayor nivel de delincuencia.
Shaw y McKay pensaban que las condiciones socioeconómicas de estos barrios (1) influían negativamente en la capacidad de los residentes para desarrollar una vida asociativa capaz de canalizar a los jóvenes hacia motivaciones convencionales, (2) limitaban la capacidad de los residentes para desarrollar de forma efectiva el control social informal de las actividades de los jóvenes y (3) facilitaban la exposición de los jóvenes a valores, modelos y comportamientos desviados. Esto es lo que Shaw y McKay llamaban desorganización social.
La delincuencia era conceptualizada como un mecanismo de adaptación por parte de los hijos de inmigrantes rurales actuando como miembros de pandillas de adolescentes en sus esfuerzos para encontrar una ruta para la obtención de papeles sociales significativos y respetados en un contexto comunitario en el que no existe apoyo por parte de la generación más vieja y existe una diversidad de modelos criminales y otros comportamientos desviados.
La prevención de la delincuencia, desde esta perspectiva, implicaba la generación de las condiciones apropiadas para favorecer la organización social o, para favorecer el desarrollo del capital social. Estos autores también contribuyeron al desarrollo de un modelo de intervención inspirado en estos principios teóricos: el Proyecto de las Áreas de Chicago (CAP).
El CAP concebía como posible la prevención de la delincuencia y la rehabilitación de los delincuentes. Si los hombres delinquen como respuesta a las condiciones sociales en las que viven, la alteración de estas condiciones puede servir para frenar la delincuencia.
2 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 El eje del CAP era la idea de que la participación activa de los residentes locales es un prerrequisito esencial de cualquier programa de intervención. Si los objetivos de la comunidad local son diferentes de los objetivos de los programas de prevención no se puede esperar que estas intervenciones vayan a tener éxito. El segundo postulado ligado al CAP era la idea de que la gente solamente apoya y participa en aquellas iniciativas en las que tienen un papel significativo.
La implementación del proyecto era gradual. Los contenidos del CAP eran diversos, incluían al menos tres niveles diferentes de actuación:  Programas recreativos para niños en el barrio  Campañas para facilitar la mejora de la comunidad en dimensiones tal y como los servicios educativos, la seguridad vial  Actividades dirigidas a los jóvenes delincuentes, así como a adultos que volvían a la comunidad tras haber cumplido condena Estas actividades estaban orientadas a la consecución de tres objetivos fundamentales: (a) facilitar contactos significativos entre adultos y jóvenes en la comunidad, (b) exponer los residentes locales a las nuevas perspectivas científicas en educación y desarrollo infantil y juvenil, y (c) crear canales de comunicación entre los residentes locales y representantes de instituciones públicas y privadas capaces de proporcionar recursos de utilidad para los barrios.
De forma general, evaluar iniciativas de tipo comunitario es extremadamente complejo y ha sido muy difícil establecer que cambios comunitarios han sido la responsabilidad del CAP.
La diversidad de actividades adoptadas en cada una de las áreas también complica la evaluación global del proyecto, así como el énfasis de mucha de estas actividades en promover la diversión judicial y policial (no- intervención) y la consiguiente inexistencia de registros oficiales de casos que han sido sometidos a diversión.
2. La movilización de recursos Durante los años 60 el presidente americano Lyndon Johnson propuso un programa de “Guerra contra la Pobreza”. Se desarrollaron un número de programas sociales orientados a prevenir la marginación social y la delincuencia. El modelo de movilización de recursos parte de la idea de que fomentar la cohesión social de los barrios pobres, al estilo de las ideas inspiradas por la Escuela de Chicago, sirve de poco si estos barrios carecen de los recursos económicos y sociales necesarios para sostener dicha cohesión social.
El modelo de movilización de recursos encontraba su inspiración teórica en las teorías de la anomia de Merton, el interés en la conformidad de Jackson Toby y en la teoría del bloqueo de las aspiraciones legítimas de Cloward y Ohlin.
El modelo de Merton señala como la estructura social puede inducir de forma directa una presión en la conducta humana para comportarse de forma desviada. Merton señala como en toda 3 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 sociedad existen una serie de objetivos culturales más o menos consensuados y de mecanismos para alcanzar estos objetivos.
Cloward y Ohlin (1960) desarrollan estas ideas en la teoría de la oportunidad diferencial. Estos autores destacan como la frustración generada del bloqueo de canales legítimos de acceso a los valores y objetivos culturalmente aceptados puede dar lugar a la delincuencia. También destacan que el acceso a oportunidades de desarrollo criminal está distribuido desigualmente en la sociedad. Su teoría constituye un esfuerzo de integración teórica de las ideas de Merton con la de las teorías subculutrales y algunas de las nociones en torno a asociación diferencial y cohesión social propuesta por autores del ámbito de Chicago.
Para Cloward y Ohlin (1960) la delincuencia es una propiedad de los sistemas sociales en los que estos individuos y grupos viven. Desde esta perspectiva se subraya que el objetivo de la acción preventiva no lo deben constituir tanto los individuos o los grupos que exhiben comportamiento delictivo, sino los contextos sociales que dan lugar a la delincuencia.
Esta teoría sirvió de inspiración al modelo de movilización de recursos y en particular al programa de Movilización para los Jóvenes que tenía como objetivo la expansión de oportunidades legítimas para adolescentes. El programa Mobilization for Youth (MFY) creado por Lloyd Ohlin, el plan original pretendía reducir la delincuencia por medio de una serie de medidas coordinadas y comprensivas que incluían trabajos para los adolescentes, centros de atención comunitarios, empleo de residentes locales como líderes de la organización, y la organización de los residentes locales en plataformas para tomar acción sobre temas de interés común.
MFY, aunque era un programa dirigido a la prevención del delito, se convirtió en el modelo que inspiro las iniciativas del presidente Kennedy y de su sucesor Lyndon Johnson para combatir la pobreza y la marginación social. El Programa de Acción Comunitaria (CAP, Community Action Program) fue lanzado como una de las iniciativas de la “Guerra contra la Pobreza”. Uno de los objetivos explícitos de este programa era implicar a los sectores marginales de las ciudades directamente, facilitando el “máximo posible de participación” en los programas que afectan a sus vidas. La opinión pública identificaba la Guerra contra la Pobreza con CAP.
Hay quien señala que ni el gobierno federal ni las autoridades estatales y locales, y ciertamente ni la sociedad americana en general, estaban suficientemente comprometidos con los objetivos de la “Guerra de la Pobreza” como para adoptar los cambios políticos y económicos necesarios para eliminar la desigualdad y marginación social.
Los problemas de estos programas fueron empleados por criminólogos conservadores como evidencia de que reformas sociales no son un mecanismo eficaz para la prevención del delito.
3. Prevención comunitaria en el periodo de la ciudad asustada: los esquemas de vigilancia comunitaria y el uso del diseño arquitectónico En el segundo momento histórico descrito por Hope (1995) se comienza a desarrollar en los 70 y desde un punto de vista social tiene un alcance menos ambicioso que los esquemas propuestos 4 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 anteriormente. Los objetivos de los programas de prevención comunitaria en esta época son también menos ambiciosos, no se trata tanto de acabar con los bolsillos de pobreza, sino de garantizar que los mismos están diseñados arquitectónicamente de tal forma que se garantiza la vigilancia natural de los mismos por parte de los residentes y se pretende enlistar la participación de los vecinos en programas de vigilancia comunitaria (neighborhood watch schemes).
El incremento masivo del uso de la prisión en Estados Unidos y otras sociedades occidentales, incluyendo la española, comienza en este periodo y continua hasta nuestros días. Este uso masivo de la prisión afecta fundamentalmente a los residentes de las zonas pobres de las ciudades y contribuye a la destrucción del tejido social de las mismas.
1. Los programas de vigilancia comunitaria Los programas de vigilancia comunitaria están fuertemente ligados al modelo policial comunitario. El trabajo de la escuela de Chicago destacaba el papel del control social informal en la reducción de la delincuencia. Esta idea fue respaldada también por las teorías de la urbanista Jane Jacobs (1961). Jacobs pensaba que la planificación urbana moderna había minado la capacidad de los residentes para regular el uso de estos espacios.
Para Jacobs la seguridad en la calle es un objetivo que no puede ser alcanzado solamente por la policía sino que depende del nivel de control social informal que resulta del uso e interacciones que tienen lugar en la calle: “las calles con gente son calles seguras, las calles desiertas son calles inseguras”. Jacobs (1993) mantiene que una calle segura tiene que reunir tres requisitos: 1. Ha de haber una clara demarcación entre lo que es espacio público y lo que es espacio privado.
2. Debe haber ojos centrados en la calle, ojos que pertenecen a lo que puede llamar propietarios naturales de la calle.
3. La acera ha de estar en uso continuo y estable.
Para que estos requisitos se cumplan Jacobs (1961) pensaba que era fundamental que hubiera en las calles una cantidad significativa de tiendas, pequeños comercios. Estos espacios dan razones a la gente para usar la calle y crea un grupo de personas, los pequeños comerciantes, con un interés en el mantenimiento del orden en la calle donde sus comercios se ubican.
La vigilancia natural ocurre de forma espontánea. Los programas de vigilancia comunitaria constituyen un esfuerzo artificial para aumentar el nivel de “vigilancia natural” de la calle. La teoría era que la creación de estos tipos de esquemas podía tener un efecto directo en la prevención de la delincuencia (al incrementar la vigilancia natural) y que la participación en estos programas podría tener un efecto indirecto al crear redes informales de colaboración y apoyo en barrios necesitados. Los programas de vigilancia comunitaria son organizaciones informales de residentes, con o sin apoyo policial, que vigilan la propiedad de otros residentes en el curso de sus actividades cotidianas y que denuncian cualquier actividad sospechosa a la policía.
5 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 Eck y Maguire (2000) concluían que los programas de vigilancia comunitaria constituyen una de las estrategias más populares entre los departamentos de policía en los Estados Unidos.
Al traer a la atención de los residentes locales la necesidad de ejercer vigilancia natural para prevenir el delito, en algunas ocasiones estos programas pueden estar, de forma inesperada, contribuyendo a aumentar los niveles de ansiedad frente al delito.
Dadas las condiciones de los barrios en los que estos programas existen quizás no es de extrañar el escaso impacto de los mismos, dado que son barrios que, para empezar, tienen niveles bajos de delincuencia.
Hope (1995) subraya el hecho de que la mayoría de los domicilios residenciales se encuentran vacíos durante el día (cuando los ladrones de piso actúan) y no hay nadie durante esas horas que pueda ejercer la función de vigilancia natural, contribuye a reducir el impacto preventivo de este tipo de intervenciones.
Se estima que aproximadamente el 40% de los norteamericanos y más del 25% de los británicos viven en zonas residenciales que participan en programas de este tipo.
2. Espacio defendible Espacio defendible, la idea que de los espacios urbanos pueden planificarse para aumentar la vigilancia natural es una idea que Oscar Newman traspasó al campo del diseño arquitectónico.
Le Corbusier compartía la idea de que el espacio arquitectónico tiene un impacto directo en los estilos de vida de sus habitantes. Le Corbusier concebía los espacios urbanos como un conjunto de estos edificios en amplios espacios vacíos o con parques y conectados entre sí por grandes avenidas.
Tan mal acabó la cosa que hoy por hoy buena parte de la literatura criminológica considera como un factor de riesgo para la participación individual en la delincuencia el crecer y vivir en proyectos de residencia pública.
Newman pensaba que parte de los problemas resultaban de los principios arquitectónicos empleados en el diseño de estos proyectos. Para Newman parte del problema era el tamaño mastodóntico de estos proyectos.
Estas condiciones arquitectónicas disminuían la capacidad de vigilancia natural, al aumentar de forma drástica la densidad de población y el anonimato, sin favorecer el uso de los espacios públicos alrededor de las viviendas ni crear la ilusión de responsabilidad por medio de la demarcación de espacios pertenecientes cada edificio.
Newman pensaba que la solución al problema pasaba por la adopción de los principios del espacio defendible: “El espacio defendible es un modelo para ambientes residenciales que inhibe el delito por medio de la creación de la expresión física de una comunidad social que se defiende a sí misma” El objetivo del espacio defendible es “crear un ambiente en el que el sentimiento de territorialidad latente y de comunidad de los residentes pueda traducirse en su responsabilidad 6 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 para garantizar un espacio habitable seguro, productivo y bien mantenido”. En la medida en que los delincuentes perciban estos sentimientos y las prácticas resultantes serán disuadidos de cometer delitos en dichas áreas. El principio esencial consiste en la reestructuración del espacio urbano para permitir a los residentes el controlar las áreas alrededor de sus viviendas. Newman identifica cuatro aspectos fundamentales del espacio defendible: 1. La definición territorial del espacio de forma que se refleje las áreas de influencia de los residentes. Los residentes adquieren una especie de sentimientos de propiedad y responsabilidad.
2. El posicionamiento de las ventanas de los apartamentos para garantizar que los residentes que miran por las mismas puedan vigilar de forma natural el exterior y el interior de las áreas públicas.
3. La adopción de formas e idiomas de construcción que eviten el estigma de peculiaridad que permite a otros identificar la vulnerabilidad y el aislamiento de los residentes de proyectos de vivienda pública.
4. La mejora de la seguridad por medio de la ubicación de los proyectos en áreas urbanas adecuadas y seguras, sin barreras arquitectónicas entre el proyecto y las mismas.
Newman es partidario de la construcción de urbanizaciones más pequeñas y edificios menos elevados, con un menor número de pisos y de residentes. Unidades familiares con similares estilos de vida y edad, denominados “comunidades de interés” con un interés similar y común en el uso compartido de los espacios públicos de estas áreas residenciales.
En vez de construir urbanizaciones de vivienda pública, construir pequeños edificios o urbanizaciones, con un máximo de 24 familias, que se integren dentro de barrios residenciales de clase media o alta. Esta idea se tradujo en el programa federal HOPE VI. Aunque los residentes de barrios de clase media donde estas viviendas dispersas se ubican pueden adoptar una actitud defensiva y de resistencia a los mismos usando argumentos sobre el potencial aumento de la delincuencia que los mismos pueden conllevar (Newman, 1996), pero los estudios realizados hasta la fecha documentan que este no es el caso.
El uso del diseño arquitectónico para la reducción de la delincuencia podría conceptualizarse como una manifestación de la prevención situacional del delito.
Hope (1995) plantea que en la práctica las alteraciones del entorno físico con el objetivo de prevenir delitos en general se han plasmado en operaciones de bajo costo y escaso alcance: mejoras en la seguridad de domicilios, uso de rejas y vallar para excluir a los no residentes de las áreas comunes de urbanizaciones. Un problema adicional es que, al margen del trabajo de Newman, existen escasas presentaciones comprensivas de esta literatura y algunos tratamientos del tema son contradictorios entre sí.
Muchas de las intervenciones que se han realizado bajo el estandarte del espacio defendible incorporaban medidas de tipo social, administrativo o policial que iban más allá de la mera alteración del espacio físico, por lo cual ha sido muy difícil establecer en qué medida los posibles efectos de estos programas eran una función exclusiva de la alteración arquitectónica. Por estas 7 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 razones, es difícil obtener conclusiones definitivas sobre la eficacia preventiva de este tipo de medidas, aunque existen razones suficientes como para deducir que el diseño puede tener al menos cierto impacto.
Aunque las medidas de defensa espacial tienen un impacto en la percepción de vulnerabilidad de objetivos por parte de ladrones de pisos, existen otros factores tal y como la conducta cotidiana de los residentes o la proximidad de los objetivos a la residencia de los ladrones de pisos y su familiaridad juegan un papel que puede ser más importante.
“Gated communities, comunidades cerradas, urbanizaciones en los suburbios residenciales con un cierto toque de exclusividad y dotadas de tecnologías de control de acceso y vigilancia que normalmente están pobladas por solamente quienes pueden permitirse el lujo de pagar por el nivel de seguridad que las mismas ofrecen.
No es de extrañar los resultados obtenidos por algunos que muestran que a medida que aumentan los niveles de desigualdad económica también aumentan los niveles de concentración de la victimización delictiva entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
Hoy por hoy, el espacio defendible se ha convertido en una herramienta más de la prevención situacional y la policía orientada a la solución de problemas y en este contexto, en la medida que está basada en análisis de los problemas locales y se combine con otras medidas orientadas a la solución de estos problemas puede tener un cierto impacto en la prevención del delito.
4. Prevención comunitaria en el periodo de la ciudad desordenada: los 90 En los 90 el clima político y económico es diferente al del período anterior, las economías occidentales se han adaptado al modelo de globalización que de nuevo genera nuevos modelos urbanos de desarrollo.
El abaratamiento del suelo y de la vivienda en zonas particularmente deterioradas comenzó a atraer el interés de pequeños y grandes empresarios. Carmon (1999) distingue dos tipos de procesos en este periodo, lo que denomina: iniciativas-públicas y las coaliciones conjuntas entre empresa privada y autoridades públicas. Las primeras hacen referencia a casos en los que inversiones por parte de individuos, familias o pequeños comercios en barrios marginales son suplementados directamente (por medio de préstamos subsidiados) o indirectamente (por medio de regulaciones especiales, inversiones en los servicios públicos) por parte de las autoridades. El segundo término hace referencia a la cooperación entre grandes inversores de la empresa privada, a veces grandes corporaciones, y autoridades públicas.
Dentro de las primeras, Carmon (1999) distingue entre:  El proceso de recuperación de barrios marginales por parte de las clases medias (gentrification). Barrios deteriorados que se encontraban en la vecindad de centros de ciudades vibrantes y contaban con vivienda con algún tipo de encanto (arquitectónico o histórico).
8 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47  El proceso de recuperación iniciado por asociaciones de residentes (históricos). Residentes de barrios deteriorados se han movilizado para conseguir apoyo externo para invertir recursos en las infraestructuras locales. Los propios residentes buscan financiación externa para sus propias iniciativas de regeneración.
 Recuperación por medio del flujo de inmigrantes. En la actualidad, aumento en la tasa de inmigrantes con un alto nivel de educación, así como otros recursos, y traen nueva vida a barrios deteriorados, generan actividad económica y comercial que aumenta el nivel de empleo local.
También ha sido común durante los 90 el desarrollo de coaliciones de intereses empresariales y municipales para la revitalización de centros urbanos. El caso de la regeneración ligada a la creación del museo Guggenheim en Bilbao, así como el proceso de recuperación del Rabal y el Barrio Chino en la ciudad de Barcelona, han servido para atraer negocios, clientes y turistas, han incrementado la base fiscal de los municipios y han contribuido a mejorar la reputación de las ciudades que se han beneficiado de los mismos.
Hay quienes sugieren que la distribución de beneficios de este tipo de desarrollo urbano solamente ha servido para aumentar las diferencias sociales.
Estos procesos, por un lado, se produce una tendencia de recuperación de las ciudades por parte de las clases medias (gentrification) y, por otra, los centros urbanos experimentan una regeneración ligada al desarrollo de la economía del entretenimiento y el consumo de bienes culturales también generan unas nuevas necesidades de seguridad pública y una nueva moralidad cívica con expectativas de urbanidad menos tolerantes que en décadas anteriores.
Conseguir que las áreas regeneradas sean seguras y sean percibidas como tales se ha convertido en una prioridad de las agencias encargadas de potenciar la revitalización urbana.
El uso de la videovigilancia como mecanismo de prevención comunitaria también encuentra su nicho en este período, así como el desarrollo de colaboraciones preventivas por parte del sector privado.
1. Policía “de calidad de vida”, mantenimiento del orden y “tolerancia cero” Este enfoque se deriva de lo que algunos traducen como la teoría de los cristales rotos y ortos como las ventanas rotas. Esta teoría postula que signos de desorden social como signos de desorden físico y basura, edificios, terrenos o vehículos abandonados, en determinados nichos ecológicos crean una sensación de abandono estatal y social en estas zonas que envía el mensaje de que todo está permitido en las mismas y nadie se preocupa de hacer nada al respecto. Este clima fomenta sentimientos de inseguridad ciudadana que los lleva a un menor grado de participación social y comunitaria y a evitar la calle. Este retraimiento, conduce a una disminución de los controles sociales informales en la calle, lo que unido a la presencia de los signos de desorden atrae a la zona a sujetos con intenciones poco honestas con el consiguiente aumento en las tasas delictivas.
9 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 La teoría de los cristales rotos indica la existencia de un vínculo causal entre la existencia de signos de desorden y la delincuencia. De acuerdo con esta teoría una sociedad que tolera el desorden social tal y como la prostitución, la mendicidad “agresiva”, o el consumo de drogas o alcohol en la calle envía el mensaje a los potenciales delincuentes de que nadie toma responsabilidades por lo que pasa en la calle, nadie vigila y que se van a salir con la suya. La policía de “calidad de vida” propone la persecución agresiva de actos de desorden social.
Harcourt (2001) concluyó que no existe una relación causal entre desorden y delincuencia. En su opinión, si los métodos de Bratton tuvieron un impacto no fue por su énfasis en el mantenimiento del orden, sino por el elevado grado de vigilancia implícito en estas estrategias. Taylor (2001) también ha concluido que el desorden no conduce necesariamente a aumentos de la delincuencia.
Goldstein advierte que si las estrategias policiales agresivas generan hostilidad en la comunidad llegará un momento en el que la policía tendrá que tratar con las consecuencias de dicha hostilidad. Una consecuencia directa de este tipo de estrategias puede ser la erosión de la legitimidad de la policía.
Eck y Maguire (2000) concluyeron que lo único que se puede afirmar con certeza es que es un enfoque que ha generado una cantidad sustancial de críticas académicas y por parte de ciertos activistas en la comunidad y que no ha sido evaluada conforme a los cánones de las ciencias sociales y su eficacia no ha sido demostrada.
En UK, el auge de la teoría de los cristales rotos sirvió para generar apoyo a una serie de medidas legales orientadas a restringir el uso de espacios públicos y a limitar la libertad de movimiento y actuación de todos aquellos cuya presencia pudiera generar “alarma social” por medio de su criminalización (Beckett y Herbert, 2008).
Belina y Hemls plantean que es fundamental ofrecer una imagen de seguridad y limpieza como parte de su capacidad competitiva y de promoción de imagen.
2. La video-vigilancia El empleo de cámaras de vigilancia enlazadas con circuitos cerrados de televisión (CCTV) se ha convertido en una tecnología de control que sirve numerosas funciones hoy en día tanto en espacios privados como públicos. La video-vigilancia es conceptualizada por Clarke como una herramienta de prevención situacional que sirve para incrementar el nivel de vigilancia formal y tiene un papel disuasorio al aumentar la percepción subjetiva de los delincuentes de que pueden ser identificados y detenidos.
La video-vigilancia en teoría sirve para extender la visión de la policía y del personal de seguridad privado.
Welsh y Farrington (2002) procedieron a realizar un meta-análisis de los 18 estudios que ofrecían suficiente información como para realizar este tipo de análisis estadísticos. Los resultados sugerían que la video-vigilancia servía para reducir la delincuencia, pero que el nivel de reducción de la delincuencia era muy bajo, sobre un 4%. Todos los estudios que ofrecían 10 Políticas públicas de seguridad y Prevención 2015/2016 – maria47 resultados positivos procedían del Reino Unido, mientras que los cinco estudios norteamericanos ofrecían resultados negativos. La video-vigilancia tenía un efecto positivo en la reducción de delitos contra vehículos. Mientras que los efectos más impactantes se producían en los aparcamientos, donde la video-vigilancia servía para reducir la delincuencia por un 41%.
5. Conclusiones El protagonismo a la hora de pensar en políticas de seguridad en el ámbito urbano ha ido cambiando entre distintos modelos de intervención.
Durante los últimos 15 años hemos asistido a una reconfiguración de las respuestas al comportamiento delictivo en el ámbito urbano que ha supuesto una reducción en el nivel de tolerancia hacia el comportamiento desviado y una intensificación de los mecanismos de control, incluso se ha podido observar en lo que se denomina la ‘criminalización de la política social’ (la subversión de la política social a objetivos y mecanismos de actuación político criminales).
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