TEMA 2 - Promoción de la Salud, Calidad de Vida y Bienestar Psicológico (Resumen Lectura Obligatoria II) (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Intervenció en Psicologia de la Salut
Año del apunte 2016
Páginas 5
Fecha de subida 03/04/2016
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Resumen de la Lectura Obligatoria (II) del TEMA 2 - Promoción de la Salud, Calidad de Vida y Bienestar Psicológico, de la asignatura Intervención en Psicologia de la Salud, de la Universidad Autonoma de Barcelona (UAB). Entra en examen.

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INTERVENCIÓN EN PSICOLOGÍA DE LA SALUD (Resumen de Samuel García Lanzo) TEMA 2: PROMOCIÓN DE LA SALUD, CALIDAD DE VIDA Y BIENESTAR PSICOLÓGICO (RESUMEN DE LAS LECTURAS OBLIGATORIAS) PROMOCIÓN DE LA SALUD Y EDUCACIÓN PARA LA SALUD Una larga tradición La historia de las sociedades humanas está ampliamente recorrida por una preocupación por la salud y el bienestar, y por los intentos de influir en ellos de una u otra manera. La Educación para la Salud (EpS) hace su aparición como una disciplina con perfiles propios y como una práctica transformadora que comparte aquella preocupación y a la que pretende aportar principios y modelos conceptuales contratados y métodos, procedimientos y guías prácticas para la intervención.
¿Qué pasa en el mundo en que vivimos? La mayor incidencia y prevalencia de la morbimortalidad de hoy sigue estando asociada a los comportamientos y estilos de vida que son el objeto de la EpS. El no comer verduras y fruta en la proporción adecuada en la dieta y llevar un estilo de vida sedentario están contribuyendo a una morbimortalidad en la que la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer están experimentando un desarrollo inusitado, como así lo demuestran los recientes indicadores de salud (SESPAS, 2006; Ministerio de Sanidad y Consumo, 2005).
Desde la EpS, nos preguntamos qué podemos hacer con nuestra intervenciones educativas para promover relaciones sexuales con protección, para desarrollar actividades de ocio no necesariamente asociadas al consumo de sustancias toxicas, para prevenir la violencia y para que los niños y adolescentes sean capaces de afrontar los conflictos con otros recursos y sean competentes para la interdependencia empática, la cooperación y la compasión.
¿Qué es la educación para la salud? La EpS se trata de procesos y experiencias de aprendizaje con la finalidad de influir positivamente en la salud.
Nosotros la definimos como: “un proceso deliberado de comunicación y de enseñanza-aprendizaje orientado a la adquisición y fortalecimiento de los comportamientos y estilos de vida saludables, a favorecer las elecciones positivas para la salud y a promover los cambios en los comportamientos y estilos de vida no saludables o de riesgo.
Algunas definiciones enfatizan el objetivo de lograr que los individuos hagan elecciones informadas y voluntarias en relación con las prácticas de salud. Gran parte de actividades de aprendizaje de salud se desarrollan con niños muy pequeños.
Educación para la salud y promoción de la salud La EpS, por su incidencia en los determinantes de la salud, es considerada como una práctica de apoyo a las estrategias de promoción de la salid, y a las políticas de salud pública, de las que la promoción de la salud constituye una función esencial y estrategia. La promoción de la salud ha sido definida como una combinación de prácticas de la EpS y de apoyos de tipo organizativo, legislativo o normativo, económico y ambiental para facilitar las practicas saludables y para que los individuos, los grupos y las comunidades mejoren su control sobre los determinantes personales y ambientales de la salud.
La promoción de la salud puede constituir un planteamiento estratégico amplio cuyos objetivos pueden inspirar las políticas de salud y su despliegue en acciones concretas, a las que la EpS puede hacer contribuciones importantes.
Algunos hitos históricos que han contribuido a configurar una nueva perspectiva de salud basada en la promoción de la salud han sido que han sido ocho, pero dos de ellas muy importantes, como la Carta de Ottawa (OMS, 1986), que contribuye a una nueva concepción de la salud pública y de la promoción de la salud que incluye políticas públicas sanas, creación de ambientes favorables y reforzamiento comunitario.
Y por otra parte la Carta de Bangkok (OMS, 2005) que actualiza la Carta de Ottawa e introduce la promoción de la salud como responsabilidad política, empresarial y de la sociedad civil.
En este desarrollo histórico el énfasis de los “estilos de vida” abren el ámbito de la salud a otras disciplinas y otras prácticas, propiciando así una perspectiva más intersectorial e interdisciplinaria, lejos de las tradicionales concepciones y prácticas sanitarias. Por otra parte, el énfasis puesto en los “estilos de vida” como determinantes de salud suscitó en algunos sectores la denuncia de que podría favorecer el fenómeno de “culpabilizarían de la víctima” y el olvido de que el estado de salud y el gradiente de la enfermedad y la muerte están estrechamente ligados a condiciones ambientales y a la posición socioeconómica de los individuos y grupos de la sociedad.
¿Por qué los programas de prevención no previenen? El número de problemas no parece detenerse, sino que incluso, muchos de ellos van en aumento, parece como si los programas de prevención no previnieran. Si la EpS no impregna los contextos de la vida cotidiana resultará muy difícil afectar de manera significativa a los estilos de vida. Si la violencia, verbal y no verbal, es un valor en nuestro mundo, que se estimula en las relaciones nacionales e internacionales y ocupa un lugar preeminente en los medios de comunicación de masas, resultará muy difícil promover el desarrollo del valor de la convivencia. Por más que la EpS presente la violencia como un contravalor, sus efectos no tendrán impacto ante tan poderosos agentes de influencia.
La única posibilidad de que la EpS deje su poso de influencia es que vaya de la mano de la promoción de la salud y se desarrolle en el marco de una perspectiva intersectorial e interdisciplinaria que impulse cambios significativos en los contextos de la vida cotidiana. Es así como la EpS y la promoción de la salud puede desempeñar un papel relevante, aunque ilimitado, en la salud y en el bienestar de los individuos y de los grupos de la sociedad.
¿Qué pretende la educación de la salud? La EpS, como estrategia de promoción de salid, tiene la finalidad global de influir positivamente en la salud. Este propósito ha orientado tres estrategias de intervención: prevención de la enfermedad y de los problemas de salud, la capacitación de las personas, y el fortalecimiento de los contextos en los que viven. Desde un punto de vista histórico, lo ámbitos y las estrategias de intervención de la EpS se polarizan desde sus orígenes en torno a las enfermedades y a su prevención. Así pues, los objetivos de la EpS se orientaron a disminuir los factores de riesgo o aumentar los factores de protección (prevención primaria), a detectar tempranamente los problemas de salud y a facilitar cambios de conductas que permitieran el tratamiento de las enfermedades (prevención secundaria), a recuperar la salud y evitar necesidades (prevención terciaria).
Las limitaciones del enfoque preventivo han dado paso a un modelo educativo cuyos objetivos son la capacitación, potenciación o empoderamiento de los recursos personales y del contexto y el poder y el control de las personas y los grupos para decidir e influir en todo aquello que afecte a su vida, a su salud y a su bienestar. La salud es un concepto positivo que implica potenciación del individuo para desarrollar e influir positivamente en su entorno.
Esta perspectiva en modo alguno es incompatible con el enfoque preventivo.
Los comportamientos y los estilos de vida Constelaciones de comportamientos Una de las críticas más extendidas hacia las estrategias preventivas tradicionales es que estas operaban sobre conductas más o menos aisladas: reducir el consumo de cigarrillos para prevenir el carcinoma o disminuir el consumo de azucares para prevenir la caries. Su objeto de intervención era una realidad excesivamente diseccionada del comportamiento complejo y, por tanto, resultaba una empresa harto difícil proceder a su modificación.
La investigación epidemiológica (Syme, 1991) nos muestra que grandes cambios en los hábitos y prácticas de salud no han devenido como consecuencia de los esfuerzos educativos dirigidos a conductas más o menos aisladas sino más bien como efecto de cambios globales, de hecho, las prácticas de salud y de riesgo no son conductas aisladas. A estas constelaciones de comportamientos se les denomina “estilos de vida”.
Así, por ejemplo, el acto de cepillarse los dientes está relacionado con un conjunto más o menos extenso de otros comportamientos que definen el estilo de autocuidado, como pueden ser la higiene y el aseo personal, el tipo de alimentación, etc.
Laberg y Wold (1995) sostienen que las conductas de salud están interrelacionadas y proponen una hipótesis de dos dimensiones, y en el mismo sentido Mendoza (1994) y Oliva (1995) señalan que tanto las conductas que implican un riesgo para la salud como las conductas saludables no suelen estar aisladas, sino más bien asociadas entre sí, configurando estilos de vida bien definidos.
Estilos de vida y educación para la salud El hecho de que sean los estilos de vida lo que configura las prácticas de salud o de riesgo y no las conductas aisladas plantea implicaciones de interés para las estrategias de cambio de la EpS.
Un esfuerzo inútil: intervenir sobre conductas aisladas Es imposible separar las conductas de los estilos de vida en los que a menudo están perfectamente encajadas, y resulta difícil cambiarlas si están empotradas en una arquitectura de conductas que a menudo impulsa una dirección diferente a los cambios que se proponen. Así, por ejemplo, si el consumo de alcohol está integrado en el conjunto de comportamientos que configuran un estilo de vida característico, las metas orientadas a sugerir cambios en el consumo de alcohol no pueden pasar por alto las relaciones reciprocas que esos comportamientos tienen entre si y las funciones que cumplen en el conjunto de ese estilo de vida.
Intervenir sobre las constelaciones y los contextos Además de tener en cuenta las constelaciones de comportamientos, la naturaleza ecológica de estos plantea la necesidad de promover a menudo no tanto la elección de conductas sino más bien la elección de entornos para vivir mejor o la elección de cambios para adaptar los entornos y hacer fáciles las prácticas y estilos de vida saludables.
Los comportamientos complejos implican cambios difíciles La mayor o menor complejidad de un estilo de vida se mide por el número de comportamientos implicados en las constelaciones que los definen y por la mayor riqueza de transacciones que mantienen entre sí y entre ellos y su entorno. Así, por ejemplo, dejar de fumar no resultará fácil si conlleva alterar otros muchos comportamientos que están en contradicción con este objetivo tales como cambiar de amigos porque estos son en su mayoría fumadores.
La coherencia interna de las constelaciones Los comportamientos están organizados según secuencias o cadenas más o menos complejas en las que unos pueden servir de antecedentes o condiciones preparatorias de otros. La mayor o menor dificultad para asumir determinadas prácticas dependerá de la menor o mayor existencia de cadenas previas de comportamientos. Así por ejemplo, los mensajes de la EpS que recomiendan el uso del preservativo como método preventivo de los embarazos no deseados y de las enfermedades de transmisión sexual serán tanto más efectivos cuantas más secuencias de comportamientos que definen la constelación se contemplen.
A mayor coherencia, mayor accesibilidad para el cambio La identificación de la conducta principal de dicha constelación viene a ser una tarea crucial en la planificación para hacer más viables los cambios. Por conducta principal entendemos aquella que resulta ser más relevante, por mantener un mayor número de relaciones y transacciones con otras, y por estar más vinculada con los procesos mórbidos o de bienestar.
Comunicación interpersonal y solución de problemas La comunicación interpersonal y la habilidad para resolver problemas y tomar decisiones son componentes esenciales de los estilos de vida y son objetos de actuación preferente de la EpS. Así por ejemplo, numerosas investigaciones han encontrado gran relación entre las habilidades sociales en la infancia y el funcionamiento social, académico y psicológico.
Las habilidades de comunicación y de negociación son sin duda una de las adquisiciones más trascendentales del desarrollo infantojuvenil y desempeñan un importante papel en la predicción del éxito o fracaso. El entrenamiento en habilidades interpersonales ocupa un lugar importante en los programas de educación sexual y de drogodependencias.
Límites y limitaciones de la educación para la salud La EpS como ámbito social del conocimiento y de la práctica, es objeto de debate y de controversia. Uno de los centros de debate son sus límites, su campo de intervención, donde empieza y donde acaba la EpS. La imprecisión del concepto de salud determina también imprecisión en la teoría, los métodos, las practicas, el campo de intervención y el alcance de la EpS. Así por ejemplo, es muy probable que encontremos consenso en considerar como EpS un programa dirigido a niños y adolescentes diabéticos para promover en ellos comportamientos de tipo preventivo y de autocuidado, o un programa de educación bucodental, o un programa escolar de prevención del uso de drogas.
La educación para la salud con niños y adolescentes La educación para la salud con niños y adolescentes presenta dos dimensiones de especial importancia que tienen que ver con el desarrollo evolutivo de los niños (dependencia-in-dependencia e historia de aprendizaje) y con los escenarios relevantes de su socialización y desarrollo (la familia, la escuela, y los servicios sanitarios y sociales).
Compromiso social y ético La EpS pretende promover y cambiar determinados hábitos, comportamientos y estilos de vida, y ello supone a menudo cambiar también valores individuales, familiares y grupales en favor de otros valores en los que la salud, la prevención y la promoción de la salud ocupen un lugar. Todo ello supone también entrar en las esferas y dominios privados de las personas, en sus creencias, pensamientos, emociones y modos de vida. A continuación se exponen algunas consideraciones éticas vinculadas a la práctica de la EpS que han sido objeto de atención.
La “culpabilizarían de la víctima” Este estilo deposita, de un modo maximilista, en la sola conciencia individual la responsabilidad de estar o no sano y promueve el fenómeno de “culpabilización de la víctima” en la medida en que culpa al propio individuo por mantener “conductas de riesgo” y por no estar sano. Promueve mensajes culpabilizadores: “tú eres el único responsable, de ti depende fumar o no fumar, conducir con riesgo o con seguridad, ingerir o no dietas ricas en colesterol”. Inculpa a la víctima y deja al margen las condiciones de vida en las que la víctima vive. Así por ejemplo, muchos de los valores y prácticas de salud se introducen de modo intrusivo en nuestros hogares y escenarios cotidianos y de socialización, los patrones de socialización inherentes a una cultura permiten o inhiben conductas de riesgo en los adolescentes. De ahí que los objetivos de cambio de la conducta individual, más propios de los enfoques preventivos, y la consiguiente adaptación pasiva del individuo a su entorno hayan sido considerados escasamente éticos en EpS.
No basta con el conocimiento El conocimiento puede ser necesario, pero no suficiente para promover prácticas saludables. Las adicciones y preferencias que se van desarrollando desde las experiencias más primarias de socialización sin que medie la libre elección de los individuos hacen que las decisiones que uno ha de adoptar no se establezcan sobre las bases exclusivamente racionales que provee el conocimiento de los riesgos y los beneficios. Por eso es difícil entender el concepto de competencia personal aislado del concepto de competencia y desarrollo de los ambientes en los que los individuos aprenden. Para que el enfoque de capacitación o de competencia no incurra tampoco en el fenómeno de culpación a la víctima, no ha de limitarse a proporcionar solo información y conocimiento.
Responsabilidad social, irresponsabilidad de los individuos Otros enfoques han surgido como reacción al enfoque individualista de la prevención y han subrayado el cambio social y ambiental por medio de la acción política. Consideran que la salud es una responsabilidad social y ha de resolverse en el terreno de lo social y de lo político.
El enfoque político-radical (Tones, Tilford y Robinson, 1990) ha contribuido a llamar la atención acerca de los peligros del fenómeno de culpabilización a la victima de los enfoques individualistas, ha subrayado la indudable importancia del entorno y ha llamado la atención también sobre la importancia de estrategias de intervención tales como la asociación de organizaciones, las coaliciones y grupos de presión y las movilizaciones comunitarias. Este enfoque se vincula especialmente con la promoción de la salud. Cuando la EpS se orienta hacia quienes tienen control sobre los recursos y asumen responsabilidad de tomar decisiones que afectan a la vida social y a los grandes medios de opinión pública y redes sociales comunitarias con capacidad de introducir cambios en el entorno, se están tendiendo puentes entre la EpS y la promoción de la salud.
Es difícil establecer que es un riesgo para la salud Pretender llevar una vida sin riesgos equivaldría a encerrarse en una urna de cristal, pero encerrarse en una urna de cristal supondría el mayor riesgo de todos porque equivaldría a no vivir. Dar años a la vida, en algunos casos, puede equivaler a restar vida a los años, y esto es decisión única y exclusiva del propio individuo. Tampoco resulta fácil ni simple definir cuáles son los efectos indeseables que se cree conveniente evitar con la intervención preventiva.
RESUMEN La EpS constituye un proceso de comunicación y enseñanza-aprendizaje que tiene el propósito de promover comportamientos saludables. Sus programas y acciones transformadoras pueden ser un apoyo clave para las políticas de promoción de la salud y de salud pública.
La teoría y la práctica de la EpS se basan en el análisis de los comportamientos y estilos de vida y de los contextos en los que éstos tienen lugar, y en su impacto en la salud, en la enfermedad y en los problemas de salud que afectan a las personas y grupos de sociedad en el mundo en que vivimos. Sus estrategias educativas están orientadas por los objetivos de prevenir los problemas y enfermedades, pero además empoderar a las personas y desarrollar contextos que faciliten los comportamientos saludables.
La EpS con niños y adolescentes comporta exigencias especiales que tienen que ver con el binomio dependenciaindependencia y con los escenarios en los que transcurre el curso de su vida. La intervención educativa es compleja porque los estilos de vida, como constelaciones de comportamientos, también lo son, y porque la EpS ha de contar además con sus propios límites y limitaciones. Es compleja también porque sus programas y acciones comportan una gran responsabilidad social y ética.
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