Plenaria 11 (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Arte de los sigles XVIII y XIX
Año del apunte 2012
Páginas 10
Fecha de subida 25/10/2014
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11.
MANET (1832-1883): DE LA REVISIÓN DE LA TRADICIÓN A LA VIDA MODERNA Normalmente se le ha explicado con la escuela impresionista, ya que él fue un guía estético y moral para los impresionistas. No obstante, su obra no es una obra explicable des del impresionismo. A partir del segundo periodo de su vida, Manet escoge temas urbanos: el ocio, la ciudad y el entorno parisino. La importancia de Manet se debe fundamentalmente a Zola, quien aparte de ser novelista, fue crítico de arte. Sus escritos contribuyeron a forjar la fortuna crítica de Manet, ya que el papel del artista (como punto de encuentro entre tradición y modernidad), se debe a Zola. Él inició la vía correcta, construyó el relato de la línea de actividad artística que iba por buen camino. En esta vía, Zola incluyó a Manet, así como a Courbet. Junto a la opción estética que representa Zola como crítico de arte, encontramos también una implicación político – ética. La libertad individual se considera como algo que está al margen de las instituciones de poder. Desde Manet y Zola se cree que la creación singular y original está al margen de las academias, del salón, que se ajustaban a los ideales, tanto de poder como sociales. El hecho de que Manet se desmarque es una opción, no solo artística, sino también ética.
Manet es el último gran pintor cuya producción tiene relación con la obra de los grandes maestros. Había dos formas de pintar, una que se basaba en la línea y otra en el color, en base a las obras de los maestros. Hay una mirada sobre el magisterio de la pintura, y Manet está en esta corriente. En ese mirar la pintura significa poner un énfasis en los procedimientos expresivos, no tanto en solucionar unos problemas de representación. El artista academicista está pensando en representar asuntos, mientras que el artista que va al museo se fija en el procedimiento de la pintura, y no tanto en el tema. Está mirando la pintura como un procedimiento abstracto, que no le interesa los asuntos que no pertenecen a su tema, sino que analiza los procedimientos. En este sentido, Manet supone un puente en esa lectura del pasado y la abertura de lo moderno. Todavía concibe sus obras con la intención de llamar la atención al público de los salones, diferenciándose así de los impresionistas que se acercan a la sociedad a través de las exposiciones privadas. El de los salones es un modelo estatal, que da premios y por tanto jerarquiza. El caso de Manet e curioso porque sigue pensando en el salón pero el conflicto con este porque no es entendido, y por eso los impresionistas llegan a la conclusión que el arte moderno no tiene su lugar en el salón.
Manet es un artista cosmopolita y en este sentido se aleja de Courbet, que es rústico. El mundo de Manet es un mundo de ciudad y el mundo culto, de la burguesía cultivada que está interesada por el arte y por lo que envuelve a la ciudad. También es de ideas republicanas y anticlericales, unas ideas que no se trasladan a su obra. Manet no considera que la pintura tenga que ser soporte de propaganda ideológica, sino que quiere hacer una pintura al margen de cualquier pensamiento, diferenciándose así de Courbet (al menos de su primera etapa trayendo lo ordinario y lo vulgar al salón en su pensamiento de que esto también merecía una mirada artística). La ideología de los impresionistas tampoco la veremos reflejada en la pintura, sino que la expresión artística no está ligada a una ideología, buscan la libertad estética, a la idea de la creación al margen de cualquier directriz.
Manet se formó como artista en el taller de Tomas Couture, uno de los artistas más prestigiosos de Francia en la segunda mitad del siglo XIX. La forma de vida de los grandes artistitas, a parte de su producción, era la de ser maestros. La enseñanza de Couture es un poco distinta que la de otros, porque en lugar de ejercitar los estudiantes en el dibujo y la composición, los invitaba a ir al Louvre a copiar cuadros antiguos. Desde mediados del siglo XIX la copia de cuadros estaba extendida como forma de aprendizaje y Couture lo apoyaba. Este procedimiento era algo distinto porque copiando se reflexiona directamente sobre los procedimientos pictóricos, se reflexiona sobre la esencia de la pintura en sí. Además, a la hora de componer un cuadro, Couture les enseñaba a hacer bocetos de los cuadros, como un paso intermedio. El boceto permite al pintor estudiar la distribución de las masas en la superficie del cuadro, y a reflexionar sobre la combinación de colores. El boceto no estudiaba los medios tonos como se hacía en el estudio académico, que pasaba suavemente de un color a otro, es decir, la gradación tonal (que permite el volumen). Primero les enseñaba la distribución de masas, sin haber gradación tonal que llegaba en la segunda fase. Esto también es un puente de la tradición a un elemento moderno de distribuir el cuadro con manchas sin gradación tonal.
Es un puente que tiene que ver con la pintura de Velázquez, que también utilizaba las manchas, para aumentar la vibración de la superficie y de la misma pintura. La pintura española también forma una fuente de inspiración en Manet.
Se puede establecer una primera etapa de Manet, hasta los años 70. Es la etapa que podemos hablar como el proceso de revisión de la tradición, haciendo una valoración de los elementos pictóricos. También tiene un sentido irónico porque la tradición era la cuartada de los pintores del salón para pintar cualquier tema, es decir, la cuartada es la historia y el recurso de la tradición (aplicarlo a la tradición significaba seguir el camino correcto). Lo que hace Manet es parodiar eso, usando los recursos compositivos y subvertirlos, desenmascarando la hipocresía que tiene aplicar el modelo por el modelo mismo.
En el año 1859 presenta en el salón El bebedor de ajenjo, que fue rechazada, como otras obras mismas. El Salón de Paris había adquirido una fama extraordinaria, y acudían cada vez más pintores de toda Europa y América. Vemos por tanto, un crecimiento exponencial de artistas.
La idea de seleccionar se agudizó a los años del segundo imperio, porque había muchas obras y demasiado poco espacio. El criterio seguido fue el de lo que está bien y lo que está mal, siendo la cuartada del poder, para colar un mensaje moral o político. Los jurados que se encontraron con la obra mencionada, por ejemplo, no admitían la obra porque no era buena, no rechazaban la estética de Manet. No se consideró que fuera buena porque decían que estaba mal pintada porque no tenía medios tonos, no sabía hacer el volumen. En el rechazo no había mucha reflexión estética realmente. La cuartada de Manet es que Velázquez tampoco estaría aceptado por el Salón. La segunda cuestión era que presentaba un tema que no era propio del arte, no era un asunto edificante, transcendente, sino que habla de la degradación humana, careciendo de cualquier sentido y mensaje poético. Son criterios, en el fondo, que esconden otra idea. Manet reivindicará otra visión de la pintura, la pintura como superficie, así como rechazó el relacionarla con la moralidad del campo real porque una pintura no es la realidad, sino que obedece los principios de otro tipo, no a los de la realidad.
El bebedor de ajenjo (1858) se ha visto también como la representación del héroe de la vida moderna, planteando que el anteponerse a las adversidades de la vida cuotidiana es el verdadero heroísmo por supervivencia. Manet viajó a Madrid para ver los Velázquez del Museo del Prado, pero antes de eso ya conocía las obras de la pintura española y del realismo español, que se convirtió en una especie de referente. El fondo como una barrera de donde procedía la figura es tomada de la pintura española. Los artistas españoles eran más torpes, que los italianos, y por eso utilizaban el fondo neutro oscuro, de forma que se reivindicaba la superficialidad del cuadro.
En los años 60 realizará reinterpretaciones de los modelos antiguos como vemos en el Muchacho con cerezas (1859) que recuerda tipos de la pintura holandesa o de Murillo.
Aparece el color rojo del gorro del niño como un elemento que suscita la atención visual. El elemento material del gorro es el centro del cuadro. En La pesca (c. 1861) recuerda la pintura flamenca o a Rubens. En cuanto a la composición recuerda a un cuadro antiguo pero la forma de dar los colores, en manchas, está reivindicando la inmediatez de la ejecución y la materialidad de los cuadros (una materialidad que se encuentra en la pintura del siglo XVII).
Otro ejemplo es Velázquez en el estudio (c. 1860).
Ninfa sorprendida por un sátiro (1860-61) utilizo un modelo femenino que hizo posar exactamente igual que el cuadro de Rubens. Vemos el paralelismo con el mundo antiguo, pero en lugar de verlo como un patrón, como si fuera una plantilla, la imitación es paródica porque utiliza esa pose pero pita un tipo moderno. La pose no está contribuyendo a idealizar la figura, como en un artista académico, sino una forma de demostrar su nivel cultural, pero el Salón no lo veía purificado por el arte y la historia, como si hubieran visto si fuera una copia. La mirada de Manet es una mirada purificada sobre la pintura, es decir, nos está revelando las contradicciones del censor.
De los cuadro de esta época destaca el Retrato de los padres del artista (1860), que si fue admitido en el Salón en 1861.
Sorprendió a los críticos la desconexión de las figuras, la falta de sentimiento. Se reducen los rostros a su materialidad, siendo un puro reconocimiento de identificación. El camino de la pintura moderna es el camino del desprendimiento y en los retratos es muy evidente. En ese retrato, que además son sus padres, esta desprendido de sentimentalidad, sino que está cargado de materialidad. Todos los elementos que están en el campo visual tiene la misma potencia, de hecho es la manga blanca de la madre lo que más nos llama la atención. No es la mirada lo que tiene importancia en el cuadro, como habíamos visto en los retratos anteriores, sino las intensidades del color que hay en la superficie, lo material de la pintura.
Ese gusto por lo español ha llevado a hablar de una etapa española en Manet en los inicios de los años 60, coincidiendo con un interés en París por temas españoles. España era para los franceses el oriente más próximo, el lugar exótico más próximo, a caballo entre el mundo civilizado y África, con un pasado islámico importante, y una situación donde lo primitivo y lo bárbaro estaba más presente que en la sofisticada Europa. El interés por el arte español como algo racial estaba muy presente en la época, las pieles más oscuras, los ojos verdes o marrones oscuros, las largas melenas, los rostros gitanos… como un elemento de exotismo. En el caso de Manet también hay un claro interés por el arte español que lo llevó a viajar a París en el año 1866, aunque antes vemos obras españolas como El cantante español (1860). Destaca la ausencia de pintoresquismo, en contra de esas connotaciones idealizadas que hacían los demás artistas. Es una visión desprovista de esos añadidos de los pintores tardo-románticos de carácter costumbrista.
La obra más importante de ese gusto por lo español es Lola de Valencia (1862), siendo la primera bailarina de un espectáculo que tenía lugar en París muy de moda en los años 60. No es un cuadro costumbrista de las bailarinas españolas. La bailarina esta disfrazada, y vemos una especie de parodia porque esta teatralizado, subrayando la circunstancia de falsedad con el fondo de detrás. El atractivo de esta bailarina esta en esa belleza racial, siendo este un elemento importante en la evolución de la pintura de fines del XIX, en búsqueda de lo esencial, de lo que está más cerca de la tierra. Se observa el exotismo como parte de la belleza, alejándose de la imagen dulce de la ninfa de los salones. Lo más importante es que esto se diluye en la propia pintura. El traje de bailarina (no siendo un traje que no responde a ningún tipismo de ningún lugar), que se presenta claramente como un disfraz, está formado por manchas de color que destacan sobre el fondo oscuro, siendo un elemento que también contrasta con el blanco de la mantilla y con el fondo.
Hay otra obra de esta época distinta a todas estas, que tiene más a ver con el Manet posterior y lo que serán los impresionistas, Música en las Tullerías (1862). Con la ampliación de las ciudades europeas modernas nacen sitios de ocio.
El ocio es la gran conquista de la burguesía, siendo una idea que antes no se tenía, sino vinculada al trabajo industrial y a las ciudades. Tiene mucha importancia iconografía en la pintura de Manet, en el impresionismo y en el post impresionismo. Es un elemento muy importante, siendo un puro dejar pasar el tiempo, una acción imprevista. Es cierto que Manet se autorretrata en la parte izquierda del cuadro, pero es lo de menos, no es un retrato colectivo, sino que no hay ningún motivo concreto. Por eso, nosotros como espectadores no nos podemos detener en ninguna parte del cuadro, sin haber una jerarquía visual. Hay una acumulación de personas en el campo visual del cuadro y hay una multitud de detalles independientes (sombrilla, sillas vacías, niños que juega, dos señoras conversando…). Nos obliga a recorrer toda la superficie del lienzo, donde todos los elementos están tratados con igual intensidad. En este sentido este es un cuadro que anuncia los procedimientos y los temas impresionistas, aunque no sea impresionista porque Manet no fragmenta la pintura, sino que sigue pintando a partir de manchas de color.
La obra más famosa de estos primeros años es Almuerzo sobre la hierba (1863), que representa una escena de picnic, una actividad relativamente importante desde mediados del siglo XIX, que tenía lugar en un espacio libre sin protocolos, etc. Es un tema anecdótico, realistas, de género, pintado ya por pintores academicistas o por autores como Courbet. Se combinan muchos géneros y se rompe la bandera de los géneros, porque hay paisaje, figura, bodegón. Lo que pinta Manet es una escena de picnic muy provocadora porque sitúa una mujer desnuda entre dos hombres, sin ser una ninfa o diosa, sino que esta desvestida (con los vestidos al lado). Es un cuadro provocador en lo moral, porque es una mujer moderna desnuda entre dos señores y sin ningún pudor sino observando directamente al espectador, igualmente que los dos señores hablan tan naturalmente. Manet utilizó un grabado de Rafael del siglo XVI como modelo, porque las figuras tienen la misma posición, siendo otra vez una obra paródica ya que quiere demostrar que se basa en una obra de uno de los maestros, como exigía el salón. También es provocador a nivel formal porque la textura de la superficie es tan intensa que nos obliga a mirar elementos que centran nuestra atención, no es el desnudo femenino lo que llama la atención. Manet está ironizando otra vez, porque busca la mirada de la pintura en su totalidad no del desnudo, que es la mirada del perverso salonista el que ve un desnudo. Esta pintura fue rechazada y se expuso a los Salones de los rechazados, un salón paralelo, que significó el fin del Salón. Todo lo que no respondía a los cánones estaba en este nuevo salón, por lo que se concibió que lo moderno era rechazado en el Salón y se encontraba en esta exposición paralela.
Otra obra importante de su primera etapa es la Olympia (1865) que contrasta con los desnudos que se presentaban por academicistas en el Salón, que todos eran figuras idealizadas de figuras mitológicas, y que se cubrían parcialmente. Una excepción era el desnudo de Courbet, pero incluso en este caso el artista suprime la mirada dirigida al lector que utiliza Manet. Vemos un precedente en las Majas de Goya, en el sentido en que la maja no es una figura mitológica, sino un desnudo real. Pero realmente el primer desnudo moderno es el de Manet, que se insertará en la tradición de esa figura echada, que también querrá romper Manet. Lo que representa Manet es una amante, una mantenida, o prostituta de lujo. Manet se fija en un tema que es candente en la época, que es el de la mujer inmoral, pecadora. Las ciudades importantes europeas del XIX, tenían muchos prostíbulos y la doble vida era algo muy presente en la sociedad de la época. Lo que hace Manet (junto a la literatura realista) es sacar esta vida a la luz. El nombre de Olympia es un nombre de prostituta, sin ninguna duda para el espectador de la época. La mirada femenina y el erotismo femenino destinado al público masculino era una mirada sumisa, en contra de este cuadro donde Manet lo invierte en una figura que es consciente que es deseada y lo exhibe con orgullo, consciente de su poder, sin ocultarse. El gesto de cubrirse el sexo con la mano atrae la atención de espectador, mientras que hasta entonces no se representaba el pubis, considerado algo feo. No es una diosa que se encuentra en el paraíso, sino una mujer que se ha desvestido y lleva complementos que lo indican. La figura de la criada negra que le lleva flores introduce la mirada masculina, porque las flores provienen de su amante. Hay un interés por el contraste de los juegos de blancos con el cuerpo de Olympia, contrastando también con el negro del fondo. El blanco muestra ejercicios virtuosos de pintura, porque en la superficie blanca el pintor consigue traducir los matices de la superficie blanca.
Hay otra obra conocida de esta nueva etapa es El pífano (1866) que muestra influencias de la pintura española – como Goya y Velázquez – y de las estampas japonesas. El fondo neutro nos invita a mirar la superficie del cuadro. El uso de colores destacados, llamando la atención un elemento pictórico, es muy importante en esta obra donde vemos el contraste entre el rojo, el negro y el gris verdoso. Vemos el inicio de pintar a partir de la combinación de los colores, habiendo una harmonía de tonos, etc. Manet, como a los pintores antiguos, le interesa esa combinación intencionada de los colores, siendo también una preocupación de los impresionistas y de la pintura moderna. El rojo, el negro y el gris verdoso buscan una harmonía decorativa, aunque sean reales. Por otro lado, el arte de Asia oriental había llegado a Europa antes del siglo XIX pero fue sobre todo por la expansión colonial de Inglaterra, Francia y Portugal cuando llegaron objetos e imágenes de Asia oriental. A mediados del siglo XIX, en muchos hogares burgueses aparecen objetos japoneses como los biombos. La estampa japonesa no aspira a una representación detallista o en profundidad del tema sino que juega con la caligrafía, la línea que no cierra las figuras sino que recorre toda la superficie, y los colores que son colores planos que buscan una harmonía tonal, una buena combinación. Hay una idea decorativa de la estampa, es decir, muestra otras ideas de representación.
En La ejecución de Maximiliano (1867) Manet se inspira en Los fusilamientos del Tres de Mayo de 1814, pero Manet hace una interpretación totalmente neutra, evitando la tensión. En la obra La exposición Universal de Paris de 1867 (1867) estaba destinada a mostrar las glorias y el triunfo del segundo imperio.
Es una vista de la ciudad que está en ebullición, un tema típico del impresionismo, la ciudad en transformación como espacio de civilización.
Manet reflexión sobre la multiplicidad de puntos de vista que forman parte del campo visual, dando fin a la perspectiva del humanismo que sometía la visión de las cosas en un orden jerarquizado en función del ojo único del ser humano. La fotografía invitó a pensar que todo lo que se incluía en el campo visual no obedecía al ojo que lo estaba contemplando, sino que tenían su razón de ser, y no a un único ojo intelectual humano. El cuadro inquieta por lo disperso, donde vemos que las figuras están separadas, sin relación entre ellas. El tema tampoco está mencionado directamente, no está explicitado en la visión, por las ansias de mostrar lo instantáneo. La mirada no intelectualizada es una mirada saturada de cosas, y eso es sobre lo que Manet está reflexionando.
El cuadro que cierra esta primera etapa es el Retrato de Zola (1867-68) que busca la casualidad y el descuido. Es un cuadro que tiene mucha reflexión intelectual, porque Manet conoce mucho la tradición pictórica. Si comparamos este cuadro de Zola con los retratos de los impresionistas, realmente los cuadros de Monet son mucho más inmediatos. En este sentido Manet es mucho más sutil, porque permite transmitirnos sus ideas artísticas. El libro que sujeta Zola es un libro que trata sobre Manet, y hay más referencias artísticas, como la del arte y la estampa japonesa, como vemos en el biombo. También introduce un grabado de los Borrachos de Velázquez, así como una reproducción en blanco y negro de la Oyimpia – tal vez es una fotografía en blanco y negro.
La obra y la vida de Manet da un giro importante entre al año 1868 y el 1871, un periodo de transformación por razones de tipo personal y también histórico. Entre las razones de tipo personal es la relación con una discípula, Berthe Morisot, que también será su cuñada, que es una pintura impresionista. Morisot intensifica el contacto de Manet con los impresionistas. Es el momento en el que se frecuenta el Café Guerbois, que es el punto de encuentro de los pintores impresionistas. El tema del Café como lugar de encuentro, frente a la academia, que se expresa un saber jerárquico y dictatorial, de los impresionistas que, aunque tenían a Manet como referente, el intercambio de opiniones en el Café crea un clima más democrático, y donde ponía arte y vida como un mismo tema de debate. Se busca otro público, otros intereses, etc. En el plano político la transformación se deberá a la derrota del segundo imperio y la proclamación de la Segunda República, donde se dará a conocer sus obras en el 1874. En esos años la pintura de Manet tiene relaciones con el impresionismo, aunque su obra no lo sea porque no hay fragmentación de la pintura, sino que sigue pintando a base de manchas y con un sentido decorativo. El tema si será propio del impresionismo, sin que el tema sea explicito realmente. Lo vemos en el cuadro Las vías del tren o El ferrocarril (173), donde el tema no aparece porque ni el tren ni las vías aparecen, sino que se intuye siendo lo que la niña mira. El impresionismo convierte la pintura en el resultado de una mirada, pero eso no supone la clarificación del tema. La potencia expresiva de este cuadro es la utilización harmónica de los azules, entre el violeta azulado del vestido de la mujer y el azul claro de la niña. Detrás de esa banalidad del tema presentado, la belleza está en la harmonía de los tonos, siendo esta la vía decorativa de Manet.
En el año de 1873 pinta Argenteuil, siendo obras más sólidas y estructuradas que las de los impresionistas como Monet, pero realmente los temas son muy similares. Nana (1877) está inspirada en la novela de Zola, siendo otro retrato de una querida, que se pinta delante del amante. Lo más interesante es la intensificación visual, como la decoración del fondo tiene más vivencia que la propia figura, todos los elementos tienen la misma importancia.
Bar en el Folies-Bergère (1881-82). El tema es un lugar de espectáculos y de diversión del París de la época donde había una barra atendida por señoritas. Lo que vemos en este cuadro es la barra del bar con elementos y la señorita detrás de la barra, con un espejo que está detrás donde se reflejan el lugar que estamos observando, lo que ella tiene delante. Es un recurso ya utilizado como lo vemos en Las Meninas de Velázquez, por el ilusionismo barroco (el mundo es teatro, no hay nada real, etc.). Estas ideas barrocas retoma Manet a través de un tema moderno, recordando que el cuadro no es una realidad son un artificio, que es simplemente pintura, una ilusión. El énfasis en los objetos del primer término, de inmediatez material, muestra ese mundo de lujo, de ostentación, de poder, un mundo que vemos pero que no tocamos. Otro elemento importante, siendo también extraño, es un personaje que observa al espectador des del espejo, estando en nuestro sitio, pero tiene una posición imposible. Manet juega con esa imposibilidad realista, a la hora de introducir ese personaje. El espejo devuelve la imagen real i nos creemos que es la realidad misma, pero es un objeto material que no es nada y Manet quiere destacar eso. El gesto de la camarera es triste, frete a la felicidad del lugar, esta resignada como un gesto de ofrecimiento y entrega, como de compra de favores.
Nos está diciendo que ante toda esa imagen de frenesí y lujo del mundo urbano, se muestra la miseria humana, mostrando una visión urbano.
amarga del mundo Realmente Manet nunca es neutro sino una visión más compleja e intelectual.
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