Derecho Penal II Imprudencia (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Derecho + Droit - 1º curso
Asignatura Derecho Penal II
Año del apunte 2014
Páginas 3
Fecha de subida 25/10/2014
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Tema 5 La imprudencia 1. Tipo injusto del delito imprudente Tradicionalmente se concebía el dolo y la imprudencia como formas de culpabilidad o incluso, como la culpabilidad misma, considerando que era una cuestión valorativa, pero no dogmática, la que obligaba a hacer la distinción.
Lo esencial del tipo injusto del delito imprudente no es la simple causación de un resultado, sino la forma en que se realiza la acción.
La realización imprudente de los elementos objetivos de un tipo de delito, no se castiga siempre. El principio de intervención mínima obliga a una doble restricción, seleccionando, por un lado, aquellos comportamientos imprudentes que afectan a bienes jurídicos fundamentales (vida, integridad física, salud) y castigando, por otro, de entre todos estos comportamientos solo aquellos que llegan a producir realmente un resultado lesivo para aquellos bienes jurídicos.
El Derecho Penal solo debe intervenir en casos de ataques graves a bienes jurídicos muy importantes y en la medida en que sean insuficientes para sancionarlos otros medios jurídicos menos radicales. Las infracciones imprudentes son cualitativamente menos graves que las dolosas.
2. La conducta típica: la lesión del deber de cuidado En los delitos imprudentes, la conducta típica no está determinada con precisión en la ley que, como ya hemos visto, sólo habla del que “por imprudencia” causare determinado resultado. El juez o el intérprete han de establecer el contenido de la conducta imprudente.
Los delitos imprudentes son, tipos abiertos, en el sentido de que una característica del tipo injusto debe ser completada por vía judicial o doctrinal. Ello no supone en este caso una lesión del principio de legalidad, ya que la propia naturaleza de las cosas impide poder describir con mayor exactitud en la ley todos los comportamientos imprudentes que se puedan dar o realizar.
Lo que sí hay que hacer es buscar un punto de referencia con el que comparar la conducta realizada, para ver si ha sido realizada y la que debería haber sido realizada en virtud del deber de cuidado que, objetivamente, era necesario observar y que cualquier persona situada en las circunstancia del autor podía haber observado.
En los delitos imprudentes, la desaprobación jurídica recae sobre la forma de realización de la conducta o sobre la selección de los medios para realizarla.
En definitiva, la prohibición penal de determinados comportamientos imprudentes pretende motivar a los ciudadanos para que, en la realización de conductas que puedan ocasionar resultados lesivos, empleen el cuidado que es objetiva y subjetivamente necesario para evitar que se produzcan; que actúen con la diligencia debida.
A) El concepto de cuidado objetivo El concepto de cuidado es, en primer lugar, un concepto objetivo y normativo.
Es objetivo, por cuanto no interesa para establecerlo cuál es el cuidado que en el caso concreto ha aplicado o podría aplicar el autor, sino cuál es el cuidado requerido en la vida de relación social respecto a la realización de una conducta determinada. Ello supone además un juicio normativo que surge de la comparación entre la conducta que hubiera seguido un hombre razonable y prudente en la situación del autor y la observada por el autor realmente.
Dos son los elementos de este juicio normativo: uno intelectual, según el cual es necesaria la consideración de todas las consecuencias de la conducta que, conforme a un juicio razonable (objetivo) eran de previsible producción (previsibilidad objetiva); y otro valorativo, según el cual solo es contraria al cuidado aquella conducta que queda por debajo de la medida adecuada socialmente.
Ciertamente, el criterio de la previsibilidad objetiva es insuficiente porque no toda conducta que objetivamente puede producir resultados lesivos es ya por eso imprudente.
Estas reglas de cuidado no son siempre fáciles de precisar y es necesario recurrir a criterios abstractos “buen conductor”… En algunas ocasiones, las reglas de cuidado que deben observarse vienen descritas en preceptos de normas administrativas (Código de la circulación), cuya inobservancia constituye generalmente una imprudencia. Otras veces hay que recurrir a reglas de experiencia en el ejercicio de determinadas profesiones: médico, ingeniero, arquitecto… B) El deber subjetivo de cuidado Todos os criterios expresados en el apartado anterior son criterios objetivos que valoran, por tanto, la conducta desde el punto de vista de un observador imparcial colocado en la situación y circunstancias del sujeto que la realice. Pero también en la imprudencia hay un tipo subjetivo que atiende a la capacidad individual, al nivel de conocimientos, previsibilidad y experiencia del sujeto.
Las reglas y principios de la experiencia son abstracciones y generalizaciones que deben aplicarse a un caso concreto para valorar si hubo o no imprudencia. La inobservancia de esas reglas es a un indicio, pero nunca una prueba irrefutable de que actuó imprudentemente.
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