lectura 10: La legitimidad policial y la colaboración ciudadana con la policía ( Requena) (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención - 4º curso
Asignatura Models policials
Año del apunte 2016
Páginas 12
Fecha de subida 08/11/2016
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Raquel Nofuentes Luque LECTURA 10: La legitimidad policial y la colaboración ciudadana con la policía ( Requena) 1. Introducción En sociedades democráticas la policía necesita legitimidad para operar y cumplir con sus cometidos, así como para mantenerse en el tiempo y desarrollarse. En el caso de la poli es importante ya que para el cumplimiento de sus funciones puede llegar hacer uso de la fuerza.
La legitimidad es el derecho a gobernar y el reconocimiento de ese derecho por parte de los gobernados ( BEETHAM) . la legitimidad policial es un factor estratégico de las políticas públicas de seguridad, pues es la base de la conformidad. A mayor legitimidad de la poli, mayor disposición por parte de la ciudadanía a aceptar y a cumplir sus órdenes, mayor disposición a colaborar activamente con ella y mayor disposición a cumplir con las leyes en general. Por el contrario, a menor legitimidad policial, cabe esperar una menor deferencia hacia la poli y una menor predisposición al cumplimiento voluntario de las normas.
La legitimidad no es un recurso que siempre esté disponible, a mediados del s. XIX las organizaciones policiales han intentado ir ganándose la confianza de la ciudadanía. Sim embargo, a partir de la segunda mitad del s. XX como consecuencia de cambios sociales y de determinadas transformaciones estructurales y técnicas que, aunque en momentos diferentes, afectaron a todas las policías, la institución fue alejándose de las comunidades.
En las últimas décadas , la policía no ha dejado de esforzarse para reducir esa distancia. Las reformas policiales más relevantes deben ser entendidas en el marco de un proyecto de mejora de su eficacia a través del aumento de la legitimidad, por medio del acercamiento a la población.
Incidentes puntuales provocados por malas prácticas policiales pueden erosionar fácilmente la confianza y la legitimidad de una policía que habitualmente mantiene estándares adecuados de servicio o que acumula méritos durante largo tiempo por sus iniciativas de mejora de los niveles de satisfacción relacionados con la calidad de sus intervenciones.
En estos últimos años, con el aumento de la conflictividad social asociada a las consecuencias de la crisis económica y las intervenciones policiales en las manifestaciones de dicha conflictividad: los Mossos d’Esquadra, en este período ha sufrido un cuestionamiento particularmente señalado en el debate público y político a propósito de algunas intervenciones policiales.
A lo largo de la última década, en EEUU y GB, se ha hablado de un cierto resurgimiento del “policing by consent” y de la legitimidad policial.
2. El concepto de legitimidad y su aplicación en la actividad policial Raquel Nofuentes Luque El origen se encuentra en Max Weber. Sostenía que la capacidad para dar órdenes que deben ser obedecidas no dependía únicamente de estar en posiciones de poder y de la capacidad para ejercerlo. Así, describió una dimensión adicional de la autoridad: la legitimidad, o la cualidad de una institución, una ley o una autoridad que lleva a otros a sentirse obligados a obedecer sus decisiones y sus indicaciones. En este sentido, la legitimidad es, quizás antes que nada, una característica de las instituciones públicas conferida por la ciudadanía.
La clave seria la autorregulación la asunción personal de obligaciones y responsabilidades que hace que las personas se sientan individualmente responsables de respetar la sociedad, sus normas y sus autoridades, dejando de lado los propios valores y las consideraciones personales sobre el propio interés3.
Aunque las definiciones de legitimidad son diversas, hay tres elementos que aparecen en todas ellas: el hecho de que confiere derecho a gobernar, a mandar y a dar indicaciones sobre el comportamiento considerado deseable, adecuado o necesario.
2. Promueve el deber de obedecer. Así, la ciudadanía respeta y colabora con las autoridades legítimas, comportándose de acuerdo con la Ley y siguiendo sus indicaciones, porque siente que debe hacerlo porque es lo correcto 3. Se trata de un componente vital de cualquier institución social, tanto a largo plazo, en relación con su supervivencia, como en relación con su actividad diaria y cotidiana.
1.
Este tercer elemento conectaría con un aspecto muy importante del concepto de legitimidad, el de la identificación entre las autoridades y la ciudadanía. Refiriéndose a la sociedad británica, Robert Reiner ha afirmado que la legitimidad policial depende de “el sentido mítico de la identificación entre la policía y la ciudadanía” del mito según el cual la policía y la ciudadanía comparten un único conjunto de normas y valores coherente y consistente, y que el uso de la fuerza por parte de la policía sólo se justifica por la necesidad de imponerlos.
2.1 legitimidad objetiva y legitimidad empírica El concepto tiene una dimensión normativa/objetiva en la que se inscriben las aportaciones de la filo política y del derecho, con sus evaluaciones del grado de adecuación de los estados y las instituciones a ciertos estándares. Este concepto hace referencia a una serie de criterios objetivos de acuerdo con los cuales se establece una legitimidad de cualquier institución, autoridad, norma independientemente de lo que piensen aquellos que deben respetarla, obedecerla o cumplirla.
Valorar el grado de legitimidad desde un punto de vista normativo consiste en determinar, a partir de pruebas objetivas, si, por ejemplo, las decisiones y las intervenciones policiales observan y satisfacen determinadas exigencias formales substantivas, generalmente de justicia y racionalidad. En la policía, la legitimidad vendría dada, entre otras, por la existencia objetiva de protocolos que garanticen la no arbitrariedad en la operativa policial para las paradas, las identificaciones y los registros; o por la existencia de códigos deontológicos que establezcan claramente los principios que deben guiar la relación de los policías con la ciudadanía en general, con las personas con las que intervienen y, más concretamente, con las personas que detienen.
Raquel Nofuentes Luque El concepto empírico/ subjetivo de la legitimidad, hace referencia a la valoración que la ciudadanía hace de la institución, autoridad a la percepción que las personas tiene de su legitimidad para establecer normas, dictar resoluciones o dar indicaciones de ordenes y que deben ser respetadas, cumplidas u obedecidas, porque se consideran apropiadas.
Los criterios de legitimidad determinan las cualidades que deben reunir una institución o una autoridad para ser consideradas legítimas.
La legitimidad empírica tiene 3 componentes: a) la obligación de obedecer, por la que la ciudadanía, consiente voluntariamente la autoridad que representa los polis y los obedecen. La legitimidad percibida se medíria preguntando si seguirían las indicaciones de la poli incluso en el caso de no estar de acuerdo con ellas.
b) La legalidad, que se expresa cuando las autoridades actúan conforme el derecho: cuando respetan las leyes. Se mediría preguntando si las conductas policiales son respetuosas con el OJ.
c) La afinidad moral, la existencia de valores morales compartidos entre los ciudadanos y los polis.
En definitiva, afirmar que la policía goza de legitimidad supone afirmar que, en general, la ciudadanía se siente obligada a obedecerla, a seguir las indicaciones de sus agentes, de quienes piensan que actúan de acuerdo con lo que establecen las leyes y las normas que regulan la función policial, y con quienes comparten buena parte de los valores morales dominantes en la sociedad de referencia.
2.2 legitimidad institucional y legitimidad organizacional La legitimidad remite a la conexión ente individuos y las estructuras sociales y políticas y hace referencia a ese alineamiento moral y a la creencia táctica de que una institución debe existir y que en su forma actual, funciona de manera justa y adecuada, y merece consentimiento.
Institucionalmente, la policía tiene la misión de mantener el orden social expresado en el ordenamiento jurídico y asegurar una convivencia pacífica. Hay pocas voces a favor del desmantelamiento de esta institución, pocas propuestas alternativas a la existencia de una institución como la policial.
De manera generalizada en sociedades democráticas, la policía interviene representando al conjunto de la población y, lógicamente, cuando la ciudadanía valora su trabajo, dicha percepción condiciona esta valoración . La legitimidad de la institución policial se ha configurado estrechamente vinculada a la de la nación o a la del Estado, estructuras cuya existencia es rara vez cuestionada en sociedades como las nuestras En el nivel más concreto del funcionamiento de la organización policial en el que se producen las interacciones entre la ciudadanía y los policías a propósito de situaciones diversas, la legitimidad policial es un objeto mucho más controvertido y contestado, y es mucho más frecuente que la intervención y el comportamiento policial, tanto a nivel individual como Raquel Nofuentes Luque colectivo, sean denunciados o cuestionados, así como el mismo derecho que pueda tener la policía para dar indicaciones o exigir obediencia 3.Legitimidad policial, conformidad y colaboración con la poli En la teoría política clásica, la facultad del Estado para imponer dicho orden sería el resultado de un contrato social. Según este contrato, el Estado aseguraría a la ciudadanía ciertos beneficios públicos en forma de derechos a cambio de que los individuos renunciasen a ciertas prerrogativas. El pacto social expresado en dicho contrato sería el marco en el que deberían explicarse las nociones de orden social y autoridad política.
La vigencia del contrato social depende de 2 comportamientos: - de los que supone el cumplimiento voluntario de la ley, ya que la poli no dispone de tantos medios como para asegurase de que toda la población la cumpla.
Comportamientos de colaboración con las autoridades en sus esfuerzos para combatir la desviación.
3.1 modelos explicativos de la conformidad y la colaboración ciudadana con la poli El respeto por la Ley tiene que ver con los valores morales o éticos en los que se fundamentan las creencias individuales sobre lo que está bien y lo que está mal., sobre los comportamientos considerados adecuados.
Las personas respetan la Ley y colaboran con la policía en su trabajo de hacer cumplirla porque creen que es lo que deben hacer. Evitan comportarse de determinadas maneras, aunque no sea ilegal, incluso en contra de sus propios intereses, porque sus principios morales les llevan a ello. No roban porque piensan que no es correcto. De la misma manera pueden ayudar a alguien a suicidarse porque creen que no es incorrecto.
Hay dos grandes modelos teóricos que explican la relación entre la actividad policial y la conformidad con la Ley y la colaboración ciudadana con la policía y otras instituciones del sistema penal . Por un lado, los de control social o instrumentales, centrados en los cálculos interesados que los individuos hacen sobre los costes y los beneficios que comporta el respeto de las disposiciones legales y de las autoridades, así como la colaboración con éstas en la tarea de mantener el orden y controlar el incivismo y la delincuencia. Por otro, los de legitimación, también llamados “normativos”, que explican la conformidad y la colaboración ciudadana con la policía y otras autoridades a partir de la idea de autorregulación de los individuos.
a) Modelos instrumentales El comportamiento de las personas está dirigido por el deseo de maximizar los beneficios derivados de sus acciones y, al mismo tiempo, minimizar los costes que dichas acciones llevan asociados. Así, en relación con el cumplimiento de la Ley, los comportamientos son el resultado de estimaciones sobre lo que se gana o se pierde colaborando con la Justicia.
Estas estimaciones tienen que ver con la eficacia de las organizaciones que representan a las instituciones, con su capacidad para alcanzar sus objetivos. En el caso de las policiales, cabría Raquel Nofuentes Luque esperar que cuantas más muestras den de competencia en la tarea de resolver los problemas, más deferencia y respeto merecerán y obtendrán los policías, y más colaboración recibirán por parte de la ciudadanía, la cual estará más dispuesta a cumplir la ley.
La colaboración ciudadana también se explica por la teoría de la disuasión  la conducta se modula a partir de la coacción que supone la posibilidad más o menos cierta de que la policía intervenga en caso de infracción de las normas o las leyes: si las personas perciben que la policía puede intervenir en cualquier momento, directamente o a instancias de otros que la puedan alertar, es más probable que se abstengan de infringir la Ley, después de valorar los costes asociados al hecho de ser detenidos.
la clave del éxito de dichas políticas reside en la capacidad de crear y mantener esa amenaza disuasoria constante. Sin embargo, la realidad pone en cuestión que esta estrategia de control social formal a través de la disuasión sea suficiente o eficiente a la hora de promover la conformidad de la ciudadanía con la Ley y la colaboración ciudadana con la policía.
b) Modelos normativos Se basan en la idea de que la percepción que la ciudadana tiene de la legitimidad de la poli y la ley determina su conformidad y tiene influencia en la colaboración con la poli.
La legitimidad sugiere que los individuos se autorregulan, respetan las autoridades legales y sus disposiciones, y colaboran con ellas en un esquema de coproducción de seguridad cuando perciben que sus decisiones y sus acciones son legítimas. Ello en función de la distribución más o menos igualitaria del trabajo que dichas autoridades llevan a cabo, o del trato que reciben de ellas.
B1) justicia distributiva, conformidad y colaboración con la poli Las personas respetan la policía y colaboran con ella cuando piensan que el trabajo policial expresa el principio de igualdad ante la Ley y no supone forma alguna de discriminación. Es decir que la distribución de los recursos policiales es igualitaria y que el trato que los policías dispensan a todos los ciudadanos es justo en el sentido de ecuánime, independientemente del grupo social al que pertenezcan.
Se considera que la policía contribuye a reproducir la desigualdad y es responsable de la posición de desventaja que determinados grupos ocupan en la estructura social cuando, a través de sus dispositivos operativos, sobrevigila a personas de un grupo étnico o de una procedencia determinada ( “ racial profiling”) B2) justicia procedimental, conformidad y colaboración con la poli los individuos tienden a respetar la Ley y a colaborar con la policía cuando perciben que los procedimientos que los agentes siguen son “justos”, en el sentido de que, en el transcurso de sus intervenciones, ofrecen un trato digno y respetuoso a las personas con las que intervienen.
esta percepción de justicia en los procedimientos determina fuertemente la confianza de la ciudadanía en las autoridades y sus evaluaciones sobre su legitimidad, lo cual determina, a su vez, el respeto por ellas y sus indicaciones, y la conformidad con las leyes.
Raquel Nofuentes Luque En función del trato que los policías dispensen a las personas con las que interactúan en el ejercicio de sus funciones, puede contribuir a reforzar los sentimientos de pertenencia a la sociedad o, por el contrario, puede erosionar dichos sentimientos y provocar otros de distancia o extrañamiento respecto del conjunto social.
Aspectos relevantes de un trato justo: - Imparcialidad en la toma de decisiones: que tendría que ver tanto con la objetividad y la neutralidad de las decisiones y los cursos de acción que toman los policías La calidad del trato a las personas con las que intervienen los polis: que debe respetar siempre la dignidad de las personas, como en lo tocante a la eventual participación de la ciudadanía en el proceso de toma de decisiones relacionadas con el trabajo policial.
La institución policial se gana la confianza y el crédito de la ciudadanía cuando ésta percibe justicia en sus procedimientos y dicha confianza sería la base de su legitimidad, la cual, en última instancia, llevaría a las personas a cumplir con las normas y a respetar a los policías y a colaborar con ellos, porque considerarían que es lo moralmente correcto, independientemente de si están más o menos de acuerdo con dichas normas y de la posibilidad de que sean sancionados 4. Factores que modulan la legitimidad policial Actualmente, la policía se ha convertido en un servicio público más y la confianza que la ciudadanía tiene en la institución policial no es, ni mucho menos, algo dado por descontado.
Debido al estrecho seguimiento de la política y las prácticas policiales por parte de los medios de comunicación, dicha confianza está constantemente sometida a juicio .
En España, debido a la función que desempeño la policía en la dictadura franquista, no tubo un carácter sagrado como la poli Británica. En cambio, sí que ha devenido un servicio público tan sometido a la crítica y tan cuestionado como el británico. Aunque también goce de un reconocimiento y de un apoyo público relativamente alto, sus políticos, directivos y gestores tampoco pueden perder de vista el hecho de que la deferencia y el respeto del que otrora gozaron los policías son, hoy día, mucho más relativos, menos garantizados entre el conjunto de la ciudadanía..
La legitimidad policial está marcada por los casos de corrupción y el abuso de autoridad que llegan a conocerse públicamente.
Debe explicarse en el marco de las profundas transformaciones económicas, sociales y culturales que se produjeron en todas las democracias occidentales tras la Segunda Guerra Mundial. Dichas transformaciones constituyen la transición a la llamada modernidad tardía, en la que las condiciones sociales de las que depende la actividad de la policía han cambiado notablemente. En esta transición aparecen nuevas ideas y percepciones sobre la seguridad, la inseguridad y la delincuencia a la luz de las que se ponen en cuestión la efectividad y la legitimidad de dichas instituciones, así como la misma capacidad del Estado para hacerse cargo garantizar la seguridad pública y la convivencia.
Raquel Nofuentes Luque Estas dinámicas de cambio modificaron significativamente las condiciones de vida de personas y grupos sociales, así como las relaciones sociales mantenían con las autoridades legales en particular. Por supuesto, dichas dinámicas de cambio han tenido consecuencias en la relación entre la ciudadanía y la institución policial, en las interacciones que los policías mantienen de manera ordinaria y cotidiana con la población, y en la misma organización de la función policial, como consecuencia de los esfuerzos de adaptación al nuevo panorama que las organizaciones policiales han tenido que hacer.
4.1 globalización económica y flexibilización del capitalismo entre 1950 y 1970 rápido desarrollo de los transportes y de la comunicación, expansión de los mercados internacionales que condujo a la globalización. EEUU y GB viven años de crecimiento continuo que permitieron unos niveles económicos y sociales muy altos.
Esta prosperidad sirvió de base para el desarrollo el Estado del Bienestar y produjo cambios culturales necesarios para las reivindicaciones igualitarias. Estos avances= causa de la aparición de contradicciones y movimientos de oposición a este nuevo orden social La crisis del petróleo (1973) inicio de una recesión económica e inestabilidad social en los países occ. Se produce una caída de la producc. Industrial y del comercio, aparición de tasas de desempleo y aumento del déficit público erosión de los fundamentos de la alianza social entre trabajadores, empresarios y gobiernos.
Una década más tarde la eco se recupera pero sobre la base de una restructuración del mercado laboral d consecuencias absolutamente trascendentes en los años siguientes.
A partir del 2008 sectores de población –mujeres, jóvenes e inmigrantes— han quedado en los márgenes de los mercados laborales, y la pobreza y la desigualdad social no han dejado de aumentar en todos los países como consecuencia de la crisis económica que llega hasta nuestros días, especialmente en los del sur de Europa.
En este contexto, la policía ha tenido que intervenir en las manifestaciones más violentas de un conflicto social que se ha agudizado a medida que han avanzado la desigualdad y la pobreza( manifestaciones, huelgas, desahucios ) . Al margen de su justificación jurídica, no hay duda de que las intervenciones en estos ámbitos ha condicionado muchísimo la imagen de la policía y las relaciones de los policías con los grupos que suelen estar más expuestos a las dinámicas de exclusión social.
4.2 la geografía urbana y la ecología de las ciudades la extensión del espacio social a partir de los procesos de suburbanización, la incorporación del automóvil ( mejora transporte los hogares se separan de los lugares de trabajos) y la generalización del teléfono  marcan el inicio de un cambio radical en el trabajo policial.
Estos fenómenos explican la evolución a la llamada “actividad del 112” ( 1960, en EEUU y GB sobretodo, y más tarde en España)  retirada de los agentes de los espacio públicos para asignarlos a los vehículos patrulla, coches y motos.
Raquel Nofuentes Luque Esta motorización del trabajo policial ha separado a la institución de las comunidades a las cuales debe servir , con consecuencias no deseadas. Prácticas como la ronda a pie han pasado a ser cada vez menos frecuentes, sustituidas por patrullajes en coche.
Se ha producido una “deslocalización” de la institución policial que ha llegado a contraer el ámbito geográfico del trabajo policial hasta convertirse, básicamente, en vías de paso y zonas de intervención.
El resultado ha sido que, en determinados entornos urbanos, donde residen determinados sectores sociales se ha producido un “extrañamiento” de la institución a medida que sus habitantes han dejado de reconocer en los policías la capacidad de contribuir a mejorar sus condiciones de vida a partir de sus intervenciones y han pasado a verlos, en muchos casos, como una amenaza.
4.3 la democratización social y cultural Se ha producido una generalización masiva de la tele y el posterior desarrollo de los medios de comunicación de masas y electrónicos que han alterado de manera psicológica a los ciudadanos. Estos fenómenos han promovido una serie de profundos cambios en las relaciones sociales y en las sensibilidades culturales; cambios que han resultado ser absolutamente determinantes en la comprensión del trabajo policial y de la legitimidad policial en nuestros días: los que tienen que ver con la democratización de la vida social y cultural.
La televisión primero e Internet después han permitido que personas y grupos sociales hayan podido adoptar perspectivas más amplias, que hayan podido liberar su experiencia de los entornos más próximos de la propia localidad. De algún modo, a medida que los medios de comunicación han hecho más evidentes las diferencias y las desigualdades, han hecho de ellas situaciones menos soportables y han abierto espacios para la denuncia y para la contestación en una sociedad cada vez más diversa.
También como consecuencia de ello, el trabajo policial ha tenido que someterse a cada vez más controles, tanto internos como externos, y, como ha ocurrido en otros ámbitos de acción gubernamental e institucional, responder a las exigencias de mayor transparencia y responsabilidad. A la creciente exposición a los medios de comunicación se suma el hecho de que este trabajo cotidiano de los policías se ha visto cada vez más expuesto al examen más generalizado, gracias a la amplia difusión del uso de las últimas tecnologías de la información y la comunicación a disposición de una ciudadanía que, en cualquier momento, puede grabar las intervenciones policiales y exponerlas inmediatamente en Internet.
Entre 1950-1960 progresivo reconocimiento de los derechos de ciudadanía en las instituciones.
Aunque no se produjera una ampliación real e igualitaria de las oportunidades para todos los sectores de la población, a medida que el discurso de la desigualdad y las políticas de igualdad fueron ocupando posiciones centrales en la cultura política, las expectativas de justicia de trato y de igualdad de derechos se fueron ampliando entre las clases populares y los grupos minoritarios consecuencias en las relaciones que las personas mantienen con las instituciones de autoridad como la policía, que se plantean muchas veces en términos Raquel Nofuentes Luque problemáticos. En las últimas décadas, el equilibrio de poder entre los policías y la ciudadanía, especialmente las personas con las que interviene en situaciones conflictivas o a propósito de la comisión de alguna infracción penal o administrativa, se ha visto alterado a favor de estas últimas.
La ciudadanía exige activamente que la prestación de los servicios policiales se ajuste a determinados estándares de calidad, como un trato adecuado y ajustado a Derecho, y ha dejado de aceptar pasivamente que las intervenciones policiales puedan parecer, o efectivamente sean, arbitrarias o faltadas de justificación  proceso de “desubordinación” = descenso en los niveles de consideración y respeto hacia dichas instituciones y hacia las personas que las encarnan, incluso más allá de la esfera pública, en los dominios privados de la familia, el lugar de trabajo o la escuela.
El cuestionamiento de la autoridad y de la legitimidad de la acción de gobierno ha tenido consecuencias sobre la desviación de las conductas, por un lado, y sobre los modos de gobernar y los estilos administrativos, por otro. Hay una gestión basada en las instrucciones y en las órdenes fue dando paso a una gestión basada en la negociación. La población ha ido reclamando cada vez más su derecho a intervenir en la gestión de las instituciones que los deben albergar por lo que con el tiempo, a partir de la década de 1960, los estilos de gestión basados en la imposición de diagnósticos y de decisiones de arriba hacia abajo han ido perdiendo vigencia.
En algunos casos, la idea de que la policía o cualquier otra institución del Estado pueda “corregir” a través de sus funcionarios la desviación que suponían ciertas conductas ha llegado a ser visualizada como inapropiada y hasta autoritaria. Sin duda, a medida que han avanzado el desempleo y la precarización laboral desde la década de los setenta hasta la actualidad, el proyecto correccional del Estado que expresaba el ideal del enfoque penal moderno se ha vuelto cada vez más inviable y, en este contexto, las resistencias que a menudo presentan las personas con las que los policías intervienen cotidianamente en su trabajo adquieren una naturaleza explícita que hace mucho más difícil dicha labor.
En definitiva, en un escenario como el descrito es difícil imaginar, hasta qué punto la policía puede operar como un “símbolo efectivo de orden unitario” . En cambio, cuesta mucho menos entender el hecho de que la legitimidad con que cuentan las organizaciones policiales en la actualidad es bastante más precaria que en épocas anteriores, y que el respeto y la consideración que merecen los agentes de policía en el desempeño de sus funciones son bastante más relativos que entonces.
4.4 el aumento de las tasas delincuenciales y la configuración de la delincuencia como un problema social En los 60 y 70 tasas elevadas de delincuencia, incremento rápido y sostenido de las tasas de delitos registrados en los países occ. Debido a los cambios sociales mencionados, la consecuencia de cambios estructurales y psicológicos que hicieron de las sociedades industrializadas sociedades más expuestas a la delincuencia.
Raquel Nofuentes Luque Las nuevas estructuras sociales y eco, han pasado a ofrecer más oportunidades para la comisión de delitos al tiempo que han relajado los controles informales: - - + oportunidades: nunca como en las últimas décadas ha habido tantos bienes de tanto valor en circulación formando parte de la vida cotidiana que se han convertido en el objetivo de hurtos y robos: automóviles ( equidos con equipos de música, teles..), hogares ( con electrodomésticos) y tecnología portátil ( como ir con el móvil por la calle) Reducción de los controles situacionales: las áreas centrales han perdido población residente por la presión de los servicios comerciales y de ocio, los vecindarios se han desplazado a las afueras como las urbanizaciones que se quedan vacías durante todo el día.
A pesar de la evolución descendente de las tasas delincuenciales desde los años noventa, la delincuencia y el miedo a la victimización se han constituido en fenómenos que forman parte de nuestra vida cotidiana.
A partir de 60 estos fenómenos pasaron de ser problemas que únicamente afectaban a las clases más populares a ser una preocupación constante para los segmentos de clases medias.
No hay una distribución homogénea de la victimización Los sectores más desfavorecidos siguen siendo los más vulnerables y los que más sufren los efectos de la criminalidad y de las distintas formas de incivismo.
Se ha configurado como un problema social. A ello han contribuido de manera destacada los medios de comunicación, que no han dejado de llamar la atención sobre la delincuencia, los hechos delictivos y las diferentes formes de incivismo. Les han dado una visibilidad especialmente destacada en el debate público, en el que han quedado definitivamente configurados como asuntos de interés general y político.
La ciudadanía no deja de atribuir a la policía una parte importante de responsabilidad en este nuevo panorama. Ello es debido al hecho de que la institución policial, desde el momento en que inició el proceso de profesionalización de ésta, optó por definirse interna y externamente como una institución esencialmente dedicada a la lucha contra la delincuencia, a pesar de que el control de los factores que la determinan estuviese, y siga estando, lejos de su alcance.
En la actualidad, a pesar de que la evidencia señala que los policías dedican buena parte de su trabajo a tareas que no tienen que ver directamente con la delincuencia, aquella idea que conjuga el ejercicio profesional con su persecución y su represión sigue ocupando un lugar central en el imaginario colectivo de los policías y de los ciudadanos. Esta visión ha situado a la policía en una situación en la que su labor difícilmente puede ser considerada como eficaz por parte de una ciudadanía. Está claro que, así las cosas, los policías apenas pueden contar con esa base tan sólida de la legitimidad que es la eficacia en el cumplimiento de los objetivos de su trabajo.
5. Conclusión: la legitimidad policial, un elemento clave de la política pública de seguridad poco estudiada en España y Cataluña.
Raquel Nofuentes Luque Actualmente las malas prácticas y corrupción policial que trascienden en el debate público y político coincide con valoraciones públicas relativamente positivas de la poli en diferentes encuestas.
La legitimidad policial , que tendría un impacto en la confianza, puede ser modulada por la eficacia, la justicia procedimental y la distributiva.
La agudización del conflicto social en las últimas cuatro décadas como consecuencia del aumento de la desigualdad y del avance de la exclusión social en el marco de la globalización del capitalismo flexible ha obligado a las policías a intervenir en diferentes manifestaciones de dicho conflicto, frente al delito o con motivo de huelgas o manis ha influido en la imagen de la poli y en su eficacia negativamente.
Se ha producido cierto alejamiento de la poli respecto a las comunidades en las que prestan sus servicios debido a la motorización de la actividad.
La legitimidad se ve modulada por la generalización del uso de los medios de comunicación e Internet, ha consistido en la apertura de espacios cada vez más amplios para la denuncia y la contestación social. Como consecuencia de ello, el trabajo policial ordinario ha tenido que someterse al escrutinio público más generalizado, tanto de los medios de comunicación como de los particulares.
la lucha contra la delincuencia se ha consolidado como asuntos de interés general y político, ha condicionado enormemente las valoraciones públicas sobre la eficacia policial y, en consecuencia, sobre su legitimidad. La policía, que se ha constituido a sí misma como una institución dedicada fundamentalmente a la represión de la delincuencia y que percibida de esta manera, no puede contar con esa base de legitimidad tan firme como es la eficacia, es decir el haber alcanzado su objetivo principal.
Independientemente del nivel que alcance en cada momento, la legitimidad es un recurso indispensable para el funcionamiento de las organizaciones policiales y para el sostenimiento de la institución policial. La legitimidad no recibe interés por parte de la comunidad científica o políticos.
hay enfoques teóricos que se interesan por qué la mayoría de la población respeta las normas y acostumbra a colaborar con la policía y otras instituciones del SJP. Esta perspectiva está poniendo de manifiesto que las instituciones del sistema penal también operan promoviendo y favoreciendo los comportamientos normativos y la cooperación voluntaria de la ciudadanía, algo bastante más deseable que su imposición y de innegable valor estratégico.
Por otro lado, las personas con responsabilidad política y técnica en la policía siguen manteniendo las estrategias disuasorias, basadas en la amenaza y el castigo, en el centro de las políticas de seguridad.
Aunque las reformas relacionadas con la orientación a la comunidad y la proximidad, deban explicarse en el marco de un proyecto de mejora de su eficacia a través, precisamente, del refuerzo de la legitimidad de la institución, ello no ha servido aún para que la legitimidad policial sea reconocida como un aspecto absolutamente decisivo para el éxito de las políticas Raquel Nofuentes Luque públicas de seguridad, como la opción más eficaz, eficiente y duradera de control de las conductas que atentan contra la seguridad y perturban la convivencia.
Hay pocos estudios de legitimidad policial. Hace falta más investigación científica sobre la legitimidad policial en España y, en particular, en Cataluña, donde las intervenciones policiales y determinadas formas de trabajo policial han sido más cuestionadas y contestadas en el debate público y político. Para empezar, habría que comprobar si es aplicable aquí la experiencia empírica acumulada en otros países, que apunta que la confianza en la justicia procedimental de la policía es el predictor más fuerte y consistente de los diferentes componentes de la legitimidad, por encima de la confianza en su efectividad o en su justicia distributiva, Dificultades: A nivel académico, la policía en nuestro país es un ámbito de estudio relativamente poco atractivo, ya que es un espacio al que cuesta mucho acceder En última instancia, es muy probable que los propios policías no lo pongan fácil. Aunque los que tengan altas responsabilidades en sus organizaciones puedan sintonizar con mayor facilidad con estas ideas, es probable que haya resistencias: la cultura profesional todavía está dominada por ideas que no hacen de la transparencia y la apertura valores centrales en ella, y la falta de reconocimiento social de la complejidad del trabajo policial en la actualidad no ayuda a que estas resistencias se suavicen y acaben cediendo.
Sin embargo, a pesar de las dificultades, el reto es ineludible y exige dosis importantes de generosidad y responsabilidad a los actores concernidos e interesados en la policía y el trabajo policial. Las políticas de seguridad necesitan evidencias empíricas en las que apoyar sus prioridades y sus estrategias, y la investigación científica sobre la legitimidad policial puede ofrecer un conocimiento muy valioso para quienes tienen la obligación de diseñarlas, dirigirlas o participar en su ejecución, si están verdaderamente preocupados por la seguridad y el bienestar de la ciudadanía ...

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