Preguntas SPT: 1, 2, 3 (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Valencia (UV)
Grado Ciencias Ambientales - 1º curso
Asignatura SPT
Año del apunte 2015
Páginas 7
Fecha de subida 28/03/2016
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1. Comenta la siguiente afirmación: las relaciones mutuas entre las sociedades humanas y los sistemas naturales son complejas y no están predeterminadas, y describe el papel de las ciencias ambientales y la sociología. (Ver en Aula Virtual: Medio ambiente y sociedad: fundamentos (Ernest García), pp. 1-13. O bien en el texto de E. García: Medio Ambiente y sociedad, pp. 15-27).
Los inmensos impactos destructivos y los desequilibrios naturales generados por las actividades humanas son de tal escala que la sociedad humana ya no es capaz de esquivarlos. Las sociedades humanas se encuentran en un peligroso experimento provocado por ellas mismas, en el que los procesos sociales y naturales se articulan sin precedente histórico generando dinámicas imprevisibles que amenazan la supervivencia y continuidad de la especie humana, la biodiversidad y los delicados equilibrios naturales del planeta y la vida.
La civilización industrial que dominó en el siglo XIX y XX se encuentra inmersa en una profunda crisis, crecen las desigualdades entre los seres humanos y aumentan las distancias entre ricos y pobres a efectos de las privaciones que imponen el dominio del mercado y la economía monetaria. También entran en crisis los paradigmas tradicionales de la ciencia y la racionalidad tecno-científica. El signo más evidente de la extensión y gravedad de la crisis de la actual civilización industrial y sus tendencias expansivas de crecimiento es la “crisis ecológica”.
El conjunto de problemas que suelen agruparse bajo la expresión de 'crisis ecológica' aluden a las condiciones cada vez más dañadas de supervivencia para los sistemas vivientes y las sociedades humanas. La posible opción de las sociedades humanas por su continuidad en el tiempo implica la necesidad urgente de realizar cambios radicales en favor de las exigencias de la “sostenibilidad ecológica” y la “sostenibilidad social”. Si continúan las tendencias de desarrollo ambientalmente destructivas, como son las incorporadas en el aumento poblacional, las tecnologías, los estilos de vida, el consumo y la producción, las ciencias, la enseñanza, entre otras, se está amenazado el futuro de las sociedades humanas y el conjunto de la vida en la Tierra.
Nuestra existencia no es la separación entre la naturaleza y la sociedad humana, tal y como ha ideado el antropocentrismo de la modernidad occidental incapaz de reconocer la continuidad e interconexiones existentes entre las heterogéneas dimensiones socioecológicas del mundo: la social, cultural y política, y la física y biológica. El prejuicio cultural de los modernos tiende erróneamente a separarnos y devaluar el resto de seres vivos y el mundo viviente considerándolos simples recursos al servicio de los fines e intereses humanos. Pero lo cierto es que los seres humanos y sus sociedades pertenecemos y somos parte del sistema complejo del mundo viviente. La naturaleza es la fuente de recurso de bienes y servicios que necesitamos para la supervivencia.
No existen dualismos separadores en el mundo complejo que habitamos puesto que la realidad de la humanidad siempre ha sido socio-natural o eco-social. Los humanos y sus sociedades siempre han estado supeditados a los límites impuestos por su pertenencia al mundo físico-natural y su verdadera historia ha sido de mezclas híbridas y de interacciones entre culturas y naturaleza.
Una de las causas principales de la crisis ecológica es el antropocéntrismo de superioridad humana. Una idea que perdura mediante la ignorancia y el desprecio de las necesidades ecológicas del planeta y de los límites naturales que se imponen a toda acción humana.
Las creencias mayoritarias siguen exaltando un modelo de sociedad humana que ya no es viable en un planeta limitado en materiales y moribundo al basarse en los valores materialistas y productivistas del bienestar y del crecimiento ilimitado, al tiempo que caen en un vacío de referencias físicas, biológicas y de las leyes infranqueables del mundo físico escaso y limitado que habitamos.
Las mentalidades separatistas son defensoras de la autonomía y superioridad conquistadora de los humanos, siguen caracterizando las prácticas de la economía, la producción, el consumo, las subjetividades, la racionalidades, la ciencia, la enseñanza, la política del contrato social, los derechos, las aspiraciones de cambio y bienestar.
La ignorancia de los límites naturales y de las necesidades biogenerativas del mundo al que pertenecemos, que es la condición fundacional que hace posible la existencia humana, ha de ser cuestionada con urgencia. Esto lleva al estado en el cual la civilización industrial ha entrado en una fase de translimitación o sobrepasamiento de los límites biofísicos tolerables por los sistemas naturales y sus necesidades biogenerativas. La idea de decrecimiento, responde a que los límites naturales al crecimiento han sido rebasados, se ha superado la capacidad de carga del planeta o se está cerca de ello, el establecimiento de un nuevo equilibrio a una escala sostenible se producirá mediante una fase de reducción demográfica y de la actividad económica, moderado por el ser humano. Un decrecimiento organizado, voluntario, inmediato y menos costoso resulta preferible a un decrecimiento caótico, impuesto por la naturaleza, más lejano en el tiempo y mucho más costoso.
MÁS IMPORTANTE El mundo y la realidad a la que pertenecemos hace referencia a la relación o relaciones entre las sociedades humanas y la naturaleza, a las interacciones e impactos mutuos. Se trata de un objeto de conocimiento complejo y multidimensional, situado en las fronteras mismas entre los dos grandes campos de la ciencia moderna: las ciencias naturales y las sociales o humanas.
Las relaciones entre los seres humanos y su medio ambiente o el sistema sociedad humana-naturaleza puede representarse simbólicamente y analíticamente de muchas maneras. Hay dos metáforas ilustrativas que sirven para entender las diferencias existentes entre un “sistema mecánico” y un “sistema complejo”. Ambas metáforas sugieren algunas cuestiones centrales sobre cómo podemos representar y analizar las relaciones humanas con el resto de sistemas vivos: - La imagen de la astronave Tierra. Se trata de una metáfora difundida en las ciencias sociales a partir de un artículo ya clásico de Boulding (1966) que ejemplifica lo que es un sistema mecánico. La nave que avanza en el espacio tiene un número determinado de tripulantes y pasajeros y una provisión, también determinada, de combustible y alimentos. El piloto que está al mando puede, más o menos, dirigir todo el conjunto de la nave de una forma eficiente siguiendo unas metas conscientes. Una nave es una máquina, un mecanismo, es decir, un sistema de relaciones lineales entre determinados elementos que pueden ser diseñadas y controladas si se establece su estructura y las leyes que rigen su funcionamiento. Las relaciones lineales hacen posible que la acción de un factor se asocie siempre a un misma consecuencia, dándose así una relación clara y determinada entre la causa y el efecto producido.
- Alicia jugando al croquet. La segunda metáfora, fue propuesta por Gregory Bateson ( ) y hace referencia a una de las situaciones de atolladero en las que estuvo implicada Alicia en su aventura en el País de las Maravillas: un juego de un partido de croquet utilizando un flamenco como mallo, un erizo como pelota y unos arcos formados con sus propios cuerpos por los soldados de la Reina de Corazones. Bateson (1987:449-450) describía esa situación como una secuencia meta-fortuita de acontecimientos sometida a una indeterminación de segundo orden. El control consciente finalista y determinista del juego, en este caso por parte de Alicia, es imposible puesto que entre la intención y el efecto buscado de dar con el “mallo” a la “pelota” para meterla por un “arco” se dan las mediaciones de dos seres vivos con vida y autonomía propia que no se someten a las directrices y voluntad de Alicia.
Se trata de una situación en la que una intervención finalista, es decir, una relación lineal entre la causa y la consecuencia de la acción buscada por Alicia (golpear la pelota-erizo para meterla por el arco) está destinada al rotundo fracaso. Por tanto existe un alto grado de indeterminación e incertidumbre sobre como evolucionará el juego, sobre el futuro y los cambios que se darán al actuar varios sistemas vivos en relación como son: Alicia, el erizo y el flamenco. Esta metáfora aporta una imagen mucho más aproximada que la anterior metáfora mecanicista de la nave espacial sobre el funcionamiento real de los intercambios entre dos sistemas complejos autoorganizadores: la sociedad humana y los sistemas vivientes del planeta Tierra.
El deporte inventado por Lewis Carroll nos sitúa ante la desconcertante indeterminación que resulta de la relación entre dos sistemas complejos autoorganizadores: la sociedad humana y la biosfera. La metáfora de Alicia, una metáfora compleja es la adecuada para el sistema en el que vivimos. La naturaleza esta en continuo cambio, no es posible su control ni dirigirlo. El planeta establece unos límites que no podemos rebasar, establece límites dentro de los dos sistemas.
Un sistema es un conjunto de elementos, es una parte del universo delimitado por una frontera espacial y por una duración temporal. El medio ambiente de un sistema es el resto del universo.
Respecto a la frontera, los sistemas pueden ser clasificados de la forma siguiente: 1) Abiertos. En ellos la frontera permite el intercambio de materia y energía con el medio ambiente. Las sociedades humanas, al igual que cualquier otro sistema viviente (una célula, un organismo, una población...) son sistemas abiertos. Obtienen de su medio ambiente energía y materiales y después de procesarlos e incorporárselos en parte para mantener y modificar su organización interna, devuelven a su medio ambiente los residuos generados por dicho procesamiento.
2) Cerrados. En ellos la frontera permite sólo la transferencia de energía, pero no de materia. La Tierra como planeta del Sistema Solar tiene las características de un sistema cerrado (Odum 1980:25).
Recibe energía del resto del universo (fundamentalmente radiación solar) y emite energía al espacio exterior (fundamentalmente calor). En cambio, el intercambio de masa es muy reducido y por ello puede considerarse un sistema cerrado en materiales (meteoritos, sobre todo).
3) Aislados. Un sistema aislado es aquel cuya frontera no permite la transferencia ni de energía ni de materia (masa), de modo que no tiene interacción alguna con su medio ambiente.
El medio ambiente de las sociedades humanas es, en principio, el resto del universo, pero hasta ahora, ha estado limitado al sistema cerrado en materiales del planeta Tierra. La relación entre sociedad humana y naturaleza es la de un sistema abierto cuyo medio ambiente es un sistema abierto dentro de un sistema cerrado en materiales como es la Tierra, obliga a la reflexión sobre si las sociedades humanas han de establecer pautas de autolimitación para no degradar, despilfarrar o agotar los recursos ambientales y ecosistemas de la biosfera.
Los sistemas vivientes (al igual que los sistemas sociales humanos) pertenecen a la clase de los sistemas autoorganizadores (o sistemas complejos adaptativos). Estos son capaces de pasar de un estado inicial a otro más complejo en cuanto al número y tipos de sus componentes y en cuanto a su organización y funcionamiento, incrementándose así la información que contienen. La autoorganización es posible porque se trata de sistemas abiertos capaces de absorber baja entropía (energía libre y materiales concentrados) de su medio ambiente y de encontrar en su medio ambiente depósitos donde liberarse de sus residuos de alta entropía (energía degradada, materiales desordenados). ((Tomamos cosas con poca entropía para sobrevivir y desechamos (excretamos) materia con alta entropía que no es aprovechable)).
La biodiversidad o diversidad biológica, es “la variabilidad entre los organismos vivientes de todo origen, incluidos los ecosistemas terrestres, los marinos y otros sistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; esto incluye diversidad dentro de las especies, entre especies y de los ecosistemas”. El estado de situación y la calidad de la biosfera terrestre (sistema de ecosistemas y sus relaciones) se expresan en la biodiversidad. Si esta disminuye rápidamente, como está ocurriendo ahora, es que está sufriendo un grave empobrecimiento y simplificación. A escala mundial, la pérdida de biodiversidad es dramática, se trata de una crisis global de extinción de especies, algo que anuncia los peores vaticinios si continúan las tasas y tendencias actuales de extinción. Las consecuencias de esta hecatombe ecológica son inimaginables.
La tendencia general de los ecosistemas, en el transcurso de la evolución biológica, ha sido hacia estados de mayor complejidad y diversidad: crecimiento de la diversidad de especies o biodiversidad y la disminución relativa en la producción de materia orgánica en comparación con su creciente acumulación. En general, un sistema complejo tiene más posibilidades de regulación que uno sencillo y por tanto la estabilidad frente a las perturbaciones es mayor. La biodiversidad es el “seguro de vida” de la propia vida: a mayor diversidad mayor capacidad de autorregulación del ecosistema, y por eso la biodiversidad es generadora de estabilidad. Una elevada biodiversidad permite a los ecosistemas afrontar perturbaciones, adaptarse a los cambios y hacer frente a las crisis. Los ecosistemas más simplificados son los más vulnerables. En términos termodinámicos y ecológicos, la propiedad fundamental de la vida es recuperar como información (complejidad) una parte de la energía disipada e ntrópicamente en los intercambios físico-químicos.
Papel de las Ciencias Ambientales y la Sociología: El contenido del módulo de sociedad y medio ambiente de la carrera de Ciencias Ambientales: "Estudio de los efectos sociales de las alteraciones del medio ambiente y de las repercusiones en el medio ambiente de las transformaciones y cambios sociales".
El conjunto de problemas que suelen agruparse mediante la expresión 'crisis ecológica' es ya una de las encrucijadas abiertas ante la humanidad contemporánea, es bastante obvio que el proyecto mismo de las ciencias ambientales surge para intentar satisfacer las necesidades de información suscitadas por las respuestas sociales e institucionales a dichos problemas. En lo que respecta a la comprensión de la crisis ecológica y las respuestas a la misma, las ciencias sociales tienen un papel a representar más significativo que el generalmente aceptado en el pasado. Ahora bien, se reconoce asimismo -e incluso, en algunos casos, se insiste en ello- que las ciencias sociales no estarán equipadas para representar ese papel ampliado, en lo imaginativo y en lo práctico, a menos que repiensen radicalmente sus propios supuestos heredados. Estamos ante un proceso de dos direcciones.
Es probable que el debate ecológico se beneficie mucho de las aportaciones de las ciencias sociales, pero, de la misma forma, las ciencias sociales tienen mucho que aprender en su intento de ponerse a la altura de ese desafío." (Benton y Redclift 1994:2).
2. Las mediaciones sociales existentes entre mente y naturaleza. (Ver en el texto de E. García: Medio Ambiente y sociedad, pp. 27-33).
El campo de las ciencias ambientales se extiende desde la física hasta la ética, pasando por la biología o la sociología, ciencias independientes entre sí que se unifican en las ciencias ambientales. En un principio las ciencias que se distinguían eran ciencia natural y las humanidades, no tomando a la sociología como ciencia. Snow (1993) habla de quienes estudian cómo viven o han vivido los seres humanos, tomando la sociología como una tercera ciencia. Otros como Wilson toma la sociología como una parte de la ciencia natural y otra parte de humanidades.
En las ciencias ambientales, la relación sociedad-medioambiente se concreta en el concepto de la sostenibilidad, el problema reside en la conexión de la mente guiada por un propósito y el medio natural en que se llevan a cabo las actividades humanas. Comenzando por las preguntas de la ecología humana puede plantearse la cuestión relativa a la capacidad de carga para seres humanos, aunque ha de haber límites naturales al respecto, estos pueden ser cambiantes y entra así la desigualdad y el conflicto social: la bilogía no es separable de la tecnología, ni de la sociedad ni de la política. La creencia de que la acción social puede frenar la crisis ecológica depende de la hipótesis de que la especie humana es capaz de encontrar en su medio, fuentes de recursos sin explotarlas hasta el agotamiento. Nos encontramos así en el terreno de la cultura (estilos de vida, valores y mitos).
Podríamos formular esa mediaciones según los siguientes términos: dinámica demográfica(capacidad de sustentación o de carga, compartible con la biosfera o tendencialmente ilimitada); provisión energética (horizonte de escasez de los combustibles fósiles, debates sobre energía renovables, fusión nuclear); tecnología/economía (sustitución de factores de producción, de muy elevadas a muy limitada); estructura social (grado de igualdad, acceso diferencial a los recursos y distribución diferencial de los riesgos); orden político (grado de interconexión, de diversidad y de democracia; límites a la regulación y al control); construcción de las necesidades ( orientada por la abundancia o por la suficiencia; posibilidad del aprendizaje por anticipación); narraciones constituyentes (mitos de dominio sobre la naturaleza o de armonía entre los seres humanos y el resto de los seres vivos). Cada uno de estos niveles de análisis es solo relativamente dependiente del resto. Relativamente porque cada nivel es autónomo y no puede reducirse a cualquiera de los otros.
La formulación de un análisis visto de las distintas ciencias es algo más que un simple “asalto interdisciplinar” pero también bastante menos que la reaparición de una ciencia unificada. Estos niveles de análisis no incluyen una hipótesis sobre el sentido de las relaciones entre ellos ni una especificación de cómo esos niveles influyen sobre el medo ambiente y son influidos por él.
La expansión ecológica en las fases de la evolución social influidas por el industrialismo puede ser caracterizada mediante cuatro términos denominados complejo ecológico: la acumulación tecnológica a una tasa acelerada; la explotación intensificada del medio ambiente; la transición demográfica (fuerte crecimiento); y la revolución organizativa. Por un lado, en el complejo ecológico la organización es vista como el factor dependiente influido por los otros tres factores independientes, y por otro, la organización social es recíprocamente relaciona con los otros tres factores. Son dos formas de explicar la organización social en términos de respuesta adaptativa de una población humana a un ambiente constituido por elementos naturales y tecnológicos, así como por otras poblaciones o comunidades humanas.
Más tarde Ehrlich y Holdren pensaron que el impacto producido por las actividades sociales sobre medioambiente es el resultado de tres factores: la población (nº individuos que la componen), la riqueza (recursos consumidos por individuo medio) y la tecnología (índice de destrucción medioambiental por los procesos productivos que suministra la riqueza).
Finalmente, se ha propuesto considerar la relación entre sociedad y naturaleza como un proceso de interacciones entre la organización social, la tecnología, el conocimiento, los valores y el medio ambiente en el que todo está relacionado con todo lo demás.
3. Las creencias del ecocentrismo y el antropocentrismo y comenta los prejuicios antropocéntricos del excepcionalismo y exencionalismo. (Ver en Aula Virtual: Medio ambiente y sociedad: fundamentos, pp. 14-26. O bien en el texto de E. García: Medio Ambiente y sociedad, pp. 33-41).
El ecocentrismo y el antropocentrismo son ideas contrarias, la primera es un idea “nueva” que tiene una visión global y rechaza el reduccionismo y el antropocentrismo, “Los seres humanos son sólo una especie entre las muchas que están interdependientemente involucradas en las comunidades bióticas que conforman nuestra vida social” (Catton y Dunlap 1978:45). El antropocentrismo es la idea tradicional, que lleva a interpretarlo todo en términos de experiencia y valores humanos.
La cultura moderna occidental establece una particular comprensión antropocéntrica estableciendo un dualismo separador y jerárquico entre cultura humana/naturaleza, adjudicando valores y características propias a cada parte y concibiendo la cultura humana como superior y dominadora de resto del mundo natural y animales. Mediante esta mentalidad moderna se divide y estructura erróneamente el mundo en dos compartimentos separados o pares de opuestos en discontinuidad.
Otras dicotomías asociadas son características centrales del pensamiento moderno que hemos heredado: hombre/ mujer, sociedad/naturaleza, humano/animal, mente/cuerpo, razón/emoción, autonomía/dependencia, producción/ reproducción, público/privado. Los animales no humanos y los ecosistemas han pagado muy caro el sentido de superioridad natural y racional que se otorgan los seres humanos desde las creencias y la imaginación fuertemente antropocéntricas. La separación tajante entre la naturaleza y la razón humana han conducido a un pensamiento y una racionalidad muy simplificadora y deformante, carentes de todo valor epistemológico en un mundo complejo, interdependiente e incierto al que pertenecemos.
Contrariamente, el enfoque del ecocentrismo consiste en explicar el funcionamiento de las sociedades humanas bajo los imperativos y leyes propias del mundo físico-natural. El enfoque del ecocentrismo es reduccionista al eliminar las dimensiones diferenciales y excepcionales de las sociedades humanas. El enfoque del antropocentrismo también es reduccionista al eliminar o devaluar las dimensiones físicas y naturales que establecen condiciones interactuantes y limitaciones a las sociedades y la acción humana.
"Pocos dudarán de que la humanidad se ha creado un problema de dimensiones planetarias. Nadie lo quería, pero somos la primera especie que se ha convertido en una fuerza geofísica, al alterar el clima de la Tierra, un papel que previamente estaba reservado a la tectónica, las llamaradas solares y los ciclos glaciales. Somos, asimismo, los mayores destructores de vida desde el meteorito de diez kilómetros de diámetro que cayó cerca del Yucatán y puso fin a la Era de los Reptiles hace sesenta y cinco millones de años. A través de la superpoblación nos hemos puesto en peligro de quedarnos sin alimento y agua. De modo que sobre nosotros planea una elección muy faustiana: o bien aceptar nuestro comportamiento corrosivo y arriesgado como el precio inevitable del crecimiento demográfico y económico, o evaluar nuestra situación y buscar una nueva ética ambiental" (Wilson 1999:405).
Lo que interesa del fragmento es la apreciación de que podemos elegir. La aceptación de que el aprendizaje que acompañe las respuestas "adaptativas" a ese nuevo estado cosas que llamamos “crisis ecológica” no necesariamente ha de venir por la vía de un traumático shock, sino que nuestras respuestas pueden ser fruto de procesos de aprendizaje por anticipación para poder adelantarnos bajo las exigencias de los principios de la precaución al colapso catastrófico mediante reformas institucionales y modificaciones en los valores, creencias y comportamientos que son resultado de "evaluar nuestra situación" socio-ambiental. Las poblaciones de cualquier especie animal -con modulaciones derivadas de las diferentes estrategias reproductivas marcadas por los respectivos programas genéticos de cada especie- reaccionan a un eventual incremento de los recursos accesibles en su entorno con un más que proporcional incremento de su consumo de los mismos, es decir, con un más que proporcional aumento del número de sus miembros.
La perspectiva antropocéntrica es un punto de vista suele conectarse con dos creencias que conviene distinguir: 1. La primera de ellas puede llamarse "exencionalismo". Consiste en pensar que las leyes de la física y de la biología no condicionan ni establecen límites a la organización y el cambio de las sociedades humanas, o por decirlo así, que las leyes físicas y biológicas dejan de regir cuando se trata de los asuntos humanos.
2. La segunda creencia puede denominarse "excepcionalismo" y remite a la emergencia de novedades en la organización que no son observables en otros niveles o partes de la realidad. Por tanto la cultura y la mente humana no serían entonces una simple manifestación del mencionado imperativo genético y la evolución inscrita como una ley universal.
Las formulaciones del ecocentrismo ignoran a veces esta distinción y la idea de “excepcionalismo” al explicar los hechos en base a los imperativos genéticos y evolutivos. Por ejemplo, en un artículo ampliamente citado en sociología ecológica se dice lo siguiente: "Los seres humanos son sólo una especie entre las muchas que están interdependientemente involucradas en las comunidades bióticas que conforman nuestra vida social" (Catton y Dunlap 1978:45). La especie humana no puede hallar un lugar totalmente externo a la naturaleza y no dependiente de ella, una observación que es pertinente y acertada. La existencia social de los humanos contiene numerosas excepciones a los imperativos naturales a causa de la singularidad de la mente y las mediaciones sociales existentes en las relaciones entre las sociedades humanas y la naturaleza. Esas “excepciones” a las leyes naturales las que resultan relevantes para identificar y delimitar el alcance del reduccionismo ecocéntrico aplicado a las sociedades humanas, la mente humana y su cambios e historia. Y son precisamente esas excepciones las que resultan relevantes para establecer el alcance y las fronteras del reduccionismo ecocéntrico.
ANTROPOCENTRISMO 1. Los seres humanos tienen autonomía espiritual y, en consecuencia, son responsables de sus acciones.
2. El medio ambiente es inherentemente estable y se recuperará si le damos la menor oportunidad.
3. La mayor parte del daño causado al medio ambiente es producto de la ignorancia y la codicia humanas, así como de malas prácticas tecnológicas; y, por tanto, puede repararse.
4. La inventiva humana y la tecnología ECOCENTRISMO 1. Estamos dirigidos genéticamente, igual que cualquier otro animal. No tenemos más mente que el cuerpo y no tenemos opción en cuanto al comportamiento.
2. El medio ambiente es un sistema caótico y, por tanto, es inherentemente inestable y siempre lo ha sido. En caso contrario, la evolución no habría tenido lugar. La recuperación no es característica del sistema.
3. La mayor parte del daño causado al medio ambiente es el inevitable subproducto de pueden resolver la mayoría de los problemas medioambientales y reparar la mayoría de los daños causados al ambiente siempre que se dedique a ello suficiente tiempo, dinero, educación y voluntad política.
5. Sobreviviremos, como siempre hemos hecho, impulsados por lo excepcional de nuestra inventiva y por nuestro ingenio y espíritu indomable.
la sobrepoblación, así como una parte necesaria del ciclo de una plaga.
4. Los problemas medioambientales a que ahora nos enfrentamos no tienen una solución tecnológica. Todas las actividades humanas "buenas" y "malas"- aumentan nuestra deuda ecológica. Cuanto más tecnológica sea la solución intentada, mayor será esa deuda.
5. El ciclo de plaga es un componente vital del proceso evolutivo, y una cláusula de protección esencial en el caso de una especie fértil y de alto impacto como especie Homo Sapiens.
La última vuelta de tuerca al ecocentrismo está en la tesis de que la propia creencia en la excepcionalidad de la cultura se seleccionó en fases etempranas de la evolución humana para favorecer las posibilidades de supervivencia frente a las dificultades de adaptación derivadas de un cerebro extremadamente flexible (Morrison 1999). La proposición darwaiana de que los humanos descienden de un antepasado da la familia de los simios sólo es rechazada por unos fundamentalistas religiosos. Esto implica remover las resistencias a aceptar que, lo mismo que en todos los organismos terrestres, el origen último de toda conducta humana reside en nuestros genes. Sin embargo hay razones evolutivas para que las resistencias se mantengan: capacidad del lenguaje. A fin de mantener el comportamiento no racional, genéticamente determinado, en las cuestiones evolutivamente relevantes, nuestros genes tienen que exhibirse tras una máscara de emoción y cultura. En definitiva, el espíritu está en los genes: algo que explica tanto nuestra victoriosa expansión en el pasado como nuestra presente incapacidad para frenarla antes de arruinar completamente los sistemas de soporte de la vida.
En resumen: hay un fundamento para creer que hay potenciales para el cambio social consciente, incluso si se aborda la cuestión desde una perspectiva biológica. Hay algunos ejemplos que pueden invocarse: la abolición de la esclavitud, la tendencia hacia la democracia, la recompensa a la innovación más que a la posición, el movimiento obrero, el de las mujeres, el de planificación familiar, el de los derechos civiles... o el movimiento ecologista. No veo tampoco razones para abandonar la característica vinculación de la tradición sociológica con una creencia así. En el peor de los casos, habría que pensar que se trata de una cuestión abierta. La actitud que cada cual mantenga ante la misma puede influir de diversas maneras pero, en el fondo, es lo que menos cuenta. El matiz puede ser recogido citando, una vez más, las palabras de Ehrlich: "La cuestión de si las naturalezas de la mayoría de nosotros pueden ser cambiadas para establecer mejores conexiones entre diversos grupos y para tomar un control más sistemático de nuestra evolución cultural está por ver (...) Tiendo a ser optimista al pensar que podemos hacerlo, pero pesimista en cuanto a si lo haremos" (Ehrlich 2000:330).
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