La Imprenta (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Periodismo - 1º curso
Asignatura Historia General de la Comunicación
Año del apunte 2014
Páginas 6
Fecha de subida 19/10/2014
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LA IMPRESIÓN De todos es conocido que fue en el lejano Oriente, en China y en algunos de sus países vecinos, donde apareció por primera vez un interés por reproducir textos continuos a diferencia de la reproducción de palabras o frases breves en sellos o monedas.
En el S.VII, surgió la idea de tallar relieves en madera y después entintarlos como medio de reproducción de dibujos y textos sagrados sobre papel. Posteriormente, se utilizaron bloques de piedra grabados para imprimir textos de Confucio. Estos métodos eran muy adecuados para reproducir los innumerables caracteres de la escritura china. Sin embargo, la idea de hacer caracteres individuales y colocarlos uno al lado del otro para formar un texto se produjo en torno al S.X, cuando Pi Sheng hizo los caracteres de barro, los coció y pegó a cada uno de ellos con una especie de cola a un émbolo de madera. El papel, el tipo móvil y la prensa impresa se convirtieron en una forma de liberación y en el agente de cambios a largo alcance de la vida social e intelectual. La invención china del tipo móvil suscitó una preocupación general por la reproducción de textos continuos.
*El aprendizaje de la escritura La invención de la imprenta marcó el fin de un largo aprendizaje de la escritura en Occidente.
Hacia el S.X y XII el comercio experimentó un nuevo desarrollo, las ciudades empezaron a crecer y se iniciaron las cruzadas. Europa estaba agitada. La balanza comercial con el Este estaba a su favor y hubo una nueva entrada de oro. A partir de este momento, Occidente empezó a adquirir nuevos recursos de capital intelectual. Se fundaron universidades –la de París especializada en teología, y la de Bolonia en derecho-. Luego siguieron otras, entre las que cabe destacar Oxford y Cambridge.
En esta atmósfera, la escritura renació. Desde el S.XI hasta el XIII el sistema notarial se restableció permitiendo la mejora de los contratos y el comercio.
Las recurrentes crisis y calamidades del S.XIV y principios del S.XV como la peste y la Guerra de los Cien Años favorecieron la palabra escrita, la cual por entonces ya había logrado establecerse.
Hay que tener en cuenta que los escritos solo eran accesibles a unos grupos restringidos. Estos casi siempre tenían su vocabulario y lenguaje, y casi siempre su propia escritura. Las bibliotecas importantes de catedrales guardaban la herencia de la antigüedad pagana y cristiana, pero no estaban dotadas adecuadamente de material del nuevo escolasticismo de las universidades.
Europa vivía a diferentes niveles. Francia, que seguía siendo rural, a la vez que heredó una magnífica tradición universitaria, parecía satisfecha de desarrollar escuelas elementales tradicionales en las que la lectura era el instrumento para aprender los rezos latinos y satisfacer la oferta del clero.
En una Europa cuyas élites tenían cada vez más acceso al mundo de la escritura, se creó la necesidad de un lenguaje de mayor claridad, más universal y más apropiado para la elaboración de un argumento. Al igual que un individuo aprende a leer y a escribir, la Europa occidental adquirió las artes literarias solo después de un lento y doloroso proceso. Durante mucho tiempo, el hombre de letras medieval no conocía ninguna alternativa a leer el texto en voz alta o, al menos, murmurarlo. Durante mucho tiempo, la escritura era meramente considerada como un medio de fijar la palabra hablada, especialmente en las universidades, cuyo principal propósito era formar a sacerdotes y oradores. Asimismo, la literatura vernácula dejó de estar destinada a dejar constancia de las tradiciones orales, para llevar una existencia más independiente a medida que evolucionó la sintaxis. El avance en todos los campos fue cada vez más rápido entre los siglos XIII y XV.
El Nacimiento de la Imprenta La imprenta ocupó el centro de los movimientos intelectuales, literarios, económicos, tecnológicos y políticos que se anticiparon al Renacimiento. Al principio del S.XV, que fue un periodo de una relativa paz, tuvo lugar en Alemania un nuevo despegue económico con la explotación de las minas de plata, y que coincidió con la falta de dinero en metálico en Europa, a lo que se sumó el nacimiento de la industria metalúrgica moderna.
Ya a finales del S.XII la tecnología había acudido en ayuda de la cultura. El papel se había introducido en Europa por parte de los árabes a través de España e Italia justo en el momento en que el resurgimiento de la cultura escrita estaba creciendo. La fabricación de papel se había trasladado de Italia a Francia, y hacia finales de S.XIV había alcanzado la franja occidental de Alemania. Después surgió la idea de utilizar este nuevo material a parte de para documentos legales, informes y manuscritos, para reproducir imágenes con una técnica muy utilizada en la decoración de estampados de telas: un relieve tallado en madera. Así, probablemente a finales del S.XIV aparecieron los primeros grabados en madera. Posteriormente los orfebres perfeccionaron el proceso de grabado en hueco en cobre. Pronto se empezaron a añadir breves textos al tarugo o placa para acompañar al dibujo. Los temas más frecuentes eran escenas de la vida de Cristo y retratos de santos. En este mismo periodo y por razones similares aparecieron por primera vez las pinturas sobre telas. De este modo se había logrado la reproducción de imágenes y no mucho más tarde se llegó a la reproducción de un texto.
El problema era reproducir por medios mecánicos el comparativamente pequeño número de signos que forman el alfabeto latino. La solución que se tomó fue: cada letra o signo se corta en el extremo de un mango de metal duro –la perforadora de letras-, que es luego batida en un material más blando, normalmente cobre, formando la matriz. La matriz se coloca en un molde en el que se vierte un líquido caliente, mezcla de plomo, estaño y antimonio. Con este procedimiento se obtienen cantidades de caracteres exactamente iguales. Igualmente, la prensa impresa tenía un precedente en la prensa del vino. Así de hecho la imprenta se creó, no como resultado de una invención autónoma, sino cuando se reconoció la necesidad de esta. No obstante, los distintos elementos aún se tenían que unir y su aplicación a la imprenta tenía que mejorarse. En el centro de los experimentos de donde surgió la técnica de imprimir con el tipo móvil se erige la poderosa personalidad de Gutenberg.
Nacido en 1399, hijo de un orfebre que fue maestro de la Casa de la Moneda del arzobispo elector de Mainz, Gutenberg tuvo que abandonar Mainz tras una revuelta a manos de los gremios de la ciudad y estableció su residencia en Estrasburgo. Entre 1435 y 1444, se dedicó a desarrollar varios inventos, sobre los que instruyó a tres habitantes de la ciudad, uno de los cuales era fabricante de papel. Ya se estaba aplicando en la consecución de un proceso para imprimir. No hay noticias de él hasta 1448, cuando, reaparece en su ciudad natal. Fue con su hijastro, Peter Schoeffer, que Fust abrió el primer establecimiento imprenta, de la que se tiene un conocimiento preciso, y que en 1457 publicó el primer libro impreso que llevaba un pie de imprenta, el famoso Mainz Psalter.
De hecho, numerosos ejemplos anteriores de impresión han llegado hasta nosotros, pero ninguno de ellos positivamente identificado como el original. Lo que hay que tener en cuenta es que muchos de ellos son ejemplares poco presuntuosos –indulgencias, almanaques, pequeñas gramáticas-, cuya tirada atestigua las preocupaciones mundanamente prácticas de los primeros impresores, tan preocupados por suministrar múltiples copias de documentos como por producir libros. Pero otros son empresas mayores que se eleva al rango de obras maestras de perfección tipográfica, como la Biblia de 42 líneas atribuida a la asociación de Gutenberg y Fust.
La imprenta estuvo destinada desde el principio a jugar un papel importante en acelerar la comunicación a varios niveles culturales. La nueva técnica se extendió rápidamente por toda Europa. En 1458, Jean Mentelin, notario y descifrador de manuscritos, abrió una imprenta en Estrasburgo. Desde 1460 y de forma gradual, los aprendices que habían estado trabajando para Gutenberg, Fust y Schoeffer se dispersaron por toda Alemania, hasta llegar a Italia y enseñaron a otros, de manera que se propagó la nueva técnica por muchos países de Europa. En 1470 había 12 lugares con establecimientos con imprenta. Hacia el año 1489 habían 110 y entorno al 1500 más de 200.
EL PERIODO ARTESANAL DE LA IMPRENTA La estructura del oficio y los medios que utilizaba continuaron siendo los mismos durante los próximos 400 años. Los talladores de madera actuales nos revelan como sería el interior de una imprenta de los comienzos. Una impresión de Lyon de 1499-1500 nos muestra la “caja” del impresor, las casillas de diferente tamaño según la frecuencia con la que se utilizaban las distintas letras. La forma en que el cajista coloca las letras en el “componedor” que sujeta en su mano izquierda, es exactamente igual a como se ha hecho hasta la actualidad, igual que el modo como sostiene la “copia” situada sobre la caja. La pesada prensa era totalmente de madera, excepto por los ajustes que eran de hierro. Dos pies sobre una base sólida soportaban una biga transversal maciza a través de la cual pasaba la tuerca de madera. La tuerca se giraba con una barra para bajar la pesada platina, presionando así la hoja de papel blanca sobre la “forma” que contenía el tipo entintado.
Se calcula que hacia 1650 los impresores de Francia producían 2500-3000(es decir 1250-1500 hojas impresas en ambos lados) impresiones por día de trabajo. También producía a un ritmo tremendo los folletos y carteles, que siempre han constituido una gran parte del negocio del impresor.
LA EVOLUCIÓN DEL LIBRO Los primeros libros pretendían reproducir la apariencia de los manuscritos. Las letras iniciales se resaltaban a mano y había bordes coloreados muy elaborados. Gradualmente, empezaron a surgir elementos de estandarización, ya que ciertas categorías de libros tenían que imprimirse en ojos de tipo particulares. Empezaron a utilizarse los grabados en madera en vez de las iniciales dibujadas a mano.
Mientras, el libro impreso estaba alcanzando lo que Lucien Fevre llamó su état civil, un lugar definido en el orden social. El íncipit, en la parte alta de la primera página de un manuscrito se convirtió en la página para el título, presentando, junto con el título definitivo, el nombre del autor, el emblema del impresor y su dirección. Todas estas innovaciones quedaron más o menos establecidas en torno a 1530 y, las formas de letra romana, a modo de sello de marca del nuevo espíritu, se difundieron de Italia y Francia, a la mayor parte de Europa.
Así nació el libro moderno. Los esfuerzos que se realizaban para hacer el texto más accesible, dividiéndolo en unidades que facilitaban el volver a cualquier pasaje, iluminaron la labor de la lectura. Esto hizo posible una nueva forma de lectura, más rápida y más individual, y nuevas formas de utilizar los libros para que se abriera la puerta a nuevos reinos de enriquecimiento intelectual, que, a la vez ampliaron el abismo entre la élite cultivada y la cultura oral o semi oral de la gran mayoría. La biblioteca de Wolfenbüthel, que pertenecía a los duques de Brunswick era un magnífico edificio, con una gran cúpula. Sobre las estanterías, cuidadosamente clasificado en categorías, están los manuscritos medievales conseguidos en las viejas abadías después de la Reforma, los grandes folios del siglo XV y XVI con encuadernación de piel de cerdo y estampados ciegos sobre las cubiertas de madera.
Los libros afirman la participación de sus propietarios en la cultura de su tiempo, y el carácter de una biblioteca puede decirnos algo del entorno intelectual que representa.
¿Los propietarios de esas colecciones leían asiduamente los libros que poseían, como hizo realmente Montaigne? Lo que sabemos del modo en que vivían indica que llevaban una existencia sosegada, enclaustrada, absorbida y sugiere que muchos de ellos eran grandes lectores. Pero con la llegada del S.XVIII, esta estudiosa tranquilidad dio paso a la agitación y a la distracción al tiempo que aparece la figura del coleccionista bibliófilo moderno. Este tipo de connaisseur disfrutada con una edición de La Fontaine ilustrada por Oudry, o una comedia de Molière con grabados de Boucher, no por sus bien conocidos textos, sino por la interpretación que hace de ellos el artista contemporáneo.
A mediados del S.XVII salieron a la luz los romances aristocráticos de Aphra Behn en Inglaterra y Mlle. De Scudéry en Francia, que sorprendieron a los lectores modernos a la vista de su dispersa tipografía y voluminosa extensión. Más tarde hubo una gran variedad de publicaciones más modestas, desde baladas, y “literatura callejera” vendida por vendedores ambulantes hasta libros como almanaques, alfabetos y libros de recetas. La literatura más barata –cuentos medievales tradicionales acompañados de grabados en madera mal acabados- se imprimía lamentablemente en un tipo que es apenas leíble por nuestros ojos. ¿De qué otra manera los humildes artesanos para los que esos libros iban dirigidos podían hacer uso de ellos sino descifrando lentamente en voz baja, releyéndolos constantemente, y sin duda deteniéndose en cada frase para perderse en las escenas que las palabras evocan? El acceso a los libros ha contribuido a la estructuración del orden social en los tiempos modernos. La cultura del libro que ha creado la imprenta solo podía poseerse completamente tras el curso de un largo aprendizaje. El ya bien establecido prestigio del saber clásico parecía ofrecer un acceso a un atractivo círculo. Poseído por su destreza, el hombre educado podía aspirar al poder político.
Pero al mismo tiempo se desarrollaba una cultura de la clase media entre lectores con menos experiencia que solían escribir en su trabajo y en su vida cotidiana pero que habían heredado una tradición cultural más oral. Respecto a este punto podemos mencionar otros libros, generalmente de pretensiones más modestas, que se iban publicando junto a todos esos que eran accesibles solo para los más instruidos. Entre ellos cabe mencionar la Biblia.
EL COMERCIO DEL LIBRO Con la aparición de la imprenta, el libro se convirtió en un objeto de mercancía, y las ganancias capitalistas en una fuerza impulsora de la cultura. Se tienen que considerar brevemente algunos aspectos económicos de la producción y distribución de ideas impresas.
Todo el mundo sabe que un artículo producido en masa cuesta menos a medida que se incrementa la tirada de producción. Pero existen límites. Tras un cierto número de copias, la proporción de los costes no recurrentes (la compra del texto, la composición…) que se atribuyen a cada copia, se vuelve insignificante con relación a los costes recurrentes (papel, uso de la maquinaria y encuadernación).
El editor- vendedor de libros debía tener una amplia y efectiva red comercial a su servicio. Ya que el sistema bancario no estaba bien organizado, normalmente recurría a un sistema de intercambio con sus corresponsales, creando cuentas por medio de letras de cambio. De este modo tenía que esperar mucho tiempo para recuperar sus inversiones y tenía que inmovilizar cantidades relativamente importantes de capital. A partir de estas circunstancias emergió de forma gradual un comercio de libros organizado. Los primeros editores se exponían a grandes riesgos a merced de un transporte incierto y unas comunicaciones muy lentas. Era muy común no pagar, y no existía una protección bajo una ley internacional. Los títulos más rentables se prohibían con frecuencia por parte de las autoridades, dando esto pie a la formación de redes clandestinas paralelas.
No obstante, la producción de este pequeño mundo del libro era inmensa. Sobreviven al menos 45000 títulos que fueron publicados antes del 1 de enero de 1501. Durante el S.XVI las estadísticas son aún más impresionantes: más de 200000 títulos recopilados. En la primera mitad del S.XVII la producción se dobló o triplicó. Después vino la recesión, que en Francia duró hasta muy tarde (1720), a partir de entonces se volvió a restablecer con los primeros movimientos de la Revolución Industrial. Consecuentemente, las fortunas de la cultura quedaron estrechamente vinculadas a las fortunas económicas más fuertes.
Es muy significativo que desde el principio, la imprenta floreciera en centros comerciales con posibilidad de obtención de créditos y buenos enlaces comunicativos y Alemania pronto perdió respecto a Italia. Venecia, muy equilibrada entre estos dos aspectos, se convirtió en la primera capital europea de la imprenta. Pero más tarde también Lyon, sin ninguna gran tradición cultural floreció como centro del comercio del libro entre los años 1530-1560. Luego, debido a que Alemania salió de las guerras religiosas en las que ahora Francia estaba embarcada, la feria de Frankfurt inclinó la balanza otra vez a favor del norte.
LOS CIRCUITOS DEL LIBRO En este periodo los circuitos del libro eran varios y discretos y no formaban una red única e integrada. Durante un largo periodo los libros en latín fueron el vehículo para la transmisión de las principales corrientes de ideas –el misticismo en el S.XV, el humanismo en el S.XVI con las publicaciones de Aldus en Venecia, Froben en Basilea…- Más tarde el latín fue el medio de la literatura jerárquica de la Contrarreforma en Amberes, Venecia, Colonia, París y Madrid. Las fuerzas del mercado impulsaron a tiempo la producción de libros más pequeños y más baratos para un público más amplio. Este tipo de publicación llegó a ser mayor de edad con el desarrollo de las literaturas nacionales, con la desaparición de la contrarreforma y la recesión económica de mediados del S.XVII, se convirtió en un factor importante en la desintegración de Europa y la formación de naciones-estado. Las leyes y las ideologías reforzaron las divisiones de las lenguas.
A partir de entonces las autoridades –los gobiernos en particular- intentaron controlar la palabra impresa por medio de licencias, la concesión de privilegios exclusivos en determinadas obras y la censura. Mientras Inglaterra tuvo éxito en deshacerse de tales controles en el S.XVIII, estos sobrevivieron en cierta medida por todo el resto de Europa. Posteriormente llegaron las publicaciones clandestinas y las cadenas de venta de libros, así como la multiplicación de ediciones piratas y contrabando. Las prensas que producían este material surgían fuera del alcance de los funcionarios del gobierno, y sus productos llegaban al mercado a manos de vendedores clandestinos.
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