Griegos y oriente (2013)

Pràctica Español
Universidad Universidad Carlos III de Madrid (UC3M)
Grado Humanidades - 3º curso
Asignatura Antigüedad y legado clásico
Año del apunte 2013
Páginas 3
Fecha de subida 14/03/2016
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Una de las practicas que hay que entregar durante el curso

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FRANCISCO HERRERA MEGIA COMENTARIO LA POLEMICA DEL ORIGEN DE LA CIVILIZACION GRIEGA Hay muchos mitos en la Historia. Ellos no sólo son producto de la Antigüedad, también lo son de los historiadores. Uno de estos mitos es Grecia. Efectivamente, se ha hecho de dicha cultura, la madre de Europa, e incluso la cuna de la civilización occidental; es decir, la expresión máxima del pensamiento humano según buena parte de sus intelectuales.
Grecia es el símbolo de una tradición histórica e historiográfica, es el símbolo de un conjunto de naciones, de ciertas creencias muy difundidas en el continente europeo y sus zonas de influjo tanto marginadas (como África y Latinoamérica), como las desarrolladas, (Estados Unidos y Canadá, por ejemplo).
Según la opinión de muchos, los griegos son los inventores de la democracia, de la ciencia, de la filosofía, son los primeros historiadores, los mejores artistas de su tiempo.
En otras palabras, Grecia es el origen de los grandes logros culturales de Occidente en la política, la economía, la religión y la cultura. Sin Grecia, el mundo no sería igual.
Antes de continuar me gustaría aclarar que he creído conveniente centrarme en la polémica del origen de la civilización griega, y para ello he analizado la cuestión de la Atenea negra. Dicho esto nos debemos de cuestionar lo siguiente: ¿nació la cultura griega en el seno del Nilo? ¿Fueron los egipcios una civilización africana de la cabeza a los pies? La posibilidad de que Europa tenga sus raíces en una Grecia colonizada en su etapa primitiva por los egipcios es una polémica teoría que está resurgiendo con el auge de lo políticamente correcto.
La polémica sobre el choque de civilizaciones que enfrentaría a Oriente y Occidente, ha contribuido a disparar las sensibilidades sobre las raíces de cada una de estas presuntamente opuestas civilizaciones, y los orígenes de Europa no han quedado ajenos a esta oleada.
Se ha desencadenado una búsqueda de los ancestros de Europa que ha sacado del olvido un libro publicado en 1987 con el significativo título de Atenea Negra, las raíces afroasiáticas de la civilización clásica, obra del británico Martin Bernal.
Un crítico ha sugerido, de forma bastante plausible, que este es el libro de historia antigua del mundo mediterráneo más discutido desde la Biblia. Su mismo título evoca el punto clave de la polémica: según el autor, la Grecia antigua tomó prestada la mayor parte de su religión, filosofía y creatividad del antiguo Egipto que, a su vez, fue una auténtica civilización negra africana. Por tanto, según esta tesis, la civilización occidental tendría una base cultural africana.
En el presente contexto de globalización, con el reconocimiento de que nuestro mundo es el producto de culturas híbridas, parecería incluso obvio admitirlo. Sin embargo, durante los siglos XIX y XX la identidad europea se construyó como un elaborado retrato en el que se muestra una sola civilización, los orígenes de la cual pueden remontarse hasta la antigüedad grecorromana.
Esta construcción de nuestra identidad como herederos de una antigua civilización griega, sin raíces en ninguna otra civilización previa no europea, ha servido para justificar el imperialismo y el colonialismo europeo. Nosotros, los occidentales, hemos contactado con culturas y civilizaciones independientes y somos responsables de su transformación hacia un estatus de modernidad, democracia y bienestar.
En muchos casos esta occidentalización se ha llevado a cabo con gran brutalidad, justificada con la excusa del progreso, un concepto que debemos a la antigua Grecia. La idea de una civilización única propagándose desde una pequeña esquina del continente euroasiático para transformar todo el mundo ha sido tan poderosa para Occidente que resulta chocante pensar que su origen podría ser mucho más diverso al ir asociado a unas raíces africanas y, aspecto también señalado por Martin Bernal, a otras semitas procedentes de los fenicios.
La negación del otro por ser distinto en idioma, en color de piel o en cultura es la negación de la propia seguridad que tienen de sí quienes niegan. Loe egipcios fueron grandes, también los griegos. Inútil es querer hacer a uno mejor que el otro. Sería tanto como caer en los mismos defectos del etnocentrismo, el cual, si bien es una práctica corriente, también es una postura irreal, pues no refleja lo que sucede en la dinámica cultural.
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