Democracia. Parte 1. El comienzo (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Ciencia política y Gestión pública + Derecho - 1º curso
Asignatura Ciencia Política
Año del apunte 2015
Páginas 4
Fecha de subida 22/02/2015
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Descripción

Parte 1 del libro de Democracia de Robert A. Dahl que incluye el capítulo I, II y III.

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La democracia. Robert A. Dahl Primera parte. El comienzo Capítulo I. ¿Necesitamos realmente una guía? Todas las principales alternativas a la democracia, o bien desaparecieron o se transformaron en residuos exóticos, o se retiraron de la palestra para encerrarse en sus últimos baluartes. Si se dividiesen los países del mundo entre aquellos con gobierno no democrático, aquellos con gobierno democrático reciente, y aquellos con gobierno democrático antiguo y relativamente bien establecido, se puede observar tres grandes tendencias:  Gobierno no democrático. El desafío consiste en ver si pueden realizar la transición hacia la democracia y cómo han de hacerlo.
 Gobierno democrático reciente. El reto es ver si y cómo pueden ser reforzadas las nuevas instituciones y prácticas democráticas o si se pueden ser consolidadas, de forma que puedan pasar la prueba del tiempo.
 Gobierno democrático antiguo. El reto estriba en perfeccionar y profundizar la democracia.
La democracia ha significado muchas cosas distintas para gente diferente en diversas épocas y lugares. Durante largos períodos de tiempo la historia humana, la democracia desapareció en la práctica.
Capítulo II. ¿Dónde y cómo se inició el desarrollo de la democracia? Una breve historia La democracia no ha seguido una historia lineal, es decir, no se creó y ha ido evolucionando hasta llegar a la situación actual. La democracia parece a ver sido inventada más de una vez y en más de un lugar y es que de hecho, la democracia puede ser inventada y reinventada de manera independiente dondequiera que se den las condiciones adecuadas.
Algunas condiciones propicias han reforzado siempre la tendencia al desarrollo del gobierno democrático.
Lo que en primer lugar dio origen a la democracia fue lo que se denomina la lógica de la igualdad. Durante el largo periodo en que los humanos cohabitaron en grupos pequeños y sobrevivieron mediante la caza y la recolección de frutos, llegaron a desarrollar un sistema en el que un buen número de sus miembros, animados por la lógica de la igualdad participaban en la toma de decisiones que habían de adoptar como tal grupo.
Podemos determinar por tanto que durante muchos miles de años alguna forma de democracia primitiva bien puedo haber sido el sistema política más “natural”. Pero cuando los humanos comenzaron a asentarse en comunidades fijas, dedicándose primariamente a la agricultura y al comercio, el tipo de circunstancias favorables a la democracia (la identidad de grupo, la pequeña interferencia del exterior, un presupuesto de igualdad), empezaron a escasear. La democracia se sustituyó por formas de jerarquía y dominación.
En torno al año 500 a.C., volvieron a aparecer en algunos lugares ciertas condiciones favorables. La democracia primitiva fue reinventada en una forma más avanzada. Los desarrollos más cruciales se produjeron en Europa; en el Mediterráneo y en el norte del continente.
La democracia primitiva, cabe decir, fue reinventada en una forma más avanzada. Los desarrollos más cruciales se produjeron en Europa; tres en el Mediterráneo, otros en el norte del continente.
1 El Mediterráneo En cuanto al Mediterráneo fue en la Grecia y en la Roma clásicas (en torno al 500 a. C.), donde se establecieron por primera vez formas de gobierno que permitieron la participación popular de un sustancial número de personas.
 Grecia. Esta se componía de varios cientos de ciudades independientes, las conocidas como ciudad-estado, cada una con sus tierras circundantes. La ciudad-estado más famosa fue Atenas.
Fueron los griegos quienes utilizaron el término democracia o demokratia de las palabras griegas “demos”, el pueblo, y “kratos”, gobierno. La democracia más importante fue la de Atenas. En su núcleo y a la cabeza había una asamblea en la que podían participar todos los ciudadanos y que elegía a unos pocos cargos clave.
El principal método de selección de los ciudadanos que debían ocupar otros cargos cívicos fue el sorteo, al que ciudadanos elegibles se sometían para ser seleccionados en régimen de igualdad.
 Roma. En la península italiana, en la ciudad de Roma, su sistema tenía el nombre de república, de res, que significa cosa o asunto y publicas público: referido de forma imprecisa, una república era la cosa que pertenecía al pueblo.
El derecho a participar estaba restringido, sin embargo, en sus comienzos a los patricios o aristócratas. Tras muchas luchas por parte de la gente común, los plebeyos, éstos también consiguieron su integración en el sistema. El derecho a participar se restringió a los hombres, tal y como ocurrió en todas las demás democracias y repúblicas hasta el siglo XX.
La República romana se expandió mediante la anexión y conquista de territorios mucho más allá de las fronteras de la ciudad antigua. Pero Roma nunca adaptó adecuadamente sus instituciones de gobierno popular al inmenso aumento del número de ciudadanos y de las grandes distancias geográficas de Roma.
La ciudad estaba demasiado lejana para poder asistir de manera que, y en consecuencia, a un creciente y en último término abrumador número de ciudadanos les era negada, de hecho, la oportunidad de participar en las asambleas ciudadanas en el centro del sistema de gobierno romano.
Un sistema factible de gobierno representativo basado en representantes elegidos democráticamente parece la mejor opción para resolver este problema. Muchos de nosotros, pero, damos por supuestas cosas que en un tiempo anterior aún tuvieron que ser descubiertas.
Aproximadamente en torno al año 130 a.C. comenzó a verse afectada por agitaciones civiles, guerras la militarización, la corrupción y un debilitamiento del robusto espíritu cívico que previamente había existido entre sus ciudadanos. Con la caída de la República, el gobierno popular desapareció completamente en el sur de Europa.
 Italia. El gobierno popular comenzó a reaparecer en muchas de las ciudades del norte de Italia en torno al 1100 d.C. Una vez más, el gobierno popular se desarrolló en ciudades-estado relativamente pequeñas. La participación en los cuerpos gubernamentales de las ciudades-estado se restringió en principio a los miembros de las familias de las clases altas.
Pero residentes urbanos de menor nivel socioeconómico comenzaron a reclamar el derecho a participar. Estos grupos obtuvieron el derecho de participar en el gobierno de la ciudad.
2 Pero a partir más o menos de mediados del siglo XIV, el gobierno republicano de algunas de las principales ciudades comenzó a dar paso a los perennes enemigos del gobierno popular: declive económico, corrupción, oligarquía, guerra, conquista y toma del poder por parte de gobernantes autoritarios, etc.
Las ciudades y otras poblaciones quedaron destinadas a incorporase a esta entidad más amplia y poderosa, al Estado, convirtiéndose así, como mucho, en unidades subordinadas de gobierno.
Europa del Norte Ya se llamaran democracias o repúblicas, los sistemas de gobierno popular en Grecia, Roma e Italia que carecían todos ellos de algunas de las características cruciales de los gobiernos representativos modernos. De estos tres sistemas estaban visiblemente ausentes tres instituciones políticas básicas: un parlamento nacional compuesto de representantes electos, y gobiernos locales elegidos por el pueblo que en última instancia estaban subordinados al gobierno nacional.
Esta combinación de instituciones políticas se originó en Gran Bretaña, Escandinavia, los País Bajos, Suiza y otros lugares del norte del Mediterráneo. En diferentes localidades, hombres libres y nobles comenzarían a participar directamente en asambleas locales. A éstas se sumarían asambleas regionales y nacionales compuestas de representantes Asambleas locales Los hombres libres vikingos se reunían regularmente desde el 600 al 1000 d.C. en una asamblea decisoria en noruega que se llama Ting. El Ting se celebraba habitualmente en un campo abierto marcado por grandes piedras verticales. En sus reuniones, los hombres libres dirimían disputas; discutían, aceptaban y rechazaban leyes; adoptaban o rehusaban propuestas de cambio de religión e incluso elegían o daban su consentimiento a un rey.
Al igual que los griegos y romanos los vikingos poseían esclavos, los cuales, cuando eran liberados, permanecían en relación de dependencia respecto a su antiguo propietario. Si los esclavos constituían una casta por debajo de los hombres libres, por encima se encontraba una aristocracia de familias con riquezas, generalmente en tierras, y condición hereditaria.
En el vértice había un rey cuyo poder estaba limitado por su elección, su obligación de obedecer las leyes y por la necesidad de mantener la lealtad de los nobles y el apoyo de los hombres libres. La igualdad, la clase de los hombres libres era lo suficientemente grande como para imponer una perdurable influencia democrática sobre las instituciones políticas y tradiciones.
De las asambleas a los parlamentos Cuando los vikingos se aventuraron hacia el oeste y llegaron a Islandia, trasplantaron sus prácticas políticas y en diversas localidades crearon un Ting. En el 930 d.C. crearon una especie de supra-Ting, el Althing o Asamblea Nacional, que durante tres siglos siguió siendo la fuente del derecho islandés hasta que los islandeses fueron finalmente subyugaros por Noruega.
Aunque el crecimiento subsiguiente del poder del rey y de las burocracias centralizadas bajo su control redujo la importancia de estas asambleas nacionales, dejaron su huella sobre desarrollos posteriores.
Radicalmente distinto fueron los Países Bajos y Flandes, donde la expansión de la manufactura, el comercio y las finanzas contribuyó a crear clases medias urbanas compuestas por personas que controlaban considerables recursos económicos. Para obtener el consentimiento, los gobernantes convocaron asambleas de representantes provenientes de las ciudades y de las clases sociales más importantes. Establecieron tradiciones, practicas e ideas que favorecieron profundamente el impulso democrático.
3 Democratización en camino, pero sólo en camino A comienzos del siglo XVIII habían aparecido en Europa las ideas y prácticas políticas que habrían de convertirse en importantes elementos de las visiones e instituciones democráticas posteriores.
Favorecidos por condiciones políticas y oportunidades presentes en algunos lugares de Europa, la lógica de la igualdad estimuló la creación de asambleas locales en las que los hombres libres podían participar en el gobierno, al menos hasta cierto punto. La idea de que el gobierno requería el consentimiento de los gobernados, una pretensión que inicialmente afectaba a la exacción de impuestos, fue creciendo gradualmente hasta abarcar a las leyes en general.
En un territorio demasiado extenso para la celebración de asambleas primarias de hombres libres, el consentimiento precisaba de una representación en la institución que imponía tributos y hacía leyes. La representación debía ser asegurada mediante la elección. Harían falta legislaturas o parlamentos de representación electoral a distintos niveles.
Estas ideas y prácticas políticas europeas proporcionaron una base a partir de la cual pudo desplegarse la democratización.
Lo que no se consiguió Las fuertes desigualdades oponían enormes obstáculos a la democracia: diferencias en derechos, deberes, influencia y poder entre esclavos y hombres libres, ricos y pobres, propietarios de tierras y no propietarios, amos y siervos, etc. La lógica de la igualdad se estrellaba contra el obstinado hecho de la desigualdad.
Los representantes del “pueblo” no representaban realmente a todo el pueblo. Primero, porque los hombres libres eran varones. Hasta el siglo XVIII y con posterioridad, las ideas y valores democráticos no fueron ampliamente compartidos, ni siquiera bien comprendidos. La lógica de la igualdad solo era efectiva entre unos pocos, y unos pocos muy privilegiados además.
El avance de las ideas y prácticas democráticas dependía de la existencia de ciertas condiciones favorables que aún no existían. La democratización no evolucionó siguiendo un comino ascendente hasta nuestros días. Hubo subidas y bajadas, movimientos de resistencia, rebeliones, guerras civiles y revoluciones.
Con una adecuada comprensión de lo que exige la democracia y la voluntad de satisfacer sus requerimientos, podemos actuar para preservar las ideas y prácticas democráticas y, aún más, avanzar en ellas.
Capítulo III. ¿Qué queda por delante? La democracia se refiere tanto a un ideal como a una realidad. Los filósofos se han enredado en interminables debates sobre las diferencias que existen entre nuestros juicios sobre fines, objetos, valores y otros de esta naturaleza, y nuestros juicios sobre la realidad, lo efectivo.
Aunque es útil distinguir entre ideales y realidad es preciso comprender también cómo se conectan los fines o ideales democráticos a la realidad democrática. De eso trata este libro.
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