Howsbam - Naciones y Nacionalismos des de 17 (2013)

Resumen Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Ciencias políticas y de la Administración - 1º curso
Asignatura Introducción a la Historia de las Sociedades Contemporáneas
Año del apunte 2013
Páginas 10
Fecha de subida 10/03/2015
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Resúmen de la lectura obligatoria para el trabajo de Historia.

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La nación como novedad: de la revolución al liberalismo.
Para introducir el tema se insiste en que ​ nación es un concepto moderno, polisémico, interpretable y políticamente cargado que hasta 1884 no se asociaba al Estado. Desde el punto de vista liberal, la nación era concebible en caso que fuera grande y económicamente viable, es decir, el nacionalismo será justificable cuando implique progreso, suma. Esta noción es problemática para aquellas naciones pequeñas, que suponen reducción y no ampliación, además de la posible pérdida de cultura que puede suponer la asimilación de pequeñas comunidades para la integración de la “gran nación”​ .​ Ésta se consolida a mediados del siglo XIX, y por tratarse de un concepto novedoso se ganó la antipatía de tradicionalistas y conservadores y, con ello, el apoyo de sus contrarios por oposición. El principal argumento a favor de la creación de estados-nación es que son considerados como parte de la evolución y fomento para ella.
Aparecen a lo largo del capítulo conceptos que conviene definir, ya que serán habituales la obra tratada.
*Autodeterminación nacional: consiste en el “ derecho de libre determinación todos los pueblos a ‘establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural’” (Arzoz, 2011) *Principio del umbral: teoría de Hobsbawm por la que las naciones tienen derecho a convertirse en estados siempre y cuando superen un tamaño mínimo Antes de 1880 predominan ópticas constructivistas, donde el sentimiento nacional no es el causante de unificaciones o secessiones, hecho que vemos reflejado en la expresión de personajes contemoporáneos: “Hemos hecho Italia, ahora tenemos que hacer a los italianos”, pronunció Massimo d’Azeglio en el primer Parlamento italiano, o, en palabras del Coronel Pilsudski, “es el estado el que hace la nación y no la nación al estado”.
Con la ampliación del sufragio, el nacionalismo empieza a verse como una posible herramienta de movilización de masas. Son especialmente conscientes de ello los socialistas, entre los que surgen teóricos sobre la materia como Lenin, Bauner, Stalin, Kantsxky o Luxemburg, dado que Marx y Engels no habían profundizado en el tema. Una vez consolidado el sufragio universal en la mayoría de países, alrededor de 1880, el sentimiento de la ciudadanía hacia la nacionalidad toma relevancia, dichos sentimientos son considerados por Hobsbawm como el “protonacionalismo” y son esenciales para el desarrollo del nacionalismo político.
El protonacionalismo popular En este capítulo se plantea cómo y porqué el patriotismo - hasta el momento inexistente - se convierte en fuerza política.
Hobsbawm usa el concepto “comunidad imaginada” de Anderson para describir la nación moderna, pues “difiere en tamaño, escala y naturaleza de la comunidades reales con las cuales se han identificado los seres humanos a o largo de la mayor parte de la historia, y les exige cosas muy diferentes” (Hobesbawm, ​ AÑO p. 55). Otra cuestión que se plantea el autor es por qué se crean dichas comunidades imaginadas tras la pérdida de las reales, y se autoresponde con los lazos protonacionales: se trata de herramientas con las que contaba el estado para su armonización.
Seguidamente se profundiza sobre los elementos nacionales, Hobsbawm contempla como tales la lengua, la etnicidad, la religión y la consciencia de pertenecer o haber pertenecido a una entidad política y los explicamos a continuación.
La lengua La lengua materna, si bien se usa como elemento distintivo entre naciones y es considerada cultura popular, no sinónimo de lengua nacional. Las lenguas nacionales son conceptos semiartificiales y, en algunos casos, incluso inventados, “son lo contrario que la mitología nacionalista supone que son, a saber, los cimientos primordiales de la cultura nacional y las matrices de la lengua nacional” (p.62). Estas nacen de la homogeneización y la estandarización de un conjunto de idiomas que acaban relegados a dialectos, a menudo fruto de un proceso político o con implicaciones políticas.
Hobsbawm toma de Anderson las causas de que la lengua literaria o administrativa de la élite pueda convertirse en un elemento importante de la creación protonacional, éstas son: - La élite que comparte la lengua crea una comunidad “piloto”, que puede ser un modelo para la nación aún inexistente.
- la constitución de una lengua común crea la sensación de que esta es “fija” y con ello parece “eterna”.
- lo que permite ponerla en términos reales finalmente es la educación.
Etnicidad Es un concepto relacionado con el origen y la descendencia comunes, une grupos y excluye los que no forman parte de ellos por cuestiones de “parentesco” y “sangre”, aunque realmente el vínculo existente no es biológico sino cultural. La diversidad de la población de los nuevos grandes estados-nación hace imposible considerar que las naciones vienen dadas por una etnicidad común, aún así, si que se mantienen ciertas diferencias físicas entre habitantes de una regiones y otras. De este modo se impone la distinción “ellos” - “nosotros”, aunque (de forma negativa) las diferencias tienden a hallarse en el otro, es a “ellos” a quienes definimos.
Religión Puede llegar a encontrarse estrechamente ligada con el nacionalismo: se ha observado que cuando el nacionalismo es ideología de masas la religión gana relevancia. No se trata de un hecho sorprendente pues la religión ha sido desde siempre un método eficaz de cohesión social; aún así el autor apunta la paradoja que supone el hecho que la religión sirva para cimentar el protonacionalismo cuando siempre ha tratado el tema con delicadez por miedo a perder el monopolio del control sobre la sociedad. Un elemento esenciall para lograr dicha cohesión son los símbolos, desde iconos a plegarias, santos, festividades… Conciencia de pertenecer o haber pertenecido a una entidad política duradera Se trata del elemento nacional más relevante para la creación del protonacionalismo, en palabras de Hobsbawm es “el aglutinante protonacional más fuerte es lo que en la jerga decimonónica se denomina una ‘nación histórica’”.
Inicialmente el término ​ nación política no hacía referencia a la totalidad de la nación tal y como la entendemos ahora, se trataba de un concepto que comprendía tan sólo la élite privilegiada y la nobleza. Se considera que este ​ nacionalismo de la nobleza es una forma de protonacionalismo y con el paso del tiempo la noción se va ampliando hasta comprender el total de la masa de habitantes del país. Se trata de una evolución lenta y bastante tardía, pues difícilmente un pueblo cuya mayor fuente de insatisfacciones eran los señores podía sentirse parte de la nación que esos conformaban. De hecho, durante guerras en defensa de la ​ nación ​ que se producen en Europa central durante los siglos XV y XVI (nación entendida aquí como sinónimo del estado), el argumento era una ideología social y religiosa, pero no nacionalista. Aún así, este sentimiento (aunque todavía social o religioso) de pertenencia a un estado colabora en esa creación del protonacionalismo que ya no acoge sólo a las élites.
Aunque el protonacionalismo dista del nacionalismo - propio del estado moderno -, y no es considerado una causa lógica e inevitable de ello según el autor, sí que facilita la creación del último. De este modo vemos que “si bien una base protonacional puede ser deseable, quizás esencial para la formación de movimientos nacionales serios que aspiren a un estado - aunque en sí misma no basta para crearlos -, no es esencial para la formación de patriotismo y lealtad nacionales después de la creción de un estado” (p. 86).
Finalmente, respecto al sentimiento protonacionalista el autor recuerda que no conocemos , ni podemosconocer, con bastante certeza en qué consisten estos sentimientos y como son comprendidos por cada uno de los hombres y las mujeres “de a pie” que los sienten.
La perspectiva gubernamental El tema central de este capítulo es un análisis de los problemas de la nación y el nacionalismo después de la Revolución francesa. En esa época se va constituyendo el estado moderno, donde “el estado gobernaba a un pueblo definido territorialmente y lo hacía en calidad de suprema agencia nacional de gobierno sobre su territorio, y sus agentes llegaban cada vez más hasta el más humilde de los habitantes de sus pueblos más pequeños” (p.89). De este modo vemos incrementada la intervención del estado en la vida diaria del ciudadano mediante educación, policía, censos, servicio militar… y con ello la burocracia, fenómeno que se ve reforzado con los avances en transportes y comunicación como el telégrafo y el ferrocarril .
En el caso de la creación de la nación francesa, se trata de “​ la Nation consentie, voulue par elle-même” ​ (Lavisse), donde los elementos nacionales descritos anteriormente (lengua, etnicidad, historia o religión) no se relacionan con el sentimiento nacional francés. Deciden ser franceses por cuestiones más “pragmáticas”. Siguiendo con la idea de Lavisse, Renan consideró la nación como “​ un plebiscit de tous les jours​ ”, una analogía que muestra esa voluntariedad de la pertenecencia a la nación.
Una vez consolidado el estado moderno se encuentra con el reto de la democratización, algo que permitiría a los regímenes dotarse de legitimidad y reforzaba el nacionalismo. Aún así el estado veía el nacionalismo como una fuerza ajena a él - distino al llamado “patriotismo de estado” -, no lo concebía como la poderosísima herramienta a su favor que podía llegar a ser.
Se inicia un proceso de identificación de la pequeña patria de uno mismo, con la grande, la estatal.
Filológicamente esto se manifiesta en la adopción de palabras como ​ pueblo - o ​ pays​ ,​ paese​ … -e incluso ​ patria ​ para hacer referencia al estado, a la nación.
Entre 1880 y 1914 se da el momento dorado del nacionalismo en relación con los estados: con la democratización conviene educar y unir a los ciudadanos bajo el conjunto de símbolos de comunidad imaginada​ ; además, el auge del imperialismo y las rivalidades internacionales fomenta la creación y consolidación de ese sentimiento de pertenencia al país y de distinción entre el “nosotros” y el “ellos”, no hay nada que una más que la existencia de un enemigo común.
La nación se va consolidando mediante la ​ lengua nacional es decir, la lengua de la administración y la escuela pública. La lengua era un elemento relevante en la nacionalidad, pero no el único que puede determinarla: durante el siglo XIX se considera que la nacionalidad es un atributo de comunidades (no de individuos) y que requería una análisis de distintos factores relacionados con las comunidades - “la situación, la demarcación y las condiciones climáticas, así como estudios antropológicos y etnológicos de las características físicas e intelectuales, externas e internas de un pueblo, de sus costumbres, moralidad, etcétera” (Emil Brix, p. 106) - que, llevando la tesis al extremo, se denominan “razas”.
Aunque la lengua no era el elemento que definía las naciones, si que se trataba de un argumento usado en conflictos territoriales, para reclamar como propias regiones con el mismo idioma, o incluso con cierto parecido.
La transformación del nacionalismo, 1870 - 1918 El nacionalismo de esa época se distingue del anterior por el abandono del principio del umbral, que fomenta la multiplicación de nacionalismos con ansias de autodeterminación. Y estos nuevos nacionalismos tienen como elemento central la etnicidad y la lengua, que llegan a ser criterios únicos y decisivos en la consideración de una comunidad como nación.
El papel de la lengua en el nacionalismo varía según cada caso, en Italia y Alemania, al ser el único rasgo que identifica y une las comunidades, es un elemento más relevante. Con la llegada del Romanticismo - nacido en Alemania a finales del siglo XVIII - se produce un retorno a la cultura folclórica tradicional que suma importancia a las lenguas tradicionales y populares. Esta corriente cultural provoca un aumento del sentimiento nacional, pero no se trata de un movimiento del pueblo con aspiraciones políticas. Otra consecuencia, esta sí más políticamente cargada, es la transformación de la cultura popular en ​ cultura nacional​ . La creciente importancia del nacionalismo en este período (1880 - 1914) se hace palpable al convertirse en tema de debate de la política interna de todos los estados europeos.
Paralelamente, el nacionalismo etnicista se ve reforzado: nuevas divisiones raciales - ya no solo distinción entre blancos y negros - y el evolucionismo con el estudio de la genética que este inicia, dan un apoyo “científico” a las teorías racistas. El producto de estas era el impedimento de entrada a extranjeros o, incluso, su expulsión y exterminio, tal y como acabará sucediendo.
También en este marco temporal se desarrollan tres fenómenos que colaboran en la posibilidad de crear naciones. Se trata de la resistencia de tradicionalistas a la modernidad, el surgimiento de nuevas clases que históricamente no existían y las migraciones que reparten alrededor del mundo a gentes de nacionalidades diversas. Factores a los que se suma la democratización y la creación del estado moderno, consecuencia de ello es la mayor capacidad de influencia y movilización del ciudadano por parte del estado, que permite obtener mayor respuesta a llamamientos nacionales.
Por otro lado encontramos la cuestión de la lengua, el nacionalismo basado en ella reclama el reconocimiento oficial de la lengua propia. Hay que resaltar que, si bien la lengua no tiene el mismo valor para todos los integrantes de la sociedad, generalmente no es causa de conflicto, pues ni por parte de aristócratas y grandes burgueses ni de campesinos y trabajadores existe un ferviente nacionalismo lingüístico. Quien sí sale en defensa de las lenguas vernáculas no reconocidas como oficiales es la pequeña burguesía, aquellos que no gozaban de grandes propiedades pero si de cultura e instrucción. Estos reclaman la necesidad de ofrecer protección política para elevar la categoría de las lenguas tradicionales, y se observa que como mayor es la oficialidad de la lengua vernácula, más interés en ella aparece por parte de la población. A modo de síntesis de lo referido a la lengua, vemos que la comunicación y la cultura en sí mismas pierden relevancia en favor de cuestiones de poder, políticas e ideológicas.
También en esa época se deja de asociar nacionalismo a modernidad, liberalismo e izquierda, y es tomado como aliado por la derecha radical, xenófoba e imperialista. Precisamente a raíz de esta unión entre patriotismo y derecha se acuña el término ​ nacionalismo​ . Aun así, el sentimiento nacionalista (no entendido ahora como derechista) no era del todo manipulable desde los gobiernos, ni al revés; es decir, no existía un control mutuo entre el estado y los civiles por lo que a patriotismo se refiere.
Por otro lado, vemos que aparentemente el nacionalismo y el socialismo son ideologías excluyentes, por el internacionalismo que proclama el último. De hecho generalmente se ha considerado así, y en la rivalidad nacionalismo - socialismo se ha considerado que el primero sale vencedor; pero se trata de un fenómeno no tan claro. La sociedad podía estar de acuerdo con ambas ideologías, y sólo cuando chocan la ciudadanía debe priorizar. Otro “colectivo” con quién podrá competir el nacionalismo por apoyos sería la religión, pero en este caso vemos que se produce una alianza: si el nacionalismo defiende el folklore y las tradiciones (entre las que puede incluirse la iglesia) el fenómeno le es favorable.
Volviendo a la relación nacionalismo - socialismo, vemos que muchas veces se da un descontento por parte de la sociedad que afecta a ambos campos, de modo que, aunque podían tener aspiraciones aparentemente irreconciliables, se unen; y es curioso ver como movimientos de masas de raíz socialrevolucionaria evolucionan en movimientos nacionalistas de masas.
El apogeo del nacionalismo 1880 - 1950 El principio de nacionalidad vuelve a salir a relucir tras la Segunda Guerra Mundial, con la fragmentación del Imperio alemán, además de la voluntad de los aliados a aplicar medidas wilsonianas y no decantarse por las bolcheviques. De este modo, nacen o bien resurgen estados-nación parlamentaristas dónde la economía adquiere una dimensión nacional y no la mundial que predominaba en 1913. Por aquel entonces las empresas ya anunciaban su evolución a un capitalismo en bloque - donde el Estado ejercía administración y control - en que el entramado de economías permitía su mutuo apoyo y protección. Un entorno económico imposible de recuperar en un período de entreguerras marcado por la crisi y la tendencia autárquico de los capitalismos de cada estado-nación.
También en el período de entreguerras vemos grandes fenómenos ligados al nacionalismo: el Pacto de Versalles es el primer y último intento de reelaborar un mapa siguiendo el principio de nacionalidad. Si bien no refleja esa idea wilsoniana a la perfección, dadas concesiones territoriales enfocadas a evitar conflictos y expansionismos, se trata del mayor ejemplo de su aplicación que hallamos en la historia. Aun así, el resultado obtenido no fue el esperado: las que antes eran naciones minoritarias, dentro del gran imperio multinacional, se convirtieron en minorías nacionales dentro de sus propios pueblos. Esta aparición de minorías acabará suponiendo la expulsión o incluso exterminio de muchas de ellas, creando, de este modo, los estados-nación homogéneos.
Las consecuencias de esta aplicación del principio de nacionalidad son la demostración de que las pequeñas naciones también pueden caer en la falacia etnocéntrica del chauvinismo - tal y como las más grandes ya habían hecho - y que la idea nacional desde un punto de vista académico y la concepción de los propios ciudadanos de esa no siempre eran comunes.
El nacionalismo posterior a 1918, a parte de cuestiones territoriales y demás, adquiere nuevas formas de comunicación con los avances tecnológicos que supusieron la prensa, la radio y el cine.
A través de estas nuevas herramientas gana una mayor capacidad de influencia sobre las masas, puede homogenizarlas y estandarizarlas. La vía más obvia era la propaganda en sí misma, pero estos medios también permiten que los símbolos nacionales se hallen presentes en el día a día de la población, de modo que, sutilmente, van asimilando como habituales y propios dichos símbolos y eso permite que las esferas pública y privada se encuentren. También colabora en este fenómeno el deporte, con los partidos internacionales se buscaba unir en un equipo deportistas de estados plurinacionales, dando así una imagen de unidad. Tras la Primera Guerra Mundial ya no se trata de encuentros tan amistosos, cada partido representa su nación y se observa un gran competitividad, las naciones hallan en estos encuentros un método de autoafirmación nacional.
De este modo, el deporte permite al nacionalismo llegar hasta aquellas partes de la población sin interés por la política y crear en ellos también ese sentimiento patriótico.
Observamos que es este período se produce de nuevo una unión del nacionalismo y la izquierda, que se constata en diversos hechos que se han ordenado por puntos a continuación: · El nacionalismo antifascista nace como respuesta a la reducción del patriotismo por parte de la derecha que se alinea con los fascismos que surgían.
·El papel de la Guerra Civil Española: intelectuales y trabajadores antifascistas se movilizan y acuden a España a luchar en defensa del gobierno legítimo de la República.
Pero no se trata de una ayuda totalmente desinteresada: en el fondo, jóvenes franceses y jóvenes ingleses luchaban en defensa de sus propias naciones, ya que veían ya un enemigo claro: la Alemania nazi y la Italia fascista.
· Cuestiones sociales dentro del bando antifascista: “la guerra misma parecía tener elementos de contienda tanto entre clases como entre estados” De este modo, con la lucha antifascista, y la posterior lucha anticolonial, el nacionalismo adquiere una fuerte dimensión social. El antiimperialismo estaba ligado a la izquierda nacionalista ya que sus aliados políticos en la metrópoli eran de esa ideología, además, la teoría antiimperialista tiene raíces socialistas (colonialismo como consecuencia natural del capitalismo, sistema económico basado en el predominio de una clase sobre otra / una nación sobre otra). Aun así, la relación entre los grupos de la colonia y la metrópoli - compartiendo ideología y todo - no era tan sencilla como pueda parecer. Los primeros ponían su independencia por delante de fines internacionalistas que a la metrópoli le parecían prioritarios como la lucha contra el fascismo. A pesar de sus diferencias, ambos quedan ligados, y es por eso que al conseguir la independencia se proclamaran, de algún modo, estados socialistas y su ideario es marxista-leninista, a pesar de los años conviviendo con ideologías de la derecha imperialista. En estos nuevos Estados, el nacionalismo se desarrolla a partir de 1945, ya que antes de la colonización esas comunidades no existían como tales. A causa de esa falta de realidad nacional anterior surgen protestas, pues desde élites se implantan ideas nacidas en occidente y una homogeneidad inexistente.
El nacionalismo en las postrimerías del siglo XX Alrededor de 1990 se crean nuevos estados-nación, fruto de la disolución de la URSS - el muro de Berlín caía en 1989 - y Yugoslavia. Actualmente todos los estados se autodenominan oficialmente nacionales, de modo que las fricciones ya no se dan entre ellos sinó que nacen agitaciones políticas en contra de los extranjeros.
Hobsbawm se propone analizar “la decadencia del nacionalismo como vector del cambio histórico” es decir, ver cómo ha dejado de ser un argumento potente en comparación al período comprendido entre 1870 y 1945 aproximadamente. Primero, está el hecho que el ya citado desmembramiento de la Unión Soviética no se da por causas nacionalistas, sino por la debilidad económica que sufre y que le impide mantenerse como gran potencia. Por otro lado,pero, también hay que tener en cuenta que en los casos escocés y quebequés se vislumbra una posibilidad de secesión impensable veinticinco años antes (teniendo en cuenta que Hobsbawm escribe esto en 1992). Asi que, aunque el nacionalismo no pueda ser ignorado, pues sigue teniendo su papel e importancia, esta es mucho menor que la que poseía anteriormente.
El autor insiste en la xenofobia que se desarrolla en este período: “ellos” - los que “no somos nosotros”, los extraños - son los culpables de problemas e incertidumbres por su mera condición de extraños. En relación a esta creciente xenofobia también vemos el retorno de fundamentalismos, que si bien están estrechamente ligados, pues promueven el rechazo al extranjero y la idea de que cada cual debe vivir en su ​ nación tienen diferencias significativas. El fundamentalismo se basa en una tesis reaccionaria, donde la lengua o la etnicidad no son bases primordiales, más bien se trata de conseguir establecer unos principios ideales considerados universales y por lo tanto de posible establecimiento en todas las naciones. Dicha tesis es concreta y se halla en el texto religioso propio de cada uno, enfrente a la vaguedad y “versatilidad” del nacionalismo.
Si seguimos encontrando movimientos nacionalistas con fuerza es debido a que la formación de los estados posterior a la Segunda Guerra Mundial no responde, como se tiende a creer, al principio de nacionalidad wilsoniano, sino a un criterio de tres fuerzas: - La descolonización: se independizan territorios organizados por el colonialismo, de modo que no parten de anteriores comunidades existentes. Así, los integrantes de estos nuevos supuestos “estados-nación” se sienten mayoritariamente más pertenecientes a una minoría étnica o cultural anterior que a dicha ​ nación​ . Fruto de esta falta de sentimiento de pertenencia a la comunidad, en contados casos se dan movimientos que culminan en la división de territorios siguiendo, ahora sí, criterios nacionalistas (como la división del subcontinente indio).
- La revolución: dado que responde a un interés superior, la creación del estado socialista, no podemos considerar esta fuerza como nacionalista, ya que ese tema queda relegado.
- La intervención de potencias exteriores.
La gran evolución que se ha llevado a cabo en las áreas de la tecnología y la comunicación conducen a la globalización de la economía, de modo que la economía nacional - una de las principales funciones de la nación - es sustituida por una economía mundial. De todos modos, las primeras, aunque relegadas, siguen existiendo y se entrelazan entre ellas y con la mundial.
En un plano político ocurre algo semejante a la economía mundial, y es la creación de un sistema internacional en que se integran todos los “estados nación”.
Hobsbawm concluye su obra considerando, como ya apuntaba al inicio del último capítulo, que los conceptos de nación y nacionalismo han experimentado una gran pérdida de peso político, de modo que, a su entender, están condenados a la desaparición.
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