Tema 1. Introducción a la Psicología de los Grupos (2016)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Psicología de los Grupos
Año del apunte 2016
Páginas 11
Fecha de subida 27/07/2017
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Psicología de los Grupos Tema 1. Introducción a la Psicología de los Grupos ¿Por qué estudiar los grupos? El conocimiento de la Psicología de los Grupos sirve para:    Comprender, predecir e incidir sobre la realidad inmediata (familia, grupo de clase, grupo de amigos, etc.).
Comprender, predecir e incidir sobre la realidad media (política, sociedad, economía, etc.).
Facilitar la inserción-promoción en el mundo laboral y social (la inserción eficiente en los grupos, como índice de éxito profesional) Y todo ello porque los grupos humanos son una de las causas más importantes en la generación de diferencias y semejanzas en torno a los pensamientos, sentimientos y conductas de las personas. Y no sólo eso, sino que la vida cotidiana de la gente común, que somos todos, está envuelta en actividades junto a –y compartidas con– otras personas. A todas las personas las necesitamos para poder andar por el mundo en la misma medida en que ellas necesitan de nosotros. Las necesitamos, sobre todo, para mirarnos en ellas como en un espejo, y poder saber así quiénes somos; sin los otros careceríamos de identidad.
Hay algo en común en todos los grupos que se manifiesta con distinto nivel de intensidad: cuando un individuo pasa a formar parte de un grupo, algo queda afectado en su nivel comportamental, en su nivel cognitivo y en su nivel emocional.
Aunque es imposible establecer una pauta capaz de darnos la medida de todo lo que ocurre cuando una persona pasa a formar parte de un grupo, hay un principio general que compete a todo tipo de personas y a cualquier tipo de grupo: la combinación y la relación dentro de un todo produce efectos distintivos no reducibles a las propiedades o disposiciones de sus partes (Newcomb, 1964).
Según Newcomb, es francamente escasa la conducta social que permanece inmune a la influencia grupal. Es decir, todo lo que acontece cuando las personas pasan a formar parte de un grupo cabe dentro de lo que comúnmente entendemos como fenómenos de influencia, entendiendo la influencia como un cambio de comportamiento resultado de la inducción proveniente de otra persona o grupo a quien consideramos el agente de influencia. Es más, podríamos decir que el grupo es el escenario primordial de la influencia.
Individuos Interacción Influencia Grupo Formar, mantener, difundir y modificar modos de pensamiento y de acción: eso es lo que acontece en el seno del grupo, eso es lo que ocurre cuando el sujeto pasa a formar parte de un grupo. Deberíamos poder decir, entonces, que todos los contenidos que forman parte de la Psicología de los Grupos tienen como marco de referencia la formación, el mantenimiento, la difusión y la modificación de formas de pensamiento y de acción de los sujetos en cuanto miembros de grupos y de los grupos en cuanto tales.
La realidad del grupo El parámetro fehaciente de la realidad del grupo no es otro que las consecuencias que éste tiene para quienes lo forman y lo componen, para quienes forman y componen otros grupos, y para el entorno dentro del que se insertan unos y otros. Lo hayan explicitado o no, en la defensa de la realidad del grupo hay una coincidencia plena entre la práctica totalidad de los grandes maestros (ej.: Lewin, Tajfel, Milgram, Sherif, Zimbardo, Newcomb, etc.). Se trata de una coincidencia en la que resulta posible detectar algunos acuerdos básicos: 1) El grupo posee una realidad tan propia como la que se predica de los individuos que lo componen. Es cierto que dicha realidad sólo es posible a partir de estos últimos, pero es imposible reducirla a ellos. A su vez, la realidad del grupo no desdibuja ni necesaria ni automáticamente la realidad de los individuos, pues tal y como defiende Asch, los acontecimientos psicológicos a los que llamamos sociales son, en un sentido preeminente, relacionales.
2) La realidad del grupo a partir de los individuos se fundamenta en un juego de interacción, de interdependencia y de influencia. Éste es un principio que se predica de toda la realidad social: no se trata de una realidad “dada” a los sujetos, sino “construida” interactiva e intersubjetivamente por ellos. Según Lewin, la interdependencia de los miembros de un grupo es la base de la grupalidad. No obstante, años después, Turner propone la noción de grupo psicológico, es decir, aquel que es significativo, desde el punto de vista de la psicología, para los miembros que lo forman. Desde su perspectiva, además de la interdependencia hay otras dos dimensiones sobre las que se ha instalado la naturaleza del grupo: la de estructura social y la de identidad.
Psicología de los Grupos 3) Si partimos de la interdependencia y de la interacción, la realidad del grupo se situaría a lo largo de ese elemental principio de la teoría gestáltica según el cual el todo es algo más que la suma de las partes. La realidad del grupo se sitúa, en primer lugar, en aquello que va más allá de los rasgos y características de los individuos (consecuencias individuales de la influencia), y después en lo que ocurre más allá de la mera suma de los mismos (consecuencias grupales de la influencia). Por tanto, el diferencial de conducta que se establece entre la acción individual y la acción en presencia del grupo es una de las pruebas más contundentes de su realidad.
Es decir, en una situación de grupo o de masa, el individuo actúa como miembro del grupo, y como tal queda afectado, a veces de manera irremediable, por su pertenencia grupal, por estar bajo presión de una mayoría, etc.
Y es que a veces el comportamiento de los individuos no puede ser adecuadamente comprendido fuera del contexto grupal en el que se insertan. Es más, según Norbert Elias, el ser humano sólo es capaz de decir “yo” porque –y si– es al mismo tiempo capaz de decir “nosotros”.
4) Ni que decir tiene que la realidad de un grupo se inserta necesariamente dentro de un contexto social más amplio del que forma parte. Según Lewin, es necesario considerar el grupo como un elemento más del entorno social, cultural y político: el grupo como un sistema abierto y permeable a las influencias del medio social.
5) Tajfel está de acuerdo con esta realidad contextualizada del grupo humano, pero introduce un matiz esencial en su teoría: se trata de una contextualización comparativa en la que están presentes otros muchos grupos, unos junto a otros, unos al lado de los otros, unos frente a otros. Ésa es la única prueba de realidad del grupo: una prueba de realidad social que tiene como marco la comparación.
El grupo y sus funciones Dada por resuelta la realidad del grupo, la pregunta que ahora surge no es si el grupo existe o no, sino qué tipo de realidad posee. Dentro de la doctrina más tradicionalista, la teoría grupal ha mantenido que los grupos cumplen una doble función: 1) Función emocional: satisfacer necesidades emocionales/afectivas que resultan imprescindibles para el equilibrado funcionamiento psicológico de las personas. Su parámetro de observación y medida es la satisfacción, es decir, la evaluación que los miembros hacen del grupo y de las actividades desarrolladas dentro del mismo.
1) Función de tarea: ayudar a sus miembros a conseguir los objetivos que se han marcado, a repartir recursos y a realizar tareas. Su parámetro de observación y medida es el rendimiento (centrado en los objetivos del grupo).
Es decir, una función emocional y una función de tarea que nos ayudan a conseguir las metas que nos vamos marcando en los distintos momentos de nuestra vida.
Tipos de grupos  Grupos primarios VS. Grupos secundarios Todas estas funciones recaen primordialmente sobre un tipo de grupos, normalmente de tamaño reducido, que en muchos casos acaban por acompañarnos largos períodos de nuestra vida, y donde las relaciones que mantenemos, además de duraderas, son estrechas, directas, espontáneas las más de las veces, llenas de intimidad, de complicidad y de cariño. Su razón de ser está definida en clave emocional, es decir, satisface y responde de manera prioritaria a la dimensión emocional de los sujetos. Así son, pues, los grupos primarios, unos grupos de especial relevancia en nuestra vida, porque son los que nos han dado y nos dan calor emocional, porque siempre están ahí. Son grupos primarios en varios sentidos, pero fundamentalmente en el hecho de que resultan centrales para la formación de la naturaleza social y los ideales del individuo. Las características de los grupos primarios son las siguientes:     Los llamamos primarios porque son los primeros en intervenir en la configuración de la naturaleza social de la persona. Es decir, el yo social surge en la vida en común que se desarrolla dentro de los grupos primarios.
La familia sería el ejemplo más significativo.
Debido al carácter íntimo y directo de la convivencia en ellos, los grupos primarios juegan un papel central en nuestro bagaje de experiencias personales. Entre otras razones, porque normalmente los elegimos libremente y pertenecemos a ellos a título personal y no como ejecutores de una función (ej.: amigos).
Los grupos primarios también lo son porque su resistencia al cambio es mayor que la de otras formaciones sociales más complejas. Son duraderos, a veces tanto como la vida del sujeto.
Los grupos primarios surgen de manera relativamente espontánea y libre bajo diferentes condiciones sociales e institucionales. Con frecuencia surgen en ambientes de trabajo y grandes organizaciones.
Psicología de los Grupos Esta propuesta de Cooley da la impresión de que centra toda su fuerza en la cercanía física. Kingsley Davis propone elevar a 3 las condiciones necesarias para poder hablar en tales términos: proximidad física, tamaño del grupo y duración de la relación, siendo estas las condiciones más favorables para el desarrollo de vínculos íntimos. Más importante, quizá, que el cumplimiento perfecto de estas condiciones es la naturaleza de las relaciones primarias:      En las relaciones primarias existe una interpenetración de los fines que tiene un aspecto periférico (esfuerzo por el logro de objetivos conjuntos) y una dimensión central que se concreta en el hecho de que el fin de cada una de las partes resulta ser el bienestar de la otra. Cuando esta identidad de fines se torna un objetivo primordial de las personas, cuando ser persigue con afán y entusiasmo, entonces cabe una cierta fusión de las personalidades dentro del grupo, que constituye el alimento primordial de ese sentimiento del nosotros al que aludía Cooley.
La relación se convierte en un fin en sí misma, en un valor sobre el que se erige la vida del grupo.
La relación es personal; son los otros en tanto que personas lo que adquiere valor, lo que define al grupo.
Se trata de una relación que abarca a la persona en su totalidad, en su distintividad, en su singularidad.
Es una relación espontánea, no mediatizada por otra cosa que no sea la simple voluntad de los interlocutores.
Pero lo verdaderamente decisivo no son tanto las relaciones como las consecuencias que de ellas se derivan, y ahí la Psicología ha llegado a un acuerdo: sin esas relaciones tan estrechas, permanentes y personales, correría serio riesgo la propia organización psicológica del sujeto. Robert Farris (1953) mantuvo que la principal función del grupo primario reside en la creación de la propia naturaleza humana mediante los dos elementos que la componen: el self y la mente.
Algo que no deja de ser una obviedad es que junto a los grupos primarios están los grupos secundarios, aquellos que se definen prácticamente en términos antagónicos: suelen estar formados por una mayor cantidad de personas, por una cantidad tal que suele dificultar la interacción cara a cara, lo que conduce a un tipo de relación más distante, más impersonal, menos íntima; a una relación instrumental que se erige en el medio para alcanzar un fin, que suele estar previamente regulada por pautas y normas, lo que la aleja de la espontaneidad. Puede ser una relación permanente, pero inserta dentro de una pauta y de una estructura social muy definida.
 Grupos formales VS. Grupos informales Los grupos formales son fruto de una planificación más o menos estudiada, que definen sus actividades con la inevitable ayuda de un conjunto de normas, y que están orientados a la consecución de un determinado objetivo. En un grupo formal, las conductas de rol esperadas de una persona son relativamente independientes de ella como persona; es decir, cuando un nuevo ocupante ingresa a una posición concreta, debe conformarse con las expectativas conectadas con su posición o sufrir las consecuencias de la desviación.
Cuando, por el contrario, los roles giran en torno a las personas, y no las personas en torno a los roles, cuando la interacción fluye con espontaneidad, cuando la dinámica se basa en acuerdos personales y prácticas habituales de relación y de interacción, entonces estamos hablando de grupos informales. Lo formal es lo planificado, lo regulado, lo instituido, lo coordinado calculadamente, lo jerarquizado y lo orientado racionalmente al logro de metas y objetivos.
En lo informal están presentes lo espontáneo, los acuerdos personales y la orientación a las necesidades y experiencias personales. Lo formal está centrado en el sistema; lo informal está centrado en la persona.
 Grupos de pertenencia VS. Grupos de referencia Por una parte, sabemos que los grupos a los que pertenecemos son el escenario central de la influencia; es decir, nuestros comportamientos, actitudes, valores y formas de ver el mundo guardan un estrecho paralelismo con los valores y normas propias de los grupos a los que pertenecemos. Pero las personas también responden a esa imagen vygotskiana de sujetos activos hacía sí mismos y frente al medio que los rodea. Entonces cabe la posibilidad de que siendo miembros de determinados grupos, nuestra manera de actuar, las actitudes que manifestamos, las ideas con las que nos identificamos y los valores que defendemos tuvieran como marco de referencia lo que hacen, lo que piensan y lo que defienden grupos a los que no pertenecemos: los grupos de referencia.
Kurt Lewin lo expresó en 1939: las metas que una persona establece están profundamente influidas por los estándares de los grupos a los que pertenece o desea pertenecer. Ésa va a ser la hipótesis que Thomas Merton desarrolla en su obra: hay que contar con el hecho de que los individuos se orientan con frecuencia hacia grupos que no son el suyo para dar forma a su conducta y a sus valoraciones. Harold Kelley atribuía a los grupos de referencia una función normativa, que limita con la conformidad por parte del sujeto con ciertos estándares de conducta, y una función comparativa, con cuya ayuda procede a evaluar la corrección de sus propias creencias y actitudes.
Psicología de los Grupos Es decir, orientación y aspiración son los elementos definitorios de los grupos de referencia, pues se trata de orientar la propia forma de actuar y de ver el mundo no tanto en función de lo que uno es, sino de lo que uno aspira a ser. El matrimonio Sherif participa de esta idea y propone una visión en la que las aspiraciones y las orientaciones tienen una clara dimensión psicológica: los grupos de referencia, dicen, son los que proporcionan al sujeto los fundamentos más sólidos para formar y cambiar actitudes y para definir metas futuras. Por ejemplo, la familia sería un ejemplo de grupo de pertenencia (el sujeto está físicamente inmerso en él) y de referencia a la vez.
 Grupos grandes VS. Grupos pequeños Cuanto mayor es el tamaño de un grupo, mayor es la dificultad de interacción entre los miembros de dicho grupo. Por lo tanto, los grupos pequeños facilitan la interacción, la coordinación, la comunicación, etc., entre los miembros.
 Grupos autocráticos VS. Grupos democráticos VS. Grupos laissez faire El tipo de gestión de grupo depende del tipo de situación a la que se enfrente. Por ejemplo, un grupo autocrático se definiría por la presencia de un jefe que manda sobre los demás y no delega las responsabilidades. En un grupo democrático el líder mantendría la autoridad pero fomentaría la participación. En los grupos democráticos, la dimensión socio-emocional está mejor recogida que en los grupos autocráticos, pero para realizar determinadas tareas los grupos democráticos son menos eficientes que los grupos autocráticos. Por último, un grupo laissez faire se caracterizaría por ser un grupo sin líder.
Jefe = Poder | Líder = Persuasión o influencia El poder coacciona y el liderazgo convence.
 Grupos de larga duración VS. Grupos de corta duración En un equipo de corta duración, todos los procesos que subyacen a los grupos, como las relaciones personales, tienen que acelerarse mucho, mientras que en los grupos de larga duración todos esos procesos pueden tomarse su tiempo para desarrollarse adecuada y espontáneamente.
Características de los grupos El concepto de grupo no tiene una entidad claramente definida como lo puede tener el concepto de persona. Sin embargo, el grupo tiene una entidad psicológica, por lo que si se quiere comprender bien hay que entender sus características:  Características secundarias, que son las que refuerzan la visibilidad del grupo, como la proximidad, la semejanza (ej.: dos grupos enfrentados en un partido de fútbol) y el destino común (ej.: todos los miembros pasan por experiencias similares)  Características fundamentales, que son las que nos interesan a los psicólogos. Para que un grupo sea psicológicamente y/o comportamentalmente significativo, tiene que poseer alguna de estas características: o Interdependencia: satisfacción mutua de las necesidades de los miembros del grupo. Es decir, tenemos ciertas necesidades y en el grupo podemos satisfacerlas, de tal forma que el funcionamiento de un grupo depende, en última instancia, de la satisfacción de necesidades mutuas de los miembros del grupo. Los grupos expresan un cierto nivel de satisfacción de necesidades recíprocas: si este promedio es positivo, el grupo funciona y subsiste, pero si el promedio es negativo, el grupo se destruirá. Por lo tanto, la interdependencia grupal puede ser positiva o negativa. Si lo queremos ver desde la perspectiva de la influencia, sabemos que un hecho que afecta a uno de los miembros es probable que afecte a otros. La interdependencia nos desvela el sentido fundamental de la interacción, que pese a poder manifestarse de diferentes maneras (verbal, física, emocional, etc.), no es otro, desde un punto de vista motivacional, que el de la satisfacción de necesidades de los miembros del grupo. Cuando varias personas satisfacen sus mutuas necesidades, entre sí son más influyentes que cualquier otra persona.
o Estructura: sinónimo de organización, de distribución funcional diferenciada. ¿Cómo podemos construir o convertir un grupo en un grupo psicológico sin necesidad de que interactúen entre ellos? Sometiendo la dinámica de dichos miembros a una organización. Nos organizamos porque creemos que así seremos más eficientes.
Psicología de los Grupos o Identidad compartida1: hay situaciones grupales que no se pueden explicar por la interdependencia o la estructura/organización, por lo que debe haber una tercera variable: la identidad compartida. Los miembros del grupo se perciben y son percibidos como unidad y, en consecuencia, actúan de un modo unitario. La teoría de la categorización social debe ser considerada como una de las propuestas teóricas más solventes en el terreno del comportamiento grupal, y sus primeros pasos se remontan a mitad del siglo pasado.
 Paradigma de la distorsión perceptiva (Bruner y Goldman, 1947) Bruner y Goldman dan a conocer una serie de experimentos en los que se pone de manifiesto que los sujetos pueden llegar a distorsionar la percepción de algunas características de los objetos cuando dicho objeto está cargado de valor, cuando tiene un significado, etc. Para decirlo con sus propias palabras: cuanto mayor es el valor social de un objeto, más susceptible será a la influencia de determinantes conductuales.
La investigación más conocida tenía como sujetos experimentales a 30 niños de 10 años de edad y con un CI normal, procedentes unos de barrios humildes de Boston, y pertenecientes otros a la próspera clase industrial y profesional de la ciudad. Un grupo trabajó con monedas de verdad de 1, 5, 10, 25 y 50 centavos.
El grupo de control trabajó con discos de cartón. Todos ellos tenían que ejecutar la misma tarea: hacer una estimación lo más afinada posible del tamaño de cada una de las monedas. Estos fueron los resultados:    Los niños que trabajaron con monedas reales (estímulos relevantes) percibieron un tamaño mayor (exageraron la magnitud) que los que hicieron la prueba con discos de cartón (estímulos irrelevantes).
La distorsión era proporcional al tamaño real de las monedas: las monedas pequeñas se distorsionaban menos en su magnitud que las grandes.
En los niños económicamente mejor posicionados la distorsión del tamaño fue menor que en el caso de los otros niños: los pobres veían las monedas más grandes.
Según los investigadores, los niños sobreestimaron el tamaño de aquellos objetos que tenían valor para ellos (las monedas de verdad), y han acomodado mejor su percepción de aquellos otros carentes de valor (los discos de cartón). Lo que diría Bruner después es que fueron conscientes de que a veces los determinantes de la organización perceptiva no son los factores estimulares propiamente dichos (el estímulo en sí), sino determinantes motivacionales, valorativos o ideológicos que acompañan al estímulo y provocan una distorsión de sus dimensiones físicas, bien sea el tamaño, el peso, la longitud, el color, etc.
 Paradigma de la doble acentuación (Tajfel, 1984) A Tajfel la idea de que las personas distorsionamos las dimensiones físicas de un objeto cuando éste tiene valor le pareció una explicación sensata, pero tuvo la impresión de que resultaba insuficiente. Desde su punto de vista, al valor como variable que opera en la distorsión de la magnitud y que agudiza las diferencias entre el estímulo en sí y el estímulo percibido hay que añadir su pertenencia a una determinada categoría.
¿Cabría la posibilidad, entonces, de que nuestros juicios, apreciaciones y opiniones sobre las dimensiones físicas pudieran quedar afectadas también cuando los objetos carecieran de connotaciones emocionales, motivacionales o valorativas? Ésa es la pregunta que dio lugar a una serie de experimentos sobre juicios de longitud. A 61 sujetos se les presentaron 6 veces en ordenaciones sucesivas al azar, 8 líneas que diferían entre sí en una proporción constante. Los sujetos se sometieron al experimento de forma individual y fueron asignados a 4 grupos:     1 Grupo 1 (clasificación sistemática): a un grupo se le presentó la serie de 8 líneas perfectamente clasificada: las cuatro líneas más cortas llevaban impresa la letra A en el centro y las más largas llevaban impresa la letra B.
Grupo 2 (clasificación al azar): a este grupo de sujetos s eles presentó la serie clasificada al azar: las letras A y B impresas en cada una de las líneas no se correspondían con ninguna de sus dimensiones.
Grupo 3 (sin clasificación): las líneas se presentaban directamente sin etiqueta alguna Grupo 4: los sujetos pertenecientes a estos tres primeros grupos pasaron por la prueba experimental una semana después en las mismas condiciones en que lo hicieron en la primera.
Muy importante de cara al examen Psicología de los Grupos Por una parte, parece claro que las “rarezas perceptivas” de las que hablaba Bruner pueden hacer acto de presencia sin que estén de por medio los valores; por otra, parece que cuando objetos físicos sin carga emocional aparecen agrupados en torno a cualquier característica, se dispara en los sujetos la percepción de diferencias entre los que pertenecen a un grupo y los que pertenecen a otro. Este resultado pertenece al núcleo de la teoría de la categorización.
Cuando los sujetos tienen que estimar la longitud de las líneas cuando éstas están clasificadas por tamaños (grupo 1) perciben una mayor diferencia entre las líneas cortas y las largas, que aquellos otros cuya estimación se hace con líneas clasificadas al azar (grupo 2) o directamente sin clasificar (grupo 3). Cuando las cosas aparecen clasificadas en grupos (líneas grandes – líneas pequeñas), existe una tendencia generalizada a incrementar significativamente la diferencia entre una clase y otra de estímulos, pero ese agrupamiento no parece ejercer influencia alguna sobre las diferencias dentro de la misma clase de estímulos. O si se prefiere, la acentuación de las diferencias podría acabar siendo el mecanismo capaz de explicar la sobre-estimación perceptiva.
Las conclusiones de esta serie de experimentos las resume el propio Tajfel en los siguientes términos: cuando los estímulos están clasificados como pertenecientes a grupos distintos, se produce un incremento en las diferencias aparentes entre los estímulos cuando pasamos de una clase a otra. Sin embargo, no hay pruebas de que dicha clasificación afecte a la percepción de semejanza que existe entre estímulos pertenecientes a la misma clase.
Se amplían las diferencias entre los estímulos pertenecientes a distintas clases y se reducen las diferencias cuando se trata de estímulos pertenecientes a la misma clase.
No es necesario, pues, que los estímulos estén rodeados de valor para que se produzca una distorsión perceptiva; basta tan sólo que sean percibidos como pertenecientes a distintas series, que estén ordenados en grupos, o que se agrupen en distintas clases. A la hipótesis de la sobre-estimación perceptiva cabe oponer la tendencia a acentuar las diferencias entre estímulos que están ordenados y aquellos que no lo están. Hay que volver a interpretar los resultados de Bruner y Goldman: la sobre-estimación sería una consecuencia de la tendencia generalizada a exagerar las diferencias entre estímulos cuando éstos están ordenados en serie.
 Paradigma del grupo mínimo Según Tajfel, la conducta por excelencia del ser humano es la conducta intergrupal. No es necesario que las personas se conozcan, ni que interactúen con regularidad, ni que compartan metas, ni que respeten las mismas normas, ni que tengan el mismo líder. Nada de eso es necesario. Por tanto, Tajfel acude al estudio de las condiciones requeridas para identificarse con un grupo, a los requisitos para sentirse miembro de él.
Para ello, Tajfel crea una estrategia experimental que tiene en cuenta los siguientes criterios:       Ausencia absoluta de interacción cara a cara entre los sujetos Completo anonimato de los miembros del grupo Ausencia de vínculos instrumentales o racionales en los criterios para la categorización intergrupal Las respuestas de los sujetos no deben tener un valor utilitario La estrategia de responder en términos de diferenciación intergrupal debe enfrentarse a una estrategia basada en otros principios más racionales o utilitarios, como la consecución del máximo beneficio para todos.
La respuesta debe ser lo más relevante posible para los sujetos En definitiva, nos preguntamos si el mero hecho de la categorización (saberse perteneciente a un determinado grupo) es capaz de disparar un comportamiento discriminatorio respecto a quienes no pertenecen a nuestro grupo. A un conjunto de estudiantes se les proyectan cuadros de Klee y de Kandinski, y se les pide que escriban en una hoja a cuál de los dos pintores prefieren. Inmediatamente, los sujetos son definidos de manera aleatoria como admiradores de Klee o de Kandinski, con independencia de lo que hayan respondido en la primer parte. Las cuestiones a las que tienen que responder se contienen en un cuadernillo de 44 matrices, cuyos números ofrecen a los sujetos la posibilidad de decidir la adjudicación de diversas cantidades de dinero a otros dos sujetos de los que sólo se sabe si prefieren a Klee o a Kandinski.
Los resultados encontraron que el 72.3% de los sujetos favorecieron a los miembros de su propio grupo, el 8.5% mantuvieron una perfecta equidistancia entre ambos y el resto benefició a los miembros del otro grupo.
Psicología de los Grupos También se ofrecen otros resultados, como que cuando se trata de conceder puntos a d os miembros del endogrupo, las decisiones se acercan a la MGC (Máxima Ganancia Conjunta), o que cuando no está de por medio nuestro grupo (dos miembros del exogrupo) se observa una tendencia a la imparcialidad. No obstante, el resultado fundamental queda resumido en una firme y constante tendencia a favorecer a los miembros del propio grupo; a unos miembros que son anónimos, con los que no se ha interactuado.
El favoritismo endogrupal es una situación de grupo mínimo. Es decir, existe una norma social genérica que guía la dinámica de la conducta endogrupal-exogrupal: el grupo como una norma, la pertenencia grupal como único marco de referencia en nuestro comportamiento. Esto es lo que ocurre en los experimentos de Tajfel: que los sujetos entienden que en la situación en la que se encuentran es pertinente echar mano del grupo como marco de referencia. Lo teóricamente relevante es el hecho de que unas pocas referencias a la grupalidad en las instrucciones fueron suficientes para disparar el tipo de conducta que hemos visto. El grupo como norma, por tanto, no parece que sea un modelo de racionalidad, de sensatez, ni de pragmatismo. Es más, es el término grupo el que provoca el favoritismo endogrupal y la discriminación exogrupal. ¿Y eso por qué? Porque en nuestras sociedades hay una serie de valores normativos que favorecen a quienes “son de los nuestros”: ése es el sentido de una norma grupal.
La condición mínima para que se exista un grupo no es ni la interdependencia positiva ni la estructura, sino que simplemente los miembros de un grupo se identifiquen como tales, como miembros de un grupo.
 Teoría de la categorización social La idea con la que operamos es la necesidad de ampliar el rango de características que poseen las cosas, los objetos y los eventos que nos rodean. No hay duda de que las monedas poseen valor y tienen, además, dimensiones físicas distintas. Tajfel nunca la tuvo, pero creyó en la necesidad de introducir una tercera dimensión: la de su pertenencia a una determinada clase. Resulta entonces que el mundo que nos rodea posee un conjunto de atributos que giran en torno a tres dimensiones: físicas (ej.: tamaño), simbólicas (los valores) y categoriales (su pertenencia a una clase).
En el caso de la percepción de los objetos físicos, los juicios sobre las cosas y los objetos difícilmente pueden hacerse en un vacío de afirmaciones absolutas en que tan sólo se tenga en cuenta la dimensión física de los objetos y el valor que les atribuimos. A estos dos atributos es necesario añadir un tercero: la clasificación, su pertenencia conjunta y diferencial a una clase, a una categoría de objetos. Las primeras aproximaciones de Tajfel nos facultan para hacer algunas predicciones coherentes con su teoría: si clasificamos los objetos con ayuda de sus dimensiones físicas (ej.: ponemos los más grandes juntos y los más pequeños juntos) facilitaremos una acentuación en la percepción de las diferencias. Y estas diferencias empezarán a ser abismales cuando la clasificación (separación) por clases en función de atributos exclusivamente físicos va acompañada de una diferencia de valor asociada a cada una de esas clases.
En realidad, lo que Tajfel quiere poner de manifiesto es el papel central que juega la categorización en el funcionamiento humano: la categorización de la información que recibimos del entorno constituye una característica humana básica; es un proceso que resulta de capital importancia para la vida social porque se convierte en el centro de nuestro conocimiento común. Ésta es una hipótesis central en la propuesta de Tajfel: la diferenciación es una necesidad social y es una necesidad psicológica de primer orden, pues ayuda al individuo a estructurar su entorno social. Éstas son, pues, las razones del fenómeno de categorización: la necesidad de ordenar y simplificar el entorno que nos rodea. El procedimiento para llevarlo a cabo resulta igualmente simple: la semejanza o equivalencia de personas, objetos o eventos. A estos dos componentes, que se mantienen dentro del nivel cognitivo, Tajfel añade una tercera consideración que atañe al nivel comportamental: la categorización actúa como guía para la acción. Por tanto, ordenamiento del contexto social (agrupar y simplificar en función de equivalencias y semejanzas en cuanto a acciones, intenciones, creencias, rasgos y características externas, etc.), comprensión causal de los elementos que lo definen (la categorización lleva implícita un sistema de atribuciones causales), y guía para la acción (sistema de orientación de nuestras acciones): he aquí los que podrían ser considerados como los rasgos definitorios más característicos de la categorización social.
En definitiva, percibimos y analizamos el entorno que nos rodea con la ayuda de una herramienta a la que llamamos categorización; ésta nos ayuda a colocar a la gente dentro de espacios simbólicos, de espacios de significados compartidos por un conjunto de personas. De ahí que una de las más importantes funciones que Psicología de los Grupos cumple la categorización tenga que ver con su inestimable e imprescindible ayuda en la definición del lugar que cada uno ocupa dentro del ambiente social. La categorización no sólo afecta a funciones periféricas, más o menos relevantes, sino que su influencia penetra también en la interioridad del sujeto: la categorización cumple una función identitaria, que es una derivada de la acentuación de las diferencias, una función de la comparación. Así es como la categorización se convierte en uno de los elementos de articulación entre lo individual y lo social, un proceso que vincula al individuo con la realidad social.
Con mucha frecuencia, la categorización opera y actúa desde y con la inestimable ayuda del sistema de valores del sujeto. De hecho, la categorización lo que hace es reflejar y poner en marcha valores. Éstos contribuyen a crear sistemas de categorías muy sólidas, categorías que soportan impasibles el paso del tiempo. Cuando sistematizamos y simplificamos, lo que realmente estamos haciendo es discriminar, elegir unos elementos y rechazar otros (principio de diferenciación). Todo esto (sistematizar y simplificar) no lo hacemos en el vacío, sino con la ayuda de algunos criterios: el sistema de valores es uno de ellos. Pero junto a su aspecto valorativo, la categorización refleja y cumple una función normativa: con no poca frecuencia este proceso está sujeto a presiones y distorsiones emanadas del propio grupo y a inevitables influencias culturales. Además, la categorización social cumple una función de causalidad social, pues nos ayuda a buscar los porqués de las cosas pasadas y a anticipar las que están por venir. Y a algo más: a justificar acciones emitidas en el marco de las relaciones intergrupales; las acciones a favor del endogrupo (el favoritismo endogrupal) y las acciones contra los exogrupos.
El favoritismo endogrupal y la discriminación exogrupal nos colocan sobre la pista de un hecho central: las categorías de objetos más importantes para nosotros son las categorías de personas, el ordenamiento, la delimitación y la simplificación de personas en virtud en posesión y/o percepción por nuestra parte de rasgos y características que los hacen semejantes o equivalentes a nuestros ojos. Las personas son también objetos que pertenecen a categorías que poseen características físicas y tienen asociadas un valor.
 Los juicios sobre los rasgos y características de las personas, sean éstos rasgos sobre dimensiones físicas o sobre dimensiones psicológicas o sociales, son juicios esencialmente comparativos.
 Los rasgos y características que atribuimos a las personas más allá de los estrictamente físicos, no siempre se fundamentan en el conocimiento directo que tenemos de ellas. Es decir, a las personas les aplicamos directamente las características de los grupos a los que pertenecen.
 Pero en buena medida, cada uno también se aplica a sí mismo las características de sus grupos de pertenencia, y de ellas se nutre nuestra identidad social y una parte de una autoestima.
 Existe una tendencia a exagerar las diferencias entre personas que percibimos como pertenecientes a categorías distintas y a minimizar las diferencias entre personas que pertenecen a la misma categoría. Lo que nos distingue a nosotros de ellos es mucho y es muy importante.
Esa tendencia a exagerar las diferencias se produce de manera preferente en categorías dotadas de valor. Es un residuo de los resultados de la investigación de Bruner y Goodman que Tajfel trae a su terreno: el valor agudiza las diferencias entre los objetos pertenecientes a categorías diferentes, de suerte que cuando los asuntos sobre los que opinamos son de gran importante para nosotros se produce una polarización de los juicios. La polarización es la primera consecuencia de la categorización de personas. Pero no es la única: la correspondencia entre pertenecer a una categoría y la posesión de determinados rasgos y características físicas o psicológicas. Tanto en el contexto del mundo físico como en el del mundo social atribuimos características parecidas a elementos distintos por el mero hecho de que los percibimos como pertenecientes a una misma categoría. Ésos son los juicios que se transforman en estereotipos, pues son los responsables de la maximización de las semejanzas entre los miembros pertenecientes a una misma categoría y de la acentuación de las diferencias entre miembros que pertenecen a categorías distintas.
Categorización social y comparación social El fenómeno de la categorización social sólo puede ser comprendido dentro de una realidad social de la que forman parte una amplia diversidad de grupos, clases y categorías. La pertenencia de los objetos sociales a categorías se inserta dentro de una estructura multi-categorial y multi-grupal en la que la realidad se construye no por sí misma, sino por comparación. Así es como tiene sentido el grupo; únicamente así es como un grupo se convierte en algo más que un mero agregado de personas. Es decir, las características del propio grupo (estatus, riqueza, capacidad para alcanzar los fines) no adquieren significación más que en relación con las diferencias percibidas con los otros grupos y con sus diferencias valorativas.
Psicología de los Grupos Además, es cierto que existe una comparación social intra-grupal inter-individual, pero junto a ella se dan otras dos modalidades de comparación: una comparación intra-grupal inter-individual en la que están implicados la mayoría de los miembros de un grupo y una comparación inter-grupal que es común a la totalidad de una determinada colectividad y que define aspiraciones, motivaciones, destinos, ideologías y comportamientos pura y directamente inter-grupales. Tajfel trata de abrir de par en par las puertas a un proceso de comparación social de marcado carácter grupal, algo que le resulta extraordinariamente fácil haciéndolo con la ayuda del concepto de categorización. Es desde ahí donde resulta comprensible uno de sus argumentos más característicos: los juicios sobre las personas difícilmente pueden hacerse en un vacío de afirmaciones absolutas. Si no son absolutas, no habrá más remedio que buscar el marco dentro del cual se relativizan, y aquí es donde entra en juego la comparación, en la que a su vez entran en juego los valores.
Éstos pasan a convertirse en la variable que media entre la categorización y la comparación y, en último término, en la variable que interviene de forma decisiva en la conducta inter-grupal.
Categorización-Valor-Comparación es el guion escrito por Tajfel. Los objetos del mundo social poseen unas dimensiones y características físicas, pertenecen a una determinada clase, y poseen algún valor. El concepto de valor nos lleva de la mano al de significado, y aquí es donde la comparación se abre hacia la identidad. En el fondo de la comparación se encuentra la necesidad de dar significado a la situación intergrupal, una necesidad que se satisface mediante la diferenciación intergrupal, una diferenciación que no resulta posible sin la comparación. Es decir, la comparación satisface la necesidad de una identidad social positiva, que no es otra cosa que una imagen endogrupal positiva y distintiva.
Categorización social e identidad social La identidad social es el punto de encuentro entre el individuo y la sociedad, entre los acontecimientos sociales y el funcionamiento psicológico del sujeto. La categorización nos ha ordenado y agrupado a las personas y a los eventos sociales; la comparación ha dotado de valores y significados a cada una de las categorías, y en medio de esa vorágine aparece el sujeto. De hecho, la identidad social es aquella parte de nuestro autoconcepto que se deriva de la pertenencia a grupos sociales junto con el valor y el significado emocional asociado a ella y a la experiencia derivada de ella. En otras palabras, se puede pensar que la autoimagen y el autoconcepto de un individuo en alguna medida es dependiente de sus pertenencias grupales y en particular de la diferenciación existente entre sus propios grupos y los otros grupos.
Esta concepción de la identidad social descansa sobre el supuesto de que en nuestras sociedades está muy valorado poseer un concepto positivo de sí mismo. La tendencia a la acentuación de las diferencias como alternativa a la sobre-estimación perceptiva adquiere ahora toda su significación. Porque en realidad no se trata simplemente de una diferenciación entre estímulos que pertenecen a una clase y estímulos que pertenecen a otra, sino de una diferenciación positiva, de una diferenciación que favorece aquella clase, o aquel grupo al que nosotros pertenecemos. La identidad social como parte integrante del funcionamiento interno del sujeto nos remite hacia su exterior, hacia los grupos a los que pertenece, y al significado valorativo y emocional que la propia persona concede a dicha pertenencia. Las consecuencias que se derivan de este reconocimiento de la identidad en términos socialmente definidos se enumeran a continuación:  La pertenencia grupal está definida, en buena medida, por la búsqueda de aspectos positivos para nuestra identidad. Es decir, las personas tenderemos a conservar nuestra pertenencia grupal y buscaremos adherirnos a otros grupos si éstos últimos pueden reforzar los aspectos positivos de nuestra identidad social.
 Los aspectos del grupo que pueden contribuir a la identidad no son positivos y/o negativos por sí mismos, sino en comparación con los atributos y/o características que poseen otros grupos.
 En caso de que un grupo no ofrezca condiciones adecuadas para satisfacer este requisito, habrá una tendencia a abandonarlo.
 En caso de que se presenten dificultades para el abandono del grupo, caben dos salidas: cambiar la interpretación que hacemos de sus características y atributos o comprometerse con una acción para cambiar dichas características y atributos  Teoría de la autocategorización Según John Turner, el grupo psicológico es precisamente el mecanismo adaptativo que libera a los seres humanos de las restricciones propias de la persona individual y les permite ser más que simples personas Psicología de los Grupos individuales. Su teoría de categorización del yo se basa en la idea de que el grupo puede ser un instrumento de adaptación y de liberación. De entrada, podemos imaginarnos un estrecho parentesco con la teoría de la categorización social. A ella lo une el concepto central, el de identidad, aunque difiere en cuanto a su objetivo teórico: la primera pretende ser una explicación de la conducta intergrupal; la segunda se circunscribe al que sin duda es el engranaje más importante de esta conducta: al autoconcepto, que Turner define como el conjunto de las representaciones cognitivas del yo de las que dispone una persona. Los supuestos de su teoría son:      El autoconcepto es el componente cognitivo de ese sistema o proceso psicológico al que denominamos yo. En realidad, el autoconcepto es una categoría social dentro de la cual se encuentran un número indefinido de contenidos (ej.: ideas, opiniones, experiencias, etc.).
Hay tres componentes del yo que resultan imprescindibles para que cualquier persona pueda construir su autoconcepto social: o Categorización humana del yo: categorizaciones del yo basadas en la propia identidad como ser humano (nivel superordenado del yo).
o Categorización grupal del yo: contenidos que se desprenden de la pertenencia a determinados grupos (nivel intermedio de categorizaciones endogrupo-exogrupo).
o Categorizaciones personales del yo: contenidos que se derivan de la diferencia entre nosotros mismos y los otros miembros de nuestros propios grupos, y que nos definen como personas individuales y específicas.
Son el contexto y la situación los que ponen en funcionamiento y activan el autoconcepto. Cada contexto activa un nivel del autoconcepto social.
Cuando se activa una categorización del yo se acentúan las semejanzas con los miembros de la misma categoría y las diferencias con los miembros de categorías distintas.
Pero esa acentuación de las semejanzas sigue tres reglas de oro: o Sus contenidos suelen ser evaluados positivamente o Dicha evaluación se suele llevar a cabo mediante la comparación o El yo y los otros son evaluados de forma positiva si se perciben como representativos (prototípicos) de la categoría a la que recurren para hacer la comparación Estos supuestos básicos dan lugar a una serie de hipótesis de entre las que cabe destacar las siguientes:  El autoconcepto social se ubica a lo largo de un continuo en uno de cuyos extremos se encuentra la percepción del yo como sujeto único y en el otro la percepción del yo como miembro de un endogrupo.
 Aquellos rasgos y características (contenidos) que realzan la importancia de lo endogrupal frente a lo exogrupal son los que definen la semejanza de identidad percibida entre el yo y los miembros del endogrupo.
 La formación del grupo psicológico se produce en la medida en que dos o más personas se perciben y definen a sí mismas recurriendo a alguna categorización compartida endogrupo-exogrupo.
 El grupo como instrumento de cambio El cambio social: ése será el argumento de Lewin. La posibilidad de utilizar el grupo como un campo de fuerzas que ponemos en marcha para producir un cambio en las personas: ése va a ser el marco de una de las tradiciones experimentales más sólidas en el campo del comportamiento grupal.
Seis grupos de amas de casa formaron parte de un experimento que trataba de incrementar el consumo de una serie de productos a los que la dieta norteamericana se mostraba tradicionalmente reacia. Tres de los grupos asistieron a interesantes conferencias cuya exposición seguía los siguientes pasos: valor vitamínico de estos alimentos, accesibilidad económica, preparación de los alimentos y diversas maneras de cocinarlos.
Frente a esta estrategia, los otros tres grupos se reunieron para hablar y discutir sobre el tema durante unos 30 y 45 minutos. Antes de dar por terminada la reunión llegaba el momento clave: el dinamizador del grupo pedía que las participantes dijeran quiénes de ellas estaban dispuestas a probar uno de esos platos (pedía pública y directamente una decisión).
El resultado de este experimento fue muy llamativo: el 3% de las amas de casa que habían asistido a las conferencias dijeron haber comprado, cocinado y servido alguno de esos productos, un porcentaje que se Psicología de los Grupos elevó al 32% en los grupos de discusión. La conferencia es un procedimiento en el que el auditorio está fundamentalmente pasivo; el debate, si se lleva a cabo correctamente, puede suscitar un grado mucho mayor de implicación personal. Se establece, pues, una relación entre debate, implicación y acción: la implicación de las personas en las decisiones que se toman dentro del grupo facilita un comportamiento individual acorde con ellas y allana las diferencias individuales.
Pero hay algo más: la acción no se manifiesta como una consecuencia directa de la motivación, sino como una consecuencia mediada de la decisión. Para decirlo con más claridad: entre motivación y acción es necesario introducir la decisión. Un individuo decidido es algo más que un individuo motivado, y lo que hace la discusión grupal es eliminar las indecisiones y allanar el camino hacia la acción. MotivaciónDecisión-Acción: ésa es la lógica que protagoniza el grupo de discusión. A partir de todo ello, a Lewin le resulta fácil deducir que resulta más fácil cambiar los hábitos ideológicos y sociales de un pequeño grupo tratado como un todo que cuando se trata de individuos aislados.
¿Qué tienen en común los distintos grupos sociales? El problema fundamental de cualquier grupo es el de cómo gestionar su conflicto básico, es decir, cómo reducir el impacto de lo individual en beneficio de las metas y objetivos del grupo, manteniendo la individualidad de sus miembros, evitando la despersonalización, sin mermar los objetivos. Cuando un grupo está en conflicto, se podría decir que, de alguna forma, el equilibrio que debe haber entre el individuo y el grupo, está desequilibrado. Por tanto, el grupo eficaz debe establecer un equilibrio entre el individuo y el grupo.
Funciones de los grupos Los grupos psicológicos tienen una función instrumental, pues a los grupos se acude para hacer cosas, aprender cosas, etc. Esta macro-función instrumental se divide en el resto de funciones, que son formas concretas de instrumentalización:     Función de socialización (ej.: grupos de familia) Función de protección, de defensa de los miembros del grupo Función normativa, pues los hábitos de los grupos imponen un conjunto de normas de comportamiento Función comparativa, pues lo que consideramos nuestro yo proviene de quién soy yo como miembro de un grupo, y dicho significado lo obtenemos de una comparación.
 Función organizadora del mundo social, pues el grupo refleja la estructura social a través de una organización en términos de unidades grupales (más o menos informales). Las sociedades pueden operar más eficientemente si las organizamos en unidades más o menos pequeños que llamamos grupo. Los grupos comparten ideas, perspectivas, sobre distintos aspectos de la vida social.
 Función de identidad social, pues que nos gustemos o no nos gustemos depende mucho de la naturaleza del grupo al que pertenezcamos y de lo que el grupo significa para nosotros.
¿Cómo saber cuándo una persona actúa como tal o como miembro de un grupo? Podemos saber si una persona actúa como miembro de un grupo cuando en la interacción hay presencia de dos categorías sociales claramente identificables, cuando existe una baja variabilidad en actitudes y conducta entre los miembros de un grupo y cuando existe una baja variabilidad en las actitudes y conductas de una persona hacia los miembros de otro equipo.
Podemos saber si una persona actúa como tal (y no como miembro de un grupo) cuando en la interacción hay ausencia de dos categorías sociales claramente identificables, cuando hay una alta variabilidad en actitudes y conducta entre los miembros de un grupo y cuando hay una alta variabilidad en las actitudes y conductas de una persona hacia los miembros de otro grupo. Por ejemplo, “un cura habla con un militar y le pregunta qué tal se encuentra su señora madre. ¿Eso es un ejemplo de conducta intergrupal?” No, porque no hay presencia de dos categorías sociales en la interacción.
El grupo es:      Una realidad psicológica Constituida como un sistema abierto (no se restringe el acceso de información externa) Que cumple distintas funciones sociales Compuesta de personas Con relaciones de interdependencia entre ellas     Estructuradas formal o informalmente Los miembros se perciben entre sí como entidad única Para la obtención de objetivos y metas En coordenadas temporales y situaciones variables ...

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