Libertad Religiosa- Manual (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Derecho - 2º curso
Asignatura Derecho Constitucional II
Año del apunte 2014
Páginas 3
Fecha de subida 23/12/2014
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Libertad religiosa Aproximación histórica La Constitución Española consagra la dignidad humana como fundamento de su proyecto ético y hace referencia explícita al libre desarrollo de la personalidad como fundamento del orden político t la paz social (art.10.1 CE). Éste es el punto de partida para el reconocimiento de la libertad de conciencia o de creencias, imprescindible para la consagración de la autonomía del ser humano como sujeto ético y consciente.
El reconocimiento de la libertad de conciencia fue uno de los postulados fundamentales de la Ilustración aunque sus orígenes pueden rastrearse ya en la Reforma protestante.
En este contexto deben citarse los art 10 y 11 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Así como la primera enmienda de la Constitución de EEUU de1789.
Tras un importante salto histórico, el reconocimiento de la libertad de conciencia, entendida como algo global que supera aunque incluye la experiencia religiosa, comienza a ser común a partir de la Declaración universal de los derechos humanos 1948.
La CE en su artículo 16 de 1978 recoge la libertad religiosa Titularidad La libertad ideológica, religiosa y de garantiza en la CE tanto a los individuos como a las comunidades. En la medida en que, como ya se ha dicho, este derecho es una manifestación fundamental de la dignidad de la persona, se predica a todos los seres humanos independientemente de su nacionalidad y de su condición personal o social.
En cuanto a los grupos, la libertad de creencias ampara tanto a las confesiones religiosas como a aquellas agrupaciones de individuos cuya actividad no tiene una dimensión religiosa específica pero expresan convicciones colectivas de otra naturaleza.
Cabe añadir que este derecho puede ampliar su eficacia las personas jurídicas.
La libertad religiosa: contenido La libertad religiosa se presenta como el patrón general de reconocimiento de la libertad de conciencia en el sistema constitucional español. Su contenido tiene una faceta externa e interna. En primer lugar la libertad ideológica ampara el derecho a configurar y mantener unas convicciones personales, que fundamentan una determinada posición ética del individuo en el ámbito de la propia conciencia. El ámbito de protección del derecho cubre las auténticas convicciones, entendidas como las ideas fundamentales a las que cada individuo está profundamente adherido en tanto que manifestación de su propia singularidad y que, en consecuencia, tienen vocación de permanencia.
La faceta externa de este derecho se refiere a la posibilidad de actuar de acuerdo con las propias convicciones y creencias. El reconocimiento de esta facultad de actuar externamente de acuerdo con las propias convicciones internas implica que no puede imponerse ninguna sanción por hacerlo. Particularmente y de acuerdo con el artículo 14, no puede producirse ninguna discriminación por razón de opinión o cualquier otra circunstancia personal o social. En este sentido, la libertad ideológica, además de la prohibición de exigir manifestaciones externas de las propias convicciones, comporta también la prohibición de que su titular se vea obligado a adherirse a una ideología ajena a su propia cosmovisión.
La libertad religiosa y de culto: contenido La libertad religiosa en su faceta personal. La libertad religiosa como manifestación singular de la libertad de creencias, tiene una doble faceta interna y externa en su contenido. En caso de la faceta interna, se protege tanto la íntima experiencia religiosa como la privacidad de dicha experiencia, estando las personas dispensadas de manifestarse públicamente en relación con sus creencias religiosas.
La dimensión institucional de la libertad religiosa El Estado español se declara aconfesional art. 16.3 CE, pero ello no impide el reconocimiento del hecho religioso no solo ya como manifestación en el terreno privado, sino también en el ámbito de lo público. En la medida en que la práctica de la religión tiene una dimensión colectiva, vinculada a una comunidad de creyentes que comparten las mismas convicciones trascendentes, ésta puede llegar a articularse de modo institucional, sobretodo en relación con la organización de culto.
En este sentido, de acuerdo con el art- 16-3 CE, los poderes públicos han de mantenerlas relaciones pertinentes con las estructuras institucionales que representen las creencias religiosas de la sociedad española y, singularmente, por su importancia social e histórica, con la Iglesia Católica. Este mandato constitucional debe interpretarse siempre dentro de la neutralidad que implica el carácter aconfesional del Estado.
Límites comunes La libertad de creencias no encuentra otro límite que el orden público protegido por la ley en relación con sus manifestaciones, de modo que, en su faceta interna, no está sometida a ningún límite. La limitación de su faceta externa para proteger el orden público, debe entenderse de manera restrictiva. El orden público, como límite a las manifestaciones externas de la libertad ideológica y religiosa, ha de interpretarse en relación con el respeto a la ley, en tanto que manifestación de la voluntad democrática, y con los derechos de los demás, tal como establece el art. 10.1 CE.
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