Plenaria 6 (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Arte de los sigles XVIII y XIX
Año del apunte 2012
Páginas 9
Fecha de subida 25/10/2014
Descargas 6
Subido por

Vista previa del texto

6. ROMANTICISMO Y PAISAJE En el siglo XIX, la pintura se convierte en más autónoma, se libera de las exigencias narrativas de la necesidad de contar una historia o mensaje. El siglo XIX se podrá describir como el siglo de la independencia de la pintura de todos los temas literarios. El paisaje es donde ocurre la primera liberación porque no tiene asunto. La defensa que hacen los pintores de paisaje es la expresión de contenido con el género de paisaje.
LOS PAISAJISTAS ROMÁNTICOS ALEMANES Los artistas británicos y germánicos tienen más importancia que los latinos porque en su tradición artística nacional tiene más importancia la pintura de figura y los modelos clásicos, mientras en el norte de Europa y en el mundo anglosajón hay más distanciamiento del mundo clásico. Lo natural, instintivo y bárbaro aflora y el romanticismo, que defiende los instintos, hace que la corriente de proximidad a la naturaleza aflore. Desde un punto de vista cultural en el romanticismo hay la corriente clásica que encontraremos en el sur de Europa y una corriente que no bebe de las tradiciones clásicas, o solo indirectamente, y no hay una tradición jerárquica por lo que vemos una corriente eminentemente romántica. Este último modelo se importará y se dará en toda Europa. En el mundo anglo-germánico hay dos grandes artistas de paisaje: Runge y Friedrich.
PHILIP OTTO RUNGE (1777-1810) No es un pintor exclusivamente de paisaje y su producción es pequeña por su vida corta. En todas sus pinturas, tanto de figura como de paisaje, la naturaleza tiene un papel relevante. Es un artista vocacional donde la obra de arte es el resultado de una pasión personal, idea muy valorada por el gusto moderno, el artista que crea como resultado de un ser interior. La sinceridad entre vida y obra es una idea que está presente en nuestro concepto de artista, relacionando la unión de vida y arte. La sinceridad personal de Runge es algo que también algo por lo que se ha valorado.
Unas de las obras que realiza son los retratos infantiles en relación a la importancia a la infancia, con las nuevas ideas de educación y la concepción del niño como el futuro de la humanidad. En el caso de Runge debemos tener en cuenta la visión del adulto sobre el niño como aquello que fue y ya no será nunca más, con una mirada melancólica. El niño es la vida por vivir, la ventura ante la vida. El niño tiene todo por descubrir y por tanto reencarna la vida por vivir. El Romanticismo es una huida hacia adelante hacia ideas que están más allá, en un futuro, y el niño tiene todo el germen sobre ese mundo por conquistar, como potencialidad y futuro. Desde fines del siglo XVIII proliferan mucho los retratos de niños, que hasta ese momento siempre eran adultos o los atributos eran de adultos. Representar al niño como niño infantil es un rasgo moderno, porque se exalta la importancia de la infancia, los juegos, la educación, etc.
Los niños Hülsenbeck (1805) es interesante porque aparecen tres niños jugando, como una forma de educación. Como dueños de su mundo, los niños están retratados ocupando todo el espacio del cuadro, teniendo una entidad como seres humanos a la misma altura que el adulto. En el retrato de Luise Perthes (1805) donde la niña esta encima de una silla parece incluso que nos mira por encima. También vemos la mirada inquietante y misteriosa de los niños. La mirada de los niños tiene una dimensión misteriosa e inquietante como si se sorprendieran, pero realmente es una mirada curiosa. Es una mirada expresiva de ideas que no está en ellos pero que realmente son contenidos que nosotros introducimos en esa mirada. Hay otro recurso de tipo iconográfico que es el juego entre el interior y el exterior como metáfora espiritual. La curiosidad ante el mundo exterior lo vemos en la obra Luise Perthes donde el interior oscuro de la casa contrasta con el paisaje que se observa en la ventana. Es una metáfora del interior humano y el dispositivo de la ventana como conector entre el mundo interior de la casa, lo íntimo, con el paisaje, lo exterior.
Runge hizo un proyecto decorativo que solo acabo realizando uno de los cuadros, para decorar las paredes de una casa. La idea de decorar las paredes interiores era una idea habitual en el mundo occidental. Esas decoraciones en Alemania y otros lugares de Europa eran motivos florales, vegetales… la originalidad de Runge es que propone un tipo de decoración con tema alegórico que consiste en representar cuatro momentos del día (mañana, mediodía, tarde y noche) que al mismo tiempo son las cuatro estaciones del año y las distintas edades del ser humano. Por lo tanto, tienen un componente vegetativo pero también un componente religioso y simbólico, aludiendo al paso del ser humano por la tierra y la eterna regeneración de la vida. De los cuatro pedidos, se grabaron y difundieron, pero solo se elaboró uno de los cuadros que se basa en la idea del grabado de Las horas del día. La mañana. El cuadro se denomina La mañana (1808-10) que tiene dos versiones una más pequeña y una mayor, con mucho más detallismo. El cuadro pequeño vemos que el centro de la mirada es un niño, donde todas las líneas compositivas y el resto de personajes se vinculan al personaje del bebe.
Representa un niño que reencarna el nacimiento así como el nacimiento de la luz del día por la mañana, así como el niño da nacimiento a la vida. Se juega con el sentido simbólico de lo natural y del paisaje. El niño con las manos y los ojos muy abiertos a la vida y a la luz, así como hace referencia a la iconografía del cristianismo. La figura está siendo venerada o adorada por dos niños que sirven para subrayar la importancia del recién nacido, así como los ángeles que dejan caer flores encima del bebe. Parece una especie de canto y adoración a la vida. El paisaje es un amanecer, los rayos de la aurora antes de que aparezca el globo solar, siendo un paisaje natural. Incorpora otra figura alegórica, una figura femenina que representa la aurora. Sostiene una especie de flor de la que salen los ángeles. Es una representación de un paisaje en términos simbólicos, que están superpuestos al paisaje a través de la figura. El paisaje se convierte en una especie de ritual simbólico, como un elemento sagrado. Otro elemento importante es como el espacio pintado está enmarcado por otra superficie pintada, dando continuación a la creación artística del cuadro en el marco, que normalmente es lo que lo limita – en el Romanticismo se inicia el planteamiento sobre la dificultad de señalar los límites del objeto artístico más allá del cuadro. La decoración del marco también tiene un significado simbólico, sobre todo por el elemento oscuro del eclipse en la parte inferior y el elemento luminoso, contraponiéndose como se contrapone lo espiritual y lo material.
Runge pensó colocarlo en un espacio gótico, relacionando lo gótico con lo espiritual. El estilo neoclásico se defiende en función de la razón, la lógica, el orden, la historia… y la aparición del neogótico no está ligada a una dimensión religiosa y sentimental. Relacionan el gótico con lo religioso y el arte con objeto de veneración pro que se asocia al espíritu como la religión en sí misma. El arte gótico nos transforma espiritualmente así como lo hace la religión. Se busca la belleza de las emociones y la identificación, la vertiente humana de la belleza, en relación a los sentimientos (alejándose de la idea de belleza clásica lógica).
Runge en sus cartas habló de que la contemplación de este cuadro debía estar ligada a la música y a la lectura de determinados poemas. Esto nos habla de otro tema esencial del romanticismo que es la unión de las artes, no solo de escultura, arquitectura y pintura. El Romanticismo cree que la sensibilidad estética y la emotividad no nace de un solo sentido, de una reflexión racional de un solo sentido, sino de la confluencia e interferencia de distintos sentidos, de la fusión artística. La creación y la sensibilidad artística son complejas y no pueden deshacerse. El cine es el espectáculo total porque combina música, imagen, letra, etc.
haciendo realidad las pretensiones románticas. Las obras del romanticismo siguen siendo obras antiguas en cuanto que se muestran separadas pero tenían la intención de alterar el estado de ánimo a través de distintos elementos artísticos, así como en el cine.
CASPAR DAVID FRIEDRICH (1774-1840) Biógrafos y estudiosos de Friedrich coinciden en la relación entre sus vivencias personales y su obra. Como protestante que lo viva con intensidad y austeridad, su arte no se puede entender con ese componente religioso protestante. La dicotomía protestante-católico es importante desde Lutero hasta el siglo XX, como dos formas de entender a Europa, relacionándolo también con la división de Europa en el norte y el sud de Europa. En el siglo XIX vemos en Friedrich un referente distinto a los referentes del sud, clásicos, representando la identidad artística del norte de Europa. Friedrich no es un teórico, no pretende hacer un tratado filosófico con sus cuadros, por mucho que el clima de su tiempo impregna estas obras.
Para entender la personalidad de Friedrich es muy interesante el cuadro de uno de sus discípulos, G. F. Kersting, titulado Caspar David Friedrich en su estudio (1819). Es un retrato psicológico en el que la figura de Friedrich no está pintando sino que observa el cuadro que ha pintado, reflexionando sobre él y su significado, con una actitud de meditación mística, pensando más allá de lo que hay, en su transcendencia. Los cuadros de Friedrich introducen lo misterioso y lo incierto, el desconocimiento como elemento atractivo que desaparece con el saber. Aquello que desconocemos nos aparece como algo atractivo. El misterio de este cuadro y lo atractivo es que no vamos a conocer nunca el cuadro que la figura de Friedrich está observando, y potencia la imaginación del espectador. Otro elemento es que en el estudio del artista está casi vació cuando no era lo normal, sino que estaban llenos de cosas y movimiento (modelos, oleos, cuadros, esculturas antiguas…). Por tanto no hay elementos de inspiración sino que su interior es su fuente de inspiración. Solo vemos el elemento de la ventana como elemento de inspiración que representa el mundo exterior infinito, en contraposición al mundo interior cerrado. La ventana es esa pequeña obertura al exterior infinito.
Los cuadros de Friedrich no evolucionan mucho a nivel estilístico. Normalmente Friedrich pintaba los cuadros en parejas, aunque ahora los veamos independientes. La poética que unía ambos cuadros era muy similar en cada pareja. Los cuadros Monje a la orilla del mar (1808-10) y Abadía en el encinar (1809-10). Los dos cuadros tienen el mismo contenido de la pequeñez del ser humano y la grandeza de la naturaleza como revelación del poder inmenso de la divinidad. Monje a la orilla del mar especialmente es un venerado cuadro por las vanguardias y algunos artistas del expresionismo abstracto que ven en Friedrich el origen de la abstracción de postguerra. Si eliminamos la figura del monje el cuadro roza la abstracción con la inmensidad del mar y el cielo. La figura del monje, como figura religiosa, destaca porque tiene una actitud de veneración ante la inmensidad natural, como una actitud mística en la que Dios se revela a través de la inmensidad de la naturaleza. En Abadía en el encinar se representa un entierro, con un grupo de personas en un cementerio que caminan como en un entierro. También encontramos una ruina gótica, que vemos por el arco gótico, y unos árboles que no tienen vida. Hay una acumulación de elementos relacionados con la muerte y la oscuridad. Frente a esa oscuridad y muerte aparece la luz unida a lo espiritual y a Dios. Friedrich estaba obsesionado con la pérdida de la fe y la religiosidad en el mundo contemporáneo por el auge de la razón y a las transformaciones políticas y económicas, y la pérdida de lo tradicional, muy ligado al protestantismo basado en la fe (mientras que en el catolicismo la fe está muerta sin las obras de piedad). La relación íntima con la divinidad aparece representada en un ambiente pesimista por los elementos de muerte y las ruinas. La ruina gótica ya había aparecido como un elemento de decoración más en pintura británica, sin embargo en esta imagen y en esta recuperación de la arquitectura gótica revela una necesidad más profunda vinculada a la idea de buscar una dimensión anímica en la arquitectura.
La cruz de las montañas (1807-08) es tal vez una de las obras más importantes de Friedrich (y suele salir en examen). El artista consigue idear un clima misterioso a través de elementos estrictamente naturales sin ninguna modificación. Vemos una montaña de piedras encabezada con una cruz, envuelta de árboles.
Contrastando con estos elementos oscuros vemos los últimos rayos del atardecer. Por lo que no vemos elementos sobrenaturales. La disposición de los elementos naturales nos invita a pensar que es una escena transcendente. Cristo esta de espalda, hecho que se ha interpretado como la preocupación de Friedrich por la sociedad que está dejando de lado la fe. El marco aparece de nuevo como objeto artístico, no como la limitación de la creación: tiene formas vegetales que recuerdan otra vez al gótico. En el siglo XIX se teoriza sobre el gótico contrastándolo con el mundo clásico. La teoría era que el gótico era resultado de una evolución orgánica, que también se observa en la relación del gótico con las formas vegetales, naturales y orgánicas.
Amanecer en los montes de Silesia (1810-11) vemos la misma idea de la relación de lo divino manifestado en la naturaleza, como obra majestuosa de Dios.
El más famoso es El caminante sobre la niebla (1817-18) vemos de nuevo la inmensidad del personaje y la introducción de lo misterioso porque no vemos el rostro del personaje. No hay límites claros en el cuadro, sino que la escena sugiere infinitud que solo puede ver la mirada del personaje. La ropa que visten sus personajes es un poco anticuada, pasada de moda por la época de Friedrich, viendo personajes que están pasados de moda, anacrónicos, de forma intencionada. Lo vemos claro en Los acantilados de Rügen (1818-19), que además aparece un paisaje inspirado de un paisaje real, otra vez aparecen los personajes de espaldas observando el infinito del paisaje. Friedrich no introduce nada mágico ni misterioso pero representa el paisaje que es real de forma que aparezca misterioso.
En el velero (1818-19) muestra los amantes unidos de la mano que observan el futuro en medio de las dificultades del mar. Dos hombres contemplando la luna (1819) aparecen dos personajes que se muestran sorprendidos ante un espectáculo de la naturaleza. La tumba de Ulrich von Hutten (1823-24) el protagonista está vinculado con el nacionalismo alemán. El personaje tiene una actitud melancólica por la presencia de elementos como las ruinas.
LOS PAISAJES ROMÁNTICOS BRITÁNICOS JOHN CONSTABLE (1776-1837) El paisaje británico de los románticos es encabezado por Constable que nació al norte-este de Londres y el lugar donde vivió y por la relación apasionada con el paisaje que fue el que representó. La obra de Constable nace de la admiración del artista de este paisaje concreto.
Amar un lugar es conocerlo desde todos los momentos del día, conocer todos sus recónditos, en cada estación del año, etc. Es una visión amorosa y emocionada del paisaje. En el caso de Inglaterra también se da lugar esa transformación industrial y económica, y es un país especialmente sensible en las relaciones con la naturaleza, que se ve en la relación, todavía actual, de la ciudad y el campo. La naturaleza es la esencia del país, un sueño paradisiaco, la felicidad, ante un contexto de transformación.
Los modelos estilísticos de Constable son la pintura de Claudio de Lorena, y en menor medida también la pintura holandesa del siglo XVIII. Los paisajes de Claudio de Lorena siempre tienen un asunto determinado de temas clásicos pero siempre tienen una dimensión serena, quieta, sosegada. De la misma forma Constable nos muestra un paisaje verosímil inspirada en lo real pero dotada de una emoción pausada, que la hace atractiva. Las obras más frescas de Constable fueron de las primeras y después vemos obras más afectadas. Su manera de componer es la del paisaje como un gran escenario, desde un punto de vista elevado, en el que el cuadro se abre ante un infinito ilusorio adquiriendo cada vez más importancia el cielo y las nubes. Es minucioso en la descripción de los detalles, como vemos en su obra de juventud Dedham Valley (1802). Como una de sus obras más significativas del primer momento es The Stour Valley, with Dedham in the Distance (1814). Vemos esa visión harmónica entre el campesino y la naturaleza, con una imagen complacida del campesino que pertenece a la tierra y no vemos una visión amarga del trabajo en el campo. No hay conciencia de sufrimiento sino de una vida rural feliz, al contrario del mundo urbano industrializado. Vemos una naturaleza donde la acción del ser humano no desestabiliza la naturaleza, por mucho que hay presencia de casa y campos de cultivo, estos están insertados e integrados en la naturaleza autóctona del lugar, creando una simbiosis entre acción humana y la naturaleza.
La obra de Constable se expuso en Francia muy pronto en los años veinte y es importante para entender la evolución de la pintura de paisaje en la corriente impresionista. La vertiente emocional del paisaje, que es subjetiva, está más en el camino de lo que será la evolución sensorial de la pintura hacia el mundo del impresionismo.
Constable se acaba casando con María Vignel, como hecho importante en su vida porque viajara en otros lugares y introducirá nuevos paisajes, así como que tendrá muchos hijos a los que mantener y tiene mayores necesidades de dinero por lo que empezara a producir más pinturas, que serán más artificiales y serán más grandes para llamar más la atención. De este momento vemos la obra Weymouth Bay (1816) en el que vemos un lugar que no tiene sentido poético para el artista y pro la representación de la costa británica que no destaca por su belleza, como si lo hace el campo. Es una pintura de estudio personal, como experimentación, donde destaca la importancia de las nubes como algo etéreo que se desvanece también aparece como inicios del impresionismo. La pintura reflexión sobre lo transitorio, de lo inmediato, sin que haya reflexión por su inmediatez, que son elementos próximos al mundo moderno del impresionismo.
Las obras que realiza a partir de los años veinte son obras que tienen atractivo plástico pero son más artificiales y eso se nota en el cúmulo de elementos que hay en el cuadro, y de su plasticidad. Es un ejemplo The White Horse (1819) en que hay muchos elementos expresivos que buscan una belleza forzada como la barca, las casas perfectamente colocadas entre los árboles, la luz reflejada en el agua… como escenario idílico. Aun así es muy observador como podemos ver en Stratford Mill (1820) donde vemos detalles que hacen el paisaje verosímil pero que realmente es imaginario porque todo aparece perfectamente compuesto.
Uno de los ejemplos más característicos de Constable es The Haywain [La carreta de heno] (1821) vemos los toques luminosos que muestran una pintura cargada, preciosista y rebuscada. Las nubes siguen evolucionando desde el inicio de su producción hasta el final. Aparece una naturaleza que no dejan mostrar para nada los cambios que se están produciendo en el momento.
En Inglaterra las construcciones del gótico están muy en relación con la naturaleza, en contra de lo que observamos en el sud. La obra Salisbury Cathedral from the Bishop’s Grounds [La catedral de Salisbury] (1823) es distinta por que usa el gótico como una defensa de la religión. Los árboles que enmarcan la iglesia recuerdan el marco de la obra de Friedrich, que aparece como un arte gótico, apareciendo de nuevo la idea del gótico como algo natural. El marco que crean los arboles sirven para enmarcar la catedral. Las figuras que aparecen son un matrimonio moderno que reflexionan sobre el contenido de la catedral.
JOSEPH MALLORD WILLIAM TURNER (1775-1851) Si Constable nos presenta una naturaleza emocionada, Turner nos presenta una naturaleza emocionante, sobrecogedora, majestuosa e inmensa, pero no fruto de un sentimiento religiosos sino de la contraposición de la pequeñez humana ante la naturaleza. Turner nació en una familia muy humilde y gracias a sus habilidades pictóricas tuvo gran éxito que fue a nivel internacional. Su pintura es literaria, con un asunto histórico y narrativo siempre presente en el paisaje, pero aparece pequeñísimo, como vemos en Tempestad de nieve. Aníbal y su ejército atravesando los Alpes (1812). Observamos el enfrentamiento del ser humano ante las complicaciones de la naturaleza, atravesar los Alpes es un reto a la naturaleza – como en el cuadro de David. En este caso las figuras aparece empequeñecidas y la tempestad de nieve, lo inesperado de la naturaleza y lo sobrecogedor de ella es lo que domina el cuadro.
Vemos la utilización propia de Turner de las líneas centrifugadas para sugerir la existencia del impulso que mueve las figuras y lo atmosférico. Es un recurso muy pre expresionista porque rompe con lo real a través de un recurso convencional.
El incendio de la cámara de los Lores y de los Comunes (1835) muestra un hecho histórico dramático de forma solemne, como si fuera un espectáculo.
Influyeron de forma muy destacada a los impresionistas, por la disolución del motivo que vemos, el objeto físico en pintura, está en la línea impresionista.
Todo esto culmina en su obra fundamental que es Lluvia, vapor y velocidad (1841) que muestra un tren que irrumpe en la visión del espectador donde la lluvia y el vapor de agua y la velocidad del tren se transforman en la propia pintura, que es de sugerencia más que de descripción.
...