Tema 05 anatomía cabeza y cuello (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad de Málaga
Grado Medicina - 1º curso
Asignatura Anatomía 2
Profesor A.S.
Año del apunte 2014
Páginas 18
Fecha de subida 15/02/2015 (Actualizado: 21/03/2015)
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Fosas nasales, fosas craneofaciales y líneas de fuerza del macizo facial

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TEMA 5: Fosas nasales, fosas craneofaciales y líneas de fuerza del macizo facial Las cavidades o fosas nasales óseas son dos cavidades huecas localizadas a ambos lados de la línea media en el viscerocráneo. Su principal interés es que supone el lugar por el que entra y sale el aire que respiramos.
Las fosas craneofaciales son cavidades llenas de vísceras, a las que protegen, que se abren entre el viscerocráneo y el neurocráneo y presentan importantes vías de comunicación entre ellas.
5.1. Fosas nasales Estas cavidades están diseñadas como correderas de aire, que además lo aclimatan a la temperatura corporal y lo humedecen, gracias a las estructuras que hay en su interior para facilitarlo. Son el primer tramo del aparato respiratorio. Se relaciona además con el sentido del olfato, puesto que en la parte superior se encuentra la mucosa olfatoria.
La localización de las fosas nasales es superior a la cavidad oral, de la que se separa por medio del paladar óseo. Son inferiores a la base craneal y mediales a las cavidades orbitarias. Las dos fosas nasales están separadas entre sí por el tabique nasal, y también de la fosa craneal anterior por otro hueso.
La morfología de las fosas nasales es de un conducto alargado con una base ancha y un vértice superior más estrecho. La abertura anterior es el orificio piriforme, en el macizo facial, y la abertura posterior son las coanas, las cuales comunican con la nasofaringe.
El orificio piriforme es único, aunque las fosas nasales sean dobles, con una base ancha en la parte inferior y un estrecho vértice en el extremo superior. La parte más superior del orificio, como el vértice, está delimitada por los huesos nasales. El borde lateral del orificio lo forma el borde medial de la apófisis frontal del maxilar, y el borde superior del cuerpo del maxilar delimita la parte inferior del agujero piriforme (la base). En la línea media de la base se encuentra la espina nasal anterior, en la que se unen los dos maxilares. Todo el reborde lateroinferior del agujero piriforme lo supone la escotadura nasal del maxilar, que junto con la del otro lado y los huesos nasales forman este orificio.
44 El techo de cada fosa nasal, también denominado pared superior, se forma de los huesos nasales en la parte más anterior, que se apoyan sobre la espina nasal del frontal, un pequeño saliente hacia la fosa nasal; la lámina cribosa del hueso etmoides, con los forámenes etmoidales o cribosos, por los que pasan los nervios olfatorios. Posteriormente a la lámina cribosa está la cara anterior del cuerpo del esfenoides, en el que se ve el orificio del seno esfenoidal, cada uno a uno de los lados de la cresta esfenoidal, que articula con el hueso vómer y con la lámina perpendicular del etmoides.
El suelo de las fosas nasales, o pared inferior, es el techo de la cavidad bucal. Es liso, ligeramente cóncavo en sentido transversal e inclinado hacia arriba en sentido posterior. La apófisis palatina del maxilar forma la porción anterior, y cerca de la espina nasal anterior y del tabique nasal están los forámenes incisivos, que comunican con la fosa incisiva de la cavidad bucal mediante los conductos incisivos. El tercio posterior del suelo la forma la lámina horizontal del hueso palatino, que se separa de la apófisis palatina del maxilar mediante la sutura palatomaxilar.
El tabique nasal óseo, o pared medial, es el que separa las dos cavidades nasales. Se compone de dos láminas óseas, la tercera lámina del tabique nasal es cartilaginosa, es la más anterior de las tres y se estudiará más adelante. Una parte del etmoides forma la zona anterosuperior del tabique óseo, es la lámina perpendicular del etmoides, que se encuentra en la línea media, como una continuación inferior de la apófisis crista galli. Esta lámina se articula con el hueso vómer, que hace la parte posteroinferior del tabique y se articula también con la lámina cartilaginosa en su borde anterior. El vómer tiene forma trapezoidal, y se articula con el cuerpo del esfenoides, en la cresta esfenoidal, en su borde superior, pero el borde 45 posterior queda libre, separando las coanas, mientras que el borde inferior articula con las láminas perpendiculares de los palatinos y las apófisis palatinas de los maxilares, en unos salientes que se aprecian en los dos huesos que se llaman crestas nasales. La articulación entre el vómer y la lámina perpendicular del etmoides forma la sutura vomero-etmoidal, una línea que cruza el tabique con inclinación anteroinferior.
Con frecuencia, el tabique nasal no es totalmente recto y se inclina hacia uno de los lados, haciendo que las fosas nasales no sean simétricas.
Pared medial de la fosa nasal La pared lateral de la fosa nasal se llama también pared turbinal. Esta pared presenta numerosos salientes, que hacen que el aire forme remolinos, lo que facilita la entrada de este en los senos paranasales. La parte anterior también se conforma de elementos cartilaginosos, la pared ósea se forma del hueso nasal, posterior a este está el hueso lagrimal o unguis, que ayuda a delimitar el conducto nasolagrimal con el maxilar. El cuerpo del maxilar, y la apófisis frontal, forman la mayor parte de la pared lateral. El cuerpo se encuentra inferior al cornete inferior, continuándose con la apófisis palatina del suelo, mientras que la apófisis frontal se halla entre el lagrimal y el nasal. La masa lateral del etmoides (porción laberíntica) está posterior al lagrimal y superior al cornete inferior, que es un hueso independiente, y contiene a los otros cornetes, que cubren las perforaciones del hueso, como las celdillas etmoidales posteriores, cubiertas por el cornete superior, y el medio cubre las celdillas etmoidales medias y anteriores, el hiato semilunar 46 (desembocadura del seno frontal), el hiato maxilar (desembocadura del seno maxilar), la apófisis unciforme o ganchosa y la bulla etmoidal o ampolla etmoidal, superior a la apófisis unciforme, y que es la celdilla etmoidal de mayor tamaño, situada inferior a la celdilla etmoidal media y superior al hiato semilunar. El hiato semilunar, el maxilar y las celdillas etmoidales anteriores desembocan en el infundíbulo etmoidal, una ligera depresión del hueso donde desembocan estos senos paranasales. La lámina perpendicular del palatino, posterior a la masa lateral del etmoides, presenta en esta pared el foramen esfenopalatino, gracias a la escotadura esfenopalatina, entre las apófisis orbitaria y esfenoidal de dicho hueso; este foramen comunica la fosa nasal con la pterigopalatina. La parte más posterior de esta pared la forma el cuerpo del esfenoides y la lámina medial de la apófisis pterigoides.
La parte posterior de las fosas nasales se comunica con la porción superior de la faringe mediante los orificios llamados coanas. Estas están limitadas superiormente por la cara inferior del cuerpo del esfenoides, lateralmente por los bordes posteriores de las láminas mediales de las apófisis pterigoides. Los bordes posteriores de las láminas horizontales de los palatinos forman el límite inferior de las coanas, y el límite medial lo forma el borde superior del vómer, que separa una coana de la otra.
47 5.2. Cornetes y meatos Los cornetes nasales son unos salientes óseos en forma de conchas, por lo que se llaman también conchas nasales. Los cornetes dejan debajo de ellos unos espacios que funcionan como carriles de circulación del aire, que se denominan meatos, se encuentran entre la concha del cornete y la pared lateral de la cavidad nasal. En los meatos se abres diversos orificios.
Existen tres cornetes, cada uno con su meato, pero con frecuencia se observa la presencia de un cuarto cornete, superior al cornete superior:     Cornete supremo o de Santorini: es un cornete inconstante y de pequeño tamaño, menor que el superior, pero que se da con frecuencia. No forma meato, y es poco evidente en el hueso. Se da posterosuperiormente al extremo posterior del cornete superior, en la pared medial de la masa lateral del etmoides.
Cornete superior: lámina ósea del etmoides (masa lateral) posterosuperior al cornete medio. Es de menor tamaño que este y deja bajo de si el meato superior, al que desembocan las celdillas etmoidales posteriores. El foramen esfenopalatino no queda incluido en el meato, sino que queda posterior al mismo.
Cornete medio: otro saliente óseo de la cara medial de la masa lateral del etmoides, el más inferior del etmoides. Se extiende en sentido posterior, cubriendo la mayoría de las desembocaduras de los senos paranasales. Delimita el meato medio, en el cual desembocan el hiato semilunar, la desembocadura del seno frontal en el infundíbulo etmoidal, en la parte más anteriosuperior; más posterior está la abertura de las celdillas etmoidales anteriores, inferiores a la bulla, que es superior a estas, y superior a la bulla está la desembocadura de las celdillas etmoidales medias y en la parte más posteroinferior está la desembocadura del seno maxilar en el hiato maxilar, que se encuentra en relación con un saliente óseo menor llamado apófisis unciforme. Todos los senos paranasales desembocan en el meato medio, con excepción del seno esfenoidal, que se abre en el techo de la cavidad nasal, y las celdillas etmoidales posteriores, que se abren al meato superior.
Cornete inferior: es un hueso fino, curvo e independiente, que articula con el lagrimal y la apófisis frontal del maxilar anteriormente, la apófisis unciforme del etmoides y la lámina perpendicular del palatino. Tiene una apófisis pequeña que se dirige superiormente llamada apófisis maxilar, que junto con la unciforme, cierran la abertura del seno maxilar, el hiato maxilar, pues de no ser así, sería demasiado grande. Es el mayor de los cuatro cornetes, y 48 cubre al meato inferior, que es, por ende, el mayor de los cuatro meatos. El meato inferior alcanza el suelo de la cavidad nasal, y en su parte más anterior está el orificio inferior del conducto nasolagrimal.
49 5.3. Senos paranasales Los senos paranasales son ampliaciones laterales de las cavidades nasales, que colaboran en la humidificación del aire y en elevar su temperatura, además de servir como cajas de resonancia para la voz. Son cavidades huecas excavadas en algunos huesos, por lo que hace que estos sean más ligeros y reduce el peso de la cabeza, pero también hace que estos huesos sean más frágiles. Están recubiertos por mucosa respiratoria.
Los senos esfenoidales son dos senos, que se abren cada uno al techo de una cavidad nasal. Están excavados en el interior del cuerpo del esfenoides, y se comunican con la fosa nasal mediante un orificio en la pared anterior del propio seno. En él, el aire entra de manera frontal, a diferencia de los demás senos, que reciben el aire lateralmente.
Los senos frontales tienen forma triangular, se hallan en el interior del hueso frontal, en disposición vertical hasta la línea media, superiormente al orificio piriforme y lateralmente es superior al tercio medial del borde superior de la órbita. El tabique del seno frontal separa ambos senos frontales. Están posteriores a los arcos superciliares y la glabela. Se comunican con la fosa nasal homolateral con el conducto frontonasal, que desemboca en el hiato semilunar, en el infundíbulo etmoidal.
50 Los senos etmoidales son el conjunto de las celdillas etmoidales. Estas celdillas son numerosas cavidades huecas separadas parcialmente entre sí.
Se hallan en el interior de las masas laterales del etmoides, formando el laberinto etmoidal. Cada laberinto se separa de la órbita ocular por medio de la lámina papirácea, una fina lámina ósea del propio etmoides. El número de celdillas que forman los laberintos etmoidales es variable, suelen ser entre 7 y 9, pero pueden ser desde 5 hasta 14. Las celdillas etmoidales se agrupan en anteriores, que se abren al infundíbulo etmoidal, como el hiato semilunar y el maxilar, en el meato nasal medio; medias, que se abren a las fosas nasales en las paredes laterales, superiormente a la bulla etmoidal, también en el meato medio; y posteriores, que se abren en el meato superior.
Los senos maxilares se encuentran excavados en el interior de los cuerpos de los maxilares, uno en el de cada lado, y los ocupan totalmente. Tiene forman piramidal, y su base o pared medial se forma del maxilar y partes del cornete inferior y el palatino. La superficie superolateral, o techo del seno maxilar, se relaciona superiormente con la órbita, la superficie anterolateral se relaciona con las raíces de los molares y premolares superiores, por debajo del seno, así como con la parte frontal de la cara, y la pared posterior se relaciona con la fosa infratemporal por detrás.
El hiato maxilar es una socavadura ampliada de la superficie nasal del maxilar, que se ve reducida por los huesos vecinos. Inferiormente, la apófisis maxilar del cornete inferior lo cubre, y superiormente lo cubre la apófisis unciforme del etmoides. Posteriormente está limitado por la lámina perpendicular del palatino y anterosuperiormente por porciones del lagrimal y la masa lateral del etmoides.
51 5.4. Fosas orbitarias Las órbitas oculares, fosas orbitarias o cavidades orbitarias, son unas fosas craneofaciales que se hallan en la cara frontal del macizo facial, en la porción superolateral. Aloja al globo ocular, el nervio óptico y los anejos oculares. Las órbitas tienen forma de pirámide de base cuadrangular anterior, que se corresponde con el reborde orbitario, y vértice posterior, en el fondo de la misma. Es una fosa grande y abierta anteriormente.
La pared superior, o techo de la órbita, consiste en una placa frontal cóncava que se sitúa entre la cavidad orbitaria y la fosa craneal anterior. Se compone del borde supraorbitario del frontal, donde estaban las escotaduras supraorbitaria y frontal, y de su porción orbitaria en el interior de la fosa, en la parte anterior, mientras que en la parte posterior está el ala menor del esfenoides, en la cual se abre el conducto óptico, un conducto oblicuo en dirección medial, por donde pasa el nervio óptico (II par craneal). El conducto óptico es el vértice funcional del ojo, y conecta la órbita con la fosa craneal media.
52 El suelo, o pared inferior de la cuenca orbitaria, está inclinado lateralmente.
Forma en gran parte el techo del seno maxilar. Comprende anteriormente la apófisis cigomática y la cara superior del cuerpo del maxilar, que forman el borde infraorbitario. El hueso cigomático también contribuye a formar este borde con su apófisis maxilar, más lateralmente. La cara superior del hueso maxilar, en la parte medial, y la cara orbitaria del cigomático, más lateral, forman la porción anterior del suelo orbitario, mientras que la porción posterior, cerca del vértice y de menor extensión, la forma la apófisis orbitaria de la lámina perpendicular del hueso palatino. En la cara orbitaria del maxilar está el surco infraorbitario y el foramen infraorbitario del interior de la órbita, que comunica con el del exterior mediante el conducto infraorbitario, por donde pasa el nervio homónimo. El suelo se separa de la pared lateral mediante la fisura orbitaria inferior, que queda entre el ala mayor del esfenoides de la pared lateral y el cuerpo del maxilar, en el suelo orbitario. Esta fisura conecta la órbita con la fosa pterigopalatina (parte medial de la fisura) e infratemporal (parte lateral de la fisura) con la órbita.
La fisura orbitaria inferior se acerca a la superior, pero no se llega a unir con esta.
La pared medial o interna es muy fina, siendo más gruesa por la parte posterior. Se curva en dirección inferolateral hacia el suelo. La apófisis frontal del maxilar forma la parte más anterior, posterior a la cual está el hueso lagrimal o unguis, que articula con el maxilar y entre ambos forman el conducto nasolagrimal. Este conducto desemboca en el meato inferior en la fosa nasal homolateral. Superior a este surco está el surco o fosa lagrimal, que es la impresión del saco lagrimal entre el hueso lagrimal y el maxilar. El conducto nasolagrimal y la fosa lagrimal están bordeados por dos crestas, la cresta lagrimal anterior, en el borde del maxilar, y la cresta 53 lagrimal posterior, en el borde anterior del lagrimal. La lámina papirácea u orbitaria del etmoides forma la parte posterior de la pared medial, es la cara externa de la masa lateral, una pared delgada, lisa y plana, que al articular con el frontal delimita los agujeros etmoidales anterior y posterior.
La pared lateral o externa de la órbita del ojo está formada por la cara orbitaria del cigomático, donde se observa el foramen cigomático-orbitario, y a su vez forma el reborde orbitario lateral con el borde de la apófisis frontal. La cara orbitaria del ala mayor del esfenoides se sitúa justo posteriormente a la del cigomático. La apófisis cigomática del frontal contribuye a formar la parte más superior de la pared lateral y del reborde orbitario lateral. Esta pared se separa del techo por la fisura orbitaria superior, o hendidura esfenoidal, que queda delimitada como un espacio entre las alas mayor y menor del esfenoides. Se sitúa en la arista superolateral del fondo de la órbita y comunica esta con la fosa craneal media, como el conducto óptico. En la parte inferomedial de la misma hay un ensanchamiento que es el vértice anatómico de la pirámide de la fosa orbitaria, que resulta posterolateral al vértice funcional.
54 El borde orbitario es la base de la pirámide que describe la fosa orbitaria, formando su contorno anterior. Superiormente, lo forma la cresta supraorbitaria del frontal, una ligera eminencia que separa la porción vertical de la horizontal y que termina en la apófisis cigomática. Presenta el foramen o escotadura supraorbitaria y frontal, más medial a la primera. La cresta lagrimal anterior del maxilar delimita el borde orbitario en su parte medial, y la parte lateral está delimitada por el borde medial de la apófisis frontal del cigomático. La parte inferior del borde orbitario la forman el borde superior del cuerpo del maxilar, así como el de la apófisis cigomática, y el borde superior de la apófisis maxilar del cigomático.
5.5. Fosas temporales Las fosas temporales e infratemporales son espacios conectados entre sí en los laterales de la cabeza. La fosa temporal se encuentra por encima del arco cigomático, y la infratemporal por debajo y la comunicación entre ambas se establece por el espacio que este arco deja con la superficie del cráneo (escamas temporales y carillas temporales de alas mayores de esfenoides). La superficie del cráneo que separa ambas es un pequeño saliente que recibe el nombre de cresta infratemporal.
55 Las fosas temporales ocupan un espacio estrecho en forma de abanico. No están bien delimitadas. Sus paredes superiores están delimitadas por las líneas temporales superiores, que iban desde las apófisis cigomáticas del frontal hasta las mastoides, pasando por los parietales.
Las paredes laterales las forman las fascias temporales, y las paredes mediales se forman de las carillas temporales de las alas mayores del esfenoides y las escamas temporales, en las cuales se aprecian las crestas supramastoideas, que se extienden posteriormente en sentido transversal desde la base de la apófisis cigomática.
Las paredes inferiores o suelos se ven delimitados por los arcos cigomáticos lateralmente, las crestas infratemporales medialmente, en las alas mayores del esfenoides. Entre estos dos elementos, el suelo de la fosa se abre y se comunica con la fosa infratemporal.
Las superficies posteriores de las apófisis frontales de los huesos cigomáticos y las caras temporales de las apófisis cigomáticas del frontal forman las paredes anteriores de la fosa. En la transición entre las apófisis temporales de los cigomáticos y las frontales, en las caras posteromediales de estos huesos, estás los forámenes cigomático-temporales.
5.6. Fosas infratemporales, pterigomandibulares, pterigomaxilares o cigomáticas Realmente, las fosas infratemporales, que también son denominadas pterigomandibulares, pterigomaxilares, o cigomáticas, son prolongaciones inferiores de las fosas temporales. Son espacios en forma de cuña, profundos a las ramas ascendentes de la mandíbula, que quedan laterales.
Los techos de estas fosas lo forman las caras inferiores de las alas mayores del esfenoides, o caras infratemporales y los huesos temporales. En el techo hallamos los agujeros espinosos y ovales, así como las espinas del esfenoides, próximas a los forámenes espinosos.
Las paredes laterales son las caras mediales de las ramas ascendentes de la mandíbula, donde estaban los forámenes mandibulares, que se abrían a los conductos mandibulares.
Las paredes mediales se componen de las láminas laterales de las apófisis pterigoides anteriormente. En la parte anterior se abren las fisuras pterigomaxilares, que comunican estas fosas con las pterigopalatinas, y 56 pasan diversas estructuras. La parte posterior de las paredes mediales no se componen de elementos óseos.
Las paredes anteriores de las fosas infratemporales son las caras posteriores de las tuberosidades maxilares. En las tuberosidades se pueden apreciar un agujero alveolar (o más de uno). Superiormente, hay una fisura en estas paredes que permiten la comunicación entre las fosas orbitarias e infratemporales, que son las fisuras orbitarias inferiores.
5.7. Fosas pterigopalatinas Se abren en el trasfondo de las fosas infratemporales mediante las fisuras pterigomaxilares, que se describen entre la parte superior de las tuberosidades maxilares y las caras laterales de las láminas laterales de las apófisis pterigoides. La parte lateral de la fosa está abierta en toda su extensión hacia la fosa infratemporal. Tienen forma de lágrima invertida, y están en una situación de encrucijada entre otras cavidades, es un lugar de 57 cruce. Son más bien unas hendiduras que unas auténticas fosas. Se hallan entre los huesos palatinos, maxilares y esfenoides.
Las paredes anteriores son las tuberosidades maxilares, y superiormente quedan las fisuras orbitarias inferiores, que también comunican las órbitas con las fosas pterigopalatinas.
Las paredes posteriores la forman las caras anteriores de las apófisis pterigoides y de las apófisis piramidales de las láminas perpendiculares de los palatinos, que forman los vértices de estas fosas. Aquí observamos los forámenes redondos mayores, en la transición entre los techos y las paredes posteriores, en las zonas anterosuperiores de las caras maxilares del esfenoides. Inferomedialmente están las aberturas anteriores de los conductos pterigoideos o vidianos, conductos que pasan por las bases de las pterigoides.
Las paredes superiores son las raíces de las alas mayores del esfenoides por su cara maxilar.
Las paredes mediales están formadas por las superficies laterales de las láminas perpendiculares de los palatinos, por encima y medialmente a las apófisis piramidales, que formaban las paredes posteriores. En la parte superior de estas paredes están los agujeros esfenopalatinos, que quedan delimitados entre las apófisis esfenoidales de los palatinos y el cuerpo del esfenoides.
58 Las paredes laterales de las fosas no existen como tales, sino que se abren a las fosas infratemporales. Están las fisuras esfenomaxilares o pterigomaxilares ya descritas. En los vértices de las fosas están los conductos palatinos mayores, que se describen como los espacios que quedan entre las tuberosidades maxilares y los huesos palatinos hacia la cavidad bucal.
Los elementos que tienen paso por las fosas pterigopalatinas son:    El nervio maxilar, la segunda rama del trigémino (par craneal V), que pasa por el foramen redondo mayor desde la fosa craneal media.
El nervio vidiano, que pasa por el conducto homónimo.
Por la fisura orbitaria inferior pasa el nervio infraorbitario para abandonar la fosa pterigopalatina.
59 La fosa pterigopalatina comunica con la fosa orbitaria (fisura orbitaria inferior), la fosa nasal (foramen esfenopalatino), la fosa infratemporal (fisura pterigomaxilar) y con la cavidad oral (conducto palatino mayor); la única fosa con la que no se comunica es la fosa temporal.
5.8. Líneas de fuerza del macizo facial Las principales fuerzas que se general en la cabeza son derivadas de los movimientos de la mandíbula durante la masticación. Debido a que el esqueleto de la cara es mayormente hueco, las líneas de fuerza en esta zona son fundamentales, transmitiendo las fuerzas a los puntos de máxima resistencia del cráneo, y desviando finalmente la tensión a la columna vertebral, mediante los cóndilos del occipital.
Líneas de fuerza del cráneo Las líneas de fuerza que se originan en la cara son tres. Una sigue la apófisis frontal del maxilar hasta llegar al frontal, y de ahí alcanza el metopio, de donde continua con la línea de fuerza central del cráneo.
Otra línea de transmisión de fuerzas va por la apófisis cigomática del maxilar, pasando por el hueso cigomático y dirigiéndose o bien superiormente hacia la apófisis frontal, luego a la apófisis cigomática del frontal, y continuando desde ahí las líneas de fuerza de la bóveda craneal, o bien puede dirigirse posteriormente por la apófisis temporal a la apófisis 60 cigomática del temporal y continuar con las líneas de fuerza de la bóveda craneal desde este punto.
La última línea de fuerza del macizo facial pasa por las apófisis pterigoides, que absorben las presiones que llegan a la parte posterior de la tuberosidad del maxilar. Se transmite la fuerza al cuerpo del esfenoides y de ahí pasa a la lámina basilar del occipital, de donde se pasan a los cóndilos occipitales, destino final de todas las líneas de fuerza del cráneo.
El peso es finalmente transmitido a la columna vertebral, llegando en primera instancia a las masas laterales del atlas, y luego, pasando por todas las demás vértebra.
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