Sociología Política - Resumen completo (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
Grado Sociología - 4º curso
Asignatura Sociología Política
Año del apunte 2014
Páginas 52
Fecha de subida 24/10/2014
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Sociología Política. Resumen completo.

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Sociología política. Tema 1 Sociología Política TEMA 1: Las múltiples relaciones entre sociedad y política.
1.
La Política en su contexto social.
El campo de formalización teórica entre sociedad y política es problemático y plantea más problemas que acuerdos. Enmarcar el análisis de la política en su contexto social exige recordar la multiplicidad de factores que afectan la vida social en las distintas comunidades humanas y la posición central que ocupan los elementos políticos en relación con los mecanismos, distribución, ejercicio y consecuencias del poder.
La reflexión sobre los comportamientos sociales y políticos ha traído diferentes perspectivas en la que ninguna ha dominado sobre las demás. Un punto de partida aceptado arranca de partir del conocimiento sociológico, sin desdeñar lo que la Ciencia Política puede aportar. Queda claro, desde el principio la relación existente entre los sistemas sociales y la naturaleza de la esfera política. Siguiendo a R. Braungart (1980; 1981) hay tres grandes corrientes o modelos.
• Una primera perspectiva dirige su atención hacia el modo en que las estructuras, factores y recursos sociales influyen en la organización, distribución (del poder) y procesos políticos, tales como el comportamiento de los ciudadanos y los procesos de cambio sociopolítico. Es la opción más usada desde la Sociología, pero ha recibido numerosas críticas, especialmente atendiendo a su gran unidireccionalidad, dejando en un segundo plano las cuestiones políticas.
• Una segunda perspectiva se ha interesado en el modo en que las estructuras y procesos políticos influyen en la naturaleza y características del sistema político. Este enfoque que define su campo de estudio como “los orígenes políticos del poder”, ha sido adoptado por la Ciencia Política y presenta los mismos defectos que la perspectiva anterior, sólo que en un sentido opuesto.
• Una tercera perspectiva se ha centrado en la forma en que las estructuras de poder y los procesos de toma de decisiones políticas influyen sobre la sociedad. Se trata del enfoque más común en el análisis de las políticas públicas “policy analysis”. Su verdadero objetivo reside en el análisis de las repercusiones que el ejercicio del poder tiene sobre la articulación del sistema social (grupos sociales). Esta opción adolece de olvidar las determinaciones sociales que pesan en los procesos de toma de decisión políticas.
Cada uno de estos enfoques analiza un aspecto fundamental de las múltiples relaciones que vinculan la sociedad con la política. Estas limitaciones deben hacernos avanzar hacia el desarrollo de una nueva perspectiva que integre lo mejor de cada una y deje atrás sus limitaciones a la hora de dar cuenta de los orígenes sociales y políticos del poder y el modo en que influyen en las estructuras sociales.
2. La sociología política como campo de estudio multidisciplinar.
A pesar del camino diferente pero paralelo que tanto la Sociología como la CC.PP, han recorrido desde su institucionalización, se hizo evidente desde el principio que la esfera política es un elemento central de la reflexión sobre lo social. Es decir, lo político no puede entenderse fuera del contexto social, que también tiene un carácter histórico, y que dada la complejidad de los procesos sociales, hay que tener en cuenta las estructuras y procesos políticos que tienen lugar en su seno. Marx y Weber son dos buenos ejemplos.
Es en la Ilustración cuando se sientan las bases de la moderna concepción de la relación entre sociedad y política, entendida la sociedad como un ente separado del Estado (Habermas, 1994). Las aportaciones de la filosofía enciclopedista, así como autores como Saint-Simon, A. Ferguson y sobretodo Hegel establecen el ámbito diferenciado pero en contacto de lo social y lo político.
Esta separación, guarda relación con el surgimiento de la Sociedad capitalista (Bottomore,1982), defendida por los economistas del siglo XVIII-XIX, que ponen el énfasis en la separación entre política y economía.
1 de 3 Sociología política. Tema 1 El desarrollo de diversas teorías entornos a esta relación nos presenta a una visión general de dos grandes bloques: • El problema de la autonomía de lo político, en referencia al mayor o menor grado de independencia de otros factores sociales, económicos o ideológicos.
o Por un lado, encontramos la opción que niega dicha autonomía y supedita la explicación de los fenómenos políticos a factores de tipo social o económico. El marxismo ortodoxo sería un buen exponente en este caso.
o Por otro lado, sí se le atribuiría cierto grado de autonomía a la política. Son interesantes los trabajos de Tocqueville, Mosca y Pareto (teóricos clásicos de las élites), hasta llegar a Weber.
• El asunto de la dicotomía del orden frente al cambio. Se trata de una de las divisiones clásicas dentro del pensamiento sociológico.
o Dentro de la Ciencia Política, el funcionalismo norteamericano de los años 50-60 constituye un buen representante de esta corriente, donde se preocupan principalmente del funcionamiento de las instituciones políticas existentes, concebidas con un elemento social que tiende hacia un equilibrio, y centran su atención en las fuerzas que tienden a producir cambios e inestabilidad.
o Por otro lado, las Teorías del conflicto, que empiezan a perfilarse a partir de mitad de los 60, cuando surgen importantes niveles de conflictividad sociopolítica en las sociedades industriales avanzadas, son un buen representante.
Al margen de todo lo anterior, queda un aspecto fundamental más por atender, la concepción que se maneja de la política. Aunque hay posiciones teóricas múltiples y variadas, con el devenir de las investigaciones y tratando de separar la exclusiva identificación con las instituciones, se ha llegado al acuerdo de que la política versa sobre la utilización y desarrollo del poder, y dado que el poder se genera en casi todo grupo social o institución, el alcance de la política es mucho mayor (Dowse y Hughes, 1986).
El análisis de la política desde la perspectiva de cómo se ejerce el poder, nos lleva otra vez a la necesidad de movernos tanto en el terreno de la Sociología como de la Ciencia Política, pero no sólo dentro de estos dos ámbitos, ya que la inevitable intedisciplinariedad nos conduce al campo de la Historia, la Economía, la Antropología Social o la Psicología Social.
Esta manera de abordar el estudio de lo político presenta la ventaja de ampliar su nivel teórico y su campo de estudio, llegando mucho más lejos en los aspectos de la vida social no relacionados con el gobierno o el Estado. Aunque tal circunstancia no debe oponerse a la conveniencia o no, de la existencia de una disciplina autónoma, la sociología política, con un ámbito y objeto de estudio propio así como modelos y e instrumentos de análisis propios.
De hecho, esta institucionalización de la disciplina cuyo objeto es el análisis de la política en su contexto social, se da en los años posteriores a la II Guerra Mundial (Lipset, 1971; Rush 1992). Este nacimiento se circunscribe dentro de la corriente de pensamiento social estructural-funcionalista, aunque paralelamente sufre la inercia de la revolución conductista y el nacimiento de una nueva ciencia política.
En estas cinco últimas décadas se han gastado importantes esfuerzos en buscar razones de peso que delimitaran notablemente esta disciplina como modalidad independiente, al margen de destacar el peso de la tradición común de pensamiento y la definición de la política como poder. Lo importante no es definir de antemano unas fronteras académicas, sino admitir cierta ambigüedad y sobretodo, detenerse en aquellos lugares donde tiene lugar el grueso de la actividad investigadora.
En cualquier caso, y dentro de las grandes líneas de pensamiento, hasta mediado de los años sesenta hay un predominio de la escuela funcionalista, mientras que a finales de esta década toman el relevo la sociología crítica, o paradigma neomarxista. Los años setenta son dominados por el análisis económico de la política, y en los ochenta vuelven otra vez a primer plano el interés por las perspectivas de la organización y por la sociología histórica, al tiempo que supone también un renacimiento de los enfoques ideológicos o culturales. En cualquier caso, la situación actual se caracteriza por la coexistencia de distintos paradigmas, sin que ninguno de ellos predomine. Además, se busca la integración de diversos paradigmas y la aportación desde campos afines de estudio.
Atendiendo al marco histórico en el que tiene lugar todo proceso de investigación, la evolución y transformación de las sociedades industriales ha tenido un impacto entre los vínculos entre sociedad y política. En las últimas décadas se han reconsiderados algunos postulados en los que se había basado la 2 de 3 Sociología política. Tema 1 ciencia política académica. En primer lugar se consolida la quiebra de toda pretensión de monopolio de cualquier paradigma en el análisis de los fenómenos sociopolíticos.
Por otro lado, el concepto de política dentro de la esfera de lo público es bastante restrictivo, ahora se redefinen las dicotomías social/político o publico/privado. Se busca una definición más amplia de la política, donde trazar nuevos vínculos entre la esfera de lo social y lo político, con el económico, el ideológico o el cultural. En consecuencia, todo este movimiento provoca la emergencia de nuevos temas, marcos y metodologías de análisis.
Los cambios más significativos que han afectado a la consideración de los fenómenos sociopolíticos a partir de los años 80 son en el ámbito de las sociedades avanzadas: • El fin de la vinculación de sistema democrático con desarrollo económico y el bienestar social.
o Crisis del estado de bienestar, que o bien busca su desmantelamiento o su redefinición.
o La persistencia de desigualdades económicas y sociales en los sistemas políticos democráticos, junto con el surgimiento de nuevas formas de marginación sociopolítica • La reconsideración del papel de la acción colectiva, y en concreto el surgimiento de nuevas formas de participación política.
• Las nuevas formas de legitimación que afectan a la estabilidad y pervivencia de los sistemas democráticos contemporáneos.
A nivel internacional, la reaparición de problemas políticos que se creían superados como la aparición de los nuevos nacionalismos, está en la base de los recientes esfuerzos para interpretar el desarrollo histórico de los nuevos estados nacionales y sus procesos de democratización.
En un ámbito ideológico-económico, la caída del muro de Berlín, y el derrumbamiento de los regímenes comunistas de Europa central y oriental han dado también un giro en el campo de estudio, que ha terminado rompiendo el esquema de contraposición entre capitalismo y comunismo. Tal hecho, ha traído una crisis de identidad dentro de la teoría política y del análisis sociológico de inspiración marxista.
En cualquier caso, la caída del muro de Berlín, ha revalorizado los estudios sobre las transiciones políticas a la democracia.
Por un lado, los problemas del desarrollo político y de la modernización se reconsideran desde nuevas perspectivas, y desde otro lado, toma nuevo impulso el estudio de las bases culturales de la política.
Otros aspectos que han retomado un gran interés, son: • El subdesarrollo como problema endémico.
• Los fundamentalismos y la religión como un factor importante en el análisis de la política • La exportación de modelos culturales occidentales.
3. La multidimensionalidad de la relación sociedad-política.
Tanto la evolución de los temas de estudio como los diferentes acontecimientos históricos y transformaciones sociopolíticas han hecho que cada día resulte más evidente la necesidad de que un estudio de las relaciones entre sociedad y política se aborde desde una perspectiva multidimensional y multidisciplinar. Un ejemplo de ello, es la dirección que ha tomado el análisis marxista, incluyendo variables ideológicas, culturales y/o políticas en su análisis económico de los fenómenos sociales o políticos.
Desde una perspectiva multidimensional se entiende la política como un factor más que, según el tema analizado, establecerá relaciones de autonomía, de influencia o de dependencia con el resto de factores considerados. Esto supone establecer un binomio que analice el modo en que los recursos y los factores sociales influyen en las estructuras y los procesos políticos, y que a su vez, considere en qué forma, el ejercicio del poder político incide a su vez sobre los sistemas y grupos sociales. Esto supone entre otros beneficios, descubrir nuevos horizontes y retomar algunos desechados, habiendo un mayor enriquecimiento metodológico.
Esta amplitud metodológica conlleva algunas restricciones, aumentando por ejemplo, la dificultad de establecer teorías de largo alcance, teniendo que recurrir a teorías de rango medio. Por otro lado, se incrementan los impedimentos para trabajar desde una perspectiva comparativa (tan importante en el nacimiento de la sociología política). Por otro lado, también se pueden encontrar problemas metodológicos en la incorporación de aportaciones de otras ciencias como la historia o la antropología social. En definitiva, no se trata, de introducir arbitrariamente todos los factores posibles que podrían intervenir en la comprensión de un determinado fenómeno sociopolítico, sino de crear modelos multicausales que tengan en consideración las vinculaciones de distinto signo que se producen en el ámbito social y político.
3 de 3 Sociología política. Tema 2 Sociología Política TEMA 2: Modernización y cambio sociopolítico.
El concepto de modernización es bastante polisémico. Va desde la que se asocia a “estar de moda” en el lenguaje corriente, a la idea de “rejuvenecimiento”, siendo esta última la favorita para el uso político y periodístico, y relacionándose algo con el concepto sociológico. Por otro lado, desde el punto de vista histórico-filosófico o historiográfico, se relaciona con la Edad Moderna y con la temática de la modernidad y posmodernidad, y también se relaciona con la definición sociológica. Pero es precisamente con la Ilustración en el siglo XVIII, donde se halla la base misma del concepto de modernidad y el concepto sociológico de modernización.
1.
El concepto de modernización.
El concepto técnico de modernización se institucionalizó en los años 50 en los ambientes académicos de la sociología norteamericana, aplicándose al crecimiento económico que se estaba dando en los países en vías de desarrollo y del Tercer Mundo, después de la II GM. Se daba por hecho de que estos países iban a seguir una misma línea de desarrollo y crecimiento económico, al estilo del que se había dado en la primera industrialización inglesa. Esta industrialización traería consecuencias sociales y políticas que se llamaría modernización. Sociólogos como Apter o Eisenstadt pertenecieron a esta escuela sociológica de la modernización, que a partir del modelo estructural funcionalista, se daba por hecho cambios normativos en las estructuras sociales, y también procesos de diferenciación institucional (Parsons, y recientemente Luhmann, con los neoparsonianos). En la vertiente de la sociología política, se dio lugar a la escuela de desarrollo político, también basada en el funcionalismo parsoniano, que entendía que la democratización vendría como consecuencia de este determinismo socioeconómico.
Pero a tras la crisis internacional de 1973, estas teorías de la modernización cayeron en un descrédito, aunque a partir de mediados de los 80 hay un resurgir de estas teorías debido a varias razones: Tras del descrédito del funcionalismo como del marxismo, la escuela neoweberiana de la Sociología histórica toma el relevo, tratando de interpretar comparativa y geopolíticamente procesos de modernización histórica desde 1500 hasta los estados modernos.
La progresiva desaparición de dictaduras en Europa y Latinoamérica en los años 70 y 80, dándose una transición democrática desde gobiernos autoritarios revitalizan las teorías del desarrollo político o modernización política.
Tras la caída del eje comunista en 1989, la dicotomía capitalismo vs comunismo desaparece, sumado a la mundialización de la economía en un nuevo y planetario mercado global, y nueva revolución industrial asiática, han dando paso a un nuevo escenario internacional, con cambios vertiginosos, que están dado paso a un nuevo proceso modernizador, quizás continuadora de las anteriores, pero a otra escala.
Así pues, podemos aceptar una definición de modernización que se identifica con los procesos de cambio social que se establecen a través de dos ejes-tipo interdependientes y relacionados: el capitalismo industrial de mercado y el Estado nacional o de Derecho (más tarde, democrático de derecho y Estado de bienestar. Este proceso histórico se dio primero en Europa a partir 1450 y sigue vigente, habiéndose extendido al resto del mundo. Este proceso presenta algunos aspectos importantes: Se sustituye un modelo económico de subsistencia a uno capaz de genera tasa de ahorro que se reinvierte productivamente.
Se pasa de una economía rural a una industrial, pasando por último a una economía de servicios, correspondiente a una sociedad de consumo de masas, regulada por el Estado de Bienestar.
Se pasa de un sistema de estratificación estamental, a una sociedad de clases (permeable) que facilita la movilidad social, sustituyéndose mecanismos de asignación de status por adscripción a otros de tipo adquisitivo.
Se da un cambio de modelo demográfico antiguo a uno nuevo, mediante la transición demográfica.
Se desarrollan sistemas públicos de autoridad política, legal y administrativa. Se centraliza y desarrolla el ordenamiento jurídico y jurisdiccional, y también de la administración pública.
Hay un desarrollo de las instituciones educativas, así como el surgimiento de una cultura individualista, secular y de la libertad religiosa, de derechos humanos y libertades personales.
1 de 9 Sociología política. Tema 2 2. Problemas metodológicos.
Desde un punto de vista metodológico, la teoría de la modernidad ha sufrido numerosas críticas desde muchos puntos de vista. Incluso se ha dudado de su estatuto científico. Aquí señalamos tres cuestiones metodológicamente problemáticas que atienden a: el sentido del cambio, el control de los cambios y el origen de los cambios.
a. El sentido de la modernización.
Un primer problema metodológico es saber cuál es la tendencia que adopte los procesos de cambio modernizador ¿Caótica, cíclica o lineal? La metodología histórica niega la posibilidad de establecer leyes explicativas de la historia, por lo que estaríamos antes inciertos e imprevisibles acontecimientos puntuales. En esta postura se situaría la Teoría de Weber, si bien al final se adoptara una filosofía teleológica de la historia. Las teorías del conflicto también defenderían esta postura, ya que el conflicto, la guerra, el cambio social, etc., serían sucesos fortuitos, espontáneos y catastróficos, de acuerdo con la Teoría eruptiva o espasmódica de la historia.
Wrigley y Gellner también adoptan esta postura cuando rechazan la búsqueda de la causalidad explicativa, sustituyéndola por una causalidad al azar, cuando por ejemplo explican el moderno crecimiento económico antes de la Rev. Industrial, como una suerte extraña de combinación de diferentes aspectos, económicos, comerciales, políticos, demográficos, etc.
Por otro lado, las interpretaciones cíclicas, que son tan antiguas como la misma narración, han sido siempre criticadas por una especie de inmovilismo histórico o antihistoricismo, llevándolas al descrédito.
Sin embargo, se han intuido ciertos ciclos ondulatorios tanto en demografía, como en política con movimientos de flujo y reflujo, o en economía con crisis depresivas seguidas de crecimientos intensos (ondas largas o ciclos de Kondratiev). Aunque los modelos cíclicos han sido muy discutidos tanto por la mala calidad de los datos aportados, como por no poder demostrar algún tipo de sistema o diagrama de fuerzas que pueda explicar realmente estos ciclos.
Por último, queda otra alternativa, que plantea una tendencia lineal a largo plazo, al margen de ondulaciones a corto o medio plazo. Esta tesis de la futilidad que defiende un equilibrio lineal o ultraestabilidad viene bien representado por la sociología funcionalista (Parson, 1970) y del análisis neoclásico de la economía. Los cambios son explicables como correcciones que reequilibran los desequilibrios previamente generados. Son cambios en el sistema, pero no cambios de sistema. Esta teoría ha sido criticada por Hirschman, al proponer su modelo desequilibrado, criticando la anterior opción conservadora.
Dentro de la evolución lineal queda otra opción que supone un crecimiento lineal para después terminar en un declive. Tal opción ha sido defendida por algunos weberianos y también por los seguidores de Spengler y su modelo de Historia natural (ej. El Imperio romano).
En consecuencia, toda tendencia lineal que no sea puramente ultraestable o inmovilista, se identifica con la línea de progreso en el sentido que adoptan los procesos de modernización. Así, la teoría de la modernización es heredera del concepto ilustrado que, a parte, coincide con la filosofía de la historia de San Agustín, y su ciudad terrenal y su ciudad de dios. Donde la ciudad terrena se correspondería con la comunidad tradicional premoderna, y la ciudad de dios con una sociedad plenamente racional, secular y moderna, estado que según Hegel sería inalcanzable, y que se corresponde con el Estado de Hegel, la sociedad sin clases de Marx, la sociedad liberal de Hayek o la sociedad abierta de Popper.
Todas estas teorías de la modernización presentan una especie de escatología teleológica, que le atribuye alguna clase de destino final, y que siempre tiene tres elementos: • Una dicotomía entre lo tradicional y lo moderno.
• Algún suceso irreversible con el que la modernización empieza a darse (fundación del Estado, la Reforma protestante, la Revolución industrial, la Revolución burguesa, etc.) • Una fe casi religiosa de que la fe nos salvará.
Sin embargo, al margen de que la modernidad se identifique con el progreso, no queda muy claro lo que supone ese progreso. Existen dos grandes clases de teorías.
Las mayoritarias, que entienden que la modernización tiende hacia el bienestar social.
Las que entienden que con el progreso crece el malestar social. Estas teorías es heredera de Weber y su jaula de hierro, donde se pierde el significado humano de la vida y se tiende hacia una sociedad hiperracionalizada. Además de Weber, que parte de la crítica de Nietzsche, los herederos de la Escuela de Francfort o Foucault son también críticos pesimistas de la modernización.
2 de 9 Sociología política. Tema 2 b. El control del cambio modernizador.
Un segundo problema sustancial que plantean los cambios modernizadores es: ¿Son susceptibles de obedecer alguna dirección, programarse o gobernarse de alguna manera? ¿O por el contrario se trata de una serie de cambios fatales, fortuitos o espontáneos? La evidencia histórica demuestra que la primera modernización originaria en el Mar del Norte, allá por 1700 fue puramente espontánea, sin embargo, las demás experiencias modernizadoras fueron autoconscientes.
Como describe Albert Hirschman (1991), el pensamiento reaccionario o conservador, y baste de ejemplo de Edmund Burke con su radical oposición de la Revolución francesa, siempre han entendido que el resultado de la historia no podía construirse artificialmente, sino que era un producto natural de las imprevisibles interacciones humanas. Cualquier intento de gobierno de los procesos históricos estaba condenado a fracasar o tendrían efectos contraproducentes y perversos.
Esta tesis de la perversidad de Hirschman no sólo invalida las posibilidad de cambiar la Historia (el fracaso de la Revolución soviética sería un ejemplo), sino que ataca directamente las virtualidades de la teoría de la modernización que nación en los años 50 como auxiliar académico de las políticas de cooperación para el desarrollo de los países emergentes en aquellos momentos. Sin embargo, hay que decir que la evidencia histórica demuestra la bondad de que sí se podía políticas públicas capaces de reformar la realidad del mercado, induciendo el cambio social, y sirva de ejemplo la segunda industrialización de aquellos países como Japón o Prusia a finales del XIX, totalmente diferente del modelo espontáneo anglosajón.
En cualquier caso, el dilema no desaparece del todo, si planteamos la cuestión de los efectos o subproductos colaterales. Consecuencias no pretendidas, tal y como definía Ferguson; la historia es el resultado de acciones humanas y no de sus intenciones, o Marx cuando decía que los hombres hacen historia pero no saben que la hacen.
Estos efectos secundarios podrían ser positivos, neutros o negativos –heterogonía de los fines (Stark, 1971)-. Los ilustrados escoceses, de la mano de Hume, veían la cuestión de manera optimista. Un ejemplo de ello se ilustra en la teoría de Adam Smith y su mano invisible. En el lado opuesto, con una versión más pesimista de las consecuencias de la acción histórica, encontramos a Weber.
Queda claro que tanto en un sentido como en el otro, hay un margen de imprevisibilidad e incertidumbre bastante amplio, y es esta temática del riesgo la que parece predominar en el campo de la prospectiva social.
c. El origen de la modernización.
El tercer problema que se plantea es el de su origen, pero no referido a un momento (siglo XVI o XVIII) o lugar (Inglaterra o Países Bajos) concreto, sino más a su carácter endógeno o exógeno, y en este último caso si fue bilateral o multilateral. Aunque en principio se puede entender que la primera modernización sí tendría un origen endógeno, y después, el resto de modernizaciones tardías tener un origen exógeno, bien por competencia o por influencia de la anterior (esta es la base de la explicación de la dependencia de los países en desarrollo respecto a los desarrollados), este argumento también es válido para la primera modernización. ¿No inventarían los ingleses sin querer una primera modernización en respuesta a los premodernos franceses o semimodernos holandeses? Se puede afirmar que la clave del problema reside en la frontera entre lo endógeno y lo exógeno.
Surgen aquí dos instituciones; el Estado y la sociedad civil. En el primer caso, parece claro donde se delimita la frontera, no así en el caso, como defiende Charles Tilly o Michael Mann, de la sociedad civil, donde no hay fronteras, o si las hay, son difusas y multilaterales.
Así, de este modo, nos movemos entre la causalidad exógena bilateral, protagonizada por el Estado, separado por fronteras bilaterales de los Estados vecinos, y la causalidad exógena multilateral, que correspondería a alguna agencia dentro de la sociedad civil, multilateralmente interpenetrada más allá de las fronteras políticas.
¿Pero qué institución proporcionó el primer motor de la modernización? ¿La religión?, ¿La ciencia?, ¿La familia?, ¿La escritura? A pesar, de que el calvinismo, la revolución newtoniana o la imprenta sean innovaciones contemporáneas al nacimiento de la modernización, todas estas instituciones preceden tanto al Estado-nación o Estado moderno y al capitalismo.
Entonces ¿Cuál de estas dos instituciones tiene un papel predominante? Para Theda Skocpol, hay dos grandes corrientes al respecto.
3 de 9 Sociología política. Tema 2 De una parte, autores herederos de Marx, Spencer o Durkheim, consideran que el capitalismo, la sociedad civil o la división social del trabajo son la última causa de la modernización. En esta misma vía, los funcionalistas y los liberales, también achacan a la vía privada de los actores individuales el principal protagonismo. Por el contrario, herederos de Weber y Otto Hintze, rechazan esta reducción economicista y reivindican el papel protagonista de las instituciones políticas centradas en el Estado.
En cualquier caso, y con independencia del predominio de una y otra corriente de pensamiento, tanto Skocpol como Tilly, proponen considerar la interacción interdependiente de ambas instituciones en los procesos de modernización.
3. La revolución europea: los estados y el mercado.
La primera modernización histórica se ha llegado a denominar el milagro europeo (Jones, 1990). La irrupción de un excepcional acontecimiento en Europa entre 1450 y 1750 cambiaría el curso de la historia para siempre. Hoy parece claro que dos agentes o instituciones; el estado y el mercado son los principales responsables. Ocurre que ambas instituciones presentan evoluciones complejas y diferentes dependiendo de cada región y momento, que además se relacionaban entre ellas. Así, el estado incluye haciendas públicas, sistemas recaudatorios, ejércitos y jurisdicciones diferentes. El mercado también incluye en su proceso de integración aldeas, villas, burgos, ciudades y ciudades estado. Además, junto al mercado formal, se dan otras formas de transacción que, incluyen mercados informales o no monetarizados (arte, ciencia, profesiones libres, etc.), que de alguna forma, la llamada sociedad civil, se terminaría confundiendo con el mercado. Además ¿Dónde termina el Estado y empieza el mercado? Sus fronteras parecen difusas.
Sin embargo, ambas instituciones tienen naturalezas bien distintas. El Estado es obligatorio, centrado, jerárquico y tiene unas fronteras definidas, más allá de las cuales no tiene poder. El mercado en cambio son instituciones voluntarias, igualitarias, distributivas o descentralizadas y abiertas. Ahora bien, ambas instituciones se interpenetran mutuamente aunque no coincidan.
Dependiendo del mayor protagonismo de una u otra, o del carácter exógeno o endógeno, hay diferentes modelos interpretativos: Tipo de causalidad Endógena unilateral Exógena bilateral Exógena multilateral Tipo de institución modernizadora Estados Mercados Procesos modernizadores (autores) Centralización política pacificadora (Weber, Elias) Desarrollo interno industrializador (Gellner, North) Competencia militar entre Luchas de clases Estados Competencia del mercado (Mcneill, Tilly) (marxistas, liberales) Sistemas de Estados interdependientes (Jones, Mann, Hall) Economía-mundo mundialización (I. Wallerstein) a. El sistema de estados.
Cronológicamente el papel modernizador del estado es anterior al mercado. Por eso, puede haber más autores en esta corriente. Hay tres tesis principales: La más tradicional, heredera de Hobbes y que se identifica con Weber, entiende que el monopolio de la violencia legítima establece el orden público e impone el imperio de la ley, creando seguridad jurídica y protección de derechos donde la sociedad civil se relaciona libre y prósperamente. Esta misma visión es la que tiene Norbert Elias, cuyo proceso de civilización se difunde desde el centro de la capital del Estado, la corte, hacia el resto de la sociedad civil. El Estado es civilizador porque permite la pacificación de la élite aristocrática desvinculándose del belicismo estatal.
4 de 9 Sociología política. Tema 2 La rivalidad entre los Estados y la imprevista consecuencia no querida de las guerras entre los estados, provocó la modernización de los Estados que vencieron.
La versión bilateral defendida por W. Mcneill o C. Tilly, parte de una auténtica revolución militar (ejércitos calvinistas del siglo XVI), que tuvo como efecto colateral el despliegue de todas las potencialidades internas de su sociedad civil. Los príncipes y monarcas absolutos del siglo XVI debieron intensificar sustancialmente sus poderes bélicos, y lo hicieron gracias al concurso de la sociedad civil a la que recurrieron. Ante todo precisaron de mercenarios o ejércitos, armamento, fondos bancarios y las tasas impositivas recaudadas a la sociedad civil, aunque a cambio, tuvieron de otorgar ciertos privilegios y libertades civiles a las élites y poderes locales.
La versión multilateral, defendida por Jones, y definida como milagro europeo, explica que Europa, con sus numerosos Estados, donde nadie se imponía a los demás, tuvo un caldo de cultivo que otras civilizaciones más avanzadas como China o India no tuvieron (eran omnipoderosas), donde se competía y rivalizaba constantemente, lo que provocó su desarrollo modernizador. En la misma línea de pensamiento, aunque con un enfoque más amplio, Mann y Hall entienden que el equilibro multipolar de poderes entre los Estados que competían por la hegemonía estratégica, no sólo era de tipo conflictiva, sino que también se daban relaciones interestatales cooperativas, y de naturaleza no sólo política, sino también tecnológica, cultural, económica o religiosa. Y es esta la diferencia con el anterior modelo bilateral que entiende los Estados de forma independiente, y no de forma interdependiente, -como en este enfoque-, gracias sobre todo a las relaciones de interdependencia de sus respectivas sociedades europeas que, compartían el derecho, el arte, el latín, el comercio o la ciencia.
b. El desarrollo del mercado.
En este caso, también podemos encontrar tres modalidades o modelos explicativos: El primer modelo integra gran parte de la historiografía marxista, que considera al capitalismo industrial capaz de autodesarrollarse internamente a sí mismo, gracias a la explotación de la plusvalía generada por la fuerza de trabajo, al industrialismo desarrollista, por la capacidad de crecimiento autosostenido gracias a excedentes ahorrados e invertidos, y la funcionalismo modernizante, que dominó el panorama académico en los 50 y 60.
E. Gellner entiende que fenómenos como la alfabetización, el nacionalismo o el fundamentalismo islámico son elementos que contribuyeron a la modernización y la industrialización.
D. North, desde una perspectiva neoclásica o institucionalista, entiende que la riqueza se autogenera desde la propiedad privada, un hecho que no se daba en las sociedades feudales o precapitalistas, ya que el beneficio en la tierra era igualitario y no provocaban crecimiento económico autosostenido, provocando incluso problemas de sobreexplotación extensiva y externalidades. Para North, el invento jurídico de la propiedad privada provoca la innovación tecnológica y la inversión productiva, lo que provoca la modernización capitalista.
La propiedad privada también es el punto clave del segundo modelo, pero no vista desde un punto de vista institucional como hace North, sino más bien desde el punto de vista de los conflictos sociales y luchas políticas. Este es el punto de vista de la historiografía marxista que entiende la aparición del capitalismo más como efecto del cambio de las relaciones bilaterales que como desarrollo endógeno de las fuerzas productivas. Por otro lado, abandonando la versión industrial, productiva, industrialista y entrando en una dimensión puramente comercial, mercantil o transaccional, aparece la opción liberal, de la economía neoclásica o neoliberalismo. La fuente de riqueza ya no es el desarrollo interno, sino el comercio con el exterior. El punto de partida típico de este liberalismo económico estaría en Adam Smith y su mano invisible. Desde un punto de vista optimista la relaciones de mercado se entienden eficientes, cooperativas y productivas a las anteriores como las feudales o comunales como bien defiende Albert Hirschman.
5 de 9 Sociología política. Tema 2 Sin embargo, el mercado también tiene relaciones de conflicto y competencia. Tal circunstancia es detectada por North, quien defiende la intervención estatal para que haya una especie de control del mercado.
La tercera opción, deja las relaciones bilaterales atrás. El crecimiento, el progreso y el desarrollo se dan como consecuencia de relaciones multilaterales de interdependencia que articulan y estructuran los mercados. Se da entonces un mercado global influenciado por relaciones jerárquicas de interdependencia, tal y como lo entiende I. Wallerstein. Estas redes mercantiles, supralocales, fueron en primer lugar regionales, después nacionales y más tarde, internacionales y mundiales. Este modelo, denominado de economía-mundo, sirve para explicar las relaciones de dependencia de la primera economía con los países del Tercer mundo, tal y como defiende las teorías de la dependencia. Sin embargo, en un mundo globalizado, las relaciones jerárquicas entre unas y otras unidades espaciales, son cambiantes, por lo que no cabe hablar de centro y periferia más que temporalmente, pues el sistema económico internacional ya es pluripolar, policéntrico y multilateral.
4. Centralización, conversión civil y mundialización.
Atendiendo a la concentración del poder político mediante la construcción histórica del Estado nacional, y a la concentración del poder económico mediante la construcción histórica de mercados nacionales e internacionales, durante un período de unos 1000 años, dentro del sistema europeo, pasando desde unidades locales autosuficientes hasta llegar a decenas de Estados nacionales políticamente independientes, muy centralizados jurídicamente y encuadrados en laxas organizaciones internacionales, Charles Tilly describe tres vías típicas, atendiendo a la sensible diferencia entre unos territorios y otros.
La vía intensiva en coerción es la que se dio en aquellos territorios o reinos que apostaron por la fuerza en vez de hacerlo por la riqueza. El ejemplo más claro lo tenemos en el reino de España, aunque Prusia o Rusia también acogieron esta vía, fracasando todos.
La vía intensiva de capital la adoptaron aquellos territorios que, renunciando a reunificarse políticamente, dedicaron todos sus esfuerzos en la concentración de capital financiero, mercantil o productivo. La forma característica que adoptaron fue la federación de Ciudades-Estado. Son numerosos los ejemplos; la liga Hanseática, las ciudades-Estado italianas, los cantones helvéticos o las provincias unidades de Flandes y los Países Bajos.
La vía de coerción capitalizada, que supone un punto intermedio entre las dos anteriores.
Los ejemplos más típicos son los de Londres y Paris, y demostraron ser más eficaces que la vía intensiva de capital que, aunque eficaz, tenía ciertos límites, tal y como defiende Tilly y los teóricos del realismo político. Así, en 1600 los británicos superaron a españoles y holandeses.
a) La reconversión cívica de los Estados.
La vía de coerción capitalizada, según Tilly, estaba predestinada a desnaturalizarse, una vez alcanzando el máximo de poder coercitivo, empezando a predominar la concentración de capital sobre la primera, especialmente a partir de 1800. Es lo que Tilly llama la conversión civil del Estado.
Esta conversión se demuestra por el hecho del descenso de la proporción relativa de recursos (financieros, materiales y humanos) que se destina a los asuntos militares. Tal hecho se produce por un lado, por la modernización de los ejércitos, que pasan por cuatro etapas progresivas desde 1400 hasta hoy: patrimonialismo, mediación, nacionalización y profesionalización, y por otro lado, junto al crecimiento del poder militar, se produce una pérdida de poder por parte de éstos y los príncipes en beneficio de gobernantes y gobernados. A medida que mejora la sociedad civil y los mercados, más y mejores recursos podían aportar para la causa bélica, pero a cambio de recibir derechos sociales y jurídicos.
Así, como resultado indirecto o colateral entre Estado y Sociedad, se produce la conversión civil del Estado, su democratización y desarrollo político, pasando del Estado Absoluto del Antiguo Régimen al moderno Estado social y democrático de Derecho. Pero, a pesar de la exportación de este modelo al resto del mundo, esta modernización ha sido única en Europa, ya que en otras regiones del planeta, especialmente en el Tercer Mundo, han pasado por una concentración política (construcción del Estado, nacionalismo, autoritarismo, etc.), después por un crecimiento económico (industrialización y desarrollo del mercado interno) y por último, una apertura el exterior (mundialización). Pero falta un proceso intermedio que es la conversión civil del Estado, que permite dar el salto de la premodernidad hasta la verdadera y civilizada modernidad.
6 de 9 Sociología política. Tema 2 b) La mundialización de la economía.
La primera revolución industrial surgió a finales del siglo XVIII en las Islas Británicas. Se basaba en pequeñas manufacturas independientes dirigidas por sus propietarios sin intervención gubernamental.
Esta etapa dura un siglo y coincide con el Estado liberal de Derecho. A finales del siglo XIX viene la segunda revolución industrial sobretodo en Alemania y EE.UU. Se basaba en empresas burocráticamente dirigidas que practicaban fuertes economías de escala con fuerte intervención gubernamental.
En esta segunda etapa se instaura el fordismo (montaje y producción en masa), se extiende el capitalismo imperialista y surge el movimiento obrero. El Estado liberal quiebra dando paso a dos totalitarismos estatalistas: el bolchevique y el nazifascista.
Tras la II Guerra Mundial, el sistema fordista se rehace a sí mismo y surge una etapa de crecimiento autosostenido que conlleva la creación del Estado del bienestar, a través de políticas keynesianas de concertación social. Esta etapa termina en lo que se ha denominado sociedad de la abundancia o de consumo, y simultáneamente a esto, se ha dado la revolución de los servicios o la terciarización de la economía, superando al viejo industrialismo (advenimiento de la sociedad industrial).
La crisis de mediados de los 70, quiebra al sistema fordista y debilita al estado del Bienestar y termina con los países socialistas (a excepción de China), dejando un negro panorama, especialmente con la pobreza de los países del Tercer Mundo.
Surge un nuevo sistema de especialización flexible que posibilita lo que se ha dado en llamar la nueva revolución industrial o revolución industrial asiática. Algunos países en Latinoamérica (Chile, Brasil, México y Argentina), o en Sudeste asiático, los llamados tigres del Pacífico (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Malasia y el sur de China –capitalista-), con el liderazgo de Japón, han podido entrar en una industrialización tardía con altas tasas de crecimiento económico (empleo, gran productividad y capacidad de exportación), creando un nuevo orden internacional, donde no sólo se ha dejado en entredicho la óptica occidentalista (que defendía el liderazgo de los países occidentales), o la óptica tercermundista (que explicaban el subdesarrollo en base a las relaciones de jerarquía con las potencias occidentales), sino que han establecido un mercado mundial multilateral, multipolar y policéntrico. Dos son los rasgos principales que presenta esta reciente industrialización: un sorprendente igualitarismo social (con relaciones laborales rígidas y autoritarias, pero que permite la propiedad privada) y un claro intervencionismo estatal, que busca la consecución de un alto rendimiento, premiando a las empresas que más invierten en I+D.
Pero incluso ahora, que la modernización es mundial, sigue el mismo planteamiento ¿Centralización política –Unión Europea, FMI, etc.- o mercado multilateral? 5. Los efectos de la modernización.
Históricamente, la primera modernización económica comenzó por una revolución agraria, dado que la productividad empezó a crecer, junto con la instauración de la propiedad privada, provocó la creación de excedentes agrarios, no sólo en productos o alimentos, que permitió elevar el nivel alimenticio de la población, sino también de trabajadores y población campesina que fueron expulsados (excedentes), que terminó provocando un éxodo rural del campo a la ciudad. Así, la revolución industrial en las ciudades, contó con el excedente económico y humano del mundo agrario.
Sin embargo esta pauta británica no se volvió a repetir en posteriores procesos de modernización tardía. Pero en ambos casos, queda claro que las ciudades industriales pasaron a ser un poderoso imán que atraían tanto a los capitales como a la población de campesino emigrantes, proceso que se hizo autosostenido, reproduciéndose automáticamente.
Por tanto, tanto antes como ahora (Tercer Mundo), las principales consecuencias de la modernización son poblacionales y presentan cuatro rasgos relacionados entre sí: migración, urbanización, crecimiento de la población y transición demográfica.
a. Consecuencias sociales.
La primera consecuencia de la Revolución industrial, fue lo que se ha llamado el crecimiento moderno (McNeown, 1978). Hasta mediados del siglo XVIII la población europea había permanecido estacionaria (con fuertes alzas y bajas catastróficas) que dejaban un leve crecimiento, pero a partir de ahí comenzó a multiplicase exponencialmente durante el siglo XIX, originando tensiones maltusianas que se solucionaron con la emigración transoceánica. Este mismo proceso, se está dando en los países del Tercer Mundo, con la salvedad de que ahora, ya no quedan nuevos territorios por poblar.
7 de 9 Sociología política. Tema 2 McNeown explica este crecimiento poblacional, asociado a la caída de la mortalidad, no tanto por la mejora de la salubridad (que no lo fue realmente en los hacinamientos urbanos), sino por la mejora cuantitativa y cualitativa de la nutrición, que terminó elevando la salud de la población. Por su parte, Wrigley explica este crecimiento población por las consecuencias en los cambios de las estrategias matrimoniales de los asalariados urbanos, que dejaron atrás el celibato y matrimonios tardíos para incrementar la nupcialidad y la fecundidad.
Aunque el resultado de este boom demográfico terminó con movimientos emigratorios transoceánicos, tal circunstancia no alivió del todo la presión, con lo que se produjeron algunos cambios en las relaciones familiares, dando paso a la transición demográfica. Sin bien es cierto, que la transición que se está dando en los países del Tercer Mundo, presentan una caída de la mortalidad mucho más rápida que la primera que se dio en Europa.
En cualquiera de los casos, conforme la transición demográfica avanza, también se acomodan las relaciones familiares que, de ser rígidas, autoritarias y patriarcales, han pasado a ser flexibles, matrifocales, revocables, igualitarias y afectivas. Esta superación de la familia nuclear, mucho más antigua de lo que el funcionalismo parsoniano pretendía, según estudios de la demografía histórica y de sociología de la familia, ha dado vigencia a unas relaciones de parentesco extenso.
Además, esta modernización de las relaciones familiares ha supuesto pasar de una sociedad de familias (falta de libertad personal, perpetuación de linajes, etc.), a una sociedad de individuos (donde hay más libertad de elección de los individuos que ya poseen derechos individuales) y Tal circunstancia se ha dado especialmente a la imparable salarización del trabajo y a la participación laboral de las mujeres.
Todos estos cambios en la estructura familiar y demográfica han acarreado cambios de corte político, social o cultural, como la alfabetización y la escolarización universal prolongada, elevando el capital humano agregado, o también procesos de secularización en la población, o el surgimiento de nuevas formas modernizadas de religiosidad.
Respecto a las consecuencias sociales, cuando estas se producen en momentos positivos de crecimiento económico y cumple con las expectativas, presentan la modernidad como un cambio positivo a mejor, pero cuando estas se dan en momentos de estancamiento o de crisis, y no se cumplen las expectativas, surgen movilizaciones sociales antimodernas, anticapitalistas, antigubernamentales o antioccidentales, lo que puede llevar a la larga a revoluciones políticas.
b. Consecuencias políticas.
De acuerdo con Tilly, conforme se van desarrollando el mercado y la sociedad civil, el Estado Absoluto del Antiguo Régimen se convierte en el Estado Liberal de Derecho durante el siglo XIX.
Posteriormente, a finales del siglo XIX y pasando el período de entreguerras, el Estado democrático de Derecho se transformó en el Estado socialdemócrata de Bienestar o Estado Social de Derecho, consolidándose después de la II Guerra Mundial.
Este modelo canónico u ortodoxo de modernización que se dio en Europa, no siempre fue visto con buenos ojos, ya que hubo una fuerte reacción conservadora tanto en la extensión de los derechos políticos (voto, reunión, expresión, participación), como a la extensión de derechos sociales (educación, sanidad, pensiones).
En consecuencia, la continuidad de esta tendencia lineal de cambio político modernizador se vio muchas veces alterada por quiebras o rupturas que la distorsionaban, introducciones opciones alternativas, que pueden simplificarse a cuatro variantes políticas heterodoxas: • • • • El nacionalismo.
La revolución desde arriba.
El totalitarismo de extrema derecha El totalitarismo de extrema izquierda.
Estos fenómenos típicamente modernos, trataron de reaccionar contra los peores efectos de la modernización, aunque a la vez, la aceleraron. El problema político que se plantea es el de la compatibilidad con la democratización. Para Tilly, la clave está en que sólo en Europa se desarrollo la sociedad civil. Además, desde el funcionalismo norteamericano y la escuela de desarrollo político, se defendía un determinismo socioeconómico, que explicaba que donde se produjese un crecimiento económico, todo sistema pre-moderno o autoritario se terminaría democratizando.
Sin embargo, este optimismo desarrollista quedó desmentido con el auge de Estados totalitarios, especialmente latinoamericanos, a veces tras casi siempre fallidos intentos de revolución socialista.
8 de 9 Sociología política. Tema 2 Se recurrió entonces a una especie de determinismo socioeconómico inverso, donde se defendía que la modernización creaba deslegitimación, quiebra de la democracia, frustración de las expectativas, entropía, o deterioro político. Tesis que se confirmaba con la crisis de legitimación a finales de la década de los 60 (mayo del 68), creando nuevos movimientos sociales y oleadas de activismo antimoderno.
La tercera ola democratizadora, primero en los países del sur de Europa, y después en Latinoamérica y países del Este de Europa, dejaron en entredicho la postura anterior, y pusieron de nuevo la pregunta encima de la mesa ¿La modernización facilita o dificulta la democratización? La realidad empírica muestra ejemplos contradictorios; Por ejemplo, en los antiguos países comunistas, algunos como Rusia, Cuba o Corea del Norte, han tenido más problemas que otros, como los países del centro de Europa. Por otro lado, China se resiste a la democratización, mientras de México profundiza en ella. El mismo Huntington se muestra escéptico al respecto.
Con independencia de cambios de opinión del Banco Mundial, se ha terminado de constatar por datos empíricos que, tres son los factores que según D. North, favorecen el éxito del desarrollo modernizador: La solidez de las instituciones sociales.
La formación educativa de los Recursos Humanos.
El desarrollo del Estado.
9 de 9 Sociología política. Tema 3 Sociología Política TEMA 3: Democracia y sociedad industrial.
1.
Democracia y mercado: un paralelismo histórico.
Si se prescinde de los precedentes de la Grecia clásica o de los cantones suizos, la democracia actual es una forma de gobierno nueva. Se extiende en el siglo pasado y sólo se asienta tras la II Guerra Mundial, y coincide a groso modo con el desarrollo del capitalismo.
Esta coincidencia o paralelismo histórico entre democracia y capitalismo se puede interpretar de formas diversas: se puede pensar que la democracia es funcional para el capitalismo (tradición marxista), o también se puede pensar que el desarrollo capitalista posibilita unas mejores condiciones para la aparición de la democracia, o que ambas instituciones responden a estructuras sociales de un determinado tipo (afinidad electiva).
Sin embrago, no es lo mismo hablar de sociedad industrial o de capitalismo industrial. Hasta 1989 los países comunistas fueron un ejemplo de sociedades industriales sin capitalismo o democracia. También hay ejemplos de sociedades que conocieron un desarrollo industrial en condiciones de autoritarismo como España de los años 60, o la China de los años 80. Queda claro, que el binomio democracia y crecimiento económico, no queda tan claro.
El problema surge cuando se habla de democracia. La distinción más usual se establece entre definiciones normativas y definiciones empíricas. Ambos tipos de definición presentan problemas.
Las normativas se mueven en el ámbito de lo que debe ser, y tiene un grave problema de relatividad, pues dependiendo del prisma con que se mire, se puede entender como falsa democracia (cuando incumple algunos de sus preceptos), o como bastante real, aunque se quede a medias, si se examina desde el punto de vista de quienes experimentan un régimen autoritario.
Las definiciones empíricas adolecen de un problema parecido, y se conducen finalmente a lo que la opinión pública acepta como tal.
La mejor forma de superar este dilema es aceptar una definición minimalista, acercando las ideas normativas como base que orienta la acción política. Schumpeter (1968) ofreció una definición en este sentido, donde el gobierno democrático adquiere la legitimidad de gobernar y decidir mediante la lucha por el voto del pueblo.
Con independencia de que otras definiciones minimalistas hagan más hincapié en las condiciones de consecución del voto, salta a la vista la analogía estructural entre capitalismo y democracia en esta concepción de Schumpeter: en ambos existe un mercado, en el que las empresas o candidatos a gobernantes compiten por unos clientes potenciales (los consumidores o los electores).
En cualquier caso, se puede decir que un régimen que cumpla con los requisitos mínimos de una definición empírica se ajustará tendencialmente a una razonable definición normativa de democracia. Y esto ocurre, porque con independencia de la existencia de democracias formales y sociales, no está garantizado que los resultados de un proceso electivo puedan coincidir con las preferencias mayoritarias de los electores (Teorema de posibilidad de Arrow). Por otro lado, se dan procesos de acoplamiento entre los deseos mayoritarios de los electores, que modifican sus expectativas a medio o largo plazo, con la política que llevan a cabo los gobernantes, es decir, se da un ajuste de las políticas generales con la voluntad popular.
Ahora bien, en el mundo real, las democracias actuales no surgieron como las conocemos hoy en día. Ninguna definición empírica aceptaría una democracia donde la mitad de la población estuviera excluida del derecho al voto. De hecho, el derecho al sufragio de las mujeres llegó posteriormente al de los hombres; en 1971 en Suiza, 1944 en Francia o 1928 en Reino Unido.
Por lo tanto, las democracias actuales son un resultado de un proceso conflictivo y evolutivo donde hay que distinguir dos dimensiones: la competitiva (existencia de debates y asociaciones políticas) y la representativa (extensión o limitación del derecho a sufragio). Lo que Dahl (1989), llama a estas dimensiones liberalización e inclusividad del sistema político.
2. De los derechos liberales a los derechos sociales.
La democracia actual es una variante específica de las concepciones ideales de autogobierno del pueblo: la democracia liberal. Los gobernantes democráticamente elegidos están sometidos a una limitación drástica y no pueden violar una serie de derechos individuales que catalogamos como derechos humanos.
La combinación de liberalismo y democracia, es en rigor, una forma de gobierno que conoció un auge histórico paralelo al capitalismo industrial, al margen de que rivalizara con otras formas de gobierno 1 de 5 Sociología política. Tema 3 totalitarias como el nazismo o el estalinismo. Pero el origen de este estado, entendido como afirmación de unos derechos naturales (iusnaturalismo), que el monarca no puede violar (los parlamentos feudales ya pretendían limitar su arbitrariedad) es antes paralelo a la formación del Estado absolutista que del capitalismo.
Ahora bien, las historias nacionales difieren a partir de este enfrentamiento; el absolutismo inglés dejó paso al capitalismo agrario; en Francia dio paso al colapso revolucionario de la monarquía; En Prusia y Japón a una combinación de desarrollo capitalista y autoritarismo con dinámica expansionista que los llevó a sendas Guerras Mundiales.
En Europa, el ascenso del liberalismo también luchó contra la escisión anglicana y la Reforma, por lo que se daba una combinación de reclamaciones: libertad de pensamiento y de derecho a la propiedad. Tal lucha coincide con la Ilustración del siglo XVIII: una misma racionalidad justifica la libertad económica y de pensamiento frente al Estado.
T.H. Marshall sugirió una secuencia secular de extensión de los derechos de ciudadanía: Siglo XVIII para los derechos civiles.
Siglo XIX para los derechos políticos.
Siglo XX para los derechos sociales.
Si bien hay que decir, que en algunos países tal secuencia no se cumple totalmente, puesto que la adquisición de los derechos civiles en Gran Bretaña fue más larga, desde la Revolución hasta la Reforma de 1832, y los derechos políticos universales sólo se logran en muchos países después de la II Guerra Mundial.
Marshall entiende por derechos civiles aquellos necesarios para garantizar la libertad individual: libertad de persona, de expresión, de pensamiento, de fe religiosa, de derechos de propiedad y de poder cerrar contratos válidos y de justicia. Todos estos derechos eran funcionales para el desarrollo de una economía capitalista. Pero dentro de todos estos derechos, no estaba la participación de los ciudadanos en la elección de los gobernantes, lo que era ideal para los defensores del despotismo ilustrado en el siglo XVIII.
Este derecho Dahl lo entiende como necesario para hablar de liberalización. En el caso británico, hasta la Reforma de 1832 las elecciones para la Cámara sólo eran parcialmente competitivas, y suponían un complemento de la monarquía y la aristocracia. Son las revoluciones americanas y francesas las que introducen este derecho, aunque al principio tenían una inclusividad muy baja, y pasan por fases sucesivas en las que se van superando barreras de propiedad, de pago de impuestos, de nivel cultural, étnicas o de género.
Sin embargo, la clave de la creciente inclusión política tiene una dimensión: la legitimidad de los gobiernos. Y no tanto porque la carencia de derechos políticos de parte de la ciudadanía restara legitimidad a los gobiernos (el sufragio de las mujeres es un ejemplo), sino que cuando se produce una reivindicación de las clases trabajadoras y surge el conflicto de forma continua es cuando se amenaza simbólicamente la legitimidad de los gobiernos. Este proceso tuvo una secuencia prolongada a lo largo del siglo XIX, algo que no ocurre en la actualidad, ya los procesos de inclusión política se producen rápidamente cuando surge una nueva democracia (lo contrario, la privaría de antemano de legitimidad).
Pero no siempre este proceso ha sido siempre evolutivo, ya que algunas veces las barreras de participación se han derrumbado de forma abrupta ante situaciones de emergencia que hace necesaria ampliar la base de legitimación. Por ejemplo, la necesidad de una unión nacional o el conflicto externo, especialmente después de una guerra. Ejemplos de estas democracias por derrota (Theborn) son el caso de Japón o la República Federal Alemana.
Es curioso reseñar que el vacío de poder o legitimidad se produce tanto en países vencidos (Alemania de 1918 y la República Weimar) como en países vencedores (en la Inglaterra vencedora se produce una extensión del derecho masculino del sufragio.
Un proceso análogo se daría en Europa tras la II Guerra Mundial, donde hubo un acenso y generalización de los derechos sociales, defendidos mediante la construcción del Estado de Bienestar y un mayor intervencionismo estatal de la economía. Se buscaba una mayor protección frente a desastres sociales como la que produjo el Crack del 29, así como las experiencias bélicas. Todas estas políticas desde arriba solo se entienden en el marco de una fuerte demanda social desde abajo (Chruchill y el partido conservador perdieron el poder en favor de los laboristas después de la guerra, para que este tradujera en la política social el clima moral de esfuerzo solidario tras la guerra).
Por tanto, se puede concluir que mientras los derechos civiles (las libertades) surgen de la reacción de los súbditos y especialmente de las clases dominantes, los derechos políticos y sociales surgen como consecuencia de la necesidad de los gobiernos de ampliar su legitimidad.
2 de 5 Sociología política. Tema 3 3. Inclusión política y legitimidad.
La hipótesis general sobre la relación entre la inclusión política y legitimidad debe matizarse para distinguir entre legitimidad ex ante (en función de los orígenes del régimen o de su carácter más o menos representativo) y legitimación ex post (en función de la eficacia percibida del régimen para satisfacer las demandas sociales).
Dicho de otra manera, hay que distinguir entre los procesos de cambio estríctamente políticos, donde las instituciones conservadoras no están en cuestión y los procesos de cambio a una nueva estrutura social. Este proceso histórico de extensión de derechos políticos corrió en paralelo al desarrollo capitalista hasta el período de entreguerras, una formados los regímenes liberales excluyentes de la participación política.
Siguiendo a Lipest, éste subraya que postergar el acceso de los nuevos grupos al sistema político favorece ideologías más extremistas, pero además, su exclusión puede fomentar un exceso de expectativas, que pueden provocar después un desencanto con la participación democrática, que se puede incrementar con un rechazo hacia las instituciones políticas.
Este desencanto afecta, lógicamente, a la percepción de la eficacia de las instituciones democráticas, por parte de los actores sociales, que en un contexto de rápido cambio social, viene acompañado de nuevas necesidades. Es lo que Deutsch describe como movilización social. Los procesos de industrialización y urbanización supusieron un cambio drástico de un tipo de vida más tradicional, local, comunitaria y familiar a un tipo de vida más impersonal, sin referentes simbólicos, con nueva información y con nuevas necesidades laborales, médicas o educativas que recaen en el sistema político, cuya legitimidad tradicional se ve afectada por la eficacia de su respuesta a las demandas ciudadanas. Esta circunstancia que se dio en la Inglaterra de la Revolución industrial, sería imposible en las sociedades de industrialización tardía, donde se pasa de una sociedad tradicional a una sociedad industrial sin una fase liberal, debido al efecto demostración, es decir, gracias a los medios de comunicación y la experiencia de otros países, los gobiernos asumen la responsabilidad de dar respuesta a las nuevas necesidades sociales.
En cualquier caso tanto Deutsch como Lipset coinciden; cuanto más tardía sea la ampliación del sistema político, mayores serán las expectativas y mayor la tentación de radicalismo, afectando a la legitimidad del gobierno, según su eficacia en la gestión y resolución de conflictos. Aunque en situaciones de baja eficacia, la legitimidad puede no verse afectada, cuando se entienda que otras formas de gobierno no son mejores o haya una fuerte adhesión a los valores e instituciones democráticas. Por tanto, el problema de la legitimidad se relaciona más con la tardía inclusión de los nuevos grupos sociales y con las desmesuradas expectativas sobre los resultados inmediatos del gobierno democrático.
Este razonamiento podría despertar un cierto pesimismo sobre la viabilidad de la democracia en países de industrialización tardía. Sin embargo, la historia reciente demuestra que los actores sociales pueden limitar sus demandas ante experiencias negativas en el plano económico o político (dictaduras) para permitir la consolidación democrática o económica.
En cualquier caso hay que distinguir entre el proceso histórico de ascenso de la democracia (hasta 1945) y los problemas de consolidación de las democracias en el mundo contemporáneo, especialmente después de la II Guerra Mundial y los años 70, en parte por la influencia de los Estados de bienestar y por la quiebra del modelo soviético en 1989.
En lo que se refiere al ascenso de la democracia, Barrington Moore (1976) entiende que sólo la revolución burguesa permite compatible el desarrollo capitalista y democratización, consiguiendo la clase burguesa romper con la hegemonía de la clase terrateniente del antiguo Régimen. Cita los casos de Inglaterra y EE.UU. en un lado, y en el lado opuesto, los ejemplos de Prusia o Japón, dónde se da una modernización desde arriba con formas coercitivas de control de la mano de obra campesina (la particularidad rusa estriba en que el campesinado sí tuvo capacidad de movilización).
La obra de Moore se ha criticado atendiendo a supeditación de la hegemonía de la clase terrateniente sobre la burguesía (Mayer o Anderson), si entendemos que el antiguo régimen de hegemonía agraria se extiende hasta la I Guerra Mundial. Otro punto de crítica es la ausencia del papel de la clase trabajadora industrial.
Otro punto flaco de su obra es la ausencia del papel de la clase trabajadora industrial (Marx), que a partir de 1870, con la crisis mundial del capitalismo, sale reforzada como actor social decisivo, por más que en sus orígenes, careciera de redes organizativas y recursos colectivos que facilitaran su movilización (Tilly). A diferencia de Moore, Rueschemeyer, Stephens y Stephens (1992) sí consideran al movimiento obrero (junto con el apoyo de artesanos, comerciantes, granjeros, etc.) como fuerza impulsora del proceso democratizador, incluso más que la burguesía, que si bien eran favorables al Estado Liberal de Derecho, sus relaciones con la democracia fueron ambiguas.
3 de 5 Sociología política. Tema 3 Estos autores también defienden el papel del Estado como institución independiente frente a las clases dominantes. Siguiendo a Hintze, la configuración del Estado es fruto de conflictos internos (de clase), como de conflictos interestatales.
Luebbert (1991) también otorga un papel central al movimiento obrero en la formación de las democracias de masas en la Europa de entreguerras, que aliándose con la burguesía contra los intereses de los conservadores terratenientes, construían una democracia liberal, o que, cuando la burguesía era débil (por razones religiosas o de otra índole), propiciaba el auge fascista si se aliaba con los terratenientes, o regímenes socialdemócratas si se aliaba con el campesinado.
Estos enfoques, en particular, el de Luebbert, presenta un esquema estructuralista, donde sólo cuentan las estructuras sociales y políticas, y donde los dirigentes toman decisiones de forma racional en un marco de oportunidades definidos a priori (la socialdemocracia utilizó un argumento parecido para explicar la inevitabilidad de su opción política).
Dos críticas caben en este argumento estructuralista: por un lado, y desde un enfoque teórico, que los dirigentes sólo busquen, de forma racional, maximizar su base de poder y su control sobres las mismas organizaciones, son dos objetivos que entran en conflicto, y por otro lado, desde un punto de vista empírico, los regímenes políticos no sólo necesitan explicación de las relaciones de clase, sino también de la historia de sus instituciones políticas, así como de las estrategias e ideas de los dirigentes políticos. El estudio de Collier y Collier sobre el movimiento obrero en los países de América Latina, o el estudio de Weir y Skocpol sobre la aparición o no de las políticas keynesianas en los países desarrollados van en este sentido.
4. Democracia, crecimiento y crisis.
La sociología funcionalista (años 50) desarrolló un análisis de la democracia como consecuencia del desarrollo económico, con un fuerte carácter determinista o universal, por el que todas las sociedades tradicionales tendrían que pasar para convertirse en sociedades modernas.
El trabajo de Lipset en 1959 demostraba una correlación estadística entre desarrollo económico y democracia en base a cuatro indicadores: riqueza (que a su vez incluía varias variables), industrialización, educación y urbanización. Críticas positivas o negativas (instrumental estadístico, por ejemplo) al margen, analizando países europeos y anglófonos por un lado y latinoamericanos por otro, y estableciendo dos categorías en las que había democracias estables, democracias inestables, dictaduras inestables y dictaduras, demostró que la correlación era cierta a grandes rasgos, si bien debía matizarse introduciendo otros factores.
Lipset (el hombre político) supone que un nivel educativo satisfactorio favorece el desarrollo de valores de tolerancia y diálogo que requiere una cultura política democrática. A nivel económico, el crecimiento conlleva una mejor distribución del ingreso, mejorando los niveles de las clases bajas y creciendo las clases medias, lo que conlleva una bajada en la credibilidad de las ideologías más extremistas y un mayor apoyo a los partidos moderados y democráticos. Por el contrario, en los países más pobres, hay una peor redistribución económica y la conducta política se vuelve despótica hacia las clases más pobres, que quedan fuera de la arena política.
No obstante, hay otra tradición que defiende que la democracia es incompatible con el crecimiento económico. La idea es sencilla; el crecimiento económico y la industrialización en particular requieren de altos niveles de inversión, que en los países de bajo nivel de desarrollo exige limitar el consumo social y mantener los niveles salariales y de redistribución bajos. Además de todo esto, la modernización económica provocaría una movilización social, nuevas demandas y un estallido de expectativas que difícilmente podría afrontar un Estado democrático. Por lo tanto, la inestabilidad política y la tendencia al consumo inmediato, impedirían a un país de industrialización tardía crecer económicamente de forma sostenida en condiciones democráticas, que sólo los países europeos y anglosajones habían podido conseguir gracias a que su desarrollo fue lento, descentralizado, y donde las inversiones eran viables en empresas pequeñas.
Incluso la variable de esta perspectiva, denominada teoría del autoritarismo burocrático (O´Donnell, 1972) aplicada y analizada en América latina por Naciones unidas, llevaba a una conclusión pesimista en la posibilidad de mantener la democracia, en el paso de sustituir las importaciones de manufacturas de consumo, a las de bienes de capital (por un posible endeudamiento por la caída de las exportaciones), defendiendo por tanto, un Estado autoritario y represivo, cuya política económica esté en manos de una burocracia industrializadora racional.
La teoría del autoritarismo democrático (y su explicación estructuralista) quedó en entredicho ante la crisis de la deuda de 1982, que terminó con una redemocratización de casi toda América latina.
4 de 5 Sociología política. Tema 3 Si bien es cierto en los años 80, el modelo de autoritarismo fue retomado en los países asiáticos, donde los Estados adoptaron una fuerte autonomía que potenciaba el control del consumo inmediato y que posibilitaba fuertes tasas de ahorro e inversión, Remmer (1990) demostró que en América latina, las viejas democracias habían obtenido mejores resultados en términos de crecimiento, control del déficit y reducción del peso de la deuda, que los regímenes autoritarios.
Esto se explica desde el punto de vista de que la mayor parte de los regímenes autoritarios no eran burocracias industrializadoras racionales, si no que más bien tendían a ser regímenes devoradores o bien burocracias clientelares corruptas, que buscaban una acumulación patrimonial o enriquecimiento de los gobernantes. Pero incluso en una burocracia racional y honesta, un régimen autoritario tendría una fuerte limitación en cuanto a la confianza extranjera para invertir, al no poder garantizar una estabilidad plena en el país, problema que un gobierno democrático no tiene de forma tan visible, además de presentar mayor autonomía frente a las presiones de grupos de interés y un cierto respaldo frente a situaciones económicas graves. Incluso en momentos de crecimiento, los gobiernos democráticos presentan mejores garantías a la hora de combatir cierto populismo a corto plazo, para ganar credibilidad a medio plazo en épocas de elecciones.
Por tanto, un alto nivel de desarrollo económico no es una condición previa para la aparición de gobiernos democráticos, ni hay tampoco fundamento sólido para la idea de los regímenes autoritarios son los más aptos para hacer crecer la economía. No parece fácil por tanto, encontrar una variable política única que explique el crecimiento o la mayor igualdad social. Es necesario analizar estrategias disponibles para los actores sociales y políticos, así como la estructura de oportunidades de los gobiernos, para dar cuenta de los resultados económicos o sociales. Aunque hay razones para pensar, que las democracias establecidas crean mejores condiciones de igualdad y para un crecimiento económico estable. Además, 5 de 5 Sociología política. Tema 4 Sociología Política TEMA 4: El concepto de cleavage en las ciencias sociales.
Cleavage se refiere, en términos generales, a líneas de fractura o división social que tienen una repercusión en la vida política. Estas líneas de división social están en la base de los principales conflictos que caracterizan una sociedad (sea el conflicto centro-periferia, campo-ciudad o empresariostrabajadores), los cuales suelen tener un reflejo más o menos directo en la esfera política.
La relevancia política de estas fracturas sociales, se traduce dentro de las sociedades democráticas, en divisiones dentro del sistema político, más concretamente dentro del sistema de partidos, y en pautas consolidadas de comportamiento político por parte de los ciudadanos, que tienden a apoyar a uno u otro grupo en función de su posición respecto al cleavage en cuestión.
Aunque es un concepto con una larga trayectoria en el ámbito de los estudios sociopolíticos, la mayor parte de sus definiciones son imprecisas, poco operativas o mezclan fenómenos de distinta naturaleza entre sí.
Entre las definiciones imprecisas los cleavage son definidos como grupos o líneas de división de cualquier comunidad o sociedad, suficientemente fuertes como para estructurar o dirigir el conflicto político o separar en varias comunidades creando grupos religiosos, de opinión o grupo de votantes. Por otra parte, la mayoría de las clasificaciones mezclan fenómenos distintos (Eckstein, mete en el mismo saco los cleavage de segmentación –raza, edad, género, religión o lengua- con los desacuerdos políticos y las diferencias culturales), o bien separan aspectos que se complementan y van unidos en realidad, como los aspectos ideológicos o culturales.
1.
Hacia una definición operativa de cleavage.
El cleavage es un concepto: • • • • • De naturaleza sociopolítica: afecta a grupos o colectividades que, compartiendo los mismos o similares rasgos socioeconómicos, religiosos o étnicos, expresan su comportamiento político de manera coincidente.
Estructural: estable en el tiempo. Las estructuras sociales no cambian de la noche a la mañana, ni tampoco las organizaciones políticas que se derivan de ellas.
Ligado a la Historia: ya que determinados cleavages pueden identificarse a las primeras etapas de construcción del Estado-Nación y la Revolución industrial.
Tiende a crear fragmentación social: ya que divide a un país en comunidades excluyentes.
Es manifiesto y no latente: ya que se convierte en guía de una orientación política consciente y deliberativa, siendo el primer paso en la organización de la acción colectiva.
Esto se relaciona con la existencia de partidos estructurales, que movilizan a sus electores para que se identifiquen con el cleavages defendido.
El concepto es pues: Rasgo social que posee el individuo y que, vinculado orgánicamente con su grupo social natural de referencia, y con los partidos políticos de su identidad, condiciona su comportamiento político global, y le opone a los individuos, grupos, y partidos, cuyas actuaciones políticas se sustentan en rasgos distintivos.
Esto coincide con la descripción del comportamiento político bajo la democracia de partidos (Manin).
• Posición económica o señas de identidad (religión, lengua, origen, territorio).
• Metáfora organicista; cómo el individuo es parte de un todo, sin el cual no funciona. Sus preferencias políticas son impuestas desde fuera, por el partido.
• En la democracia de partidos existe una tendencia hacia la totalización, la política se extiende a todas las esferas de la vida social.
• La oposición entre individuos o grupos, responde a esos cleavages que se refuerzan entre sí, y que impide que el individuo pueda cuestionarse su comportamiento político. Aquí importa el mensaje político.
1 de 6 Sociología política. Tema 4 Susana Aguilar y Elisa Chulia se basan en las ideas de Bartolini y Mair de cleavages, que señalan tres aspectos del cleavages estructural.
• • • Tipo empírico. Definido en términos socioestructurales.
Tipo normativo. Conjunto de valores y creencias que proporcionan identidad y genera autoconciencia del grupo social.
Tipo organizativo. Las interacciones individuales, instituciones y organizaciones (partidos políticos) que se desarrollan como parte del cleavages.
2. El cleavage estructural en la democracia de partidos.
El cleavage estructural está relacionado con la estabilidad electoral, la cual se relaciona con la fuerza del sistema de los cleavages. Esto ocurre porque los partidos se entienden más como entornos estables de identidad de grupo, que como unidades que compiten entre sí. No existe competición electoral ya que las preferencias de voto ya están definidas de antemano.
Este tipo de cleavages tiene un efecto polarizador sobre la vida política, así las sociedades segmentadas en comunidades políticas se caracterizan por el predominio de cleavages estructurales que por acumulación y solapamiento se refuerzan.
En sociedades no segmentadas en las que los partidos no buscan totalizar y aspiran a representar sectores heterogéneos del electorado, se encontrarían cleavages parciales que, al cruzarse con las distintas fracturas, debilitan las pasiones políticas.
Los cleavages estructurales son propios de las democracias de partidos (Manin) o, como dicen Lipset y Rokkan, a las etapas de construcción del Estado-nación y la Revolución Industrial.
Los cleavages parciales responden a las democracias de audiencia.
Los cleavages estructurales no son deterministas sino que siempre existe cierta predisposición a entrecruzar los cleavages existentes, sobre todo con la extensión de los derechos de participación. Se busca ampliar su base de apoyo más allá de sus clientelas naturales. Aunque el cleavages estructural se suele simplificar, no puede negarse que su utilidad a la hora de describir y analizar determinadas situaciones de alta conflictividad política y polarización ideológica.
a) El enfoque de los cleavages de Lipset y Rokkan.
Intentan explicar cómo los cleavages sociales se traducen en sistemas de alianzas políticas y de partidos, entendiendo que esto no es no automático y que existen factores organizativos y de estrategia electoral que influyen. Identifican cuatro cleavages fundamentales en la historia.
1.
2.
3.
4.
El cleavages territorial: entre lo nacional y lo local.
El cleavages local: Estado-nación contra la iglesia católica.
El cleavages de aristocracia rural y burguesía comercial e industrial.
El cleavages entre empresarios y trabajadores. Conflicto en el mercado de trabajo.
Las encrucijadas históricas que explican la aparición de cleavages son la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, al tiempo que indican la influencia de la Reforma y la Revolución Bolchevique (1917), que no creo nuevos cleavages pero acentuó la división dentro de la clase trabajadora.
En la reforma, en Estado-nación no estaba terminado, y la lucha por controlar las organizaciones eclesiásticas que están dentro de su territorio produce dos situaciones: • • Si la iglesia es luterana (Reforma), la iglesia se alía con el estado nación, convirtiéndose en iglesia nacional.
Si la iglesia es católica (Contrarreforma), ésta, solo obedece al papado, obstaculizando los esfuerzos nacionalizadores del Estado y centrará sus esfuerzos en el control de la educación.
Este enfoque arranca del largo proceso de formación del Estado-nación dividido en tres fases: • • • Centralización y estandarización del emergente poder político central, que provoca resistencias territoriales y problemas de identidad.
Se forman alianzas entre las diversas comunidades locales.
Las alianzas acceden al poder político.
2 de 6 Sociología política. Tema 4 Durante este proceso los cleavages son de tipo territorial: oposición centro-periferia, ciudad (burguesía industrial)-campo (aristocracia rural), adoptando también formas culturales: méritos, hazañas bélicas, católicos-protestantes, lengua vernácula minoritaria-lengua nacional.
Los cleavages funcionales (clase social), que predomina tras la Revolución Industrial sustituyen a los cleavages territoriales. Con el tiempo, la Revolución Industrial termina simplificando los sistemas de cleavages, provocando que los electores elijan su bando político según sus intereses económicos y configurando los sistemas de partidos. Las alianzas entre los actores políticos sirven para predecir la presencia de determinados partidos en contextos sociales caracterizados por determinados cleavages.
Con la segunda fase de la Revolución Industrial vemos la oposición entre trabajadores y empresarios, y observamos una pauta: • • Se aceptan los nuevos movimientos de trabajadores: atemperando el conflicto de clase y la adopción de estrategias reformistas por los partidos socialistas.
Exclusión de lo político: generando conflictividad social y radicalización del movimiento obrero.
El cleavage funcional o de clase (empresarios-trabajadores) caracteriza la política europea hasta el período de entreguerras. Tras la II Guerra Mundial se asiste a una suavización de los conflictos y reducción de las tensiones ideológicas y de movilización política, explicada por: • • • • La experiencia de la cooperación internacional.
La mejora del nivel de vida.
El crecimiento de la clase media.
El enraizamiento de los partidos de la clase trabajadora.
3. ¿Qué queda del enfoque de los cleavages en la democracia de audiencia? El estudio de Lipset y Rokkan dura hasta 1920, y mediante hipótesis de congelamiento de los alineamientos partidistas, se extiende hasta los años 60.
Esto se confirmó con estudios que describían a las personas como votantes estables debido a sus lealtades partidistas derivadas del proceso de socialización en la familia, el trabajo o la comunidad. Ello provocaba que la identificación con el partido conformara las actitudes hacia los temas y problemas políticos de actualidad (issues), los candidatos y las imágenes de las formaciones políticas.
La sociología electoral de los 40 usaba el modelo de la Escuela de Columbia (Lazarsfeld). El elector leal y estable se explicaba según un esquema sociológico del voto que relacionaba el status socioeconómico (educación, ingresos y clase), la religión y el lugar de residencia con la elección del partido. Se trata de variables sociales.
La Escuela de Michigan de los años 50 se centraba en variables de tipo político, tales como el vínculo del individuo con el partido, la orientación personal hacia los issues y la percepción acerca de los candidatos. La identificación con el partido era el elemento y la clave en la explicación y estabilidad del voto, al tiempo, esta identificación influía en las actitudes hacia los issues y los candidatos. Los factores sociales no eran olvidados y se describían en el embudo de causalidad: • • • • Al comienzo del embudo están las características sociológicas (raza, religión, etnia, región) de status social (educación, ocupación y clase) y familiares (militancia política y clase) todas las cuales condicionan la identificación con el partido.
La identificación partidista (segunda etapa) influye en la evaluación de los issues y candidatos.
Los elementos exógenos (tercera etapa) que son las campañas y debates electorales, conversación con la familia y amigos.
Todo esto desemboca en el voto.
3 de 6 Sociología política. Tema 4 Para explicar los comicios donde la estabilidad en el comportamiento electoral no se producía, introdujeron un elemento dinámico para clasificar las elecciones en tres tipos: • Las elecciones estables.
• Las elecciones de desalineamiento. La identificación se debilita por situaciones nuevas, haciendo más fluido el voto. Se suele producir una baja participación.
o o • Desalineamiento de tipo desviado. Se produce un cambio súbito en los votos a los partidos en una elección concreta (voto de castigo) que no se mantiene en sucesivos comicios.
Desalineamiento de tipo secular. Se da un debilitamiento a largo plazo, progresivo y acumulativo del vínculo entre el partido y el votante, como consecuencia de fenómenos políticos a corto plazo (personalidad de los candidatos, los programas y las campañas electorales, la evaluación de la políticas emprendidas).
Las elecciones de alineamientos. Segmentos importantes del electorado cambian sus lealtades partidistas y su voto, lo que puede provocar un nuevo sistema de partidos. Se suele producir una alta participación.
o o Realineamiento de tipo secular. Produce un cambio gradual en el electorado a lo largo de sucesivas elecciones, creándose nuevos vínculos entre votantes y partidos, y decayendo las antiguas formaciones partidistas. Se ve favorecido a través de procesos sociodemográficos, donde las nuevas generaciones demandas nuevas prioridades.
Realineamiento de tipo crítico. Comicios excepcionales que producen un realineamiento abrupto, significativo y duradero en el electorado, y con consecuencias importantes para el partido a largo plazo. Muestras tres aspectos: Realineamiento de base ideológica.
Realineamiento de base social.
Realineamiento en las lealtades partidistas de los votantes.
Desde los años 70, el panorama político se transforma y las elecciones de tipo desalineamiento son más frecuentes, hecho que coincide con las democracias de audiencias.
4. Inestabilidad electoral y cambios en el sistema de partidos.
Desde los años 70, el comportamiento electoral es menos predecible. Los estudios sociopolíticos se centran en estudiar el declive de los cleavages como un factor explicativo del voto.
Mark Franklin observa una reducción de la estructura social sobre el voto entre el final de los años 60 y 70, la influencia de los cleavages estructurales había bajado.
En cuanto al sistema de partidos, se refuta el congelamiento de los mismos de Lipset y Rokkan. Se observa un cambio político de largo alcance que se relaciona con el descenso de la lealtad y la identificación partidista y la pérdida de importancia de los cleavages.
4 de 6 Sociología política. Tema 4 Para explicar la sustitución del votante leal y estable por el votante volátil y la consiguiente transformación del sistema de partidos se exponen dos visiones: • La sociología a largo plazo. La estructura de clases es más compleja en las sociedades postindustriales. El aumento de la movilidad social ha contribuido a una mayor diferenciación y fragmentación social. Los cleavages de clase han sido sustituidos por nuevos cleavages étnicos, regionales, de género, etc. Se trata de un análisis de abajo-arriba.
Los nuevos grupos sociales tienen demandas difícilmente compatibles con los partidos tradicionales.
o o o • El envejecimiento de la población, la caída de la natalidad, el aumento de la inmigración genera nuevas demandas de un electorado diferente.
La planificación familiar, la secularización y la feminización del mercado laboral ha dado un nuevo papel a la mujer.
La extensión del bienestar material, la expansión de la educación o la visibilidad de los mass media generan nuevos valores electorales más jóvenes.
La política de corto plazo. Incide en la capacidad de los partidos y sus líderes para orientar estratégicamente los programas políticos y las campañas electorales, presentar una imagen favorable de sus candidatos y de las formaciones que los apoyan, e introducir así nuevos elementos en la dinámica electoral y política, que condicione el comportamiento electoral.
La causalidad es de arriba-abajo. El votante elige el partido según: o o o o o Los issues.
La evaluación de las actuaciones.
Las condiciones políticas y económicas.
Las propuestas ofrecidas por los candidatos.
Siguen una lógica electoral retrospectiva (de recompensa o castigo según la actuación del partido).
Según Anthony Downs, el voto se relaciona con un juicio instrumental. Los partidos buscan al electorado mediano (mayor concentración de electores) en el continum ideológico. Esto se relaciona con la idea de Kircheimer y el modelo atrápalo-todo. Los mensajes y programas se dirigen a ese público.
La explicación política constata que los partidos han dejado de ser organizaciones de masas que capturaban a sus votantes para siempre. Además, los votantes han debilitado su sentido de adhesión, cambiando con mayor facilidad la orientación del voto.
La explicación política de corto alcance suele ser más exacta, aunque no deben considerarse como excluyentes. Algunos autores establecen que ambas se relacionan y condicionan.
5. ¿Se han exagerado los cambios en el sistema de partidos y en el electorado? Apoyando la idea de la estabilidad electoral vinculada a la pervivencia de los cleavages, Bartolini y Mair, suponen tres ideas que abalan la estabilidad: • • • La hipótesis del congelamiento.
La necesidad de analizar los diferentes determinantes de la inestabilidad electoral.
La consideración de que los partidos no son agentes individuales, sino como bloques que pueden ser, o bien aliados, o bien opositores de cleavages. Así se gana en cuanto al sentido real del alcance del cambio político.
Los autores establecen que la movilidad electoral se ha reducido debido a los lazos socioorganizativos que unen a los votantes a identidades políticas duraderas que se han reforzado.
Hoy en día existen estudios que muestran cómo los cleavages estructurales pierden fuerza. Lipset y Rokkan vislumbraron la posibilidad de transformación, tanto en el sistema de partidos, como en la estructura de cleavages, pero exageraron las dificultades a la hora de la creación de nuevas organizaciones partidistas.
5 de 6 Sociología política. Tema 4 6. El surgimiento de los cleavages no de clase y la aparición de nuevos cleavages de opinión.
En los años 70 se deshace la sintonía de cleavages entre estructuras sociales y sistemas políticos. El conflicto de clase que Lipset y Rokkan colocaba en el centro de la contienda política se desborda por: • • El resurgimiento de viejos cleavages en Europa. De tipo religioso, lingüístico y étnico. Esto contradicen a los autores, que desdeñando el enfoque de estos dos autores, argumentan que los cleavages de hoy, ya no consiguen movilizar al electorado.
La aparición de nuevos cleavages vinculados a la defensa de los valores de solidaridad interregional, pacifismo, igualdad de género y protección del medio ambiente. Esto implica un nuevo sistema de valores por parte de los jóvenes, que ya no pueden ser explicados por las anteriores explicaciones del ciclo vital, el cual estaba vinculado a la edad. Tanto la reaparición de cleavages estructurales que considerábamos superados, como la aparición de otros nuevos, no anclados a la estructura social (cleavages de opinión), provocan una erosión del votante leal o un mayor predominio del volátil.
7. Finalmente ¿Qué queda de la explicación sociológica de la política? Aunque hoy en día, la mayoría de los estudios sociopolíticos no se reflejan explícitamente el enfoque de los cleavanges de Lipset y Rokkan, subyace en muchos de ellos, lo que se podría denominar la explicación sociológica de la política.
Por ejemplo, en el trabajo de Arend Lijphart, Terns of Democracy (1999), se combina el análisis de las estructuras sociales con el de las formas de gobierno, tanto en sociedades homogéneas como heterogéneas, con sus respectivos tipos de democracia, tanto mayoritaria como consensual para cada tipo de sociedades, termina reflejando que el sistema político tiene que adecuarse a la estructura social sobre la que opera y no a la inversa.
Parece que en otros muchos casos, puede haber una separación de la influencia de Lipset y Rokkan, la clave puede estar en buscar explicaciones de variables políticas en variables políticas, cuando en realidad, suele haber una inadecuación entre el diseño político y la realidad social sobre el cual, se asienta dicho sistema. Es decir, variables sociales, explicarían variables políticas.
6 de 6 Sociología política. Tema 5 Sociología Política TEMA 5: La construcción de los universos políticos de los ciudadanos.
Con independencia del poco interés que en las sociedades contemporáneas puedan mostrar los ciudadanos hacia la política y su participación en ella, a pesar de la importancia que se da a este asunto, desde muy diferentes ámbitos, especialmente los medios de comunicación, los individuos mantienen múltiples y variadas relaciones con la esfera de lo político (voto, militancia o ciudadano que recibe disposiciones administrativas, etc.).
En cualquier caso, la acción política se sustenta en una serie de creencias, normas, valores, y percepciones que los individuos tienen acerca de la política. La adquisición de estas matrices básicas con la que los individuos se enfrentan al mundo de la política tiene lugar mediante el proceso de socialización (adquisición de una determinada cultura social y política), pero ésta no ha de entenderse como un proceso puramente determinista, pues también depende de otras variables como la experiencia personal y la propia personalidad de los individuos. Además hay que tener en cuenta que estos fenómenos: • • • • Están profundamente interrelacionados entre sí.
Son procesos dinámicos.
Son de naturaleza colectiva.
Se asientan en un contexto socio-político.
El estudio de este capítulo está confinado dentro de las contemporáneas sociedades industriales avanzadas con sistemas políticos democráticos. Y esto es así por el interés que suscita la concepción moderna del ciudadano, que, siguiendo a Marshall (1992), el individuo, en cuanto a ciudadano, es la unidad componente de la democracia (igualdad de derechos), por más que la actualidad refleje un alejamiento de los ciudadanos con la participación política, alejándose de una visión idealista.
1.
La inserción en el ámbito de lo político.
El proceso de socialización es un fenómeno clave tanta para la sociedad como para el individuo, de manera que éste se integre en la sociedad, la cual transmite de una generación a otra una serie de patrones culturales, al tiempo que desarrolla su propia personalidad, mediante la adquisición de creencias, valores y símbolos, que son estructurados. Ambos procesos son igual de importantes y hay que evitar caer una concepción «supersocializada» o en una concepción «psicologista», primando más una que otra o viceversa.
En cuanto a la socialización política, algunos autores han señalado que esta socialización se produciría en un segundo momento, después de que el niño haya experimentado una primera socialización o socialización de base. Si bien, este punto de vista presenta evidentes insuficiencias: • • • Son fenómenos difícilmente distinguibles desde un punto de vista teórico y práctico.
Lo político no constituye un orden de fenómenos que aparece de pronto en un momento determinado, sino que siempre está presente en la vida del individuo.
En muchos casos, el aprendizaje político no se lleva a cabo de forma explícita y deliberada.
Por tanto, la socialización política abarcaría pues, aquella dimensión del proceso de socializador que tiene que ver de una manera más explícita y concreta con las cuestiones que conforman el ámbito de lo político.
Herbert Hyman está considerado como el primero que tuvo el honor de trabajar en el campo de la socialización política, con Political Socialization (1959). En su trabajo intentó averiguar cómo contribuye la socialización política al mantenimiento del orden social y a la persistencia del sistema político. Investigó la relación existente entre el aprendizaje político durante la infancia y la adolescencia y el comportamiento político adulto, en relación al comportamiento electoral y la estabilidad del sistema político general.
El trabajo de D. Easton y R. Dennis (1969), aun teniendo una pretensión de «teoría política» general, atendió al estudio de la formación y desarrollo en los niños de vínculos de identificación con el sistema político, sus estructuras, instituciones, normas de funcionamiento, etc.
1 de 9 Sociología política. Tema 5 Según estos autores, la socialización política progresa de acuerdo a un esquema evolutivo sustentando sobre cuatro grandes principios.
• • • • Politización. El niño toma muy pronto conciencia de la existencia del sistema político, especialmente a través de las figuras de autoridad, personal y simbólicamente.
Personalización. Percibe el sistema simbolizado en estas figuras de autoridad.
Idealización. Estos personajes son vistos de manera positiva y benevolente.
Institucionalización. Conforme el niño madura, va sustituyendo la idealización por la comprensión de las distintas instituciones que componen el sistema.
Con independencia de las múltiples críticas sobre estos dos estudios (Percheron, 1985), en ambos casos, el proceso de socialización se entiende como un instrumento o mecanismo que utiliza la sociedad para mantener la estabilidad del sistema político. La socialización política se concibe únicamente desde la perspectiva del sistema político, y los individuos parecen ser meros receptores de la acción moldeadora de la sociedad. Además: • • • En cuanto a los contenidos, se da una visión normalizadora del proceso de socialización, como ajuste a unos patrones hegemónicos.
Desde el punto de vista de las etapas, la atención se concentra casi exclusivamente en la socialización infantil (D. Searing, principio de primacía y principio de estructuración).
En cuanto a los agentes, se da especial relevancia a los que ejercen mayor influencia; los padres y la escuela.
Una aproximación diferente, pero más realista, tiene no sólo la actividad reproductora de la sociedad y su capacidad de moldeamiento al sujeto, sino que también atiende al proceso de formación y desarrollo de la identidad social y política que se da en el propio individuo. Como ha mostrado Piaget, en el desarrollo del individuo cabe distinguir dos mecanismos: • • La acomodación (adaptación del niño a las exigencias del entorno).
La asimilación (el niño trata de modificar su entorno conforme a sus deseos y necesidades).
Por otro lado, Annick Percheron, hizo una aproximación de la socialización en general, y en concreto de la socialización política. Percheron entiende la socialización como un proceso de inserción social del individuo al grupo, y no como una mera integración individual en la sociedad, y la socialización política como el proceso de construcción de unas de las dimensiones principales de su identidad social. Así, desde el primer momento, el niño se socializa en un medio social (familia, entornos cultural y sociedad determinada) y en un medio con un sistema político dado, que posee una lógica social, cultural, económica y política.
A partir de aquí podemos establecer los principales rasgos que comprenden de forma integral la socialización política: 1.
2.
3.
4.
5.
La socialización política es siempre un proceso dinámico que tiene lugar a lo largo de toda la vida del individuo, no sólo en una etapa concreta, dándose procesos de re-socialización (más o menos fuertes) en nuevos valores y creencias políticas.
La socialización política debe concebirse en términos plurales, no de manera homogénea, ya que las sociedades actuales son complejas y presentan múltiples ámbitos de socialización, que pueden ser contradictorias entre sí.
El aprendizaje político es, en buena medida, informal y latente, y no sólo afecta al componente cognitivo, sino también a la dimensión afectiva y evaluativa.
La socialización política es sinónimo de aprendizaje, y no sólo como una mera acumulación de conocimientos, sino también, como un proceso que permite al individuo su carácter crítico y electivo.
Cualquier fenómeno de socialización política depende en gran medida del contexto donde tenga lugar, concretamente en el sistema sociocultural donde se encuentre.
2 de 9 Sociología política. Tema 5 2. Los procesos de socialización política: elementos y características.
a. Los contenidos de la socialización política.
Aunque la sociología política se circunscribe dentro de la socialización general, ésta tiene ciertas singularidades debido a su peculiar naturaleza: • La identificación con el sistema político.
Algunos trabajos realizados en Norteamérica en los años 50 y 60, tuvieron sesgos socioculturales, tras dar importancia a la persistencia del sistema político y atender especialmente el proceso en los niños. La identificación con el sistema político guarda relación con múltiples factores que guardan relación con el tipo de cultura política predominante, las características del régimen, su historia y las tradiciones culturales. Por otro lado, y en cualquier caso, un rasgo común sería importancia con la identificación con los niveles más genéricos del sistema político-nacional, con sus símbolos más visibles como el himno o la bandera, aunque progresivamente los niños irán adquiriendo creencias y conocimientos básicos sobre normas, instituciones y las reglas del juego del sistema político donde vive.
• Las preferencias político ideológicas.
El ciudadano no sólo se identifica con los aspectos más genéricos y simbólicos del sistema político, sino que también, sino que también desarrolla una serie de preferencias políticas y adquiere una serie de valores. Estudios realizados en EE.UU. en los años 50 y 60 demostraban que este proceso era importante para favorecer la estabilidad del sistema, además de ayudar a generar opiniones, comportamientos e implicar a los ciudadanos en la política. Se destacan tres aspectos fundamentales: o o o Esta actitud se adquiere tempranamente y se transmite principalmente de padres a hijos.
Es estable a lo largo del tiempo.
Es un elemento principal en la organización de actitudes políticas e ideológicas.
Pero en un contraste internacional se ha demostrado que mientras en EE.UU. la identificación atiende más al sistema de partidos, en Francia tiene más una orientación ideológica (izquierda-derecha). Esto demuestra que en el proceso de formación de las preferencias políticas, no sólo es interesante atender a las identificaciones partidistas, sino también a las ideológicas, lo cual implica conocer, los universos culturales, los valores y normas sociales de los individuos, los contextos familiares y comunitarios, etc.
• Las percepciones sobre la actividad política.
La socialización política, ayuda a desarrollar la dimensión política, sobre las que se asientan los saberes y conocimientos relativos a las reglas de funcionamiento del sistema.
Estos saberes tienen un carácter principalmente cognitivo, pero al mismo tiempo, el individuo también adquiere una serie de conocimientos informales y difusos a través de la experiencia. Y el conjunto de estas dos experiencias aporta al individuo una forma de percibir los fenómenos políticos y reaccionar ante ellos.
b. Etapas y ritmos.
Con independencia de poder dividir la socialización en dos etapas, una primaria durante la niñez, y una posterior o secundaria durante la etapa adulta, es apropiado entender la socialización política como un proceso que se desarrolla a lo largo de la vida del individuo, amén de procesos continuos o discontinuos que se den entre ellas.
Durante la niñez y la adolescencia, el aprendizaje político se centra en la adquisición de grandes orientaciones, la cuales suelen ser en su mayoría de carácter afectivo, a partir del cual se desarrolla todo el universo político posterior de los individuos. A pesar de las múltiples instancias de socialización, en edades tempranas la familia y la escuela son las más trascendentes.
En cambio, durante la vida adulta, la socialización política se desarrolla de acuerdo con procesos bastante más complejos y variados.
3 de 9 Sociología política. Tema 5 El aprendizaje político tiene lugar, en una continua dialéctica entre pautas aprendidas durante los años de infancia y juventud y las nuevas demandas o necesidades. De acuerdo con D. Sears, hay cuatro formas diferentes de entender la forma en la que la continuidad y/o el cambio se producen a lo largo de la biografía de los sujetos: 1.
Modelo de la persistencia. Donde el aprendizaje temprano es el que influye decisivamente en la socialización, tiende a durar y la resistencia al cambio es mucho mayor.
2. Modelo del cambio continúo. Donde el individuo suele cambiar de posiciones a lo largo de su vida en virtud de las diferentes y nuevas experiencias e influencias del entorno que va teniendo.
3. Modelo del ciclo vital. Donde lo normal es la persistencia, si bien, algunas orientaciones pueden cambiar en determinas etapas, como en la juventud.
4. Modelo generacional. También se parte de una cierta persistencia, aunque algunos sucesos y experiencias políticas pueden marcar la socialización de ciertas cohortes.
La complejidad y variedad interna de estos procesos de socialización política impide decantarse por alguno en concreto. Es más adecuado atender, como señalan Jennings y Niemi (1981), a la influencia de ciertos sucesos y acontecimientos políticos, y en general a la cambiantes circunstancias del entorno, que pueden afectar en mayor o menor medida a que se produzca una continuidad o discontinuidad en la socialización política o en los individuos, o de una generación a otra.
c. Ámbitos, instancias y agentes.
Una parte importante del proceso de socialización se basa en la influencia directa que ejercen tanto los agentes (actores) como las agencias (instituciones) de socialización, aunque en nuestro caso, y siguiendo a Percheron (1985), hablamos de «ámbitos» de socialización, por cuanto los sujetos no se socializan tanto por la acción de una serie de personalidades individuales que influyen sobre ellos como por su ubicación en unos entornos determinados.
En la socialización política infantil, destacar el papel del ámbito familiar y educativo en determinadas etapas del ciclo vital, está fuera de toda duda. Si bien, no hay que olvidar la importancia de otras instancias y ámbitos de socialización donde el individuo también se socializa políticamente, como por ejemplo, los medios de comunicación audiovisual de masas.
1.
La familia. Aunque todos los agentes reconocen la importancia estratégica de esta agencia desde un punto de vista teórico, en cuanto a la influencia que ejercen los padres sobre sus hijos, que además, siguiendo el esquema de P. Beck (1977) cumplen tres precondiciones básicas: a. Alto grado de exposición.
b. Comunicación entre los agentes y los individuos en proceso de socialización.
c. Receptividad entre los agentes y los individuos en proceso de socialización.
No está tan claro las características de la dinámica socializadora, de hecho, se ha logrado establecer la existencia de una serie de condiciones que tienden a favorecer la transmisión familiar de las orientaciones políticas: a. El grado de visibilidad de las preferencias políticas paternas/maternas.
b. La politización y recursos del ámbito familiar.
c. La consistencia de las posiciones mantenidas por los padres (y también entre ellos) en diferentes campos sociopolíticos.
d. La homogeneidad cultural entre padre e hijos y del medio en el que vive la familia.
Por tanto la dinámica socializadora que tiene lugar en el ámbito familiar, aun siendo importante, no es determinante, y debe pensarse en términos muchos más amplios.
2. La escuela. Aunque, desde Durkheim, ha sido un ámbito de estudio importante para la sociología, no lo ha sido tanto desde el punto de vista de la sociología política. Esto es así, entre otras cuestiones, porque en las sociedades democráticas, la acción educativa excluye formal y aparentemente todos los aspectos relacionados con la política partidaria y los planteamientos ideológicos explícitos.
4 de 9 Sociología política. Tema 5 Si bien, de forma indirecta la escuela realiza su labor de socialización política a través de los diseños curriculares y los programas y contenidos de los libros de texto, que, sientan una base para determinadas entender visiones del mundo y adquirir cierta cultura política (Historia).
También es importante destacar la influencia de los profesores como agentes privilegiados de trasmisión de valores y como modelos de autoridad.
En cualquier caso, y con independencia del refuerzo o acción compensatoria en situaciones de desigualdad social (o mantenimiento de la misma), por parte de la escuela, el ámbito familiar tiene mayor trascendencia en los proceso de socialización política, mientras que la escuela aparece más bien como una fuente de socialización complementaria.
3. Otras agencias. Aparte de la familia y la escuela, existen otros ámbitos de socialización como el grupo de iguales, algunas asociaciones secundarias (religiosas, sindicales, políticas, etc.) o incluso los medios de comunicación de masas, que pueden, y de hecho ejercen una influencia significativa en la construcción de nuevos universos políticos, o procesos de resocialización.
Aunque hay que insistir una vez más en la influencia del entorno socio-político.
3. Las dimensiones culturales de la vida política.
Una aspecto importante del proceso de socialización es que esté introduce al sujeto en un universo cultural, que le hace partícipe de un conjunto de normas, valores, símbolos, etc. Aunque la ciencia social y la sociología política en particular, han tenido una atención preferente en los aspectos socioestructurales e institucionales en el estudio de la política en la sociedad, la experiencia histórica demuestra la importancia del los factores culturales.
De hecho, muchos pensadores, como Locke, Burke, Montesquieu o Tocqueville, advirtieron ya de la importancia de los rasgos culturales en estudio de los aspectos políticos de una sociedad dada. En este sentido, tampoco puede dejar de mencionarse a Max Weber, cuando insiste en el papel fundamental de los valores morales y religiosos en las estructuras económicas e instituciones políticas del capitalismo occidental.
En los años 50, el concepto de cultura política se movió entre el ámbito de la psicología conductista y el corpus de la investigación sociopolítica, sin embargo se dieron grandes dosis de impresión en el concepto (Lane, 1992). Por tanto, hay que tener en cuenta algunos aspectos: • • • • • Es preciso integrar en el concepto, una dimensión teórica y otra empírica.
Con cultura política nos referimos a valores y creencias de carácter fundamental o básico, predominantes en una comunidad o sistema político dado, que hay que diferenciar de las pautas de comportamiento político, que atienden más a factores institucionales o políticos.
La cultura política tiene un carácter estructural o una estructura de interrelaciones que vinculas las creencias en un todo más o menos coherente.
La cultura política es un fenómeno de naturaleza colectiva.
La cultura política desempeña una función individual (suministra al individuo el contexto de significaciones para dar sentido a su acción política), y una función sistemática (regulación y control del conflicto).
a) Cultura política y democracia.
En este apartado nos referimos al trabajo de Gabriel Almond y Sidney Verba; La cultura cívica.
Dejando al margen el contexto histórico donde estos autores centraron su investigación, años 70, ellos definieron la cultura política como un conjunto de orientaciones individuales hacia un conjunto especial de objetos y procesos, los objetos y procesos políticos. Las orientaciones, de carácter psicológico, se clasifican en tres categorías: cognitivas, afectivas y evaluativas (conocimientos, sentimientos y opiniones), mientras que los objetivos políticos se clasifican en el sistema político general, los objetos políticos (input), los objetos administrativos (output) y el propio sujeto como actor político.
5 de 9 Sociología política. Tema 5 De lo anterior, tres serían los tipos de cultura según estos autores.
1.
La cultura parroquial. Apenas existen orientaciones específicamente políticas en la población.
2. La cultura política de súbdito. Las orientaciones hacia el sistema político son altas, pero la recepción de las acciones del sistema es pasiva, por parte del individuo.
3. La cultura política participante. Hay una alta participación y orientación hacia el sistema, y el rol es también políticamente activo, si bien las evaluaciones pueden ser favorables o desfavorables.
De este marco se deducen dos puntos importantes: • • La distinción entre las pautas culturales y la estructura política posibilita la investigación sobre la evolución y estabilidad (nivel de congruencia) de los sistemas políticos, especialmente los democráticos, con la cultura política.
La importancia de las orientaciones individuales, hace del proceso de socialización política un elemento clave.
Los rasgos fundamentales de la cultura cívica, aplicados a priori, a partir de una visión idealizada de la evolución y funcionamiento de las democracias anglo-americanas, presentan un contraste entre la modernización y el tradicionalismo, con una cultura política pluralista con pautas de comunicación y persuasión, basadas en el conceso y la diversidad, que permite el cambio pero también lo modera.
En los estados democráticos, estos autores presentan al ciudadano como potencialmente activo, que sólo actuará si es necesario, ya que tiene fe en el sistema, dejando caer una concepción elitista del sistema.
Por otro lado, la concepción de la cultura cívica como paradigma de la cultura política democrática o la concepción teórica de la propia cultura política (y también los procedimientos técnico-metodológicos del estudio), han propuesto numerosas críticas y comentarios al respecto.
Destacar las grandes dosis de normativismo y etnocentrismo que presenta su formulación, desde la supremacía de la democracia anglosajona, y la relación de causa-efecto entre cultura cívica y democracia estable que se deriva de esto. Si bien el trabajo de estos autores no contempla tal posibilidad en el sentido de que una experiencia de democratización pueda ser el elemento clave para el surgimiento de una cultura política democrática, o que ciertas estructuras de desigualdad socioeconómica introduzca variaciones importantes en pautas culturales de determinados sectores sociales.
Por último, destacar el énfasis en la homogeneidad de normas y valores, olvidando todo aquello que suponga divergencia o diferenciación a nivel social -no individual- (Pateman, 1980), es decir, sin tener en cuenta que los individuos se relacionan con la esfera de lo político a nivel de grupos sociales estructuralmente desiguales entre sí.
En resumen, se extraen dos conclusiones principales. Por una parte, la necesidad de superar cualquier pretensión de una sola cultura política democrática, atendiendo a la influencia de las condiciones sociales, económicas o políticas, de cada momento o lugar. Por otro lado, la necesidad de analizar en detalle las interacciones recíprocas que en cada sociedad se da entre la dimensión institucional, socioestructural y cultural, para especificar la contribución de la cultura política sobre los universos políticos de los ciudadanos y su comportamiento político.
La cultura cívica cayó en cierto descrédito en los años 70, si bien en los años 80 tuvo un cierto renacer, dejando atrás los planteamientos clásicos, para lanzar una teoría culturalista de la política desde una perspectiva global, donde la cultura política se concibe como el contexto de significados en los que se desarrolla la vida política de las distintas sociedades, y como esos significados son construidos y expresados por los actores sociales (individuos, grupos e instituciones), y no, como en la visión clásica, como un conjunto de disposiciones psicológicas, resultado de una específica socialización política.
b) Factores culturales y cambio sociopolítico.
Uno de los puntos débiles de la concepción clásica de cultura política es su carácter estático. El énfasis en la dimensión de la estabilidad no ayuda a la hora de explicar el cambio político general, y en particular, las grandes transformaciones sociopolíticas de las sociedades industriales avanzadas en las últimas décadas.
Dentro del nuevo resurgir por analizar el papel de los elementos culturales en la explicación del cambio sociopolítico, encontramos el trabajo de Ronald Inglehart, y su «revolución silenciosa».
6 de 9 Sociología política. Tema 5 Para este autor hay una estrecha relación entre cambio socioeconómico, cambio cultural y cambio político. Según Inglehart, las sociedades industriales avanzadas vienen experimentando unas profundas transformaciones desde los años 50 y 60; desarrollo económico y tecnológico, los cambios en el mercado de trabajo y la estructura ocupacional, la expansión de la educación, la importancia de los medios de comunicación, o la falta de una experiencia bélica en las nuevas generaciones. Todo esto ha conllevado un cambio de valores que lleva a los individuos desde posiciones materialistas a otras de carácter postmaterialistas.
Dos son las hipótesis teóricas sobre las que se asientan sus planteamientos: • • La hipótesis de la escasez. Mayor importancia relativa a los elementos económicos escasos. (Pirámide de Maslow).
Hipótesis de la socialización. Los valores básicos que muestran los individuos, reflejan en gran medida las condiciones predominantes durante la socialización adolescente.
Por tanto, mientras que la hipótesis de la escasez implica que la prosperidad lleva a la difusión de valores postmaterialistas, la hipótesis de la socialización implica que ni los valores de un individuo, ni los valores de una sociedad en su conjunto es probable que cambien de la noche a la mañana (el cambio se da más por reemplazo generacional).
Con independencia del mayor o menor valor del trabajo en Inglehart para explicar el proceso de cambio social, y al margen de las críticas, a partir de su argumentación se hacen mucho más evidentes los estrechos vínculos que relacionan el marco socioeconómico con los sistemas de valores, subjetivos y colectivos, que conforman la cultura política y el impacto que ésta ejerce sobre la acción política de los ciudadanos.
4. Espacio público y ciudadanía.
Ha quedado claro que la construcción de los universos políticos de los ciudadanos no puede entenderse como un fenómeno individual, sino que se produce mediante múltiples interacciones sociales, donde un elemento clave es la dimensión comunicativa (sistema de códigos), tanto a nivel general, como a nivel del ámbito político, y lo es aún más, cuando se trata de comunidades políticas democráticas.
Las propias interacciones comunicativas entre los diferentes actores políticos se establece principalmente en un espacio público, donde los ciudadanos ejercen sus derechos sociales y políticos y son reconocidos como actores. En cada momento histórico, habrá que indagar los rasgos básicos que definen el espacio público de la comunicación política.
a. Comunicación política y opinión pública.
Comunicación y política son dos términos que se implican mutuamente. De hecho, el tipo de comunicación que se establece en un determinado momento entre gobernantes y gobernados, nos proporciona una imagen bastante clara sobre la distribución y características del sistema político dentro de esa una sociedad dada.
Muchos trabajos, como el K. Deutsch (1980) o Almond y Powell (1972), han destacado el papel comunicativo dentro de la acción política, provocando una subordinación de lo político a lo comunicativo, y por tanto a procesos sociales más amplios. Es más apropiado admitir la estrecha relación que hay entre los dos procesos, estableciendo en cada caso, la contribución específica que los procesos comunicativos tienen en la configuración de los fenómenos políticos, de la misma forma que lo tiene en los procesos de socialización política (redes de comunicación en grupos familiares, secundarios, etc.).
Al margen de visiones sistémicas o aquellas que se centran en los aspectos más prácticos (marketing político o publicidad), dos son las grandes perspectivas que intentan explicar la comunicación política.
Por una parte, la perspectiva de la comunicación política como transmisión de conocimientos políticamente relevantes de Harold Laswell, quien destaca los principales elementos o factores que intervienen en cualquier proceso comunicativo: emisor, mensaje, receptor y efectos del mensaje. Este esquema se completa con elementos como el ruido, el filtro o el feed-back.
Esta perspectiva, desemboca mucha veces en concepciones demasiado lineales y simplistas, olvidándose de la complejidad inherente a todos los procesos de comunicación política. La segunda perspectiva introduce la importancia de las significaciones que se dan en las interacciones que vinculan a los actores sociales y políticos. Así por ejemplo, los problemas sociales, los debates políticos o las imágenes de los partidos son construidos en el curso de la acción comunicativa mediante procesos interpretativos que construyen una realidad concreta en un determinado momento.
7 de 9 Sociología política. Tema 5 Aunque estas dos perspectivas de la comunicación han sido adoptadas por distintas corrientes teóricas (paradigmas), es necesario hacer un esfuerzo de integración dentro de una visión global para poder entender las múltiples funciones y aspectos que cumplen los procesos comunicativos en el ámbito político.
Siguiendo a Gerstlé (1992), distinguimos tres dimensiones fundamentales en la comunicación política: 1. La dimensión pragmática.
Analiza la lógica o tipo de relación que se establece en el proceso comunicativo entre el emisor y el receptor, lo cual nos lleva al estudio del discurso. En él, se analizan las peculiaridades, formas y maneras de llevarse a cabo. La línea mantenida por Foucault (1978), destaca las peculiaridades del discurso, colocando al emisor en un segundo plano. En cualquier caso, el discurso se ha convertido en un elemento de importancia en la legitimación de la acción política y la competición de los actores en el espacio público contemporáneo.
2. La dimensión simbólica.
El lenguaje es el principal instrumento (signos, códigos y significaciones) de transmisión del leguaje político. La lucha entre las fuerzas sociales y políticas conlleva intentar imponer dentro del discurso político, el significado de determinados términos que identifican temas centrales del debate político, donde los elementos simbólicos dentro del lenguaje cobran especial importancia. Así, los ritos o el dominio icónico son dos buenos ejemplos de ello.
3. La dimensión estructural.
Hacen referencia a las vías o canales por los que fluyen los contenidos comunicativos: • Institucionales. Administraciones o parlamentos.
• Organizacionales. Partidos políticos, grupos de presión y otras fuerzas organizativas.
• Mediáticos. Medios de comunicación de masas.
• Interpersonales. Se dan dentro de los grupos y en los contactos informales de los individuos.
El peso respectivo de cada uno de estos canales resultará decisivo en la estructura comunicativa dominante dentro de una comunidad política dada.
La articulación dialéctica de estas tres dimensiones de la comunicación política puede proporcionar una imagen global de sus características definitorias en una sociedad dada y momento histórico concreto, y puede ayudar a entender los procesos comunicativos dentro del espacio público, así como la formación y expresión de la opinión pública.
Siguiendo a Muñoz Alonso (1992), la opinión pública, que se nutre de opiniones individuales más o menos reflexivas, por individuos sin ningún tipo de relación entre sí, realizadas mediante sondeos y encuestas, supone un fenómeno social de naturaleza comunicativa que desempeña una importante función sociopolítica.
El origen del fenómeno es un producto de la Ilustración, aunque ya desde el siglo XV y acontecimientos como el Renacimiento y la Reforma, o los descubrimientos tecnológicos como la imprenta o la extensión de la alfabetización se sientan las bases de este fenómeno.
Siguiendo a J. Habermas, los cambios sociales, políticos, económicos e intelectuales, presididos por la fuerza de la burguesía, suponen el surgimiento el ámbito de lo social, como espacio público diferenciado y contrapuesto al ámbito Estado-Corte. En otras palabras, el proceso histórico de separación entre el Estado y la Sociedad Civil hace posible la aparición de la opinión pública.
En el siglo XIX la irrupción de las masas en la vida política provoca el derrumbe y pauperización de la opinión pública, que empieza a ser vista en términos mucho menos optimistas. Es lo que W. Mills llama el paso de una sociedad de públicos a una sociedad de masas, y lo que Habermas entiende como disolución psicosociológica de la opinión pública, que se reduce a la suma de opiniones individuales, las cuales pasan a tener el mismo valor.
Para recuperar una referencia colectiva en la noción sociopolítica de opinión pública, parece interesante atender a los distintos públicos que generan la opinión pública, los cuales vendrían definidos por su ubicación estructural dentro del sistema de relaciones sociales, y por su participación dentro del debate social y político (espectadores pasivos, atentos o potenciales). En cualquier caso, los medios de comunicación de masas cumplen un papel interesante.
8 de 9 Sociología política. Tema 5 b. La «mediatización» de la vida política.
Los mass media, con un fuerte desarrollo, no sólo tecnológico, a lo largo del siglo XX, aparte de constituir un canal básico de transmisión política, se han convertido en un emisor privilegiado de la misma.
Según MacLuhan (1980), ya no solo es importante el contenido, sino también los medios en los que se transmite (los mensajes y contenidos políticos se adaptan), los cuales determinan los modos de pensar y actuar de la propia sociedad.
Aunque la aparición de la prensa en el siglo XVII y XVIII supuso un hecho decisivo en la conformación del espacio público burgués, será con el desarrollo de las técnicas de comunicación masiva (radio, cine, publicidad) en las primeras décadas del siglo XX, cuando se pone de manifiesto la tremenda influencia que puede ejercer sobre la vida sociopolítica en general y sobre las percepciones de los individuos en particular. De hecho, en esta primera etapa, se tiende a pensar que éstos ejercen un impacto directo e inmediato sobre las opiniones y actitudes de una audiencia atomizada e individualizada.
A partir de los años 40, se pasa de las teorías del impacto directo a la de los efectos limitados.
Ahora, los medios son sólo un elemento más dentro del proceso de comunicación, y que los efectos que provocan en el público están condicionados por un conjunto de factores y circunstancias, entre los que destacan la tendencia a la exposición y la percepción selectiva de la información. La información no circularía directamente al público, sino que es filtrado por pos grupos (líderes) (klapper, 1974). Es lo que se denomina hipótesis de la comunicación en dos fases.
Las insuficiencias de la teoría de los efectos limitados, han terminado demostrando que la importancia de la acción de los medios de comunicación de masas no se sitúa en el plano más inmediato de las actitudes y opiniones individuales, sino que su influencia es bastante relativa, cayendo incluso a un plano más profundo y más a largo plazo. Además, también parece más clara que son los medios, los que hacen una selección previa de contenidos, asuntos y acontecimientos, creando así un filtro que canaliza las preocupaciones de la opinión pública (McCombs y Shaw, 1972), la cual tiene una estrecha relación con la agenda pública y la agenda institucional.
Pero la influencia de los medios no se agota en el tipo de información que transmiten, sino que también resulta fundamental cómo la transmiten; la dramatización, personalización o simplificación de los contenidos son tan solo algunos de los aspectos a tener en cuenta, en el desarrollo de la vida política en unas sociedades, donde los públicos dependen en gran medida de la información transmitida por los medios de comunicación.
9 de 9 Sociología política. Tema 6 Sociología Política TEMA 6: Participación y acción colectiva.
El término democracia alude etimológicamente a la idea de poder del pueblo. Un sistema político que, desde el punto de vista normativo, tiene procedimientos que permitan a los ciudadanos algún tipo de participación en el ejercicio del poder.
El poder del pueblo es el término dado a los actores políticos que pueden actuar de forma institucional y no institucional.
Desde el punto de vista institucional, los actores políticos son los partidos. En espacios geográficos reducidos el poder se establece a través de la Democracia Directa, mientras que en sociedades grandes, el poder se establece a través de la Democracia Representativa.
Desde el punto de vista no institucional, los actores políticos son los movimientos sociales y asociaciones, que representan a la gente común, que se compromete en una acción colectiva.
1.
Estudio de la acción colectiva y la acción política.
a. ¿Qué es una acción colectiva? La acción colectiva política La acción colectiva es toda acción que persigue intereses comunes, y para conseguirlo, desarrollan movilizaciones. La acción colectiva política, pretende, defendiendo unos intereses, afectar en la distribución de poder y/o influir en la toma de decisiones políticas.
1.
Elementos que componen la acción colectiva política.
Según Tilly son: intereses, organización, movilización y la estructura de oportunidad política.
• Intereses. Se estima que deben existir unos objetivos definidos y comunes, que no sean producto de reacciones de pánico o emocionales, intensas pero fugaces –sin continuidad-.
• Organización. Es imprescindible la persistencia en el tiempo, que no sean brotes espontáneos de protesta sin continuidad en acciones previas o posteriores.
• Movilización. Sus seguidores establecen relaciones significativas con actores del poder político.
• Estructura de oportunidad política. Facilita o dificulta la acción, condicionando la posibilidad de influir en la articulación del poder.
2. Objetivos que persigue la acción colectiva política.
• Bienes públicos generales. Aquellos que beneficia a la sociedad en su conjunto como la defensa del medio ambiente, por parte partidos, asociaciones, etc.
• Bienes públicos selectivos. Aquellos que beneficia a un sector de la sociedad, como la defensa de los trabajadores por parte de los sindicatos.
• Bienes privados. Aquellos que beneficia intereses privados, pero que son defendidos colectivamente, como por ejemplo un club deportivo. Los beneficios serán indivisible pero solo para los afiliados.
3. Tipos de acción colectiva política.
• Movimientos sociales o de base. Su estructura organizativa es débil, informal y descentralizada. Su práctica es la protesta, y buscan influir en las decisiones políticas.
• Grupos de interés. Su estructura es más centralizada y formalizada. Su práctica es la negociación, y buscan influir en las decisiones políticas, con una presión formal.
• Partidos políticos. Su estructura está fuertemente formalizada y reglada. Su práctica es la participación en el procedimiento electoral, y buscan participar en el proceso electoral y ubicarse con representantes políticos.
b. ¿Cómo se estudia la acción colectica política? Atendiendo a los cuatro elementos que contiene la acción colectiva política (intereses, organización, movilización y estructura de oportunidad política, identificamos tres niveles de análisis: micro, meso y macro.
1 de 9 Sociología política. Tema 6 El nivel micro o individual atiende a los intereses de los sujetos que participan, investigando sus características personales, actitudes y valores, que aportan información sobre sus predisposiciones y preferencias que orientan la acción colectiva.
El nivel meso o colectivo se corresponde con los elementos de la organización y movilización, y se estudian los recursos de los colectivos.
El nivel macro encaja con la estructura de oportunidad política (que se relaciona directamente con el sistema político y social) y con la estructura del contexto (que se relaciona directamente con el sistema económico y cultural). Estudia las limitaciones y oportunidades de estos dos subsistemas.
2. Perspectivas teóricas en el estudio de la participación.
Hay una acusada fragmentación en las perspectivas de estudio, aunque existen dos posibilidades clásicas para abordar la cuestión, que además atienden a diferentes niveles de interés analítico. Por un lado están las teorías subjetivas o del actor (que surgen desde abajo), cuyo énfasis se centra en las personas, sus motivaciones y dimensiones subjetivas, y por otro lado, estás las teorías objetivas o estructurales (que surgen desde arriba), que centran su atención en las características de las estructuras económicas, sociales y políticas, fundamentalmente en las sociedades industriales avanzadas y capitalistas (se entiende que dichos cambios están en la conciencia y las relaciones entre los sujetos).
a. Nivel individual – Microsociológico- Teorías subjetivas o del actor social.
1.
Individuo y elección racional.
Los individuos adoptan estrategias en defensa de intereses individuales a través de la acción colectiva. Es central la racionalidad instrumental de los actores, que realizan sus acciones mediante el cálculo del coste/beneficio. Según Olson (principal representante de esta tendencia), un individuo sólo se afiliará a un grupo, si prevé recoger frutos, que de otra forma no conseguiría. Se da entonces el dilema del free rider o aprovechado, que se solventaría con un sistema de incentivos selectivos, que solo beneficia al que participa y sanciona al que no. Además esta teoría no explica por qué otras personas sí participan.
Oberschall, añade a lo anterior la necesidad de un sentimiento de agravio colectivo, donde la movilización social se realizará en función de los riegos y recompensas derivados de la acción. Albert Hirschman introduce que los individuos, además de los beneficios instrumentales, también pueden conseguir un beneficio personal (recompensa o satisfacción subjetiva) por el sólo hecho de participar en la acción colectiva, (y por tanto, queda explicado el dilema del free rider).
2. Teoría de la identidad.
Según Pizzorno, los individuos están en continuo cambio o transformación de sí mismos, esto dificulta el hacer un cálculo racional de los costes de participación en un grupo. Esta incertidumbre se supera parcialmente con la seguridad que aporta el reconocimiento colectivo, derivado de la participación en un asociación, en términos de prestigio, respeto, amistad, afecto, honor, etc. Por tanto, las teorías de la identidad, resuelven aquellos puntos que la teoría de la elección racional no resuelve. La identificación con el grupo es el elemento fundamental, y los límites de la participación vienen marcados por los límites de la identificación con el grupo.
3. Interaccionismo simbólico, construcción social de la protesta y análisis de marcos.
Desde la perspectiva de la sociología creativa, que integra un conjunto de enfoques teóricosmetodológicos, se intenta valorizar la importancia del sujeto y de la intersujetividad.
• En el Interaccionismo simbólico de Mead y Blumer, se destacó que las interpretaciones y significados atribuidos a la realidad son fruto de la interacción y comunicación (mutuas y en diversos contextos sociales) entre los individuos.
• El planteamiento más riguroso de la construcción de la realidad social corresponde a Berger y Luckmann. La aplicación de esta tesis en el análisis de los movimientos sociales se conceptualiza como construcción social de la protesta.
2 de 9 Sociología política. Tema 6 La construcción de la realidad (que podría ser considerada como algo “objetivo”) es una interpretación subjetiva de los eventos, que pueden cambiar según una coyuntura espaciotiempo. Para poder definir la situación es necesario el análisis de marcos, que viene a completar las distintas perspectivas teóricas sobre los movimientos sociales. Este enfoque destaca la existencia no sólo de una serie de variables, sino también la forma y el grado en que se relacionan con los objetivos de la movilización. Es decir, la forma en que los sujetos traducen las condiciones macroestructurales en predisposiciones individuales para la movilización.
• Desde este enfoque, los movimientos son considerados como agentes productores de significados con sentido y en competencia con otros actores sociales. De aquí, la relevancia de los elementos culturales, ideológicos y simbólicos. Mediante la creación de significados (framing), se destacan algunos aspectos de la realidad por encima de otros. Al final, el marco de acción colectiva es aquel esquema interpretativo (elaborado por los líderes del movimiento) que simplifica y destaca una realidad social, y que integra un conjunto básico de creencias y significados orientados a la acción que inspiran, legitiman y posibilitan sus actividades y campañas, animando así a la protesta.
En la construcción del marco de acción colectiva se dan tres tareas fundamentales: Marcos de diagnóstico. Se definen determinados acontecimientos como problemáticos y susceptibles de protesta, así como ciertos agentes sociales responsables de haber causado el problema. Se establecen dos marcos interpretativos especializados: El marco de identidad, compuesto por un “nosotros” agraviados e indignados moralmente, y el marco de injusticia que incluye a los “otros”, los oponentes y responsables de la injusticia percibida.
Marcos de Pronóstico. Se establecen propuestas para corregir esa situación problemática, especificándose qué debería hacerse y quien tendría que hacerlo (objetivos específicos).
Marcos de Motivación. Se intentan concienciar a los seguidores, estableciendo los motivos adecuados que justifican la acción a favor de una causa. Esto implica un proceso de reconocimiento de esos motivos y su articulación con las identidades de los protagonistas que sirva de impulso para la acción colectiva. Se procede así, a la motivación de la acción, y para ello se desarrollan los marcos especializados de eficacia y de costes/beneficios. Así, la acción colectiva depende de las expectativas anticipadas de éxito o fracaso.
b. Nivel grupal –mesosociológico- Organización y estructuras de la movilización.
Este nivel de análisis permite un estudio de los grupos o colectivos, centrándose en sus formas de organización y estructuras de movilización.
1.
Teoría de la movilización de recursos.
Esta perspectiva supone que la insatisfacción política y la conflictividad son inherentes y están presentes en cualquier sociedad, por lo que la constitución de los movimientos sociales depende, no tanto de la existencia de conflictos o demandas insatisfechas, sino de la existencia de un número de organizaciones que movilicen a las personas, así como la disponibilidad de dinero y otros recursos que permitan la creación de infraestructuras organizativas. Esta teoría es una derivación de la teoría de la elección racional, pero aplicada al estudio de la movilización para la acción.
Por tanto, el centro de atención se desplaza de las causas de la insatisfacción de los ciudadanos (por qué se movilizan) a los aspectos estratégicos de la movilización, es decir, cómo se organizan y cómo se esfuerzan, en la búsqueda de sus objetivos particulares, y cómo utilizan los recursos humanos, materiales, organizativos, tácticos, etc. Además: Las actuaciones de los movimientos son respuestas racionales.
Los objetivos básicos de los movimientos se definen por conflictos de interés.
Los agravios de dichos conflictos son ubicuos.
La organización formalmente estructurada y centralizada de los movimientos es más típica de los movimientos sociales modernos.
El éxito de los movimientos está determinado de forma importante por factores estratégicos y por los procesos políticos en los que tiene lugar.
3 de 9 Sociología política. Tema 6 2. Análisis de las Redes sociales.
Una red social es un conjunto de actores conectados entre sí que configuran un espacio geográfico o social y cuya principal característica es su potencialidad comunicativa. Tiene dos componentes básicos: Los nodos o actores, que pueden ser individuos o colectivos.
Los lazos o vínculos, que pueden ser intereses comunes, relaciones históricas, ideologías compartidas o proximidad física o afectiva.
Los tipos de redes sociales pueden ser: a) En función del tipo de actores y de interacción: a. Redes formales (colectivos, grupos o instituciones).
b. Redes informales (amistad, vecindario, parentesco). Es flexible y espontáneo.
b) En función de la morfología: a. Redes de baja densidad (interacciones débiles y poco frecuentes).
b. Redes de alta densidad (interacciones frecuentas e intensas y muy comunicativas).
c) En función de la capacidad comunicativa o de transmisión: a. Redes fluidas de información.
b. Redes con capacidad de yugular el tránsito (control social interno).
d) En función de intereses, vínculos históricos o necesidades determinadas: a. Red de apertura.
b. Red de cierre.
e) En función de las posibilidades de comunicar de cada actor: a. Red central (alta posición comunicativa y múltiples relaciones con muchos actores).
b. Red periférica (baja posición comunicativa y pocas relaciones con actores).
f) En función del análisis de redes aplicado a la acción colectiva: a. Redes previas a la implicación (posibilitan el acercamiento y promueven la acción).
b. Redes resultantes de la participación (consecuencias derivadas de la misma).
Cuando un actor participa en un sistema, involucra a, y se involucra con, otros actores (los cuales son puntos de referencia para él). Este tipo de análisis tiene aplicación tanto a nivel microsociológico como a nivel mesosociológico-grupal.
Por último, es necesario señalar la importancia de todo tipo de redes informales en la configuración de las estructuras de movilización. Éstas explican las pautas de reclutamiento de los movimientos sociales.
Por otro lado, los enfoques identitarios resaltan que determinadas redes de simpatizantes, adquieren un papel central en el proceso de configuración de las identidades colectivas.
Desde un nivel mesosociológico-grupal se subraya que las asociaciones, colectivos y organizaciones no son entidades aisladas y autosuficientes, sino que se hallan siempre inmersas en ámbitos de interrelación más amplios. Desde el enfoque de la movilización de recursos, el “intercambio de recursos”, que las redes favorecen, es el elemento clave para comprender la relación entre las organizaciones y los sistemas sociales a los que pertenecen. Las teorías del proceso político muestran como la capacidad de una organización (para desenvolverse en un medio competitivo donde los recursos son escasos) dependerá de su capacidad para adoptar una estructura interna apropiada y para establecer una red de relaciones interorganizativas, que proporcionen un flujo continuo de información.
c. Nivel Sistémico –Macrosociológico- Las estructura de contexto.
Estas teorías ponen el énfasis en las dimensiones de la estructura del contexto a la hora de explicar los orígenes y condiciones que surgen y se desarrollan las acciones colectivas de los movimientos sociales.
1. Teoría de la democracia: crisis de la legitimidad y crisis de la representación.
En la actualidad existe una relativa crisis de legitimidad de la democracia representativa. Hay un debate teórico entre la democracia participativa y la democracia representativa, es decir, existen distintas formas de entender la participación más adecuada de la ciudadanía en los asuntos públicos.
4 de 9 Sociología política. Tema 6 A grandes rasgos, hay dos grandes corrientes: • • La de sesgo utópico. Lo ideal es la participación del mayor número de ciudadanos mediante un proceso de democracia directa. Las teorías de la democracia participativa y asociativa se mueven en esta línea.
La realista. Aquí se defiende una democracia de élites (Schumpeter), es decir, la participación de la ciudadanía consistiría solo en el voto y en la delegación en la defensa de sus intereses por parte de grupos de poder que compiten entre sí.
Frente a la polaridad de estas dos opciones, Bobbio aboga por un camino intermedio donde los ciudadanos tengan una participación directa en ámbitos menos importantes, pero a su vez haya una representación de sus intereses delegada para asuntos de gran escala. En el mismo sentido, Máiz destaca la acción deliberativa de los ciudadanos y el fortalecimiento de las instituciones reguladoras del ejercicio de agregación y articulación de sus intereses.
Al margen de la reflexión teórica, se observa que los ciudadanos son cada día más críticos con la acción política de sus gobernantes. El sistema de partidos en el que se organiza hoy la democracia representativa, así como la imagen (devaluada) de los políticos profesionales presenta una serie de debilidades, que son percibidas por la ciudadanía con actitudes de descontento y desconfianza hacia sus representantes políticos en amplios sectores de la sociedad, lo cual provoca no solo abstenciones, apatía, desinterés o un apoyo creciente a opciones políticas antisistema, sino que también se manifiesta en una actitud reivindicativa plenamente activa. Ahora, los ciudadanos que participan en los colectivos, tratan de aportar a la vida pública nuevos estilos de democracia participativa, que se desarrollan paralelamente y de forma compatible, con la participación política convencional.
2. El enfoque del capital social.
Esta perspectiva contempla la misma dimensión de la realidad que el análisis de redes, la interacción social y sus consecuencias, si bien desde parámetros bien distintos. El capital social sería la densidad de relaciones existentes en una estructura social, cuya capacidad interactiva estimula y favorece la participación. Cuanta más relaciones en términos de reciprocidad y confianza mutua existan entre los sujetos, y mayor sea su densidad asociativa, mayor será su capital social, en el cual se destacan actitudes y valores sociales como la confianza interpersonal y la cooperación cívica. El capital social es considerado el eje central en los estudios de la participación.
3. Teorías del proceso político.
Estas teorías suponen una derivación de la teoría de la movilización de recursos, en su dimensión de análisis estratégico de la acción, aplicadas al contexto político, que consideran variables del sistema político como potenciadoras o desincentivadoras.
Este enfoque sitúa al Estado (su configuración concreta y articulación del poder, que afectan a la práctica de la protesta social) en el centro de la escena. Lo que interesa es ¿Cómo? Y ¿Bajo qué condiciones políticas…? Tiene lugar la acción de los movimientos (oportunidades o restricciones), lo que nos lleva a la Estructura de oportunidad política, que es el conjunto de variables del sistema político que favorecen o dificultan la aparición y sostenimiento de una acción colectiva (si el Estado es fuerte o débil, centralizado o descentralizado).
Kriesi distingue tres dimensiones de la EOP: • La estructura formal institucional del un sistema político (los procedimientos de relación establecidos entre los actores).
• Las estrategias que adoptan (frente a quienes lo cuestionan).
• Las configuraciones de poder relevante (en la confrontación con los contestatarios).
Las primeras dos dimensiones configuran la acción de poder y conforman el escenario general en el que tienen lugar la evolución de las organizaciones. A través del análisis de la estructura institucional formal se puede calibrar la fuerza global del Estado. Las estrategias dominantes definen a su vez la medida en que las acciones colectivas desafiantes serán facilitadas o reprimidas por el sistema, las posibilidades de éxito de dichas acciones, y las probabilidades de que las reformas sean llevadas a cabo por las autoridades.
5 de 9 Sociología política. Tema 6 4. El paradigma teórico de los Nuevos Movimientos Sociales.
Frente a las explicaciones centradas en desvelar el cómo de los procesos de movilización desde una perspectiva de la acción, esta perspectiva trata de explicar el Por qué de la misma. Los teóricos de la movilización de recursos consideran que la existencia de movimientos sociales se debe a una cuestión de oferta (si existen grupos, recursos y oportunidades habrá movilización), mientras que los enfoques de los NMS, plantean que se trata de una cuestión de demanda (respuesta a la percepción de necesidades o carencias). Se trata de encontrar el origen de las reivindicaciones en un contexto estructural en proceso de transformación y crisis que afecta de forma especial a la estructura de clases y el entorno simbólico de las sociedades industriales capitalistas postindustriales.
La insistencia en la novedad de estos movimientos no radica tanto en su cronología como en la comparación con el viejo movimiento obrero. Ronald Inglehart defiende que se han producido cambios importantes en la formación de nuevos valores en las sociedades industriales avanzadas. Gracias a logros del desarrollo tecnológicos y económicos (satisfacción de necesidades básicas de la población), así como a la existencia de unas décadas continuadas de seguridad física (ausencia de conflictos bélicos), se ha dado un cambio cultural en amplios sectores sociales, que ha posibilitado el paso de una sociedad con valores materialistas a una sociedad con valores postmaterialistas. Ahora, las nuevas demandas han transformado el sistema sociopolítico con una pérdida histórica del conflicto de clases.
Habermas señala, que son las consecuencias culturales que producen una vida fragmentada, culturalmente empobrecida, que son las que desembocan en una defensa de lo que él denomina «el mundo de la vida». Así, los nuevos actores sociales buscan nuevas formas de participación política (deliberativa) en democracia. Esto tiende a disolver lo público de lo privado.
Otros autores señalan que las nuevas circunstancias generan una crisis de en las sociedades postindustriales, y de gobernabilidad en el Estado de Bienestar. Los movimientos sociales nacidos en los 60 rompen con las clásicas líneas de coherencia de identidad, oposición y totalidad (Alain Touraine) para los movimientos sociales. Por tanto, estos nuevos movimientos sociales recogen nuevas identidades grupales generadas trasversalmente, para expresar y oponerse a las limitaciones del sistema liberal democrático, canalizando las nuevas demandas sociales ante la incapacidad de los partidos políticos para encauzar, general o atender nuevas solidaridades.
Offe explica el surgimiento de los movimientos sociales como respuesta a la crisis de mediación de las instituciones públicas. Es decir, la crisis de gobernabilidad de los sistemas democráticos provoca la movilización de la sociedad civil. Dentro de la explicación estructural de los nuevos movimientos sociales, este autor destaca tres aspectos que favorecen su aparición: Ensanchamiento. Las consecuencias negativas de las formas establecidas de racionalidad económica y política, ya no afectan a un sector concreto o clase social determinada, sino a cualquier miembro de la sociedad.
Profundización. Debido a que le funcionamiento de los actuales sistemas sociales y tecnológicos necesita cada vez más de unas estructuras de planificación óptimas (para evitar cualquier comportamiento imprevisible, irregular o desviado), es necesario la profundización del control y la vigilancia del individuo tanto en la esfera laboral como privada.
Irreversabilidad. Por la incapacidad estructural de las instituciones políticas y económicas existentes para poder percibir y actuar eficazmente ante las privaciones, riesgos y amenazas globales.
En los 90, los teóricos de la sociedad del riesgo (Giddens, Beck y Lash), desde los parámetros de la modernidad reflexiva, explican estas nuevas formas de acción como una reacción ciudadana ante una situación de previsible descontrol y creciente riesgo global. Se trata del surgimiento de una nueva dimensión de lo político, que Giddens denomina modelo de política emancipatoria, entendido como un renacimiento no institucional de lo político.
6 de 9 Sociología política. Tema 6 d. Análisis teórico del cambio social.
Los efectos de los movimientos sociales en términos de cambios generados como consecuencia de sus actividades afectan a los tres niveles analíticos reseñados: individual, grupal y sistémico.
Las tipologías distinguen: Impactos o cambios externos sobre la sociedad, producidos por el movimiento.
Efectos manifiestos.
Efectos no intencionados o colaterales.
Cambios internos.
Transformaciones en las identidades individuales y colectivas.
Transformaciones en la propia organización (estructura, estrategias, pautas) La conexión de estos dos tipos de cambios provoca que los movimientos transformen la sociedad, transformándose a sí mismos dentro del proceso, pero también cambios en sí mismos para transformar la sociedad.
Las dimensiones de los movimientos sociales son: a) Ideológica. Extensión de su imaginario social a toda la sociedad.
b) Cultural y simbólica. Introducción de nuevos valores, formas de vida, reglas de conducta, etc.
c) Organizativa. Impacto organizativo sobre modelos y canales de interacción social, o formación de redes sociales, nuevos grupos y coaliciones.
d) Distributiva. Incremento de oportunidades, beneficios, privilegios o gratificaciones para sus miembros y seguidores, en oposición a sus oponentes.
En relación a los cambios de los movimientos sociales en términos de éxito, el cual está relacionado con la estructura de oportunidad política, Kriesi distingue entre: a) Éxito procedimental. Que se consigue a través de los canales participativos otorgando reconocimiento público.
b) Éxito sustantivo. Cuando se consiguen cambios políticos en relación con sus objetivos.
a. Éxito proactivo. Supone la introducción de nuevas ventajas.
b. Éxito reactivo. Supone el impedimento de nuevas desventajas.
3. Métodos y técnicas de estudio de la participación.
La pluridimensionalidad de los hechos sociales hace que se considere que todo método de investigación sea interesante desde el punto de vista que pueda aportar información valiosa. Desde el punto de vista metodológico, se hace necesario conjugar diversas perspectivas teóricas, las cuales se acondicionarán atendiendo al objetivo específico de cada estudio, para poder responder a los interrogantes básicos empleados, que principalmente responden a ¿Qué?, ¿Para qué? o ¿Para quién? Desde el punto de vista estratégico y metodológico cabe distinguir entre la dimensión objetiva de la participación (metodología cuantitativa), cuya principal herramienta es la encuesta estadística, y la dimensión subjetiva de la participación (metodología cualitativa) donde las técnicas principales son los grupos de discusión, las entrevistas en profundidad, la observación participante y el análisis documental.
La metodología cuantitativa se emplea para obtener una cuantificación descriptiva de los fenómenos, entendidos estos como hechos reales, al margen de las percepciones subjetivas de los individuos y de las circunstancias de su producción.
Aquí se mueve la línea epistemológica positivista.
La metodología cualitativa se emplea para buscar la interpretación de los hechos, entendidos como fenómenos no reducibles a la clasificación en categorías cerradas, sino como procesos en continuo cambio sujetos a interpretaciones múltiples y variables. Dentro de esta metodología hay que destacar dos planteamientos básicos: la consideración de los contextos sociales (en los que se ubican los actores y se producen los acontecimientos) y la centralidad otorgada a la percepción subjetiva de los individuos (la definición que hacen de sí mismos y de sus circunstancias).
Además, elemento básico de análisis es el lenguaje y las expresiones personales, lo que nos permite comprender su percepción de los hechos.
En esta perspectiva se desarrollan la fenomenología sociológica, así como el construccionismo social y la etnometodología.
7 de 9 Sociología política. Tema 6 a. La distribución de la participación y la cuantificación de los hechos.
La encuesta estadística es una estrategia de investigación que consiste en la aplicación de un cuestionario, diseñado por el investigador, y que se aplica a una muestra de la población. Pueden utilizarse datos primarios (obtenidos directamente por el investigador) o datos secundarios (procedentes de otras investigaciones, y con los filtros adecuados).
El análisis cuantitativo (frente a aproximaciones cualitativas) permite la representatividad del estudio y la generalización de resultados. La encuesta permite cuantificar el fenómeno participativo y su distribución entre la población (cuantos, de qué tipo, etc.). Si el estudio es longitudinal permitirá conocer cómo evoluciona un fenómeno a través del tiempo, permitiendo hacer análisis de ciclos de protesta, ofreciendo una visión ampliada y dinámica.
La metodología cuantitativa permite realizar estudios expansivos, a gran escala, ya que las técnicas se pueden aplicar a un mayor número de individuos y los resultados pueden ser extrapolados.
b. La intención y el sentido de la participación (metodología cualitativa).
Esta línea metodológica permite una aproximación intensiva, más que extensiva de los hechos. Nos sitúa directamente en la perspectiva del actor, en sus percepciones y valoraciones de la realidad.
A través del análisis del lenguaje (verbal y no verbal) de los sujetos, podemos conocer en mayor profundidad cuáles son los procesos de decisión individual y cuales las variables que entran en juego, además de identificar actores y relaciones que resultan significativas para cada individuo, y también el sentido de la participación que tiene para los individuos.
Aquí, no es el investigador quien selecciona previamente las variables, sino que será el propio individuo investigado quien irá proporcionando las variables o factores que motivan su participación. El sujeto investigado es visto como un ser humano total, con toda su compleja multidimensionalidad: razones, afectos, pasiones, emociones, etc., por un lado y objetivos e intereses por otro.
Frente a la estructurada y sistemática investigación cuantitativa, la investigación cualitativa disfruta de una mayor flexibilidad, que no debe confundirse con una falta de sistematización, sino en el sentido de una necesaria permeabilidad y receptividad por parte del investigador, ante la realidad que estudia. Dicho de otra forma, en la investigación cuantitativa el formato de trabajo de campo se cierra en el momento de la elaboración del diseño, mientras que en la cuantitativa, el diseño inicial debe permanecer abierto a cambios y modificaciones, sin que la sistematización y la estructura del trabajo deban verse perjudicadas por ello.
Los parámetros que nos orientan en la interpretación comprensiva de los hechos son: Quién habla. Cuáles son las características sociodemográficas, ideológicas y actitudinales que identifican al sujeto investigado.
Desde dónde habla. Ubicación estructural del hablante, su posición en el sistema de clases y en términos de escala de poder en relación con otros sujetos en el transcurso de los acontecimientos.
Con quiénes habla. En cada narración, entrevista, grupos de discusión, o texto analizado, además del sujeto hablante aparecen “otros”, diversos actores, nombrados o no, en su alocución, pero que configuran el espacio relacional en el que se mueve.
Cuándo habla. Nos permite discriminar las variables de espacio y tiempo, la coyuntura histórica en la que se produce un fenómeno.
Tener presente estas cuatro interrogantes nos permite obtener una visión global, es decir, cumplir con el requisito básico que, siguiendo a W. Mills, ha de contemplar toda investigación social: la articulación de historia colectiva, biografía individual y estructuras sociales.
El investigador debe también analizar textos (sea cual fuere la técnica utilizada en la recogida de datos). Interpretará textos como si fueran unidades lingüísticas.
Ya se trate de un grupo de discusión, una historia de vida o de la observación de un acto, la información será transcrita. Y en relación con las distintas técnicas aplicadas: El grupo de discusión se fundamenta en la concepción de que los discursos sociales se elaboran en interacción (en el marco de ésta es donde se construyen y se negocian los concesos). Esta técnica es la más apropiada par cómo un movimiento construye su discurso social. Asimismo, permite el estudio de las redes sociales efectivas en las prácticas movilizadoras. La interrelación que crean los individuos que participan en el grupo de discusión pretende producir una representación micro de los grupos en su realidad social.
8 de 9 Sociología política. Tema 6 En la entrevista en profundidad existen diferentes técnicas posibles: o Una entrevista no estructurada (o semiestructurada) da más libertad al sujeto para construir su propia narración.
o La historia de vida, aquí el sujeto en el transcurso de varias sesiones elabora su biografía reconstruida ante el entrevistador.
o La historia de vida temática, que permite el estudio de la biografía personal siguiendo una línea temática concreta, en este caso la experiencia participativa.
La observación participante, o no participante. La observación nos permite registrar la comunicación no verbal de los sujetos implicados en una actividad. Los actos observados deben ser entendidos como la producción de escenas en un escenario. Para ello se identifica a los participantes, a los simpatizantes, a los antagonistas y a la audiencia –los espectadores-, si la hubiere.
El análisis documental. Se trata del análisis de textos, que puede aplicarse a biografías, discursos políticos, pancartas, análisis de prensa, etc. En el análisis de documento hay que distinguir quienes hablan y desde dónde hablan.
La investigación-acción-participación, que puede ser analizada en función de su papel crítico frente a la «ciencia tradicional». Se trata de un planteamiento teóricamente vinculado a posiciones marxistas y a la técnica del socioanálisis, que parte de considerar a los investigados como investigados-investigadores y al investigador como investigadoractor o investigador-interventor, sujeto activo en la consecución de cambios sociales mediante su trabajo. En esta técnica, el investigador trabaja con grupos reales introduciéndose en el devenir de sus problemas. Sus defensores presentan esta metodología como revolucionaria en distintos sentidos.
o Porque subvierte el orden habitual de los parámetros básicos de la investigación científica (sujeto/objeto, investigación/realidad social, investigador/investigado).
o Porque obliga al investigador a posicionarse políticamente, interpretando su trabajo como compromiso político a favor de la transformación y el cambio.
o Porque considera necesaria la familiarización del investigador con la problemática de la intervención.
9 de 9 Sociología política. Tema 7 Sociología Política TEMA 7: La transformación global. Poder político y sociedad civil (Kaldor).
1.
Cinco acepciones de la sociedad civil global.
El los 90, los términos “sociedad global” y “sociedad civil” se pusieron de moda. La reivindicación de la sociedad civil en los 70 y 80, simultáneamente en Latinoamérica y en Europa del Este, tuvo que ver con el contexto global: las transformaciones sociales, políticas y económicas que se produjeron en diferentes partes del mundo y que se pusieron en evidencia a partir de 1989. Aunque se deriva del pasado, el concepto de sociedad civil contemporáneo, tiene sentidos diferentes, que han reflejado las maneras en que se generaba, realizaba, nutría o conseguía el consenso.
La novedad en el concepto, desde 1989 es la globalización. La sociedad civil ya no se limita a las fronteras del Estado Nacional, y además se asocia a una sociedad gobernada por la ley, basada en el consentimiento de los ciudadanos individuales, más que en la coerción (como ocurría anteriormente).
Eso es lo que ha cambiado. El fin de la guerra fría y la creciente interrelación global han socavado la distinción territorial entre sociedades civiles e inciviles, entre Occidente democrático y el Este y Sur no democráticos. Se ha cuestionado el Estado centralizado y tradicional, promotor de la guerra, y esa evolución, a su vez, ha abierto nuevas posibilidades para la emancipación política, así como nuevos riesgos y mayor nivel de inseguridad.
Ahora se ha abierto la posibilidad de unión de grupos similares en diferentes partes del mundo, y de dirigir las reivindicaciones no sólo al Estado, sino a las instituciones globales e incluso a otros Estados.
Por un lado, la sociedad civil global está en un proceso de ayudar a construir y de ser construida por un sistema global de normas, respaldadas por autoridades intergubernamentales, nacionales y globales y parcialmente superpuestas. Es decir, la nueva forma de política que evoca la sociedad civil, es tanto un resultado como un agente de la interrelación global, y, por otro lado, también superan las fronteras nuevas formas de violencia, que limitan, suprimen y atacan a la sociedad civil, de modo que ya no es posible contener territorialmente la guerra o la ingobernabilidad.
No existe una definición consensuada. La búsqueda de textos clásicos ha proporcionado lo que pudiera llamarse un relato legitimador, pero que a menudo también ha dificultado la comprensión de los aspectos novedosos de su redescubrimiento. La sociedad civil es una idea política, que expresa un fenómeno real, aunque sus límites varían según distintas definiciones. La literatura sobre la sociedad civil es tan diversa que permite la posibilidad de ser selectivo en la elección de una determinada interpretación.
El concepto de sociedad civil siempre ha estado ligado a la idea de reducir la violencia en las relacione sociales, al uso público de la razón como manera de gestionar los asuntos humanos, en lugar de la sumisión basada en el temor y la inseguridad, o la ideología y la superstición. La expresión “respuesta a la guerra” no implica que la sociedad civil global sea una especie de fórmula mágica: una solución alternativa a la guerra. Es más bien una manera de abordar el problema de la guerra, de debatir, discutir, comentar y presionar para encontrar soluciones alternativas.
Dos aspectos de estos cambios tienen especial importancia porque proporcionan un contexto para la evolución del concepto de sociedad civil global: La preocupación por la autonomía personal, la autoorganización y el espacio privado, destacó no sólo en Europa del Este, como manera de sortear al Estado minimalista totalitario, sino también en otras partes del mundo, donde se cuestionó el paternalismo y la rigidez del Estado en el período de postguerra. En EE.UU. y Europa occidental, estas preocupaciones ya habían surgido en los años 60 y 70, con la aparición de movimientos interesados por los derechos civiles, el feminismo o el medio ambiente. El redescubrimiento de la expresión «sociedad civil» en Europa en los años 80, tuvo resonancia en otras partes del mundo.
Los herederos de los llamados nuevos movimientos sociales empezaron a utilizar la expresión para referirse a la reivindicación de una ampliación radical de la democracia hacia una emancipación tanto política como económica. Aunque de esas ideas, se hizo eco de la preocupación del siglo XVIII por las limitaciones del poder estatal, dan la sensación de que son respuestas ante una nueva situación, caracterizada por la experiencia real de un Estado autoritario que llegaba a la vida cotidiana (países socialistas), una práctica que debe entenderse en función de la herencia de la guerra y de la guerra fría.
1 de 11 Sociología política. Tema 7 La creciente interrelación y el fin del último conflicto global interestatal, han erosionado los límites de la sociedad civil. Esta mayor interrelación permitió la formación de “islas de compromiso cívico” en Europa del Este y Latinoamérica, lo que posibilitó encontrar aliados a escala nacional e internacional en sociedades cerradas, incluso antes de los grandes avances en las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Keck y Sikkink utilizan la expresión “efecto bumerán” para describir la manera en que los grupos de la sociedad evitaron al estado y apelaron a redes trasnacionales e instituciones, así como a gobiernos extranjeros.
Estos movimientos y los posteriores, utilizaron las disposiciones políticas y legales globales (ej; Acuerdo de Helsinki, 1975) y contribuyeron a ellas, siendo una parte esencial del proceso de construcción de un marco para el gobierno global.
Ya no es posible aislar un territorio de la anarquía y el desorden. Frente a formas de sociedad civil con base territorial, somos testigos de la formación de redes globales transnacionales horizontales, tanto civiles como inciviles. En el mismo espacio territorial, coexisten lo que podría llamarse zonas de civilidad y zonas de incivilidad; el espacio del Atlántico Norte puede tener zonas más amplias de civilidad que otras partes del mundo, pero ya no pueden hacerse distinciones geográficas tan claras. Los acontecimientos del 11-S fueron una expresión traumática del hecho de que las fronteras territoriales ya no definen las zonas de civilidad.
En resumen, la discusión sobre la sociedad civil debe entenderse a partir de los que podría llamarse profundización y ampliación: un alejamiento de las aproximaciones basadas en el Estado que combina una mayor preocupación por la atribución de poder individual con la autonomía de la persona, así como una reestructuración territorial de relaciones sociales y políticas en diferentes ámbitos.
Derivado de lo anterior, se propone cinco definiciones del concepto de sociedad civil. Las dos primeras acepciones derivan de versiones anteriores del concepto, y las tres últimas son contemporáneas, con ecos de uso histórico.
a. Tipo de Sociedad: Societas civilis; Limitada territorialmente. Sociedad de derecho / civilidad; Global: orden cosmopolita.
Me refiero aquí a lo que pudiera describirse como la versión original del término: sociedad civil de derecho y un orden pacífico basado en el consentimiento implícito o explícito de los individuos, en una zona de civilidad. La civilidad se define no sólo como sociedad de buenas maneras o educada, sino como una situación en la que se ha minimizado la violencia. Hay una ausencia relativa de coerción en los asuntos humanos, al menos dentro de las fronteras del Estado. Se parte de la base de que una societas civilis, requiere un Estado con un monopolio público de la violencia legítima. Aquí, la sociedad civil no se diferencia del Estado, sino de las sociedades no civiles y de la guerra.
Una de las principales objeciones a la idea de sociedad civil global es la ausencia de un Estado mundial. Sin embargo, puede argüirse que la conjunción de la ley humanitaria y de la expansión del mantenimiento de la paz internacional apuntan a un marco de gobierno global emergente, lo que I. Kant describió como una sociedad civil universal, en el sentido de una sociedad de derecho cosmopolita, amparada en una serie de tratados e instituciones internacionales.
b. Tipo de Sociedad: Bürgerliche Geserllschaft; limitada territorialmente. Toda la vida social organizada entre el Estado y la familia; Global: Globalización económica, social y cultural.
Para Hegel y Marx, la sociedad civil se situaba en el centro de la vida pública, entre el Estado y la familia. Era un fenómeno histórico vinculado a la aparición del capitalismo. Se inspiraron en las ideas de la Ilustración escocesa, especialmente de Adam Smith y Adam Ferguson, que sostenía que la llegada de la sociedad comercial creó el tipo de individuos que constituían la condición necesaria para crear la sociedad civil. Los mercados, las clases sociales, la ley civil y las organizaciones para el bienestar formaban parte de la sociedad civil. A escala global, la sociedad civil podría ser más o menos equiparada a la globalización desde abajo, con todos los aspectos de desarrollo global por debajo del Estado, y más allá de sus límites.
2 de 11 Sociología política. Tema 7 c. Tipo de sociedad: activista; limitada territorialmente. Movimientos sociales, activistas cívicos; Global: un ámbito público global.
Probablemente la perspectiva activista es la más cercana a la versión de la sociedad civil que surgió de los movimientos de oposición en Europa central en los años 60 y 80. A veces se describe como la versión postmarxista o utópica del concepto. Es una definición que presupone un Estado o Sociedad de derecho, pero insiste no sólo en las limitaciones al poder estatal, sino en una redistribución del poder. Es una radicalización de la democracia y una apuesta por un incremento de la participación y autonomía.
En esta acepción, la sociedad civil se refiere a la ciudadanía activa, a la organización que crece fuera de los círculos políticos formales, así como al espacio ampliado en el que los ciudadanos individuales pueden influir en las condiciones en que viven, tanto directamente, mediante la autoorganización, como ejerciendo presión política. Existe un ámbito público global, con organizaciones transnacionales que abogan por los derechos como Greenpeace o Amnistía Internacional, movimientos sociales globales como los de Seattle, Praga y Génova.
d. Tipo de Sociedad: neoliberal; limitada territorialmente: beneficencia, asociaciones de voluntarios, sector terciario; Global: privatización de la construcción de la democracia, humanitarismo.
En el período posterior a 1989, los neoliberales proclamaron su victoria y empezaron a popularizar la expresión sociedad civil como algo propio de Occidente, o incluso de EE.UU. Esta versión podría asociarse a una política de laissez-faire. Según esta definición, la sociedad civil surge de la vida asociativa, que no sólo limita el poder del Estado, sino que realmente proporciona un sustituto a muchas de sus funciones. Así, las asociaciones de voluntarios y de beneficencia desarrollan funciones en el campo del bienestar, que el Estado ya no puede permitirse realizar. En ausencia de un Estado global, un buen número de ONGs realiza las funciones necesarias para allanar el camino de la globalización económica.
Por esto, los críticos han defendido que el término es reaccionario y alude a una manera de evadir las responsabilidades de los Estados en relación con el bienestar y la seguridad.
e. Tipo de Sociedad: Postmoderna; limitada territorialmente: nacionalista, fundamentalistas; Global: pluralidad de redes globales de contestación.
La definición postmoderna de sociedad civil parte del universalismo de las versiones activista y neoliberal, si bien, esta versión también exige un principio universal: el de la tolerancia.
La sociedad civil es un ámbito de pluralismo y contestación, una fuente tanto de incivilidad y de civilidad. Algunos posmodernos critican el concepto de sociedad civil por considerarlo eurocéntrico. Otros sugieren una reformulación que englobe otras interpretaciones más extendidas en la cultura política. En particular, se argumenta que la sociedad islámica clásica representa una forma de sociedad civil por el equilibrio entre religión, comercio y gobierno.
Para la versión activista, los miembros de la sociedad civil pueden ser equiparados, en mayor o menor medida, a grupos de mentalidad cívica o de vocación pública. Los elementos activos de la sociedad civil serían los que se preocupan por los asuntos y el debate público, mientras que para los posmodernos, los grupos de mentalidad cívica son sólo un componente de la sociedad civil. En particular, los posmodernos subrayan la importancia de las identidades nacionales y religiosas, así como las identidades múltiples como condición previa a la sociedad civil. En cambio, para los activistas, es más importante un cosmopolitismo compartido. Queda abierta la pregunta de si deberían incluirse o no los grupos que abogan por la violencia.
Las dos primeras versiones, una sociedad de derecho y una sociedad de mercado, constituyen y están constituidas por lo que ahora tendemos a llamar sociedad civil; para que exista la sociedad civil tiene que haber una relación entre mercados, que asegure la autonomía económica y una sociedad de derecho que proporcione seguridad. Por otro lado, todos los actores que configuran las versiones contemporáneas de sociedad civil, se integran en la sociedad civil global: los movimientos sociales y las redes cívicas de la versión activista; las asociaciones benéficas de voluntarios, y lo que podríamos llamar ONGs “amansadas” de la versión neoliberal; así como los grupos nacionalistas y fundamentalistas incluidos en la versión postmoderna.
Todas las definiciones de sociedad civil son normativas y descriptivas. Describen un proyecto político, es decir, un objetivo, y al mismo tiempo una realidad que ya existe. Por ejemplo, el objetivo de la Societas Civiles es la seguridad pública, y el objetivo de la Bürgesliche Gesellschaft es el surgimiento de una sociedad de mercado como condición para la libertad individual, y el equilibrio entre el mercado y el Estado.
3 de 11 Sociología política. Tema 7 Todas las versiones contemporáneas de la sociedad civil tienen objetivos normativos. La versión neoliberal expresa los beneficios de la sociedad occidental, especialmente la estadounidense, de modo que el objetivo es la expansión de este tipo de sociedad al resto del mundo. La versión postmoderna debe relacionarse con la ruptura con la modernidad, de la que un componente clave, era el Estado-Nación. La versión activista trata de la emancipación política. Se refiere a la atribución de poder a los individuos y la extensión de la democracia. Además, desde esta visión, la globalización no supone un beneficio sin más, ya que ofrece posibilidades de emancipación a escala global, pero en la práctica, implica una desigualdad e inseguridad crecientes y nuevas formas de violencia.
Desde luego, la sociedad civil global, incluye a los que se oponen a la globalización y a los que no ven la necesidad de una regulación. Es decir, mi versión de la sociedad civil global se basa en el convencimiento de que un intercambio de opiniones realmente libre, un diálogo crítico racional, favorece la opción civilizadora.
Entre las principales objeciones, Hann y Dunn sugieren que el concepto se basa en una “etnocentricidad fundamental”, que implica una “impresión empobrecida de las relaciones sociales”. Brown apunta que la consecución de una sociedad civil global es improbable, porque en muchas partes del mundo, la prosperidad y el orden se valoran por encima de la libertad.
Podrían darse dos posibles respuesta para contrarrestar esta objeción. La primera, frívola, es que las sociedades humanas necesitan utopías para evitar caer en la anomia. Por otro lado, la sociedad civil es un proceso, no un objetivo. Es mejor describirlo como un “horizonte”, el cual fue retomado o reinventado no por Occidente, sino en Europa del Este y Latinoamérica. Y aunque las voces occidentales a menudo son dominantes, la idea general es de apertura a diferentes perspectivas y diversos modos de emancipación. Es verdad que muchos activistas se ven tentados a abandonar la idea por el hecho de que los neoliberales se hayan aprovechado de ella, y la hallan rebajado.
2. La globalización, el Estado y la guerra.
Los críticos del concepto de sociedad civil global sostienen que ésta sólo puede entenderse dentro del contexto del Estado. Como no hay un “Estado global”, la sociedad civil global es un concepto sin sentido. Algunos van todavía más lejos y dicen que el uso del término socava la democracia a escala global y puede verse como una forma de imperialismo.
Yo sostengo que la sociedad civil necesita gobierno, un marco de normas e instituciones para gestionar una sociedad que ella misma ayuda a construir y que, al mismo tiempo, le proporciona las condiciones para su funcionamiento. Es especialmente importante la desaparición del miedo y la ausencia de violencia y coerción en la vida cotidiana, de modo que la gente se sienta libre de hablar abiertamente y de ser escuchada.
Históricamente, la forma específica de gobierno dentro de la que se desarrollaba la sociedad civil era la del Estado territorial centralizado y beligerante, y más tarde, dentro de los bloques, los grupos de Estados territoriales centralizados y beligerantes. Lo que en la práctica significaba que era una limitación profunda del funcionamiento de la sociedad civil existente. Los derechos y las libertades conseguidos siempre podían obviarse de forma unilateral en tiempo de guerra. No eran aplicables fuera de las fronteras del Estado.
La llegada de la globalización propicia la posibilidad de un sistema de gobierno global, no un Estado mundial, sino un marco de normas que implican competencias que se solapan entre organizaciones internacionales, gobiernos locales, regionales y Estado. Un sistema tal de gobierno global está en proceso de constituirse mediante negociaciones y pactos que involucran a todas las organizaciones, así como a la sociedad civil global, y ofrece la posibilidad de superar el Estado centralizado y beligerante, y de proporcionar más espacio a la sociedad civil. La globalización no significa el fin de los Estado, sino su transformación.
A pesar de lo que significa esto para la democracia, es importante tomar en consideración no sólo los procedimientos formales, como por ejemplo las elecciones, sino también su contenido sustantivo, cómo los ciudadanos pueden influir directamente en las decisiones que afectan a sus vidas. La democracia, en sentido sustantivo, se ve perjudicada, simplemente porque tantas decisiones importantes que afectan a la vida de la gente ya no se toman en el seno del Estado.
Un marco de gobierno global y una sociedad civil global activa, ofrecen al menos cierta apertura para la participación a otros niveles. El desarrollo de un sistema de gobierno global es inevitable. Los cambios de rumbo son posibles. El 11 de septiembre representa un cambio en este sentido. Lo que quedó claro en la década de los 90 es que una sociedad civil efectiva sólo pude funcionar en un ambiente libre de temor, y que tiene que haber instituciones formales a escala global, nacional y local, que proporcionen las condiciones necesarias para la seguridad.
4 de 11 Sociología política. Tema 7 Las significaciones de “global” y los cambios en el carácter del gobierno global.
La globalización, en el uso más popular del término, se refiere a la expansión del capitalismo global, asó como a una serie de políticas (liberalización, desregulación y privatización) que la facilitan. Los defensores entusiastas de la globalización sugieren que esta expansión está llevando a una comunidad global única y a la desaparición del Estado-Nación.
La globalización como interrelación creciente en todos los terrenos: político, militar, económico, cultural, etc. Una versión de esta definición es la “comprensión tiempo-espacio”, o “la extensión de las relaciones sociales”, es decir, la idea de que las vidas de las personas están cada vez más influidas por acontecimientos que tienen lugar en la lejanía. El incremento del uso del avión y las nuevas formas de tecnología de la información y de las comunicaciones, han llevado a la reducción de la distancia.
Es creciente la interrelación política, tal como expresa la proliferación de organizaciones internacionales, tratados, congresos, etc., y esto está cambiando el carácter y el papel de los Estados.
La globalización como concepto que guarda relación con la emergencia de una conciencia global común. Esta definición pone mayor énfasis en la acción humana que las anteriores, y concibe lo global como algo más que espacial.
Para los que proponen esta versión, un factor clave es el modo en que el conflicto global ha creado una memoria colectiva compartida. Así pues, el en el siglo XX no sólo se ve su dimensión bélica, sino también como un siglo en el que se produce un aumento espectacular de los conceptos e instituciones de orientación pacifista, así como el desarrollo de normas y la defensa de derechos humanos. Esta versión de globalización implica la posibilidad de un Estado Global, o al menos, un Estado de Derecho Global.
Las tres definiciones anteriores comparten la idea de que la globalización, sea cual sea su formulación, tiene implicaciones de largo alcance para la naturaleza del Estado y, desde luego, para el poder político. Para la primera versión, la globalización implica la desaparición del Estado; para la segunda, la interrelación creciente del poder del Estado, y para la tercera, que una política global es posible. En opinión del autor, la globalización, en su raíz, es un proceso político, es resultado de una actuación humana deliberada.
Aunque ha habido corrientes públicas globalizadoras a lo largo de la Historia, un punto de partida para la ola de globalización actual son las reacciones contra el Estado en los años 60 y 70. En el período de la postguerra, el Estado era más intervencionista que nuca, no sólo en las sociedades totalitarias, sino también en la región atlántica. Las reacciones contra el Estado, adoptaron dos formas: Una reacción neoliberal, que argüía que la intervención del Estado en la economía había ido más allá de sus posibilidades, creando rigidices que suprimían el mercado y actuaban contra la innovación y la eficacia.
Una reacción democrática, opuesta al paternalismo, autoritarismo y la guerra. Los nuevos movimientos sociales aparecieron en 1968 y articularán una nueva forma de democracia radical.
Mientras los neoliberales pretendían poner límites al poder estatal y hacerlo retroceder, al menos en el campo económico, a los nuevos movimientos sociales, les preocupa más la responsabilidad y la participación. Ambas corrientes políticas han contribuido a un mayor énfasis en el individualismo.
Para los neoliberales, el hincapié en los individuos estaba ligado a la propiedad privada, el consumo y la búsqueda de beneficio. Para los nuevos movimientos sociales, lo importante, son las posibilidades vitales, los derechos humanos, la participación política y la posibilidad de deliberación crítica. Mientras a los neoliberales les preocupa el interés propio y la avaricia como mecanismo de equilibrio, los nuevos movimientos sociales se basan en la autonomía moral y la responsabilidad individual.
Pero 1989 marcó el principio de lo que pudiera llamarse sociedad civil global, es decir, el momento en el que la guerra y hacer la guerra comenzó a ser mucho menos importante para determinar las relaciones entre Estados, y en el que grupos de individuos y ciudadanos empezaron a encontrar salidas políticas genuinas a nivel global.
5 de 11 Sociología política. Tema 7 3. Movimientos sociales, ONG y redes..
Estamos acostumbrados a pensar en lo internacional como el ámbito de la diplomacia, y en lo nacional como el espacio de la política. La “escena global”, dice Bauman, era tradicionalmente “el teatro de las relaciones interestatales”. Así pues, tras la II Guerra Mundial, el desarrollo de la integración superestatal, la emergencia de los bloques, no sólo Este y Oeste, sino también el bloque no alineado, conllevan que la escena global se viese cada vez más como el “teatro de la coexistencia” y la competencia ente grupos de Estados, más que entre los propios Estados.
La características más destacadas del mundo posterior a 1989 es la entrada de la política en la “escena global”, es decir, a la interacción entre las instituciones del gobierno global: los grupos, redes y movimientos que comprenden los mecanismos a través de los que los individuos negocian y renegocian contratos sociales o pactos políticos a escala global. Un sistema de relaciones entre Estados o grupos de Estados, ha sido suplantado por un entramado político más complejo, que implica a una serie de instituciones e individuos, y en el que hay un lugar, quizá pequeño, para la razón y el sentimiento individual.
Este desarrollo es el resultado de cambios tanto desde arriba como desde abajo. Por un lado, 1989 marcó el fin del conflicto global, la desintegración de los bloques. Esto posibilitó que los Estados y las Instituciones internacionales se trataran unos a otros como nuevos modos corporativos y discursivos, más receptivos a los individuos y grupos de ciudadanos. Por otro lado, los movimientos y grupos que habían luchado por la paz y la democracia, o por los derechos humanos y la responsabilidad medioambiental, durante los años de la guerra fría, pudieron aprovecharse de esta nueva apertura.
Un tema importante en este capítulo es que ese proceso implicaba lo que Kaldor denomina “amansamiento” de los movimientos sociales del período previo a 1989, y sus sucesores son las denominadas ONGs.
Actualmente prolifera el lenguaje utilizado para describir a los actores no estatales en la política global: los movimientos sociales globales, las ONGs internacionales, las redes de abogacía transnacional, las organizaciones de sociedad civil, etc. El término de sociedad global incluye todas aquellas organizaciones, formales e informales, a la que los ciudadanos pueden unirse, y mediante las que los que toman decisiones, pueden oír sus voces. Hay una tipología (tipos ideales), cuya característica común es que traspasan las fronteras nacionales y tienen relaciones transnacionales.
a. “viejos” y “nuevos” movimientos sociales.
Hay una serie de definiciones de movimientos sociales, pero generalmente, hay un acuerdo en que éstos, son organizaciones, grupos de personas e individuos que actúan juntos para propiciar la transformación de la sociedad. En contraste, por ejemplo, con los más estrechamente organizados ONGs o partidos políticos.
En la base de todos los movimientos sociales se encuentra lo que Tarrow denomina “política contenciosa”. Siempre ha habido política conflictiva, pero los movimientos sociales pueden describirse como la forma moderna de política conflictiva. Tilly habla de contraste de repertorios entre las protestas tradicionales y las modernas, pero limitadas a los marcos heredados del pasado. Así, según Tilly, el repertorio de los movimientos sociales puede distinguirse de formas anteriores de protesta en tres aspectos: Son cosmopolitas, más que provincianos, es decir, se preocupan por temas y principios aplicables a los seres humanos en general, y no sólo a sus propios intereses en un lugar particular.
Son autónomos más que bifurcados, es decir, los individuos de organizaciones pueden dirigirse directamente a las autoridades relevantes, en contraste con las formas premodernas o modernas, en las que los individuos se dirigían a un patrón o autoridad local, incluso cuando los asuntos tenían una significación más que local.
Son modulares, más que particulares, es decir, desarrollan rutinas de protesta, como la petición de huelga o la manifestación, que son fácilmente extrapolables a distintas situaciones, en contraste con las protestas tradicionales, como las apropiaciones de cereales o quemas de pajares, que variaban según el caso y la localidad.
Pudiera añadirse una diferencia más. Las protestas tradicionales a menudo eran violentas. El auge de los movimientos sociales implica una “civilización” de la protesta. Aunque los movimientos sociales pueden quebrantar la ley, mediante formas diversas de acción directa o de desobediencia civil, la no violencia se ha convertido en un compromiso dominante.
6 de 11 Sociología política. Tema 7 Los movimientos sociales suben y caen. Su éxito depende tanto de su capacidad de entusiasmar como de la respuesta de las autoridades. Siempre que las autoridades permitan la protesta y se tomen en serio las demandas de los que protestan, los movimientos sociales permanecerán “tranquilos”. Esta “tranquilidad” se refiere a la adaptación en uno y otro lado. Cuando las autoridades reprimen la protesta y rechazan las demandas, los movimientos sociales se ven marginados y pueden volverse violentos. Tarrow habla de “ciclos de contención”, aunque los fines puedan diferir, los movimientos siempre llegan a su fin.
Los movimientos “viejos” suelen ser de carácter obrero o para la autodeterminación, como los movimientos nacionales del siglo XIX o los anticoloniales. Eran movimientos de masas que se dirigían al Estado y se organizaban jerárquicamente. Utilizaban el repertorio moderno de protesta: peticiones, manifestaciones y huelgas.
Los movimientos “nuevos” suelen considerarse descendientes de las revoluciones estudiantiles de 1968. Les preocupan nuevos temas: los derechos humanos, la paridad entre sexos, el medio ambiente o la paz. Expresan las frustraciones políticas de una nueva clase media culta o con empleos de alto nivel. Son pioneros de nuevas formas de organización horizontal y nuevas formas de protesta que utilizan los medios de comunicación. Están mucho más preocupados por la autonomía individual, por la resistencia a la intromisión del Estado en la vida cotidiana. Entre las principales innovaciones de los nuevos movimientos, en contraste con el movimiento obrero, se encuentra una ideología crítica con la modernidad y el progreso, estructuras organizativas descentralizadas y participativas, una defensa de la solidaridad internacional contra las grandes burocracias, y la reclamación de espacios autónomos más que ventajas materiales. Los años 70 y 80 testimoniaron el surgimiento de los grupos defensores de los derechos humanos el medio ambiente o de los derechos de la mujer.
Según Kothari, los “nuevos” movimientos sociales constituyen un espacio totalmente nuevo. Es diferente porque es, esencialmente, un espacio sin partidos. Su papel es profundizar en el proceso democrático, en respuesta a un Estado que no sólo ha olvidado a los pobres y oprimidos, sino que él mismo se ha vuelto opresivo y violento. Se intenta subrayar las dimensiones que hasta la fecha no se consideran políticas.
También se argumenta que los “viejos” movimientos son “nacionales”, en contraste con el carácter cosmopolita de los “nuevos” movimientos sociales. Aunque esto no es así, los distintos movimientos que presionaban para el reconocimiento de los derechos individuales, fueron siempre universalistas en sus aspiraciones. Del mismo modo, el movimiento obrero siempre fue internacional. La I Internacional de trabajadores tuvo lugar en 1864. La Federación Internacional de Sindicatos se fundó en 1901. Pero fue a través del Estado que se “amansaron”. Tales movimientos se transformaron en partidos políticos y, en el caso de los sindicatos, en parte negociadora junto con el Estado y las organizaciones patronales a escala nacional.
b. Las ONGs.
Puede decirse que el tercer tipo de actor de la sociedad civil global representa el “amansamiento” de los “nuevos” movimientos sociales. En contraste con los “viejos”, los “nuevos” se “amansaron” no dentro de un marco nacional, sino en el marco del gobierno global. Comparadas con los movimientos sociales, las ONGs son institucionales y generalmente profesionales. Incluyen asociaciones benéficas de voluntariado, fundaciones o asociaciones profesionales y suelen estar formalmente registradas.
Se dice a veces que son organizaciones que “persiguen valores”. De hecho, valores como el servicio público o la creación de riqueza, también son importantes para los Estados y las Compañías.
Las ONGs no son nuevas. Las de carácter internacional se crearon en el siglo XIX, como la Sociedad antiesclavitud de 1839 o la Cruz Roja Internacional de 1864.
El número de ONGs internacionales aumentó durante el período de posguerra no sólo a raíz del estímulo de los nuevos movimientos sociales, sino también porque antiguos misioneros y administradores coloniales buscaban nuevos quehaceres. En los años 50 y 60, sin embargo, su influencia quedó limitada por la guerra fría, y no fue hasta la década de los 70 cuando la apertura de los “nuevos” movimientos sociales hacia las Instituciones locales e internacionales llevó a la proliferación de ONGs en general y de ONGs internacionales en particular. Inicialmente, esta apertura se refirió principalmente a asuntos “blandos” que no parecían directamente mezclados con el conflicto ideológico, en especial el asunto del medio ambiente o las mujeres. En la década de los 80, las ONGs internacionales de desarrollo y humanitarias también empezaron a verse como interlocutores ante los gobiernos e instituciones internacionales, por una serie de razones: su conocimiento local, la necesitad de evitar gobiernos ineficaces y autoritarios y la de encontrar maneras de poner en marcha paquetes de ajuste estructurales.
7 de 11 Sociología política. Tema 7 El fin de la guerra fría aceleró estas tendencias. La “nueva agenda política” combinaba la estrategia económica neoliberal con un énfasis en la democracia parlamentaria. Los mercados, junto con las elecciones, se convirtieron en la fórmula ideológica de los años 90. Las ONGs empezaron a verse como un mecanismo importante para el cumplimiento de esa agenda. Pueden proporcionar una red de seguridad social sin ampliar el papel del gobierno, ofrecer preparación en asuntos de democracia y ciudadanía, controlar y denunciar abusos del Estado y prácticas gubernamentales pobres, y pueden empujar a las compañías a llevar una agenda de responsabilidad social. En la segunda mitad de la década de los 90, en Europa occidental llegaron al poder políticos de la “tercera vía”, que aceptaban la ortodoxia neoliberal y que, a pesar de ello, habían aprendido a hacer política a través de la experiencia de nuevos movimientos sociales y estaban dispuestos a abordar nuevos temas y a abrir los entresijos del poder a movimientos sociales “mansos”. Finalmente, cuando se suavizó el triunfalismo neoliberal justo después de la guerra fría, a finales de los 90, incluso las instituciones internacionales más dura como el FMI iniciaron un diálogo con las ONGs internacionales.
Estas aperturas han alentado la institucionalización y profesionalización. Lester Salamon ha descrito el espectacular crecimiento de las ONGs en los años 80 y 90 como la “revolución asociativa global”.
Un factor importante en el crecimiento de las ONGs ha sido el incremento de la financiación oficial.
Hay grandes diferencias entre ONGs. El término ONG incluye organizaciones que se consideran fundamentalmente no gubernamentales, pero también incluyen asociaciones profesionales y grupos de autoayuda, como sindicatos, grupos deportivos, etc. Algunas organizaciones son muy grandes y se parecen a las grandes compañías. Otras pueden ser pequeñas, autoorganizadas y espontáneas.
Como consecuencia de su carácter “manso”, las ONGs pueden actuar como interlocutores en temas que afectan a los nuevos movimientos sociales. Además, muchas de ellas han adquirido conocimientos profundos en áreas políticas particulares, lo que les permite desafiar a los expertos oficiales. Por este motivo, podemos incluir en esta categoría a los grupos de expertos y comisiones internacionales. Como muchas de las ONGs, estos grupos son una fuente alternativa de conocimiento experto. Las comisiones internacionales son otro mecanismo de “amansamiento” en el que los grupos independientes de individuos y expertos prominentes se reúnen para elaborar informes sobre temas de significación global. Las comisiones Brant, Palme y Brundtland fueron pioneras de esta aproximación al desarrollo, a la seguridad y al medio ambiente, respectivamente. En los años 90 este tipo de comisiones ha proliferado.
Un subconjunto de esta categoría, que raramente se menciona en la literatura sobre la sociedad civil global, pero que por otro lado son extremadamente poderosas, son los grupos de expertos.
Las ONGs pueden variar entre ellas según algunas características: Que sean locales y estén más arraigadas en el entorno local, o que sean foráneas, estando más cerca de la comunidad que hace la política.
Que presten servicios tales como asistencia sanitaria primaria, ayuda en emergencias, educación no reglada, servicios legales o económicos, o que presten servicios de abogacía y representación mediante cabildeo, movilización o campañas publicitarias para pedir ayudas sociales, condonaciones de deuda, etc.
Que sean solidarias; sus miembros comprometidos (a veces de clase media) se preocupan por los pobres y más necesitados, recibiendo la ayuda de fondos externos, o que se ofrezcan ayuda mutua para el propio beneficio de sus miembros, como la asociación de mujeres trabajadoras por cuenta propia de la India (SEWA). Las asociaciones profesionales también suelen ser organizaciones típicas de ayuda mutua.
Que tengan un tipo organizativo u otro. Formales, informales, centralizados, descentralizados, nacionales o locales o internacionales. La diferencia en la cultura organizativa propicia la existencia de ONGs como Amnistía Internacional, que son propietarios de su organización y controlan la toma de decisiones, o Greenpeace, compuesto por simpatizantes que donan su dinero. La transnacionalización y el uso creciente de tecnologías de la información y las comunicaciones, tiende a favorecer las organizaciones descentralizadas y de tipo red.
El uso cada vez más generalizado del término ONG refleja lo que se ha descrito como “oenegaeización” del espacio público. Efectivamente, esto significa que las ONGs que son del norte, y por tanto, cercanas a los centro de poder y financiación, que ponen el énfasis en la prestación de servicios, que son más solidarias que las de ayuda mutua, y cuya organización tiende a ser más formal y jerárquica, han llegado a dominar la escena de las ONGs. En parte, es consecuencia del apoyo creciente de los gobiernos del norte a estas ONGs.
8 de 11 Sociología política. Tema 7 El crecimiento de este tipo de ONGs ha dado alas a una amplia crítica: La dependencia de los fondos de los gobierno, en algunos casos, han transformado las ONGs en organizaciones paraestatales o subcontratistas gubernamentales. En algunos casos se han convertido en sustitutas de los Estados.
También puede haber una reducción de la función de la abogacía de las ONGs, ya que éstas temen perder sus fuentes de ingresos.
En casos extremos, se dice que las ONGs son sencillamente las “siervas del cambio capitalista” y que su preocupación por las estrategias efectivas de alivio de la pobreza es poco seria. Se las ve como “modernizadoras y destructoras de las economías locales”, que introducen valores occidentales y propician el “economicidio”.
Se esgrime el argumento paralelo sobre las nuevas relaciones emergentes entre las ONGs y las compañías. Como parte del nuevo compromiso hacia la responsabilidad social, las compañías emprenden programas sociales y de medio ambiente mediante la subcontratación de ONGs. Las “buenas obras” ocultan el daño estratégico a largo plazo infligido por las compañías.
Otra crítica dirigida a estas organizaciones es que el crecimiento del tipo predominante de ONG del norte ha llevado a una competencia intensa. Las ONGs tienen que identificar un nicho de mercado y distinguir su marca de las otras ONGs. Esto contradice las prácticas cooperativas que debieran tener lugar.
En el mercado de las ONGs es muy importante aparecer en los medios de comunicación. Se plantea un problema particular a raíz de la dependencia de las ONGs de su presencia en los medios. Hay una tendencia a exagerar crisis a fin de movilizar el apoyo público. Y los medios de comunicación a menudo alientan esta tendencia en busca de historias dignas de publicitar.
c. Redes cívicas transnacionales.
Son redes que unen ONGs internacionales además de individuos, con temas y campañas específicas. Según Castells, son la “nueva morfología social” de la era contemporánea. Son flexibles, fluidas y dan a las voces de los grupos de base, la oportunidad de ser escuchadas. Son formas de comunicación e intercambio de información. Representan una vía de doble sentido entre grupos del sur e individuos, o mejor dicho, entre grupos o individuos que representan directamente a las víctimas, tanto si son de violaciones de derechos humanos, como de la pobreza o la degradación medioambiental, y los llamados “outsiders” solidarios del norte. Los segundos proporcionan acceso a las instituciones globales, de financiación o medios de comunicación globales.
Keck y Sikkink han acuñado el término de “efecto búmeran” mediante el cual los grupos locales, bloqueados en su ámbito nacional, pueden utilizar la red para influir en otros Estados y organizaciones internacionales con el fin de desbloquear la situación nacional. Por ejemplo, la red sida/VIH, o la existencia de normas internacionales que los Estados han ratificado, como el acuerdo de Helsinki de 1975.
Quizás sería más apropiado hablar de un “efecto bumerán doble”, ya que las consecuencias de estas acciones locales a menudo también refuerzan instrumentos internacionales, que luego pueden utilizarse para potenciar campañas locales. Por ejemplo, la firma de tratados contra las minas terrestres.
Ocurre que la efectividad de las campañas suelen ignorar las maneras de trabajar democráticas y participativas. A pesar de todo, estas redes han tenido un impacto considerable en la transformación del contenido normativo de la política global.
4. Nuevos movimientos nacionalistas y fundamentalistas.
Lo forman los movimientos nacionalistas exclusivos en los Balcanes y gran parte del mundo poscomunista, comunidades religiosas (islámicas, hindúes) en Oriente Medio y Asia, el movimiento del milenio o “new age” en África y EE.UU., o los crecientes movimientos contra la inmigración en Europa occidental. Tienen o comparten algunos aspectos con los “viejos” movimientos sociales.
A menudo son movimientos de masas que engloban a trabajadores y campesinos. Están organizados, al menos en parte, de maneras jerárquicas de forma tradicional, muchas veces con un líder carismático. Su objetivo es casi siempre capturar el poder del Estado, pero difieren en que tienden a plantear la reclamación de poder sobre la base de etiquetas más que de ideas. Por ejemplo, los movimientos fundamentalistas religiosos, reclaman el poder político sobre la base práctica religiosa, lo que también excluye a otros con prácticas diferentes o no religiosas.
La política de identidad fundamentalista o extremista implica una reclamación exclusiva del poder en nombre de la identidad, esto es, negar la reclamación de otras entidades.
9 de 11 Sociología política. Tema 7 El fundamentalismo religioso en todas las sociedades no tiene como objetivo convertir a otras personas a sus creencias, sino alcanzar el poder político, social y genérico, dentro de sus propias sociedades.
Los “nuevos” movimientos nacionalistas y religiosos tienden a presentarse como reacción contra la modernidad, en contraposición con los “viejos” movimientos nacionalistas, que se ven a sí mismos como agentes de progreso que construyen un/el Estado moderno.
Una segunda diferencia tiene relación con la composición social. Los nuevos movimientos nacionalistas y fundamentalistas tienen la capacidad de movilizar a trabajadores y campesinos como ocurría con los “viejos” movimientos sociales, pero estos grupos se reducen a una parte de la sociedad que sigue los dramáticos cambios estructurales que han tenido lugar a consecuencia de la globalización.
Personas que se han visto obligadas a emigrar a conglomeraciones urbanas de todo el mundo, y que se ganan la vida con trabajos mal pagados, o al margen de la economía formal asociadas con la globalización.
Una tercera diferencia se observa en las formas de organización. Muchos movimientos políticos y nacionalistas religiosos se organizan según el modelo de los antiguos partidos de izquierda. Sin embargo, esos movimientos también se caracterizan por combinar esta forma con la construcción de redes. Tanto los movimientos religiosos como los nacionalistas tienen ámbitos transfronterizos. Los colectivos residentes en el extranjero proporcionan fondos y otras formas de asistencia y actúan como lobbies globales. Las redes tampoco son meramente transnacionales, también son funcionales. Mientras los “viejos” movimientos estaban financiados principalmente por sus miembros y comprometidos con formas tradicionales de acción política, los “nuevos” traban alguna clase de vínculo con grupos delictivos, mercenarios, servicios de seguridad, empresas y bancos.
Una cuarta diferencia guarda relación con el hecho de que los “nuevos” movimientos nacionalistas y fundamentalistas han adoptado parte del repertorio de los “nuevos” movimientos sociales. Se implican en actos políticos simbólicos de carácter devastador y magnificante. Al igual que los “nuevos” movimientos sociales, ponen un énfasis considerable en el impacto de los medios de comunicación.
Por otro, tanto la debilidad de los “nuevos” movimientos sociales, como de las ONGs radica en que, aunque tienen una elevada autoridad moral, se componen principalmente de una minoría culta y les falta capacidad de movilización popular. Los “nuevos” movimientos nacionalistas parecen llenar el vacío causado por el “amansamiento” de los “viejos” movimientos sociales y su desaparición virtual después de la guerra fría. Son los movimientos nacionalistas y fundamentalistas, no los democráticos, los que mejor parecen captar el sentimiento popular, al menos en algunas partes del mundo.
Desde luego, no todos los grupos nacionalistas y religiosos son exclusivistas y extremistas. A parte de los movimientos que propugnan la libertad cultural o religiosa, o corrientes de pensamiento religioso como el Islam liberal o la teología de la liberación, una importante categoría de organización es la de los grupos neo-tradicionales que propician bienestar, instrucción religiosa, etc. Con frecuencia se caracterizan por su tolerancia hacia otros sectores de la sociedad, e incluso están involucrados en luchas por la democratización, el avance social o la protección del medio ambiente.
La última categoría de actor de la sociedad global es el “nuevo” movimiento anticapitalista que irrumpió en las calles de Seattle y Praga al final de la década. Se define normalmente como movimiento antiglobalización. El término anticapitalismo es una descripción más adecuada, porque la mayoría de los implicados en el movimiento se oponen a la expresión no regulada del capitalismo, y al poder creciente del mercado sobre todos los aspectos de la vida.
El nuevo movimiento anticapitalista es formalmente similar al de las redes cívicas globales, pero en lugar de estar organizado en torno a un tema específico, es un movimiento social en función de sus objetivos de transformación.
El “nuevo” movimiento anticapitalista incluye a los que los rechazan y a los fundamentalistas, que quieren invertir la globalización y volver a un mundo de Estados-nación. Incluye a los reformadores que quieren “civilizar” y “democratizar” la globalización y ofrecen propuestas concretas como la condonación de la deuda (Jubileo 2000) o la tasa Tobin (ATTAC). También incluye a los que quieren abolir las instituciones actuales y construir otras alternativas.
Las manifestaciones en la cumbre del G8 en Génova, parecen haber marcado un punto de inflexión.
Las manifestaciones fueron objeto de una fuerte violencia, en la que el movimiento anticapitalista tuvo su primer mártir. Después de Génova, el FMI y el Banco Mundial, respondieron a una invitación por parte de Intercambio Global, Trabajos con Justicia, 50 años es suficiente y Acción Esencial, para iniciar un debate político, diciendo que en principio estaba dispuesto a dialogar, siempre que no hubiera violencia y se respetasen distintas opiniones.
10 de 11 Sociología política. Tema 7 5. El papel de los medios de comunicación.
La invención de la prensa impresa explica en parte el surgimiento de formas modernas de protesta.
Eran cosmopolitas, porque la gente podía relacionarse no sólo con aquellos que conocían personalmente, sino también con los lectores en general. Sus protestas eran modulares, porque otros podían aprender sus técnicas y comprender sus reivindicaciones. Eran autónomos, porque cualquier individuo podía suscribir una petición o escribir a un periódico. La “comunidad imaginada” de naciones fue creada por la imprenta.
Los “nuevos” movimientos sociales han capitalizado la posibilidad de lo que los franceses llaman “acontecimientos mediáticos”. Tanto la política simbólica como la política de la información dependen de noticias e imágenes instantáneas, en especial televisadas. El espacio global se convierte en espacio político.
La emisión en directo lo es todo, y lo local es global al instante, lo distante se acerca de inmediato. Una de las razones por las que la globalización dificulta tanto el sostenimiento de sociedades totalitarias cerradas es que resulta muy arduo aislar las ondas aéreas.
No sólo esparce la conciencia humanista, también expanden la cultura consumista global. Por otro lado, la televisión o incluso la radio dirigida por el Estado puede ser utilizada como poderosa herramienta de propaganda por parte de los “nuevos” nacionalistas (antigua Yugoslavia; “radio del odio”, en Ruanda).
Mientras, los periódicos movilizan a un público lector, normalmente urbano, la televisión, la radio y el video actúan como una forma rápida de movilización en áreas remotas donde la gente no tiene el hábito de la lectura. La reproducción de imágenes e incluso de voces, es una manera mucho más poderosa de hacer revivir el pasado.
Uno de los avances positivos de la década de los 90 ha sido la manera en que la democratización ha llevado a la ruptura de los monopolios estatales en las emisiones. Sin embargo, la emisión con carácter de servicio público ha sido difícil de promover y muchas de las nuevas estaciones de radio y televisión son principalmente de entretenimiento. Los medios de comunicación privados también pueden proporcionar versiones peculiares de cultura exclusiva (ej. Sesgos nacionalistas en la emisión de noticias). Internet y el correo electrónico se han convertido en herramientas esenciales para la organización de los 90 en adelante.
6. ¿Quién forma parte de la sociedad civil global? Las distintas definiciones contemporáneas de sociedad civil global tienden a corresponder a diferentes categorías de actores.
La versión neoliberal de la sociedad civil global corresponde a la idea de una sociedad civil compuesta por un mercado de ONGs. El término ONG parece implicar “sin” o “en lugar del” Estado. El modelo activista se corresponde con una sociedad civil compuesta de movimientos sociales y redes cívicas.
La versión posmoderna incluiría también a los nacionalistas y a los fundamentalistas.
A finales de los 80, las energías de los “nuevos” movimientos sociales culminaron en la ola de democratización. El crecimiento de ONGs, en parte como el “amansamiento” de los “nuevos” movimientos sociales en el período posterior a la democratización. También fue un período en el que las antiguas organizaciones sociales y asociaciones cívicas, a menudo legado de los “viejos” movimientos sociales, se hallaban erosionadas por crisis económicas y cambios estructurales.
En los 90, la esfera de la política informal llegó a estar dominada, por una lado, por ONGs, y por otro, por “nuevos” movimientos nacionalistas y fundamentalistas. Esto explica la creciente desafección y crítica hacia el término “sociedad civil”, término demasiado eurocéntrico e imperialista. A finales de los 90, aparecieron nuevos grupos de base y organizaciones sociales, así como el nuevo movimiento anticapitalista.
La sociedad civil proporciona una plataforma legitimadora para las demandas discordantes y radicales.
La sociedad civil global incluye las ONGs internacionales y las redes consideradas sucesoras “mansas” de los “nuevos” movimientos sociales de los 70 y 80. También abarca a los aliados de los negocios transnacionales que promueven un ámbito de mercado a escala global. Acoge un nuevo movimiento anticapitalista radical, que combina los sucesores de los “nuevos” movimientos sociales con un nuevo tipo de movimiento obrero. Y siempre que los movimientos nacionalistas y fundamentalistas sean de adscripción voluntaria y participativos, también han de ser incluidos.
La serie de organizaciones y grupos a través de la cual, los individuos tienen voz y toman decisiones representa una nueva forma de política global paralela y complementa la democracia formal. Esos nuevos actores no toman decisiones. Porque se han constituido voluntariamente y no representan más que sus propias opiniones. Los analistas del “nuevo movimiento social” hablan a menudo de una “sociedad en movimiento”. La característica principal de la globalización es la rapidez del cambio tecnológico y social. El Estado moderno del siglo XXI, es demasiado pesado, lento y rígido para adaptarse a las consecuencias no intencionadas del cambio. Es la contienda entre estos tipos de actores diferentes, así como de los Estados, las instituciones internacionales y las corporaciones transnacionales lo que determinará la futura dirección de la globalización.
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Comentario de yapariciojimeno en 2018-01-01 21:40:05
es una excelente herramienta de ayuda para el estudio. Gracias
Comentario de vjimeno36 en 2017-10-02 15:28:37
NO lo he comprobado todavia pero parecen interesantes.
Comentario de lperezsuarez en 2017-08-23 10:49:05
muy bien elaborados. completos y claros