Estética I: Theodor Adorno y Walter Benjamin (2010)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Filosofía - 4º curso
Asignatura Estética
Año del apunte 2010
Páginas 15
Fecha de subida 21/06/2014
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Teoria de la Estética de Theodor Adorno y su dialectica negativa;
La reproducción y el aura de Walter Benjamin.

"Adorno difiere en sumo grado respecto al entendimiento de la estética de éste; Adorno polemiza contra los realismos (entre ellos el marxismo) y contra las políticas culturales (especialmente los fascismos) que trasformaban la imagen artística en una herramienta al servicio de la lucha de clases y de la política."

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Theodor Adorno y Walter Benjamin Dialéctica negativa y Teoría Estética Estética I Profesor: Francisco Caja Índice 1. Introducción conjunta Theodor Adorno y Walter Benjamin pág.4 2. Walter Benjamin La reproducción técnica y el aura pág.6 3. Theodor Adorno Teoría de la Estética pág.12 4. Bibliografía pág.16 3 1.
Introducción Theodor Adorno y Walter Benjamin Los grandes cambios socioeconómicos, principalmente debidos a la Revolución Industrial y sus consecuencias más directas, plantean el terreno de juego teórico de Adam Smith y de Marx, de la que como consecuencias directas, lejos de su doctrina generalmente leída como económica, Theodor Adorno y Walter Benjamin iniciarían una serie de divergencias filosófico-económico-sociales convertidas en una discusión estética completamente nueva.
Theodor Adorno (1903-1969), estudió Kant desde muy joven y dedicó su vida al estudio de la filosofía, la psicología, la sociología y la música, entre otras. En 1970, la obra de Adorno “Teoría Estética” logra un puesto importante en el imaginario filosófico sobre el dominio del arte moderno. Adorno, junto a Horkheimer, crítica la razón instrumental que destruye la libertad y la moral individual, aun así aceptando la racionalidad técnica en el arte y convirtiéndose en un defensor de las obras de vanguardia. Adorno niega que el arte pueda ser crítico y placentero al mismo tiempo debido a la critica racional que hace respecto al individuo moderno y la cultura de masas El placer estético no debe constitutivo del arte, sino algo accesorio y quizás eliminado, en clara critica a Freud y Kant.
Walter Benjamin (1892-1940), amigo de adorno, por su parte también estudiante de Kant, Hegel, Baudelaire y el marxismo, centraba su atención en los aspectos de la vida social y técnica poco tocados en filosofía, una crítica de su medio intelectual mediante el análisis de lo aparentemente banal, aquello alejado de la metafísica, pero su 4 crítica a la modernidad ha sido de gran influencia en el desarrollo de los estudios culturales en la actualidad. Uno de estos temas principales de sus obras sería retocar la concepción estética del arte de una manera que muchos de sus contemporáneos tachaban de aborrecible. De esto hablaría en textos como Pequeña historia de la fotografía o La obra de arte en la era de su reproducción técnica. En el primer ensayo nos habla no solo de la posición que la fotografía a robó a la pintura como expresión artística, fenómeno comercial y comunicativo, sino también de lo que es capaz de captar la realidad de una manera que no hacia la pintura; captar la realidad tal como es, retratar a las personas en las exactas circunstancias que en que fueron tomadas, sin el engaño que el pintor tejía sobre ellos. Una de las razones de Benjamín de transvalorar la Estética de su tiempo surge de su anticipación de cómo los regímenes fascistas que surgían en Europa podían utilizar ésta Estética de lo elevado, de lo sublime, como un posible uso del arte para la motivación de las masas. El esfuerzo de Benjamín se sitúa en parte en romper esta aura especial de los objetos artísticos, y reconocer como son llevados al pueblo en una reducción que los hace suyos, convirtiendo en el arte algo que no seguirá siendo una diferenciación más entre clases. Adorno y Benjamin coinciden en que la mercantilización del arte mediante la tecnología destruyen el aura del arte.
En cualquier caso la capacidad crítica por la que serian reconocidos Adorno y Benjamín vendría de la dialéctica negativa, una convergencia entre el materialismo y el misticismo, pudiendo así reconocer la importancia de los hechos empíricos sin reducirlos ni mecanizarlos, y restituir su profundidad cómo aproximación trascendente.
La profesora de filosofía política Susan Buck-Morss señalaría de Benjamín su especial visión de la doctrina Marxista, reteniendo la estructura cognitiva del kantianismo y el misticismo, transformando el idealismo en materialismo y el místico en profano. La filosofía no debe legitimar la realidad ni servir para entenderla, sino más bien para ayudar a explicarla. Benjamín se especializará en hacer una critica de la realidad partiendo de los asuntos más banales (“no es el tema lo que otorga el rigor si no la forma de tratarlo”), como en Pasajes y Paisajes, o haciendo Estética de un tema intrascendente filosóficamente como era la fotografía en su época. Sin embargo, lo que no reconocían sus contemporáneos era que la fotografía formaba parte del más profundo vínculo entre arte y sociedad.
5 2. Walter Benjamin La reproducción técnica y el aura “A lo largo de amplios periodos históricos, las características de la percepción sensorial de las comunidades humanas van cambiando a medida que cambia su modo global de existencia”.
-Walter Benjamin Georg Lukacs (1885-1971) ve la concepción marxista de la obra de arte ligada a la concepción historica hegeliana de un proceso unitario, en el que en su tiempo se seguía pudiendo observar la obra de arte de forma coherente, desde el productor de la obra a como debía de ser recibida por su receptor. Benjamin contrariamente a esto diría que el publico de la obra vería una obra de arte distorsionada, un seguimiento histórico discontinuo, debido a la perdida de cohesión entre como y para que era creada la obra, y como era recibida por el público de una manera totalmente distinta, sobretodo en la era de la reproducibilidad técnica de la obra de arte.
Benjamin, de la visión Estética de Kant extrae tres planteamientos metodológicos de cómo debe interpretarse esta; estudiando en las condiciones en que son producidas las ideas de las representaciones artísticas, analizando la situación social de los productores de éstas, y comprendiendo que la producción artística está ligada a la formación de sus destinatarios (Se produce un objeto para el sujeto, pero también un sujeto para el objeto). Esto seria lo que Benjamin analizaría en su Pequeña historia de la fotografía.
En general Walter Benjamín ve con melancolía anticipada la desaparición del clásico aura de lo estético, una idea fundamental a lo largo de su obra. El aura existe en 6 un espacio temporal muy particular, es irrepetible y se desvanece rápidamente, solo captada por aquellos que la contemplan cuando aparece o ayudan a crearla, y por ello, irrepetible e irreproducible. Sin embargo Benjamín otorgó otra especie de aura a la fotografía, identificándola no como representación de la realidad dada si no como realidad construida, en la que el fotógrafo se convierte en artista, siendo único en crear una visión real o ficticia del mundo. Benjamín abrirá un debate que en el futuro seguirá ampliándose, como la clara relación entre fotografía y sociedad de Susan Sontag, la clásica pero sin embargo totalmente cierta sociedad entendida como contexto ideológica para la creación estética, siendo la fotografía la viva representación de cada tiempo transcurrido en esta sociedad. Aparte existe una pathos generalizada de la añoranza, como ya arriesgaba Benjamín; “¿cómo esa boca besada aquí en la cual el deseo se enreda localmente tal un humo sin llama?”. La fotografía llega a ocupar un lugar tan importante en la concepción de lo bello de cada hombre que hasta cuando se encuentra con algo bello dice “que pena que no tuviera una cámara para fotografiar esto”, dice Sontag. La fotografía es un medio que amolda y educa la forma de percibir el arte a los hombres contemporáneos, llevado de la mano de las telecomunicaciones, lo que se traduce en el estrecho lazo entre fotografía y cultura.
Los elementos de la fotografía no son simplemente estéticos y técnicos, si no también socio-históricos en la medida en que su nacimiento ha sido parte de los modos de representación de la clase media, inundándonos diariamente con la temática que nos envuelve como el elevado porcentaje de información visual sobre pobreza y sexualidad que recibimos, convirtiéndose en el lenguaje común de la sociedad. Sin embargo, Sontag nos dice que esta realidad reflejada en la fotografía es una realidad creada, alejada temporalmente, que convierte el presente en pasado cada vez que se toma una imagen; no se puede crear conocimiento mediante la fotografía por que solo dota de valor nostálgico a la realidad y únicamente representa de forma sincrónica, y es en la diacronía de los procesos sociales donde se puede explicar la realidad. Pero con Benjamín coincide en que la imagen lleva a una comprensión más allá del aspecto digital del lenguaje, lleva a una comprensión de las personas retratadas de una manera a la que las pinturas o los textos no podrían llegar a mostrar nunca.
De los planteamientos metodológicos de la estética en Marx extrae la desestetización del arte en perspectiva de su socialización, al eliminar el aura del 7 producto artístico único. En su obra se inserta un estudio profundo a nivel cultural y filosófico, comenzando por el impacto de la reproducción de imágenes en el capitalismo incipiente, en la línea de la clásica crítica marxista sobre el fetichismo de la mercancía, pero mejorando la teoría cultural del discurso. La obra definitiva de Benjamín que contenía la crítica interna del marxismo (y al mismo tiempo la profundización de su método) era La obra de los pasajes. En esta obra intenta sentar las bases de su teoría material de la cultura, fusionando un materialismo marxista (el autor como productor) con lo metafísico. En “La obra de arte en la era de su reproducción técnica” nos pone en juego en su época la complejidad de definir una obra de arte que ya no es única, que se puede reproducir cuantas veces se quiera, y perder por el camino su aura, que le proporcionaba propiedad y autoría de exhibición. Todo esto cambió radicalmente con la reproducción en masa de estas obras de arte que las hacían públicas y las acercaban a toda la humanidad, el arte dejaba de ser un ritual para hacerse mundano; con las fotografías se deja de preocuparse por la entidad original.
En la obra advierte la crisis entre el equilibrio entre original y copia, así como la existencia de arte cómo fruto del esfuerzo colectivo. También se da un giro brusco en cuanto las masas modifican su relación con el arte, cambia su percepción sensorial por una tendencia a la cercanía de la obra (y no de su aura), y su percepción por lo igual (anteriormente inexistente respecto a la experiencia estética). Esto es lo que provoca también la separación del arte frente a su noción estética (su aura única), y aboca a la modernidad a la politización del arte Sobre la idea materialista de la que habla Benjamin, la critica al fetichismo de la mercancía no estaba muy lejos del simple concepto de plusvalía, pues el valor de la mercancía en el capitalismo es algo oculto respecto al valor productivo del objeto, una aparición engañosa de la mercancía; Algo que en el arte los filósofos de la Estética han comparado repetidamente hasta la actualidad, como se puede encontrar en el arte moderno (cómo las brilobox o las merde d’artist, de Piero Manzoni). Benjamín ya en su época exponía la desestetización del arte en el Paris del siglo XIX, como mercancía en exhibición. Theodor Adorno aceptaba la industria de masas y el deseo colectivo en lugar de ideología, mientras que Benjamín enfoca el tema en el aspecto político a lo largo de su obra; El capitalismo como una producción de imágenes y símbolos no en forma de progreso si no como en forma de instrumento político, incluso el cine.
8 Es un mundo virtual que acabaría llevándonos casi un siglo después hasta el mundo de la información completamente de realidad virtual, el de Internet. Esto es una desaparición del objeto; se resuelve la necesidad de espacio físico social-cultural donde se plantea gracias a los medios de producción y el mundo virtual, lo que sin duda Benjamín estudiaría con gran interés, y que sería una mayor ofensa aún, una muerte del hombre artístico, para muchos pensadores del XIX y principios del XX.
Adorno difiere en sumo grado respecto al entendimiento de la estética de éste; Adorno polemiza contra los realismos (entre ellos el marxismo) y contra las políticas culturales (especialmente los fascismos) que trasformaban la imagen artística en una herramienta al servicio de la lucha de clases y de la política.
En la percepción estética desde el marxismo es donde difieren gravemente Walter Benjamin y Theodor Adorno, según la concepción autonómica del arte de Adorno comparado con la utilidad política que le atribuye Benjamín, la importante polémica entre politización del arte y de la estetización de la política. Ambos vieron un mundo que había sido castigado por los totalitarismos producto de la razón, conocimiento sistematizado aplicado con motivos de dominio y violencia cultural, el cual era objeto de su estudio desde los aspectos políticos hasta los estéticos. Adorno parte como defensor de un marxismo que ataca el capitalismo totalitarista que quiere controlarlo todo como nuevo orden mundial en la sociedad del consumo masivo, mientras que Benjamin muestra optimismo en La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica, con lo que entrará en conflicto con Adorno. Pero parte del problema subyacente de la discusión Adorno-Benjamin, está sin duda en discernir la leve diferencia entre lo estético-cultural, lo cultural-social, y lo social-político.
Habiendo dicho que Benjamin parte de la discontinuidad de la experiencia moderna, Adorno critica la reflexión estética de la Ilustración que tenía un carácter dominante anterior, un carácter que también en la modernidad se trasmitía cómo un empobrecimiento de la vivencia artística por aislamiento.
Es en la “Teoría estética” de Adorno donde critica que el medio burgués pueda aprovechar la autonomía del arte (autonomía que es propia del arte) para distraer a la masa. Sin embargo las obras de arte son también constructos humanos, y por ello 9 disponen de dimensión social, una dimensión ligada a la sociedad debido a su capacidad de transformar la realidad mediante su alusión a la realidad social.
En la modernidad hay que afrontar la idea de que el arte no es una esencia orgánica, es un constructo de significación interior y social y por eso Adorno se pone a la reducción del arte cómo mercancía cultural. Adorno otorga una gran importancia a la diferencia estética entre arte autentico y arte mercantilizado, que empobrece la experiencia estética del espectador, (aquí coincidiendo con Benjamin) debido a que convierte la obra de arte en mero entretenimiento alejado de la autentica critica, repitiéndose a menudo en el concepto de la “experiencia táctil” que se atribuye al arte cómo mercancía, y que reduce la distancia entre la obra de arte y el observador, desapareciendo el valor estético. El aura de la obra de arte de Benjamin se expresaba cómo "la manifestación irrepetible de una lejanía por cercana que pueda estar", y por eso mismo la desaparición de esa distancia es la causante también de la desaparición del aura y el empobrecimiento de la experiencia estética. Aunque la critica de Adorno es directamente al burgués, ambos coinciden en que este intentar obtener un beneficio de la obra de arte, y no olvidarse de lo terrenal para perderse en la experiencia estética. La diferencia abismal entre Benjamin y Adorno, cómo ya se ha dicho, es que Benjamin considera importante el efecto político que esto puede acarrear, mientras que para Adorno es algo completamente aborrecible. Para no quedarse en el fetichismo de la obra como mercancía Adorno se resguarda en el carácter normativo de su estética, en la que se ha de luchar contra la discontinuidad de la modernidad para ser acorde con su propio tiempo. La obra de arte debe concebirse como modesta verdad sólo concluyente en su tiempo, y se ha de rechazar las obras de arte de carácter ficticio e ilusorio, las que promueven la alienación, la falsa organicidad completa de una obra basada en fragmentos, y aquellas obras que llegan a tal punto de enigma que ninguna lectura útil se puede sacar de ellas, cómo el comentario de lo absurdo en Kafka (que lo tremendamente absurdo en sus obras son una visión de la actitud moderna), que Benjamin también critica.
La importancia de los textos de Benjamín siguen presentes hoy, sólo basta seguir su método para analizar la sociedad de hoy, desvelar la cultura material a través de nuestro cine, imágenes, y por que no, incluso Internet, que es uno de los puntos culminantes de la cultura humana hoy día. Respecto a las ideas sobre la pérdida del 10 aura del arte que abría Benjamín, Baudrillard mismo nos habla del camino que nos anunciaba éste y que los amantes del arte de su época temían; en “La simulación del arte”, nos habla de que el arte está hoy en todas partes, en los museos y las galerías, pero también en la banalidad de los objetos cotidianos, en la decoración de nuestro inmueble, en la calle, y este arte ha sido sacralizado y estetizado en todas las cosas, creando una total estetización insustancial del mundo que crea una cultura basada en la circulación de signos del capitalismo industrial, siendo estos objetos potencialmente idénticos producidos en series infinitas, no siendo reflejos ni equivalencias, si no simulacros indefinidos unos de otros, una mera manera de mantener los sistemas económico-culturales mediante la subyugación de la masa a la obra de arte cómo mercancía.
“Sabemos ahora que es en el nivel de la moda, los medios, la publicidad, la información y la comunicación (lo que Marx llamaba sectores no esenciales del capitalismo) lo que es decir, en la esfera del simulacro y el código donde se sostiene el proceso global del capital” -Baudrillard 11 3. Theodor Adorno Teoría de la Estética Una de las obras fundamentales de Adorno es Dialéctica negativa, siguiendo la idea junto a Benjamin de un nivel de trascendencia al margen de la cadena lógica de la dialéctica tradicional, es la punta de lanza de todo su enfoque filosófico; Busca una reforma de la razón, se separa de la dialéctica neutra y el razonamiento filosófico pasivo, a favor de una crítica activa y no conciliadora como el clásico esquema hegeliano del dialogo entre opuestos que acaba en síntesis reconciliadora. Respecto la Estética, la intención manifiesta de Adorno es la de mejorar la relación conceptual del hombre con las cosas, mediante los hechos y los objetos producidos por el mismo , y en este proceso incorporará a su obra el pensamiento de Kant, Freud, Horkeimer y Walter Benjamin, entre otros.
"Las obras de arte se salen del mundo empírico y crean otro mundo c on esencia propia y opuesto al primero, como si este nuevo mundo tuviera consistencia ontológica".
- La obra captura el mundo tal cual es, pero al hacerlo captura una realidad distinta, pues ha de ser autónoma para ser entendida, debe crear su propio sign ificado.
Esto es lo que ha planteado para muchos la duda sobre la verdad/falsedad de la obra de arte respecto a la realidad observada. Cuanto más autenticas intentan ser estas, más se pliegan a las exigencias de representación de la sociedad autora y por tanto más forzadas y alejadas de una verdad imparcial pueden estar. La mayor crítica por tanto de 12 Adorno a la obra de arte moderna es que cuanto más intentan representar la realidad (el emblema de la obra de arte moderna) más se engaña al receptor que no la analiza con actitud crítica. La perdida de cohesión interna de sus categorías es lo que obliga a Adorno a fijar en el análisis del arte a un nivel trascendental que no pueda reducirse a la intención emisora y receptora; no se puede buscar significado a la obra de arte apelando a su objetividad. La expresión del sujeto “no llega a parecer siquiera una huella”.
Para Adorno el arte no es algo que se pueda definir mediante los conceptos previos. Extrae su significado de las cambiantes constelaciones históricas en las que ha sido engendrada. Su concepción siempre esta predeterminada por aquello que alguna vez fue, y adquiere legitimidad por lo que llega a ser, por lo que quiere ser y por lo que podría ser. Es en esta transformación donde se empuja hacia contenid os en su concepto que anteriormente no tenia, o no necesitaba antes de la era de la reproducción mecánica.
Es la constitución estética, la tensión ocurrente de aquello que el arte ha sido expulsado y su pasado; éste solo puede interpretarse por su desarrollo, no por la invariabilidad.
Teniendo esto en mente, Adorno, en su obra magna de la presenta la Teoría Estética, obra de arte como una creación que necesita de una expresión de subjetividad finita, que ha desarrollarse como verdad autónoma para trascender como arte, mediante la racionalidad constructiva de su forma a través de la técnica.
A través de este proceso es como se puede producir una expresión estética, que siguiendo el razonamiento también de Benjamin, contiene una inmanencia social, una autonomía en medio de la sociedad capitalista expresión del devenir histórico. Adorno desarrolla aquí su dialéctica negativa sobre la estética de la siguiente manera, a saber, que el concepto puro de arte solo se puede obtener de la música, que éste siempre t iene un doble carácter como autónomo y heterogéneo a la vez como hecho social, y que entonces, además de ser un constructo humano, ejemplifica otro tipo de racionalidad, el modelo de conducta (imitativa), no dominadora o instrumental.
«El camino que recorre la obra de arte hacia su propia integración, que coincide con su propia autonomía, es la muerte de las partes del todo. Cuanto en ella supera su propia particularidad se pierde a sí mismo y se disuelve en la totalidad.» 13 Su autonomía viene dada por que su apariencia, su aspecto material y formal, su significante, va estrechamente relacionado con su significado de ámbito trascendental.
Esto es lo que le otorga la obra de arte su realidad ontológica como proceso critico tanto en la producción como en la recepción de la obra de arte. Es por esto que a sabiendas de la importancia de los movimientos socialistas (y también fascistas) que utilizan la imagen cómo cebo ideológico, el arte, aun siendo motor de progreso y reacción social no ha de ser ideológico, si no de una realidad social e individual. Aún así puede ser utilizado como protesta y denuncia de la civilización de la barbarie en la que se veía sumergida la época de Adorno. Así pues es una estética fuertemente vinculada a la sociología del arte; El Arte es quien libera al hombre de las ataduras del sistema y lo trasnforma en ser autónomo. Para el gobierno, sea capitalista o socialista, el hombre es mero objeto de trabajo y consumo, pero en el arte es libre de pensar y sentir, de pensar de forma no absoluta en el sistema funcional.
“Y es que la libertad del arte se había conseguido para el individuo pero entraba en contradicción con la perenne falta de libertad de la totalidad” 14 15 4. Bibliografía: Theodor Adorno “La Teoría Estética” Walter Benjamín: “La obra de arte en la era de su reproducción técnica” Walter Benjamín: “Pequeña historia de la fotografía” Susan Back-Morss: “Origen de la dialéctica negativa”.
Susan Sontag: “Sobre la fotografía” Baudrillard: “La simulación del arte” 16 ...