Experiencias educativas (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Maestro en Educación Primaria - 1º curso
Asignatura PROCESSOS EDUCATIUS
Año del apunte 2014
Páginas 7
Fecha de subida 25/03/2015
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ESTUDIO DE EXPERIENCIAS EDUCATIVAS SIGNIFICATIVAS La primera experiencia que voy a relatar tiene que ver con la forma de aprender y de estudiar que tenía cuando iba a primaria y el papel que ocupaba mi madre en mi aprendizaje.
Cuando estaba en mi etapa de educación primaria y empezaba a tener exámenes en los cuales tenía que aprenderme un temario bastante amplio, acostumbraba a aprendérmelo todo de memoria para así saber explicarlo todo en el examen y no dejarme nada. Pero otro de los motivos por los que me aprendía de memoria el temario era porque cuando acababa de estudiar, mi madre me hacía decir de memoria el texto de cada uno de los apartados que había en el tema para ver si me lo había estudiado bien y me lo sabía todo.
En ese entonces, creía que esa era la mejor forma de aprender, memorizar cada tema para luego explicarlo en el examen y obtener unos buenos resultados. Pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que la memorización no era la mejor forma de aprender porque una vez pasaban los días, la mayoría de las cosas que me había aprendido dejaba de recordarlas o las recordaba vagamente.
Entonces entendí que aprender es otra cosa, que no hace falta saberse de memoria cada palabra textual sino que lo importante es entender qué es lo que se está diciendo en el texto y saber expresarlo después en un examen o en cualquier otro ámbito educativo.
Por lo tanto, esta experiencia fue significativa para mí porque me sirvió para darme cuenta de que tenía que cambiar mis hábitos de estudio pero por otro lado el hecho de que mi madre me preguntase la lección me servía para ser más responsable. Yo sabía que tenía que estudiar y que no podía entretenerme ni dejar de estudiar porque sino después cuando llegaba mi madre para preguntarme lo que me había estudiado, si no me lo sabía se enfadaba conmigo. Con esto, me doy cuenta de que realmente estudiaba por miedo a que si no lo hacía, mi madre me iba a reñir y me iba a obligar a seguir estudiando hasta que me lo supiera. Pero eso aunque fuese negativo, también me hizo ser más responsable y dedicarle tiempo a mis estudios y ser constante con ello.
Otra experiencia educativa que recuerdo importante para mí fue cuando estaba en segundo de primaria. Todo empezó porque estábamos en clase de ciencias naturales y teníamos que hacer un trabajo que consistía en plantar una semilla de alguna legumbre. El trabajo se hacía en grupos de tres personas y cada uno tenía que aportar una idea para después elegir una en común.
Cada uno de nosotros fue diciendo legumbres para plantarlas pero a ninguno de nosotros se ponía de acuerdo para elegir cuál era la mejor. Yo quería plantar la que yo decía y ellos plantar las suyas así que a partir de ahí empezamos a discutir y a gritarnos y acabamos diciendo una palabrota.
La profesora nos escuchó y como castigo decidió llevarnos al lavabo y pasarnos una pastilla de jabón por la lengua para que viésemos que lo habíamos hecho mal y que no debía volver a repetirse.
No sé si puedo decir que fue satisfactoria porque, por una parte, sí que me sirvió para asustarme y no atreverme a decir palabrotas por miedo a que me volvieran a lavar la boca con jabón y porque sé que no está bien decirlas, pero creo que las formas que utilizó como castigo no fueron las correctas.
Pienso que un profesor no debe de actuar de esa manera con sus alumnos porque los niños también pueden entender que lo que hacen no es correcto a partir de otro tipo de castigos o simplemente explicándoles por qué no está bien lo que hacen. Yo creo que en ese caso, lo que podría haber hecho la profesora era sentarnos a los tres y ponerse delante de nosotros y explicarnos que lo que habíamos dicho no estaba bien porque no hay que insultar a los compañeros ni gritarse. Lo que hay que hacer es establecer una conversación e intentar llegar a un acuerdo y si no es posible, hablar con la profesora y preguntarle a ella, cuál creía que era la mejor idea para que plantásemos la legumbre.
También pienso que hoy en día a ningún profesor se le ocurriría actuar de esa manera con sus alumnos porque todos los métodos de enseñanza han ido evolucionando. De hecho, cuando nuestros padres eran jóvenes, si se portaban mal se les pegaba en los dedos con una regla, pero ahora eso sería impensable hacer en cualquiera de los colegios. Pues con este caso opino que pasa lo mismo.
A pesar de eso, todos los profesores son diferentes y cada uno decide establecer sus normas y actúa como cree que debe hacerlo para que el alumno aprenda, pero pienso que no es propio de un profesor frotarle con jabón la boca a un niño. Por una parte porque es antihigiénico e inmoral y por otra, porque puede que el niño sea alérgico a ese tipo de jabón y pueda causarle reacción y perder su puesto de trabajo si le llega a pasar algo y los padres denuncian.
La tercera experiencia educativa tiene que ver con la manera como nos enseñaba un profesor en tercero de primaria. Siempre recordaré ese curso como el más divertido que he vivido en todo mi paso por el colegio.
A mediados de curso de tercero, la profesora que teníamos cogió la baja porque tuvo un bebé y entró un profesor nuevo, con un aspecto un tanto hippie, que cambió por completo el rumbo del curso. Las clases pasaron de ser aburridas y monótonas a divertidas y entretenidas. No es que nos dejase hacer todo lo que quisiéramos pero tenía un concepto de la enseñanza y el aprendizaje muy diferente al del resto de profesores.
Las clases de matemáticas eran las mejores. Cuando llegó el momento de hacer el temario sobre las divisiones, nos dijo a cada uno de nosotros que teníamos que llevar a clase unas canicas para enseñarnos a dividir. A nosotros nos animó mucho a participar porque era algo diferente a lo que no estábamos acostumbrados a hacer y veíamos la actividad como un juego y no como una clase normal.
Para aprender las divisiones a través de canicas, lo que nos hizo hacer fue separar las canicas en grupos con el mismo número de canicas en cada grupo para ver cuantas cabían por grupos y cuantas se quedaban sin grupo y de ahí salía la división. Fue una buena forma de aprender porque como lo pasábamos bien al mismo tiempo que aprendíamos se hizo más ameno y aprendimos casi sin darnos cuenta.
También le teníamos en la asignatura de inglés y utilizaba el mismo método de enseñanza. En este caso, nos enganchaba una imagen en la pizarra y tenías que decir qué era y utilizar la palabra en una frase. La persona que acertaba primero obtenía puntos y quien más puntos había conseguido y ganaba, recibía una bolsa de chuches.
Así que utilizaba un incentivo como motivación al esfuerzo por conseguir un premio al hacer un ejercicio bien.
Por lo tanto, fue una experiencia muy significativa ya que ese profesor nos dejó una gran marca en el grupo de clase y disfrutamos muchísimo con él porque era una persona muy agradable, dispuesto siempre a ayudar a los alumnos y a intentar que las clases fueran dinámicas y se aseguraba de que realmente nos lo tomásemos en serio a pesar de que aprendiéramos con juegos. Así que aprendí gracias a él, que jugando también se aprende y provoca una motivación más grande en el alumno por querer entender lo que se le está explicando.
Otra experiencia que en el momento no me parecía muy relevante pero que ahora considero muy emotiva es de cuando empecé la ESO. Mis compañeros y yo nos considerábamos “mayores” porque algunos teníamos la tarea voluntaria de que después de volver del patio debíamos ir a buscar a los niños de infantil a su clase y llevarles al gimnasio donde les contábamos cuentos para interactuar con ellos. Solo eran 15 minutos los que pasábamos allí, pero era realmente satisfactorio ver las caras de los niños al contarles sus cuentos favoritos y que siempre te lo agradecieran con un fuerte aplauso.
Considero que fue una experiencia muy significativa y satisfactoria ya que gracias a ella me di cuenta de lo mucho que me gustaba estar con niños pequeños al ver la felicidad en sus caras y su gran interés por lo que les contábamos. Fue el primer contacto directo con niños pequeños y me motivó a estudiar educación.
Por último, en 4º de la ESO, tuvimos que hacer un trabajo de investigación y yo decidí hacerlo sobre las personas que tenían discapacidad mental. Para ello, tuve que ir cada viernes a un centro como voluntaria en el que debía ayudarles a hacer sus cosas y ver de qué manera actuaban. Antes de ir allí tenía una concepción muy diferente de cómo eran estas personas pero después de pasar dos meses con ellos me di cuenta de que no debía hacer distinción porque una discapacidad no conlleva a que debamos tratar a las personas de forma diferente porque lo que necesitan es que se les tenga como iguales para poder llevar una vida similar a la nuestra.
Las educadoras cada tarde preparaban una actividad diferente como sesiones de cine, talleres de manualidades, sesiones de juego y relajación… y yo debía acompañarles y hacer juegos y manualidades con ellos.
Lo recuerdo como algo satisfactorio y gratificante porque sentí que podía ayudar a las personas que más lo necesitaban. Me trataban con mucha sensibilidad y me brindaban cada día mucho cariño. Así que durante esta experiencia me sentí genial ya que cada día iba con muchas ganas e ilusión de ver a esas personas tan agradecidas y extraordinarias como son ellos.
Todas estas experiencias que he narrado, nunca me las había planteado como importantes hasta que me he tenido que centrar en explicarlas. Con ello me he dado cuenta de que siempre estamos aprendiendo, con cada cosa que hacemos aprendemos algo nuevo que nos resulta satisfactorio.
REFLEXIÓN FINAL Yo creo que un niño vive su relación en la escuela en función del papel que desempeñe el profesor en el aula. Es decir, un niño se sentirá mejor o peor en una clase según la relación que establezca el profesor con el grupo clase y también con cada alumno individualmente.
El papel de los padres también tiene un significado enorme ya que padres y profesores son los dos referentes esenciales para la educación de los alumnos. Por lo tanto, el ambiente que haya en la escuela no únicamente tiene que ver con el individuo sino también con la relación que existe entre éste y su entorno.
Además, tal y como hemos leído en los diversos textos del dosier, muchos niños sienten la presión de sus padres que siempre les están recordando que tienen que sacar buenas notas y ser siempre los mejores en todo y eso puede afectar al niño de manera negativa pero también de forma positiva porque incrementa su esfuerzo por conseguir sus objetivos. Por otro lado, también hay padres que no están siempre encima de sus hijos y les dejan la libertad para que ellos actúen como creen que deben hacerlo, siempre y cuando sean responsables y estudien.
Considero que un buen clima familiar, condicionará formaciones como la autoestima y también la valoración de sus expectativas educativas personales que el alumno pretende alcanzar en el futuro.
Pero en muchas ocasiones los niños se preguntan ¿Por qué debo ir a la escuela? Muchos lo ven como una obligación pero al mismo tiempo allí juegan con los amigos, conocen gente y en eso encuentran una motivación para ir. Aun así, la motivación que puede tener un alumno puede ser o bien por esa socialización con sus compañeros o bien porque quiera aprender.
En mi caso yo he vivido la escuela como un sitio en el cual debía aprender y estudiar para labrarme un futuro y poder llegar a la universidad, aunque como todos los niños también la he vivido como un sitio en el que compartir experiencias con amigos, donde tenía un espacio para jugar y llegar a pasarlo bien aprendiendo.
Por otro lado, el maestro debe contribuir a que el aula y la actividad escolar tengan un sentido para los niños. Los alumnos ven en los profesores, las personas capaces de ayudarles a aprender y a motivarles para que sigan estudiando. Es decir, deben ser sus orientadores. Los profesores deben ser observadores y conocer a cada uno de sus alumnos para poder entenderles cuando empiezan a ir mal en los estudios o cuando tienen comportamientos que no son adecuados para estar en clase.
Un profesor también tiene que tener en cuenta que para un alumno es muy importante sentirse visto, saber que éste se preocupa por lo que les pase y así sentirse útiles. Algo muy importante también a tener en cuenta es que debe ser el motivador de sus alumnos, especialmente si sus resultados académicos no son buenos y sienten que están fracasando como estudiantes. O sea, cuando un profesor evalúa un examen y suspende a un alumno, no puede suspenderle y darle por perdido sino que tiene que procurar que el niño vea que puede esforzarse más y hacerlo mejor la próxima vez.
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