Capítulo 2 Arruñada Economia de la Empresa (2013)

Otro Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Economía - 1º curso
Asignatura economia de empresa
Año del apunte 2013
Páginas 13
Fecha de subida 14/10/2014
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Capitulos del Libro Economia de la Empresa de Arruñada

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Capítulo 2. Especialización e intercambio 1. Introducción.................................................................................................................................... 1 2. Naturaleza del problema económico: Ventajas de especialización y costes de intercambio o transacción .............................................................................................................. 2 2.1. El significado de la especialización ........................................................................................ 2 2.2. Costes de transformación y costes de intercambio o transacción ........................................... 4 2.3. Promesas como objeto del intercambio .................................................................................. 4 2.4. Los costes de intercambio: coordinación y motivación.......................................................... 5 2.5. La forma de las funciones de costes de transformación e intercambio................................... 8 2.6. Costes de intercambio bajo distintas formas organizativas .................................................. 10 3. Soluciones generales del problema económico............................................................................ 13 3.1. La solución del problema económico en el mercado............................................................ 13 3.2. Los fallos del mercado .......................................................................................................... 15 3.3. El proceso político de decisión ............................................................................................. 25 3.4. La mezcla de soluciones políticas y de mercado .................................................................. 30 4. Soluciones organizativas del problema económico: La naturaleza de la empresa....................... 34 4.1. Las organizaciones como mecanismo de intercambio.......................................................... 34 4.2. Comparación de organizaciones, mercado y política ........................................................... 38 4.3. Reflexiones sobre teoría de la empresa................................................................................. 40 1. Introducción En este capítulo nos proponemos mostrar la estructura del problema básico que encara toda economía y las soluciones organizativas que se emplean para resolverlo. Pondremos especial énfasis en una faceta de este problema económico, la relacionada con las dificultades que existen para especializar los recursos productivos. Se comentarán a continuación las dos soluciones principales del problema, el mercado y la política. Éstas proporcionan sendas referencias para entender el papel que representan las organizaciones de ámbito más reducido, de entre las cuales prestaremos atención preferente a las empresas. Veremos, en primer lugar, cómo la organización de la actividad económica permite, sobre todo, acceder a las ventajas de eficiencia que proporciona la especialización productiva. Para lograrlo, las soluciones organizativas han de atenuar los graves problemas que dicha especialización plantea. Estos problemas son consecuencia, principalmente, del carácter costoso de los intercambios o transacciones cuando éstas tienen lugar entre individuos con intereses propios y la información está distribuida entre ellos de forma asimétrica.
Aplicación 2.1. Robinson Crusoe y Viernes Para poner de relieve el problema central de la economía recordemos la historia del náufrago Robinson Crusoe y el indígena Viernes. Tratándose de personajes con formación y cultura tan diferentes, es lógico pensar que especializándose puedan aumentar su productividad. Por ejemplo, Robinson puede ser más productivo dedicándose a la manufactura y construcción, en la medida en que pueda aplicar algunos de los conocimientos alcanzados en su país de origen. Por su parte, parece razonable imaginar que Viernes es más productivo si se dedica a extraer recursos naturales y a cazar, recolectar y cultivar alimentos. Las ventajas de especialización, están, por tanto, claras.
Los costes de intercambio son también obvios. Entre los costes de coordinación, el primero se manifiesta en términos de búsqueda: antes de que ambos personajes se encuentren, transcurre un tiempo en el que la especialización es imposible porque, simplemente, ni siquiera saben de su existencia. No es éste un problema que afecte sólo a náufragos e indígenas. En nuestra economía, constantemente dedicamos gran cantidad de recursos para facilitar el encuentro de demanda y oferta, sobre todo cuando la especialización es elevada. Mucha publicidad (“Compro piso en esta zona”, “Se busca economista experto en control interno”) y un buen número de intermediarios (agentes inmobiliarios, cazatalentos) cumplen, al menos en parte, funciones informativas que intentan resolver este problema. En segundo lugar, una vez se han encontrado, Robinson y Viernes han de ser capaces de comunicarse mutuamente sus necesidades y disponibilidades en todas las dimensiones que sean relevantes para el éxito del intercambio, como contenido, tiempo o lugar. Los problemas también son considerables en este sentido, tanto para este ejemplo como en nuestras transacciones cotidianas. Piense, como un ejemplo sencillo, en el tiempo que dedicamos en las tiendas a informar a los vendedores de cuáles son exactamente nuestras preferencias. Igualmente, si la compra se refiere a viviendas, es corriente que el agente inmobiliario haya de mostrar al cliente unas cuantas antes de que pueda hacerse una idea de lo que realmente desea adquirir. Para terminar con la coordinación, hemos de tener en cuenta que ésta se torna más difícil cuando, como parece conveniente, Robinson y Viernes emplean como insumos en sus respectivos procesos productivos el producto obtenido por el otro. Por ejemplo, puede ser eficiente que Robinson construya las cabañas con la madera y otros elementos naturales que Viernes le procura. Una de las manifestaciones más típicas de los problemas de coordinación de oferta y demanda, tanto respecto a productos finales como intermedios es la necesidad de mantener existencias en inventario, con el consiguiente coste de oportunidad que su financiación conlleva. De la magnitud de este coste da idea el énfasis que las empresas modernas ponen en reducirlo. Para ello, aprovechan los nuevos medios de comunicación y transporte, y desarrollando, por ejemplo, las técnicas just in time de gestión de procesos fabriles, de la que fueron pioneras las grandes empresas japonesas, y que tienen como uno © Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 1 de sus objetivos primordiales el de minimizar todo tipo de inventarios, tanto de materias primas como de productos en curso y acabados.
Los costes de intercambio relacionados con la coordinación son importantes, pero posiblemente son más cuantiosos los de motivación, que intentan solventar el conflicto de intereses que surge entre los participantes a raíz del propio intercambio. En el ejemplo, pensemos que tanto Robinson como Viernes tienen buenos motivos para desconfiar mutuamente el uno del otro. Cabe imaginar infinitos acuerdos entre ambos, pero en todos estos acuerdos es probable que existan motivos para que cada uno de ellos dude si la otra parte va a cumplir lo acordado o, por el contrario, empleará el acuerdo para obtener un mayor beneficio propio a costa de infligirle una pérdida. Si anticipan esta posibilidad, o bien incurren en costes para protegerse o bien se abstienen de realizar el intercambio, dejando así de obtener las ventajas de especialización. Imaginemos que Robinson se compromete a fabricar una cabaña a Viernes a cambio de que éste le proporcione alimentos durante un año. Robinson puede terminar la cabaña en un mes1. Sin embargo, tal vez le interese alargar la obra, con el fin de que coincidan los dos plazos, evitando que Viernes se niegue a darle comida una vez que haya recibido la cabaña. Es más, Robinson puede ir un poco más lejos y, cuando ya ha consumido un año de alimentos, exigir a Viernes seis meses de alimentos adicionales si éste quiere ver terminada la cabaña. Aunque no ocurra esto último, la necesidad de protegerse contra el oportunismo ajeno, de salvaguardar la transacción, provoca costes. Como mínimo, si para asegurar el buen fin del acuerdo basta con alargar el plazo de la obra, Viernes va a disfrutar de su cabaña once meses más tarde.
Como en los ejemplos anteriores, la solución de este tipo de problemas relativos al ajuste de intereses es fundamental en las transacciones de nuestra vida económica; es más, en muchos casos, constituye el elemento central de la organización económica. Su presencia es típica, por lo demás, en términos muy similares a los descritos, en los contratos que se suscriben para la realización de todo tipo de obras: como suele ser prohibitivamente costoso para el cliente sustituir al contratista a mitad de la obra, este último puede aprovecharse de la situación exigiendo un aumento de precio o dilatando la ejecución.
2. Naturaleza del problema económico: Ventajas de especialización y costes de intercambio o transacción 2.1. El significado de la especialización Cuando decimos que un recurso está más especializado solemos hacer referencia a que es más idóneo para elaborar un determinado producto o para prestar un cierto servicio, ya que posee ventajas comparativas en su producción. En este sentido, por ejemplo, el capital humano de un pintor de brocha gorda (sus conocimientos y habilidades profesionales) está menos especializado que el de un pintor que sea experto en la olvidada técnica del estucado al fuego. De manera similar, el profesorado de enseñanza primaria está menos especializado, generalmente, que el de enseñanza superior.
Cuando se modifica el grado de especialización de los recursos empleados para producir cualquier bien económico, el coste total de producción varía como consecuencia de dos efectos de signo opuesto: si todo lo demás permanece constante, al aumentar la especialización, se reducen los costes productivos o de transformación pero se elevan los costes de intercambio.
1 Más exactamente: suponemos que para Robinson tiene el mismo coste realizarla en un mes que en un plazo más largo, por tanto, en ausencia de conflicto de intereses, el plazo óptimo de la obra es de un mes.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 2 Las ventajas de la especialización Por un lado, la especialización de los recursos y de las unidades económicas incrementa su productividad al aprovechar, crear y desarrollar sus ventajas comparativas, convirtiéndose así en el motor fundamental del desarrollo económico. Un portento como Miguel Induráin era un gran ciclista no sólo por sus dotes naturales, sino porque se había especializado en serlo, dejando de realizar otras muchas actividades. Es más: su especialización en ganar el Tour de Francia parecía restringir su participación en otras carreras y disminuir sus posibilidades de superar la plusmarca “de la hora”.
El precio de la especialización Por otro lado, la especialización adolece, sin embargo, de un grave problema que a menudo limita gravemente sus posibilidades. Puesto que nuestras necesidades son múltiples, la especialización carece de sentido sin intercambio. Retomando el ejemplo del párrafo anterior, ¿de qué le hubiera servido a Induráin haberse especializado, si no hubiera podido alquilar sus servicios como ciclista, o si tampoco hubiese podido adquirir todos los bienes y servicios que consume, y que son producidos por otros especialistas? La especialización origina así costes sustanciales, asociados a los intercambios entre personas o unidades especializadas, costes que en este libro denominaremos generalmente como “costes de intercambio” y, ocasionalmente, “costes de transacción” cuando hacerlo así resulte más acorde al contexto2.
Muchos de estos costes de transacción se relacionan con la necesidad de coordinar las actividades llevadas a cabo por los especialistas. No obstante, los costes más problemáticos (y posiblemente también los más fundamentales) de la especialización productiva son los de “motivación” o incentivos, relacionados con la posibilidad de que los protagonistas de los intercambios o transacciones se comporten de forma oportunista unos con los otros. Ocurre así cuando intentan aprovechar el intercambio, no para posibilitar la especialización, sino para capturar o expropiar lo aportado o producido por los demás. Como tendremos ocasión de examinar en estas páginas, la estructura de la organización económica, su configuración en múltiples formas y niveles, es en gran medida el resultado de tales costes y, en especial, de la necesidad de contenerlos. Más en particular, la empresa, que es nuestro principal objeto de estudio, es una de las formas principales que los seres humanos hemos encontrado para atenuarlos.
Cuantía de los costes de transacción Conviene señalar que los costes de transacción son cuantiosos. Se ha estimado que representaban aproximadamente el 25 por 100 del producto nacional bruto de la economía estadounidense en 1870 y el 45 por 100 en 1970 (Wallis y North, 1986). Sin embargo, ni su existencia ni su volumen son signos de ineficiencia. Es cierto que los controles y garantías en que se manifiestan gran parte de tales costes de transacción consumen recursos sin aumentar por sí mismos la producción. No obstante, si no existieran, y a menos que se modificase la naturaleza humana, la especialización y la producción disminuirían aún más. Por este motivo, interesa a todas las partes de un contrato que se dediquen recursos a actividades de salvaguardia. Resulta completamente irrelevante que en un mundo ideal fuera preferible dedicarlos a usos más directamente productivos.
La ambigüedad de los fines de la especialización La especialización puede tener dos objetivos: Los recursos y unidades económicas pueden lograr con ella una función productiva de riqueza o bien meramente expropiatoria de la riqueza ajena. En principio, parece fácil atribuir cada una de ambas funciones a la especialización, tanto de individuos (pintores y atracadores), 2 El motivo para usar los dos términos reside en que muchos autores prefieren reservar el término “costes de transacción” para los intercambios que suceden en el mercado, lo que excluiría las transacciones internas a la empresa.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 3 como de máquinas (acería y ganzúa), empresas (Fagor y Forum Filatélico) u otras organizaciones (Cruz Roja y Mafia). Sin embargo, estas atribuciones son débiles, pues no sólo una especialización aparentemente productiva puede camuflar actividades expropiatorias (por ejemplo, un pintor que engañase a sus clientes sistemáticamente), sino que los bienes de capital suelen valer para ambos fines y, por ende, la función real de las organizaciones suele ser discutible. En todo caso es probable que, con respeto a sus fines o funciones últimas, los recursos se especialicen eficientemente: “las instituciones se desarrollan por muchas razones, pero sea cual sea su propósito, incluyendo la ‘explotación’ de grupos débiles, logran sus objetivos eficientemente; esto es, minimizan ‘costes de transacción’” (Becker, 1992, p. 68).
Especialización como atributo de las relaciones contractuales Cabe también pensar que la especialización no es un atributo de las unidades productivas o empresas, sino de cada una de sus relaciones contractuales (en lugar de sus recursos). Con vistas al análisis de éstas, cabe considerar la especialización como el grado de asunción de actividades por parte de quien ha de efectuar la prestación o suministrar el bien objeto de la transacción (el “agente”, en los términos que se desarrollan en el capítulo #3). Desde este punto de vista, General Motors solía estar más especializada que Honda porque era mayor su grado de separación entre accionistas y directivos.
2.2. Costes de transformación y costes de intercambio o transacción El coste de producir un bien o servicio cualquiera puede, pues, descomponerse en coste de transformación y coste de intercambio. Todos aquellos costes causados directa o indirectamente por la necesidad de coordinar los recursos especializados y motivar a sus propietarios integran el coste de intercambio o transacción. Por exclusión, forman parte del coste de transformación todos los demás costes necesarios para obtener el producto.
Si tomamos como ejemplo la relación entre un cliente que desea pintar su casa y un pintor como primera aproximación, podemos considerar la pintura como un coste de transformación. Sea cual sea la organización o forma contractual utilizada, tanto si el cliente contrata a un pintor como si, por ejemplo, se pinta él mismo su casa, se lo encarga a su hijo o crea una empresa dedicada a esa tarea, ha de emplearse al menos una cierta cantidad de pintura así como un cierto número de horas de trabajo o determinadas herramientas. En cambio, el tiempo que el cliente pueda pasar vigilando si el pintor usa la pintura correcta sería un coste de intercambio, lo mismo que las actividades que sean necesarias para coordinar sus actuaciones. En puridad, este coste de intercambio sólo es cero cuando es el propio individuo quien pinta su casa. No sería cero, en cambio, si se lo encargase a su hijo. En esa situación no especializada, es probable, sin embargo, que el coste de transformación sea elevado porque.
A medida que se especializan los recursos, el coste de transformación se reduce y aumenta el coste de intercambio.
Como el ejemplo pone de relieve si lo examinamos más a fondo, la distinción se refiere a la causa de los costes y no a su manifestación física y, por esta razón, es más fácil distinguir ambos costes en el plano teórico que el plano empírico. Por ejemplo, a igualdad de especialización, si se contrata al pintor en régimen “de administración”, el cliente comprará por sí mismo la pintura. En este caso, algunos pintores tal vez pinten más de prisa, para ganar tiempo, y, como consecuencia, derrocharán pintura. Si así ocurre, el coste de sus prisas se manifiesta físicamente como pintura derrochada, pero ello no le resta carácter de intercambio al coste, pues está asociado a la motivación de los participantes, y su cuantía suele variar al hacerlo las condiciones contractuales y los incentivos que definen.
2.3. Promesas como objeto del intercambio Los intercambios que estamos acostumbrados a suponer en las introducciones al estudio de la Microeconomía tienen características muy simples: se producen dos prestaciones simultáneas e instantáneas, por las que una parte cede la propiedad de un bien o presta un © Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 4 servicio a cambio, en general, de dinero. Sin embargo, en la realidad los contratos establecen intercambios más complejos, en los que todas las partes se comprometen a proporcionar algún bien o a proveer un servicio. Además, pocos intercambios tienen como objeto una mera compraventa unidimensional3, sino un conjunto más o menos amplio y complejo de promesas ligadas a ciertas situaciones más o menos previstas antes de contratar (Cooter y Ulen, 1988).
Estas promesas se refieren a precios, servicios, plazos, garantías, y están definidas de forma tanto explícita como, en especial, implícita sobre un cierto espacio de posibilidades o contingencias futuras (como, por ejemplo, el rendimiento y las averías). Además, como veremos con más detalle en el capítulo #3, los contratos suelen incorporar un conjunto de reglas y órganos para completar o perfeccionar este espacio de contingencias, de modo que se pueda definir ex post el contenido del intercambio en aquellas situaciones sobre las que las partes no han decidido ex ante. Entre las reglas figuran, por ejemplo, la autoridad del empleador o la de decisión por mayoría simple o cualificada en las juntas de accionistas. La propia junta de accionistas y el consejo de administración de una sociedad se encuentran entre los órganos que cumplen esta función, al igual, que, en otro plano, el sistema judicial.
Este carácter de promesa de los intercambios origina al menos dos complicaciones importantes: a) Por un lado, las promesas pueden ser objeto de incumplimiento oportunista. Por este motivo, las partes, con ayuda del sistema jurídico-judicial, han de establecer todo tipo de salvaguardias que incentiven a cumplirlas. Por ejemplo, si pactamos con un pintor que pinte la fachada de nuestra casa, querremos introducir un plazo límite, con el fin de que su tarea no se prolongue excesivamente, lo cual reduciría la utilidad que nos proporcionan sus propios servicios.
b) Por otro lado, la existencia de promesas implica que el intercambio se difiera en el tiempo. Este aplazamiento plantea problemas considerables, ya que las circunstancias que afectan al propio intercambio pueden cambiar con el paso del tiempo. Las partes querrán especificar cómo se asigna entre ellas el riesgo creado por tales cambios en las circunstancias. Por ejemplo, si un pintor se compromete a pintar la fachada de nuestra casa en un mes, ante la posibilidad de que durante ese mes no parase de llover, impidiendo así el trabajo del pintor, sería preferible asignar este riesgo al cliente introduciendo una cláusula que exonere al pintor de la obligación de acabar en un mes si llueve durante más de un cierto número de días.
Este libro se centra en el primero de estos problemas, relativo al oportunismo contractual, dejando de lado todo lo relacionado con la mera asignación de aquellos riesgos que en su origen son ajenos a la voluntad de las partes.
2.4. Los costes de intercambio: coordinación y motivación Como ya adelantamos anteriormente, es útil considerar dos tipos muy diferentes de dificultades relacionadas con el intercambio: las que origina la mera coordinación de ofertas y demandas, y las relativas a la motivación de los individuos, a su posible conducta oportunista.
3 Las transacciones que más se acercan a la abstracción neoclásica son las que versan sobre productos financieros “derivados” (opciones, futuros). En éstos, el objeto del intercambio es un contrato, lo que permite una definición estandarizada de sus atributos y que cada individuo contrate de hecho con el mercado, sin que ni siquiera sea posible identificar a la contraparte. Se trata este punto en la sección 4.2.1#.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 5 a) En cuanto a la coordinación, es obvio que todos los participantes en el proceso de especialización necesitan conocer en qué condiciones de, por ejemplo, cantidad, calidad, lugar o tiempo, se demandan y ofrecen los distintos bienes y recursos. Esa información les permitirá ajustar sus propias ofertas y demandas, de tal modo que maximicen su utilidad personal ajustando su consumo y reasignando sus recursos productivos. Es preciso, pues, reunir y transmitir datos sobre en qué producción ha de especializarse cada recurso y a quién se han de transmitir los bienes producidos. Ello incluye, por ejemplo, los costes necesarios para localizar a productores y compradores o para conocer sus disponibilidades y preferencias. Para llevar a cabo esta tarea informativa, los distintos sistemas biológicos y organizativos, que basan su actividad productiva en la especialización de recursos, emplean métodos diferentes. Entre estos métodos se incluyen desde los comunicadores biológicos en los animales (Tullock, 1992), a la tradición en las tribus primitivas o los planes quinquenales soviéticos. En el ámbito empresarial, numerosas técnicas y sistemas desempeñan esta tarea. Es el caso de los sistemas de planificación y control interno, los modelos de dirección estratégica o, en un terreno más notorio, las “investigaciones de mercado” (entendidas como el conjunto de técnicas de marketing cuyo objetivo es averiguar cuáles son las preferencias de los consumidores).
Desde este punto de vista, resultan incompletas las presentaciones del problema económico que afronta toda sociedad como si éste consistiera sólo en hacer un buen uso de un conjunto limitado de recursos para satisfacer unas necesidades dadas. No se trata de un problema de mero cálculo u optimización, en el que, dado un enunciado, se ha de obtener una solución. Al contrario, en este caso, no se conoce el enunciado. La solución del problema real depende así de una tarea previa y más esencial que la mera optimización: hacer el uso más completo posible del conocimiento particular, limitado e imperfecto que se encuentra disperso entre los miembros de la sociedad en un entorno que cambia con rapidez (Hayek, 1945). La mayor dificultad reside en producir y hacer llegar esa masa ingente de información “específica”, difícilmente agregable y a menudo intransferible, a los decisores pertinentes. Una buena parte de la solución consiste, además, no tanto en transmitir información, tomando los derechos de propiedad y decisión como un dato fijo, sino también en redistribuir estos derechos, atribuyéndolos a las personas mejor informadas (transfiriendo la propiedad de los recursos o delegando derechos de decisión) y reduciendo así el volumen de información que es preciso transmitir (Jensen y Meckling, 1992, pp. 253-256).
b) La segunda dificultad que plantea el intercambio es la posible conducta oportunista de las distintas partes. Este problema genera toda una variedad de costes de motivación o incentivos, dirigidos en el fondo a ajustar los intereses de todos los participantes en el intercambio. Estos problemas de motivación u oportunismo se plantean siempre que, como suele ocurrir, los individuos tendamos a anteponer nuestro propio interés al ajeno y el intercambio sea de tal naturaleza que los participantes podamos aprovecharlo para obtener ventajas a costa de los demás. Ante semejante situación, es necesario compatibilizar los intereses de los participantes para que el intercambio sea provechoso.
De lo contrario, la posibilidad de que existan conductas oportunistas puede llevarles a abstenerse de contratar y especializarse. Por ejemplo, la desconfianza respecto a la calidad de los servicios del pintor puede llevar al cliente a vigilarle estrechamente, lo cual es costoso. Puede incluso ocurrir que sea imposible asegurar una calidad aceptable y entonces el intercambio ni siquiera llegará a producirse. Como consecuencia, si esta imposibilidad se generalizara, nadie tendría interés en especializarse en tareas de pintura.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 6 El capítulo #3a describirá el papel esencial que representan las asimetrías informativas (el que uno de los participantes en el intercambio sepa más que el otro) en el origen del problema de motivación y cómo la ubicación temporal de esas asimetrías antes o después del acuerdo definen diferentes tipos de problemas (respectivamente, de selección adversa y riesgo moral). Asimismo, el capítulo #3b analizará las diversas soluciones que se disponen para resolver los problemas de coordinación y motivación, de modo que los participantes en el intercambio definan óptimamente su contenido y cumplan los acuerdos alcanzados.
Se pueden separar ambos tipos de costes, de coordinación y de motivación, considerando los de coordinación como residuales: son así costes de coordinación todos aquellos en los que se habría de incurrir incluso si los intereses de las partes fueran coincidentes. Un ejemplo extremo al respecto, en el que no parecen existir costes de motivación, es el proporcionado por ciertas sociedades animales, como la de las abejas. No parece que hayan de dedicar muchos recursos a compatibilizar sus intereses. Por el contrario, sí los dedican a comunicarse, pues buena parte de su actividad y su diseño biológico tienen la finalidad de facilitar la comunicación entre ellas. Por ejemplo, realizan una especie de baile para señalarse unas a otras la ruta donde han encontrado alimentos. En realidad, todos los insectos sociales suelen tener glándulas especializadas (unas 30 en las termitas) en la producción de feromonas, unas sustancias hormonales que la mayor parte de los animales usa para comunicarse.
Aplicación 2.2. Contract Manufacturing Cada vez son más las empresas cuyos productos no han sido tocados nunca físicamente por ninguno de sus trabajadores. Con los avances en microelectrónica y el desarrollo de nuevas fórmulas contractuales, muchas empresas industriales (como Sony o Phillips) prácticamente han dejado de fabricar para centrarse en investigar, diseñar y vender el producto, dejando la fabricación en manos de una nueva estirpe de especialistas: los “fabricantes subcontratados” o contract manufacturers. Este fenómeno que, en su versión moderna comenzó con los primeros PC de IBM, ya en 1981, se extendió rápido en los años 1990 a productos de electrónica; y alcanzó pronto a productos de consumo, como juguetes, prendas de vestir, zapatos o cerveza, e incluso automóviles, como mostró la fabricación del BMW X3 por Magna. En el siglo XXI se está generalizando. Su difusión tiene que ver con el doble juego de unas mayores ventajas de especialización y unos menores costes de intercambio.
Ventajas de especialización Por un la parte, especializarse en fabricar proporciona tres tipos de ventajas. Primero, la creciente robotización de las fábricas exige acometer cuantiosas inversiones y asumir la mayor complejidad técnica de su funcionamiento, dos condiciones que sólo cumplen las empresas especializadas en fabricar, gracias a su mayor volumen de producción y su experiencia. En el sector de la electrónica, por ejemplo, la miniaturización de los componentes implicó el desarrollo de la llamada surface mount technology, una tecnología extremadamente cara para pequeños fabricantes. Este es el motivo por el que empresas como Flextronics ensambla en su centro de Guadalajara (México) un dispositivo Philips para conectar televisores a Internet, al mismo tiempo que en la línea contigua produce un artilugio similar para Sony. Sólo los grandes productores pueden amortizar estas inversiones.
En segundo lugar, los fabricantes subcontratados logran ingentes economías de escala en sus compras, inalcanzables para quien fabrica solo su propia marca. Es más fácil para Sanmina-SCI, por ejemplo, reducir sus costes de aprovisionamiento que para IBM, pues no sólo ensambla la mayoría de los PCs de IBM sino también muchos de los de HP y las placas base de otros fabricantes.
Finalmente, al contratar la fabricación se reducen las barreras de entrada y se facilita que los retadores del líder puedan mejorar su posición. Así, IBM no sólo ha conseguido precios similares a Dell (por mucho tiempo líder del sector), al beneficiarse de los costes de escala mínima eficiente de un gran productor (Sanmina-SCI), sino que además logra diferenciarse en el mercado ofreciendo mejor ingeniería y servicios de valor añadido.
Menores costes de intercambio Por otra parte, contratar la fabricación es hoy posible gracias a varios cambios tecnológicos que permiten reducir las dificultades de coordinación y evitar los conflictos que hubieran aparecido en el pasado. La estandarización de criterios y normas productivas y gerenciales, favorecida por organizaciones como la ISO, ha facilitado la coordinación técnica entre fabricantes contratados y grandes marcas, por lo que ha sido posible separar con nitidez las actividades de innovación de las © Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 7 de producción. Todo el esfuerzo de estandarización que se ha realizado en el ámbito productivo, en los protocolos de comunicación electrónicos, en el diseño digital o en las pautas de gestión, ha permitido conectar a clientes y proveedores como si fuesen la misma organización.
Asimismo, la mejora en las comunicaciones multiplica el efecto de los estándares, sobre todo porque Internet permite un tipo de integración impensable hace pocos años. Por ejemplo, HP no sólo comprueba por Internet si sus impresoras están siendo fabricadas conforme a sus especificaciones, sino que toma medidas correctoras inmediatamente cuando no es así. Especificaciones que, por lo demás, han sido transmitidas mediante tecnologías como el EDI desde sus departamentos de diseño a las máquinas de control numérico y los robots de sus fabricantes.
Por último, la mayor flexibilidad de los procesos fabriles ha reducido la “especificidad” de las inversiones (el que sólo valgan para una marca), atenuando la dependencia entre proveedores y clientes y facilitando su contratación. La versatilidad de la maquinaria permite al fabricante contratado cambiar de producto y cliente a un coste reducido, y a la marca cambiar de fabricante.
Con ello, disminuye el riesgo de conductas oportunistas por cualquiera de las dos partes, pues el subcontratista podría producir fácilmente para otra marca y la marca encontrar otro fabricante. Esta flexibilidad es consustancial a los fabricantes contratados, y de hecho, Valmet Automotive, que inició la producción del Porsche Boxter en 1997, sólo tardó siete meses en organizar su producción.
Fuentes: Arruñada, B. y X. H. Vázquez, 2006, “When Your Contract Manufacturer Becomes Your Competitor”, Harvard Business Review, vol. 84, núm. 9, pp. 135-45; y “La fabricación subcontratada y el futuro del sector del automóvil”, Economía Industrial, 2005, núm. 358, pp. 79-86.
2.5. La forma de las funciones de costes de transformación e intercambio De acuerdo con el análisis precedente, parece razonable pensar que, para cada volumen de producción, el coste unitario de transformación decrezca al aumentar la especialización de los recursos utilizados en esa producción. La reducción de este coste de transformación obedece a la naturaleza de la tecnología física, que permite lograr una mayor productividad de los recursos cuanto más se adaptan éstos a las condiciones particulares de la demanda. No obstante, a partir de cierto punto mínimo, es de esperar que el coste de transformación empiece a aumentar a medida que se especializan más los recursos permaneciendo constante la cantidad producida4. Por ello, para cada volumen de producción existirá un cierto punto a partir del cual un incremento de especialización aumentaría este coste unitario.
Parece razonable, en cambio, que el coste de intercambio sea nulo en una economía donde no exista especialización y en la que cada sujeto económico satisfaga sus propias necesidades, y aumente a medida que lo hace la especialización. Cuando no existe ninguna especialización, estamos ante el Robinson Crusoe solo en su isla, antes de la aparición de Viernes. Sus costes de intercambio eran nulos5, pero sus costes de transformación eran muy elevados. Cuando ambos personajes entran en contacto, tal vez es satisfactorio para ambos que Viernes se dedique a pescar y Robinson a construir cabañas. Sus costes de transformación serán entonces menores, pero aparecen costes de intercambio, les será necesario entonces, coordinar sus actividades y, sobre todo, ajustar sus intereses.
Obviamente, tanto el grado de especialización que podrían alcanzar como sus costes de intercambio serían infinitamente menores que los de cualquier economía moderna, pero el problema que afrontan es básicamente el mismo.
Existen dos motivos fundamentales para que los costes de intercambio o transacción aumenten con la especialización: En primer lugar, la especialización de los recursos incrementa el número de intercambios necesarios, haciendo al menos más complejas las 4 Véanse Smith (1776; tres primeros capítulos), Stigler (1951) y Rosen (1983).
5 En rigor, también cabe contemplar la existencia de costes de intercambio de cada persona consigo misma, como resultado de las dificultades de autocontrol, como se ha tratado someramente en el capítulo 1#.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 8 labores de coordinación. Además, el empleo de la información relevante para coordinar las tareas se encarece como consecuencia de que la especialización da lugar a que dicha información sea probablemente más difícil de transmitir, más “específica”, en el sentido puesto de manifiesto por Hayek en 1945 y que ya fue tratado anteriormente6. En segundo lugar, con la especialización suele aumentar también la asimetría o desigualdad de información entre los participantes, pues la especialización suele llevar aparejada una mayor acumulación de conocimientos por parte del proveedor de los servicios, lo que complica el problema motivacional. Por ejemplo, se requieren más conocimientos para juzgar la calidad de un estucado que de una pintura normal y por ello el pintor especialista podrá estar más tentado a reducir su calidad. Una prueba de este punto es el hecho de que para controlar especialistas se utilicen estructuras de autocontrol o bien se emplee a otros especialistas, con frecuencia, en este último caso, en un régimen de control mutuo. Un ejemplo típico de este problema es el trabajo de los profesionales, como médicos o abogados, que sólo puede ser supervisado eficazmente por colegas y aun así con muchas dificultades. Es lógico entonces que se requieran estructuras de salvaguardia más costosas cuanto mayor es la especialización.
Tenemos, en suma, que el mayor número de intercambios se une a que cada uno de ellos es más difícil de contratar, por lo que los costes de intercambio son crecientes con la especialización. Supondremos, pues, que a medida que se especializan los recursos se reduce el coste de transformación hasta un cierto nivel mínimo y se eleva el de intercambio.
Figura 2.1. Los costes unitarios de transformación e intercambio en función de la especialización de los recursos Nota: En ambas funciones se trata de costes mínimos: tanto la función de costes de transformación como la de costes de intercambio recogen los mínimos costes de cada tipo asociados a cada nivel de especialización.
Costes S Coste total C Y B U A Z T O V Óptimo con costes de intercambio Coste de intercambio Coste de transformación X W Óptimo sin costes de intercambio Especialización El impacto del intercambio en los costes En estas condiciones, el mínimo de los costes totales se alcanza en un nivel de especialización inferior al mínimo de los costes de transformación, como refleja la Figura 2.1.
La Figura permite comparar sendas situaciones, que cabe etiquetar como “ideal” y “real”, en las que los costes de intercambio son respectivamente nulos o crecientes con el grado de especialización de los recursos productivos.
6 Véanse también Becker y Murphy (1992), quienes subrayan también el papel del volumen de conocimiento disponible como limitación a la especialización, y Garicano (2000), quien destaca la capacidad de solución de problemas.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 9 a) Situación ideal. Si los intercambios entre seres humanos no fuesen costosos (si pudiéramos comunicarnos todas nuestras disponibilidades y necesidades, y, sobre todo, formular y hacer cumplir siempre nuestras promesas sin coste alguno), sólo tendríamos que preocuparnos por los costes de transformación. Cabe suponer entonces la existencia de un nivel óptimo de especialización, tal como OW, que proporcionaría un coste mínimo WX, igual a OA. (En aras de la simplicidad, se presupone que la cantidad a producir permanece fija).
b) Situación real. Desgraciadamente, la situación real no es ésta. Por el contrario, la especialización ideal OW resulta prohibitivamente costosa en términos de intercambio. Para lograr el nivel de especialización OW que permite minimizar el coste de transformación, alcanzando éste un importe WX, el coste de intercambio habría de ser WS, tan elevado que por sí solo ya excede el coste total óptimo, VY = OC.
Observamos así que el incremento del coste total debido a la existencia de costes de intercambio (AC) tiene dos componentes: (1) Por un lado, las actividades de coordinación y compatibilización de incentivos que facilitan las transacciones generan directamente un coste de intercambio de importe VZ7. (2) Por otro lado, la propia presencia de estos costes de intercambio provoca un menor grado de especialización y, como consecuencia, se incrementa el coste de transformación, en una cuantía TU (= VU - WX), igual a la diferencia entre el coste de transformación real (VU = OB) e ideal (WX = OA) e igual también a AB (= OB OA). Pese a manifestarse como mayor coste de transformación, se trata también, debido a su origen, de un coste de intercambio, aunque de carácter indirecto e implícito. Su naturaleza es la de un coste de oportunidad del tipo que desde la teoría positiva de agencia se ha dado en denominar “pérdida residual”8. Por tratarse de un coste de oportunidad, suele ser poco visible y, como consecuencia, tiende a ser infravalorado en el análisis de todo tipo de problemas.
2.6. Costes de intercambio bajo distintas formas organizativas El coste de intercambio es creciente con la especialización, pero su cuantía depende de qué tipo de organización se utilice. Entre estos tipos organizativos se incluyen desde abstracciones generales, como la empresa o el mercado, a fórmulas o contratos concretos, como pueden ser el empleo vitalicio y el salario a destajo en el ámbito laboral, el arrendamiento de activos o leasing y el crédito en el terreno financiero, o la distribución exclusiva y las marcas de distribuidor en el campo comercial. En la Figura 2.2 se supone que sólo existen dos posibilidades organizativas, que llamamos “empresa” y “mercado”, según las cuales, por ejemplo, una pieza o un componente de un producto final serían fabricados internamente (en la solución empresa) o bien adquiridos a un proveedor externo (solución mercado). Suponemos también en esta Figura que para niveles bajos de especialización de los recursos el coste del intercambio en el seno de la empresa es menor que el coste del intercambio en el mercado (a la izquierda del punto de indiferencia). De hecho, es este supuesto y no una lógica generalizable lo que determina la posición relativa de ambas curvas de costes.
7 Este importe VZ es igual tanto a UY como a BC, pues, como el coste total es la suma de los costes de transformación e intercambio, la diferencia entre coste total (VY = OC) y de transformación (VU = OB) nos da el coste de intercambio (VY – VU = UY = BC).
8 Sobre todo a raíz de Jensen y Meckling (1976). A este respecto, véase, para más detalle, la sección #2 del capítulo #3.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 10 En cualquier caso, la función de coste total es la suma de la función de costes de transformación más la de costes de intercambio mínimos asociados a la organización que es menos costosa en cada nivel de especialización. Es de esperar que los agentes económicos utilicen para cada nivel de especialización productiva aquella solución organizativa que minimiza el coste total. Esta minimización de los costes totales conduce en el caso representado en la Figura a que se emplee la empresa. Quiere ello decir, en los términos del ejemplo, que la pieza se producirá dentro de la empresa en lugar de adquirirla a un proveedor externo.
Figura 2.2. Los costes totales, de transformación y de intercambio en función de la especialización de los recursos y bajo distintas formas de organizar la actividad económica Nota: Se representa en trazo más grueso la función de coste mínimo de intercambio.
Costes S Coste total C Y B U A Z T O V Óptimo con costes de intercambio Coste de intercambio Coste de transformación X W Óptimo sin costes de intercambio Especialización La Figura 2.3 presenta, en cambio, una situación en la que, partiendo de los mismos costes de intercambio y tras producirse una alteración exógena (esto es, causada o generada externamente) en los costes de transformación, resulta ahora óptimo emplear el mercado. La pieza del ejemplo se adquiriría ahora a un proveedor externo.
© Arruñada: Economía de la Empresa. Cap. 2. 06/09/2011 11 Figura 2.3. Un cambio exógeno en la función de costes de transformación, que aumentan en mayor medida para recursos poco especializados, da lugar a una nueva solución óptima en la que se utilizan recursos más especializados, pasando además a contratarlos a través del mercado Nota: Se presenta sólo la función de coste mínimo de intercambio.
Costes Coste total Costes de intercambio Costes de transformación Especialización Grado óptimo de especialización Ambos costes, de transformación y de intercambio, vienen dados por las tecnologías disponibles, tanto de orden físico como organizativo-contractual. Estas tecnologías quedan reflejadas en las funciones de costes o de producción9, las cuales resumen el empleo óptimo de los recursos. Para cada nivel de especialización de los recursos, la función de producción nos dice así en su vertiente física cuál es el nivel óptimo en que se han de emplear los distintos recursos (la intensidad de capital, por ejemplo) y en su vertiente contractual bajo qué pautas organizativas (intercambio en el mercado; en la empresa; si es en la empresa, mediante una organización funcional, o con una divisionalización “M-form”; etc.).
Este análisis proporciona una perspectiva sobre cómo diversas disciplinas centran su atención en partes diferentes del problema económico. (a) La Microeconomía toma la función de costes totales como un dato “exógeno” o proveniente de fuera de su campo de estudio, que se relaciona más bien con el estudio de cómo se asignan los recursos, cómo se adapta el uso óptimo de los recursos al producirse cambios en sus precios. (b) En cambio, el estudio económico de las organizaciones se interesa sobre todo por la minimización de los costes de intercambio. Lo hace, no tanto para situar a la empresa en el nivel óptimo de una determinada función de costes, como para apurar las posibilidades productivas, alcanzando o bien desplazando hacia abajo las funciones de costes representadas en las figuras. (c) Los costes de transformación son objeto más bien de la ingeniería y de algunas técnicas de dirección y gestión de empresas. Para hacer un buen uso del instrumental económico es importante entender, en todo caso, que las tareas fundamentales de la dirección de empresas u otras organizaciones consisten en gran parte en alcanzar o modificar la restricción tecnológica (tanto de la tecnología física como de la contractual) que la microeconomía supone alcanzada o inalterable.
La obtención de las funciones de coste Si bien parece fuera de duda cómo varían los costes de transformación e intercambio con la especialización, no cabe decir lo mismo de sus componentes. No existen soluciones óptimas generales a la hora de reunir recursos, tanto en la vertiente productiva como en la del intercambio. Así, en esta última, no es posible postular una relación única entre el grado de especialización y la forma organizativa óptima. En particular, no podemos asegurar con carácter general cuál es el signo de la diferencia entre los costes de intercambio a través de la empresa y mediante el mercado. Este resultado no es extraño, pues, de un modo bastante similar, tampoco podemos relacionar directamente una mayor especialización con una tecnología física óptima, en términos de, por ejemplo, la intensidad de capital, tanto físico como humano.
9 Para una formulación similar, véase Jensen y Meckling (1979).
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