Tema 4 2/4 (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 2º curso
Asignatura Tipologías penales
Año del apunte 2016
Páginas 6
Fecha de subida 08/04/2016
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III. COACCIONES Artículo 172, bis y ter CP Aspectos generales y modalidades básicas Las coacciones tiene como finalidad proteger el bien jurídico de la libertad individual, en concreto una de sus manifestaciones, la libertad de obrar.
El núcleo de la conducta típica viene constituido por el empleo de violencia.
Dos conductas, en relación de alternatividad, integran el tipo básico cuyo núcleo comisivo viene caracterizado por el ejercicio de la violencia: a) Impedir a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe; b) Compeler a un sujeto a efectuar lo que no quiere. Esto es obligarle, con fuerza a que haga algo, lícito o ilícito, que no desea. En la dificultad de distinguir cuándo nos encontramos ante una de las dos modalidades típicas, se resuelve el concurso de leyes en favor de “impedir”, por el carácter preclusivo del tipo más benigno.
La “violencia” es el elemento esencial y común de las coacciones. No tiene porque ser irresistible, simplemente requiere de una cierta intensidad que ha de resultar idónea para conseguir el resultado no deseado por la víctima. Serán atípicas —principio de insignificancia— todos aquellas actuaciones que ex ante carezcan de riesgo idóneo para torcer la voluntad del sujeto.
Concepto y clases de violencia típica: a) “Vis física”: violencia física proyectada sobre las personas, es el prototipo clásico de la violencia en la coacciones; b) “Vis compulsiva”: violencia de naturaleza psicológica. Ésta plantea la difícil delimitación entre amenazas y coacciones. c) “Vis in rebus propia”: fuerza sobre las cosas a través de la alteración en su uso normal mediante destrucción o deterioro, siendo aceptada unánimemente por todos; d) “Vis in rebus impropia”: casos de fuerza sobre las cosas pero sin alterar su uso normal, no existiendo consenso en su admisión.
Se ha producido un proceso de espiritualización del concepto de “violencia”, ahondando en el carácter como tipo de recogida de este delito, primando el resultado de privación de la capacidad de obrar sobre la necesidad de emplear violencia para su consecución.
El carácter como tipo de recogida de este delito y la espiritualización del concepto de violencia también permitía subsumir en él otros fenómenos crimina- les como el aludido con la expresión angloamericana “Stalking”.
La cláusula “sin estar legítimamente autorizado”, para doc. y jur.may., remite a la ausencia de causas de justificación recogidas en la Parte General especialmente al art. 20.7º “ejercicio de un derecho, oficio o cargo, suponiendo un recordatorio expreso de que no incurre en este delito quien actúe legitimado para menoscabar la libertad de obrar ajena.
Por otras razones son casos discutidos: a) Impedir un suicidio; b) Huelga de hambre presos; c) Tratamiento médico sin consentimiento del paciente o de sus familiares.
En todos estos supuestos va a tener una relevancia fundamental, tanto el estado de necesidad, art. 20.5, como el error de tipo art. 14.1 y el error de prohibición art. 14.3 sobre la ilicitud del hecho. Dándose tres posibilidades: a) No cabe invocar el error de prohibición cuando se utilicen vías de hecho desautorizadas por el ordenamiento jurídico cuya ilicitud es comúnmente conocida; b) Cabe invocar el error de prohibición vencible; c) Existe un error de prohibición invencible en supuestos como los de incorrecto asesoramiento jurídico.
Iter criminis: jur.may., lo entiende como delito de resultado en el que ni es suficiente el mero ejercicio de la violencia, ni necesario que el autor consiga el propósito anejo a la coacción ejercida, basta que el sujeto pasivo deje de hacer lo que deseaba o realice algo que no quería. Jur. min, como delito de estado. Habrá tentativa cuando pese a ejercerse la violencia típica necesaria para quebrantar la voluntad del sujeto, no se logre impedir el libre desarrollo de la conducta deseada por la víctima antes de ser coaccionada. La doc.min. sostiene que la tentativa de coacciones debe subsumirse en el delito de amenazas condicionales. Pluralidad de coacciones: Cabe admitir la posibilidad de castigar por un único delito menos grave de coacciones la sucesión de actos que fragmentados e individualmente considerados merecerían la calificación de coacción leve.
El tipo subjetivo admite cualquier clase de dolo genérico para todas las modalidades de coacción.
El Inciso II del art. 172.1 prevé un tipo cualificado cuando la conducta coactiva se proyecta sobre el ejercicio de derechos fundamentales, es decir, derechos públicos subjetivos con una especial relevancia jurídico-política (arts. 14 y 29-30 CE). En estos casos, se impone la pena en la mitad superior dentro del marco penal del tipo básico.
Concursos: a) de leyes: Las coacciones se encuentran en relación de género especie con el delito de detenciones ilegales que se resuelve por principio de especialidad, art. 8.1ª, desplazándolas en favor de las detenciones b) Ideal o medial: especialmente con daños en supuestos de “vis in rebus propia” y con lesiones en “vis física” y “vis compulsiva”.
Modalidades específicas de Coacciones: Mobbing inmobiliario, Matrimonio Forzado y Acecho o “Stalking” Mobbing inmobiliario Se trata de graves perturbaciones dirigidas contra inquilinos de rentas antiguas — normalmente personas ancianas— por parte de propietarios y promotores inmobiliarios con el fin de lograr su expulsión para, de este modo, obtener pingües beneficios con la reurbanización o reforma de edificios situados en zonas privilegiadas de las ciudades.
Se establece que “También se impondrán las penas en su mitad superior cuando la coacción ejercida tuviera por objeto impedir el legíti- mo disfrute de la vivienda”.
Toda conducta coactiva grave tanto activa como, con mayor dificultad, omisiva que en todo caso deberá ser intersubjetiva- mente adecuada para forzar la salida o impedir el disfrute pacífico de la vivienda por su legítimo habitante quedaría incluida en el delito de coacciones. En el supuesto de que, junto a la afectación de la libertad de obrar, se haya creado una situación atentatoria contra la integridad moral a través de un conjunto orquesta- do de vejaciones estaremos frente a un concurso de delitos con el art. 173.1.3º, al igual que se admite en el contexto de la violencia de género. En el caso de que la situación de hostigamiento por su reiteración llegue al extremo de provocar graves procesos de estrés o alteraciones psicosomáticas cabrá apreciar el concurso con el delito de lesiones, art. 147.
Normalmente el “Mobbing inmobiliario” responderá a un concierto o acuerdo criminal que prevé la reiteración de las conductas en el tiempo.
Puede darse una relación concursal —ideal— con el delitos de daños (art. 263 y ss.), allanamiento (arts. 202) o, entre otros, con distintos delitos patrimoniales.
Matrimonio forzado El matrimonio forzado atenta directamente contra el valor superior de la libertad, así como el de la igualdad, fundamentos de nuestro sistema político.
Bajo la estructura típica de las coacciones se prevén dos delitos distintos, en atención a la concreta capacidad de obrar lesionada, si bien conectados en una relación medio-fin, así como un subtipo agravado a cada uno de ellos: a) el delito de matrimonio forzado, previsto en el art. 172 bis 1; b) el delito de forzamiento a abandonar o impedir regresar a territorio español ex., art. 172 bis 2; c) un subtipo agravado referido a los dos delitos anteriores cuando la víctima sea menor de edad, art. 172 bis 3. Por lo que se refiere al delito de matrimonio forzado, el bien jurídico protegido es el derecho de todo ciudadano a contraer matrimonio en condiciones de libertad e igualdad, pues en definitiva el matrimonio es un acto de puro consentimiento, es decir, un acto de la autonomía de la voluntad manifestado libre y espontáneamente. Por lo que resulta adecuado, estructuralmente, que su forzamiento violento venga auspiciado bajo la estructura de las coacciones. No obstante, esta previsión genera problemas de solapamiento con los delitos de amenazas, que deberán que- dar absorbidos, en la mayoría de los casos, por el delito de matrimonio forzoso en atención al principio de especialidad. Se trata de un delito de resultado que se consuma con el perfeccionamiento del matrimonio sea cual fuere el sistema por el que éste se lleve a cabo. En consecuencia hasta que éste no se produzca cabe la posibilidad de apreciar la tentativa.
En el Ap. II se configura un delito medio-fin al anterior, cual es el del forzamiento a abandonar o impedir regresar a territorio español. A nuestro parecer, este delito está previsto con una doble finalidad, en atención a la dinámica comisiva en que se producen los matrimonios forzados. En primer lugar, para dar protección a un derecho fundamental, como es el de elegir libremente residencia y circular por el territorio nacional, así como a entrar y salir libremente de España.
Por tal motivo dos son los bienes jurídicos necesitados de protección mediante figuras delictivas distintas: uno el obligar a casarse, otro el impedir la libre residencia. Además, este segundo delito alberga una finalidad práctica de índole procesal. En tanto delito de resultado éste se consuma una vez la víctima abandona el territorio español o, si no se produce la salida bajo engaño o violencia, cuando se impide su regreso, en consecuencia hasta que este hecho no se produzca cabe distintos grados de tentativa.
En el Ap. III se prevé un subtipo agravado a las dos conductas delictivas anteriores cuando la víctima sea menor de edad, resultando paradójico que no se produzca la previsión expresa para cuando ésta sea un incapaz y se le fuerce a contraer matrimonio en países donde seguramente este hecho no resulte óbice para el mismo. Se plantean no pocos problemas concursales entre las dos modalidades delictivas básicas previstas en el art. 172 bis. A nuestro entender ambos delitos, de concurrir sucesivamente, estarán en una relación medio-fin por lo que debe aplicarse la nueva previsión del concurso medial de delitos.
Acecho o “Stalking” El carácter como tipo de recogida del delito de coacciones junto al pro- ceso de espiritualización del concepto de violencia permitía ya subsumir en él otros fenómenos criminales como el aludido con la expresión angloamericana “Stalking. Esta locución se refiere a las conductas de acecho y/o intimidación destinadas a forzar algún tipo de contacto o relación personal indeseada por la víctima, provocando en ésta un cambio sustancial en su forma de vida para evitar al acechador.
El bien jurídico es la capacidad de obrar, en concreto ésta se lesiona cuando la víctima del hostigamiento debe alterar su plan de vida. A diferencia de las coacciones tradicionales, donde el sujeto conoce y quiere impedir u obligar a realizar una conducta, aquí el sujeto no pretende que la víctima modifique su conducta vital, todo lo contrario, busca su acercamiento y por tanto obtener una cierta relación con ella.
El hostigamiento debe producirse por la insistencia y reiteración de algunas de las conductas determinadas por el legislador, en todo caso éstas deben ser intersubjetiva y circunstancialmente idóneas para causar la sensación de acoso en la víctima, debiendo condicionarse su apreciación bajo los criterios de adecuación social, por lo que se debe exigir que la víctima exteriorice firme y rotundamente su disconformidad a tener ningún tipo de relación con el sujeto. En concreto, el legislador prevé como medios de acecho: a) vigilancias y persecuciones, se trata de supuestos en que el autor se mimetiza con las costumbre de la víctima, realiza seguimientos continuos o procura encuentros indeseados.; b) comunicaciones directas o a través de terceros, se deben identificar los casos de llamadas constantes a horas intempestivas, la reiteración de mensajes telefónicos o través de redes sociales, cartas o simples notas que se dejan en el lugar de trabajo; c) regalos o uso indebido de sus datos personales, resulta común el contratar o cancelar servicios y suministros en nombre de la víctima, así como encargar comida para su entrega a horas intempestivas o simplemente la reiteración en la entrega de regalos, ramos de flores, que resultan indeseados; d) atentados contra la libertad o el patrimonio de la víctima y allegados, suelen darse conductas de sustracción de pertenencias de las víctimas, o de sus allegados con el fin de hacerse con in- formación o intimidar.
Los medios y modos empleados, deben darse de manera insistente y re- iterada, ya sea el mismo acto, por ejemplo de seguimientos, repetido en diversas ocasiones o de forma combinada alguno de ellos. No cabe fijar a priori un número de conductas concretas para evaluar la continuidad y reiteración, sino que debe valorarse la idoneidad de las mismas para ocasionar una intromisión indeseada en la vida de la víctima que origine un estado de presión psicológica que debe desembocar en la adopción de cambios sustanciales en la forma de conducirse. Consumación, se trata de un delito doloso de resultado, por lo que se perfeccionará cuando a consecuencia del grave hostigamiento al que someta a la víctima, ésta vea alterado su normal proceder de manera sustancial y grave.
Se prevén dos tipos agravados determinados por la condición que reviste la víctima: a) Cuando ésta sea especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o situación; y b) cuando ésta sea alguno de los sujetos previstos en el art. 173. 2. Perseguibilidad, el acecho básico requiere de la interposición de denuncia de la persona agraviada o de su representante legal, no así cuando la víctima sea la del subtipo cualificado del art. 172 ter 2.
La cláusula concursal específica del Ap. III, prevé la posibilidad de adicionar a la pena por el delito de acecho aquellas otras que correspondan por los delitos en que pudieran concretarse las conductas de acoso conformando un concurso real.
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