DOCUMENTAL 3 - "Obsolescencia programada." (2017)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Valencia (UV)
Grado Ciencias Ambientales - 1º curso
Asignatura Sociedad, Población y Territorio
Año del apunte 2017
Páginas 2
Fecha de subida 26/07/2017
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Documental 3: “Obsolescencia programada. Comprar tirar, comprar.” Sara Marcos.
Cada vez está más presente en nuestras vidas en conceptos de “obsolescencia”, y es que, realmente, es el motor oculto de nuestra sociedad de consumo.
La sociedad de los países desarrollados hoy en día está dominada por la idea de crecer por crecer, no de crecer por satisfacer las necesidades. Lo que lleva a un crecimiento incontrolado e inútil que repercute sobre el medio ambiente de una forma muy negativa.
En California en 1972 descubrieron que una bombilla había funcionado sin interrupción desde 1901. Desde ese momento decidieron grabarla 24h los 365 días del año, a día de hoy sigue en funcionamiento y ha agotado dos webcams.
Pero, a pesar de tener este ejemplo, las bombillas fueron las primeras en ser víctimas de la obsolescencia programada.
Ante la necesidad de la población por comprar bombillas, se creó un cartel para controlar la producción de éstas, llamado Phoebus. Su objetivo era controlar la producción y al consumidor, con lo que llegaron a la conclusión de que si las bombillas duraban mucho (como esta bombilla “eterna”), era una desventaja para el negocio ya que los consumidores no compraban más.
Cuando Edison puso en venta la primera bombilla tenía una duración de 1.500 horas.
Tras varios avances técnicos llegaron a fabricar bombillas con una vida media de 2.500 horas. Pero, desde Phoebus se pusieron de acuerdo para reducir esa vida a 1.000 horas y así tener una producción más continuada y más ingresos.
Presionados por el cartel, los fabricantes realizaron experimentos para fabricar una bombilla más frágil que durara menos ya que sino, eran multados. En sólo dos años, las bombillas pasaron de durar 2.500 horas a 1.500. En los años 40 consiguieron que todas duraran 1.000.
En 1942 Phoebus recibió una denuncia de competencia desleal y de reducir la vida de las bombillas. Los jueces prohibieron limitar la vida útil de las bombillas. Pero en la práctica, la sentencia tuvo poco efecto, y las bombillas continuaron durando lo mismo.
En las décadas siguientes se inventaron más, incluso una que duraba hasta 100.000 horas, pero ninguna llegó a comercializarse.
La obsolescencia programada apareció más o menos a la vez que la sociedad de consumo y la producción en masa.
Muchas empresas, como el fabricante de coches Sloan, empezaron a pensar estrategias para que la población consumiese cada vez más, incluso cuando los artículos que tenían no estaban desgastados ni rotos. Así apareció la moda. Sloan creaba un modelo de coche nuevo cada año, haciendo que las personas que tenían coches más antiguos empezaran a tener un sentimiento de inferioridad por no tener ese último modelo.
Debido a esto la industria del automóvil creció y aceleró la economía, pero en 1929 el consumo se frenó en seco por la crisis.
Para reavivar el consumo, se quiso hacer obligatoria la obsolescencia programada con medias tan extremistas como que quien se quedara un artículo después de caducado, pagaría una multa.
Se creía que, con la obsolescencia programada obligatoria, la gente seguiría consumiendo y habría trabajo para todos, pero nunca llegó a ponerse en práctica. Las grandes empresas pensaron una estrategia mejor que obligar al consumidor a que comprara, seducirle y convencerle para que él mismo quisiera ir a consumir cada vez más. El diseño y el marketing seducían al consumidor para que deseara siempre el producto más nuevo.
Así se fueron asentando las bases de la sociedad de consumo actual, que se resume básicamente en la libertad y felicidad a través del consumo ilimitado.
Muchas personas piensan que sin la obsolescencia programada no habría industria, ni la mayoría de trabajos, y que está en la raíz del crecimiento económico que el mundo ha vivido desde los años 50.
Entre los años 50 y 60 se inventó el nylon, lo que permitió fabricar unas medias muy duraderas y casi indestructibles, cosa que fue muy importante porque para las mujeres de la época las medias eran algo imprescindible.
Pero los empresarios en seguida vieron el problema: duraban demasiado, lo que significaba que no fabricarían ni venderían muchas, por lo que tendrían que inventar un tejido más débil. Los ingenieros tuvieron que usar sus conocimientos para un producto inferior a gusto de la empresa.
Ghana es uno de los destinos a los que se mandan productos tecnológicos anticuados por parte de los países más desarrollados. Pero la realidad es que cuando llegan allí la mayoría están estropeados o no se pueden aprovechar. Los que sí que se pueden aprovechar se arreglan y comercializan con ellos. Los aparatos que no se pueden reparar acaban en vertederos, que poco a poco han ido conquistando la ciudad. Los niños rebuscan entre esos vertederos para encontrar chatarra y conseguir dinero.
No hay un mundo ecológico y un mundo de negocios, negocios y sostenibilidad deben de ir de la mano. La única manera de conseguirlo y es considerar el coste de los materiales, el coste de la energía, el coste del transportar el producto… Aunque todo sería más caro si se consideraran los costes ocultos, por lo que la mayoría de consumidores y empresarios no estarían de acuerdo.
Personalmente pienso que el decrecimiento es la opción más adecuada. Si se empieza por reducir el consumo tan desmesurado, acabarán por reducirse muchos otros problemas, sobre todo ambientales, como puede ser la contaminación o la distribución de residuos. Pero para poder reducir nuestro consumo hay que acabar radicalmente con la obsolescencia programada. Por mucho que digan que se destruirían empleos, yo pienso que no es así. La misma gente que trabaja fabricando aparatos nuevos, podría dedicarse a reparar los ya fabricados, a la vez que los ingenieros que inventan los productos podrían plantearse nuevos retos más elevados, no simplemente inventar un modelo “más moderno y más bonito”.
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