Resumen temas 5 y 6 METAFISICA (2016)

Apunte Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Filosofía - 3º curso
Asignatura Metafísica II
Año del apunte 2016
Páginas 5
Fecha de subida 30/03/2016
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VERDAD HERMENÉUTICA La hermenéutica se considera que es la metodología propia de la llamada postmodernidad. El representante más significativo es Gadamer, que ofrece un nuevo concepto de verdad. Desde la hermenéutica la metafísica tendría el sentido de una experiencia histórica y lingüística de nuestro mundo. En la hermenéutica no queda negada la metafísica. La verdad hermenéutica es, en primer lugar, una verdad sin criterio. No hay un criterio para discernir la verdad de la falsedad, no es posible demostrarla ni tampoco verificarla con ninguna experiencia. Para Gadamer, la verdad es una experiencia, es una interpretación en la que no hay verdad ni falsedad, solo se dan experiencias diferentes. Como consecuencia, la verdad es diálogo. La verdad acontece que puede ser interior o consigo mismo y exterior con el mundo por medio de experiencias propias. En segundo lugar, la verdad es una verdad sin error. Lo único opuesto a la verdad es la no-verdad. La verdad se da en la experiencia y esta se da o no se da. No hay experiencias falsas, hay experiencia o no la hay. En tercer lugar, la verdad no es absoluta. Se da siempre en una situación y, por tanto, con unos condicionamientos históricos i lingüísticos. La verdad es histórica, siempre, por ello, es finita y múltiple. En cuarto lugar, la verdad tampoco es objetiva. No quiere decirse con esta negación que sea subjetiva ni tampoco relativa. Es individual o histórica. En quinto lugar, la verdad no es adecuación. La realidad no se hace presente en la verdad, sino que en ella se representa. La verdad gadameriana es una verdad para el sujeto, que se la apropia o aplica. Su ámbito es el de las ciencias humanas. Características: primero: la cosa no es sin la conciencia, no hay conciencia sin el objeto; segundo: la conciencia conoce desde la historia; tercero: se consigue siempre un saber finito; cuarto: no hay avance de algo anterior, sino que todo conocimiento es siempre nuevo; quinto: la representación de la verdad ahora es una representación, un hacer presente. En sexto lugar, la verdad que se representa no es nunca definitiva. La verdad es siempre una experiencia histórica y lingüística y, por ello, la misma verdad no será siempre la misma. En séptimo lugar, la verdad no es el sentido. El sentido no es mas que un modo de darse la verdad. ANALOGIA METAFÍSICA. El termino analogía significa “según relación” o “según proporción”. En este sentido, la analogía es una razonamiento por comparación o semejanza, porque traslada las características de un caso ya conocido a otro que se pretende conocer, basándose en su semejanza o parecido. “Analogía” también designa un modo de predicación. La predicación análoga atribuye al término analogado a los diversos sujetos en un sentido, en parte igual y en parte distinto, en cada uno de ellos. La analogía supone una comparación, que esta basada en la coincidencia y en la diversidad. La analogía, explica Cayetano, significa proporción o proporcionalidad. Se divide en tres clases: de no-igualdad, de atribución y de proporcionalidad. La primera, la analogía de no-igualdad, debe descartarse porque la semejanza o proporción, propia de toda analogía, se da en la realidad y no en el concepto del término que se predica de ella. Según Cayetano: se llaman análogas por desigualdad todas aquellas cosas cuyo nombre es común y el concepto significado por ese nombre es completamente el mismo, pero desigualmente participado. Como el concepto del término análogo con analogía de no-igualdad es idéntico siempre en el orden lógico y solo es distinto lo que expresa en la realidad, puede decirse que hay univocidad lógicamente y analogía solo en el orden real. Cuando el nombre es común, pero el concepto significado por este nombre es diverso y solo es uno por la relación a un núcleo de referencia, se da la analogía de atribución. Cayetano da la siguiente definición: análogas por atribución son aquellas cosas cuyo nombre es común; sin embargo, el concepto significado por ese nombre es el mismo según el término y diverso según las relaciones a él. Esta analogía tiene cuatro propiedades: la primera es que solo en analogado principal posee formalmente, y, por tanto, intrínsecamente, lo que el nombre análogo significa. En cambio, los analogados secundarios son denominados extrínsecamente, en razón de su relación al primer analogado. La segunda es que el concepto análogo con analogía de atribución es uno, solo cuanto a la unidad de referencia al analogado principal. La tercera es que lo significado en el primer analogado entra en la definición de los segundos analogados. La cuarta y última es que el nombre con analogía de atribución no tiene un significado único con respecto a todos los analogados. No es un concepto idéntico obtenido por abstracción del concepto de los analogados. En la analogía de proporcionalidad, el nombre análogo es común y el concepto que se atribuye en cada predicación es el mismo, pero solo proporcionalemnte, o con una semejanza de proporciones o relaciones. Esta analogía esta relacionada con el concepto matemático de “proporción”, que significa la igualdad de dos razones, es decir, de dos relaciones entre dos cantidades. La analogía de proporcionalidad se subdivide en propia o impropia. La predicación de analogía de proporcionalidad: “se hace metafóricamente cuando el nombre común tiene absolutamente un concepto formal, que se da plenamente en uno de los analogados y se dice del otro metafóricamente”. Según Cayetano la analogía de proporcionalidad propia es la única que es verdaderamente analogía y es la que utilizó santo Tomás. Es la única que debe utilizarse necesariamente en la metafísica. Solamente este tipo de analogía, por ser el concepto análogo no proporcionalmente, permite que un concepto signifique diversos analogados, según lo que conviene formal e intrínsecamente a todos ellos. Francisco Suárez se opuso a la interpretación de Cayetano, para Suárez las dos analogías de proporcionalidad son metafóricas, por considerar que ambas se refieren a algo extrínseco a la esencia de los analogados. Suárez invalida la analogía de proporcionalidad diciendo que dicha proporción de relaciones puede encontrarse entre realidades unívocas o absolutamente semejantes. Suárez se ve obligado a dividir la analogía de atribución en extrínseca e intrínseca. La primera es cuando la forma denominante está intrínsecamente en uno solo en los extremos, mientras que en los otros está solo por relación extrínseca. La analogía de atribución intrínseca es cuando la forma denominante está intrínsecamente en ambos miembros, por más que en uno esté de modo absoluto y en otro, por relación a él. LA ESENCIA El nihilismo consistiría en la afirmación de la nada absoluta. Los valores supremos han perdido su crédito. Para el nihilista no hay ni “más acá” ni “más allá”. Niega así la metafísica y su posibilidad. Con la crisis de la modernidad el nihilismo ha ido avanzando. Una de las graves consecuencias del nihilismo postmoderno es la pérdida de arraigo en el mundo. Como ya había notado Berdiaeff, el hombre ha desencaminado su relación natural con el mundo y con los demás. La falta de enraizamiento y de sentirse instalado como en un hogar impide al hombre postmoderno el “compromiso” con la realidad y su “domesticación” o humanización íntegra. El compromiso (engagement) es un concepto constructivo. Expresa la vinculación y la entrega del hombre a la realidad y a la comunidad humana. Permite recuperar el individualismo racionalista y proporciona un sentido a la vida humana. Para la reconciliación del hombre con la realidad es necesario el “engagement”. Con él, la realidad, en sí misma inasequible para la razón humana, es un lugar para refugiarse, después de haber delinquido. Gracias a la idea del compromiso, el hombre recuperaría la auténtica razón, porque la entrega permite amar y se conoce realmente cuando se ama. La noción de compromiso se complemente con la de “apprivoisement”, que significa domesticar. La vida humana consistiría en la creación de vínculos de todo tipo. Estos vínculos, para la persona, son compromisos, para las cosas, domesticación. El hombre, por tanto, se compromete con la realidad y ésta queda domesticada. Pero la relación con el mundo es de intercambio. Por ello el conocimiento se concibe como una entrega o compromiso, de la cual surgirá lo verdadero. Las dos nociones metafísicas de “engagement” y “apprivoisement” expresan el lazo invisible con las cosas, desde el cual se construye el habitáculo humano. Desde el ámbito metafísico, puede decirse que la postmodernidad, con la afirmación de la nada, al dejar de poner el acento en la entidad y realidad, se han transformado sus propiedades o atributos trascendentales. Se ha sustituido la unidad por la fragmentariedad. La verdad por la verificación. La bondad por la utilidad y la belleza por la sensualidad. Para superar esta situación de crisis, especialmente de la metafísica no parece razonable abandonarse al fatalismo. Hay que volver al inicio de la senda cerrada y desde allí habrá que evitar el abandono y olvido del ser, que, como dice Heidegger, se ha dado en la metafísica moderna. Para no detenerse en los entes y llegar al ser, habrá que partir de los tres fundamentos de la metafísica: el cogito, el principio de no contradicción y la afirmación objetiva del ente, para seguir el camino o método analógico. La esencia y sus modos. Los nombres que se emplean para designar a la esencia, como indicó santo Tomás, son tres: en primer lugar, el de definición o quiddidad. La definición expresa lo que hace que un ente esté incluido en un género o una especie. Se determina la noción de la esencia diciendo que es lo que se significa en la definición, y, por tanto, que la esencia manifiesta lo que una cosa es. En segundo lugar, a la esencia puede denominársela también forma, en cuanto es lo que capta el entendimiento del ente y produce la certeza o el asentimiento. La esencia expresa la forma, aunque tomada en el sentido de “forma totius”, la forma del todo, lo formal de lo concreto y de lo individual. La forma del todo solo expresa los principios esenciales, sin incluir los que no pertenecen a la esencia. La esencia abstracta es aquello según lo cual algo es, aquello por lo que algo es de una determinada especie. Dicha esencia es un todo, que se significa como parte. El tercer nombre con el que puede identificarse la esencia es el de naturaleza. El término naturaleza significa generalmente la esencia en cuanto principio de operaciones. De estos tres nombres utilizados para denominar la esencia –quiddidad, forma y naturaleza-, aunque los tres precisen su definición en algún aspecto determinado, santo Tomás considera que el mejor es el primero, porque quiddidad es el único que solo tiene un sentido. La esencia se considera según su propia noción o en sí misma. Se concibe la esencia de una manera absoluta, independientemente de toda relación con otra realidad. A dicha esencia solo puede atribuírsele predicados esenciales. No puede sostenerse que la esencia sea una ni múltiple, porque estas determinaciones no las contiene en cuanto tal. Tampoco esta esencia absoluta guarda relación alguna con el ser ni con su efecto, la existencia, ni con los modos de existir. Desde la metafísica es posible una fenomenología, una filosofía pura de las esencias, objeto de una intuición eidética. Max Scheler caracteriza los valores como esencias objetivas. Los valores no se hallan vinculados a las cosas ni a sus constitutivos. Los valores, sin embargo, tienen un “ser”. El valor no es algo puramente lógico. Los valores, no obstante, son solamente esencias ideales, no tienen un tipo de ser que les haga estar presentes en la realidad. Los valores tienen un ser ideal, pero en el sentido que lo tiene lo ideal considerado en la fenomenología. El ser ideal se puede caracterizar por la intemporalidad. Ideal no significa existente en la conciencia. Las vivencias y las cosas “reales” son exactamente iguales. Una consecuencia de la concepción de la esencia absoluta es que: esta naturaleza en este modo considerada es la que se predica de todos los individuos. En su acepción absoluta, la esencia no es universal. No es una esencia capaz de poseer diferentes tipos de ser. Por no ser universal, la esencia en este estado tampoco está dotada de una extensión que sea género o especie. A las esencias reales tampoco les conviene la noción de universal, porque no contienen la unidad y la comunidad. ...