Teoría del Derecho (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de las Palmas de Gran Canaria
Grado Derecho - 1º curso
Asignatura Teoría del Derecho
Año del apunte 2015
Páginas 4
Fecha de subida 28/03/2016
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TEMA 14: EL SUJETO DE DERECHO 1. Las acepciones de la expresión sujeto de derecho La expresión sujeto de derecho adolece de una cierta dosis de ambigüedad, pudiéndose identificar varias acepciones de la misma función del distinto punto de vista que se adopte.
Se aplicaría la expresión sujeto de derecho a los agentes que originan, crean, y determinan la existencia de las normas jurídicas. Se reconocen posturas legalistas y judicialistas. La concepción legalista entiende como creador de las normas jurídicas al legislador y las autoridades en que ha delegado el legislador la potestad de producir normas jurídicas de rango inferior a la ley. La tesis judicialista, al identificar la norma como la sentencia del juez, considera a éste como el auténtico creador del derecho.
Desde la perspectiva de la dirección son sujetos de derecho los destinatarios de las normas jurídicas. Hay quienes consideran que son los órganos judiciales que tienen encomendada su aplicación y quienes identifican como destinatarios del derecho a los individuos cuyas conductas regulan los enunciados normativos. Una tercera tesis reconoce tanto al juez como al ciudadano según la norma de la que se trate.
La asunción del punto de vista del contenido de las normas jurídicas conducen a considerar como sujetos de derecho a los protagonistas de las relaciones jurídicas en tanto que titulares de derechos subjetivos y obligaciones.
Se reconoce a la acepción que atiende al contenido de las normas jurídicas como la más frecuente utilizada en el lenguaje jurídico.
2. La persona como sujeto de derecho El orden jurídico se sirve de la denominación de persona para simbolizar la condición de sujeto de derecho en la acepción de esta expresión que conecta con el contenido de las normas jurídicas. Transfiere al lenguaje jurídico una expresión del lenguaje vulgar de hondo significado axiológico. La palabra persona poco a poco fue mutando su significado hasta referirse al individuo en su concepción más sustantiva y esencialista, como ser dotado de atributos inalienables que le corresponden por su propia condición de persona.
Se explica ello por la generalizada conciencia acerca del significado del orden jurídico como regulación de la vida social.
En nuestros días se concede la calidad jurídica de persona a todas las personas en su acepción biológico-filosófica de esta palabra. Pero no podemos deducir ninguna deducir ninguna relación de necesaria identidad entre nociones que, permanecen netamente diferenciadas. La condición jurídica de persona no deriva de ningún atributo natural, sino de la decisión que al respecto pueda tomar el orden jurídico que podría decidir en sentido diverso. El propio orden jurídico se ocupa de recordarnos el carácter convencional del concepto jurídico de persona al condicionar en algunas ocasiones la atribución al hombre de la personalidad en el sentido jurídico a la producción de determinadas circunstancias que permitan suponer con un cierto conocimiento de causa su viabilidad.
La consideración de la personalidad jurídica como condición inherente por naturaleza al ser humano no deja de representar un espejismo alejado por completo de la realidad de unos ordenamientos jurídicos plenamente conscientes del carácter absolutamente convencional de los conceptos que acuñan y utilizan. Solo es persona en el sentido jurídico del término la realidad natural que en el lenguaje común conocemos en la medida que el ordenamiento jurídico así lo decide. La personalidad jurídica es una creación del derecho que nada tiene que ver con las propiedades que caractericen al sustrato al que se le reconoce tal condición. Debido a razones de muy diversa índole se está caminando en el sentido de asumir la relevancia que desempeña la realidad natural persona como sustrato del concepto jurídico de persona.
Un análisis más profundo de la consideración que al orden jurídico merece el hombre como persona en el sentido jurídico de la expresión nos va a permitir comprobar que no todos los seres humanos están en igual medida capacitados por el derecho para actuar en la vida jurídica ejerciendo las prerrogativas que le corresponden. Hay algunos individuos a los que el derecho considera inhábiles para actuar en algunos aspectos de la vida jurídica sin que ello suponga menoscabo alguno del principio general de igualdad entre todas las personas en aptitud para titularizar derechos y obligaciones.
3. Capacidad jurídica y capacidad de obrar El concepto capacidad jurídica refiere a la aptitud general para la titularidad de derechos y obligaciones inherentes a la propia condición de la persona. Viene reconocida de forma indeterminada y abstracta a todos los sujetos de 1 derechos, sin hacer acepción de las específicas circunstancias que puedan concurrir en cada uno de ellos, constituyéndose así en una calidad consustancial a la propia idea de personalidad jurídica. No precisa la concurrencia en el sujeto de ninguna otra cualidad ajena a su propia condición de persona reconocida por el derecho.
Por el contrario, la noción de capacidad de obrar no atiende ya tanto a la titularidad como al hipotético ejercicio de los derechos y obligaciones, significando la aptitud específica de la persona para actuar de manera autónoma e independiente en la vida jurídica haciendo uso de los derechos y obligaciones que le pueden corresponder. Se entiende referida a un acto o a una serie de actos, pudiéndose reconocer a un sujeto capacidad de obrar en relación a determinado acto o a determinados actos y no en relación a unos u otros. Estamos ante una condición divisible de la persona. Cuando se reconoce a un sujeto la capacidad de obrar en relación a todos los actos concernientes al ejercicio de sus derechos y obligaciones, goza de plena capacidad de obrar. Cuando se le interpreta carente de capacidad de obrar en relación a determinada actividad o a determinadas actividades se entiende que tiene una capacidad de obrar limitada. En estos últimos supuestos el orden jurídico habilita la presencia de una persona distinta que ostenta la titularidad de los derechos y obligaciones en cuestión para que pueda desenvolverse en el mundo jurídico en representación de aquel, desarrollando las actividades que no puede llevar a cabo. A esta figura se le reconoce con la denominación de representante legal.
4. Las personas jurídicas colectivas 4.1 El significado de las personas jurídicas colectivas Las limitaciones de los individuos para hacer frente a determinadas necesidades o intereses y su propensión a asociarse con sus semejantes en orden a su más oportuna realización explica la existencia de agrupaciones humanas dotadas de sentido unitario. Se requiere que dispongan de tres elementos mínimos: un fin que justifica su existencia, una serie de medios que posibiliten la consecución del fin y una cierta organización estructurada sobre la base de una serie de reglas que permitan su funcionamiento. El derecho suele contemplar este tipo de supuestos atribuyéndoles personalidad jurídica, lo que les confiere la posibilidad de protagonizar las relaciones de derecho de manera similar a como lo hacen los individuos.
En ocasiones los individuos acumulan una serie de bienes destinándolos a la realización de un fin, actuando el conjunto de bienes resultante como una entidad unitaria susceptible de derechos y obligaciones. El reconocimiento que el derecho realiza de estos supuestos permitiéndoles funcionar como auténticos sujetos de la vida jurídica se suele expresar señalando que el derecho personifica a un patrimonio.
El lenguaje jurídico oficial ha solido reservar la denominación de personas jurídicas para designar a las agrupaciones de individuos o de bienes destinadas a un fin, utilizando el término de persona o persona física reconocida por el derecho, para los sujetos de base individual. Es relativamente frecuente que se emplee como sinónimo de persona jurídica o persona jurídica colectiva la de personas morales.
4.2 La naturaleza de las personas jurídicas colectivas Señalaba Karl Olivecrona que “es sorprendente la orgía especulativa que se entrega a la doctrina cuando intenta explicar la esencia de etas personas jurídicas”, se añade pues un plus de dificultad que deriva del paralelismo que se predica entre esta figura y la persona física en tanto que persona jurídica con sustrato individual. Ello explica la multitud de teorías relativas a la naturaleza de las personas jurídicas: a) Las tesis negadoras de la personalidad: niegan a las agrupaciones de individuos y de bienes destinados a un fin su condición de personas jurídicas entendiendo que la única persona real es el hombre. Cuando se afirma que una sociedad ha arrendado un edificio se quiere significar que un determinado individuo que guarda una específica vinculación con esa específica sociedad, ha arrendado un edificio. Todas estas teorías coinciden en situar en el primer plano, como auténtico agente jurídico, al individuo que actúa en representación de la agrupación de individuos o de bienes.
b) La tesis de la ficción de las personas colectivas: encuentra su más significativo representante en Savigny, coincide con las tesis negadoras radicales de la personalidad en reconocer al hombre como la única persona en sentido estricto de la palabra, pero ello no obsta para que se atribuya al ordenamiento jurídico la posibilidad de permitir que determinados entidades colectivas actúen en el mundo del derecho como si fueran personas físicas, adjudicándoles una voluntad encaminada a la realización de determinados fines que son considerados 2 jurídicamente relevantes. La contradicción de esta tesis solo puede explicarse asumiendo que lo que el derecho hace al posibilitar el protagonismo de las entidades colectivas en el mundo jurídico supone “ crear artificialmente una personalidad jurídica” c) Las tesis realistas: este conjunto de doctrinas sostienen que el hombre no es la única persona que tiene existencia real en el mundo jurídico: junto a él hay una serie de organismos que manifiestan una presencia real e independiente cuya fisonomía y voluntad no puede confundirse con la de los individuos que los componen. Otto Von Gierke afirma que el derecho no tiene necesidad de acudir a ninguna ficción para introducir en el mundo jurídico a las personas colectivas porque estas constituyen una realidad perfectamente perceptible que justifica su identificación como sujetos de derecho.
d) La tesis de la construcción formal: configura a la persona jurídica como una construcción formal, la “ forma jurídica de unificación de relaciones para realizar de modo más adecuado fines individuales” que dispone del sustrato real que conforman las uniones de individuos o de bienes que tienen por objetivo la consecución del fin que justifica su sentido unitario.
Al instaurar las personas jurídicas como sujetos de derecho el orden jurídico se limita a dar forma jurídica a un sustrato hasta entonces jurídicamente irrelevante. Se diluye así la antítesis entre las teorías realistas y la de la ficción: la persona jurídica constituye una realidad aun cuando se trata de una realidad absolutamente distinta de las realidades físicas y sicológicas.
e) La tesis del reconocimiento tácito de la personalidad: la identificación de la personalidad jurídica como producto directo de la atribución de las normas jurídicas colisiona frontalmente con el obstáculo que representa la consideración como persona jurídica, que constituye el presupuesto lógico del propio orden jurídico. Ante la necesidad de fundamentar normativamente al estado como persona jurídica, algunos autores tratan de eludir la cuestión acudiendo al argumento que proporciona su reconocimiento por parte de los ciudadanos del Estado. Vecchio apunta que para quien “el Estado en un orden jurídico constituido positivamente es el sujeto del mismo ordenamiento y por tanto, es el sujeto de derecho por excelencia; su existencia es el antecedente de toda existencia jurídica positiva, por lo que podría decirse que tiene en sí mismo su propio reconocimiento.
f) La tesis de la personificación del orden normativo: Kelsen entiende la personalidad jurídica como un concepto auxiliar de la ciencia del derecho, una construcción instrumental para la mejor descripción del orden jurídico que reflejaría la personificación de un conjunto de normas jurídicas a las que se imputa el ejercicio de ciertos derechos y el cumplimiento de obligaciones por parte de ciertos hombres. La persona jurídica no viene concebida como una elaboración de la ciencia del derecho realizada con un objetivo determinado “de uso no necesario”, en la medida que se puede perfectamente describir sin ella la realidad jurídica a costa de efectuar la compleja operación que supone referir pormenorizadamente los comportamientos humanos que componen su contenido.
Nuestra postura: la personalidad jurídica es una condición que el derecho atribuye a determinadas entidades, individuales o colectivas, permitiéndoles protagonizar la vida jurídica. Como tal dispone de la peculiar realidad que se predica de las nociones que impregnan el lenguaje jurídico en aras del cumplimiento de las funciones y de los fines del derecho sirviendo su uso para facilitar la mejor exposición del funcionamiento del orden jurídico en la vida social.
Las diferentes posturas que al respecto se mantienen suelen incurrir en el error de buscar una pretendida esencia de la persona jurídica colectiva que suministra las claves para resolver los distintos problemas que plantea la institución.
En este sentido, la atribución de personalidad jurídica a determinadas organizaciones colectivas constituye un producto del orden jurídico sin tener en cuenta la presencia o la ausencia de un sustrato real que pueda fundamentar semejante atribución. Lo cierto es que ese sustrato real existe puesto que en el caso de las personas jurídicas colectivas el derecho atribuye personalidad jurídica a determinados entes que sí que disponen de una base humana. Esa intervención de los individuos que requiere el ordenamiento jurídico para determinar la atribución de personalidad jurídica debe su caracterización como requisito indispensable de las personas jurídicas colectivas a la decisión que al respecto toma el derecho y no a ninguna otra cosa. La personificación jurídica de este tipo de entidades se presenta como un elemento operativo para la buena marcha de la vida jurídica. Así pues, las personas jurídicas colectivas constituyen una creación discrecional del derecho cuya existencia ofrece al orden jurídico uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta su correcto funcionamiento.
3 Un problema singular plantea la categorización del estado como persona jurídica. En la medida en que se admite que los poderes públicos crean el derecho y se reconoce, en consecuencia, al Estado el papel creador último del derecho estatal parece complicarse la justificación legal d la determinación del propio estado como persona jurídica. Los poderes del estado producen el derecho estatal y éste, a su vez, instituye al estado como persona jurídica, puesto que en las sociedades de nuestro tiempo el derecho se diversifica en dos manifestaciones diferentes: a) como escenario de la vida jurídica y b) como sujeto de la propia vida jurídica. Las dificultades que pudiera suscitar la asimilación de la mutua implicación existente entre los fenómenos de derecho y poder no tienen por qué suponer un obstáculo para la comprensión ni para la adecuada caracterización del Estado-persona jurídica como producto directo del derecho estatal.
La persona jurídica colectiva goza de la misma realidad que el resto de las entidades jurídico-lingüísticas, no es una realidad física, tangible, ni una realidad sicológica, sino una realidad conceptual que se corresponde con la presencia de una serie de componente materiales e inmateriales que integran un sustrato al que el derecho atribuye la condición de sujeto de derecho. Es su operatividad la que proporciona a la noción de persona jurídica la razón última de su existencia.
4.3 El contenido de la personalidad de las personas jurídicas colectivas La cuestión relativa a la capacidad de las personas jurídicas colectivas no puede obtener una respuesta uniforme válida para toda la diversidad de entidades de este tipo que reconocen las normas jurídicas. Excluye cualquier solución predeterminada al respecto. El orden jurídico indicará el alcance exacto de la capacidad jurídica de cada una de ellas, que normalmente resultará condicionado por la especificidad del fin que persiga la entidad colectiva en cuestión.
Se considera a las personas jurídicas colectivas como entidades carentes de capacidad de obrar, que se ven obligadas a intervenir en el mundo del derecho a través de individuos que integran los órganos de la persona jurídica. Éstos desarrollarán su acción en el marco de las competencias que el propio ordenamiento jurídico les reconozca. Los efectos de los actos que realizarán los órganos no se imputarán a los individuos que los llevan a cabo, sino a la persona jurídica a la que representan.
4.4 Tipología de las personas jurídicas colectivas 1.- Las personas jurídicas colectivas se han solido clasificar en personas colectivas públicas y privadas en función de diferentes criterios. El criterio del interés llevaría a considerar como personas colectivas públicas a las que tienen por objeto la satisfacción de intereses públicos y privadas las que atienden a la realización de intereses privados.
Con arreglo al criterio del tipo de organización en la que se encuadran serán personas jurídicas públicas las que se enmarcan en el seno de la organización estatal, y privadas las que quedan al margen de ella.
La adopción del criterio de la forma de operar en la vida jurídica conduce a atribuir carácter público a las personas jurídicas que actúan en sus relaciones con otros sujetos de derecho desde una posición de supremacía, haciendo uso del ius imperii, interpretándose como personas jurídicas privadas a las que no disponen de la posibilidad de ejercitar ninguna posición de superioridad sobre los demás sujetos con los que establece relaciones de derecho.
2.- Desde otro punto de vista se ha dividido a las personas jurídicas colectivas en asociaciones, fundaciones y corporaciones.
La asociación es una reunión de individuos que muestran una concordancia de voluntades en la búsqueda de un objetivo común. Se manifiesta directamente el protagonismo del elemento individual en la medida que el sustrato de la asociación tiene una base estrictamente humana.
La fundación constituye una agrupación de bienes que los individuos aportan para la realización de un objetivo determinado. El protagonismo de los individuos es indirecto: el sustrato de la fundación lo componen los bienes y no los individuos.
La corporación es la entidad que surge de la agrupación de una serie de individuos llevada a cabo por exigencia de una norma jurídica. Tiene sustrato humano pero la reunión de los individuos no se produce como consecuencia de su voluntad coordinada, sino por imperativo legal.
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