TEORÍA DEL CONTROL (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención - 1º curso
Asignatura Teorías criminológicas
Profesor .O.D.U.
Año del apunte 2014
Páginas 7
Fecha de subida 31/03/2015
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TEORÍA DEL CONTROL Las teorías del control surgen a finales de la década de los sesenta en Estados Unidos.
¿Por qué respetamos la ley? Ésta es la pregunta que HIRSCHI intenta contestar.
Las teorías del control han sido consideradas las teorías criminológicas dominantes en Estados Unidos y las que han dado lugar a un mayor número de investigaciones empíricas.
La década de los 70 presenció como novedad una criminalidad de clase media, opuesta a los valores culturales y políticos imperantes, y frente a la cual las instituciones tradicionales como la familia, la religión, o las escuelas, se revelaban incapaces de transmitir los valores tradicionales.
El consenso social se evaporaba, la delincuencia se extendía por todas las capas sociales y las miradas se dirigieron a las instituciones tradicionales, las cuales parecían ser incapaces de ejercer sus funciones de control social.
2. Principales ideas teóricas Para las teorías del control no es necesario buscar un factor positivo que explique la comisión de delitos, pues si el delito permite conseguir de forma más fácil aquello que todos deseamos parece lógico pensar que la actitud racional, de acuerdo a una evaluación de costes y beneficios, sería delinquir.
Las teorías del control parten de que la pregunta de Hobbes “¿Por qué la gente obedece las reglas de una sociedad?”. La respuesta es que las teorías del control asumen que los actos delictivos se producen cuando los vínculos de la persona con la sociedad se debilitan o rompen.
2.1. Precedentes Para DURKHEIM cuando la sociedad no funciona a modo de conciencia colectiva, limitando los apetitos ilimitados de los hombres, se produce una ausencia de normas, una situación de anomia en la cual las aspiraciones ilimitadas se intentan satisfacer a toda costa y el hombre ya no se comporta como un ser moral y pasa a regirse por las únicas normas de su auto-interés.
REISS atribuye la delincuencia a una ausencia de control personal, porque no se han internalizado las normas que impiden alcanzar los objetivos deseados por medios ilegales, y de control social de los grupos, instituciones y comunidades, para conseguir que se respeten las normas. En los grupos primarios, familia, escuela y vecindario, es donde se desarrolla el control personal y social sobre el niño. Pero para que el niño se identifique con la familia y los acepte como una fuente de autoridad, respetando las normas que dicte, es necesario, además de que el control se ejerza de forma consistente, que la familia esté en disposición de cubrir las necesidades del niño.
En 1957 TOBY introduce el concepto de “algo que perder”. Con esta expresión da a entender que es más probable que el joven que tiene un buen expediente escolar realice menos delitos, debido a que si los comete no sólo se arriesga a un castigo sino que también compromete su futuro profesional. Como más posibilidades hay de obtener recompensas tomando parte en la sociedad, más probable es que se evite la realización de delitos. Por el contrario, cuando la persona está ya excluida de la sociedad y sus ganancias, «tiene muy poco que perder» si delinque.
NYE en 1958 estudió a la familia como el grupo primario más importante. La familia puede generar cuatro tipos de controles: control directo (sanciones), interno (conciencia), indirecto (querer agradar a los demás, producto deja identificación afectiva con figuras de autoridad representadas inicialmente por los padres) y satisfacción de necesidades (la posibilidad de controlar el comportamiento si se es capaz de satisfacer las necesidades y deseos con medios legítimos). En opinión de NYE, si todas las necesidades estuvieran cubiertas no habría motivo para realizar delitos y un mínimo control bastaría.
RECKLESS desarrolló en 1961 la teoría de la contención. Las presiones y motivos que llevan a la delincuencia pueden contrarrestarse mediante la contención. La contención es posible por medio de controles externos, pero, debido a la movilidad existente en nuestras sociedades, lo decisivo es la autocontención, que permite que la persona se controle independientemente de los cambios en los factores externos. La autocontención depende de cuatro factores: la autoimagen positiva de no delincuente que uno tiene de sí mismo (se desarrolla fundamentalmente por los padres y explica por qué jóvenes que viven en zonas donde hay mucha delincuencia no son atraídos por ella); la aspiración de conseguir metas sociales (comporta que el joven no arriesgue estos objetivos realizando actos delictivos); la capacidad de tolerar la frustración (explica por qué algunos toleran mejor que otros la falta de medios en que se encuentran); y la aceptación de las normas (limita los medios a los que uno puede recurrir).
2.2. La teoría de los vínculos sociales de HlRSCHl La gente respeta la ley porque se siente unida al orden social, en consecuencia la delincuencia surge como posibilidad cuando los vínculos que nos unen a la sociedad se debilitan. Es entonces cuando la persona está libre de ataduras sociales y la delincuencia deviene una alternativa viable de comportamiento.
HlRSCHI expone cuáles son los vínculos que unen a la persona con la sociedad y evitan de este modo la realización de comportamientos delictivos. Estos vínculos consisten en: 1. Apego (Attachment): significa ser sensible a la opinión de los otros. En muchas muchas ocasiones se afirma que la gente no delinque porque ha internalizado las normas sociales y jurídicas. El apego, es necesaria y previa a la internalización de las normas, pues si la persona no es sensible a la opinión de los otros le es indiferente lesionar sus deseos o expectativas y por ello se siente libre para delinquir.
2. Compromiso (Commitment): implica sentirse unido a la sociedad, producto de las recompensas sociales que obtenemos de nuestra participación convencional en ella. La persona que participa en la sociedad adquiere bienes, reputación y estatus, elementos, todos eso puede perderse si se comete un delito. Cuando pensamos realizar algún delito consideramos los costes de este comportamiento. De ahí que como mayor sea la recompensa, en forma de beneficios sociales nos abstendremos de realizar el delito, ya que no sólo consideramos los bienes que ya poseemos, sino los que aspiramos a tener y que pueden perderse si se realizan delitos.
3. Participación (Involvement): significa tomar parte en las actividades convencionales. Como más tiempo dedica la persona al trabajo y al resto de actividades sociales, menor es el tiempo libre que queda para delinquir.
4. Creencias (Belief): significa compartir los valores sociales. HIRSCHI asume que hay unos valores compartidos por todos los grupos sociales, por ello, la cuestión decisiva no es por qué existen sectores sociales que desarrollan otros valores culturales, sino por qué personas que aceptan y comparten los mismos valores delinquen. En su opinión ello es debido a que la creencia en la validez moral de las normas y la obligación de respetarlas está debilitada en algunos sectores de la población.
Las teorías del control asumen que basta una condición negativa para que se realicen actos delictivos.
HIRSCHI desmiente la hipótesis de las teorías culturales de acuerdo a la cual los padres enseñan a sus hijos valores desviados, pues independientemente de la clase social o minoría étnica a la que pertenezcan, o incluso en el supuesto que los progenitores realicen a su vez actos delictivos, pretenden transmitir a sus hijos valores convencionales.
También dice que las amistades con delincuentes no motivan la delincuencia, sino que éstas se desarrollan por las mismas causas que surge la delincuencia, por la pérdida de interés en la sociedad convencional.
Por lo que respecta al segundo vínculo -compromiso con las metas sociales- HlRSCHI afirma que la persona que pierde interés en las recompensas sociales es libre para delinquir, ya que los motivos para no hacerlo se han debilitado o desaparecido.
El tercer vínculo -participación en actividades convencionales- pretende reflejar la intuición popular de que si los jóvenes están ocupados en actividades lúdicas convencionales no delinquen. HlRSCHI admite que su investigación no consigue comprobar esta relación, pues los jóvenes que afirman pasar más tiempo viendo la tele, o saliendo con amigos o chicas, o en juegos, son también los que reconocen haber delinquido. Como afirma gráficamente HlRSCHI, la mayoría de actividades lúdicas convencionales son «neutrales» respecto de la delincuencia, ni la inhiben, ni la promueven.
El último vínculo que analiza es la creencia de la necesidad de respetar la ley. La creencia de que se debe respetar la ley está positivamente relacionado con la no realización de actos delictivos, pero esta actitud de obedecer la ley se forma finalmente a través de los vínculos que se desarrollan con otras personas, en especial con los padres.
3. Consecuencias de política criminal (pàg 94.) El énfasis de las teorías del control reside en el control social, en aumentar el vínculo de la persona con las instituciones sociales que es lo que en últimas evitará que la persona realice delitos. La primera institución clave en la prevención del delito es la familia, pues de acuerdo a esta teoría existe un vínculo comprobado entre delincuencia y educación familiar defectuosa.
La familia puede incidir de tres maneras en la aparición de comportamientos delictivos, en opinión de FUNES: - cuando la familia presenta problemas en su equilibrio afectivo que el joven quizá intente manejar a través de la realización de actos delictivos.
- cuando fracasa el proceso de identificación de los hijos con los progenitores, ya por estar el padre ausente o por presentar un modelo «inimitable».
- cuando la familia tropieza con problemas para cumplir con sus funciones educativas, por las largas jornadas de trabajo o por la incapacidad para socializar a las nuevas circunstancias de un mundo cambiante. Por ello, las propuestas que pueden derivarse de las teorías del control se dirigen a crear programas destinados a las familias, para asesorarlas en la educación de los hijos y procurar que éstas cumplan su función de control social (enseñar los valores convencionales y corregir los comportamientos desviados).
La segunda institución clave para conseguir la vinculación del joven con la sociedad es la escuela, la cual facilita el respeto a las figuras de autoridad mediante la vinculación afectiva e identificación que establece el niño con los maestros.
Las propuestas más recientes de TOBY sugieren dos medidas: - La primera consiste en aumentar el ligamen de la escuela con el mercado laboral para que el joven perciba que sí vale la pena estudiar - La segunda se basa en aumentar la identificación de los jóvenes con los adultos, lo cual puede realizarse incrementando los vínculos de la escuela con el barrio, o fomentando la presencia de adultos con reputación entre los jóvenes o finalmente favoreciendo la enseñanza de adultos conjunta con la de los jóvenes.
El último vínculo social que representa la creencia de respetar la ley. Indudablemente como más legítimo sea visto un gobierno mayor será el vínculo de sus ciudadanos y mayor la conciencia de que la ley debe respetarse.
4. Valoración crítica HIRSCHI sostiene que un niño vinculado afectivamente e identificado con los padres es un niño con escasas posibilidades de cometer actos delictivos. Si bien es razonable creer que la comunicación, vinculación afectiva e identificación con los padres está correlacionada con la delincuencia, lo que se pone en duda es que este efecto sea independiente del contenido valorativo que se enseña.
La segunda crítica es que las teorías del control desconsideran la motivación, el factor positivo que lleva a realizar actos delictivos y presumen que la ausencia de control basta para provocar inevitablemente, por sí sola, la realización de actos delictivos. Como hemos visto, HlRSCHI afirma que las teorías del control no pretenden contestar la pregunta de qué motiva la comisión de un delito y con ello presumen que basta una condición negativa -la ausencia de control social- para delinquir. No obstante una respuesta más completa y satisfactoria a esta crítica la proporciona, en nuestra opinión, Ruth KORNHAUSER quien admite que hay una motivación para delinquir: la insatisfacción de deseos y acepta que ésta no es la misma para el pobre que para el rico. Lo que esta autora destaca es que este factor no es el decisivo, sino que el factor relevante es la ausencia de control.
Una tercera crítica hace referencia a la orientación ideológica de esta teoría. La satisfacción de necesidades es un requisito de efectividad del control social, pues la continuidad del comportamiento obediente depende de que éste sea gratificador.
Una sociedad que excluye de toda ganancia social a una parte de sus miembros no sólo genera en ellos un sentimiento de frustración, por no poder satisfacer sus necesidades, de fatalidad, al comprobar la futilidad de los esfuerzos individuales y de injusticia, ante el agravio comparativo, sino que además es una sociedad que no proporciona recompensas sociales y, en consecuencia, no los vincula al orden social y normativo. Los deja en una situación de «libres para delinquir» en que la única consideración para no hacerlo es el temor a la pena. Aumentar el control social es, de acuerdo a una lectura progresista, aumentar la capacidad de satisfacer las necesidades por medios legítimos y no sólo aumentar los costes del delito.
5. Planteamientos actuales: el bajo autocontrol 5.1. Presentación de la teoría Es posible elaborar una teoría general explicativa de todos los delitos, es posible encontrar un denominador común a todos los delincuentes. De acuerdo a GOTTFREDSON y HIRSCHI ambos autores ésta debe extraerse analizando los rasgos del delito y del delincuente, pues, para que una teoría criminológica sea correcta, debe corresponderse y ser capaz de explicar los hechos que se conocen acerca de la delincuencia.
Los hechos conocidos acerca del delito muestran que éste se caracteriza por la búsqueda inmediata del placer (o evitación inmediata del dolor), la necesidad de pocas habilidades técnicas para realizarlo y la existencia de muy pocos beneficios producto de él. Por su parte, los delincuentes se caracterizan por ser personas impulsivas, despreciar el riesgo, ser incapaces de prever, poseer más habilidades físicas que verbales y ser egocéntricos. Además, no son especialistas, realizan múltiples delitos distintos; por ello no tiene sentido buscar la explicación de un delito específico.
Todos estos caracteres muestran que la persona que delinque carece de capacidad de autocontrolarse en aras de objetivos a medio o largo plazo. El factor que explica la realización de delitos, y la única diferencia existente entre delincuentes y no-delincuentes, es el bajo auto control. ¿Cuál es el motivo del bajo autocontrol? En opinión de estos autores, éste obedece a una educación familiar defectuosa.
La capacidad de autocontrol se forma en los primeros años y permanece estable. Sin embargo, para ello es necesario que exista una familia, o adultos responsables, a los cuales el niño se sienta afectivamente vinculado, que vigilen los comportamientos del niño, los reconozcan como desviados, problemáticos o delictivos y finalmente los corrijan Con ello HIRSCHI insiste en la idea de que el delito es una opción racional motivada por el deseo de alcanzar un placer a corto plazo con el mínimo coste.
Ahora bien, como ellos mismos admiten, no todos los que poseen un bajo autocontrol delinquen. La razón novedosa que introducen para explicar este dato es la distinción entre delincuencia y delito. El delito se produce cuando hay una oportunidad. La delincuencia (producto de la falta de autocontrol) es una tendencia estable que se forma en los años de niñez, pero que sólo se manifiesta cuando la oportunidad de cometer un delito está presente.
Hay una característica individual que explica el porqué sólo algunas personas realizan delitos, el bajo autocontrol, pero esta tendencia estable sólo se manifiesta cuando se presenta la oportunidad de realizar el delito.
Las hipótesis empíricas que se derivan de la teoría del autocontrol son: a) Las personas que realizan delitos carecen de autocontrol b) el autocontrol se forma fundamentalmente en las familias c) y permanece estable a lo largo de la vida.
5.2. Consecuencias de política criminal Si se afirma que la variable más relevante es el auto control y se defiende que éste se forma en los primeros años de la infancia y permanece estable parece claro que la propuesta para reducir la delincuencia sigue basándose en conseguir que las familias ejerzan la función de control social.
Quizá lo único que merezca destacarse es que HIRSCHI expone más detalladamente cómo deben ser las prácticas educativas de los padres. Los padres deben: 1) vigilar el comportamiento del niño 2) reconocer el comportamiento desviado tan pronto como suceda 3) castigar los primeros actos delictivos que se produzcan.
Otras medidas que la familia debe adoptar son: - Vigilar y controlar las entradas y salidas del menor pues ello impide la realización de actos delictivos.
- Darles afecto, pues así el menor no se arriesgará a perderlo con actividades desaprobadas por los padres.
- Vigilar su casa y las relaciones que se establecen en ella, es una forma de disminuir las oportunidades del delito.
- Estar dispuestos a responsabilizarse del menor en caso de que éste haya tenido ya algún problema con la policía, pues esta actitud de la familia evitará que el joven se adentre en el sistema penal.
Además HlRSCHI añade la necesidad de vigilar otras variables familiares, también importantes a su juicio, como la forma de la familia (deben existir dos personas); el tamaño (el número de hijos debe ser pequeño) y la estabilidad (las relaciones deben ser duraderas).
5.3. Valoración crítica.
HIRSCHI no aclara la relación existente entre autocontrol y vínculos sociales, por consiguiente no sabemos exactamente si: a) el autocontrol es el factor más relevante independientemente del resto de vínculos sociales; b) el autocontrol se añade al resto de vínculos sociales; c) el autocontrol producto del resto de vínculos sociales.
En segundo lugar, estos autores no aportan una definición precisa de autocontrol. En consecuencia En tercer lugar, parece cuestionable la afirmación de GOTTFREDSON-HIRSCHI de que el autocontrol es una propensión individual estable. Esta afirmación es contraria a los hechos conocidos acerca de la delincuencia, pues si algo parece comprobado a través de investigaciones criminológicas es que la realización de delitos declina con la edad.
GOTTFREDSON-HIRSCHI admiten que, una de las dificultades de las teorías que, como la suya, atribuyen la delincuencia a un rasgo de personalidad estable es explicar cómo es posible que la persona deje de cometer delitos a medida que envejece. Frente a este dilema, apuntan dos respuestas: una primera es advertir que no poder interpretar este hecho no desmiente su teoría pues ésta persigue encontrar la diferencia entre personas que delinquen y personas que no, pero no pretende explicar por qué las personas dejan de delinquir cuando se hacen mayores. Esta réplica es difícil de aceptar; pues si bien es cierto que no se puede criticar a una teoría por no aclarar lo que no pretende explicar, el problema consiste en que su teoría afirma precisamente que la diferencia entre la delincuencia y la no delincuencia es estable.
Una segunda respuesta que ofrecen GOTTFREDSON y HIRSCHI es que los investigadores confunden el hecho de que disminuya el delito con el hecho de que decline la «criminalidad», esto es, la tendencia a cometer delitos. El delito disminuye pero la «criminalidad», la propensión a realizarlos permanece estable.
La disminución del delito obedece «al envejecimiento del organismo.
VOLD-BERNARD-SNIPES les reprochan que no es creíble que estos delincuentes se caractericen por su escaso autocontrol, como demuestra la existencia de organizaciones de carácter criminal, las cuales requieren un alto grado de planificación, coordinación y organización, y por tanto de autocontrol, o la cantidad de satisfacción que estas personas deben diferir hasta alcanzar un cargo influyente desde el cual puedan realizar delitos de cuello blanco.
Finalmente su explicación de la delincuencia como producto de un bajo autocontrol no consigue hacer olvidar las enseñanzas de las teorías de la anomia y de la asociación diferencial.
Es plausible que pueda existir una educación defectuosa en todos los grupos sociales si los padres no vigilan, reconocen o castigan de forma consistente los actos desviados. Pero también es razonable asumir que una familia que no puede suministrar los medios de vida suficientes a sus hijos es una familia que está en peores condiciones para socializarlos; que en una familia que se dispone de menos medios legítimos para alcanzar objetivos deseados puede existir más frustración y la educación ser más dificultosa; y que en una familia donde los actos delictivos no se reconocen siempre como negativos no se produce una socialización en contra del delito.
En conclusión, como arguyen VOLD-BERNARD-SNIPES, el atractivo de pretender explicar toda la criminalidad con el recurso a un único factor es también su mayor debilidad, pues la delincuencia es algo complejo como para que pueda explicarse con el recurso a un solo factor, especialmente si éste es simple.
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