Tema 4 2/2 (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 2º curso
Asignatura Teories Criminològiques II
Año del apunte 2016
Páginas 3
Fecha de subida 24/03/2016
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Manifestación del autocontrol Los autores valoran que la evidencia criminológica recogida durante épocas apoyaría la tesis de la versatilidad o variabilidad de los comportamientos delictivos: en general, los delincuentes cometerían una diversidad de delitos distintos, sin mostrar especiales inclinaciones excluyentes de unos u otros.
Causas de bajo autocontrol Los autores consideran que se sabe muy poco acerca de las causas directas del bajo autocontrol, interpretan que este déficit no puede ser el producto del aprendizaje o de la socialización, tal y como proponen otras teorías criminológicas.
La teoría del bajo autocontrol realza aquellos elementos que serían relevantes en la toma de decisiones que pueden llevar a la comisión de un delito. Los delitos suelen comportar, por un lado, un objetivo placentero y, por otro, determinado riesgo de castigo. Mientras que existiría escasa variabilidad interindividual en la percepción de las consecuencias gratificantes del comportamiento, sería elevada la diversidad entre sujetos por lo que se refiere a su capacidad para calcular las consecuencias negativas.
Si la tendencia delictiva, asociada a un bajo autocontrol, se halla presenta en algunas personas desde nacimiento, ¿cómo podría prevenirse la conducta delictiva? Los autores consideran que existen dos fuentes importantes de variación, susceptibles de condicionar el riesgo delictivo. En primer lugar, las diferencias individuales entre los niños, en cuanto al grado en que manifiestan rasgos característicos de la falta de autocontrol. En segundo lugar, las diferencias entre los cuidadores o educadores de los niños y jóvenes, en relación al a capacidad de reconocer y corregir temprana y eficazmente la carencia de autocontrol que muestran los niños.
Validez empírica Según Siegel existe una amplia evidencia científica que relaciona impulsividad (lo contrario al autocontrol) y conducta delictiva. En un estudio de Serrano Maíllo et al. se encontró relación entre bajo autocontrol y conducta antisocial y delictiva.
Según la confirmación de diversos estudios el bajo autocontrol está integrado por seis dimensiones o elementos distintos: 1) propensión a la recompensa inmediata; 2) gusto por la aventura; 3) inestabilidad en las relaciones; 4) falta de planificación; 5) insensibilidad ante el sufrimiento; 6) no consideración de las consecuencias de la conducta.
Según Romero et al. los componentes del autocontrol evaluados en la teoría de Gottfredson y Hirschi guardan una correspondencia importante con 5 componentes tradicionalmente evaluados en la psicología de la personalidad; 1) búsqueda impulsiva de riesgo; 2) temperamento volátil; 3) preferencia por tareas simples; 4) autocentramiento; 5) preferencia por actividades físicas.
Emoción, temperamento y conducta antisocial Según Chess y Thomas existen dos tipos de niños en cuanto a su educabilidad, los fáciles y los difíciles. Se establece una tipología según el temperamento.
Los niños con temperamento difícil presentan disposiciones emocionales entre las que destacan el miedo, ansiedad, irritabilidad, poca sensibilidad por los demás, conductas impulsivas, falta de paciencia, poca tendencia a colaborar, egoísmo…. Tienen respuestas emocionales intensas, estados de ánimo negativos predominantes, lentos en los cambios adaptativos y tienen ritmos de tipo biológico lentos.
Se introduce otro tipo en la tipología, los niños apáticos, lentos en sus respuestas emocionales y con una fuerte tendencia al aislamiento social.
Chess y Thomas siguieron la historia personal de muchos niños que habían formado parte de sus estudios. A los 10 años, los niños con temperamento difícil mostraban dificultades adaptativas en el entorno escolar, intensas reacciones emocionales a las frustraciones y respuestas emocionales negativas de una duración mayor de lo que cabría esperar en condiciones normales. Aproximadamente el 84% tenían diagnóstico de trastorno de conducta. A los 24 años aproximadamente, estos niños tuvieron marcados problemas de adaptación social.
El control social informal según edades Sampson y Laub consideran que el inicio en la delincuencia juvenil sería resultado de los que denominan factores del “contexto familiar”, elementos que serían a su vez influenciados por los factores “estructurales de base”. El mantenimiento en el delito se considera el resultado de la “continuidad acumulativa” del riesgo, en la medida en que la conducta delictiva lleva al procesamiento del sujeto por el sistema de justicia, y ello a su vez al cierre de puertas sociales diversas.
Por último, se valora que, a pesar de la frecuente apariencia en contrario, el cambio de conducta y el desistimiento del delito son procesos frecuentes, que van a depender del nuevo capital social que el individuo pueda ir adquiriendo, en forma de nuevas relaciones prosociales, el trabajo… En este modelo teórico no se considera que las experiencias infantiles sean decisivas o indelebles a efectos de favorecer la continuidad delictiva.
Teoría de la acción situacional del delito Wikström considera que para explicar adecuadamente los mecanismos de la conducta delictiva debe atenderse a la importancia simultánea del individuo y del contexto.
El delito como ruptura de prescripciones morales El autor interpreta el delito como un acto que hace referencia a lo “moral”, ya que supone la ruptura, consciente e intencional, de determinadas prescripciones acerca de lo que es correcto o incorrecto.
Tres serían los niveles de análisis criminológico que requerirían explicación teórica: 1) las características y experiencias individuales; 2) la propensión, o tendencia individual a percibir el delito como una posible opción de conducta; 3) los hechos delictivos en sí.
Acción situacional La teoría de la acción situacional se dirige a describir los mecanismos específicos que conectan a los individuos con los contextos en los que se producen sus acciones criminales. El “campo de acción” del individuo es la configuración de contextos a los que un sujeto se ve expuesto y reacciona. Sujeto y contexto son intercontectados mediante la percepción individual de alternativas y los procesos individuales de decisión, a lo que el autor denomina mecanismo situacional.
Respecto de los individuos, las características individuales más relevantes en relación con su posible implicación en acciones delictivas, son dos: 1) los elementos morales, integrados por valores y emociones, y que resultan en juicios morales acerca de la percepción o no del delito como una alternativa de conducta; y 2) las funciones ejecutivas, de las que la más relevante sería el autocontrol, que controlan el proceso de elección individual.
Por lo que se refiere al contexto de la acción, las características y mecanismos que influenciarían en mayor grado el que un individuo pueda percibir el delito como una posible alternativa de acción, y pueda elegir o no llevarla a cabo, serían los siguientes: 1. En cuanto inhibido de la conducta delictiva, la supervisión o vigilancia de un lugar, que se conectaría con el individuo a partir de un mecanismo de disuasión, o riesgo percibido de posible detección y sanción.
2. Como promotores de la conducta delictiva, las oportunidades delictivas estimularían un mecanismo de tentación, u opción percibida de satisfacer un deseo de manera ilícita, y las fricciones ambientales con otros, que conectarían al individuo a partir de un mecanismo de provocación, o ataque percibido ya sea hacia uno mismo o hacia otras personas significativas para el sujeto.
La moralidad individual condicionaría qué oportunidades y fricciones van a percibirse por un sujeto como tentaciones o provocaciones, y cuáles no.
Respecto de la evolución de las carreras criminales, Wikström interpreta que las modificaciones que puedan producirse en los patrones individuales de conducta delictiva serían esencialmente debidas a los cambios operados en los contextos individuales de acción. Habría dos fuentes interdependientes que afectarían al cambio de la conducta delictiva: 1) el desarrollo y cambio del propio individuos, en relación a cómo reacciona ante los contextos particulares; y 2) las modificaciones en el campo de actividad del sujeto, que provocarían variaciones en los contextos frente a los que el individuo reaccionan.
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