Posdemocracia. De Colin Crouch (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Ciencia política y Gestión pública + Derecho - 1º curso
Asignatura Ciencia Política
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 29/12/2014
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Descripción

Resumen de los primeros capítulos de "posdemocracia" de Colin Crouch

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Ciencia Política Posdemocracia. Colin Crouch 1. ¿Por qué posdemocracia? La democracia disfruta de un auge histórico a nivel mundial. El número de naciones que está en proceso de aprobación de este tipo de reformas es mayor ahora que en ningún otro momento histórico. Ahora bien, en las democracias establecidas de Europa Occidental, Japón, los Estados Unidos y otras regiones algo está funcionando mal en el sistema democrático de estos países. La menguante capacidad de actuación de los políticos, dadas las dudas cada vez mayores sobre la legitimidad da éstos a causa de una participación electoral a la baja.
Esto puede tener dos interpretaciones:  Puede ser interpretada como una prueba del saludable estado de la democracia: un público exigente y políticamente maduro espera más de sus hombres de Estado que los respetuosos miembros de la generación anterior.
 O bien, se puede interpretar que a la gente no le preocupa la política porque está satisfecha con los logros básicos alcanzados por el gobierno, y porque, en cualquier caso, la mayor parte de sus necesidades las satisface a través del mercado.
La satisfacción con las modestas expectativas democráticas de la democracia liberal provoca una cierta complacencia con respecto al auge de lo que se puede llamar “posdemocracia”, un modelo en que el debate electoral público se limita a un espectáculo que está estrechamente controlado y gestionado por equipos rivales de profesionales expertos en técnicas de persuasión, y que se centra únicamente en una pequeña gama de temas.
La mayor parte de los ciudadanos desempeña un papel pasivo y responde únicamente a las señales que le lanzan. La política se desarrolla entre bambalinas mediante la interacción entre los gobiernos elegidos y unas élites que, de forma abrumadora, representan los intereses de las empresas.
El momento democrático La democracia mantiene una evolución parabólica. El momento en el que los diversos países se acercan más que nunca al concepto de democracia suelen ser los años inmediatamente posteriores a la implantación de este sistema o tras una situación de grave crisis.
Con el paso del tiempo, las élites aprendieron pronto a manipular y la gente perdió el interés por la política. Esto fue así hasta la década de los años 60, momento en que llego a la madurez una nueva generación más segura de sí misma. Se fueron gestando nuevas demandas de participación y de implicación ciudadana. Este período finalizó en la década de los 70 con la crisis del petróleo.
Se inicia una nueva etapa caracterizada en su etapa final por la corrupción, que constituye un potente indicador de la mala salud de la democracia. Gradualmente, la desregulación global de los mercados financieros provocó el desplazamiento del dinamismo económico desde el consumo de masas hacia los mercados de valores.
Estados Unidos continuó disfrutando de su reputación como ejemplo global de democracia, pero la idea estadounidense de democracia se asimilaba cada vez más a un gobierno limitado en el marco de una economía capitalista sin restricciones, y reducía el componente democrático a la celebración de unas elecciones.
1 ¿Crisis democrática? ¿Qué crisis? Cabe aceptar la decadencia de los periodos democráticos como algo inevitable, salvo que nuevos momentos de grandes crisis y cambios posibiliten renovados compromisos, o que el surgimiento de nuevas identidades dentro del marco existente transformen las formas de participación popular.
Algo no marcha bien en el estado de nuestra democracia. Se puede afirmar, pero, que la democracia disfruta actualmente de uno de sus periodos de mayor esplendor. Existen importantes movimientos que demanda un gobierno más abierto y reformas constitucionales con objeto de que los gobiernos deban responde en mayor medida ante el público. Sin duda, en la actualidad vivimos una época más democrática que cualquier otro “momento democrático” del último tercio del siglo XX.
La calidad democrática ha experimentado un avance por el hecho de que los políticos estén en la actualidad más atemorizados de lo que lo estuvieron sus predecesores a la hora de confeccionar la agenda política. Ahora bien, esta visión optimista de la democracia actual no tiene en cuenta el importante problema que supone el poder de las élites corporativas.
Existe una diferenciación entre los dos conceptos de ciudadano democrático activo que no suele reconocerse en estas perspectivas optimistas: - La ciudadanía positiva que se reúne, analiza y realiza demandas.
- La ciudadanía negativa que se queja y culpabilizan.
La democracia necesita de ambos enfoques en la relación con la ciudadanía, pero en la actualidad el enfoque negativo recibe una atención mucho mayor. Esto es algo preocupante ya que es la ciudadanía positiva la que representa la energía creativa de la democracia.
Por último, existen los llamados movimientos pro del “gobierno abierto”, la transparencia y la apertura de la investigación y la crítica, dado que estos movimientos están siendo contrarrestados en la actualidad por medidas tendentes a lograr un reforzamiento de la seguridad y el secreto de Estado.
Alternativas a la política electoral Hay otros indicios que se oponen a la afirmación de que la democracia se está debilitando: aquellos que provienen del agitado mundo del activismo.
Existe el riesgo de que nos concentremos demasiado en la política entendida como una estructura restringida a los partidos y a la contienda electoral, e ignoremos el desplazamiento de la ciudadanía creativa de este escenario hacia el ámbito más amplio de los movimientos en pro de causas concretas.
El número de grupos de activistas que desestiman la participación política ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, cosa que refleja una sensación de malestar frente a la democracia y un generalizado cinismo acerca de sus posibilidades.
Existen, por otro lado, campañas de carácter político y de grupos de presión que, si bien no buscan la injerencia en el sentido del voto, sí desean influir en las políticas del gobierno. La democracia requiere de cierta igualdad básica entre los ciudadanos a la hora de disfrutar de una capacidad real de ejercer influencia sobre los resultados políticos. El liberalismo necesita de oportunidades libres, diversas y ampliadas para ejercer influencia sobre estos resultados. Ambas condiciones están mutuamente relacionadas y son interdependientes.
2 No hay duda de que la democracia en su máxima expresión no puede prosperar sin un liberalismo fuerte. Ahora bien, cuanto más se insistiría en el criterio de igualdad en la capacidad política, mayor probabilidad había de que se desarrollaran reglas y restricciones para reducir las desigualdades, poniendo así en peligro la insistencia liberal en los instrumentos de acción libres y múltiples.
Los grupos de presión que actúan en nombre de las empresas siempre disfrutan de unas enormes ventajas, y ello es así por dos motivos:  Los intereses empresariales están en condiciones de amenazar con que si el gobierno no atiende sus peticiones, su sector no marchará bien, lo que a su vez pondrá en peligro el propio objetivo del gobierno de crecimiento económico.
 Estos grupos disponen de unas sumas enormes de dinero para llevar a cabo este trabajo de presión; no sólo porque son ricos sino porque si surgen efecto, ello se traducirá en un incremento de los beneficios para sus empresas.
Sin duda, un liberalismo próspero permite que todo tipo de causas, buenas o malas, busquen la influencia política, y hace posible la existencia de una amplia participación pública en la vida política.
Los síntomas de la posdemocracia El concepto de posdemocracia nos ayuda a describir aquellas situaciones en las que el aburrimiento, la frustración y la desilusión han logrado arraigar tras un momento democrático, y los poderosos intereses de una minoría cuenta mucho más que los del conjunto de las personas corrientes a la hora de hacer que el sistema político las tenga en cuenta.
Las élites políticas han aprendido a sortear y a manipular las demandas populares y las personas deben ser persuadidas para votar mediante campañas publicitarias. Esto describe una situación que se encuentra en el otro extremo de la parábola democrática.
Hemos dejado atrás el concepto de gobierno popular para poner en duda el propio concepto de gobierno. Tal situación se refleja en el cambiante equilibrio en el seno de la ciudadanía; el abandono de las actitudes excesivamente respetuosas hacia el gobierno, en particular el trato dispensado a los políticos por los medios de comunicación; la insistencia en una apertura total por parte del gobierno.
El mundo político, ante esta situación, recurre a las conocidas técnicas de manipulación política y al mundo del espectáculo y el del marketing.
No se puede calificar este tipo de sistemas como no democrático ni como antidemocrático. Pero al mismo tiempo es difícil concederle la dignidad de democracia, a tenor del gran número de ciudadanos que han sido reducidos en él a papel de participantes ocasionales, manipulados y pasivos.
2. La empresa global como institución calve del mundo posdemocrático En un primer momento, la empresa sólo parecía ser un instrumento destinado a procurar beneficios a los empresarios y a explorar a los obreros. Con la globalización se incrementó la competencia y ésta, a su vez, saca a la luz las debilidades de las empresas. Pero los supervivientes son aquéllos que se han vuelto resistentes y que demuestran su fortaleza no sólo contra sus competidores, sino contra el Estado y contra los trabajadores.
3 Las grandes empresas pueden influir en las decisiones del gobierno, sobre todo en materia económica y por tanto, tienen mayor acceso a los gobiernos y mayor capacidad de influencia en las políticas públicas que los ciudadanos de a pie.
Esta injusticia manifiesta apoyó gran parte de la energía y del fermento subyacente a las primeras luchas por la democracia. Los miembros de la élite corporativa global nunca harían algo tan burdo como arrebatarnos nuestro derecho a voto. Se limitan simplemente a señalar a un determinado gobierno que si, por ejemplo, persiste en su empeño de mantener una regulación laboral muy estricta, ellos no invertirán en ese país.
Los partidos políticos les dirán a sus votantes que ciertas regulaciones laborales pasadas de moda deben ser reforzadas.
Por su parte, los votantes conscientes o no de las propuestas de desregulación que les están proponiendo, se limitarán a votar a esos partidos, ya que no hay mucho más donde elegir. La desregulación de los mercados, por tanto, es fruto del proceso democrático. Pasa lo mismo con otras materias.
De esta manera, todos los países compiten unos con otros para ofrecer a los inversores internacionales todo aquello que piden, lo que dará como resultado la prevista “carrera a la baja” en la legislación laboral y en los niveles impositivos, y por tanto en la calidad de los servicios públicos.
Las consecuencias de la globalización contribuyen claramente a aumentar las restricciones impuestas a la democracia, un sistema que encuentra dificultades para desarrollarse a un nivel supranacional. Pero los efectos generados por la creciente importancia de la empresa como institución son mucho mayores, e influyen negativamente en la democracia.
La empresa fantasma La principal demanda de las empresas es la flexibilidad. El hecho de disfrutar de esta flexibilidad va más allá del proceso de retener el negocio principal pero subcontratar las actividades auxiliares. El objetivo primordial de una empresa que quiera tener éxito es situarse en el sector financiero, porque aquí es donde el capital es más móvil, dedicándose a subcontratar cualquier cosa que produzca a otras unidades más pequeñas e inseguras.
La empresa se convierte en fantasma: solo elabora una marca detrás de la cual existen diferentes instituciones financieras. El producto se elabora en países del tercer mundo. A lo largo del tiempo, hay dos cosas que se mantienen sin cambios:  La identidad de los verdaderos corporativos cambia mucho más lentamente. Se trata de los mismos grupos y casi siempre los mismos individuos.
 No importa lo mucho que las empresas cambien de identidad: el concepto general de empresa como institución está cobrando una mayor importancia en la sociedad.
La empresa como modelo institucional La aceptación de que el modus operandi del Estado y el de la empresa privada se diferencian en ciertos aspectos. El Estado tiene la necesidad de garantizar el acceso universal a ciertas prestaciones públicas básicas, mientras el sector privado no.
Los gobiernos se muestran cada vez más incapaces de trazar las fronteras entre estos dos ámbitos. Los gobiernos sienten envidia por la flexibilidad y la aparente eficiencia de la empresa fantasma, y tratan de imitarla. Los gobiernos están renunciando cada vez más a tener un papel relevante en el ámbito de los servicios públicos para exigir a sus diferentes departamentos que actúen como empresas privadas.
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