Tema 3. El proceso de evaluación y análisis funcional (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Tecnicas de Intervención Psicológica
Año del apunte 2015
Páginas 5
Fecha de subida 02/08/2017
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Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico La modificación de conducta es una forma de intervención psicológica cuyo objetivo es el cambio de cualquier tipo de comportamiento. Para conseguir ese objetivo se apoya en los recursos técnicos necesarios para llevar a cabo un análisis funcional suficiente y en los conocimientos técnicos del aprendizaje pre-asociativo, por condicionamiento, modelos e instrucciones. No obstante, no siempre podremos decir que somos capaces de identificar con seguridad, desde fuera, cuáles son los antecedentes o consecuentes de una determinada conducta mediante los cuales podamos explicar la frecuencia de la misma. Por otro lado, asumimos que no podemos realizar análisis funcionales exhaustivos.
Desde una perspectiva clínica, los objetivos de cambio se plantean de acuerdo con el cliente y se llevan a cabo tanto en el contexto clínico como en el habitual del sujeto. Consideramos que para que un sujeto inicie un determinado comportamiento o aumente su frecuencia, habría que moldearlo y reforzarlo continuamente.
En definitiva, se ha considerado la modificación de conducta en cuanto que una disciplina aplicada, primeramente como un conjunto de procedimientos terapéuticos derivados de la psicología del aprendizaje, posteriormente como fruto de las aplicaciones de la psicología experimental y, finalmente, como aplicación de los conocimientos derivados de la psicología científica.
Tema 3. El proceso de evaluación y análisis funcional La evaluación conductual consiste en evaluar los comportamientos que queremos someter a algún tipo de cambio. Estos comportamientos no tienen por qué ser clínicamente relevantes, por lo que todos los comportamientos pueden ser sometidos a un análisis funcional. ¿En qué consiste una evaluación conductual?     Identificar las conductas que integran un problema y las variables que controlan su aparición Establecer los objetivos que se quieren lograr con la intervención, pues ello nos va a permitir saber si hemos llegado al fin propuesto. Los objetivos hay que definirlos de manera operativa para poder medir su ejecución.
Suministrar información relevante para la selección de las técnicas de modificación de conducta más apropiadas en cada caso. No hay un catálogo de técnicas para cada problema. La única estrategia que nos permite saber qué técnica debemos utilizar es el análisis funcional.
Valorar de manera precisa los resultados de la intervención, viendo si hemos alcanzado los objetivos o no.
¿Qué consideraciones iniciales debemos tener en cuenta respecto a la evaluación conductual? Que la información proporcionada por el DSM-5 es útil para las instituciones y las aseguradoras pero es inútil para el abordaje clínico, que el registro de una línea base es imprescindible para conocer la magnitud del comportamiento de interés antes de la intervención e identificar posibles variables que lo controlan (nivel cuantitativo), que se debe llevar a cabo un registro continuado del comportamiento a modificar y que se debe realizar un seguimiento para comprobar si las mejoras obtenidas tras el tratamiento se mantienen a lo largo del tiempo o no.
Respecto a la recogida de información, cabe mencionar que existen procedimientos de evaluación indirecta (ej.: entrevista, autoinformes (estandarizados o no estandarizados), pruebas de ejecución simulada, informes de otros profesionales, auto-observación, etc.) así como procedimientos de evaluación directa. La recogida de datos tiene una gran importancia, pues nos permite saber si el problema exige una intervención específica, nos permite identificar las relaciones funcionales, nos permite saber si se están produciendo los cambios esperados, nos permite apreciar cambios parciales y nos permite representar gráficamente los avances del cliente, lo que suele resultar muy reforzante.
Evaluación conductual directa: qué registrar y cómo hacerlo Supongamos que ha elegido una conducta concreta para modificarla. ¿Cómo se mide, evalúa o calcula directamente esa conducta? Siempre que sea posible, los modificadores de conducta suelen preferir las medidas directas frente a las indirectas. Al medir la conducta directamente, hay 6 características a considerar:  Topografía. Hace referencia a la forma de la respuesta concreta, es decir, consiste en una descripción de los movimientos específicos implicados (morfología). Los dibujos suelen ser útiles como clave para ayudar a los observadores a identificar variaciones en la topografía de una respuesta.
 Cantidad. Dos medidas comunes de la cantidad de una conducta son la frecuencia y la duración.
o Frecuencia. Se refiere al número de episodios de una conducta que tienen lugar en un periodo de tiempo concreto. Los episodios de conducta que se registran en términos de frecuencia son ejemplos de una Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico actividad distinta, separada, individual, de la que se fácil llevar el cómputo durante un periodo de tiempo concreto. Los modificadores de conducta han registrado la frecuencia de actividades como decir una palabra concreta, gritar insultos, lanzar objetos, dar caladas a un cigarro o gesticular con tics nerviosos.
Todas estas acciones poseen características comunes: los episodios sucesivos son relativamente breves y el tiempo invertido en su ejecución es más o menos el mismo en todas las ocasiones.
o Duración. La duración relativa de una conducta es la suma de sus duraciones divididas entre el tiempo total; es decir, es equivalente a la duración del tiempo que ocurre a lo largo de un periodo concreto. Al abordar un comportamiento como las pataletas, la conducta de estudio, la respuesta de correr, escuchar con atención, permanecer sentada en su sitio en clase, ver la televisión o hablar por teléfono, podría ser más interesante estimar la duración que su frecuencia.
 Intensidad. A veces lo que interesa es medir la fuerza o intensidad de una respuesta y para ello suelen emplearse distintos instrumentos. Por ejemplo, para estimar el volumen de voz, medimos el nivel de dB mediante un decibelímetro; para medir la fuerza con que se hace presión, se puede emplear un dinamómetro. Las medidas de fuerza son comunes en las habilidades precisas para la práctica de varios deportes.
 Control de los estímulos. A menudo nos gustaría evaluar una conducta en términos de las condiciones bajo las que se observaría su aparición. El término “control de los estímulos” se utiliza para indicar que una actividad específica ocurre en presencia de determinados estímulos y no aparece en presencia de otros. Recordar el esquema E – R – E (estímulo antecedente – respuesta – estímulo consecuente).
 Latencia. Es el tiempo transcurrido entre la ocurrencia de un estímulo y el principio de una respuesta. Por ejemplo, una alumna podría trabajar de manera efectiva en clase una vez que empieza; el problema radica en la latencia de la respuesta; es decir, cuando la profesora le pide que haga algo, “da vueltas y más vueltas” antes de empezar.
Como sucedía con la duración, la latencia también se estima mediante cronómetros o relojes.
 Calidad. La preocupación por la calidad de la conducta se observa con frecuencia en la vida cotidiana. Pero la calidad no es una característica adicional a las mencionadas previamente; más bien, es un refinamiento de una o más de las anteriores cualidades del comportamiento. A veces, las diferencias en los juicios de calidad se basan en la topografía, como cuando el salto de una patinadora artística que aterriza apoyando sobre un pie se considera mejor que uno en que aterriza sobre dos pies. Respecto a la frecuencia y al control de los estímulos, muchas evaluaciones generales acerca de si una persona es buena o mala en una tarea, se relacionan con las veces que tiende a emitir una acción apropiadamente en un periodo de tiempo. Por ejemplo, una persona que es buena en los estudios, es seguramente alguien que muestra una alta frecuencia de estudio y de respuestas correctas.
Estrategias para registrar la conducta Podemos intentar registrar una conducta final ya definida en cualquier momento en que la persona tenga una oportunidad de emitirla. En la mayoría de los casos este método es demasiado ambicioso para el tiempo y recursos de que disponemos.
Una alternativa es diseñar un segmento de tiempo específico e intentar registrar los episodios de la conducta pertinente durante ese intervalo. El registro continuo recoge todas las aportaciones del comportamiento durante un periodo de tiempo específico.
Una estrategia alternativa es el registro por intervalos. Aquí, se selecciona un bloque específico de tiempo (ej.: un bloque de observación de 30 minutos), se divide en intervalos iguales de duración relativamente corta (ej.: intervalos de 10 segundos) y se registra la aparición de la conducta durante los mismos. Hay dos procedimientos de registro de intervalos:   Registro de intervalo parcial, en que se registra la aparición de la conducta de manera dicotómica (se ha producido o no), sin tener en cuenta la cantidad de veces que haya ocurrido durante el intervalo, ni su duración.
Registro de intervalo completo, en que se registra la conducta de interés sólo si persiste durante el intervalo de tiempo completo. La conducta registrada con cualquiera de los dos métodos se representa, típicamente, en términos de porcentaje de intervalos en que ha ocurrido.
Otra técnica de registro es el registro de muestreo temporal, en que se puntúa una conducta como presente o ausente durante intervalos de tiempo muy breves que están separados entre sí por periodos de tiempo mucho más largos. Por ejemplo, al padre o la madre de un niño de preescolar le podría interesar con qué frecuencia se sienta y se mece su hijo (ej.: conducta auto-estimulante). Para ello, el padre podría buscar y observar al hijo una vez por hora y anotar si el niño se mece Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico durante un intervalo de observación de 15 segundos. Cada intervalo de observación estaría separado del siguiente por una hora aproximadamente. Este tipo de técnica de observación permite registrar una o más conductas de uno o más alumnos, aunque los observadores tengan otras muchas ocupaciones a lo largo del día. Una variación de esta técnica se denomina muestreo temporal momentáneo y consiste en el registro dicotómico (ocurre o no ocurre) de la actividad en momentos concretos como, por ejemplo, a las horas en punto.
A menudo se usan procedimientos de registro con características de los registros por intervalos y de muestreo temporal simultáneamente. Se podría vigilar al aprendiz durante un intervalo específico (ej.: 10 segundos) y anotar las actividades durante los 10 segundos siguientes. Esta estrategia de observación (durante 10 segundos) y registro (durante 10 segundos) continuaría durante un periodo de tiempo (ej.: media hora). Este procedimiento se conoce como registro por intervalos aunque, estrictamente hablando, también podría ser descrito como muestreo temporal con periodos muy breves entre los intervalos de observación.
Evaluación de la precisión de las observaciones Hawkins y Dotson (1975) identificaron tres fuentes de error que afectan a la precisión de las observaciones. En primer lugar, la definición de la respuesta puede ser vaga, subjetiva o incompleta, de forma que los observadores tendrían problemas para hacer registros precisos. En segundo lugar, la situación observacional podría dificultar la detección de la actividad debido a distractores u otras obstrucciones al proceso, o debido a que la conducta sea demasiado sutil o compleja para ser analizada con precisión en esa situación.
En tercer lugar, los observadores puede estar poco entrenados, poco motivados, mal predispuestos o ser incompetentes.
Se podrían añadir dos posibles fuentes de error: hojas de registro mal diseñadas o un procedimiento de registro demasiado engorroso. Debido a que una o la combinación de varias fuentes de error pueden estar presentes en cualquier proyecto de modificación de conducta, los investigadores suelen llevar a cabo estimaciones de fiabilidad entre observadores o jueces (FIO).
Evaluación funcional de las causas de la conducta problemática Una evaluación funcional de las causas del problema implica preguntarse por los antecedentes, es decir, los estímulos discriminativos, los estímulos que elicitan la conducta o los factores que la motivan, y las consecuencias inmediatas, es decir, refuerzos positivos y negativos que recibe. Más específicamente, nos preguntamos si la conducta está siendo controlada o elicitada por estímulos particulares, qué la refuerza, si permite escapar de acontecimientos aversivos y, desde el punto de vista de los clientes, qué función desempeña.
Evaluación mediante cuestionarios Un método para averiguar antecedentes y consecuencias que controlan un problema es realizar un análisis mediante un cuestionario en que se pregunta a las personas familiarizadas con los clientes al respecto. Por ejemplo, Matson y Vollmer (1995) diseñaron el cuestionario “Preguntas acerca de las funciones de la conducta” para ayudar a los profesionales a determinar si los comportamientos inadaptativos de las personas con trastornos del desarrollo están mantenidos por la atención que reciben, porque permiten escapar de situaciones desagradables, porque proporcionan estimulación sensorial o porque proporcionan refuerzos tangibles.
Evaluación mediante observación Otra manera de descubrir las variables que controlan una conducta problemática es llevar a cabo una evaluación observacional o descriptiva, en que se recogen y describen minuciosamente los antecedentes y las consecuencias inmediatas del comportamiento en el ambiente natural. A partir de estas descripciones, se establecen hipótesis sobre los estímulos antecedentes, las variables motivacionales y las consecuencias que mantienen la conducta de interés. A continuación, se diseña y se aplica un plan de intervención sobre la base de estas hipótesis. Si el tratamiento tiene éxito, se considerará que se ha validado el análisis descriptivo.
Análisis funcional Una tercera forma de descubrir las variables pertinentes es evaluar directamente sus efectos sobre la conducta inadaptativa mediante una evaluación funcional experimental o análisis funcional. Existe cierta confusión en torno a los términos “evaluación funcional” y “análisis funcional”, ya que si bien algunos autores los emplean indistintamente, otros coincidimos en que hay que establecer algunas diferencias entre ambos: Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico  La evaluación funcional engloba diversos métodos para identificar los antecedentes y las consecuencias del comportamiento El análisis funcional es la manipulación sistemática de las circunstancias ambientales para contrastar empíricamente su papel como antecedentes o consecuencias que controlan y mantienen los comportamientos problemáticos  Toda evaluación funcional debería ir seguida de un análisis funcional El análisis funcional se basa en la identificación de las variables antecedentes y consecuentes que controlan una conducta y en el establecimiento de las relaciones entre esas variables y dicha conducta. Por lo tanto, es una hipótesis que se basa en el análisis topográfico (frecuencia, intensidad y duración) de la conducta, tanto en su sistema cognitivo (ej.: respuestas verbales), como en su sistema motor (ej.: conductas externas) y en su sistema psico-fisiológico (ej.: respuestas autonómicas, centrales y endocrinas).
 Los estímulos antecedentes pueden ser manifiestos o encubiertos (EC, ED). ¿Qué diferencia hay entre una respuesta condicionada y una respuesta instrumental? o Las secuencias pavlovianas son cadenas E-R. Sabemos que la respuesta se produce porque aparece el estímulo antecedente (EC), por lo que el estímulo consecuente no nos interesa para nada. Es decir, la respuesta se produce quiera o no quiera la persona porque la respuesta está elicitada por el estímulo antecedente. La mayoría de las respuestas emocionales son condicionadas. El EC (estímulo condicionado) causa la RC (respuesta condicionada) sí o sí.
o En las secuencias instrumentales la respuesta se da para conseguir algo; es decir, las respuestas están evocadas por el estímulo consecuente. Las respuestas son voluntarias, por lo que se pueden poner los medios para controlarlas. La mayoría de las respuestas motoras son respuestas operantes. El ED (estímulo discriminativo) no causa sí o sí la respuesta; el individuo es el que decide dar la respuesta o no darla en función de si los estímulos consecuentes están disponibles o no.
 ¿Qué variables del organismo hay que tener en cuenta a la hora de realizar un análisis funcional? Los determinantes biológicos, es decir, las variables disposicionales, los repertorios de conducta, la historia de aprendizaje, etc.
 Las respuestas que emite el organismo ante ECs o EDs.
 Los estímulos consecuentes, que no son una consecuencia, sino aquello que sucede después de la respuesta. los estímulos consecuentes pueden ser manifiestos o encubiertos, y pueden ser refuerzos o castigos. Para saber si un consecuente es un refuerzo o un castigo, tengo que dar la oportunidad de que la respuesta se vuelva a dar para ver si ha aumentado o ha disminuido la probabilidad de aparición de la conducta.
Aunque el análisis funcional suele arrojar evidencia convincente acerca de las variables que controlan los comportamientos problemáticos, también tiene limitaciones: 1.
Muchos problemas son infrecuentes y no se producen a diario como, por ejemplo, los relacionados con el entorno social, en cuyo caso, el análisis funcional tiene que prolongarse mucho tiempo hasta recoger suficientes datos como para establecer conclusiones válidas.
No puede aplicarse en comportamientos que implican riesgos graves, como las amenazas de suicidio.
Hay que programar varias sesiones de observación, cuyas demandas en términos de coste y personal podrían ser prohibitivas.
2.
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Causas habituales de las conductas problemáticas  Refuerzo social positivo: conductas problemáticas mantenidas por la atención que reciben de otras personas. Los indicadores de que la atención es responsable del mantenimiento de la conducta son: o o o El comportamiento es seguido habitualmente de atención por parte de otras personas La persona mira o se acerca a alguien justo antes de emitir la conducta La persona sonríe antes de realizar el comportamiento Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico Si los tres indicadores aparecen, es muy probable que la atención, que de hecho también podría funcionar como estímulo discriminativo, sea una reforzador del comportamiento problemático. Si el análisis funcional indica que la atención está manteniendo la conducta, es aconsejable que la intervención también incluya refuerzos sociales.
 Refuerzo sensorial interno positivo: comportamientos problemáticos mantenidos por la auto-estimulación. Los comportamientos se refuerzan a menudo por la estimulación sensorial corporal provocada. El refuerzo podría consistir en experimentar sensaciones propioceptivas vestibulares, visuales, auditivas, táctiles y de movimiento.
Un indicador de que el comportamiento se mantiene por el efecto de auto-estimulación interna que produce es que sostiene la misma tasa y no se altera aunque no logre ningún efecto aparente sobre las personas o el entorno circundante. Dado que el refuerzo sensorial mantiene estas conductas estereotipadas o autolesivas, un componente de la intervención ha de ser el enriquecimiento del contexto que reduzca la deprivación sensorial.
 Refuerzo sensorial externo positivo: conductas problemáticas mantenidas por las consecuencias ambientales.
Algunas conductas problemáticas están mantenidas por imágenes y sonidos reforzantes, que proceden del exterior pero no tienen carácter social (ej.: los bebés tiran los juguetes porque les divierte el ruido que producen al caer).
Un indicador de que una conducta problemática está reforzada por la estimulación sensorial exterior es que se mantiene inalterada y no disminuye aunque no tenga consecuencias sociales. Si la evaluación funcional señala que la estimulación sensorial externa es el refuerzo del comportamiento, habrá que tratarlo en la intervención, quizá mediante el reforzamiento de alguna alternativa deseable.
 Refuerzo social negativo: conductas problemáticas que se mantienen porque permiten escapar de las demandas.
Muchos comportamientos se mantienen porque permiten escapar de estímulos aversivos. Escapar de estímulos aversivos también puede resultar en comportamientos inadaptativos, conforme a los principios del condicionamiento de escape o refuerzo negativo. Un indicador evidente de que los comportamientos problemáticos pertenecen a esta categoría es que las personas sólo los manifiestan cuando se realiza determinado tipo de peticiones. Si la evaluación funcional respalda esta interpretación, lo más adecuado es persistir en las demandas, hasta que se observa una respuesta obediente y no una conducta de escape.
 Conductas problemáticas elicitadas o respondientes. Algunas conductas problemáticas parecen más elicitadas que controladas por sus consecuencias; es decir, parecen más respondientes que operantes. Tal es el caso de la agresión, a veces elicitada por estímulos aversivos, o por la extinción o retirada del refuerzo tras una respuesta previamente reforzada. Las emociones también comportan elementos elicitados y, por ejemplo, si un estímulo previamente neutro aparece asociado con un suceso aversivo, es probable que acabe produciendo ansiedad. Los dos indicadores principales que evidencian que un comportamiento está elicitado son que se produce habitualmente en determinado situación o en presencia de ciertos estímulos, y que no es seguido de consecuencias gratificantes identificables. Otro indicador implícito en el término elicitada, es que parece involuntaria; es decir, la persona no es capaz de inhibirla. Si una conducta problemática parece elicitada, el tratamiento procurará activar respuestas que compitan con ella hasta el punto de impedir que ocurra; es decir, consistirá en contracondicionarla.
Influencia de la salud sobre las conductas problemáticas Por lo general, las variables controladoras pertinentes para la modificación de la conducta se encuentran en el ambiente externo de la persona, pero a veces la causa de la conducta problemática radica en alguna enfermedad. Si un comportamiento surge repentinamente y no parece relacionado con ningún cambio del entorno, hay que considerar la posibilidad de que esté relacionado con algún deterioro de la salud.
Bailey y Pyles han acuñado el concepto de diagnóstico comportamental para hacer hincapié sobre la necesidad de recopilar toda la información posible acerca de las causas del problema. Dentro de este marco, los terapeutas emiten el diagnóstico después de examinar antecedentes, consecuencias y variables médicas y nutricionales como posibles causas del problema. Sobre la base del diagnóstico, los profesionales elaboran un plan de intervención, lo ponen a prueba bajo condiciones controladas y si los resultados son satisfactorios, lo aplican.
El diagnóstico comportamental es un procedimiento que abarca más ámbitos que la evaluación funcional y podría contribuir a que los profesionales médicos, que siempre han destacado la importancia de diagnosticar antes de intervenir, acepten los métodos conductuales.
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