Preguntas SPT: 13, 14, 15 (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Valencia (UV)
Grado Ciencias Ambientales - 1º curso
Asignatura SPT
Año del apunte 2015
Páginas 9
Fecha de subida 28/03/2016
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13. La sociedad y riesgo tecnológico (Ulrik Beck) La distribución de los costes ambientales implica una perspectiva específica sobre la relación entre medio ambiente y estructura social, que puede ser examinada en sí misma, no sólo en lo que respecta a su coincidencia con la distribución socioeconómica.
El término 'riesgo' se refiere a la exposición a un posible daño o pérdida. En las últimas décadas se han desarrollado diferentes técnicas para evaluar el riesgo asociado a la adopción de una determinada tecnología.
Ulrich Beck ha tratado los riesgos derivados de diversas tecnologías desarrolladas en las últimas décadas (química, nuclear, ADN recombinante), con sus características de elevada incertidumbre y grandes peligros, como el rasgo definitorio de la sociedad contemporánea: sociedad de riesgo, que conduce a la sociedad industrial a ponerse en cuestión a sí misma y se convierte en ella en principio básico de la estructuración social.
Según Beck los peligros de la civilización tecnológicamente avanzada se diferencian de los propios de la sociedad industrial clásica por varias razones: 1. No pueden ser delimitados espacial, temporal o socialmente; desbordan al estado-nación, a las alianzas militares y a todas las clases sociales y plantean problemas esencialmente nuevos a las instituciones encargadas de controlarlos.
2. Fallan las reglas establecidas de atribución causal y de responsabilidad o culpa.
3. Los peligros no pueden ser del todo controlados por medios tecnológicos, sólo minimizados. El Estado se esfuerza en garantizar la seguridad a los ciudadanos y se enfrenta al conflicto derivado de la evidencia creciente de que no puede hacerlo.
4. La ausencia de planes contra la catástrofe muestra el error de tratar los nuevos riesgos con los medios antiguos.
En resumen: el concepto de sociedad del riesgo "describe una fase del desarrollo de la sociedad moderna en la que los peligros sociales, políticos, ecológicos e individuales creados por el impulso de innovación escapan cada vez más a las instituciones de control y protección de la sociedad industrial".
Tratar los nuevos peligros mediante un sistema de normas basado en la causalidad, la culpa, las normativas de seguridad y la distribución desigual de la carga de la prueba (de forma tal que quienes advierten de la posibilidad de impactos negativos de un proyecto o una tecnología deben demostrarlos, mientras que los promotores de ese proyecto o tecnología no han de demostrar su inocuidad). En el nuevo contexto, este sistema es autodestructivo, porque la causalidad es difusa y por tanto la responsabilidad nunca puede ser atribuida, porque las nociones de riesgo residual se aplican mal a situaciones de extrema incertidumbre y daño extremo y, por último, porque la carga de la prueba permite experimentos que tienen como escenario al planeta entero y cuyos conejillos de Indias somos todos. El fallo del sistema se disuelve en una especie de "fatalismo industrial", para el que las consecuencias indeseadas son el precio del progreso.
Los debates públicos acerca de las formas de tratar los residuos, de las propiedades de los materiales utilizados, de los procesos de producción, etc., son vistos todavía bajo los principios del mundo industrial no de la sociedad del riesgo.
Defienden una participación más democrática en la evaluación y gestión de los riesgos.
Beck parte de la tesis de que las estructuras de la sociedad industrial se han configurado a partir de la distribución del producto económico entre el capital y el trabajo, y que el conflicto resultante se ha regulado y suavizado gracias al crecimiento económico, que ha permitido que el pastel a repartir sea cada vez más grande.
Pero se pregunta por lo que ocurre cuando "el pastel está envenenado".
Comienza entonces, dice, un conflicto por la distribución de los costes ambientales, que no es un conflicto adicional o secundario, sino que cambia la lógica, la estructura, la forma de expresión y las lealtades establecidas en el conflicto industrial. ¿Lleva esto, se pregunta, a una estructura social diferente, a una nueva entidad histórica? Los procesos de estructuración social impulsados por la distribución de los riesgos difieren de los impulsados por la distribución de la riqueza. Algunos sectores empresariales se benefician con los riesgos, mientras que otros se hunden. Los trabajadores se dividen también: su definición unitaria a partir de la no-propiedad de los medios de producción estalla en un escisión entre quienes tienen empleo en los sectores que ganan con los riesgos y quienes lo tienen en los sectores que pierden. Se genera, así mismo, una división geográfica entre regiones tóxicas y regiones limpias.
Resumiendo: - Beck parte de la afirmación de que los riesgos derivados de las tecnologías química, nuclear y genética son sustancialmente diferentes de los conocidos en fases anteriores de la sociedad industrial.
- Las instituciones establecidas son inadecuadas para tratar con esos riesgos nuevos, lo que da lugar a un conflicto creciente.
- Ese conflicto está definiendo nuevas líneas de estructuración de las sociedades y planteando la necesidad de nuevas instituciones y nuevas formas de articulación en los ámbitos de la participación, la representación y el conocimiento.
14. Medio Ambiente, estructura y conflicto en los países “en desarrollo”.
Un tercer punto de vista acerca de los conflictos ambientales, que no considera que puedan reducirse a intereses económicos ni tampoco que estén sustituyendo a los conflictos económicos, sino más bien que son el fundamento de los mismos, que la estructura social y económica puede comprenderse a partir del acceso diferencial a los recursos naturales.
Las raíces de este punto de vista son antiguas. La "ecologización" se define como que el subdesarrollo no puede representarse sólo por la forma en que la mano de obra es explotada en los países periféricos que constituyen el entorno preindustrial, sino también porque en ellos "los recursos naturales son sistemáticamente agotados en el impulso de la acumulación”.
El acceso diferencial a los recursos naturales puede utilizarse para formular clasificaciones a escala mundial.
Durning (1992) ha dividido a la humanidad actual en tres clases: una clase alta o de los consumidores, que se mueve en coche, come carne y produce muchos residuos; una clase media que desecha poco, se desplaza en autobús o bicicleta y come grano; y una clase baja que no contamina, se desplaza a pie y no come lo suficiente. Esta clasificación sugiere que la articulación depende del carácter limitado de los recursos, que determina que los niveles de consumo de la clase alta no sean generalizables y que sólo puedan reproducirse socavando las oportunidades de subsistencia del resto de la población.
Empíricamente, la estructura de clases de las sociedades industriales maduras aparece según una articulación básica clase media/clase trabajadora que abarca en conjunto tres cuartas partes o más de la población y cuyos componentes se distribuyen en proporciones más o menos equivalentes. Por encima hay lo que podría llamarse una super-clase, que es casi imperceptible para los dispositivos de investigación empírico-cuantitativos. Y por debajo hay una infraclase de marginados que engloba diferentes situaciones.
La constitución de una sociedad no depende sólo de las relaciones ecológicas y económicas, sino también de los procesos que conducen a un cierto grado de homogeneización cultural y de unificación política. Las sociedades modernas son sociedades nacionales, y sólo forzando mucho el concepto se podría hablar, incluso hoy, de una sociedad mundial.
La gran mayoría de la población pertenece a la clase durningiana de los consumidores; la forma de acceso a los recursos naturales es básicamente homogénea.
La situación es distinta en aquellas sociedades donde se reproduce internamente la estructura de distribución mundial, como ocurre en muchos países del Tercer Mundo en los que hay un sector económico moderno superpuesto a una amplia base de economía de subsistencia. En este caso, el acceso diferencial a los recursos naturales puede usarse como criterio básico de la estructuración social.
Los diferentes grupos sociales integrados en esas estructuras (empresarios y trabajadores industriales, grandes propietarios agrícolas de tierras irrigadas, políticos y funcionarios, poblaciones urbanas ocupadas en los sectores de servicios modernos) son entonces caracterizados como formando parte de una categoría de "omnívoros" (en tanto que consumen recursos de todo tipo procedentes de todas partes). La parte desarrollada de la sociedad descansa sobre una amplia base preindustrial, de economía de subsistencia, cuyos integrantes son denominados "gente del ecosistema", porque la reproducción de su existencia depende del uso de los recursos naturales locales. En la medida en que el desarrollo sustrae una parte de esos recursos para desviarlos al sector moderno, segmentos de la economía de subsistencia se hacen inviables y quienes forman parte de ellos se ven desplazados y convertidos en "refugiados ecológicos".
Un ámbito clásico de los estudios de estructura social es la conexión entre los diferentes grupos definidos en la misma y la conciencia y la acción social, entre las distintas posiciones en la estructura y sus expresiones ideológicas y políticas. En este sentido se considera conveniente reforzar los poderes locales, democratizando el uso de los recursos naturales e incorporando los costes ambientales en los precios, a fin de moderar el ritmo de explotación de los ecosistemas y de requilibrar la relación entre el sector moderno y el de subsistencia.
Se han formulado tres objeciones principales a esta hipótesis del ecologismo de los pobres. En primer lugar, tanto en el registro histórico como en la actualidad, la propuesta de considerarlos como el criterio fundamental de la estructuración social requeriría muchas elaboraciones de detalle y habría de dar cuenta de un gran número de anomalías antes de poder ser considerada como una teorización madura. En segundo lugar, esa hipótesis parece suponer que los pueblos y comunidades preindustriales tienen un interés definido en relacionarse con los ecosistemas de un modo sostenible. Finalmente, si se produce un conflicto en torno al acceso a los recursos naturales, no necesariamente una de las partes tendrá una motivación conservacionista. Es posible que ninguna de las partes la tenga.
15. Los límites naturales de las sociedades humanas desbordados, alcance y consecuencias de la translimitación: el decrecimiento. Los posibles escenarios de futuro: el decrecimiento catastrófico y camino de la extinción o el decrecimiento consciente y próspero.
La civilización industrial ha entrado en una fase de translimitación, en la que los límites naturales al crecimiento han sido ya traspasados. La frontera representada por dichos límites ya no nos espera en el futuro, sino que forma parte de nuestro pasado.
Si la era del desarrollo está acercándose a su fin, entonces muchas teorías sociológicas sobre las sociedades contemporáneas, compartirán el mismo destino. Entre ellas, por cierto, las que predican un desarrollo que sea sostenible. Propuestas y reflexiones que, o bien contemplan explícitamente el mundo social bajo esa perspectiva o bien, al menos, no son incompatibles con ella: la gobernanza de la complejidad, el postdesarrollo y el desarrollo local alternativo, los escenarios de un decrecimiento y cuesta abajo prósperos y,finalmente, las visiones de un colapso catastrófico.
Más allá de los límites Cuatro conclusiones principales.
(A) En la segunda mitad del siglo XX, los seres humanos han transformado los ecosistemas más rápidamente que en cualquier otro período previo de la historia; como resultado, los daños a la diversidad biológica han sido considerables y en buena medida irreversibles.
(B) Esos cambios están conectados a un incremento considerable del desarrollo económico y de la abundancia material, pero con costes severos en lo que respecta a la degradación de muchos servicios de los ecosistemas, a un riesgo mayor de cambios no lineales y al agravamiento de la pobreza de una parte de la humanidad disminuirá los beneficios que las generaciones futuras podrán obtener de los ecosistemas.
(C) La degradación de los servicios de la naturaleza podría empeorar durante la primera mitad del presente siglo, haciendo imposible la reducción de la pobreza, la mejora de la salud y el acceso a los servicios básicos para buena parte de la población mundial.
(D) La degradación de los ecosistemas podría ser parcialmente revertida mediante cambios sustanciales en las políticas, las instituciones y las prácticas sociales.
El petróleo se está consumiendo cuatro veces más deprisa de lo que se descubre, la brecha entre demanda creciente y adición de reservas declinante continúa ensanchándose y la situación se está tornando crítica. Está bastante claro ahora que la tasa a la que los productores de petróleo en el mundo pueden extraerlo ha alcanzado, o está muy cerca de hacerlo, el máximo nivel posible, coincidiendo aproximadamente con la mitad de la cantidad total de este recurso que podrá ser utilizada como fuente de energía.
La posibilidad de que el cambio climático alcance un umbral irreversible que desencadene alteraciones no lineales. Al hecho de que la relación entre población, producción de alimentos y provisión de agua dulce ha comenzado a moverse dentro de márgenes sensiblemente estrechos.
Hay 2 ragos sobre la crisis ecológica, uno de ellos tiene que ver con el refinamiento y la precisión de los datos, un aspecto de la cuestión en que podría hablarse con fundamento de un salto cualitativo, acompañado a menudo por una argumentación más bien sobria, deseosa de no poner el sonido de las alarmas por delante de la presentación de las razones y los hechos. El otro es un cambio perceptible en el tono: se habla cada vez menos de las amenazas futuras y cada vez más de la situación en que ya nos encontramos.
La idea de un desarrollo sostenible supone que la población, el uso de recursos y la contaminación han iniciado una transición que les llevará a estabilizarse por debajo de la capacidad de carga de la Tierra. Supone también que el crecimiento económico está siguiendo un camino de desmaterialización, gracias al decrecimiento relativo de sus requerimientos materiales, a la desconexión entre riqueza e impacto ambiental. Supone por último que las políticas de medio ambiente, aplicadas por las organizaciones públicas y privadas, pueden evitar la translimitación.
ENFOQUES RELACIONADOS Gobernanza y complejidad “Gobernanza”, conjunto de acciones -no sólo de los gobiernos, sino también de las diferentes instituciones, organizaciones y redes sociales- que permiten mantener la estabilidad estructural sin que los cambios desencadenen un comportamiento caótico.
En el marco del debate sobre sostenibilidad, la cuestión debe extenderse a la relación entre tales sistemas y el medio ambiente natural de los mismos. El aspecto que interesa aquí, en cualquier caso, es que la consideración de las cuestiones de sostenibilidad desde este punto de vista está derivando visiblemente hacia esquemas en los que la cuestión clave no es tanto mantener el sistema bajo control como mantener su flexibilidad. Es decir, la cuestión es cómo evitar una aceleración e interconexión excesivas a fin de dejar margen para adaptaciones sucesivas en un proceso de ensayo y error. En tales circunstancias, incluso si se mantiene como referencia, el desarrollo no es un objetivo predeterminado (“ponerse a la altura de las sociedades avanzadas”), sino un proceso en el cual la acción consciente se orienta hacia estados deseables –y variables- de la sociedad, la naturaleza, la producción o las instituciones. Y la idea de sostenibilidad empieza a referirse a criterios de flexibilidad adaptativa, aludidos con frecuencia mediante analogías ecológicas (resiliencia, coevolución) o mediante analogías tecnológicas (robustez).
Desarrollos alternativos y post-desarrollo Se trata, en primer lugar, del énfasis puesto en la escala local-regional como la más adecuada, tanto para expresar las resistencias al desarrollo-globalización como para concretar las alternativas. Se trata, también, de la reivindicación de autonomía, tanto frente al mercado como frente al Estado, y tanto si esa autonomía se fundamenta en la asociación como si lo hace en la comunidad. Se trata, finalmente, de la insistencia en la diversidad cultural.
Con bastante frecuencia, ese universo de propuestas de alternativas al desarrollo aparece asociado a un principio de sostenibilidad. El principal de los argumentos favorables a tal asociación merece ser considerado: casi siempre, para ser viables, esas experiencias socialmente alternativas dependen del acceso a los recursos naturales locales y de un uso prudente de ellos. Mientras que el desarrollo “global” consume a gran escala los recursos de todo el planeta y causa daños por todas partes y muy rápidamente, las alternativas locales tienden a actuar a una escala más modesta sobre los sistemas naturales más cercanos y también a tener un interés concreto en no dañarlos irremediablemente.
Sin embargo, hay dos preguntas para las que las teorías del post-desarrollo no han encontrado todavía una respuesta consistente. La primera tiene que ver con el crecimiento demográfico: ¿Cómo podrían aplicarse las soluciones del postdesarrollo para mantener nueve o diez mil millones de seres humanos? ¿Cómo podría hacerse relativamente benigna la transición a una población sensiblemente más reducida que la actual? La segunda concierne al grado actual de urbanización, pues las megalópolis del presente son un producto más o menos monstruoso del desarrollo y dista de estar claro cómo la gente que las habita podría subsistir fuera del mismo.
Mirando el camino de descenso El debate sobre el alcance y los eventuales efectos sociales de esa “cuesta abajo” es intenso, a menudo agrio y, hasta el momento, en su mayor parte subterráneo. Sus herramientas son más los grupos de discusión en la red que los grandes medios de comunicación; pequeños centros de investigación y -en ocasionesel despacho de individuos aislados, son sus ámbitos más frecuentemente que las grandes instituciones académicas.
Los “optimistas” ven el presente como una encrucijada, como una bifurcación; es decir, una situación en la que todavía es posible elegir. La fracción pesimista, en cambio, invoca el determinismo físico o genético para anunciar que el inevitable colapso comportará no menos inevitablemente la descomposición de la vida civilizada.
Un descenso suave (y tal vez próspero) Algunas de las nuevas propuestas ofrecen una respuesta explícita a la cuestión de por qué la continuidad del crecimiento se está volviendo contraproductiva. Es el caso de un libro de Howard y Elisabeth Odum, mantiene los ecosistemas y las civilizaciones tienen en común un ciclo con cuatro fases (crecimiento, clímax, descenso, lenta recuperación de los recursos previa a una nueva fase ascendente).
Añaden que la sociedad industrial está ahora viviendo su clímax y que, en consecuencia, el descenso es inminente e ineludible.
“Los precedentes de los sistemas ecológicos sugieren que la sociedad global puede mirar hacia abajo y descender prósperamente, reduciendo los equipamientos materiales, la población y las posesiones no esenciales mientras se mantiene en equilibrio con el sistema medioambiental que sustenta la vida. Conservando la información más importante, una sociedad más delgada puede reorganizarse y seguir progresando”.
La cuesta abajo como camino a la extinción El punto de vista de la extinción (die-off), que anuncia un colapso inevitable y catastrófico de la sociedad industrial y descarta la posibilidad de elegir un descenso pacífico, suele depender de algún tipo de determinismo fuerte, energético o biológico.
El siguiente fragmento es muy característico de esta clase de enfoques: 1.
2.
3.
4.
Estamos dirigidos genéticamente, igual que cualquier otro animal.
La mayor parte del daño causado al medio ambiente es el inevitable subproducto de la sobrepoblación, así como una parte necesaria del ciclo de una plaga.
Los problemas medioambientales a que ahora nos enfrentamos no tienen una solución tecnológica. Todas las actividades humanas –“buenas” y “malas”- aumentan nuestra deuda ecológica.
El ciclo de plaga es un componente vital del proceso evolutivo, y una cláusula de protección esencial en el caso de una especie fértil y de alto impacto como Homo sapiens” (Morrison 1999:242).
Hanson añade un punto más: la selección natural impulsa a violar las normas sociales siempre que ello ofrezca alguna ventaja adaptativa y, como consecuencia, el sistema capitalista –que sólo obtiene estabilidad a través de una expansión incesantese ve empujado a un estado de desorganización y caos una vez que se han alcanzado los límites naturales. Como a todas las especies animales, una abundancia transitoria lleva a los humanos a sobrepasar la capacidad de carga y, así, a desembocar en un colapso extremadamente penoso, dominado por la desorganización social y la guerra.
La sostenibilidad casa mal con la escala física máxima, cierto, pero también con la escala física mínima: una población demasiado pequeña con una tecnología demasiado primitiva es también muy vulnerable a las perturbaciones medioambientales y, por tanto, es inherentemente poco sostenible. La sostenibilidad se asocia más bien a una escala intermedia, a un valor intermedio de las principales variables, de modo que la flexibilidad y la capacidad de adaptación resulten optimizadas.
En resumen: parece que la combinación de escala intermedia y emergencia de la cultura implica una cierta posibilidad de elegir, algún margen para organizar una cuesta abajo controlada.
El colapso y el rebrote de la utopía Colapso “no es la caída en alguna suerte de caos primordial, sino el retorno a una condición humana normal de menor complejidad” “Una sociedad compleja que ha colapsado es súbitamente más pequeña, más simple, menos estratificada y con menos diferencias sociales. La especialización disminuye y hay en ella menos control centralizado. El flujo de información se reduce, la gente comercia e interactúa menos, y en general hay una menor coordinación entre individuos y grupos. La actividad económica decae proporcionalmente a todo lo anterior... (Tainter 1995:193).
Reducción de la escala, menos desigualdad, pequeñez, relocalización... Desde un determinado punto de vista, esta descripción del colapso no es muy diferente del viejo programa ecologista: reducir, frenar, democratizar, descentralizar.
En los inicios de la sociedad industrial, los primeros pasos de la teoría social fueron acompañados e influidos por un buen número de propuestas utópicas. Un brote similar está registrándose en los primeros años del tercer milenio. Muchas de las nuevas visiones del cambio social discuten el descenso posterior a la era del desarrollo, la fase de cuesta abajo o decrecimiento de la sociedad industrial que se avecina. Los análisis empíricos del estado actual de la relación entre población, recursos y medio ambiente llevan a concluir que el descenso es inevitable.
Las teorías sociológicas dominantes, muy sofisticadas en lo que respecta a la percepción de las complejidades inherentes a los cambios sociales y políticos, están radicalmente limitadas por su incapacidad para integrar la información científica sobre el estado de los ecosistemas del planeta. Superar esa escisión es una de las tareas pendientes en una nueva unificación del conocimiento.
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