Resumen Martin Gaite (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Periodismo - 1º curso
Asignatura Teoria i Pràctica dels Gèneres Periodístics
Año del apunte 2015
Páginas 5
Fecha de subida 09/02/2015
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Temes de gèneres, examen final i resum de lectures
Professora: Gemma Casamajó

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Iria Salcedo Rodríguez 31 Teoría de los Géneros Periodísticos EL CUENTO DE NUNCA ACABAR CARMEN MARTÍN GAITE EL INTERLOCUTOR SOÑADO Toda narración oral necesita la atención de un destinatario.
El oyente ideal no cae del cielo, su aparición viene condicionada por la calidad del cuento elaborado y por el margen de participación que se le conceda en el mismo.
LA ATENCIÓN SOLO SE FOMENTA MEDIANTE LA ATENCIÓN, HAY QUE CONQUISTARLA, MERECERLA Y CUIDARLA PARA QUE NO SE DESVANEZCA.
Lo primero que sabemos de ese oyente, problemático e indispensable, es que lo echamos de menos. Esto, es similar a esa sed de aprecio típica del egocentrismo de la infancia. Un niño necesita que le oigan, los demás también necesitan oírle, les cuente lo que les cuente porque su desconocimiento de las necesidades ajenas le lleva a identificarlas con las propias. Tardará en aceptar y entender el desnivel existente entre lo que pretende emitir y lo que los demás reciben. O tal vez no llegue a hacerlo nunca.
Esa actitud inmadura de considerar al receptor en función del servicio que va a prestarnos y no del que nosotros podamos prestarle a él, puede hacerse crónica si las circunstancias del narrador no favorecen la evolución de su requerimiento compulsivo de audiencia, llegado a imaginarlo como un interlocutor, como un partícipe de la narración y no como un simple paciente o soporte.
Para que un narrador esclarezca su función, aquella etapa inicial de echar de menos a un oyente para sus historias, debe suceder otra, ya que entraña cierta madurez reflexiva y suele coincidir con la madurez de no haberlo encontrado. Nos hemos dado cuenta de que durante las primeras tentativas de clamar por n oyente, ha habido un fallo o una serie de fallos, sobre los que paulatinamente nos veremos obligados a recapacitar.
La tendencia más inmediata en el niño o adulto inmaduro es la de sentirse víctima. El deseo de contar algo vendrá sustituido en la versión autocompasiva que el sujeto elabora sobre el descalabrado padecido ("nadie me quiere"). El mundo pagará con indiferencia real y aislará como narrador a quien sólo aspira a contar que le han dejado solo.
Pero si el aprendiz de narrador lo que pretende contar es lo suficientemente apasionado como para que su convicción le sostenga por sí mismo contra los obstáculos, podrá insinuarse en esta segunda etapa de decepción la Iria Salcedo Rodríguez 32 Teoría de los Géneros Periodísticos saludable sospecha de si no habrá podido contribuir también al resultado fallido de su intento el hecho de que no haya acertado a explicarse bien para despertar la llama anhelada de la atención. Este paso es fundamental para la evolución narrativa y para la creación de un oyente que esté dispuesto a escucharlo.
SÓLO NACERÁ EL INTERÉS HACIA UNA HISTORIA CUANDO SE CUENTE BIEN, Y SÓLO SE CONTARÁ BIEN CUANDO SE IMAGINE EL GESTO DE QUIEN VA A ESCUCHARLA AL COLOR DEL ENTUSIASMO COMUNICATIVO Y NO DESDE LA MAZMORRA DEL DESPECHO Si nos hemos dado cuenta de que cuando hemos tratado de contar algo a la gente la hemos aburrido, la primera enseñanza del fracaso será su aceptación.
El escarmiento nos proporciona una lección provechosa: no nos sirve cualquier oyente y preferimos callar a tener delante de nosotros a ese que nos escucha distraído y sin ganas.
El hecho de que el oyente no haya aparecido todavía, no tiene porque implicar que no vaya a aparecer nunca.
La aceptación de que en nuestra primera salida hacia los otros no hemos tenido tanto éxito coincide con el reconocimiento de que también a nosotros muchas narraciones ajenas nos decepcionan, y eso nos puede ayudar a podar la nuestra de torpezas.
Si el narrador no ha recogido datos de nuestro estado de ánimo, ni ha sabido crear un terreno propicio para acercarse a aliviar nuestra circunstancia, quiere decir que no contaba con nosotros, hablaba al vacío.
DEDICARLE UN CUENTO A ALGUIEN ES UN NEGOCIO DELICADO QUE REQUIERE PACIENCIA Y SABIDURÍA.
La rectificación en el concepto de interlocutor entraña una reflexión sobre la elaboración del relato y sobre nuestras capacidades expresivas. El primer interlocutor, satisfactorio y exigente, somos nosotros mismos. Nos proclamamos Iria Salcedo Rodríguez 33 Teoría de los Géneros Periodísticos destinatarios provisionales hasta que llegue ese día en el que otro nos podrá suplantar.
LUGAR A DUDAS Cuando alguien se pone a contar una historia que no le atañe directamente, se da por sentado que en algún momento va a aportar el dato que garantice su implicación más o menos lateral en ella.
Es como si solamente después de navegar por esos afluentes que nutren la corriente del río principal, el oyente lograse disfrutar del viaje por éste y del paisaje que ofrecen sus orillas.
El momento en que el autor empieza a estar involucrado en la historia que se cuenta se considera como el más delicado y clave de las buenas narraciones.
Empachado de tantas noticias, al receptor se le han acabado sus dotes de asombro y lo que ansía es buscar el bulto de una crónica viva y directa que le permita asomarse a lo contado. Frente al bombardeo de noticias de los medios de comunicación, el individuo ha ido perdiendo su capacidad de participación, de referencia y de discernimiento.
Los grandes titulares de los periódicos informan de sucesos muy escalofriantes al individuo, pero le dejan una huella de zozobra acerca de dónde y cómo dar asilo a la noticia, a la que presta una automática pero insatisfactoria credibilidad. No quiere decir que se estén poniendo en duda la exactitud de las cifras, sino que al imponérsele irremisiblemente como veraz, excluye la posible colaboración en el esclarecimiento de un suceso que no deja lugar a dudas. Lo que más agradecemos a la narración de un amigo (o de un escritor que nos trate amistosamente) es ese margen que nos concede para decidir por nosotros mismos si le creemos o no, credibilidad que no viene determinada por la verdad objetiva de los hechos tanto como por su talento para hacérnoslos sentir como verdaderos.
Una diferencia entre noticia y narración es que al buen narrador podemos no llegar ni siquiera a formularse preguntas sobre la existencia y la situación que nos transmite, porque él mismo las adivina y las va dejando satisfechas a medida que avanza el relato que nos ofrece. El narrador es narus (el que sabe)  Tiene que invitar a otro a embarcarse en la historia que le cuentan, que su éxito está en lograr hacerla creíble. Van entrelazando lo que saben con la forma que han tenido de saberlo.
El novelista se siente obligado a dar explicaciones de su ubicuidad, tiene que insinuar hábilmente las normas del juego que propone. Sabe que se trata de un juego que sólo podrá divertir a otro si deja un margen para la participación Iria Salcedo Rodríguez 34 Teoría de los Géneros Periodísticos ajena en esa ficción. Y así, se despliega dentro del relato en sucesivos personajes a los que manda que le justifiquen, va delegando en ellos, dejándolos hablar para que cada cual aporte su testimonio de cómo intervino en el asunto que se va a presentar como materia de narración. Generalmente, se trata de personajes secundarios, que una vez cumplida su misión de emisarios de la credibilidad, desaparecen de las páginas. Entre unos y otros impiden que la verdad de los hechos se imponga como un muro granítico, le ponen cebo a la duda del lector, le permiten disfrutar de su derecho a la duda, de su “lugar a dudas”, le dan entrada en el acertijo de esa historia a la que van asomándole poco a poco por las rendijas de sus versiones complementarios todos los que a ella se asomaron. Al lector le suena tan convincente como esa frase en los lados de su amigo y así el objetivo de la ficción estará cumplido.
Otra diferencia entre noticia y narración radica en su mayor o menor aptitud para ser repetida sin que pierda por ello su esencia. Si compramos un periódico de la tarde después de haber leído el de la mañana, las novedades serán tan mínimas que nunca alcanzarán a convencernos de que nos están contando algo distinto. El único intríngulis de la noticia se reduce a darla antes de que otro la dé.
Cuando una noticia no ha rebasado sus límites de tal, ¿Quién va a poder impedir que se reproduzca, se propale y ruede como la falsa moneda, si ésa es precisamente su condición, la de prestarse a ser del dominio público? Ningún entendido en la materia logrará hacer pasar por auténtico título de nobleza de sangre ese remoquete de “exclusividad” con el que ha pedido adornarse, aunque lo haya pagado a peso de oro.
En cambio, ningún plagio literario, por descarado que sea, afecta a la calidad del texto plagiado, sino que pone aun más de relieve su condición de implagiable. Ni tampoco la narración resultante del plagio deja de rebasar en algún momento su pretensión mimética ni de dar origen a algún hallazgo expresivo desvinculado del asunto o estilo que la inspiró. Nunca cuenta lo mismo una novela plagiada que aquella otra nacida a sus expensas. Igual ocurre cuando contamos algo que nos contaron: siempre sale otra historia.
La noticia es todo lo que se puede resumir fácilmente sin grave deterioro de su contenido.
La narración requiere por parte de quien acomete tal empeño una dosis no despreciable de talento narrativo.
El narrador tiene que estar dando a entender con su mera existencia, con su latido para quien le escucha, que la versión que da de los hechos no es repetible, sino única, inseparablemente vinculada a la circunstancia concreta Iria Salcedo Rodríguez 35 Teoría de los Géneros Periodísticos que ha provocado en él el deseo de ponerse a contar y al momento en que esos hechos incidieron en su campo narrativo. El argumento de la historia en cuestión puede ser conocido por otros, incluso por el interlocutor que lo escucha, pero cambia al cambiar el lugar desde el que fue mirada y conocida.
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