T2. EVALUACIÓN PSICOLÓGICA FORENSE DE LA IMPUTABILIDAD (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Psicologia Jurídica
Profesor M.A.S.V.
Año del apunte 2016
Páginas 11
Fecha de subida 06/11/2017
Descargas 0
Subido por

Descripción

Resumen capítulo 2

Vista previa del texto

TEMA 2: EVALUACIÓN PSICOLÓGICA FORENSE DE LA IMPUTABILIDAD 1. CONCEPTOS BÁSICOS: IMPUTABILIDAD, RESPONSABILIDAD Y CULPABILIDAD “Imputabilidad”, no aparece definida en el Código Penal español. Se trata de un término jurídico, relacionado con responsabilidad y culpabilidad.
Muñoz (1996), entiende por imputabilidad, un conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe poseer un sujeto autor de un delito para ser culpable del mismo. Para Simonin (1982), especifican la necesidad de dos condiciones: 1) la inteligencia o discernimiento (dando la noción del bien y el mal); 2) libre voluntad o libertad (permite escoger entre el bien y el mal). La imputabilidad puede anularse o reducirse por factores individuales o situacionales.
Para Wolfram (2005), solo pueden estar tipificadas las acciones ejecutadas dolosamente o de manera imprudente (culposa) por los sujetos. Entendiendo por acción dolosa: aquellas en que media una conciencia clara y un conocimiento cabal de que se está obrando de modo delictivo (elemento intelectual), con una voluntad inequívoca y decidida de llevar a cabo dicha acción (elemento volitivo). Por tanto, sólo la conjunción de ambos puede dar como resultado la resolución delictiva manifestada en forma de actos externos e inequívocos.
La culpabilidad puede entenderse como un juicio de reprobación por la ejecución de un hecho contrario a lo mandado por la ley. Para Rodríguez y Ávila (1999), ser culpable significa la implicación del sujeto en un acto criminal, realizado con el estado mental idóneo y dentro de los términos legales del delito.
La responsabilidad puede entenderse como la obligación de reparar y satisfacer por uno mismo o, por otros, la pérdida causada, el mal inferido o daño originado. Para Rodríguez y Ávila (1999), la responsabilidad se fundamenta en la imputabilidad, por la cual todo ser humano da cuenta de sus actos ante una instancia superior.
No obstante, tenemos que considerar el término de semi-imputabilidad. Para Esbec y Delgado (1994), la existencia de entidades mórbidas (en psiquiatría y psicología), sin suficiente intensidad para justificar la falta de imputabilidad completa, pero con un valor modificador de dicha condición de imputable, es una realidad forense. El término fue creado en relación a los trastornos de personalidad, aunque es empleado en retrasos mentales, demencias incipientes, intoxicaciones, epilepsias, etc. Como señala García (1990), se pueden matizar hasta 5 grados de imputabilidad: 1.
2.
3.
4.
5.
Imputabilidad conservada.
Discretamente disminuida.
Medianamente distribuida.
Severamente disminuida.
Imputabilidad anulada.
La imputabilidad constituye un problema de mayor significación y alcance. Ha dado lugar a defensores de una doble significación del término imputabilidad, diferenciando entre: 1) imputabilidad psíquica (referida por psicólogos y psiquiatras forenses); 2) imputabilidad jurídica (resultado de la deliberación del tribunal, expresada en la sentencia).
2. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL TÉRMINO DE IMPUTABILIDAD Los autores de la escuela clásica, consideran el término como la relación causal existente entre el agente y el delito por él cometido. El presupuesto inicial de la Imputabilidad legal es el libre albedrío, se puede resumir en: puesto que el hombre comete delitos con voluntad inteligente y libre, siguiendo una conducta contraria a la ley, entonces deben ponerse a su cargo las consecuencias establecidas en ésta.
Escuela clásica, Ferri (1878) considera la imputabilidad como, la facultad de atribuir a alguno un dado efecto como la causa productora del mismo”. A su vez, entiende por responsabilidad, la posibilidad de considerar obligado al sujeto a resarcir un daño dado y a sufrir una pena dada, con motivo de aquel efecto. También existe la imputabilidad material, por ser agente autor del acto de que se trata, e imputabilidad social y jurídica por estar obligado a soportar las consecuencias sociales y jurídicas de su acto.
Escuelas transaccionales, intentan concentrar el pensamiento clásico y positivista afirmando que la solución se halla en el conjunto de las circunstancias subjetivas que deben encontrarse en el autor de un delito para considerarlo pasible de responsabilidad legal. Surgiendo así, la distinción entre delincuentes imputables (cuando su capacidad de entender y querer se ha exteriorizado con una manifestación adecuada de voluntad consciente contraria a derecho) y delincuentes inimputables. Para ellos, los presupuestos de la imputabilidad serían la personalidad y la capacidad.
Para Listz (1916), afirmó que la imputabilidad es la capacidad de conducirse socialmente. Además, la define en sentido formal, diciendo que: consiste en la capacidad de realizar actos que llevan consigo las consecuencias penales de infracción. Por tanto, para él, solamente cuando tal capacidad exista, puede ser imputada como culpable la conducta social.
3. EXIMENTES, ATENUANTES Y AGRAVANTES EN EL CÓDIGO PENAL DE 1995 Comentaremos las circunstancias que eximen de responsabilidad penal (inimputabilidad), aquellas que la disminuyen pero no la anulan totalmente (semi-imputabilidad), y aquellas que incrementan la responsabilidad penal del sujeto, referidas en el Código Penal español de 1995.
El Código Penal de 1996, sustituye “enajenación mental” por “anomalía o alteración psíquica” y se mantiene el de “trastorno mental transitorio”. Anteriormente, quedaba fuera de responsabilidad el enajenado, sin mencionar el efecto que la enajenación debiera producir sobre la capacidad de imputabilidad. La nueva redacción, vincula el efecto que la alteración ha de tener sobre el sujeto y aporta una base más sólida para la interpretación.
Así, están exentas de responsabilidad criminal las siguientes circunstancias referidas en el artículo 20 del Código Penal, denominadas eximentes: (En los 3 primeros supuestos se aplicarán, en su caso, las medidas de seguridad previstas en este código).
1. El que al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión (El trastorno mental transitorio no eximirá de pena cuando hubiese sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer el delito o hubiera previsto o debido prever su comisión).
2. El que al tiempo de cometer la infracción penal se halle en estado de intoxicación plena por el consumo de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos análogos, siempre que haya sido buscado con el propósito de cometerla o no 3.
4.
5.
6.
7.
se hubiese previsto o debido prever su comisión, o se halle bajo la influencia de un síndrome de abstinencia, a causa de su dependencia de tales sustancias, que le impida comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.
El que, por sufrir alteraciones en la percepción desde el nacimiento o desde la infancia, tenga alterada gravemente la conciencia de la realidad.
El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes: a) Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito o falta y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquella o éstas.
b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla i repelerla.
c) Falta de provocación suficiente por parte del defensor.
El que, en estado de necesidad, para evitar un mal propio o ajeno lesione un bien jurídico de otra persona o infrinja un deber, siempre que concurran los siguientes requisitos: a) Que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar.
b) Que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionalmente por el sujeto.
c) Que el necesitado no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse.
El que obre impulsado por miedo insuperable.
El que obre en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo.
Determinadas circunstancias, pueden dar lugar a una “rebaja” en la pena, y por ende, en la responsabilidad.
Las llaman a estas circunstancias atenuantes, recogidas en el artículo 21 del Código Penal: 1. Las causas expresadas en el Capítulo (creo que es artículo) anterior, cuando no concurrieron todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad en sus respectivos casos.
2. La de actuar el culpable a causa de su grave adicción a las sustancias mencionadas en el número 2 del artículo anterior.
3. La de obrar por causas o estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante.
4. La de haber procedido el culpable, antes de conocer que el procedimiento judicial se dirige contra él, a confesar la infracción a las autoridades.
5. La de haber procedido el culpable a reparar el daño ocasionado a la víctima, o disminuir sus efectos, en cualquier momento del procedimiento y con anterioridad a la celebración del acto o juicio oral.
6. Cualquier otra circunstancia de análoga significación que las anteriores.
El legislador, también considera que determinadas conductas y modos de actuación frente al delito deben de aumentar la penalidad del infractor, reguladas en el artículo 22 del Código Penal, son de interpretación restringida y limitada, se denominan agravantes: 1. Ejecutar el hecho con alevosía. Hay alevosía cuando el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando en la ejecución medios, modos o formas que tiendan directa o especialmente a asegurarla, sin el riesgo que para su persona pudiera proceder la defensa por parte del ofendido.
2. Ejecutar el hecho mediante disfraz, con abuso de superioridad o aprovechando las circunstancias de lugar, tiempo o auxilio de otras personas que debiliten la defensa del ofendido o faciliten la impunidad del delincuente.
3. Ejecutar el hecho mediante precio, recompensa o promesa.
4. Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo u orientación sexual, o la enfermedad o minusvalía que padezca.
5. Aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando a ésta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito.
6. Obrar con abuso de confianza.
7. Prevalerse del carácter público que tenga el culpable.
8. Ser reincidente.
Hay reincidencia cuando, al delinquir, el culpable haya sido condenado ejecutoriamente por un delito comprendido en el mismo título de este código, siempre que sea de la misma naturaleza.
El Código Penal establece una circunstancia ambigua por la que puede aumentar la responsabilidad o disminuirla, relacionada con el parentesco en sentido amplio (no sólo familia de sangre) pero a la vez restringido a determinados parientes. No obstante, el código penal no dice cuando agrava o atenúa, pero se puede aplicar atenuante cuando el delito cometido por el pariente es, en general, contra la propiedad (robos, hurtos, estafas, etc.) y agravante cuando el delito es contra las personas (agresiones, lesiones, homicidio, etc.).
Relacionado con lo anterior, según los juristas, la “excusa absolutoria” según la cual están exentos de responsabilidad penal los mismos parientes señalados anteriormente (cónyuge, persona ligada afectivamente: ascendiente, descendiente o hermano por naturaleza, por adopción) por los delitos contra la propiedad que causen entre sí, siempre que no concurra violencia o intimidación.
Resulta muy importante la diferenciación entre terminología jurídico-legal y la propia de la psicología. Un ejemplo de ellos es el término “trastorno mental transitorio”, ya que no se emplea en manuales psicopatológicos, pero sí en lenguaje jurídico.
El TMT (trastorno mental transitorio) debe reunir los siguientes requisitos: a.
b.
c.
d.
e.
Ser desencadenado por una causa inmediata y evidenciable.
Ser de breve duración.
Que cure rápidamente sin secuelas ni posibilidad de repetición.
Que haya surgido sobre una base patológica probada.
Que la intensidad del trastorno mental anule el libre albedrío no bastando la mera ofuscación.
Romi (1999) , ilustra la necesidad de considerar un TMT incompleto, ya que el código penal considera que el sujeto actúa con arrebato u obcecación cuando sufre alteraciones pasionales o emocionales e incluso psíquicas que afectan a su capacidad cognoscitiva y volitiva, pero sin abolirla, por lo que el alcance es sólo parcial.
Se entiende por arrebato, una pérdida momentánea del autodominio como consecuencia de la ira o de sentimientos afectivos (reacción ante una determinada situación vivencial, desemboca en una situación de descontrol). No se medita la acción, se actúa acaloradamente sin prever las repercusiones. Los hechos realizados bajo arrebato estarían en sintonía con las reacciones en cortocircuito.
Los actos en cortocircuito (o reacciones primitivas) son reacciones momentáneas impulsivas, sin la intervención de “la esfera del yo” en su función conductora. Por lo general, se dan por situaciones emotivas, pasionales o circunstanciales (sin necesidad de trastorno de conciencia), pese que el sujeto no tiende del todo clara la conciencia del acto.
Toda actuación bajo obcecación, responde a un estado que se ha ido gestando durante un periodo superior al arrebato, que es mínimo o inmediato. Por tanto, la obcecación es un estado de ofuscación transitoria que desaparece después de haberse producido el fenómeno que la detona. Reconoce un estado de ánimo preexistente (ejemplos: paranoides, obsesivos, depresivos, etc.). Estos cuadros admiten la alevosía (por excitación psíquica), pero nunca la premeditación (porque exige la frialdad del ánimo).
La tabla 2.1., establece la correspondencia entre la alteración o trastorno mental y la conducta delictiva. Hay que considerar el estudio individual de cada caso, establecer la correlación entre trastorno y hecho delictivo (puesto que no toda psicopatología exculpa necesariamente).
Tabla 2.1. (p 45) 4. EVALUACIÓN PSICOLÓGICA FORENSE DE LA IMPUTABILIDAD Podemos hablar de 4 modelos sobre la evaluación de la imputabilidad. 3 de ellos son clásicos: modelo médico radical (biológico), el ultrajurídico y el mixto biológico/psicológico. El modelo a añadir es el modelo psicológico- interaccionista- integrador (sintetizado en la tabla 2.2.) Tabla 2.2. (p 46) En base al modelo psicológico- interaccionista- integrador, desarrollamos las diferentes fases del proceso de evaluación forense de la imputabilidad: Fase 1: nos ayudará a establecer la base clara de los hechos delictivos imputados al presunto autor (actus rea), aspecto previo a la evaluación de la imputabilidad (mens rea). Se trata de un estudio en profundidad del expediente judicial, donde están las declaraciones del imputado, testigo y víctima hayan realizado en las diferentes comparecencias judiciales. Mucha importancia los informes médicos, psicológicos, educativos o sociales elaborados por diferentes profesionales que hayan actuado de parte o a demanda pública.
Fase 2: Inicio de la exploración directa sobre la persona. Se realizarán entrevistas al presunto inculpado, y a cualquier persona que pueda aportar datos relevantes (familiares directos, amigos, compañeros de trabajo/estudios, etc.). Gracias a esto, abordaremos aspectos relacionales, psicológicos, comportamentales (conducta sexual, estados de humor, discusiones, etc.) que consideremos necesarios. Con el sujeto de estudio, la anamnesis ha de ser completa y profunda, recogiendo datos sobre: a. Desarrollo o recorrido sobre las diferentes etapas evolutivas: nacimiento. 1ª y 2ª infancia, adolescencia, etapa adulta.
b. Vivencia familiar: relación paternal y fraternal, sumisión a la autoridad, presencia de celebraciones, introducción de nuevos miembros… c. Estudios: nivel alcanzado, relaciones con los compañeros y adultos, problemas significativos, sistema de estudio empleado, trabajo en equipo, preferencias académicas, nivel cultural, etc.
d. Área sanitaria: enfermedades infantiles, accidentes, hospitalizaciones, adicciones, etc.
e. Desarrollo social-relacional: grupo de amigos, primeras parejas, rupturas, reconciliaciones… f. Conducta sexual: preferencias sexuales, satisfacciones, frustraciones, experiencias anormales...
g. Antecedentes penales, experiencias en el ámbito judicial.
h. Servicio militar.
i.
j.
k.
l.
m.
Desarrollo laboral: primeras ocupaciones, clima laboral, motivo de los cambios, satisfacción....
Incidentes similares al hecho imputado: circunstancias, resolución, consecuencias.
Autodefinición del sujeto.
Situación actual.
Relevante en la descripción del desarrollo de los hechos motivo del expediente judicial.
Establecer con la mayor precisión su estado previo, su situación en el momento de suceder el incidente y reacción posterior. Debemos preguntar al sujeto sobre sus pensamientos, intereses, expectativas, contactos relacionales, deseos, acciones, tanto durante el día como la noche.
Fase 3: Examinar toda la información médica, psicológica, penitenciaria adicional obtenida de las entrevistas realizadas. El perito deberá conocer toda la información exhibida por otros profesionales, ya que su ignorancia puede dificultar la defensa del informe en el juicio oral, además de contradecir nuestras propias conclusiones.
Fase 4: Administrar, corregir y valorar las pruebas y tests psicológicos necesarios para la peritación de imputabilidad. Importante considerar la cohesión es estos resultados con los obtenidos de las entrevistas forenses ya realizadas.
Los instrumentos psicométricos que pueden emplearse son muy diversos. Se recomienda administrar aquellos que son del absoluto dominio de perito (ya que su competencia puede ponerse en duda durante la defensa del informe). A continuación, algunos de los instrumentos: a) Aspecto intelectivo: Wais-3, Toni-2, Raven, Kauffman, etc.
b) Aspecto volitivo: Staxi, MMPI-2, MCMI-II, TCI de Cloninger, PCL-R, escalas SAPS-SANS, etc.
c) Aspecto integrador: EFA de Bellak, RCRAS de Rogers, MSE de Slobogin et al.
Fase 5: Esta fase permite el intercambio interdisciplinar de conocimientos sobre la persona (que validan y fiabilizan las conclusiones del informe pericial). Coordinación directa (entrevista) o indirecta (solicitud de informes) con los diferentes profesionales que han tenido relación con la persona evaluada y pueden aportar datos relevantes.
5. INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN FORENSE DE LA IMPUTABILIDAD Las tres escalas mencionadas corresponden a IEF (instrumentos de evaluación forense) del contexto anglosajón, que pueden ser de utilidad en nuestro entorno.
1) Ego Function Assessment (EFA) Desarrollado por Bellak (1976), evalúa 12 funciones del yo. Se trata de una técnica cuantitativa y cualitativa, asigna a cada función una puntuación (oscila de 1[deterioro máximo]- 13[función óptima]). Además, permite obtener una gráfica evolutiva del sujeto sometido o no a tratamiento. Las funciones objetivables son: - Contacto con la realidad.
Juicio crítico.
Sentido de la realidad.
Regulación y control de impulsos.
Relaciones objetables.
Procesos cognitivos.
- Regresión adaptativa.
Funciones defensivas.
Barrera de estímulos.
Funciones autónomas.
Funciones sintéticas.
Liderazgo competencia.
Según su autor, el gran mérito del EFA es la posibilidad de objetivar y homogeneizar las valoraciones sobre imputabilidad, de forma que diferentes peritos no produzcan interpretaciones interesadas o contradictorias, que perjudican la imagen de la psiquiatría y psicología forense, ganado credibilidad ante los tribunales.
2) Mental State at the Time of the Offense Screening Evaluation (MSE) Slobogin, Melton y Showalter (1984), desarrollaron la detección y evaluación del estado mental en el momento del delito. Se trata de una pauta de entrevista diseñada para evaluar el funcionamiento psicológico en el momento del delito. Consta de 3 partes: 1] Primera sección, información histórica, evaluaremos: a. Historia prolongada de conducta bizarra. Si no, excluir específicamente los síndromes orgánicocerebrales y la psicosis.
b. Trastornos compulsivos.
c. Conductas bizarras que sugieren condiciones psicóticas o propias de trastornos neuropsicológicos.
d. Episodio de conducta bizarra.
2] Segunda sección, información sobre el delito, observamos: a. Información del acusado: - Respuesta genérica.
Relato detallado del delito.
Sucesos que le condujeron al delito.
Recreación posterior del delito b. Información de otras fuentes: - Acusación, querella o información.
Declaraciones ante la policía o juez.
Notas de los abogados.
informes de la autopsia.
Declaraciones de los testigos.
3] Tercera sección, empleamos cualquiera de los instrumentos actuales para examinar el estado mental del sujeto: PSE, SCID, etc.
3) Las escalas para la valoración de la responsabilidad penal de Rogers (RCRAS) Desarrollada por Rogers (1984) para resolver las necesidades del psicólogo implicado en una práctica forense dentro del sistema judicial criminal. El RCRAS fue diseñado usando graduaciones de la severidad para estandarizar la evaluación de la información clínica, de forma que la ambigüedad de la decisión sobre responsabilidad criminal se pueda reducir al mínimo.
Consta de 5 escalas: confiabilidad del sujeto, organicidad, psicopatología, control cognoscitivo y control del comportamiento. En total 30 ítems, oscila de 0 a 6 (0: ninguna información; 1: no presente o no aplicable; 2: clínicamente insignificante; 3-6: niveles de aumento de la severidad).
Las escalas RCRAS contemplan la valoración de los aspectos siguientes: Fase 1: Recogida de datos 1) Revisión de los informes policiales, declaraciones y sumario.
2) Una o varias entrevistas con el acusado, centradas en: a. Antecedentes psicológicos.
b. Antecedentes psiquiátricos.
c. Conducta delictiva anterior.
d. Diagnóstico diferencial.
e. Examen del estado mental del acusado en la época del delito.
f. Cualquier información necesaria para completa a la segunda y tercera fase.
3) Cualquier otra fuente de información relevante.
Fase 2: Escalas de evaluación de variables psicológicas y situacionales (PSV) 1) Fiabilidad del sujeto: a. Fiabilidad de los autoinformes.
b. Interferencias involuntarias en el informe del acusado.
2) Organicidad: a. Nivel de intoxicación en el momento del delito.
b. Evidencia sobre alteración o daño cerebral.
c. Relación del daño cerebral con el acto imputado.
d. Retraso mental.
e. Relación del retraso mental con el acto imputado.
3) Psicopatía: a. Conducta bizarra.
b. Nivel general de ansiedad.
c. Amnesia sobre el delito imputado.
d. Delirios.
e. Alucinaciones.
f. Afecto depresivo.
g. Afecto maníaco.
h. Nivel de incoherencia verbal.
i. Intensidad y adecuación del afecto.
j. Evidencia de trastorno formal del pensamiento.
4) Control cognitivo: a. Preparación y planteamiento.
b. Concienciación de la criminalidad de la conducta.
c. Focalización del delito.
d. Nivel de actividad en la comisión del delito imputado.
5) Control conductual: a. Conducta social responsable durante la semana anterior.
b. Autocontrol informado por el acusado.
c. Estimación del autocontrol del acusado por el evaluador.
d. Relación por la pérdida de control con la psicosis.
e. Alteración de razonamiento.
f. Alteración de la conducta.
g. Alteración del juicio de realidad.
h. Capacidad para autocuidarse.
i. Concienciación de maldad del acto.
Fase 3: Aplicación de los modelos decisionales: Se facilitan modelos decisionales, en forma de árboles de decisión, con preguntas o respuestas sí/no utilizando las puntuaciones de las subescalas e ítems PSV.
De acuerdo con el modelo de evaluación psicológico- interaccionista- integrador, permitirá establecer un análisis más preciso sobre múltiples variables correlaciónales con la imputabilidad de la persona que pueden limitar las dos capacidades genéricas (cognitiva y volitiva). Así, podremos presentar i defender ante el tribunal si el trastorno o limitación se centra en: - Conciencia (tóxicos).
Inteligencia convergente (retraso mental).
Estilo atribucional interno (depresión).
Pensamiento divergente (psicosis).
Percepción (alucinación).
Memoria (amnesia, demencias).
Afectividad (depresión).
Estilo atribucional externo (trastorno paranoide).
Motivación (paranoia).
Emoción (ira).
Impulsos (ludópata, trastorno límite de la personalidad).
Tolerancia a la frustración (alcohol).
6. IMPUTABILIDAD Y SIMULACIÓN Según Tapias et al. (2002), la imputabilidad es un concepto asociado al de enfermedad mental y simulación en el sistema judicial. Su aporte más significativo son los 19 signos generales para la detección de la simulación de psicopatologías, que se pueden en 3 categorías: A) Comportamiento durante la evaluación forense: 1. retención de la información y falta de cooperación.
2. exageración.
3. llaman la atención sobre su enfermedad.
4. actúan como sordos y tontos.
5. ausencia de alteración afectiva clínicamente asociada con la enfermedad que simula.
6. ausencia de perseveración.
7. presentan incoherencia entre resultados de pruebas y funcionalidad vital del evaluado.
8. manifiestan alteraciones del lenguaje no verbal.
B) Características de los síntomas simulados: 9. inconsistencia de los síntomas en el tiempo.
10. no mantienen síntomas por períodos largos.
11. dificultad para fingir síntomas fisiológicos.
12. presentan sólo síntomas evidentes en relación con el conocimiento previo de la enfermedad.
13. presentan más síntomas que cuadros diagnósticos íntegros.
14. informan síntomas severos con aparición aguda en contradicción con el desarrollo crónico conocido por los clínicos.
C) Los aspectos del historial clínico y judicial: 15. presentan discrepancia entre el autor reporte y los archivos médicos.
16. ausencia de motivaciones psicóticas asociadas a sus ofensas.
17. evidencia de complicidad.
18. evidencia de engaños anteriores.
19. evidencia de inestabilidad laboral.
Se sugiere que siempre la evaluación sea realizada por dos peritos, de manera independiente, incluyendo psicólogos y psiquiatras ...

Comprar Previsualizar