Tema 22 (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención + Derecho - 1º curso
Asignatura Psicologia i Psicopatologia
Año del apunte 2017
Páginas 9
Fecha de subida 23/09/2017
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Tema 22: Psicología de la Delincuencia 1. Introducción Mediante el proceso de socialización los humanos aprenden las normas sociales de conducta. Así mismo, las personas pueden, y de hecho lo hacen, transgredir dichas normas. Ciertas transgresiones suelen generar inseguridad ciudadana (malestar psicológico nocivo para la salud). La mayoría de las transgresiones de normas van asociadas únicamente a diversos tipos de reprobación social, algunas de ellas pueden llevar aparejadas alguna sanción administrativa y un número muy reducido de conductas antinormativas implican una sanción penal. Estas últimas adquieren el rango de delitos. Así pues, la delincuencia es un concepto jurídico, que puede ser cambiante, y la conducta antisocial es un concepto psicológico. El presente tema se centra en el estudio de aquel comportamiento que genera inseguridad ciudadana, implicando tanto delincuencia contra la propiedad y las personas como actos que, aunque no sean delitos, generan inseguridad (vandalismo, gamberrismo, etc.). Utilizaremos indistintamente los términos delincuencia y conducta antisocial para referirnos al comportamiento objeto de estudio. Como hemos indicado, la conducta antisocial dependería tanto de influencias propias del organismo como de aquellas procedentes del medio ambiente ( CA = f [O, A] ). A partir de la importancia concedida a los dos tipos de factores podríamos realizar tres grandes agrupaciones explicativas de la delincuencia. 1.1. Explicaciones basadas en el organismo Este grupo considera que el comportamiento antisocial sería explicado fundamentalmente a partir de influencias biológicas donde la genética jugaría un papel determinante. El delincuente nacería. Una teoría paradigmática de este grupo explicativo sería la de Lombroso (siglo XIX), que establecía relaciones causales entre genética y delincuencia. Actualmente no existen teorías radicales causales, pero sí existen autores que consideran que los factores biológicos resultan determinantes. 1.2. Explicaciones basadas exclusivamente en el ambiente Otros autores consideran que la delincuencia se explicaría exclusivamente a partir de determinantes ambientales. El delincuente se haría. La teoría del etiquetado social (“Labelling”), que responsabiliza a la sociedad de la delincuencia, sería un modelo extremo de este grupo de teorías. A diferencia de los teóricos del organismo, los ambientalistas disponen de numerosa investigación que muestra asociaciones claras entre factores ambientales (familiares, educativos, ecológicos y socioeconómicos) y la conducta antinormativa. Así mismo, los principales predictores tempranos de delincuencia hacen referencia a factores ambientales. Se tiene evidencia para afirmar que a medida que aumentan los obstáculos sociales (educación deficiente, pobreza, paro, etc.) existe más probabilidad de aparición de delincuencia. 3.3. Explicaciones interaccionistas Si bien los factores sociales mediatizan la conducta antisocial, no permiten aceptar que el fenómeno antisocial sea debido exclusivamente a ellos. Grandes capas de población están sometidas a obstáculos sociales sin que se produzca delincuencia. Así pues, la mayoría de los estudiosos consideran que la delincuencia solo puede ser explicada a partir de la interacción de factores biológicos de predisposición y de variables ambientales. El delincuente se haría, pero algunas personas tendrían más predisposición de hacerse que otras. El presente tema pretende explicar el comportamiento antisocial desde este tipo de aproximación, la interaccionista. 2. Aprendizaje y conducta antisocial Al considerar la influencia del medio ambiente en la delincuencia no se puede obviar la gran importancia que adquieren los procesos de aprendizaje. El hombre puede aprender tanto a no transgredir normas sociales de conducta como a transgredirlas. (1) La no trasgresión de normas puede producirse como consecuencia de la instauración de conductas prosociales, incompatibles con la conducta antisocial o de la consolidación de la conciencia moral. La conciencia moral es el principal frenador de transgresiones en la mayoría de las personas. Se adquiere mediante un proceso de aprendizaje que implica dos estadios. En el primero, mediante condicionamiento clásico con estimulación aversiva, aprendemos a generar ansiedad ante la posibilidad de realizar una trasgresión de una norma social. En el segundo, mediante un procedimiento de condicionamiento instrumental con reforzamiento negativo, comprobamos que la no realización del acto antisocial está asociado al bienestar que genera la desaparición de la ansiedad. Evitaríamos la trasgresión para no tener una situación aversiva de ansiedad condicionada que nos generaría la propia trasgresión (Proceso de evitación pasiva). (2) El aprendizaje de la conducta antisocial está principalmente determinado por los procesos de reforzamiento positivo. Si una persona realizando cualquier tipo de conducta antinormativa obtiene recompensa, tendrá la tendencia a repetir la conducta. Las recompensas pueden ser muy variadas, desde ganancias materiales (dinero, etc.) hasta satisfacciones intrínsecas por el hecho de realizar la conducta (placer intrínseco, venganza, etc.). Las gratificaciones emocionales (prestigio) y de aprobación social pueden ser muy importantes. En el aprendizaje de la conducta antisocial la imitación y el aprendizaje vicario juegan un papel muy relevante. 3. Factores individuales y comportamiento antisocial Desde una aproximación explicativa interaccionista hemos argumentado la importancia que tienen los procesos de aprendizaje, como factores ambientales, en la génesis y el mantenimiento de la delincuencia. Ahora toca abordar el tema de la relevancia de los factores de organismo, es decir hemos de determinar la influencia de las variables psicológicas individuales en el comportamiento antisocial. Los conceptos psicológicos estrella en el campo de las diferencias individuales son el género, la inteligencia y la personalidad de los individuos. Resumiremos, por este orden, la información más relevante sobre las relaciones entre dichos fenómenos psicológicos y la conducta antisocial que nos ocupa. Siempre mantendremos el mismo esquema: la evidencia científica, la explicación de la evidencia y las reflexiones finales. 3.1. Género y conducta antisocial El sexo de los individuos es posiblemente la variable, entre todas las posibles tanto orgánicas como ambientales, más fuertemente asociada a la conducta antisocial. Los varones se implican más en la delincuencia que las mujeres. Las diferencias son de rango, frecuencia e intensidad No abundan explicaciones organicistas, si bien tenemos constancia de inferior agresividad y capacidad física por parte de las mujeres. Las explicaciones más aceptadas son claramente ambientalistas. Así las diferencias entre sexos respecto al comportamiento delictivo serían debidas a diferencias: (a) En el proceso de socialización., en la creación de roles (educación diferencial, supervisión diferente, etc.) y (b) De oportunidades para delinquir, en la asunción de roles (menor número de oportunidades por parte de la mujer). Si se aceptaran los puntos anteriores como relevantes, ante la progresiva disminución de diferencias sociales entre géneros esperaríamos una disminución de las diferencias entre sexos respecto a la conducta antisocial. Ante igualdad de roles y, por tanto, igualdad de oportunidades, las diferencias tenderían a reducirse. Los datos penitenciarios españoles permiten observar una reducción de las distancias a través del tiempo, si bien se observa la posibilidad de que a pesar de una igualdad social siempre se mantengan claras diferencias. En nuestros días contemplamos un claro aumento de la presencia de mujeres en prisión. Este hecho fundamentalmente está relacionado con el consumo de drogas. El comportamiento adictivo ha generado comportamiento antisocial y se puede comprobar como la inmensa mayoría de los delitos cometidos por mujeres son delitos contra la salud pública. 3.2. Inteligencia y conducta antisocial La inteligencia, entendida como predisposición biológica que permite la adaptación correcta al medio ambiente, podría mediatizar el comportamiento agresivo. De hecho existe numerosa investigación sobre el tema. Los datos (oficiales y con autoinformes) generalmente indican una relación negativa entre inteligencia y conducta antisocial. Las explicaciones de dicha relación negativa son mayoritariamente de tipo ambientalista o interaccionista. (a) El éxito académico es considerado como un factor muy relevante que mediatizaría el comportamiento delictivo y (b) Algún trabajo científico a propuesto a la inteligencia como un gran factor protector ante la delincuencia para las personas en situaciones sociales de riesgo. Existen teóricos que cuestionan si la baja inteligencia sería causa o más bien sería efecto. También, a pesar de la relación negativa evidente, no se pueden establecer relaciones causales (Sabemos de la existencia de delincuentes muy inteligentes y sabemos que las personas disminuidas intelectualmente no son las que más se involucran en la delincuencia). Lo que sí parece evidente es que la inteligencia podría tener un importante papel modulador en la delincuencia al favorecer la adaptación social (protector) o modular el tipo de delito (blanco vs negro). 3.3. Personalidad y conducta antisocial El establecer relaciones entre la personalidad y la delincuencia ha sido objeto de interés por parte de numerosos investigadores. Podemos encontrar centenares de trabajos sobre el tema desde las diversas y diferentes teorías de personalidad existentes. Desde la aproximación de tres factores, con metodologías adecuadas, se han establecido asociaciones claras entre las dimensiones Extraversión y Psicoticismo y la conducta antisocial. Algunos rasgos de personalidad, como la impulsividad o la búsqueda de sensaciones, son compartidos por ambas variables. Investigaciones específicas sobre dichos rasgos han puesto de manifiesto su relación positiva con la delincuencia. La investigación sobre el tema desde la aproximación de los Cinco grandes es muy escasa. Se han encontrado relaciones negativas entre la dimensión Amabilidad y delincuencia y positivas entre el rasgo Búsqueda de sensaciones y dicha conducta. Finalmente, recientes investigaciones han encontrado relaciones negativas y positivas respectivamente entre delincuencia y la Susceptibilidad al Castigo y la Susceptibilidad al reforzamiento. Las explicaciones de las relaciones mencionadas hacen referencia a: (1) Mayor dificultad de instauración de conciencia moral. Las personas poco susceptibles al castigo tendrán dificultad para generar conciencia moral y, por tanto, tendrán mayor facilidad para transgredir normas. (2) La conducta antisocial como fuente de estimulación. Dado que la trasgresión implica riesgo y estimulación, aquellas personas que más necesiten la estimulación para funcionar en su vida cotidiana tenderán a involucrarse más en conductas transgresoras. (3) La obtención de recompensa inmediata. Si una persona es muy susceptible a la recompensa y tiene dificultad para contener la impulsividad tendrá mayor facilidad para realizar conducta antinormativa que conlleve gratificación inmediata. Para acabar este apartado, queremos hacer algunas reflexiones de interés: a) Algunas características de personalidad predispondrían hacia la trasgresión de normas mientras que otras fomentarían la conducta prosocial. Las variables relacionadas con la generación de ansiedad (N, SC) se asociarían a la conducta normativa. Por el contrario aquellas dimensiones o rasgos que fomentan la desinhibición de conducta (E, P, SR, Búsqueda de sensaciones) predispondrían a los sujetos a la trasgresión de normas. b) Considerando lo anterior, personas con características extremas de personalidad tendrían mucha facilidad para transgredir normas y para utilizar frecuentemente la agresión como forma predominante en sus relaciones sociales. Los psicópatas se caracterizan por ser muy susceptibles a la recompensa inmediata y muy poco susceptibles a las señales de castigo. c) La personalidad nunca puede ser entendida como un factor causal de delincuencia, simplemente sería un factor importante de predisposición. 4. La delincuencia como conducta multicausal Hemos visto la importancia que tienen los factores ambientales en la delincuencia. Así mismo hemos dado cuenta de la relevancia de los procesos de aprendizaje en dicho comportamiento. Finalmente, acabamos de describir influencia que pueden ejercer las variables psicológicas individuales en el hecho antisocial. Estaríamos en condiciones de hacer un intento explicativo global donde podamos ubicar todos los conocimientos expuestos hasta el momento. La delincuencia solo puede ser explicada a partir de la interacción de muchas variables tanto sociales como individuales. a) Las variables más inmediatas al acto antisocial serían las situacionales. Dichas variables serían las que tendrían mayor poder predictivo. Así mismo, en presencia de dichas variables existirían una serie de fenómenos psicológicos de importancia. La percepción de facilidad o dificultad para realizar una acción antisocial, la valoración cognitiva sobre posibles beneficios o costes que pueda acarrear la acción y la historia de aprendizaje del sujeto pueden determinar que una acción concreta antisocial se realice o no. b) Las variables psicológicas individuales serían próximas de predisposición que mediatizarían los procesos psicológicos comentados. Ante una misma situación personas diferentes pueden tener percepciones distintas de facilidad o dificultad o tomar decisiones cognitivas diferentes. También, las variables individuales mediatizan los procesos de aprendizaje. c) Finalmente, existirían variables lejanas de predisposición que influirían sobre las situacionales, sobre los procesos psicológicos asociados a ellas y sobre las variables individuales de predisposición. Este tipo de variables pueden ser de tipo social o biológico. El bienestar (buena educación, alimentación adecuada, tiempo de ocio, cultura, etc.) aumentaría la inteligencia cristalizada, podría modular la personalidad e influir en la historia de aprendizaje. Así mismo, la genética tiene una intervención importante sobre la inteligencia, la personalidad o el sexo de las personas. 5. Prevención y tratamiento Hasta este momento hemos intentado explicar el comportamiento antisocial, estábamos en el terreno de la ciencia. En el presente apartado pretendemos sugerir ciertas intervenciones de cara a la prevención y al tratamiento de la delincuencia. Pretendemos responder sobre cómo podemos modificar la naturaleza. Entramos en el terreno de la aplicación técnica. De forma rotunda manifestamos nuestro convencimiento de la necesidad de dedicar mayores esfuerzos sociales a tareas preventivas que a las de tratamiento. Adoptamos un planteamiento semejante al de las autoridades sanitarias en referencia a la salud de la población. Existen diferentes tipos de prevención: primaria (intervenir antes de que aparezca el fenómeno), secundaria (una vez aparecido el fenómeno, intervenir lo más rápidamente posible para reducirlo o eliminarlo) y terciaria (intervenir para mitigar en lo posible los efectos nocivos del fenómeno, en realidad esta forma de prevención ya sería tratamiento). 5.1. Prevención primaria Respecto a la prevención primaria tendríamos que considerar aquellos factores que sabemos fomentan la delincuencia para tratar de mitigarlos. Teniendo en cuenta el modelo explicativo global, tendríamos tres niveles diferentes de actuación, de mayor generalidad a mayor especificidad: a) Primer nivel inespecífico para toda la población. Deberíamos aumentar el bienestar de la población eliminando las desigualdades e incidir sobre los tres grandes agentes socializadores: familia (fomentando supervisiones eficaces), escuela (fomentando el éxito académico, gran frenador) y medios de comunicación (fomentando el altruismo en lugar de la agresión). b) Segundo nivel específico para personas en situación de riesgo (Combinación de factores ambientales e individuales). Se tendrían que promover opciones recompensadoras prosociales que impliquen estimulación positiva: Ocio estimulante (deportes arriesgados, tareas creativas, zonas deportivas de riesgo, etc.) y Enseñanza activa. c) Tercer nivel sobre variables situacionales (ecología del delito). Por un lado hemos de intentar reducir las oportunidades (Dificultar la consecución del objetivo [diseño urbano], Retirada del objetivo [tarjetas vs dinero], Retirada de medios materiales [control de herramientas en taller de institución penitenciaria], Devaluación del objetivo [marcas personales en objetos de valor] y Control ambiental [espectáculos deportivos, casco y robo de motos]). Por otro se ha de incrementar el riesgo de detención del posible delincuente, optimizando la presencia policial e implicando a la ciudadanía (dentro de la legalidad). 5. 2. Prevención secundaria Es conocido el tema de la influencia de los ambientes carcelarios en el fomento de las carreras delictivas. Así mismo, sin aceptar la teoría del “labelling”, es conocido los efectos nocivos que han tenido los etiquetajes sobre la conducta que nos ocupa. Es muy importante que la intervención social ante los primeros delitos de las personas reduzca la probabilidad de nuevas emisiones delictivas. Con el objetivo de intentar que ciertas personas que han realizado sus primeros delitos no se involucren en carreras antisociales futuras sería necesario fomentar: (a) Medidas alternativas a la prisión ( Si bien en nuestro país tenemos un sistema penitenciario muy progresista, carecemos de medidas alternativas) y (b) Medidas alternativas prosociales. 5.3 Tratamiento de la conducta antisocial La privación de libertad pretende reinsertar y rehabilitar al delincuente. Si bien dicha tarea no es fácil, intenta dos objetivos: eliminar o reducir conducta antisocial e instaurar comportamiento prosocial. A partir de los conocimientos de que disponemos sobre las ciencias del comportamiento existirían cuatro vías de actuación: (1) Adecuación de la infraestructura y régimen penitenciario a los conocimientos científicos. Se necesitarían centros dignos que permitan el proceso rehabilitador (arquitectura y recursos) y un régimen penitenciario que fomente la conducta adaptativa y elimine la desadaptativa (sistema motivacional). Ellos permitiría un aumento en el bienestar tanto para los internos como para los profesionales y sería una condición necesaria (no suficiente) para la rehabilitación. (2) Oferta de programas de tratamiento para los internos con el objetivo de instaurar competencias psicosociales. Los tratamientos cognitivo-conductuales son los que han tenido mayor éxito. (3) Oferta de alternativa prosocial para los internos. La administración tendría que actuar para favorecer la inserción de los reclusos, preparando su adaptación a la vida exterior a la prisión mediante los permisos y implicando a los recursos sociales comunitarios. (4) Contemplación de las diferencias psicológicas individuales en el tratamiento penitenciario. A pesar de la influencia de las variables individuales en la génesis de la delincuencia, las diferencias individuales no son contempladas en el tratamiento. Diversos estudios ya han puesto de manifiesto que también variables de inteligencia y personalidad están relacionadas con la mejor o peor adaptación al proceso rehabilitador. Así, pues dichas variables tendrían que ser consideradas. Objetivos específicos:
 Al finalizar el curso, el estudiante ha de ser capaz de: 1. Describir las principales aproximaciones explicativas de la delincuencia 
 2. Determinar los procesos de aprendizaje implicados en la NO comisión de delitos 
(instauración de la conciencia moral). 
 3. Describir la relación entre inteligencia y conducta antisocial. 
 4. Señalar la relación entre la personalidad y la delincuencia, destacando las 
variables más relacionadas con la comisión u omisión de delitos. 
 5. Determinar el papel del género de las personas en la conducta antisocial. 
 6. Describir el papel de los factores situacionales o de predisposición (próximos o 
lejanos) en la conducta antisocial. 
 7. Discriminar entre los conceptos de prevención 
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