Propiedades especiales (0)

Apunte Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Derecho - 3º curso
Asignatura Derechos Reales
Año del apunte 0
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Fecha de subida 05/06/2014
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TEMA 13. PROPIEDADES ESPECIALES 13.1 Por razón de la cotitularidad 13.2 Propiedad horizontal 13.3 La medianería 13.4 Propiedad intelectual e industrial 13.1 POR RAZÓN DE COTITULARIDAD El derecho subjetivo puede pertenecer a una sola persona o a varias conjuntamente, que son, pues, cotitulares del mismo. Se trata simplemente de una comunidad en la titularidad. La cotitularidad puede recaer sobre cualquier clase de derechos, sean de crédito (por ejemplo, los coarrendatarios) o reales (por ejemplo, los cousufructuarios). Por consiguiente, si se trata del derecho de propiedad, de forma que la cosa pertenece, no solo a una persona, sino a varias conjuntamente, se dice que está en condominio o copropiedad, y que sus titulares son condueños o copropietarios.
La propiedad de la cosa pertenecer a los condueños de distintas formas, son tres prototipos posibles que han admitido los OJ históricos y vigentes. Cada uno de ellos no tiene necesariamente reglas uniformes aplicables a todos los casos del mismo, pues caben distintas figuras concretas. El CC únicamente regula la copropiedad por cuotas, sin embargo, las otras también son admisibles, y están admitidas en casos particulares tanto como por el Derecho común, como forales, como por la jurisprudencia.
- COPROPIEDADES PRO INDIVISO  PROPIEDAD POR CUOTAS O COPROPIEDAD ROMANA (CONDOMINIUM IURIS ROMANI): Cada uno tiene una parte no concreta sino ideal, alícuota de la cosa. Por ejemplo, la finca X es de A, B y C por terceras partes. De esta manera, cada uno puede operar separadamente de los otros con su derecho al tercero, por ejemplo, venderlo o transmitirlo a sus herederos; salvo que el recaer sobre la misma cosa obliga a obrar en común en una serie de cuestiones no desdoblantes en porciones.
Hay distintas teorías sobre su construcción jurídica. Según unos hay división intelectual de la cosa, que se considera fraccionada en tantas cuotas como copropietarios son. De forma que cada uno tiene un derecho de propiedad pleno y exclusivo, cuyo objeto no es la cosa entera, sino una parte ideal de ésta. Según otros, sobre la cosa íntegra recae un único derecho de propiedad, pero este derecho de halla dividido por cuotas ideales entre los condueños.
Finalmente, otros creen que ni la cosa ni el derecho se dividen intelectualmente en cuotas, sino que cada condueño tiene un derecho íntegro de propiedad sobre la totalidad de la cosa, como si él solo fuera el propietario. La más tradicional es la primera, aunque modernamente alcanzó auge la segunda.
En lo relativo a la cuantía de las cuotas y la presunción de igualdad de las mismas, salvo prueba en contrario, se presume que las cuotas de los copropietarios son iguales. Demostrado que uno o más tienen una cuota determinada, se presume que los restantes participan por igual en el resto. La presunción de igualdad rige solo salvo constancia de que sean desiguales. Las cuotas que sean no sufren alteración por gastos que un condueño haga en la cosa más que otros, ni por mejoras que le introduzca. La cuota debe ser fija, conocida y segura ahora, o bien ignorarse actualmente la que sea, o existir y conocerse una que eventualmente pueda cambiar.
Los poderes de los condueños serán los siguientes:  Uso: cada partícipe podrá servirse de las cosas comunes, siempre que disponga de ellas conforme a su destino y de manera que no perjudique el interés de la comunidad, ni impida a los copartícipes utilizarla según su derecho. Es decir, cada uno cabe usar la cosa entera, cuando no la usan actualmente los demás. Si todos desean usar a la vez y lo hacen, el uso deberá ser proporcional a cada cuota. El uso que corresponde puede cederlo el comunero a otro comunero o a un extraño. Ello sin necesidad del consentimiento de los demás partícipes.
 Disfrute: en cuanto al disfrute, éste es proporcional a las respectivas cuotas. Cabiendo celebrar, como para el uso, pactos para el disfrute. Pactado un uso, que el disfrute de la parte adscrita en uso a cada comunero, sea o no solo para él, es cuestión que depende de lo querido, pues uso y disfrute pueden ir juntos o separados. Salvo otra disposición legal para determinado supuesto, o acuerdo distinto de los interesados para cierto caso, los frutos de la cosa común pasan a ser también copropiedad de los condueños en proporción a sus cuotas, sin que corresponde a cada uno parte concreta de los mismo, por lo que no son enajenables sino por todos los condueños.
 Cargas y gastos: rige el principio de proporcionalidad a las cuotas en lo relativo a soportar las cargas y gastos que la cosa ocasiones. Como para el uso y disfrute, para las cargas y gastos también se pueden establecer pactos una forma y proporción de sufragarlos distintas de las legales. Pacto que frecuentemente se justificará en razón a que un condueño se beneficio más que otro de la cosa común. El pacto no precisará del consentimiento de aquellos condueños a quienes no se cambie la proporción legal en que deban contribuir ellos a las cargas y gastos. Pero para los que resulten afectados, no bastará que se haya adoptado por mayoría, sino que será preciso su consentimiento.
 Administración: la administración se lleva a cabio por el régimen de mayoría de participaciones y no de comuneros. Se establece que para la administración y mejor disfrute de la cosa común, serán obligatorios los acuerdos de la mayoría de los partícipes. No habrá mayoría sino cuando el acuerdo esté tomado por los partícipes que representen la mayor cantidad de los intereses que constituyen el objeto de comunidad.
 Disposición y alteración: así como las cuestiones relativas a la administración de la cosa se deciden según la opinión de la mayoría, para verificar actos que excedan de tal administración o que alteren aquella, se precisa unanimidad. Requiriendo unanimidad los actos de disposición, si la comunidad recae, no sobre una sola cosa, sino sobre varias en conjunto, o globalmente sobre un patrimonio, hace falta unanimidad para disponer de cualquiera de las cosas en su conjunto, o de alguna, o de parte de alguna, de modo que cada condueño por sí solo, únicamente puede disponer de su cuota total en el todo.
 Defensa judicial: en materia de defensa judicial de la copropiedad, viene constantemente entendiendo la jurisprudencia que cualquiera de los condueños puede comparecer en juicio y ejercitar las oportunas acciones y reclamaciones para su protección, no solo de su cuota, sino en beneficio común, del derecho íntegro sobre la cosa. De forma que la ST favorable aproveche a todos, y la adversa no perjudique sino al actuante.
En cuanto a los poderes de los condueños en relación a su cuota, el art. 399 del CC establece que todo condueño tendrá la plena propiedad de su parte, y la de los frutos y utilidades que le correspondan, pudiendo en su consecuencia enajenarla, cederla e hipotecarla, y aun sustituir otro en su aprovechamiento, salvo que se tratase de derechos personales. En cuanto a los poderes de cada condueño con relación a las cuotas de los demás, tiene cada uno el de retracto para el supuesto de que aquellas o alguna de ellas se enajenen a un no copropietario.
En lo relativo a la extinción de la copropiedad, ésta acaba por cualquiera de las causas de extinción de la propiedad – por ejemplo, destrucción de la cosa- y además, por reunión de todas las cuotas en una sola mano, o por división de la cosa común.
En lo relativo a la DIVISIÓN, ésta se constituye como un acto de disposición. Puede ser pedida por cualquier copropietario. Basta que uno la solicita para que deba realizarse. Todo copropietario puede pedirla, pero solo puede hacerlo él. La división ha de pedirse frente a los demás copropietarios, actuales o eventuales. Cuando se habla de que puede pedirla todo copropietario, se sobreentiende que siempre que, como ocurre como regla general, tenga facultad para disponer de la cosa. El derecho a pedir la división es el gran remedio que cualquier condueño tiene cuando las cosas no van en la comunidad como él desea o cuando su criterio es vencido, si no es precisa unanimidad, por el acuerdo de la mayoría. De ese modo, también se consigue frenar que una mayoría que desea seguir en comunidad se imponga a la minoría. La acción – actio communi dividundo- es imprescriptible.
La facultad de pedir la división es irrenunciable, pero la división puede encontrarse excluida por un plazo no superior a 10 años por pacto o por un acto unilateral.
Se produce una división material si la cosa es divisible, procede su división material, adjudicando sus partes a los condueños en la forma en que se acuerdo. Pero es preciso que haya un acuerdo unánime. Pues de no haberlo, procede la división judicialmente. Se producirá una división económica si la cosa es indivisible, es decir, no se puede exigir la división material o división propiamente dicha. Pero cabe la división económica, consistente en que la cosa se adjudique a uno, indemnizando a los demás, si todos los condueños están conformes, o bien que se venda y se reparta su precio, si algún condueño no está de acuerdo.
ACTIO COMMUNI DIVIDUNDO  acción perpetua del CC, no se puede permanecer en la indivisión si uno de los copropietarios quiere dividir – salvo que se haya pactado por las partes el pacto de no división, que no puede ser superior a 10 años-. Si no se puede dividir, ésta supondrá la venta. Esta acción muchas veces acompaña a la acción de solicitud de separación o divorcio, ya que se divide lo común. Es una acción que venía regulada en el C. de familia, la oportunidad que tenía quien solicitaba la acción de separación, en solicitarla adjuntamente la de división de la cosa común. Esta posibilidad fue recurrida por inconstitucional y fue declarada así. El CC dice exactamente lo mismo que dijo lo dl C. de familia; EL CC LO PERMITE, POR LO TANTO, AHORA NO ES INCONSTITUCIONAL. La propiedad también se puede y debe dividir. Todo régimen de cotitularidad, cada sujeto puede vender su parte. También existe el retracto legal de comuneros, que supone que, a pesar de que no se haya estipulado retracto paccionado, cualquier cotitular tiene derecho de retrotraer.
Finalmente, la división podrá hacerse bien de común acuerdo por los interesados, y en este caso la división se podrá realizar como les plazca; bien por árbitros o amigables componedores nombrados a voluntad de los partícipes; bien judicialmente, en defecto de las formas anteriores.
Los gastos que la división ocasione, en primer término, se sufragan según lo que los interesados hubiesen pactado por acuerdo unánime. A falta de pacto, son de cargo, no solo del que la pide, sino de todos los partícipes, en proporción a sus cuotas, si no se hizo judicialmente. En cuanto a los de la judicial, según lo que sobre gastos y costas se determine.
 PROPIEDAD EN MANO COMÚN O COLECTIVA O COPROPIEDAD GERMÁNICA (CONDOMINUM IURIS GERMANICI): La cosa es íntegramente de todos. Les pertenece colectivamente, a cada uno conjuntamente con los demás, como grupo, que, sin embargo, no constituye una PJ distinta de sus componentes. De forma que no hay fijación de una cuota de participación para cada uno.
Aunque evidentemente cuando todos concurren, esta concurrencia limita la utilidad que singularmente puede la cosa proporcionar a cada uno.
- COPROPIEDAD PRO DIVISO  PROPIEDAD DIVIDIDA: El poder pleno que la propiedad es corresponde a varios, que entre todos, tienen un conjunto de facultades que el poder encierra. Pero estas facultades están repartidas entre los condueños, no homogéneamente, sino correspondiendo a cada uno de ellos unas diferentes. Por ejemplo, A tiene la de cultivar la tierra y aprovechar los pastos, B la de obtener los frutos del arbolado, C hacer suya la leña y madera de tales. Ahora bien, todo ello de tal forma que no se pueda decir que la cosa es de uno, y los demás tienen derechos reales en cosa ajena, sino que es de todos, cada uno en su aspecto.
El poder pleno sobre la cosa puede pertenecer a varios, de forma que cada uno tenga parte del mismo, es decir, ciertas facultades, y entre todos completen el señorío total. Pero de tal modo que no quepa decir que es de uno, y que los otros solo tienen derechos reales de cosa ajena.
La figura es denominada propiedad dividida. En el sentido de que el poder que el dominio encierra no se atribuye a diversos dueños en fracciones cualitativamente iguales o partes alícuotas, sino en el de que su contenido se separa en distintas facultades – se divide-, concediéndose parte a una persona y parte a otra. Por eso, también, así como en aquel caso se habla de copropiedad pro indiviso – entre los diversos condueños-, en este caso se calificaría de una figura de copropiedad pro diviso.
La copropiedad puede haber sido establecida por voluntad de los interesados, entonces estaríamos ante una copropiedad voluntaria – por ejemplo, A, B y C compran a D entre los tres la finca X-, o sin ésta voluntad, en cuyo caso se denomina copropiedad incidental (communio incidens) – por ejemplo, A B y C heredan la finca de D, que la deja para los tres-.
La regulación de la copropiedad, cualquiera que sea, se rige:  En primer lugar, por lo establecido por los interesados. En principio, existe libertad para estatuir la reglamentación que se quiera, dentro de los límites generales de la autonomía de la voluntad  En segundo lugar, y a falta de lo anterior, por las disposiciones especiales aplicable a la figura singular que sea.
 En tercer lugar, a falta de regulación del negocio jurídico y de disposiciones especiales que le sean aplicables, se regirá la comunidad por las prescripciones del Título III del Libro II del CC, para el Derecho común.
*Entre copropiedad y sociedad puede haber diferencias accidentales. Así, la sociedad, como entidad, procede de un contrato, y la copropiedad puede originarse sin él (copropiedad incidental).
O que la sociedad tenga PJ, y la copropiedad no la tiene 13.2 PROPIEDAD HORIZONTAL La PH o la propiedad de casas por pisos o complejos inmobiliarios privados. Así como un edificio puede pertenecer entero en propiedad a una persona, cabe también que el dominio de sus diferentes pisos que gocen de independencia por tener salida directa a la vía pública o al elemento común practicable del edificio, corresponde a varias personas que, entonces, tienen, por un lado, la propiedad exclusiva de los mismos y, por el otro, son copropietarios de los elementos comunes – por ejemplo, solar, las escaleras, entre otros-. Esta institución recibe el nombre de PH por no extenderse hacia arriba, englobando el edificio, en una propiedad conjunta con la del suelo, sino haber diversas propiedades horizontales superpuestas unas a otras. También se denomina “propiedad de pisos o locales” o “casas de pisos”.
Respecto a la naturaleza jurídica, se trata, no de una copropiedad total, sino de una figura en la que, junto a la propiedad exclusiva – de los pisos- existe la copropiedad – de los elementos comunes-. Es una propiedad indivisible, a diferencia de la copropiedad normal. Incluso soporta ciertos límites o gravámenes (en beneficio de los otros pisos o de los elementos comunes), pero ello no da una naturaleza excepcional a la figura, ya que, en esencia, no se trata ni más ni menos que de la que por razón de la cosa imponen unas relaciones de vecindad más estrechas que las corrientes.
Esta forma de propiedad se rige: en primer término, por la voluntad de los interesados, en cuanto la ley lo permita; en segundo término, por sus disposiciones especiales – el art. 396 CC-; en tercer término, por las reglas de la copropiedad y; en cuarto y última instancia, por las fuentes jurídicas supletorias.
Respecto a la constitución, se constituye este tipo de propiedad de cualquier forma en que sea posible que los pisos de un edificio lleguen a pertenecer a distintos dueños o a uno mismo como cosas diferentes. Aunque teóricamente no cabe destacar, en principio, cualquier forma de constitución aplicable al derecho de propiedad, en la práctica, aquélla suele tener lugar documentalmente. Ésta hipótesis la contempla el art. 5 LPH, exigiendo que en el título constitutivo consten una serie de circunstancias (descripción del BI y pisos, determinación de la cuota correspondiente en relación al edificio entero, entre otros). La Ley actualmente, en vez de la expresión título constitutivo utiliza conceptos como escritura de división horizontal o escritura de constitución de la propiedad horizontal.
En lo relativo a la extinción, aparte de por la aplicación de las reglas generales de extinción de la propiedad, se extingue la propiedad de casas por pisos, según el art. 23 de la LPH: - Por la destrucción del edificio, salvo pacto en contrario. Se estimará producida la destrucción cuando el coste de la reconstrucción exceda del 50% del valor de la finca al tiempo de ocurrir el siniestro, a menos que el exceso de dicho coste quede cubierto por un seguro - Por conversión en propiedad o copropiedad ordinarias. Como si uno adquiere todos los pisos o forma una sola finca con ellos, o si se forma tal finca pasando a ser copropietarios por cuotas los antiguos dueños de los pisos PARTES PRIVATIVAS Y ELEMENTOS COMUNES  presupuesto que los pisos son propiedad exclusiva de los dueños, y que propiedad de todos ellos – copropiedad- son los elementos comunes, cabe destacar que el art. 396 CC amplia la relación de los elementos comunes del edificio que son todos los necesarios para su adecuado uso y disfrute: - Suelo, vuelo, cimentaciones y cubiertas - Elementos estructurales y entre ellos los pilares, vigas, forjados y muros de carga - Las fachadas, con los revestimientos exteriores de terrazas, balcones y ventanas - El portal, escaleras, porterías, corredores, pasos, muros, fosos, patios, pozos y recintos destinados a ascensores, contadores, telefonías - Instalaciones de agua caliente, calefacción, aire acondicionado, ventilación y evacuación de humos, prevención de incendios y otras de seguridad del edificio - Antenas colectivas e instalaciones para servicios audiovisuales o telecomunicaciones - Servidumbres y otros elementos materiales o jurídicos que por su naturaleza o destino resulten indivisibles La ley no contiene una enumeración exhaustiva de los elementos comunes, establece en principio que tal carácter, salvo pacto en contrario, alcanza a los que enumera pero los interesados pueden: - Bien agregar por su voluntad aun otros nuevos - Bien suprimir alguno/s de los elementos comunes que la ley señala, siempre que no sean imprescindibles para el uso de los pisos Tales elementos comunes objeto de copropiedad son de los dueños de los pisos. Pero esta copropiedad presenta características especiales al no ser ni divisible ella en sí, ni separable de la propiedad de aquellos.
En la hipótesis de elementos comunes aunque sean prescindibles o también pueden considerarse aplicables las reglas de la indivisibilidad de los mismos e inseparabilidad de los pisos, mientras no se les prive del carácter de tales elementos puestos en común al servicio del inmueble. Pero bastará quitarles ese carácter por acuerdo unánime de los condueños – pues la unanimidad es precisa para los acuerdos que impliquen modificación de las reglas contenidas en el título constitutivo de la propiedad o los estatutos- para que entonces puedan dividirse o separarse.
En lo relativo a las cuotas de participación, a cada piso corresponde una parte del valor total del inmueble. A tenor de ella, se debería repartir las percepciones y los gastos que se consideren provocados globalmente por el inmueble entero. Excepto los procedentes de uso de los elementos comunes, que deberían repartirse según el gasto que ocasione la utilización que de ellos se haga por cada uno. Ello supondría fijar dos cuotas a cada piso: una por su valor con relación al todo; otra por el uso de los elementos comunes. Los interesados pueden fijar ambas cuotas. Pero la ley establece la fijación solo de una, para la que se deben tener en cuenta conjuntamente todos los datos que habrían servido para determinar las dos cuotas. Se determina que para su fijación se tomará en base la superficie útil de cada piso o local en relación total con el BI, su emplazamiento interior o exterior, su situación y el uso que se presuma racionalmente que va a efectuarse de los servicios o elementos comunes. La cuota fijada puede modificarse por acuerdo unánime, laudo o resolución judicial.
Cada dueño tiene la propiedad exclusiva de su piso, y, en principio, la regla es que le corresponden todas las facultades y obligaciones que la ley, en general, impone al propietario. Ahora bien, la LPH impone algunas especialidades y límites al poder del dueño que no establecen para la propiedad ordinaria, estos son: - Indisponibilidad por separado de su piso y de su copropiedad sobre los elementos comunes - No introducir por su sola voluntad modificaciones que afecten al inmueble como conjunto, pues para ello se requiere el consentimiento de los demás propietarios - No desarrollar en él actividades no permitidas en los estatutos o que puedan en algún modo dañar a los otros - Mantenerlo en estado que no perjudique al resto de propietarios, permitiendo la entrada en él y la realización de obras y reparaciones cuando sean requeridas por el interés general o los servicios comunes del inmueble Las cosas comunes se pueden usar, por cada condueño, no en la cuantía de su cuota, sino hasta sirviéndose de ellas totalmente, siempre que lo haga conforme a su destino, sin perjudicar el interés de la comunidad, ni impedir el uso de los demás partícipes. Son obligaciones de cada propietario: - Respetar las instalaciones generales de la comunidad y demás elementos comunes, ya sean de uso general o privativo de cualquiera de los propietarios, haciendo un uso adecuado de los mismos y evitando que se causen daños o desperfectos - Observar la diligencia debida en el uso del inmueble y en sus relaciones con los demás titulares y responder ante estos de las infracciones cometidas y los daños causados - En el resto del BI no podrá realizar alteración alguna y si advirtiese la necesidad de reparaciones urgentes deberá comunicarlo sin dilación al administrador En lo relativo a los gastos, los privativos de cada piso son a cargo de su dueño, mientras que los generales y los de las cosas comunes se satisfarán a tenor de lo establecido en el título constitutivo o a lo especialmente acordado por unanimidad para el caso y, en defecto de ambas cosas, a tenor de la cuota señalada para cada piso.
13.3 LA MEDIANERÍA La medianería, que consiste en una cierta comunidad de los dueños de precios contiguos sobre los elementos (muros, cercas, setos, entre otros), medianeros de aquellos, es calificada en el CC de servidumbre legal-de la servidumbre de medianería-.Pero verdaderamente ni es una servidumbre ni un caso de copropiedad, ya que a cada dueño corresponde la propiedad exclusiva de parte determinada del elemento medianero. Lo que realmente ocurre es que la propiedad de la parte de cada uno está sometida a determinadas restricciones en interés del otro; o sea que existen ciertas reglas especiales para utilizar cada uno la parte propia y la ajena. Situación que origina una especie de comunidad de utilización, que cabe dentro del marco de las relaciones de vecindad.
Los elementos divisorios o limitadores entre dos propiedades pueden pertenecer exclusivamente a una de ellas. Por ejemplo, de un muro que separa la finca X de la finca Z, pero ha sido levantado exclusivamente por el dueño de la finca Z, y dentro de su terreno, de forma que la finca X llega solo hasta el pie del mismo. Entonces no hay medianería, y los elementos divisorios de que se trate pueden ser usados solo por su dueño y están a cargo solo de él.
La medianería se da cuando el elemento – seto, muro, zanja- de que se trate se halla, no a un lado, sino sobre la línea divisoria de las propiedades, de forma que queda parte a un lado y parte al otro. Entonces, en principio, es de cada una la parte que esté a su lado, pero con ciertos derechos y deberes de ambos vecinos respecto del todo.
Que el elemento de que se trata sea o no medianero puede probarse de cualquier forma; pero, en tanto no se demuestre lo contrario, existe una presunción legal al respecto, y el CC estima que no hay medianería, cuando concurren ciertos signos exteriores contrarios a ésta servidumbre de medianería.
A falta de estos signos, habrá medianería, pues se presume la servidumbre de medianería mientras no haya un título, o signo exterior o prueba en contrario en las paredes divisorias.
En lo relativo a la constitución, la medianería pudo nacer por haberse construido el elemento divisorio a costa y sobre el terreno de ambos propietarios, o porque uno a su costa los construyó par los dos, o porque, después, adquiere parte en el mismo, gratuita u onerosamente, el vecino que no la tenía, o por usucapión. Lo que el CC no acoge como regla general es ni la posibilidad de que el colindante tenga derecho a adquirir medianería sobre el elemento divisorio que inicialmente es de otro vecino; ni la posibilidad de que el colindante tenga derecho a que donde no lo haya se construya como medianero el elemento divisorio que se trate. PERO, como la medianería cabe que se rija por Ordenanzas y usos locales, si en ellos se establece la facultad de adquirirla, puede imponerse a petición del interesado.
En lo relativo a la regulación, la medianería en el Derecho común se regirá por las disposiciones del CC relativas al título de servidumbres, y por las Ordenanzas y usos locales, en cuando no se opongan a él, o no esté prevenido en el mismo; y en el Derecho foral, por los preceptos que el Derecho de la región contenga para el caso.
En lo relativo a derechos y deberes de los medianeros, el CC establece los siguientes: - Usar cada uno de la cosa medianera en proporción al derecho que tenga en la comunidad - Poder alzar cada uno una pared medianera, en todo su espesor o, si se prefiere, solo en la mitad que corresponde al lado que la alza, haciéndolo a sus expensas e indemnizando los perjuicios que se ocasionen con la obra, aunque estos sean temporales - Poder adquirir el otro la medianería de la parte aumentada - Tener que contribuir, cada uno en proporción a su derechos, a los gastos que la medianería ocasione - No poder abrir ningún medianero, sin consentimiento del otro, ventana ni hueco alguno en la pared medianera El CCAT establece que los gastos ocasionados por la casa en medianería son a cargo de cada medianero según lo pactado, o de proporción al uso que haga de ella.
En lo relativo a la extinción, el CC solo se refiere en particular a la extinción de la medianería por renuncia de un medianero a su parte. Es decir, el renunciante queda exento de los deberes que procedían de la medianería, a menos que la pared medianera sostenga un edificio suyo. Y si, renunciando, lo derriba, serán, sin embargo, de su cuenta todas las reparaciones y obras necesarias para evitar, por aquella vez solamente, los daños que el derribo pueda ocasionar en la pared medianera.
13.4 PROPIEDAD INTELECTUAL E INDUSTRIAL Se trata de propiedad intelectual – integrada por los derechos de autor- el poder o conjunto de facultades que la ley concede al autor de una obra científica, artística o literaria por el solo hecho de su creación. De forma que ésta queda sometida al señorío directo y exclusivo de aquél. Estas obras no precisan de novedad ni altura creativa, sino que únicamente se exige el requisito de originalidad – ya que también son aceptadas “artes menores”-. Se constituyen tanto de derechos personales como patrimoniales, juntamente con derechos morales – irrenunciables e instransmisibles- entre los cuales se destaca el derecho al inédito, al reconocimiento como autor, a retirar la obra del tráfico, entre otros; y los derechos de explotación, que son independientes entre sí y, por ello, se pueden transmitir juntos o separadamente, y son los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación. Los derechos autor durarán toda la vida del autor más 70 años después de la muerte de éste, contados des del 1 de enero del año siguiente a su muerte o declaración de fallecimiento. Cabe destacar que la inscripción no se constituye como presupuesto necesario para el reconocimiento del derecho, ni condiciona su protección.
Se trata de propiedad industrial – signos distintivos [marcas, rótulos de establecimiento, nombres comerciales] y patentes de invención o modelos de utilidad- el derecho de exclusiva que se otorga al titular. En cuanto a las patentes, su fundamento es impulsar el progreso tecnológico y la competencia. Para que una invención sea patentable se exigen una serie de requisitos objetivos y que, en definitiva, sea nueva, ejecutable, susceptible de aplicación industrial y conlleve actividad inventiva. La duración del derecho exclusivo del titular de la patenta tendrá una duración de 20 años. Junto a las patentes se encuentran los modelos de utilidad, que tratan de proteger invenciones menores, y la duración de estos será menor, de 10 años. Junto a las patentes se encuentran las marcas, las cuales incluyen aquellos símbolos susceptibles de representación gráfica y capaz de distinguir productos y servicios similares. Precisan de unos requisitos absolutos y requisitos relativos – estos últimos en caso de violación de un derecho anterior-. La adquisición del derecho exclusivo se rige por un sistema de adquisición por el registro, no por el uso, el cual aporta seguridad jurídica. La excepción a esto son las marcas notorias y renombradas.
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