Tema 5 3/3 (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 2º curso
Asignatura Teories Criminológiques II
Año del apunte 2016
Páginas 5
Fecha de subida 27/03/2016
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Enfermedad mental y violencia La influencia del alcohol en exacerbar la violencia en los sujetos aquejados de psicosis está sólidamente demostrada. El alcohol y las drogas afectarían a los sujetos psicóticos agudizando su violencia. Sin embargo, tenemos que preguntarnos si los psicóticos, debido a su enfermedad, están ya predispuestos a ser más violentos.
Los síntomas de la psicosis reflejan profundas perturbaciones en el pensamiento y la conducta. Con respecto al pensamiento, los síntomas incluyen delirios y la comunicación alterada. Las perturbaciones del pensamiento incluyen alucinaciones, desrrealización y despersonalización. Por su parte, los trastornos de la conducta agrupan síntomas como perturbaciones en el nivel de actividad, su organización y propósito.
Silver concluía lo siguiente: “Aunque la mayor parte de los enfermos mentales no cometen actos de violencia, sí que tienen una mayor probabilidad de llevarla a cabo en comparación con las personas que no presentan una enfermedad mental”.
John Monahan explicó que hasta comienzo de la década de los noventa la investigación sobre esta cuestión se realizaba exclusivamente con sujetos institucionalizados, pero que con posterioridad los estudios se llevaron a cabo en el seno de la población en general, lo que permitió tener una idea más exacta del fenómeno. Existe una relación significativa entre la enfermedad mental y la violencia, pero que en términos absolutos se trata de una relación modesta.
Existen tres hipótesis acerca de por qué la psicosis y la violencia podrían estar relacionadas: 1. La psicosis es una causa de la violencia. Aquí los síntomas de la psicosis podrían generar un motivo para el acto criminal, o bien interferir con la capacidad el individuo para manejar un conflicto interpersonal. Esta hipótesis requiere demostrar que la psicosis precede a la violencia en el tiempo.
2. La psicosis es una consecuencia de la violencia. Quizás el estrés derivado de cometer un acto de violencia puede provocar la aparición de la enfermedad mental en individuos que están predispuestos a ella.
3. La psicosis es un correlato de la violencia. En esta explicación la asociación entre ambos fenómenos es solo de naturaleza estadística, no causal, y por ello ambos se relacionan con una tercera variable, que es en realidad la que tiene ese efecto causal de provocar actos de violencia.
Si la psicosis es causa de la violencia, hay tres mecanismos o estrategias por los que tal efecto podría aparecer: - - Mediante la acción de focalización, organizando la toma de decisiones y la conducta, proporcionando al sujeto un motivo para la violencia. “El principio de la racionalidad dentro de la irracionalidad”.
Ciertas psicosis pueden desestabilizar la toma de decisiones y los comportamientos, interfiriendo con la habilidad del sujeto de manejar los conflictos interpersonales. Baxter ha planteado la hipótesis de que este tipo de psicosis puede llevar a delitos “desorganizados” e impulsivos.
Mediante la acción de desinhibición: mientras que los síntomas positivos motivan la conducta violenta y los síntomas de desorganización desestabilizan la conducta, los síntomas negativos interfieren con la conducta orientada a la meta. Además, estos síntomas negativos pueden facilitar la depresión y los deseos de suicidarse, lo que puede poner en peligro la vida de otros si ese suicidio se amplía e incluye a los seres queridos.
Los resultados de Douglas, Guy y Hart mostraron que la psicosis y la violencia son dos fenómenos asociados, aunque con un pequeño tamaño del efecto que varía considerablemente a través de los diversos estudios en función de ciertas características de éstos, así como de características de la propia psicosis y de la conducta violenta. En conclusión, la psicosis antecede a la violencia, la provoca, pero en un grado pequeño aunque significativo.
Hay determinadas variables que ejercen una función moderadora notable en esa relación. Los resultados más interesantes en este punto fueron los siguientes: 1. La relación entre la psicosis y la violencia fue estadísticamente significativa cuando la primera fue medida mediante el diagnostico de esquizofrenia o cuando se evaluó mediante los síntomas que presentaba.
2. Los síntomas positivos mostraron la mayor relación con la violencia, pero no los negativos. Los síntomas de desorganización se relacionaron en segundo lugar.
3. Entre los síntomas positivos, los que mejor predijeron violencia fueron las alucinaciones y los delirios en los que el sujeto se siente perseguido o amenazado de algún modo.
4. La capacidad predictiva de la psicosis resultaba mayor cuanto más cerca en el tiempo se estudiaba al individuo con respecto a la realización del acto violento, sobre todo si tanto el diagnostico de psicosis como la clasificación de los síntomas ocurrían poco antes de que se registrara la conducta violenta.
En conclusión, los sujetos con esquizofrenia y con síntomas positivos son más violentos que otros pacientes o gente que no presente otros factores de riesgo para la violencia significativos. La psicosis puede elevar el riesgo de que una persona cometa actos violentos, pero nunca debe ser el único factor a determinar para establecer el riesgo de violencia de una persona.
Los trastornos de personalidad que cursan con conductas violentas y/o desadaptadas son el trastorno explosivo intermitente, consumo de alcohol y otras sustancias, el trastorno paranoide, el trastorno antisocial de la personalidad y el trastorno límite de la personalidad.
Un caso peculiar de delincuencia violenta: la psicopatía En los estudios criminológicos aparecen reflejados determinados delincuentes que disponen de una gran capacidad de agresión, tanto en un sentido físico como en el trato personal, que se torna hostil y manipulador.
El delincuente psicópata Pinel propone el término “manía sin delirio” para describir a individuos que se oponen a las normas, caracterizados por falta de remordimientos. Rush introduce una dimensión moral a los postulados de Pinel.
Describe a los sujetos poseedores de una “depravación moral innata”.
Prichard definió el concepto de “locura moral” de la siguiente manera: “los principios activos y morales de la mente se han depravado o pervertido en gran medida; el poder de autogobierno se ha perdido o ha resultado muy dañado, y el individuo es incapaz de comportarse con decencia y propiedad en la vida”.
Patridge empleó la expresión personalidad sociopática para designar, precisamente, la incapacidad o falta de voluntad de estos sujetos oara sujetarse a las leyes de la sociedad. Kraepelin propuso el término que hoy utilizamos de “personalidad psicopática”.
Los rasgos que describió Cleckley, origen de la obra de Hare, son los siguientes: 1. Inexistencia de alucinaciones o de otras manifestaciones de pensamiento irracional.
2. Ausencia de nerviosismo o de manifestaciones neuróticas.
3. Encanto externo y notable inteligencia.
4. Egocentrismo patológico e incapacidad de amar.
5. Gran pobreza de reacciones afectivas básicas.
6. Sexualidad impersonal, trivial y poco integrada.
7. Falta de sentimientos de culpa y vergüenza.
8. Indigno de confianza.
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Mentiras e insinceridad.
Pérdida específica de intuición.
Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.
Conducta antisocial sin aparente remordimiento.
Amenazas de suicidio raramente cumplidas.
Razonamiento insuficiente o falta de capacidad para aprender de la experiencia vivida.
15. Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales.
16. Comportamiento fantástico y abuso de alcohol.
Robert Hare crea el Pshychopathy Checklist Revised (PCL-R), una escala de estimación de 20 ítems, que deviene el instrumento más empleado en el mundo en la valoración de la psicopatía. Esta prueba consta de dos factores. El factor I se corresponde con las dimensiones de personalidad estudiadas por Cleckey, mientras que el factor II abarca los aspectos relacionados con la impulsividad y la conducta antisocial.
El factor I se compone de la faceta afectiva y la interpersonal, mientras que el factor II incluye las facetas impulsividad y conducta antisocial. Hare insiste en que existe un síndrome aglutinador de todas ellas, y ese es el síndrome o la personalidad psicopática.
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Factor I: Personalidad Locuacidad / Encanto superficial.
Grandioso sentido de autovalía.
Mentira patológica.
Manipulador.
Falta de remordimiento / culpa.
Afecto superficial.
Crueldad / Falta de empatía.
No acepta la responsabilidad de sus actos.
Factor II: Desviación social 3. Necesidad de estimulación.
9. Estilo de vida parásito.
10. Escaso autocontrol.
12. Precocidad en mala conducta.
13. Sin metas realistas.
14. Impulsividad.
15. Irresponsabilidad.
18. Delincuencia juvenil.
19. Revocación de la libertad condicional.
Ítemes adicionales, que no pertenecen a los factores 11. Conducta sexual promiscua.
17. Muchas relaciones maritales breves.
20. Versatilidad delictiva.
Investigaciones recientes nos muestran diferencias estructurales en los cerebros de los psicópatas: Hipocampo (memoria de sucesos), amígdala (procesador del miedo), córtex prefrontal ventromedial (informa de los sucesos y dota de emoción), orbito frontal (lleva a cabo las decisiones) y cingulado anterior (ayuda a escoger opciones complejas).
Los dominios del psicópata En la actualidad existe una investigación amplia y sólida que confirma la personalidad psicopática como un predictor significativo de violencia y la delincuencia graves.
¿Es lo mismo el trastorno antisocial de la personalidad que la psicopatía, o que la sociopatía? Hart y Cook afirman que tales términos no son sino diferentes formas de referirse a lo mismo, “el resultado de confundir lo que está siendo medido con el modo de llevar a cabo esa medición”.
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Cook et al. explicaron el constructo y sus características patológicas con la creación de un mapa conceptual. De acuerdo a dicho mapa, la personalidad psicopática comprende seis ámbitos o dominios de síntomas; El ámbito del apego: refleja los vínculos del sujeto en sus relaciones interpersonales (desapego, no comprometido, desatento y con falta de empatía por los otros.
El ámbito del comportamiento: se refiere a la organización de actividades orientadas a una meta (falta de perseverancia, temeridad, poco fiable, inquieto y agresivo).
El ámbito cognitivo: refiere la organización de las actividades mentales (intolerancia, suspicacia, inflexibilidad y falta de planificación).
El ámbito de la dominación: refleja el estatus en las relaciones personales (antagonismo, dominador, arrogancia, falsedad, manipulación y deshonestidad).
El ámbito de las emociones: muestra la experiencia y expresión de los afectos (falta de ansiedad, de sentimiento de culpa, de sentimiento de placer, de profundidad emocional y ausencia de estabilidad emocional).
El ámbito del autodominio: refleja la organización del autoconcepto y las relaciones de uno mismo con los demás (egocentrismo, justifica sus acciones, sentimiento de grandiosidad y de sentirse invulnerable, especial, único y con privilegios a hacer cosas que otros no tienen).
Los síntomas de la psicopatía, en general, se ha observado que tienen una aparición espontánea en algún momento entre la infancia (6–11 años) y la adolescencia tardía o primera edad adulta (16–20 años).
Existe una relación entre el uso de criterios más estrictos para evaluar la psicopatía y el hallazgo de resultados más sólidos con respecto a la etiología de los síntomas.
Psicópatas: ¿agresores únicos? ¿Son los psicópatas delincuentes cualitativamente diferentes del resto? Su conducta asusta porque es muchas veces inexplicable, sin beneficio aparente; desconcertante porque ofende las convenciones más básicas de la relación interpersonal La víctima no existe como persona, es un mero objeto. En este sentido es en el que los psicópatas difieren de los delincuentes comunes.
El psicópata no puede acceder al mundo de los actos morales, de lo justo e injusto, sencillamente, porque no tiene el bagaje cognitivo y emocional para hacerlo. Por ello, no precisa emplear distorsiones o racionalizaciones para justificar los delitos; si las emplea es para mejorar su imagen ante los demás, no porque las necesite para proteger su autoestima.
Psicopatía y violencia contra uno mismo y contra los otros Entre los pacientes psiquiátricos se ha observado una tasa elevada tanto de violencia dirigida hacia uno mismo como de violencia hacia otras personas, de tal modo que sugiere la existencia de unos fundamentos comunes que podrían estar detrás de ambos tipos de comportamiento violento. ¿Cómo se relaciona la psicopatía con esas formas de violencia en pacientes psiquiátricos? Cuando nos referimos a la violencia contra uno mismo hemos de tener en cuenta los dos factores que componen la psicopatía, porque el factor I no guarda relación o ésta es inversa con aquélla, mientras que el factor II, y en particular la faceta antisocial, sí que predice el intento de suicidio en pacientes internados en psiquiátricos.
Swogger et al. estudiaron el papel que la psicopatía desempeñaba en la predicción de ambas formas de violencia, y para ello emplearon datos de la investigación derivados del Estudio MacArthur de Evaluación del Riesgo.
Los resultados mostraron que las facetas interpersonal y antisocial de la PCL-R predijeron tanto a los sujetos que manifestaron una violencia dirigida a los otros como aquellos que realizaron ambos tipos de violencia; sin embargo ninguna faceta de la psicopatía predijo la violencia de aquellos sujetos que únicamente cometieron autolesiones e intentos de suicidio, y no ejercieron violencia interpersonal.
Estos resultados son importantes porque nos permiten avanzar en la comprensión de la tipología reactiva / emocional versus proactiva / instrumental. La primera es espontánea, dirigida a satisfacer una reacción difícil de controlar impulsada por la ira, mientras que la segunda es más premeditada, y su uso es un instrumento para conseguir una meta subsidiaria. Aunque los estudios no arrojan todavía resultados definitivos, hay una clara tendencia en el sentido de que la faceta impulsividad y antisocial se relacionen con la violencia expresiva, mientras que particularmente la faceta interpersonal predeciría la violencia instrumental.
Psicópatas primarios y secundarios Existe un crecente sector de la investigación que apoya la disgregación de la psicopatía en dos variedades, compuestas por el psicópata primario y secundario.
Esta división se debe a Karpman que propuso que el psicópata secundario era el producto de un conflicto emocional no resuelto que ha derivado en una gran hostilidad, como resultado de haber sido expuesto el sujeto a un estilo de crianza deficiente. Esta hostilidad perturba el funcionamiento de una conciencia que en realidad está bien construida, y dota al sujeto de una “fachada psicopática”. En contraste, el psicópata primario deriva de un déficit constitucional, con la falta de conciencia como su elemento más distintivo. Este respondería sobre todo a factores genéticos, mientras que el secundario obedecería sobre todo a una etiología psicosocial.
El rasgo de la ansiedad también podría ser una marca distintiva del psicópata secundario; este, a diferencia del primario, sería un delincuente ansioso y socialmente introvertido, mientras que el psicópata primario presentaría una ansiedad baja y una clara dominación social.
Podría aventurarse que los psicópatas secundarios, más impulsivos y emocionalmente perturbados, podrían ser más agresivos y violentos que los primarios. A pesar de que hay cierto apoyo para esto, en el sentido de que los psicópatas primarios exhibirían una mayor violencia instrumental (no emocional) y los secundarios una mayor violencia reactiva o emocional, todavía la investigación no ha sido concluyente.
La tríada oscura Hay personas que, aun siendo del todo responsable ante la justicia, tienen personalidades distintivas o especiales, entendiendo por esto que en su forma de interpretar la vida y de comportarse presentan unos rasgos diferentes, que la mayoría de gente no muestra, al menos con esa intensidad.
Los psicópatas criminales son los que exhiben los rasgos comentados con mayor frecuencia e intensidad, pero por otra parte existen los llamados psicópatas integrados, mucho más numerosos, porque no cometen crímenes o son capaces de ocultarlos con mayor astucia y determinación. Estos sujetos destacan en los rasgos de la insensibilidad afectiva y la relación interpersonal manipuladora; además tienen una mayor capacidad de autocontrol y probablemente son más inteligentes que los psicópatas que están en las cárceles, en parte porque han tenido más oportunidades para estudiar y relacionarse con gente con vidas convencionales y productivas.
Existe una importante investigación que señala que hay una parte de la sociedad que manifiesta la denominada “tríada oscura”, compuesta por la psicopatía integrada, fuertes rasgos narcisistas y un estilo de comportamiento manipulador o “maquiavélico”. La psicopatía aportaría a esta tríada la ausencia de conciencia: la falta de empatía, la crueldad, los afectos superficiales, el pobre sentimiento de culpa. El narcisismo pondría el acento en el hecho de atribuirse prerrogativas que no debería, la necesidad de ser considerado poderoso o admirable, la arrogancia y la voluntad de someter o explotar a los otros. El maquiavelismo aporta un modo de relación que persigue mediante el engaño y la manipulación el propio beneficio.
Se denomina “tríada oscura” de la personalidad porque existe un común denominador, que podríamos denominar “carácter malévolo”, donde primaría en el individuo que lo sustenta la consecución de los deseos personales a costa de la explotación o perjuicio de las personas con las que se relaciona, exhibiendo en ese comportamiento falta de empatía, capacidad de manipulación y agresividad más o menos velada.
Lo que queremos destacar en este punto es que el narcisismo como variable o dimensión de personalidad tiene una relevancia notable en el campo de la criminalidad, particularmente si se asocia con rasgos propios del trastorno antisocial de la personalidad y de la psicopatía. La razón se halla en el hecho de que “el delincuente reincidente es egocéntrico e indiferente a los sentimientos de las víctimas.
Tratamiento de la psicopatía Los psicópatas constituyen el conjunto de delincuentes más complejo de tratar. Sus características de personalidad y su capacidad para la manipulación hacen difícil y poco atractiva para el profesional la empresa de atenderlos.
Las mejores oportunidades para el tratamiento se hallan cuando estamos ante jóvenes que no han conformado todavía una personalidad psicopática sólida, en particular si puede calificárseles de psicópatas secundarios.
Esta lógica debería poder extenderse a etapas anteriores, lo que sería propio de una intervención temprana con niños que presentaran síntomas relacionados con la psicopatía adulta, en particular la insensibilidad emocional.
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