Américo Castro. Interpretación de “El Libro de Buen Amor” (2010)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Alcalá (UAH)
Grado Estudios Hispánicos - 1º curso
Asignatura Literatura Medieval Hispánica
Año del apunte 2010
Páginas 3
Fecha de subida 08/01/2015
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Descripción

Trabajo sobre la interpretación de El Libro del Buen Amor, Américo Castro

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Américo Castro. Interpretación de “El Libro de Buen Amor”.
Américo Castro Américo Castro Quesada (Cantagallo, 1885 - Lloret de Mar, 1972). Filólogo y ensayista español.
Estudió en Granada, donde se licenció en Letras en 1904. Discípulo y luego colaborador de Menéndez Pidal y catedrático de Historia de la Lengua Castellana en la Universidad de Madrid, fue embajador de la República española en Berlín en 1931. Al estallar la guerra civil (1936), marchó a la Argentina y de allí a los Estados Unidos, donde fue profesor en Princeton.
Es autor, con H. A. Rennert, de una Vida de Lope de Vega (1919) y, solo, del libro Santa Teresa de Jesús y otros ensayos (1929), de la fundamental monografía El pensamiento de Cervantes (1925), de numerosos estudios de gramática histórica y de carácter critico-literario y de interesantes estudios históricos: Lo hispánico y el erasmismo; Iberoamérica: su presente y su pasado; España en su historia: cristianos, moros y judíos; Mesianismo, espiritualismo y actitud personal (1947).
Rasgo característico de su concepto de lo español es el intento de situar las grandes creaciones y figuras de las letras castellanas clásicas dentro de los movimientos europeos y universales del humanismo renacentista y moderno. Su obra refleja aún el pesimismo y la actitud anticatólica y krausista de la generación del 98. Con todo, en sus últimos estudios se advierte una evolución que consiste en ir a buscar lo más universal del genio de España precisamente en su manera de expresar lo vital y artístico con un sentido humano y nacional opuesto al del racionalismo triunfante en Europa desde fines del siglo XVII. Defendió la idea de españolidad como resultado de la convivencia durante siglos de la cultura cristiana, musulmana y judía frente a Claudio Sánchez Albornoz, que destacó la importancia de la aportación romano-cristiana.
Teoría sobre la influencia del mundo árabe en “El Libro de Buen Amor”.
Américo Castro, en su libro España en su historia, nos presenta un estudio en el que afirma que la figura literaria y humana del Arcipreste sólo se puede entender si se le considera producto de una civilización arabizada. De ahí que lo llame ,a efectos literarios,un “clérigo mudéjar”. Resumiendo su tesis, destaca los siguientes aspectos: El fondo psicológico islámico. Para el musulmán no existía el pecado original, y esa “ausencia de culpa” daba lugar a que no se estableciera una escisión entre el goce de los placeres sensuales y el ascetismo más rígido, que en la moral cristiana son incompatibles. Esta contradicción, tanto psicológica como moral y cristiana, la resuelve el Arcipreste mediante el humorismo, que le permite la transición entre una y otra actitud.
Rasgos de la literatura árabe. La alternancia entre partes narrativas y líricas, con el uso de la poesía para metaforizar o ejemplificar lo antes tratado en forma narrativa, era un procedimiento típico de los autores árabes. En el libro del Arcipreste se manifiesta por la continua alternancia entre las partes narrativas en cuaderna vía con las partes líricas en versos de arte menor, que ilustran lo tratado con anterioridad. La tendencia al anecdotismo y a la forma autobiográfica serían otras características tomadas de la literatura árabe medieval.
El collar de la paloma, libro de Ibn Hazm de Córdoba. Según las tesis iniciales (que luego matizaría en una revisión de su libro, titulado ahora La realidad histórica de España),de Américo Castro, Juan Ruiz habría conocido este tratado sobre el amor de este musulmán cordobés del siglo XI, del que pudo haber tomado la forma de la autobiografía amorosa y la alternancia (anteriormente mencionada), entre lo narrativo y lo lírico. Además, recogería de él algunos tópicos del amor, figuras como la alcahueta (los nombres con que son conocidas estas terceras, sus costumbres, etc.), los guardianes, el mensajero que sustituye a su amo o temas como los efectos que el amor produce en el amante.
Para Américo Castro El collar de la paloma guarda semejanzas con el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita en el que Castro ve un reflejo de la estructura literaria de la obra de Ibn Hazm.
La narración seguida de glosa moral, la reiteración de temas análogos, el doble y reversible sentido de cuanto se dice, todo ello se encuentra en El collar… y en otros tratados árabes de ascética y mística.
Es sin duda, una tarea arriesgada intentar establecer un paralelismo entre dos libros, de tan magnífica importancia, como son el Libro de Buen Amor y El Collar de la Paloma. Son varios los siglos que separan a ambos autores; Ibn Hazm, autor del Collar vive entre el 994-1064 d.C.; y Juan Ruiz entre 1295-1333? d.C. Los dos libros tratan el tema del amor, y coinciden en varios puntos; los dos son productos de una experiencia personal, y la “alternancia del verso y la prosa (en El Collar…) es equivalente en el Libro de Buen Amor a la alternancia entre lo lírico y lo narrativo, la falta de límites precisos entre amor espiritual y amor físico, la presencia de intermediarios y terceros,etc.
El libro de Ibn Hazm se conserva en una refundición del s.XIV, pero Castro ignora si Juan Ruiz lo conoció por tradición escrita u oral, viva ésta última en cualquiera de las miles de personas capaces de entender lo esencial de ambas lenguas.
Américo Castro afirma que Juan Ruiz en el Libro de Buen Amor había dado un contenido cristiano a lo que está expresado en el Collar de la Paloma de Ibn Hazm. La combinación de lo alegre y lo moralizante en el Libro de Buen Amor, lo atribuye Castro a la familiaridad del Arcipreste con la vida islámica, de los que se conocen muchos casos. También califica la obra de Juan Ruiz como didáctica.
La combinación de lo narrativo y lo lírico en el Libro de Buen Amor, para Castro, no es más que el eco de obras árabes que alternan entre el verso y la prosa, como es el caso de Las Mil y Una Noches o la obra de Farazdaq, un poeta del siglo VII. Para Castro, “es islámica la idea central del libro, o sea, la experiencia erótica en doble vertiente, impulso sensual, freno ascético”.
Existe una cierta cantidad de elementos y huellas árabes en el Libro de Buen Amor, que se manifiestan en el léxico y en la cantidad de arabismos que el Arcipreste usa en sus estrofas, los cantares, bailes, etc. Algunos de sus personajes como la mora visitada por Trotaconventos y algunos conocimientos del Arcipreste se deben a las fuentes árabes, o por lo menos a la convivencia con la cultura popular como, por ejemplo, sus conocimientos astrológicos. Otro dato a destacar es la presencia de la música morisca, los bailes, los instrumentos árabes... etc. Esto tampoco es un producto de la casualidad, sino ciertamente un producto de la convivencia con lo árabe.
Estas influencias no son de extrañar, si tenemos en cuenta la época en que fue escrito el libro y las circunstancias que rodearon a su autor. En el siglo XIV Castilla y especialmente Toledo, donde realizaba el Arcipreste sus actividades religiosas, fueron lugares donde convivieron la cultura cristiana y la musulmana y se fundieron y mezclaron, dando lugar a unas influencias mutuas que encontramos en la lengua, las costumbres y la forma de vida.
Sobre las influencias de El collar de la Paloma de Ibn Hazm en el Libro de Buen Amor, si no tenemos pruebas suficientes de que el primero fue una fuente fundamental para el segundo, sí tenemos bastantes huellas de influencias, paralelismos, coincidencias, etc. entre las dos obras.
Claudio Sánchez Albornoz tomó una postura totalmente opuesta a la de Castro, negando muchas de las influencias árabes en el libro y rechazando totalmente cualquier vinculación entre el Buen Amor y el Collar de la Paloma.
Bibliografía: - Hazm, Ibn: El Collar de la Paloma.
- Castro, A: España en su historia, cristianos, moros y judíos.
- Ruiz, J.: Libro de Buen Amor. Ed. N.y.C. Edición de Nicasio Salvador Miguel.
Madrid. 1972.
Alumno: Javier Marco Martínez.
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