Trabajo Educación Griega - Sistema Educacional griego (2014)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Historia - 3º curso
Asignatura Historia de la Cultura y de las Instituciones Europeas
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 31/05/2014
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El sistema educacional griego Podemos considerar el modelo educacional griego como un caso único dentro del mundo antiguo. Gracias a la gran aportación del antropocentrismo, a la concepción del individuo como “medida de todas las cosas” (Protágoras, Los Discursos Demoledores), las póleis griegas se distinguieron por un modelo educativo totalmente innovador, liberal y cosmopolita. Los dos ejemplos de educación griega los representaron Atenas y Esparta. Luego Roma daría sus propias aportaciones, pero a partir de bases griegas, del mismo modo que en el resto de campos.
El término “educación” procede de paideia (“el niño”), que hacía referencia a la formación de los infantes y jóvenes en su camino hacia la madurez. Si bien los modelos ateniense y espartano eran en gran medida opuestos, confluían en un elemento clave: el carácter cívico de la enseñanza, pues está se encaminaba a la construcción de ciudadanos. Es a partir de ésta concepción cuando empezamos a ver las diferencias: los espartanos, con tal fin, educarían valerosos combatientes; los atenienses, por el contrario, darían una formación cultural, destinada al ejercicio de gobierno, focalizando en un conjunto de saberes más global, tanto intelectual como físico. El marco general de semejanza (formar al ciudadano) que luego deriva en grandes diferencias (educación militar frente política), lo muestran por ejemplo las palabras de Aristóteles en su Política (p.10 de nuestra compilación): "[respecto a los espartanos] luchad unidos y no deis señal de huida vergonzosa ni mostréis ningún indicio de miedo"; "[respecto a los atenienses] a un ciudadano se lo reconoce por su participación en la justicia y el gobierno".
Tampoco siempre fue así. El concepto exclusivamente militar había envuelto los valores educacionales de antes, en un contexto donde sólo los aristócratas habían tenido la posibilidad de nutrirse del saber. Los relatos de Homero (p. 3) demuestran por un lado la importancia de la fortaleza física y la valentía en el combate, el valor del linaje y la magnitud de la riqueza como elemento de prestigio social: los grandes héroes míticos se caracterizaron por su fuerza y valentía; Glauco no quiere "macular el linaje de sus padres" y a Odiseo casi se le para el corazón al ver el palacio de Alcínoo. Con la paideia, por el contrario y en teoría, toda la sociedad tenía derecho a la educación, la cual el estado subvencionaba. El cambio lo marcó, pues, la aparición de la pólis, del sentido comunitario, y por extensión, la reivindicación del “yo”, es decir, el antropocentrismo. Con la revalorización del individuo independientemente de su origen social, los conceptos elitistas de la educación homérica se debilitaron. Así apareció la pólis, que ya no había de ser elitista en su gobierno, y tras todo esto, se arribó a la paideia, esto es, el reconocimiento del “yo” intelectual. Los valores democráticos que permitieron todo esto se muestran con Tucídides y Aristóteles (p.10), quienes definen en estos párrafos en que consiste: la administración está en manos de la mayoría, la ley es equitativa y cada ciudadano es reconocido por sus méritos (especialmente en cuestiones públicas). Asimismo, Homero en la Odisea (p.19) también muestra en presagio lo que sería la antítesis de la vida en comunidad de los griegos, es decir, la antítesis de la futura pólis, caso de la vida de los cíclopes: "todo germina sin trabajo y sembradura [...]. Los cíclopes no tienen yugo ni saben de normas de justicia [...]. Cada uno de la ley a su esposa e hijos y no piensa en los demás".
Pero, a pesar de toda esta gran ideología, no todo era de color de rosa en las póleis. En Atenas, la ciudad-estado democrática por excelencia, las mujeres, ni pobres ni nobles, nunca pasaron por la escuela. Tan sólo se limitaban a aprender sobre labores domesticas junto a su madre, abuela o criadas. La triste realidad para ellas es que ni siquiera salían de casa, donde podían mantenerse lejos de toda mirada, especialmente cuanto más noble fuera la familia. Ya hemos dicho que el modelo espartano era la antítesis del ateniense, y en este aspecto la regla también se cumple. Al menos, aquí la mujer tenía un papel aparte del doméstico: practicaba el deporte como los hombres. En realidad, no obstante, era un beneficio indirecto, ya que todo venía de la necesidad de poseer madres sanas que dieran hijos fuertes, puesto que Esparta tan sólo buscaba enérgicos y disciplinados guerreros. Se ha escrito mucho sobre el papel de las espartanas frente a un mundo griego extraordinariamente patriarcal. Sólo ellas tenían derecho a la educación y al ejercicio físico. Pero lo que da cierta ambigüedad al concepto es el hecho de que tales actividades eran de carácter obligatorio. No obstante, las leyes eran menos represivas y las mujeres también podían recibir el patrimonio adjudicado por el estado e incluso ser epicleras.
Ejemplos del escaso valor de la mujer los tenemos en nuestra compilación (p.13): Tucídides habla de las virtudes de la viuda silenciosa y fuerte ante las debilidades de su sexo; Demóstenes da un discurso denigrante en percepción de las mujeres de hoy: "las heteras las tenemos para placer, las concubinas para el cuidado cotidiano del cuerpo y las esposas para procrear legítimamente y tener un fiel guardián de los bienes de la casa"; Semónides satiriza contra las mujeres; Aristóteles discurre en el tema de los límites al procrear y sobre el aborto; Plutarco explica las leyes contra las mujeres de Solón, las cuales, básicamente, les prohibían salir de casa; por último tenemos a Jenofonte, que compara las actividades de la reina de las abejas de la colmena con las de la mujer, donde un hombre le dice a la esposa: "deberás estar dentro de casa, enviar fuera los esclavos [...], vigilar los que trabajan dentro, recibir las mercancías cuando entren, repartir aquello que se haya de gastar y prever y cuidar de que el presupuesto aprobado por un año no se gaste en un mes." Hecha esta salvedad respecto al caso femenino, pasemos propiamente a ver cómo era el sistema educativo en sus dos vertientes, la ateniense y la espartana. La educación de un niño siempre empezaba, en ambos casos, en casa. La madre era quien se encargaba de dar esta primera enseñanza, alguien que, en la triste concepción griega, tenía el mismo nivel ideológico y mental del niño, el cual, a su vez, era visto como un incordio: sin criterio ni raciocinio, impulsivo, manipulable e incapaz de hacer trato social, en contraposición al adulto, maduro físicamente, fuerte, desarrollado moralmente y capacitado intelectualmente. Con la educación se buscaba pasar de esas primeras y mal vistas singularidades de los infantes, a estas últimas y apreciadas de un hombre hecho y derecho. Con la etapa de educación maternal, pues, el niño aprendía a imitar a los adultos, a cumplir las normas sociales, a comprender los valores y roles de género y a resolver problemas. También se estimulaba su capacidad creativa.
Desde la perspectiva de la heredera de Grecia, Roma (p.4), se ensalza la capacidad de madres como Cornelia, de los Graco, Aurelia, de César y Atia, de Augusto, destacando su papel educativo en esta primera infancia. Pero, por otra parte, había que tener cuidado en la educación de los pequeños. Como muestra Platón en la República (p.4), era entonces cuando había que enseñar a los niños la música (en la que incluye la narración), pero seleccionando los mitos utilizados, para que estos produjeran el efecto de 1     El sistema educacional griego "modelar sus almas". Relatos como el de Cronos y sus hijos no podrían explicarse. Muchas historias mitológicas comunes hablaban de adulterio y parricidio, entre otros muchos conceptos no aptos para el raciocinio de un niño.
Por último, hay que hacer mención del hecho de que en esta etapa educativa del hogar, el género también marcaba: las niñas, en todos sus juegos y proceso educacional, recibían el ideal de la buena ama de casa; por contra, los niños imitaban los héroes homéricos en sus juegos, absorbiendo así el ideal de servicio a la pólis ya desde muy pequeños. En resumen, los niños jugaban a los soldados y las niñas, a las muñecas, un recreo que repetirían de mayores, pero por entonces, ya en el mundo real.
Esta era, pues, la primera infancia del niño, repetida en todas las póleis. Sólo en un aspecto era distinto el caso espartano: la vida del recién nacido dependía siempre del Consejo de Ancianos. Como a cada niño se le asignaba un lote de tierras estatales (kleros), más 1 o 2 esclavos hilotas, esto tenía, por muy cruel que resulte, cierta lógica. Los gastos educacionales, además, corrían a cargo del estado de por vida.
Es a partir de los 7 años de edad cuando el modelo de educación espartano y ateniense se distancian entre sí.
En Esparta, desde este momento, el niño se marchaba de casa y se preparaba para la milicia, en la cual permanecería hasta los 60 años, y con unos estudios muy limitados. La misión era que aprendieran el arte de la obediencia, la resistencia ante la fatiga y la victoria en el combate. Lo que hacía falta era ejercitarlos físicamente y entrenarlos para vencer en sus guerras. Es así como Esparta tenía el único ejército profesional de Grecia a finales del arcaico y en el clásico.
Así, el niño se desprendía del ámbito familiar para entrar en un nuevo núcleo donde el tutor haría el papel de los padres, y la tropa, el de los hermanos. Los textos de Plutarco (p. 8-9) lo explican todo en gran medida: si los niños superaban la selección de los ancianos al nacer, y tras la educación en el ámbito familiar hasta los 7 años, pasaban a criarse en las compañías, donde "se les sometía a la misma dieta y disciplina y, así, se acostumbraban a compartir los unos con los otros el deporte y los estudios". Podían robar (es más, se les impulsaba a ello con raciones mínimas de comida) y, si no eran atrapados, tal acto era un mérito. De lo contrario, eran azotados. Luego los espartanos se organizaban en la syssitia (cofradía de comensales). Si bien entre los 7 y los 12 años, la formación de los niños consistía en la preparación física y una educación cultural a cuentagotas, a partir de los 12, cuenta Plutarco, la enseñanza ya era propiamente militar, con un tutor que vigilaba que fueran descalzos, durmieran en la tierra y vistiesen con sólo una capa: "acostumbrados a estas duras condiciones de vida, a obedecer siempre, a ejercitarse continuamente en las armas y a no pensar en nada más que no fuera la grandeza de Esparta, los jóvenes espartanos se convertían en soldados altamente disciplinados, obedientes, leales y solidarios entre ellos". A los 20 años se integraban en la syssitia como ciudadanos de pleno derecho, pero la formación militar continuaba hasta los 30 años, cuando ya podían volver a dormir en casa, presentarse a las reuniones de la Apella y contraer matrimonio. Plutarco termina explicando como a los 60 años eran jubilados.
Los ideales y las costumbres espartanas se muestran bien definidas con las palabras de Jenofonte (p.8), donde se muestra como en el resto de póleis todo el mundo busca enriquecerse practicando toda clase de actividades, mientras que en Esparta, Licurgo prohibió el comercio e impuso sólo aquello que procurase la libertad. El historiador afirma que, en realidad, sería vano desear la riqueza en Esparta, porque tal fue la idea inculcada por el legislador: "¿para qué, entonces, se desearía allí el beneficio económico, donde la posesión de la riqueza lleva más problemas que alegrías proporciona su beneficio?" Los espartanos no tienen posibilidad de tener riquezas, algo mal visto. Es así como se crea un soldado totalmente fiel a la patria: sólo a ella le debe algo, porque ni por la familia ni por la riqueza ha de luchar. No le queda nada sino el estado y sus compañeros en el ejército, su familia, al fin y al cabo. Es en este contexto donde además se desarrolla la homosexualidad tan característica de Esparta. El mismo estado busca que los vínculos con la mujer sean débiles para que no desmonte el sistema militar ideado.
Y esta mujer, por su parte, y como ya dijimos, tenía un papel público mayor que la ateniense, puesto que ganado fuerza física, también ayudaba a la defensa de la pólis y era asimismo la manera de que diera hijos sanos y fuertes. Tenía tierras, representaba al marido en su ausencia y no se le penaban las prácticas adúlteras. Podemos decir que en este aspecto, la mujer espartana era más afortunada que el resto.
Atenas, como sabemos, era otro mundo. De los 7 a los 14 años, el niño recibía la educación escolar donde se daba principalmente gramática, gimnasia y música, cuyos tutores eran llamados, respectivamente, el gramático, el pedotriba y el citarista. Tal compartimentación era símbolo de profesionalidad y especialización, a diferencia de Esparta: había que formar con ello a jóvenes del mejor modo posible. Así, con esta paideia, el ateniense también sería capaz de desarrollar las funciones de estado de la mejor forma.
Las letras permitían administrar la ciudad en toda su dimensión política. Los estudiantes, una vez sabían leer y escribir, como muestra el texto de Platón (p.6), aprendían de memoria los distintos poetas (especialmente Homero), en cuyos versos aparecían distintos modelos del pasado a imitar.
La gimnasia era básica para el ámbito militar y además, siempre fue muy importante entre los griegos, como demuestra la relevancia de los mismos juegos atléticos (p. 7), fundamentalmente cuatro: Juegos Ístmicos, Olímpicos, Píticos y Nemeos. Los jóvenes practicaban el atletismo, la lucha, los lanzamientos, el salto y, los más nobles, la equitación. Por otra parte, algunos también criticarían la excesiva importancia del deporte, como Eurípides (p.7): "de los innumerables males que asolan Grecia, no hay nada peor que los atletas". Éste defiende el mayor valor de la sabiduría, más provechosa para la pólis que la vanidad de los atletas, los cuales con al envejecer, poco mantienen de tal fortaleza física.
La música y la danza eran fuente de harmonía, de capacidad emotiva y por ende, de amor a una ciudad que defender. El más valorado instrumento por los griegos fue la cítara. Por otra parte, la existencia de las nueve musas (Calíope, Clío, Érato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania) demuestra cuán gran era la importancia de las artes en general.
De los 14 hasta los 18 años, el joven estudiante pasaba por la parte más trascendental de su educación, la efebia. Sólo entonces comenzaba a ser ciudadano, hasta lograrlo al acabarla. La efebia se basaba en la "pederastia cultural", proceso institucionalizado donde un adulto de edad superior a 40 años transmitía su conocimiento al adolescente o efebo. El sexo se incluía 2     El sistema educacional griego en tales enseñanzas. Pero el objetivo era el de siempre: formar al ciudadano perfecto, logrado, a diferencia de Esparta, a partir de una amplia gama de disciplinas. Así pues, dentro de éstas, muchos veían en el vínculo de pasión entre hombre y adolescente un potente generador de sentimientos de valía y honor. Si bien con el gramático, el citarista y el pedotriba, el ateniense se formaba en su intelectualidad, con el amante formaba su virtud moral.
La pederastia podía a veces degenerar en la exclusividad, es decir, acabada la efebia, prolongarse y derivar en una relación homosexual perpetua que sería mal vista, dado que ya no sería positiva para la pólis, sino algo contrario a sus valores fundamentales, ya que incluso con ello peligraba la procreación. De ahí la crítica que hace Aristófanes en Las nubes (p.11-12). Por su parte, los romanos también la vieron mal, como muestra el texto de Cicerón (p.6).
El documento aristotélico (p.5) presenta las cinco fases de la educación ateniense: educación familiar hasta los 7 años; educación escolar hasta los 14; respecto a la edad de 18 años, enseña como se inscribe a los jóvenes en la démo y se vota si han llegado a la edad legal, tras lo que se los asocia a un hombre mayor de 40 años de la tribu, así como a dos instructores para enseñarles el arte de la lucha hoplítica; a los 19 años existe un servicio especial que dura dos años, en el que los efebos se van a vivir a las distintas fortalezas del Ática; a los 21 años, se integran en la pólis como ciudadanos de pleno derecho, con posibilidad de ser escogidos para ejercer las magistraturas.
Así pues, de todo esto podemos extraer una serie de conceptos importantes: los objetivos que buscaban estos particulares sistemas educacionales eran, en primer lugar, formar al ciudadano. Y para ello, una serie de valores jugaban un papel crucial. Nos estamos refiriendo aquí a los modelos a imitar. Un ejemplo muy primario: para aprender las letras, a los niños se les daban cartillas con los nombres de los héroes de la Guerra de Troya. La cultura antigua, en todos los sentidos, siempre buscaba modelos a imitar. En el caso romano sucede igual, con el ejemplo que ya citamos del texto que hace referencia a las madres de los grandes personajes de la República y del Imperio romano (p. 4). Pero como vemos, entre los griegos, la clave fueron los héroes de la Ilíada y la Odisea.
Paralelamente, también fue importante el modelo de Hércules, ejemplo del hombre que todo lo podía mediante el esfuerzo.
Por lo que a Roma se refiere, ésta absorbió en cierto modo las bases del modelo griego, pero supuso una evolución, especialmente en lo referido a la educación subvencionada por el estado: en Roma, la enseñanza volvería a ser elitista, puesto que la educación superior no resultaba alcanzable para la mayoría del cuerpo social. El hecho de que los romanos nunca lograran la democracia es la causa, puesto que ya no sería necesario preparar a todo hombre como político. En la escala educativa, los romanos tenían también una enseñanza básica con la madre (0-7 años), luego pasaban a la escuela primaria (7-11/12 años) y secundaria (11/12-15). Con el filósofo y el rector se formaban en la educación superior (15-20 años).
Roma, por otra parte, aunque deudora de ella, también criticó ciertos aspectos de la educación griega, como la puesta en práctica de la gimnasia de los helenos con el cuerpo desnudo, untados de aceite y revolcándose por los suelos. También comentamos la crítica de la pederastia. Por su parte, Catón (p.12) también habla de encontrar una vía para la latinidad: se pueden leer los clásicos griegos, pero con dosificación, y sobre todo, no deben fiarse de los griegos, que los llaman bárbaros y con sus médicos "exterminan a todos estos bárbaros".
El texto de Plinio el Viejo (p.12) muestra los ideales de la educación romana: ser los mejores guerreros, oradores, generales valerosos, dirigir grandes operaciones, ocupar las más altas magistraturas, ser los más sabios, los senadores más eminentes, tener grandes fortunas y muchos hijos y gozar de gran prestigio.
Dejando Roma, vemos como en Grecia se creó un sistema de educación liberal, abierto, cosmopolita, que no sólo formaba a los helenos para oficios particulares, sino que enseñaba, de un modo universalista, las distintas ramas de las letras, las ciencias y las artes (tanto físicas como mentales). El texto de Polibio de Historias (p.4), demuestra como para ser general, también era importante el conocimiento de los distintos saberes a parte del bélico. Si bien en periodos como el Medioevo, el sistema educacional liberal sería sepultado, un día, junto al renacimiento de la democracia, éste también volvería a nacer de sus cenizas, hasta llegar al presente, con la misma fuerza que en el mundo griego antiguo. En cierto modo, pues, esto se lo debemos a ellos.
Con este pequeño trabajo sobre los sistemas educativos ateniense y espartano he podido contemplar la imagen de dos mundos de los cuales tenía conciencia de existir grandes diferencias, pero que con el análisis del tema educacional en particular, aún se han mostrado más profundas. En realidad, los modelos educativos son reflejo del propio sistema de sus póleis. Y aún así, a pesar de ello, han habido cosas que no han dejado de sorprenderme en todo momento. En seguida las comentaré.
En primer lugar, considero que lo más nutritivo y digno de ser extraído de este trabajo es el hecho de que si nosotros tenemos un sistema educacional liberal, esto fue, como acabamos de ver, gracias a sus inventores, los griegos, como es el caso de muchas otras cosas. Éstos, pues, no sólo nos legaron la futura conciencia de identidad europea, el antropocentrismo y la humanización, la ciudadanía política y sus sistemas democráticos, el estudio de la historia como disciplina y un extenso legado cultural desde el alfabeto al gusto estético, de los géneros literarios a las instituciones culturales, de la filosofía a las nuevas ciencias y su desarrollo, y de la tríada mediterránea (trigo, vid y olivo) al uso de la moneda, sino que también fueron los primeros representantes de nuestros modelos de enseñanza actuales y que por tanto, que hoy estamos aquí, se lo debemos a ellos.
Algo que ya había oído pero que nunca deja de sorprenderme es lo que más me ha llamado la atención en este trabajo.
Los atenienses parece que nunca dejan de asombrarme, así como los espartanos, puesto que dos modelos contrapuestos en todos los sentidos, a veces parecen contraponerse luego en sí mismos: ¿cómo el ejemplo por excelencia de pólis democrática relega a la mujer a pasar toda su vida encerrada en casa y la pólis oligárquica por excelencia delega funciones muy superiores al papel femenino? Bien sé que tiene su explicación y lo hemos visto en el trabajo, pero aún así, resulta paradójico, curioso y, a su vez, un tanto triste. Entiendo que en Esparta la situación favoreció el papel femenino, ante la necesidad de crear unos ciudadanos vigorosos con el tópico de "madres sanas, hijos fuertes" y también frente a la posibilidad de que las 3     El sistema educacional griego mujeres incluso alguna vez pudieran ir al frente (realidad que antes desconocía). Pero aún así, resulta extraño, especialmente al compararlo con el caso ateniense y el desgraciado papel de sus mujeres. Si los ciudadanos de Atenas lograron mucho, también dejaron mucho que desear en aspectos como el esclavismo y, como estamos viendo, el trato a la mujer y el concepto de su valor. Quizá el abrirse a la democracia podría haber liberalizado también la situación de la mujer, pero esto no fue así, al igual que con los esclavos, que parecían aumentar cuánto más democrática la sociedad se volvía.
Así pues, a pesar de ser plenamente consciente de los intereses que movían al estado espartano a adjudicar el papel que adjudicaba a sus mujeres, veo que con ello se les daba más libertades y, a pesar de su contrapartida de obligación, les permitía practicar lo que allí era valorado, la educación en el campo físico, la práctica del deporte. Si bien los beneficios que la mujer sacaría de ello serían indirectos porque el interés principal era el que era, al menos podría salir a la calle y, en cierto modo, ser partícipe de todo aquello que el hombre practicaba y de una educación no tan distante. No sería reclusa del hogar como la desgraciadamente sometida al ámbito doméstico mujer ateniense.
Otro rasgo que creo que resulta digno de mención es el hecho de que entre los espartanos no se valorase la riqueza, sino el mérito individual. Es un dato curioso que siempre llama la atención, porque no se ve en demasiadas sociedades. Soy plenamente consciente de que ese teórico igualitarismo era efecto secundario de las necesidades del estado militar, pero aún así, estamos hablando de la pólis oligárquica, dejando con ello más pesadez al hecho, aún mayor si se compara a la pólis democrática de Atenas en la que había claras diferencias de fortuna, a pesar de que todo ciudadano pudiera ser partícipe del gobierno. Sin embargo, lo más negativo que veo de los espartanos es algo muy oscuro: la búsqueda de la limitación de los vínculos familiares y la restricción de las riquezas para que no tengan nada por lo que luchar más que por la patria. Es una idea que hasta antes de hacer este trabajo no conocía en su plena dureza y que me ha resultado tan sorprendente como espeluznante.
Y de nuevo me desconcierta la consideración de la madre griega como persona al "nivel ideológico e intelectual del niño". Lo peor es que en realidad no distaba tanto de la realidad, porque a ella nunca se le permitió acceder al sistema educativo (a excepción de en Esparta). También creo destacable el hecho de que hasta los 7 años, en todas las póleis e incluso en Roma, la educación estuviera siempre al cargo del hogar y la madre. En parte sé que principalmente era considerado un derroche utilizar recursos del estado en niños irracionales y que además, corrían el riesgo de caer enfermos y no vivir más que su infancia. Pero parece que el modelo era exacto, puesto que la edad era siempre a los 7 años. Entonces empezaba la escuela de verdad.
Creo que resulta muy interesante reseguir y contrastar las dos trayectorias educacionales del joven ateniense y espartano.
Llama la atención la contraposición entre educación cosmopolita y educación exclusivamente militar, pero que al fin y al cabo, deriva de dos concepciones distintas de los valores de la pólis, porque en realidad, en ambos casos se buscaba formar al perfecto ciudadano: en Atenas, al buen político, en Esparta, al valiente y fiel guerrero. En el caso espartano, es relevante todo el tiempo que el joven pasa fuera de casa, formando una nueva familia hasta los 30 años, única edad a partir de la cual puede casarse. Considero, como dije, un hecho triste la debilidad de los verdaderos vínculos familiares. Y de ahí caigo inevitablemente sobre el tema de la homosexualidad. Es algo sobradamente conocido pero siempre resulta curioso de escuchar de nuevo. Asimismo, aún más increíble me parece en este aspecto la pederastia institucionalizada de Atenas, puesto que contemplar la sexualidad entre adolescentes y hombres mayores a 40 años como método de enseñanza y transmisión de sabiduría, resultaría algo infame en nuestra sociedad, cuando más ya lo era para los romanos.
Por último, quisiera elogiar a los atenienses tras tanto haberlos criticado, pues, a pesar de todo, su sistema educacional era muy avanzado y democrático (dejando obviamente de lado el triste papel de la mujer). La división que hicieron para las distintas etapas de la educación (la cual anteriormente no conocía en su plena exactitud) no es tan distinta a la nuestra y, sobre todo, era liberal, tocaba gran diversidad de disciplinas, cualidad destacable en comparación al caso espartano y de la antigüedad en general. Por otra parte, también resulta brillante que, gracias a la creación de los sistemas democráticos, la educación se abriera y la cultura pudiera llegar a toda la sociedad. Eso no lo veríamos ni siquiera en Roma.
Pero tristemente, la educación democrática sólo lo fue para los antiguos griegos y, junto a los modelos educacionales liberales, desapareció durante toda la Edad Media. No obstante, ahora todos tenemos de eso: de Grecia hemos heredado mucho, y entre ese gran montón están los derechos y libertades, la cultura y el valor del hombre, la ciudadanía política y la democracia y, al lado de estas últimas, una de sus pequeñas descendientes, la educación liberal y en gran medida, igualitaria. Tal es la gran conclusión que podemos extraer de este pequeño estudio.
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